OCUPA TODO


Movimiento ocupa brasilero: cómo es desde adentro una experiencia de resistencia propia de los tiempos latinos y neoliberales que corren por nuestras venas abiertas. Historia y presente de un movimiento que presenta los rasgos de una época y de una región con método y con ideas. (Imágenes: Delegación NINJA)


La imagen del triunfo

Y en ese momento, mientras la Mujer-Ocupa lee una carta y todxs gritan “Fora Temer!”, se vive una fiesta victoriosa.

La Mujer-Ocupa enuncia:

“Somos todos los presos condenados por un sistema excluyente y racista, somos las jóvenes estupradas, somos todas las mujeres víctimas de violencia, los niños asesinados por policías militares en la puerta de su casa, somos lxs gays, lesbianas y travestis golpeadxs y muertxs todos los días, somos las personas agredidas por la intolerancia religiosa, somos los 23 activistas presos y procesados, somos la gente de la calle, somos las favelas, somos los sin tierra, somos los indígenas, somos los locos, somos los expatriados, los desertores, los refugiados, los removidos, somos todos los excluidos: somos los que luchan. Felices tres meses, ocupantes.”

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Las banderas colgadas con la cara de Temer hecho un demonio son la fachada de la nueva casa del movimiento ocupa: el antiguo estadio Caneo de Rio, rebautizado “Casa de la Democracia”; “Procuramos uma nova época, uma nova ética, uma nova estética”, es el cartel de bienvenida; las escaleras con gente de cualquier belleza son el preludio del gran salón; y en el salón, las culturas perseguidas festejan el triunfo de bailar y resistir en un mismo acto.


Ocupar es resistir

“¡Ocupa tudo!” es el grito que se multiplica en Brasil.

Tudo es todo.

La calle.
Una plaza.
Un estadio.
Un Ministerio de Cultura, también.

Se grita “¡Ocupar es resistir!”. Una  consigna que en Argentina resuena desde las más de 400 fábricas recuperadas: ocupar, resistir, producir.

“Porque una ocupación es, ante todo, eso mismo: combatir la desocupación.” (un ocupante)


Quiénes son y qué pasó

El movimiento OcupaMinc de Rio de Janeiro es un colectivo de artistas y activistas que, ante la eliminación del Ministerio de Cultura (MinC) dispuesta por el presidente interino Michel Temer, decidieron disputar el espacio público del propio ministerio, tomando el Palacio Gustavo Capanema. Luego de 73 días, los desalojaron. El movimiento tomó entonces un nuevo predio: el estadio Canecão, un símbolo de la cultura popular brasilera, abandonado desde hace 9 años por la universidad pública.

28647007161_3a63fbd919_oEl mismo jueves 12 de mayo en el que Dilma quedó apartada, Temer tomó la presidencia y disolvió el MinC. Pasó sólo un día para que las ocupaciones florecieran: el sábado en Curitiba, el domingo en Belo Horizonte y el lunes en Río. La acción se multiplicó:  San Pablo, Salvador, Caerá y más. 27 predios culturales estuvieron ocupados en Brasil en los últimos tres meses.


El método ocupa se hizo eje de la resistencia en Brasil a partir de la “primavera secundarista”, a fines de 2015, cuando los estudiantes tomaron más de 600 escuelas por el recorte educativo.


Artistas y productorxs de la cultura independiente, integrantes de organizaciones sociales y estudiantiles, militantes de base de diversos partidos políticos y una cuarta parte de personas que se denominan autónomxs y anarquistas, decidieron ocupar el Palacio Gustavo Capanema, edificio del Ministerio de Cultura de Brasil.

La amplísima diversidad de Movimiento OcupaMinC RJ planteó el primer escenario: ¿cuál sería el punto de consenso que genere al movimiento? La respuesta se confirmó en la primera asamblea oficial de la ocupación, minutos después de ingresar al palacio.  

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“Fora Temer!” sería la consigna que uniría a los primeros 50 ocupantes.

Con el tiempo y con el espacio significaría mucho más que la salida de un mandatario.


Cómo se ocupa un lugar:  escenas de un acto primario.

Carioca, tres meses después, sentado en las escaleras de entrada del Canecão, recuerda el día en que Felipe llegó a la casa luego de la reunión decisiva. “Vamos, preparemos todo: es mañana”, les dijo. Todxs empezaron a organizarse: acababan de tomar la decisión y el momento era ese.

Felipe y Carioca llegaron aquella mañana de lunes a eso de las diez. Esperaron muchos minutos en la entrada de un fino café que está enfrente del Palacio Gustavo Capanema. “En Rio, cualquier cosa que organices va a empezar por lo menos 40 minutos tarde, aunque sea una ocupación”, explica Carioca. Esperaron nerviosos.

Y al fin fueron llegando: 30, 40, 50 personas…

El momento de actuar se decidió por energía colectiva:

“¡Vamos, vamos, ahora, vamos!”

La idea era entrar como visitantes, sin alboroto, y una vez adentro del edificio empezarían a montar el campamento con paz y naturalidad.

No fue así.

Cruzaron la calle con las carpas escondidas en las mochilas y con la cámaras listas para transmitir la ocupación en vivo por las redes. Pero, uno de los guardias privados del MinC vio mucho gente y se asustó. Entonces corrió hacia la puerta del edificio y empezó a cerrar el portón de entrada.

Felipe no logra ocultar la sonrisa cuando cuenta el primer triunfo de la ocupación: “Uno de nuestros compañeros, antes de que el guardia logre cerrar las puertas, le dio un empujoncito, un rugbycito, sabes, nada muy violento.”

La ocupación luego de esa pequeña primera disputa física se convirtió en un hecho.

Distinto a lo planeado entraron todos desaforados, gritando y gritando “Fora Temer!”.

¿Qué se hace en una ocupación?

Carioca lo explica mejor que nadie, con la naturalidad propia de un ocupante: “Una ocupación es, ante todo, eso mismo: combatir la desocupación.”

La mujer victoriosa, la que leyó el documento de los tres meses de ocupación, aquella vez, desde el escenario, también enumeró con precisión lo que se hace en el espacio:

Somos decenas de personas compartiendo el desayuno, almuerzo, cena, conversaciones, encuentros y desencuentros, lavando platos, barriendo el piso, haciendo comida, escribiendo textos, creando videos, fotos, produciendo shows, debates, teatro, cine, performances, poesía, haciendo actos, ocupando las calles, combatiendo cotidianamente el machismo, el racismo, la homofobia y toda forma de preconcepto, conviviendo con las diferencias, aprendiendo a construir un espacio democrático, horizontal, errando, reconociendo yerros, errando más, errando menos, creando consensos, peleando, entendiéndose, reinventando espacios, reinventándonos, descubriéndonos, construyendo un otro mundo, un otro yo, un otro nosotrxs.”

