Comunicar desde el tablado

Tabaré y Yamandú – “Los Cardozo de la Catalina” – ya son sinónimos de murga uruguaya. En el mes de presentación de “Malandra”, el nuevo disco de Tabaré, en ND Ateneo, los hermanos se sientan a pensar la comunicación, las redes sociales y el rol de los artistas.

– Tenemos la suerte de que en Uruguay no había ningún Cardozo artista famoso. Somos “Los Cardozo de La Catalina”, eso te protege un poco, ser los tres hermanos que tienen una murga. No saben bien cuál es cuál – dice Tabaré mientras dos señoras en un bar los nombran: “el simpático, el lindo y el que canta”.

Los Cardozo de La Catalina, son tres: Tabaré, Yamandú y Martín. Salidos de un barrio de Montevideo, Uruguay, las calles se les meten por los pies y salen en forma de palabras. Los tres devinieron en artistas. Hijos de padre teólogo y madre maestra que “rescataban desde siempre las virtudes de cada uno”. Tabaré tiene la lengua entrenada en el arte de la palabra, tira el centro: “Una especie de igualdad comunista”. Yamandú define al ángulo: “Cada uno tiene su valor, sus cosas y es distinto al otro. Nunca nos igualó. Una cuestión cristiano soviética increíble”.

-Siempre nos empujaron a buscarnos a nosotros mismos – dice Yamandú.

Hoy los reflectores en el escenario brillan y los aplausos suenan a estruendos. Tabaré -en su carrera solista y como parte de la murga- y Yamandú Cardozo -director de Agarrate Catalina- se sientan en una mesa de hotel y se pasan la pelota de la palabra, uno a otro. Juntos se vuelven a buscar a ellos mismos.

*

Yamandú hace poco tiempo incursionó en el mundo de Instagram, la red social de fotografías en formato cuadrado a la que podés aplicar filtros -o no- y compartir. Tiene una cuenta, pero no con su nombre, el único objetivo es sacar fotos y que sus amigos profesionales del lente, le digan si está buena o no. Tabaré no utiliza ninguna red social. “No tengo nada”, dice y repite: “no soy gaucho para ese pingo”

IMG_4417
Tabaré y Yamandú – “Los Cardozo de la Catalina”

Tabaré: – Tenés que tener determinado tipo de condiciones personales para hacer determinadas cosas. Así como no estoy en contra de la matemática ni en contra del rugby, pero no puedo hacer una división, no sé las tablas y no tengo fuerza para chocar con una persona con una pelota. No soy un militante en contra, me encanta que haya gente que juegue al rugby y matemáticos pero yo no sirvo para eso, bueno, en este caso es lo mismo. Sé que me metería en líos. Por ejemplo, me la baja ver un famoso que en twitter está en forma muy cotidiana opinando sobre una gilada. No tengo necesidad de ver a mi ídolo en esa situación de comentario de vieja de barrio. Yo sé que mis comentarios son muy de vieja de barrio y que los quiero reservar para el barrio, quiero sentarme en un cafetín con mis amigos a decir cualquier cosa de un jugador de futbol, cualquier disparate.

Yamandú: – Hay cosas que uno dice porque las dice como pensándolas, como para investigarlas si son o no son. A veces para saber si uno piensa o no eso que está diciendo necesita escuchar su eco. El tema es que cuando pasa a un ámbito público, por más que sea un pensamiento en construcción vos lo liberaste.

Tabaré: – Es levantar un estandarte de opinión, cuando en realidad la opinión en el ámbito privado ni siquiera es un postulado. Es una pregunta al viento. Es una opinión antojadiza. A medida que nos fuimos adentrando en el ámbito público involuntariamente, empezás a cambiar tu manera de pensar. Vos no podés emitir opinión sobre cualquier cosa, a la ligera, y tenés que empezar a filtrar lo que decís.

Yamandú: – Es como si fuera ponerte un megáfono en los pensamientos porque sí.

Tabaré: – Es como si mañana se inventara una máquina donde tus sueños quedan estampados, entonces, vos ya no tenés la libertad de soñar lo que querés. Tenés que andar cuidándote a la hora de dormir para ver con qué soñás.

Yamandú: – No nos viene a ver más nadie, Tabaré.

