Democracia para armar

Hace 300 años, probablemente los habitantes de un reino cualquiera no imaginaban otro tipo de sistema político. Es decir: no podían proyectar más allá el mecanismo de representatividad y de participación ciudadana, no más allá del impuesto. Quejas, resistencia, hubo siempre. Pero hasta en el 2001 la gente, en vez de imaginar otra cosa, pedía un nuevo presidente. La democracia, la democracia representativa, tan arraigada a nuestra historia política reciente, parece intocable. ¿Se puede ser antidemocrático, y estar igualmente en contra de las dictaduras?  Una imagen recurrente: la democracia funciona como una “pastillita” que todos los días tomamos, tranquilos, sabiendo que ya delegamos nuestras responsabilidades. Pero, ¿qué hacemos por ello? ¿En qué participamos? ¿Qué decidimos?

En esta nota no hay ninguna respuesta. Al contrario: hay más preguntas.

¿Qué es la democracia?

¿Un día cada cuatro años?

¿Es la mayoría?

¿Es el menos malo de los sistemas?

¿Es lo que hay?

¿Qué democracia? pregunta Patricio Escobar como título de su último documental. Una duda que le surgió, no duda, en diciembre del 2001 y que empezó a transformar en video desde el 2007, enseguida después de su reconocido trabajo La crisis causó 2 nuevas muertes.

En aquella ocasión, Escobar trabajó la cobertura mediática (en especial, del diario Clarín) sobre la represión de la manifestación en Puente Pueyrredón, Avellaneda, donde la policía mató a Darío Santillan y Maximiliano Kosteki. “Tuvo que ver la Crisis con este documental primero porque en los debates salía siempre el tema de la crisis de representatividad, y otra cosa que tuvimos en cuenta es que todo se calma cuando Duhalde llama a elecciones, a la semana de que mueren los chicos”, dice. Con aquél documental  logró desentrañar la operación detrás del título perverso de Clarín, el ocultamiento de las fotos que mostraban a los policías responsables de las muertes, e inició un camino de lectura crítica de los medios mucho antes de la embestida del gobierno contra el grupo.

Su nuevo trabajo es hijo de todas las experiencias que dejó esa época. “En el 2001 había un montón de vecinos que gritaban por un representante, que querían otro presidente. No tenemos una experiencia más democrática que nos permita pensar en otra cosa”, analiza. Motivado por estas contradicciones realizó el primer registro filmográfico que cuestiona la democracia representativa y analiza sus raíces en el sistema capitalista. De la reconstrucción de esa ficción participan entusiastamente desde matemáticos y neurólogos hasta los dueños de las más importantes consultoras, pasando por políticos de renombre: Durán Barba, Mora y Araujo, Juan Abal Medina, Luis Zamora, entre otros.

¿Qué democracia? trabaja sobre el concepto de “sujeto privatizado”, que Patricio simplifica así: “Vos sos libre supuestamente para las dediciones de tu cuestión privada; pero para la cuestión publica lo delegás, todo lo que representa las políticas de estado que involucran a mucha gente, lo delegás”.

Me rebotan los caceroleros del 8N y el 18A. Me dice: “Claro, son los que empiezan a ver que tocan su libertad privada. Pero a la mayoría de esa gente le planteas que participe en asambleas, decisiones comunales y no le interesa, para eso están los políticos”.

Pero también hay sujetos privatizados que no marchan con la derecha: “El tipo que vive en Catán y trabaja 10 horas. No le podés decir “vení participa, vos sos un sujeto privatizado”. No, se genera porque el sistema capitalista explota a los trabajadores”.

Escobar y los suyos empezaron así a notar las raíces del sistema capitalista en la estructura de la democracia representativa. “Al final de todo el análisis, siempre estaba el sistema capitalista”, casi que lamenta. Para demostrarlo, en el documental aparecen especialistas que definen a la política como “un deporte de multimillonarios” y otros, más específicos, que calculan que para lograr hacer conocido un candidato (textual: “que la gente sepa el nombre”) hay que desembolsar entre 10 y 15 millones.

Los matemáticos, mientras tanto, calculan cuál es el porcentaje real de quienes terminan eligiendo un presidente. Así vemos, por ejemplo, cómo en la victoria de Cristina en 2007, el número oficial de 45.29% se reduce a menos del 30% del total de habitantes del país al tener en cuenta todos los no representados: votos en blanco, nulos y quienes no se presentaron a votar. Ese cúmulo de no-representados supera las 7 millones de personas. A Cristina, en esas elecciones, la votaron 8.651.066.

Del otro lado, el documental muestra experiencias asamblearias, comunales, cooperativas, sin intención de idealizar. “Son alternativas. Lo que planteamos es cómo se puede organizar para poder plantear una democracia directa o asamblearia”. Algunas experiencias que iluminan estos ideales remiten por ejemplo a Venezuela, donde el sistema comunal funciona con éxito en ciertos barrios, y a un pueblo que Escobar cita en España, pero que olvidó el nombre, “donde el intendente aplicó una democracia directa, la gente no paga los impuestos y todo el pueblo puede participar de las decisiones”.

Cito otro ejemplo de realidad inmediata: la defensa de los vecinos del enrejado en los parques: “Eso del enrejado es lo más claro. Es al revés: los vecinos están pidiendo querer participar, que es a través del plebiscito y presionando en las comunas”. Patricio y su compañera – productora del documental- participan de la asamblea del Parque Lezama que intenta frenar el enrejamiento.

¿Dónde se puede empezar a aplicar una democracia  más participativa?

En las cosas pequeñas del barrio, podés generar una asamblea de vecinos que decida sobre el edificio de 20 pisos si se hace no se hace, las rejas de la plaza, ese tipo de cosas.

Yo no sé si quiero que el comerciante de mi cuadra o la peluquera de la esquina decidan sobre la seguridad del barrio, por ejemplo…

Por más que tenga la cabeza de mano dura, se debate, se plantea. Quizá un grupo de vecinos plantea mano dura en el barrio, y después se dan cuenta que no funciono. No es que lo que decide siempre es lo bueno, el tema es decidir. Es un paso antes. En el parque Lezama hay comerciantes que quieren las rejas y los invitamos a la asamblea y discutimos.

Para los prejuiciosos, los cabeza-dura y los mala-leche, se aclara sobre el documental y sobre esta nota:

-No es contra de la democracia: “Nosotros podemos hacer esta película porque hay 30 años de democracia. Tenemos que hacerla porque es algo criticable, no es “no a la democracia”, es qué democracia”.

-No es a favor de la dictadura: “Mucha gente piensa sólo en términos de “democracia o dictadura” y no es así, eso anula el debate, incluso para nosotros mucha gente que desapareció por la dictadura planteaba otro tipo de democracia”.

-No es en contra de la representatividad: “La representatividad se tiene que dar, en los sindicatos hay representatividad, yo voto a un delegado lo puedo poner pero también lo puedo sacar, podemos discutir, una representatividad que no delegue mi deseo”.

¿Un documental sobre la “democracia”? Qué embole…

Contra frases como estas, de sus propios amigos, Escobar logró un documental dinámico, no-explicativo y por momentos hasta gracioso: recordar spots publicitarios antiguos de los candidatos puede ser un buen deporte para domingo a la tarde. “Sabíamos que era un tema que no era sencillo, primero para hacer en audiovisual y que sea atractivo, y abrir el debate. Queríamos discutir algo que no se discute”.

¿Qué te gustaría lograr? “Que sea una película que circule y abrir un poco las mentes y empezar a discutir otro tipo de democracia”.

¿Vos que pensás?