En una ocupación no sucede cualquier cosa y hacer nada no está permitido.

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“Los ocupantes deben estar necesariamente ocupados, porque de eso se trata ocupar: hacer, hacer y hacer”, dice Carioca. “Por eso en pocos días la ocupación se organizó, y al cabo de las primeras semanas ya teníamos una estructura que cubría todas las áreas fundamentales: articulación, infraestructura, seguridad, comunicación y creación.”

Los espacios ganaron sus lógicas, sus funciones, su movilidad. Los jóvenes trabajan intensamente y con éxito en resguardar los sectores del Palacio con obras de patrimonio. Los ocupantes produjeron un sinfín de eventos y actividades. Y se terminó por formar un inmenso público de minorías que encontró en el Capanema un espacio de libertad y resistencia.

Todo eso es trabajo.

Como lo reconoce Neia, una de las más de 15 vendedoras ambulantes que tiene las puertas abiertas de la ocupación para poder ir a trabajar: “Es un trabajo hermoso y grandioso, y yo me siento agradecida de poder estar en un lugar donde no me persigue la Guardia Municipal por querer trabajar”. “Y no nos cobran ni un real-agrega-, si entre los vendedores después hacemos una pequeña colecta para los ocupantes es porque estamos agradecidos.”


Palacio Gustavo Capanema: cuando lo público es popular.

El Palacio Gustavo Capanema fue el primer proyecto modernista de Brasil. El diseño del edificio tenía el fin de juntar personas en los espacios abiertos: grandes convocatorias públicas. Desde su construcción en 1930 nadie lo hizo mejor que el movimiento OcupaMinC RJ.

Felipe dice: “A partir de la ocupación fue que sucedieron las cosas”.  ¿Qué cosas?

El mismo día de la ocupación 200 personas se reunieron en Capanema, para abrazar al edificio y a los ocupantes. La comunidad artística se movilizó de inmediato. A pocos días Caetano Veloso tocó y al Palacio se acercaron 20 mil personas. Cada día y cada noche, desde la ocupación, el conjunto de la sociedad de Rio de Janeiro gozó de una agenda cultural independiente y diversa en un Palacio emblemático, que siempre había sido público pero nunca popular.

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André, un ocupante autónomo que se sumó a la tercera semana de ocupación, logra explicar el fenómeno del espacio público mientras hace guardia en la puerta un martes a la tarde: “Hay una crisis simbólica: no se sabe más qué es lo público y qué es lo privado. Porque lo privado es privado y lo público muchas veces también es privado”.

El manifiesto del movimiento lo explicita: “El espacio público es el lugar para dar la lucha política”.

Por eso el grito: “!Ocupa tudo!”.


Cómo se vence una desocupación forzada

Manuel se despertó por los gritos. “En cinco minutos todo el mundo afuera”, se escuchaba desde su carpa. Agarró el celular y eran como las seis de la mañana. No tuvo duda de qué estaba aconteciendo. Sin embargo esperó acostado 20 minutos, resistiendo un poco más.

Cuando escuchó las órdenes más cerca y más autoritarias asomó la cabeza. Sus compañeros estaban desmontando las carpas y arrumando los bolsos como podían. Los oficiales seguían de cerca la acción de cada uno de los ocupantes, recordando a cada segundo que solo iban a esperar cinco minutos. Manuel no se desesperó. Se tomó un tiempo más para maquillarse y salió. Sabía desde hace algunos días, al igual que el resto de sus compañeros, que los iban a sacar del Palacio.

Estaba sucediendo.

Y fue pensando en aquel momento que pudo sintetizar de qué se trata OcupaMinc para él: “Si los órganos públicos no hacen lo que el pueblo demanda, la gente debe organizarse y empoderarse para disputar la gestión de los espacios públicos”.

28724594185_a1f7ec366f_oEl 25 de julio ,por decisión de Gobierno de Temer, la Policía Federal ordenó desocupar el Palacio Capanema con armas y palos en la mano. Luego de sacar al último ocupante levantaron un muro en la entrada del edificio: es conocido como “el muro de la vergüenza”.

73 días de vida cultural inédita habían quedado en la historia del Capanema.

La respuesta de los ocupantes fue íntegra y victoriosa: salieron pacíficamente y empezaron otra ocupación.


Movimiento OcupaMinc RJ toma el Cane

El Caneo es un lugar central en la historia de la Música Popular Brasilera (MPB). Un estadio de recitales mítico de los años 70 y 80, donde proliferaron Caetano Veloso y compañía. Luego de estar casi diez años cerrado, con la amenaza latente de ser privatizado, el Caneo renació.

El 1ero de agosto, a menos de una semana de ser desalojados del Capanema, el movimiento OcupaMincRJ ocupó el espacio, que pertenece a la Universidad Federal de Río de Janeiro (UFRJ)

¿Qué pasará entre OcupaMinC y la UFRJ?

Se está disputando en muchos niveles.

Por lo pronto hay una cosa importante que ya le explicó Paulo, un joven ocupante de madre indígena y padre negro,  a un grupo de docentes de la UFRJ que fueron a apoyar y a ver cómo se podía articular el movimiento ocupa a la lucha universitaria:

“Aquí tenemos de todo- empezó Paulo, que siempre luce polleras hermosas-. Necesitábamos construir pluralidad y por eso dijimos “Fora Temer!”. Pero a partir de eso se empezaron a construir movimientos: indígenas, feministas, de negros, rastas, LGTB , ecologistas, anarquistas… Esto que se está generando es, sobre todo, antimódico: cada vez que nos damos cuenta que algo está mal construimos sobre eso y lo incluimos al “Fora Temer!”. Es orgánico y total. Es un movimiento que apuesta a todos los derechos. Integral. Por eso quería decirles que siempre nos preocupamos por la educación en nuestra lucha, pero por una universidad libre y del pueblo: no de la academia. El movimiento lo comprende y lo trasciende: porque luchamos por todos y cada uno de nuestros derechos.”


¿Qué incluye hoy “Fora Temer!”?

Primero que nada: a los ocupantes.

Incluye a Josué, que el hip-hop de la favelas lo salvó, y que hoy a través de ese lenguaje artístico puede aportar sus raíces culturales al movimiento. El encuentro de culturas que tiene la ocupación para Josué es único en la historia de Brasil. Lo define como “una escuela de vida, arte y cultura” y como un “movimiento político sin partido”. Piensa que el golpe “unió a las culturas de los desfavorecidos”. Y plantea que “si la dominación es institucional y compleja, la resistencia debe ser orgánica”. “Para eso –dice Josué- hay que aprender, y eso empieza desde abajo, lavando los platos, limpiando el baño, sabiendo cuál es la esencia de lo mínimo, lo que te enseña la calle: una de nuestras culturas”.