Tabaré: – Como un cuento de Fontanarrosa que llevan en cana a un tipo porque soñó con alguien que no podía soñar. Llegamos a un límite de la trasgresión de la intimidad por motu proprio que vos solo agarrás y te regalás, y elegís mostrar algo que a mí ni me interesa.

-Ustedes como artistas son comunicadores en una época en la que parte de la comunicación pasa por las redes sociales. La velocidad del lenguaje es el de la opinión.

Tabaré: – Justamente nuestro arte es el del pensamiento y la reflexión. Nosotros tratamos de dar el enfoque espiritual y emocional sobre algo. Una cosa es hacer una canción cuplé sobre una temática que charlamos mil veces y a veces estamos seis meses para sacar una opinión que sea el cociente de las opiniones de todos los involucrados. Otra cosa es decir la primer gilada que se te ocurre, que de repente capaz ni siquiera te la crees demasiado y quedás atado.

Yamandú: – Uno va modelando, se va dando cuenta, va descubriendo lo que realmente cree con esa decantación del eco de sus propias palabras. Yo pienso que la mayoría de la gente lo usa por la necesidad de expresión que está genial. ¿Cuándo la gente más comenta?, cuando se indigna con algo, cuando le encanta algo, cuando tiene ganas de compartir algo. A nosotros eso con la murga nos pasa absolutamente todo el tiempo. Lo que nos indigna, lo que nos aterroriza, lo que nos esperanza… lo comentamos, lo hacemos, lo trabajamos, lo tragamos y lo escupimos, lo moldeamos y lo amasamos. Entonces está un poco cubierto también.

Tabaré: – Para nosotros es mucho más fácil ésta también. Si todo el mundo tuviera una murga para pensar seis meses lo que va a decir capaz que tiene la paciencia, pero no todo el mundo tiene eso y todos tienen al alcance este otro medio. Tampoco estoy juzgando a la gente que lo hace, sería irresponsable de mi parte teniendo una murga para decir las cosas y tiempo para meditar, andar poniendo giladas en twitter. Se puede tener un twitter y no poner giladas también, pero pasa que yo no me tengo tanta confianza.

Yamandú: – Además supongo que cuando uno se bautiza, se integra a ese mundo y dice: acá estoy yo, en este lugar, los que quieran venir a escucharme, acá voy a estar yo, que es lo que hacemos cuando podemos en venta las entradas de un show.

Tabaré: – Hay otra cosa: nosotros somos artistas y el arte consiste en generar una obra artística. Lo que estamos mostrando no es la opinión, no es solamente que nosotros decimos cosas, sino que además tratamos de buscarle un costado artístico a la cuestión.

Yamandú: – La belleza de la construcción, ¿no?

Tabaré: – No nos imaginábamos la repercusión que íbamos a tener, tampoco es tanta, pero tuvimos una repercusión que fue desmedida para lo que nos merecemos. Aun así, nunca en ese pacto tácito estaba redactado que íbamos a poner nuestra intimidad, o nuestra personalidad en juego, siempre estaba nuestro arte. Yo la verdad no conozco la cara de Baudelaire, pero conozco sus poemas. Al final del día y al final del siglo, lo que verdaderamente importa es la obra, no tanto la persona. Nosotros tenemos arte para mostrar, y ojalá se difunda por todas las vías posibles: radio, tele, diarios, twitter, Facebook, Instagram, lo que sea sirve. Ahora, mi vida personal, no solo mi intimidad o con quién me acuesto o dejo de acostar, sino el nombre de mi madre, la foto de mi casa, ese tipo de cosas a mí no me interesa que la gente la sepa y en el fondo a la gente tampoco le debería interesar. Me pasó hace poco de estar en una reunión de familia, de esas donde empezó nuestra vocación de cantores, como siempre de cantarola con mi abuelo tocando una tapa de olla, mi tíos cantando todos desafinados, yo tocando canciones que no sé en la guitarra, imaginando los acordes que eran, como siempre. De repente veo a la hija de la mujer de mi primo, filmando y subiendo todo automáticamente. Ahí me di cuenta, por un lado que no podía pudrir la reunión familiar, ¿qué iba a hacer?, no le iba a decir nada, a su vez me cortó la iniciativa porque yo soy un profesional, me gano la vida de esto y no es nada gracioso que me filmes desafinando, medio borracho, cantando una canción que no sé. Ese tipo de cosas es cuando decís: ¿en qué berenjenal me metí? ¿Cuándo compré este león y lo tengo en el jardín si era un gatito cuando me lo regalaron?