Incluye también a Larisa, que también aprendió todo en la calle. Ella es indígena, artista callejera y malabarista. Dice con firmeza que “la permacultura es revolución”. “Dentro de eso está todo lo que la sociedad necesita: un paradigma de vida, de sustentabilidad.” Permacultura: la cultura de lo que no muere, lo sustentable. “El genocidio de las comunidades indígenas a manos del agronegocio y las enfermedades por los alimentos venenosos y transgénicos son parte central de este cambio, por eso la permacultura es un área de trabajo central de la ocupación”, dice Larisa. Para ella el “Fora Temer!” es más que tirar a un presidente: es una reforma política y cultural de bases. “Es participar de una revolución activamente, cambiando uno mismo y econtrándose con otros.”

Incluye a la mujer de este video, que toma el micrófono en los recitales para advertir que se viene la revolución de la mulher preta:

Se incluye: todo se incluye.

Lavar los platos sin desperdiciar agua corriente. Cultivar alimentos.
Combatir el machismo con uñas y dientes. Transforman los géneros.
Disputar comunicación libre.
Crear cosas. Cosas nuevas, inventadas, diseñadas, significantes, novedosas. Crea arte. Crear respuestas, soluciones, formas.
Buscar el origen indígena.
Ser mujer. Ser negra. Ser madre. Ser pobre.
Expulsar machistas. Expulsar racistas. Expulsar clasistas.
Deconstruir. Construir. Disputar. Articular. Y trascender.
Arreglar. Limpiar todo, todas las mañanas.
Enseñar experiencias. Aprenderlas. Gestionarlas. Presentarlas.  

Producir arte.
Resistir golpes.
Ocupar espacios.

Por eso, antes que nada, siempre se grita:
“¡Primeramente, Fora Temer!”

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Imágenes: Delegación Mídia Ninja

Obsesión por la memoria

Mayra Martell es una fotoperiodista mexicana obsesionada con documentar las modalidades de la desaparición y la violencia en América Latina. Desde su trabajo con las madres de niñas y jóvenes desaparecidas en Ciudad Juárez definió su objetivo: “es una forma de narrar la historia de lo sucedido desde una perspectiva emocional y cotidiana para las futuras generaciones”.

La ropa de todos los días, una foto de la infancia, una lista de metas a corto y largo plazo, la cama – tendida, siempre, en una espera infatigable –, el mechón de pelo de bebé, unos stickers de princesas en la pared del cuarto. Colecciones de objetos que no alcanzan a representar lo que evocan: la ausencia. Y el dolor que produce. Las que faltan en las fotos, recuperadas en estas huellas de vida: Erika Carrillo, Elena Gudían Simental, Neyra Cervantes, María Elena García, Ana Azucena Martínez, María Guadalupe Pérez Montes, Paulina Luján, Diana Noraly Piaga Reyna, Griselda Muroa López, Jazmín Chavarría Corral, Cinthia Jacobeth Castañeda Alvarado. El total trepa a 72 chicas, de entre 9 y 21 años al momento de su desaparición en Ciudad Juárez, México. Sus historias son el eje del trabajo “Ensayo de la identidad” de la fotógrafa mexicana Mayra Martell.

Diana Noraly Piaga Reyna, 16 años. Desapareció el 27 de febrero del 2009, trabajaba en una maquila en el turno de la mañana. Foto de la pared de su cuarto. Mayra Martell.
Diana Noraly Piaga Reyna, 16 años. Desapareció el 27 de febrero del 2009, trabajaba en una maquila en el turno de la mañana. Foto de la pared de su cuarto. Mayra Martell.

– Cuando las madres ven el trabajo es muy triste, de pronto acarician las fotos en donde aparecen las pertenencias de sus hijas. A las muestras siempre llevo un libro de anotaciones y después se los muestro. Cuando ven las cosas que escriben los que vieron las fotos, se emocionan, se alegran de que se conozcan las historias de sus hijas. Las fotos no buscan ser “las grandes fotos”, cobran sentido porque son algo de alguien, retratan objetos de personas que no están. El  trabajo es nombrarlas: esta es la historia de esta chica y ella no está. Siempre lo pensé como un acompañamiento para las madres. Son mujeres que están solas, no hay una organización social que las una, están solas en manos de asesinos.

Mayra Martell nació y creció en la misma Ciudad Juárez que hoy documenta con su cámara. Cuando trabajaba como periodista en la sección de Cultura de un diario, el fotógrafo tuvo trillizos y la cargó con la responsabilidad de las imágenes. Mayra, que hasta el momento “no era buena en nada”, encontró ahí un lenguaje para expresarse y comunicar. A los 19 años, se había ido de Juárez, a estudiar; seis años después, en el 2005, cuando volvió, la ciudad estaba empapelada con fotos de chicas desaparecidas. Ella tomó nota de las direcciones en los afiches y comenzó a tocar sus puertas.  “Tiene ventajas haber crecido ahí para hacer el trabajo, yo soy re malandra, me he movido ahí desde muy chica, sé por dónde ir, creo que por eso he zafado tanto. Digo zafar porque en diez años de trabajo me topé con un montón de problemas, con la policía siempre encima, estuve detenida dos veces. Incluso problemas con las personas involucradas en las desapariciones”. Tras una década de trabajo continuo, Mayra afirma –desolada- que Ciudad Juárez no cambia: “Ahora, estaba haciendo un documental sobre los reporteros de prensa de Nota Roja – similar a nuestra sección Policiales – y me contaban que en un turno de 8 horas podían llegar a documentar 32 asesinatos. Imagínate el grado de violencia. Y las mujeres son las principales víctimas. Es jodido, porque entonces surge esto de para qué hacemos lo que hacemos si todo sigue igual. Pero la verdad es que estamos aquí y toca hablar de lo que pasa. Es una forma de narrar la historia de lo sucedido desde una perspectiva emocional y cotidiana para las futuras generaciones”.

De la galeria Ficheras de Mayra Martell.
De la galeria Ficheras de Mayra Martell.

Mientras repasa sus proyectos, Mayra recurre una y otra vez a esa expresión “estás ahí y te toca”, como quien asume una responsabilidad, un compromiso, pero también como quien no se anda con demasiadas vueltas a la hora de actuar. Para describir lo que la mueve a seguir una historia la palabra que emerge es obsesión: “Cuando elijo un proyecto es porque me interesa y me obsesiono con el tema, quiero saber qué pasa, entonces voy. Así funciono. Mariel, una fotógrafa con la que crecí, me decía: ‘Mayra, yo he conocido gente que convierte su trabajo  en una obsesión, pero para vos, tu trabajo es la obsesión misma’. La obsesión me da todo, es mi eje”. Y desde ese lugar se involucra con la gente, no como fotógrafa, sino de persona a persona, se compromete emocionalmente en cada historia: “Yo no lo separo. No es que cumplo un horario, me meto de lleno. Al fin y al cabo uno tiene que entender que nunca hay que desvincularse. El hecho de haber compartido momentos tan importantes te va a unir a esas personas toda la vida, porque te llevaste un documento de ellos, estuviste en un momento de su vida, todos somos conexión de los otros, ¿dónde empieza uno y termina el otro? En todos los trabajos, creo que se ve que estoy ahí”.

Con ese espíritu forjó sus vínculos con “las madres de Juárez”: “me han ayudado mucho, fueron muy protectoras conmigo y me formaron de cierta manera”. En 2010, un hecho obligó a Mayra a “salirse” de Juárez y tuvo que interrumpir el contacto por un tiempo. Marisela Escobedo Ortiz, amiga de Mayra, fue asesinada frente al Palacio de Gobierno de Chihuahua, mientras realizaba una protesta para reclamar justicia por el asesinato de su hija. El disparo fatal en la cabeza fue capturado por una cámara de seguridad, cuya grabación se transmitió en los noticieros. La hija de Marisela, Rubí Marisol Frayre Escobedo, había sido asesinada en el 2008, a sus 16 años, por su novio, Sergio Barraza Bocanegra, quien estuvo cuatro años prófugo. Marisela venía denunciando amenazas por parte de la familia de Barraza, que estaría involucrada en el cártel “Los Zetas”. En el 2012, la Justicia mexicana identificó y procesó al autor material del asesinato de Marisela, José Enrique Jiménez Zavala, y ese mismo año, el presunto autor intelectual de su muerte y asesino de su hija, Sergio Barraza Bocanegra, murió en un enfrentamiento con militares en el estado de Zacatecas.

– Estos diez años me requirieron un trabajo muy grande a nivel emocional. Hace unos meses terminé de tomar conciencia de cuánto me ha afectado, es muy fuerte, desde estar en funerales, cuando encuentran los cuerpos, estar con presuntos homicidas, estar con las madres… Es mucho. Incluso ahora que se están llevando a cabo algunos juicios, llenarse de una información de terror, conocer cómo fueron los últimos momentos de esas chicas, se sabe que hasta las metían en la cárcel, las llevaban para los reos. Las madres están muy mal, por supuesto que querían la verdad y justicia, pero todo este terror las sobrepasa.

Mayra ha documentado otras modalidades y escenarios de la desaparición y la muerte. En su trabajo hay una pregunta omnipresente: “¿Qué es la ética para mí? Es algo que siempre estoy pensando. En el momento estoy ahí y siento que tengo que hacer la foto, porque la gente tiene que ver lo que está sucediendo. Me pasa de estar con la cámara en situaciones terribles y tengo que estar momento a momento redefiniendo los límites. Trato de ser lo más respetuosa posible, no saco la foto y me voy, realmente acompaño y soy parte del proceso. Entonces hay veces que tengo que bajar la cámara”.

Otro de sus proyectos fue documentar al pueblo saharaui tras la ocupación de su territorio por parte de Marruecos en 1975. A partir de un trabajo en los campos de refugiados en Argelia y otro en territorio ocupado, Mayra intentó aportar a la reconstrucción de la memoria de lo que fue la huida forzada de su propia tierra y las desapariciones que el Estado marroquí continúa perpetrando al día de hoy.

Campamento de refugiados Smara. Mayra Martell
Campamento de refugiados Smara. Mayra Martell

Incluso en Argentina, realizó un trabajo junto con la Fundación María de los Ángeles, a cargo de Susana Trimarco, madre de la desaparecida Marita Verón. El proyecto consistía en hacer un taller con chicas recuperadas de redes de trata: “La idea era enseñarles a usar la cámara y que documentaran un poco su vida. Era muy impresionante que cuando ellas sacaban fotos de su casa, en las recámaras, eran muy parecidas a las mías. Muy fuerte, la misma toma, parecían de mi serie. Y muy gratificante a la vez trabajar con la vida y no con la muerte. Un poco de calorcito, el hecho de que ellas hayan podido volver, aunque sin borrar todo el terror por el que pasaron. Me gustó mucho la experiencia”.

Mayra en Buenos Aires.
Mayra en Buenos Aires.

Colombia fue también escenario de su trabajo. Sobre ese proyecto, escribió: “Estiven es uno de los cientos de jóvenes llamados ‘falsos positivos’: desapariciones a manos del ejército colombiano, luego declaradas como bajas de guerrilleros en combate. Por cada guerrillero (positivo muerto), los soldados recibían incentivos económicos, días libres y ascensos. Así, empezaron a secuestrar varones de 15 a 30 años, en los barrios más pobres de Colombia. Los enviaban a diferentes partes del país (la mayoría a Ocaña, una ciudad norteña), los asesinaban y los presentaban como guerrilleros muertos”. Mayra retrató a las madres desenterrar con sus propias manos los cuerpos de sus hijos de las fosas comunes.

Cruzando fronteras, Mayra descubre una misma trama de violencia institucionalizada y se propone documentarla, para así dotar de nombres, caras e historias a una realidad en gran parte naturalizada. En la fotografía encuentra un modo de narrar la historia y dejar así un testimonio para el futuro, cargado de la vivencia y la emoción del “estar ahí”.

TODAS LAS VIOLENCIAS

El 30 de noviembre, en la cancha de Rosario Central, periodistas que cubrían el partido entre los locales y Racing fueron agredidos. El caso es uno más de tantos. Cada vez que sucede uno, se pregunta quién es el responsable. Este análisis propone abordar las distintas violencias del mismo acontecimiento.

Pará en esa foto de ahí. Dejala ahí, no pases más. Dejala ahí que la idea no es contar una historia ni ahondar en perfiles criminales de barrabravas apodados con nombres de superhéroes del tercer mundo. Dejala ahí que esto no es una novela ni tampoco un caso que nadie contó.

Dejala ahí porque la idea es hacer una radiografía de todas las violencias que aparecieron en el entretiempo del partido entre Rosario Central y Racing, en el Gigante de Arroyito, el 30 de noviembre de 2014, cuando desde tres sectores distintos de la cancha se agredió el palco de prensa.

Dejala ahí que esto es para ampliar la discusión. Porque, cuando aparece alguno de estos casos de violencia en el fútbol, el mundo se pone el traje de Sherlock Holmes y quiere culpables.