Imágenes: NosDigital
Imágenes: NosDigital

-Las redes sociales también simulan una compañía. Con la murga quizás también lo tienen cubierto.

Yamandú: – Es eso. Es la necesidad de la referencia del otro ahí. No sé si en Montevideo o en Buenos Aires en los ’30, con otra vida social, con otra cosa de juntarte, de la tertulia, de lo hablado más real, más físico y más agarrable, hubiera tenido tanto éxito. En un momento y en un modelo bastante dehumanizado en el sentido de cortar y fragmentar, es el resquicio que uno encuentra para encontrarse con otro eventualmente.

Tabaré: – Estoy seguro, si nosotros hubiésemos sido niños en esta época, en lugar de grabar aquellos cassettes, tendríamos un canal de youtube. Y está buenísimo.

Yamandú: – El tema es que nosotros ahora, con las poquitas chispas que nos quedan en nuestros cerebros castigados, no podríamos gastarlas más que en nuestros espectáculos.

Tabaré: – Vivimos de esto, si se nos ocurre una buena idea no la vamos a tirar a internet gratis. La guardamos y la transformamos en parte del espectáculo. Ya estamos más automatizados en capitalizar, me imagino nuestro cerebro como Holanda que le tiene que ganar terreno al mar para plantar tulipanes. Hoy por hoy, existe la posibilidad que haya gente que sepa más de nosotros que nosotros mismos. Hay tanta cantidad de información de cada uno de nosotros online, y tanto archivo de cosas que si realmente alguno se ocupara de hacer un espionaje psicológico de nosotros podría tener el perfil y datos de todo, desde la historia clínica, hasta el comportamiento, preferencias, gustos. Todo. Ya estamos regalando información porque sí. En el arte esa información está codificada, lo que estamos regalando es nuestro cociente, pero no estamos regalando los elementos que constituyen esa cuenta. En algún punto tenemos que empezar a cuidarnos para sobrevivir como individualidades armadas. En nuestra escala, para que no suene que habla Mick Jagger, en una escala tercermundista y muy Montevidiana y muy chica. Pero con la exposición pública tenés un agravante, ponés en riesgo la conformación estructural de tu personalidad. Primero que nada, te conoce mucha más gente de la que vos conocés. Es una calle flechada para un solo lado, donde vos vas como peatón y de frente viene una autopista. Hay mucha más gente que sabe cosas de vos de las que vos sabés de los demás, eso te pone en completa desventaja. Si la información es poder, vos tenés mucho menos poder. Encima estás a corazón abierto, porque si sos artista estás mostrando parte de tu sensibilidad, de tu espiritualidad. Tenés todo tu círculo social completamente tomado y encima sobre-saturado más que cualquier persona normal. El circulo un poco más chico, el de tus familiares y amistades, está erosionado porque no estás nunca con ellos y estás dándole a desconocidos más atención que a las personas que vos más querés. Y la parte esa de vos que ni vos mismo conoces, también está lesionada, porque hay gente que habla de quién sos y saca conjeturas.

Yamandú: – Gente que aporta a una supuesta estructura tuya. Aporta datos de cómo sos vos y los instala. Gente que tiene un Facebook, una página tuya y construye, equivocado o no, te dibuja y queda ese dibujo.

Tabaré: – Vos necesitás armar un estereotipo, necesitas agarrarte de algo porque vos vas a comprar ese producto, querés saber cómo es. Pero a su vez, también vos vas diseñando un modelo de personalidad, que a veces ni siquiera es tu personalidad. Y no es un personaje buscado, es un promedio de lo que va quedando de esa picadora de carne. Entonces para no volverte del todo loco tenés que resguardar alguna parte, sobre todo la parte más tuya para poder reconocerte en eso y estar a salvo. Cada tanto volver a centrarte en el epicentro de lo que hubo antes de esto. Quién era yo antes de ser yo. Voy a la casa de mi infancia, con mis parientes que me conocían antes y me querían antes. Los que te conocían antes, te veían con los mocos colgando cuando volvías de la escuela. Te conocen en una dimensión que vos recuperás cuando te encontrás con ellos.