“El problema son los violentos de siempre”, se dijo alguna vez para culpar a las mafias organizadas a las que se denomina “barra brava”.

“El problema son los que los bancan”, se dijo para referenciar a los dirigentes que apañaban a esas barras.

“El problema es el negocio de la Policía”, se dijo para responsabilizar a los encargados de dar seguridad al espectáculo.

“El problema lo tiene que solucionar el Estado”, dijeron Daniel Angelici y Rodolfo D’onofrio, presidentes de Boca y de River, en el programa Línea de Tiempo de la TV Pública.

“El problema es la intolerancia”, se dijo para culpabilizar a la rivalidad.

“Tenemos que lograr que un referí cobre bien”, llegó a decir Cristina Kirchner en un acto donde trató el tema de la violencia en el fútbol.

¿Entonces quién?

¿Nadie? ¿Algunos? ¿Todos?

Dejala ahí la foto, entonces, que vamos a buscar quién fue.

Incidentes 2

Violencia de la barra

Una hora y media antes de que arrancara el partido. El palco de prensa se separaba del resto de la platea por medio de un acrílico. “Acá se va a pudrir todo”, les dijo un muchacho vestido enteramente con ropa de Central –pantalón largo y camperita del club, todo oficial- a un periodista rosarino y a uno porteño, que había viajado para ver el partido. El muchacho andaba con otro muchacho vestido igual.

Dejá ahí la foto: ¿cuál era el sentido de anunciar lo que iba a ocurrir?

Media hora antes de que arrancara el partido, se pararon de espaldas al césped, mirando hacia el palco de prensa y, cada uno con un celular en la mano, clavándole los ojos a los periodistas, actuaba de Gestapo, tratando de divisar “hinchas de Racing”, con toda una pose que iba de la mano del primer aviso que uno de ellos hizo.

Dejá ahí la foto: ¿Cuál era el sentido de demostrar públicamente, con esa pose, que había una cacería de hinchas de Racing y que, además, eso se le estaba avisando a alguien? ¿A quién se le avisaba? ¿A los tipos que encabezan la popular, que se hacen llamar Los Guerreros, que dentro del estadio se les permite tener pintadas que los reivindican, aunque alguno de ellos hayan tenido acusaciones penales?

Hora del partido. Sale Rosario Central a la cancha y empiezan a sonar bombas de estruendo, prohibidas, con historial de sanciones, por ejemplo, a Vélez, al que le suspendieron la cancha por esto. Arriba del palco de prensa, en un pasillo separado por rejas, aparece el mismo muchacho. Un minuto después, explota una bomba de estruendo arriba del palco.

Entretiempo del partido. El mismo muchacho aparece tirando botellas llenas y piedras hacia el palco de periodistas. Otras 200 personas hacen lo mismo. No todos parecen identificados como barras. Muchos sí. Les pegan a los periodistas, se roban mochilas, micrófonos y tablets, elementos de trabajo.

Dejá la foto ahí, ¿los plateístas de Central decidieron robar, de repente?

Dejá la foto ahí, ¿fueron los plateístas?

Dejá ahí, ¿fue la barra? ¿quién sabe cómo sus miembros llegaron a la platea baja en el entretiempo?

Algo se sabe: estaba anunciado, organizado.

Violencia de la Policía

En el mismo momento en que el muchacho anunció que se iba a pudrir todo, se puso en aviso a los periodistas de esta situación y los periodistas hablaron con miembros del Departamento de Prensa de Rosario Central. Se informó que esto podía pasar y, desde el club, aseguraron tomar cartas en el asunto. De hecho, algunos miembros de ese Departamento –no todos- se acercaron a hablar con los periodistas para solucionar la situación para que todos pudieran trabajar tranquilos. Se desconoce cómo decidieron construir el operativo, pero se acercaron cinco policías a “cuidar” la zona.

En el entretiempo, los pupitres de prensa fueron rodeados: por delante del acrílico, se agredía; desde la platea alta, donde se tiró la bomba de estruendo, se agredía; desde la popular ubicada a la derecha del palco, se agredía.

Cinco policías. Uno, incluso, luego de que, desde la platea alta, se tirara pis hacia los periodistas, se rió. Nunca se pararon delante del acrílico, ni arriba.  Apenas al costado. 400 policías tenía en total el operativo. Uno de ellos declaró frente al reclamo de un periodista que pedía seguridad: “Estamos desbordados”.

Los periodistas decidieron abandonar el sector, dejar sus trabajos, abandonar sus transmisiones. No tenían hacia dónde ir. Un oficial preguntó:

– ¿Quieren quedarse o quieren irse?
– Queremos tener seguridad.

La Policía no supo – o no quiso- resolverlo y la decisión la tomó un miembro de seguridad de Racing: “Lleven a la gente al vestuario visitante”. La gente, unas 30 personas: integrantes del Departamento de Prensa de Racing, dirigentes menores de Racing, periodistas de medios nacionales, periodistas partidarios, periodistas que hasta querían que Racing perdiera, hinchas de Racing que habían conseguido su entrada.

En la puerta del vestuario visitante, recibió al grupo alguien que se autoidentificó como uno de los responsables de seguridad del espectáculo. “No pueden estar acá”, afirmó.

– Queremos ver al presidente de Central, ¿dónde está?
– Está con el presidente de ustedes.

¿De ustedes? ¿Qué ustedes? ¿Con Cristina Kirchner? ¿Los periodistas por qué debieran tener presidente? Si Víctor Blanco es el presidente de Racing, ¿por qué sería el presidente de los periodistas?

A los periodistas se los mandó a la calle sin que nadie los custodiara. No pudieron terminar con su trabajo. La Policía no los cuidó de lesiones y no mostró soluciones. Pese a haber estado notificada, nunca actuó. “Estamos desbordados”, argumentaban.

En otro sector, minutos después. Uno de los policías, en la huida, apuntó a otro periodista. A ese periodista los hinchas de Central lo corrieron hasta el estacionamiento.

En la jerga se diría, “parece que los entregó”.

Los entregó una fuerza que no depende de la barra, ni de Central: depende del Estado. Es decir: violencia institucional.

Violencia cultural

Aunque los propios periodistas fueron los agredidos, las crónicas del acontecimiento se narraron diciendo que los agredidos fueron “periodistas partidarios”. Partidarios se le dice a los que toman partido: periodistas que cubren la información de un club. Pertenencen, de alguna forma. En este caso, serían Racing.

Serían de Racing era el argumento para agredir a esos periodistas. Que, además, vale aclararlo, no todos eran partidarios, si es posible hacer esa diferenciación.

La violencia, anunciada, entregada, en la cancha de Rosario Central hacia el palco de prensa se fundamentó en la misma razón por la que no van hinchas visitantes a las canchas: hay un problema con el distinto. En el medio de las agresiones verbales y físicas, también se deducía por los gritos que la intolerancia no era por ser de otro equipo sino también de otra ciudad. En este caso, por ser porteño. En otra geografía, podría ser por no serlo.

Porque a lo organizado por la barra, a lo entregado por la Policía, a la falta de asunción de responsabilidad política por parte de los  dirigentes que fueron avisados de algo que no quisieron resolver, se le suma la agresión natural de hinchas que consideraban una ofensa tener allí hinchas de Racing.

Algunos plateístas, de la alta y de la baja, reaccionaron agrediendo, también. “¿Por qué no dicen que fue offside el gol?”, gritaban, en referencia al 1-0 de Racing que marcó Gastón Díaz, en posición inhabilitada. Eso se volvió proyectiles. De la platea de enfrente tampoco toleraron que el equipo visitante hiciera un gol y sus jugadores lo festejen: Luciano Aued fue a abrazar a Diego Milito después de que el capitán convirtiera su primer gol en Arroyito. Aued terminó de festejar mientras el médico de Racing le vendaba la cabeza, que se le había abierto por un piedrazo que le tiraron desde la platea baja de Central. Tres días después, a Aued todavía le dura la herida y la bronca. De la popular alta tampoco se bancaron ir abajo en el resultado y que el equipo visitante tuviera arquero: a Sebastián Saja, el 1 de Racing, le tiraron una botella de Fernet Branca vacía, que el arquero agarró desde el césped con incredulidad. Todo parece cotidiano. Pero es una botella de vidrio, de una bebida alcohólica que está prohibida en los estadios y  que vuela desde una tribuna.

Ser de otro club supone ser objeto de agresiones. Es, claro, una forma de discriminación: una no-aceptación de las características del otro.

Dejá la foto ahí, ese tipo que tira el proyectil, además de accionar porque la policía lo deja, además de que organizadamente la barra armó la agresión, tiene un problema con el otro: es hinchífobo.

Violencia de nacimiento

Puja, el documental sobre violencia obstétrica, se presenta este viernes 12 de septiembre en La Tribu. Sus realizadoras lo definen como “una herramienta para las mujeres” y promueven que se hable de esta verdad incómoda.

Derecho a la privacidad e intimidad.

Derecho a la integridad personal (física, psíquica y moral).

Derecho a la información y a la toma de decisiones libres sobre la propia salud.

Derecho a no recibir tratos crueles, inhumanos y degradantes.

Derecho a estar libre de discriminación. .

1a

Éstos son, entre otros, los derechos que son violados a mujeres embarazadas por medio de prácticas rutinarias de preparto, parto y posparto en hospitales públicos y clínicas privadas del país. Configuran el fenómeno conocido como violencia obstétrica. La constante, más allá del grado de violencia, son las mujeres como objetos de intervención y no como sujetas de derecho. En el ordenamiento jurídico argentino está definido por la Ley 26.485 de Protección integral para prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra las mujeres en los ámbitos en que desarrollen sus relaciones interpersonales como “aquella que ejerce el personal de salud sobre el cuerpo y los procesos reproductivos de las mujeres, expresada en un trato deshumanizado, un abuso de medicalización y patologización de los procesos naturales, de conformidad con la Ley 25.929”. Esta otra ley es la de Parto Humanizado y establece los derechos de las mujeres en relación al embarazo y los del niño y la niña recién nacidos. Se sancionó en el 2004 y aún no fue reglamentada, lo que para muchas instituciones de la salud es argumento suficiente para no cumplirla.

***

Ana Luz Sanz y Valeria Álvarez son fotógrafas. Ana, además es mamá de dos. Se conocieron en un taller de Sub Cooperativa de fotógrafos, sobre “Fotografía y compromiso”. Para el ensayo final, eligieron con otros dos compañeros la problemática de la violencia obstétrica. Así nació el proyecto y se inició un camino de investigación, entrevistas y registro. Finalizada esa instancia, quedaron con ganas de más y realizaron el documental Puja, que presentan este viernes 12/9 a las 20 hs. en La Tribu:

Ana: – Sentimos que quizás en las fotos era más difícil de comunicar la causa y los procedimientos de rutina a los que se somete a las mujeres. Pensamos en un video muy cortito, pero se nos extendió. Quedó de alrededor de 30 minutos y muestra las prácticas violentas en torno al parto. La idea es ahora hacer un capítulo dos para hablar del parto respetado. Hay un poco más de material sobre esto y muy poco que muestre la parte dura.

14Valeria: – Nos pasó que fuimos descubriendo lo amplio que era el tema y lo poco que se habla, la poca información que circula. Hay muchas resistencias.

Ana: – Queríamos que fuera una fuerza de choque. Sin querer asustar a nadie, pero esto está pasando, hay que hacerse cargo. Estamos trabajando sobre la parte dos y queremos hacer una plataforma web, que sería un formato web-documental, adonde subiríamos estos dos videos y también interacciones con otros formatos donde se explique cada rutina, para que también haya intercambio con la gente. Un ida y vuelta. Porque lo que nos interesa es construir un herramienta para las mujeres. Con este tema, muchas se quieren acercar, contar su testimonio, porque no se habla de esto. Que sea un espacio de denuncia.

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“Primero me drogaron y cada tanto aumentaban la dosis y así quedé frágil y vulnerable a merced de ellxs. Me abrieron las piernas, me ataron, acostada e inmóvil no fui más que un cacho de carne, cada segundo era peor que el anterior (…) Creí que me moría, me rompieron por dentro, Tuvieron que coserme luego la vagina y quedé con la panza llena de moretones, durante días el cuerpo entero me dolía, me costaba caminar, ir al baño, hace meses que la sola idea de tener relaciones me estremece por dentro. Luego, durante horas estuve tirada en la mitad de un pasillo, sola, desnuda, vacía, temblando de frío y miedo, no tenía fuerzas ni para llorar, mi mente en blanco solo trataba de huir, de contarme que era mentira, que no había pasado, que eso no me había pasado a mi. Durante mucho tiempo he querido hablar, denunciar, contar lo que me pasó pero nadie quiere escuchar, parece que de ESTO no se habla y que incluso por alguna extraña razón debería estar contenta, agradecida porque podría haber sido mucho peor, total estamos sanos y bien”.