*

Tabaré Cardozo presenta su nuevo disco: Malandra. Todos los jueves de mayo junto a Agarrate Catalina en el ND Teatro.

El show de la politiquería

¿Qué hay detrás de las cámaras de Intratables? Crónica del programa de tv que debate la política argentina al ritmo del rating.

En un estudio de televisión la escenografía es de cartón, el aire es acondicionado nivel 20 y el cielo está estrellado de tachos de iluminación. La gente vive barnizada por el maquillaje y usa traje o vestido y zapatos de fiesta.

*

Primera impresión: hay algo en la televisión que es, por definición, mentira.

*

Panelistas apuntan.
Panelistas apuntan.

A las 9:30 de la noche, media hora antes de que empiece Intratables, los ocho panelistas ya están sentados en sus lugares. Tres de los invitados del día – un martes cualquiera- también: el senador G. M. y el consultor político E. Z. P. ocupan los sillones centrales, y otra consultora, M. F, otro escritorio al costado.

*

La distribución del espacio poco importa para las cámaras de tevé, que apuntan para todos lados: son cuatro, dos fijas, una que se mueve por el piso como una araña y otra tipo grúa. Quien decide qué cámara transmite en el momento (señalada por una luz roja), cuánto dura el tema que se debate (al ritmo del rating) y, en ocasiones, a quién se le debe ceder la palabra, no está en el piso, está arriba, o en algún lado, como un Dios o un titiritero.

*

El conductor S. M. entra al estudio 9:42 por una puerta lateral que usa solo él. Lleva un traje ajustado negro y es flaquito, más flaquito y menos alto de lo que parece: todo el tiempo, presenciar el vivo pone en juego este tipo de comparaciones vida virtual versus vida real.

*

Virtual (Del lat. virtus, fuerza, virtud).

1. adj. Que tiene virtud para producir un efecto, aunque no lo produce de presente, frecuentemente en oposición a efectivo o real.

2. adj. Implícito, tácito.

3. adj. Fís. Que tiene existencia aparente y no real.

*

Antes de las cámaras.
Antes de las cámaras.

El programa se está grabando en el estudio 2 del edificio que América tiene en pleno Palermo Soho, entre bares, productoras y canales como C5N. En el mismo piso, la escenografía se divide en dos: de un lado la imagen de una ciudad hace de escenografía para Intratables, y del otro graba Intrusos, donde el panel refleja un cielo despejado.

*

Antes de empezar, uno de los panelistas (P. V.) mira a uno de los invitados (J. C.) y lo chicanea: “¿Estás preparado?”

*

El vecino Intrusos es un programa de espectáculos que se mantiene desde el 2001 en un promedio de 5 puntos de rating: 400 mil personas. Comparte este ambiente con Intratables desde el 7 de enero del 2013, un programa que se desprendió de otro que conducía D. M., Infama, que era a su vez un continuado del de J. R.. “In” trusos, “In” fama e “In” tratables son parte del mismo árbol genealógico de América, craneado por el grupo de Daniel Vila, y sus platos fuertes hoy día.

IMG_9049
Intruso.

*

Atrás de cámara estamos los utileros, camarógrafos, asistentes de camarógrafos, productores, vestuaristas, maquilladoras, peinadoras, sonidistas, periodistas y aficionados. En total, 26 personas o que están trabajando para que todo esto sea, o están consumiéndolo en alguna de sus formas.

*

Los 3 “In” son programas diarios, que debaten “lo que pasó en el día” mediante informes especiales, debates en piso y las opiniones de panelistas fijos y no tanto. La escenografía no es sobria, no hay imágenes neutras, los videographs son coloridos y los sonidos agitan campanas de ring. El formato es el clásico argentino “de espectáculos”, “de chimentos”, “de la farándula”, con todo lo que eso implica.

*

Entre los espectadores, un hombre de 30 y pico está sentado en un banco sin respaldo. Desde el lugar que eligió en el estudio, el programa no se ve, sino que hay un panel que lo tapa. “Esto antes no estaba”, cuenta, lo cual denota dos cosas: 1) No es la primera vez que viene, sino más bien al contrario; 2) Siempre se sienta ahí, y sólo ahí.