Este es el testimonio que Violeta Osorio compartió en su facebook. Probablemente un nacimiento no es lo primero que se nos viene a la cabeza. Pero sí: es la historia de su parto. Fue compartida casi 200 veces y tuvo comentarios como: “Yo pasé por esa experiencia hace 12 años, y fui consciente de ese maltrato recién unos 8 años después… es tremendamente triste que esto se viva como algo naturalizado, algo que jamás tendría que pasar”; “y si se arma algún grupo de mujeres que hayamos pasado por algo así, por favor avisen!”; “Es realmente así. A mi me pasó dos veces. Es terrible. Pero lo peor es que lo naturalizamos”. Violeta estará presente en la proyección del viernes y sumará desde su experiencia al debate.

A partir de la organización y la lucha de mujeres, comienza a pensarse la violencia obstétrica como una forma de violencia de género y de violación a los derechos humanos. Apuntan de lleno a la situación de desigualdad de las mujeres respecto de los profesionales de la salud y de la industria biomédica y farmacológica que impide el ejercicio pleno de sus derechos.

19Ana: – Las mujeres son sometidas, aniñadas. En los mejores casos, la mujer puede procesarlo y entenderlo. Pero hay mujeres que fueron víctimas de violencia y se sienten de alguna forma salvadas ellas y su hijo o hija, entonces minimizan lo otro. Creemos que el material está apuntado sobre todo a mujeres que pasaron por un parto y no saben bien qué pasó pero algo no les cierra. Y así reflexionar e intercambiar experiencias para poder enfrentarse socialmente, porque hoy en día ¿cuántas madres pueden decir que quieren que las respeten y que estas cosas no las hagan? La mayoría dice que tiene que confiar en el médico.

Vale: – Entre las prácticas más reiteradas vimos maltrato verbal, episiotomías compulsivas – un corte quirúrgico en el perineo, la zona entre la vagina y el ano –, cesáreas innecesarias. Esto es sobre todo muy alevoso en las clínicas privadas, porque es un negocio, es menos tiempo y libera la sala o la camilla. Se lo piensa como el parto “rápido y seguro”.

Ana: – Toman la cesárea como una solución para la salud, como si fuera el medio más efectivo y dentro de todo estéril. El corto desmitifica la situación de esterilidad, porque todos nacemos en un ambiente lleno de bacterias, y eso también entrena nuestro sistema inmunológico. Y si llegás a tener la suerte de tener lo que ellos llaman un parto “natural”, porque es super intervenido, te hacen una maraña de cosas, que prácticamente tener una cirugía o no ya ni importa porque no podés decidir nada, estás atada de piernas, acostada – que es muy difícil parir acostada – con oxitocina que te genera contracciones más fuerte y si no querés epidural te dicen que la vas a pedir a gritos.

Vale: – Otra constante son las intervenciones sobre lxs recién nacidxs, que están completamente naturalizadas.

Ana: – Son súper cruentas. Lo que necesita el bebé es a su mamá, el contacto con ella le va a ayudar a respirar mejor, si cortan el cordón umbilical más tarde va a hacer que el oxígeno ingrese de forma más natural. En cambio, lo primero que hacen bañarlo, pesarlo, medirlo y recién después llevárselo a la madre. Si te lo traen. Porque en un montón de clínicas privadas te dicen “no, mami, vos descansá, te lo traigo más tarde”. En el medio el bebé está solo, en un lugar que no conoce, sin escuchar los latidos de la mamá, le dan leche de vaca que tampoco le viene bien para empezar la lactancia. Un montón de cosas gratuitamente y nadie habla de eso y a la gente no le gusta hablar de eso. Hay una industria atrás. Es la verdad incómoda.

***

Para la realización del documental, ingresaron a distintos hospitales públicos en los que por un acuerdo de palabra pudieron registrar el material. Es ahí donde el proyecto cobró espesor: “Entrar a los hospitales te da otra perspectiva, otro fuego en la sangre”. Sin embargo, una vez que colgaron el trailer en la web, para compartirlo en un principio con sus profesorxs y compañerxs, empezaron a recibir llamadas:

Ana: – Las instituciones no están muy contentas. Estamos esperando a ver qué pasa. En principio habíamos colgado una primera versión del trailer que no tenía ningún tipo de tapa en las caras y ahí les llegó al personal de uno de los hospitales. Es que la circulación del video nos excedió: en tres días tuvo 3 mil o 4 mil visitas, ahora está en casi 90 mil. Ni bien les llegó nos llamaron, nos dijeron que iban a poner abogados, que tuviéramos cuidado. Primero, nos asustamos y bajamos el material. Después, nos asesoramos y nos dijeron que sí, que nos podían hacer algo, que estábamos complicadas. Pero volvimos a subir el material, esta vez con la caras tapadas, aunque eso no soluciona el problema. Es que no hay ninguna manera legal de ingresar a esos lugares tampoco. Intentamos por esa vía y nos dieron la espalda.

Vale: – Vamos a ver qué pasa ahora cuando proyectemos el documental completo. Lo bueno que sucedió en ese momento es que hubo apoyo, mucha gente se sumó. Creemos que en un punto estamos todas juntas para aguantar. Hay muchas mujeres que se están interesando en la temática, en saber cuáles sos sus derechos…

Ana: – El cambio viene de ahí. La OMS ya hace bastante que desrecomienda muchas de las prácticas rutinarias del parto. Y hay una ley, pero tampoco tiene tanto impacto. Obviamente la legitimación del Estado suma. Pero la conciencia colectiva es lo que de verdad puede cambiar la situación. Si no, vamos a seguir sometidas. No hubiera pasado todo lo que pasó con Puja si no hubiera esa necesidad de hablar del tema. En ningún momento pusimos energía en la prensa, sino que la gente se fue acercando, compartiendo, entonces también está construida desde ese lugar, colectivamente. De alguna forma en el proceso de registro y ahora con la circulación, se fue formando una comunidad.

Puja – El documental (trailer) from Max Boniface on Vimeo.

Fotos, cortesía Colectivo Puja.

 

De infiernos y otras verdades de pueblo

Selva Almada acaba de publicar Chicas muertas, un libro de no ficción sobre tres femicidios impunes en los 80′. Una vez más, se adentra en la vida de los pueblos del “interior salvaje”. “Yo no me propongo escribir sobre violencia. La vida es violenta”.

Dos chicas de veintitantos caminan por una calle poco transitada de Flores. Mientras hablan de cualquier cosa, a algunos metros, sobre la misma vereda, adivinan a un tipo meando al costado de un árbol y bajan la vista, discretas. Esperan pasarlo, como si nada, y seguir. Pero no. Cuando casi los tres pares de hombros se alinean, él tose y se la sacude, provocando una mirada en diagonal, en el propio deleite de su intimidad ostentada.

“Esta es una sociedad machista y está muy vigente un modelo de varón macho, que exacerba su virilidad como símbolo de poder. Eso en el interior es muy fuerte. La desigualdad entre los géneros, igual que la homofobia, es tremenda y es una de las expresiones más intensas de una serie de violencias cotidianas, naturalizadas”.