*

 

Desde mediados del 2014 Intratables deja de ser un programa dedicado a los actores, artistas y televivientes, para pasar a tratar (de tratar) cierta agenda política. Hoy promedia los 3 puntos de rating: casi 300 mil personas.

*

El hombre que no ve y sólo oye el programa finalmente confiesa su razón de estar: viene “por Santiago”. Es amigo, o algo así. Trabajaron juntos, o algo así. La figura se va deliñando. El anonimato de este raro hombre va cediendo en pos de una cara inolvidable para cualquiera que fue adolescente entre el 2000 y el 2003: fue la mismísima estatua viviente de Countdown, el programa que Santiago Del Moro condujo en Much Music y lo llevó a la fama.

*

El formato de Intratables sigue siendo el mismo de espectáculos; la escenografía no cambió en nada sustancial. Los informes, tampoco: utilizan imágenes y videos de archivo y una voz en off que relata la polémica. La dinámica del debate sigue siendo como tirar un pedazo de carne entre perros que se van turnando la carroña. Sí se fueron panelistas (como M. F., Á. B. y V. G.) más vinculados al mundo de la tevé, para sumar nombres (como A. K., D. P. o J. V.) de supuesto tenor político.

*

La ex estatua, acaso, sigue haciendo lo mismo: es una estatua viviente en un estudio de televisión. Viene aquí a estar y nada más que estar. Nadie le habla y él no molesta. Su “patología” no parece muy distinta a la de muchos políticos que asisten a Intratables: más allá de lo que hagan, digan o propongan, lo importante aquí – parece- es hacer presencia.

*

Los productores del programa cuentan que parte del contrato implícito es estudiar y entender lo que pasa en la vida política. Algunos panelistas chequean medios en vivo (A. K.: Infobae y Perfil), otros tienen anotaciones en libretas, pero la mayoría nada de eso. Lejos de sopesar cada palabra, sobran los gritos, los argumentos infundados, el sentido común, el lugar común, los entredichos y las sobreposiciones. Si hay algo que no aporta Intratables, es claridad en medio de la confusión.

*

De pronto alguien grita “¡40 segundos!” y todos se ponen en sus filas, aunque queda todavía un sillón de invitados vacío. Es uno de los centrales. El programa va arrancar. Son las 10:03.

*

Intratables no es un programa inocuo, pero tampoco puede decirse que baja línea (aunque sus creadores corran la carrera electoral). Ese logro quizá le corresponda a su conductor S. M., un joven habilidoso para moderar todo lo que se dice y no se dice al aire, que termina cada programa hablando a cámara (=televidente): “No te olvides que la verdad la tenés vos”.

*

El programa arranca nomás con unos aplausos autogenerados y la mirada del  conductor clavada en la cámara 1: “Hoy tenemos un compañero que la pasó mal”, va a empezar diciendo, en señal al panelista C. C., a quien la cámara filma y él pone un gesto de lamento. “Pero antes de eso”, sigue D. M., “tengo un secreto para vos: el secreto para renovarte cada día es dormir en un colchón…”. Va la publicidad de Canon.

*

El plantel de panelistas está compuesto de tal manera que los roles, luego de ver un par de programas, quedan definidos. Si uno dice A, el otro debe decir B, y otros dos sostendrán que C. En seguida, el conductor D. M. intentará llevar las posturas a una consigna conciliadora (digamos D), en un tono que recuerda al “no importa la política”, cuando no está ocurriendo otra cosa que política. Política masticada. Y lo sabe.

*

Caras y caretas.
Caras y caretas.

Vuelve la cámara al panelista C. C., que pasa a relatar un hecho de inseguridad que sufrió el día anterior, a la salida de este programa. Le robaron el reloj. “Pero podrían haberle quitado la vida”, sugiere D. M., y el otro asiente. Todos asienten.

*

Aquí vienen tanto oficialistas como opositores, como sindicalistas y trabajadores, como integrantes de movimientos sociales y funcionarios, aunque no a todos se los trata por igual. El lugar en el salón y los minutos brindados son parte del premio y del castigo. Los políticos son tratados más gentilmente.

*

El panelista que fue robado, en un momento, confiesa: “Era un reloj que usaba sólo para venir acá”. Replay: sólo lo usaba en la vida virtual. Detrás de cámara se comenta que le ficharon el reloj al aire, y lo esperaron en la casa… le pasa por… Alguien detrás de cámara busca una sonrisa cómplice.

*

Se habilitan dos lecturas:

1) será un programa flojo, ya que sacaron el comodín de la inseguridad;

2) mientras la cámara filma sólo al panelista asaltado, oculta que todavía falta llenar un sillón de invitados, y esa es la verdadera razón de este arranque en primera persona.

*

Hay 10 televisores que proyectan distintas cosas. Cinco, el programa mismo. Dos están apagados. Dos muestran imágenes alusivas a lo que se está hablando. Y una cuenta los días, minutos y segundos que faltan para las elecciones presidenciales.

*

Como en televisión todo está calculado, la opción 2 parece la correcta: mientras el relato del robo continúa y pierde intensidad, llega el último invitado, F. M., que es interceptado por una maquilladora (cual robo de reloj) mientras un productor le pregunta: “¿Estás para entrar?”. En 10 segundos F. M. es maquillado, saluda al P. S., se sienta y la cámara grúa filma todo el estudio, ahora sí, completo. Arranca el programa.

*

El encargado de transmitir las órdenes del director de estudio es un joven sub 30, fachero de chupín rosa, intercomunicador en mano, cuya función principal es levantar las palmas y gritar para que los panelistas hablen de uno. Si la cámara hecha luz sobre lo que pasa en el estudio, el verdadero manejo se hace desde las sombras.

*

Faltan 242 días, 9 horas 52 minutos y 39 segundos para las elecciones…

La cuenta.
La cuenta.

*

El productor tiene una asistente que le pasa unos carteles (hojas A4 pegadas una debajo de otra) con las consignas del día, para que el conductor las lea y de pie a un debate o introduzca un informe. Hoy: “Periodistas víctimas de la violencia”, “Un muerto en un enfrentamiento entre barras cerca de La Salada”, “Fuertes críticas de Rial a la política”, “Alianzas y polémicas en la carrera presidencial”, “Conventillo político tras la frase de Mussi”, “Delia, ¿se quedó solo?”, “Caso Bodou”, “Guerra de encuestas”.

*

Un invitado (J. C.) dice que en La Salada hay gente con ametralladoras y chalecos anti bala, comentario que en cualquier otro contexto debería ser motivo de denuncia e investigación, pero que aquí pasa como un comentario de fiesta de 15. 

*

Repasemos las palabras clave de hoy: periodistas, violencia, muerto, barras, críticas, política, alianzas, polémicas, carrera presidencial, conventillo, encuestas…

*

A las 22:17 va el primer informe. Se hace el silencio. Algunos lo miran, otros no, el senador G. M. se ríe, pero cuando la cámara se prende se vuelve a poner serio cementerio.

*

Su actitud es generalizada: cuando la cámara no enfoca, el que estaba serio se ríe, el que se reía se pone serio, el que sostenía eufórico un argumento, se pone a mirar el celular, y todo así en un gran juego de actuación en el que lo único que importa es la perfomance de los segundos al aire: qué tienen que decir, cuándo y cómo.

*

Un utilero aprovecha el corte para levantar un índice de una mano y en la otra juntar el índice con el dedo gordo, en una señal que cualquier futbolero interpretaría como “1-0”, y lo dirige al panelista P. V. junto a la descripción: “gana Racing”. P. V. asiente contento.

*

Ver el programa desde el piso puede resultar una gran decepción, o un golpe de realidad. En la tele las voces tienen mayor volumen, la cámara enfocada genera una tensión que aquí se pierde en la dimensión del estudio, los gestos parecen más acentuados, todos parecen atentos al debate, todos parecen hablar seriamente. El juego de hacer parecer es la gran habilidad del director de cámara.

*

3. adj. Fís. Que tiene existencia aparente y no real.

*

De pronto llega otro invitado más (van 40 minutos de programa), el diputado J. M. P. Ni lo maquillan y lo sientan en una banqueta en el lugar más marginal del estudio. Cuando se dan cuenta que es imposible que lo enfoque una cámara, un productor agarra la banqueta y la mueve con el diputado arriba, que levanta los piecitos.

*

Para entender el juego de la tele, basta pensar en cómo sería la cara de uno si, ante la noticia de una mala nota en un examen, fuese filmada a una distancia de dos metros y proyectada a miles y miles de personas: terrible.

Imágenes: NosDigital.
Imágenes: NosDigital.

Un videograph abajo: LECTOR/A reprobó y es un burro.

Música de apocalipsis.

*

Racing mete el 2-0.

*

¡30! Grita alguien cuando el informe va terminando. ¡10! Y todos se preparan.

*

Racing mete el 3-0 y el utilero camina por las paredes. Pregunta desde qué página puede ver el partido por el celular.

*

En el piso la magia de la tevé no existe, el debate es menos intenso que cualquier previa con amigos, uno ve el programa desde una distancia de diez metros intermediada por camarógrafos, asistentes y productores que están trabajando en serio. Uno se ocupa, antes que nada, de no romperles mucho las bolas.

*

El primer bloque se va a los 53 minutos de programa. Hay 3 minutos de recreo.

*

La peinadora va y peina a A. K. y le dedica unas palabras.

Santiago se enoja y dice a todos: “Si hablan todos juntos no se entiende un sorete”.

P.V conversa con G. M. y dice algo como “Del Sel está subiendo…”.

El utilero hincha de Racing llena una jarra de agua fría y la ofrece. 

Literal detrás-
Literal detrás.

El corte vuelve con dos publicidades. Una de “Zona libre” que comunica que el producto se vende también en Uruguay. Es decir que esto se pasa también allí.

El segundo informe llega más rápido. El conductor lo presenta como “¿A Delia le soltaron la mano?”.

Mientras se proyecta, los panelistas le reclaman al conductor que no les da el pie para hablar. D. M. se calienta y dice “¡Son siete personas hablando al mismo tiempo!”, mientras los panelistas se achican y los invitados se ríen. 

Un productor le acerca un papel escrito a la panelista S. F. B.

Un camarógrafo con ganas de hablar dice que “todo esto es una mentira más grande que una casa”, que es “todo por el rating” y que “en cámara se pelean y después afuera andan a los besos”.

*

Cuenta mental: de las 16 personas al aire, al menos 7 no hablan hace 30 minutos, 2 intervinieron una vez y 1 – P. S- ni siquiera.

*

Se hacen las 23, falta media hora para que termine el programa, pero el locutor ya dijo lo que tenía para decir, se levanta, hace un bollo con los papeles del guión, los tira al tacho y se va sin saludar a nadie.

*

La televisión de fondo proyectó las siguientes imágenes durante el programa: Massa, Nisman, la policía, la bandera argentina, imagenes del 18F, a Bodou, Scioli y los números de encuestas.

*

Historias de graphs.
Historias de graphs.

A las 23:05 Del Moro se propone hablar con los que no hablaron.

Un sonidista le contagia el bostezo al otro.

2 hombres del canal que terminaron su labor entran al estudio y se sacan una selfie.

Uno de los que no habló dice algo que en vivo parece menor, pero que desde el estudio ya decoraron con un graph rojo intenso que dice: “No creo en la justicia”.

A las 11:31 minutos el productor le hace señas al conductor: no hay más tiempo.

S. M. muestra la revista Pronto para terminar.

Los panelistas se frotan las manos.

Los cámaras bajan las cámaras y suspiran.

OFF.
OFF.

El conductor asegura que el programa se llamará “Intratables, dejame terminar”, en relación a lo que piden los invitados cada vez que alguien les superpone la palabra.

El invitado P. M. y la panelista A.K. se quedan hablando.

F. C. le dice a J. C.: “Cómo lo corriste, me encantó”.

P. V. se saca la corbata.

S. M. se va por su puerta lateral.

Los televisores muestran el programa siguiente que ya comenzó.

La estatua viviente le pide una foto al P. S.

El cielo de luces se apagó.

Todos huyen.

Un televisor marca que faltan 242 días, 8 horas, 26 minutos y 45 segundos para las elecciones.