Tras la publicación de Ladrilleros (Mardulce editora, 2013), en el que Selva Almada explora los rincones de esta masculinidad exacerbada – de cuchillos, orgullo y muerte –, la escritora entrerriana presentará el 11 de mayo en la Feria del Libro su última obra de no-ficción, Chicas muertas (Literatura Random House), sobre tres femicidios ocurridos durante la década del 80’, en las provincias de Entre Ríos, Chaco y Córdoba.

Sobre aquella misma calle de Flores, a dos cuadras, hay una puerta y una ventana. Desde afuera no se ve, pero a pocos centímetros del único marco por donde entra luz a la habitación – e ilumina como en degradé todo el ambiente –, hay un escritorio de madera con una notebook blanca que desentona con la opacidad de los muebles. La pantalla está abierta y encendida. Frente a ella, una silla en la que está sentada Selva. Este es el living de su casa y ese escritorio, su mesa de trabajo. Muy cerca del teclado, un gato de la fortuna acompaña la charla. El escenario se completa con una mesa ratona, un órgano pequeño que hace de bar para algunas botellas, un sillón y algunos cuadros en las paredes.

El espacio ya está definido, pero a la hora de escribir, Selva no tiene otras recetas: “Soy muy desestructurada. No tengo rutinas, soy poco metódica. A parte acá mismo doy clases, entonces no es que puedo decir ‘todas las mañanas de tal a tal hora, escribo’. Y la verdad es que no necesito escribir. Si no estoy en algún proyecto concreto, no escribo todos los días”. Se acostumbró, en los últimos años, a que le pregunten cosas como esas. Cosas que ella quizás no se hubiera interesado en responder. El vuelco se dio con la publicación de su primera novela – y cuarto libro – El viento que arrasa (2012).

-Creo que tuvo mucho que ver la crítica que hizo del libro Beatriz Sarlo. A partir de que la publicó, se dispararon las ventas y las entrevistas. Aunque a Ladrilleros también le fue muy bien, no se compara con el éxito que tuvo El viento... Es cierto que no comparten el mismo público, porque Ladrilleros tiene un lenguaje mucho más desbordado, mientras que la anterior es más mesurada. Para mí fue todo inesperado, porque mis otros libros pasaron medio desapercibidos. Y a dos años, El viento… se sigue vendiendo. Ya se tradujo al francés, con muchas ventas, y está por salir en portugués, italiano, holandés, entre otros idiomas.

En su artículo, Sarlo decía: “¿De dónde sale este libro sorprendente? Eso me preguntaba mientras leía El viento que arrasa, la novela de Selva Almada. No por curiosidad biográfica, sino porque es un objeto insólito en la literatura argentina”. Bastaron estas, entre otras palabras, para poner al libro y a su autora bajo la lupa de la crítica literaria. Fue elegida mejor ficción del año por Revista Ñ, agotó tres ediciones y va por la cuarta. Cuenta ese quiebre en su trayectoria, ese aluvión de miradas sobre sí, con una calma que podría pasar por apatía. Y tampoco, claro, se va a desvivir por caer en gracia. Es que Selva está más cómoda en este – su – mundo. No sale mucho y evita fundirse en el caos porteño que, a pesar de vivir en Capital desde hace veinte años, le sigue siendo ajeno.

Las actividades de la Feria del Libro que se salpicaron en su agenda de este mes le pesan un poco, aunque entiende que forman parte de las lógicas de publicación, circulación y difusión de los escritores. Años antes de recorrer los stands en el predio de La Rural, Selva fue una de las creadoras de la Editorial Carne Argentina, en donde editó su primer libro de poemas Mal de muñecas, en el 2003. Aunque la editorial no continuó, de esa experiencia surgió el Ciclo Carne Argentina, que dirige desde el 2006 junto a Julián López y Alejandra Zina. Se presenta así: “Se funda con la idea de generar un espacio en el que convivan los escritores editados y los inéditos, los consagrados y los nuevos; y promover encuentros en los que el público tome contacto con la variedad de estilos, lenguajes y formatos que propone la producción literaria actual”. Se hace los segundos viernes de cada mes en La Casona de Flores, “un poco con la idea de descentralizar los circuitos literarios que están muy concentrados en barrios como Almagro, Palermo. Fue un jugada que hicimos y funcionó, porque los encuentros de este año estuvieron llenos”.

Para sus libros, la inspiración viene de la mano de anécdotas o recuerdos anidados en los paisajes de su Villa Elisa natal. Como Ladrilleros, que se desata a partir de una historia de sobremesa que tenía por protagonistas a dos muchachos tirados en un parque de diversiones tras un enfrentamiento entre familias. O como los vínculos familiares complejos y tirantes que se entretejen en El viento que arrasa, sugeridos por su propia experiencia no estereotipada de familia. El recuerdo que desata la idea de Chicas muertas se remonta a la infancia de Selva:

-Cuando yo era chica, hubo un caso muy conocido en la zona, que a mí de alguna forma me marcó y siempre me quedó latente. En una localidad cerca de mi pueblo, mataron a una chica de 18 años, mientras dormía en su cama. Se llamaba Andrea Danne y la encontraron muerta con una puñalada en el corazón. Para mí fue una de las primeras experiencias cercanas a la muerte y me impresionó sobre todo porque era apenas más grande que yo. Me acuerdo que era el comentario de todos. Hace poco una amiga que conservo de allá se acordaba que a la noche hacía fuerza para no dormirse por miedo. Para nosotras significó que ni siquiera nuestra casa era un lugar seguro, que las cosas más terribles te pueden pasar bajo el techo de tu familia. A esta chica la mataron mientras los padres y el hermano dormían en la habitación de al lado. Además, es un caso que nunca se resolvió. Hubo muchas desprolijidades, porque todo el mundo pasaba a ver, entraba y tocaba todo. Incluso limpiaron la escena del crimen antes de analizarla. La policía no tenía idea sobre cómo actuar porque nunca había pasado algo así.

¿Y los otros dos casos?

-Una es María Luisa Quevedo, que fue encontrada en 1983 violada y asesinada en una zanja de Sáenz Pena, en el Chaco.Y la tercera es Sara Agustina Mundín. Desapareció en un auto en Villa María, Córdoba, en marzo de 1988, apareció en diciembre del mismo año convertida en una pila de huesos, pero después un análisis de ADN desestimó que se tratara de ella. Ninguno de los tres casos está resuelto y son anónimos, porque no trascendieron. Siempre me quedé pensando qué hubiera pasado en Entre Ríos si la gente se hubiera movilizado como en el caso de María Soledad Morales, en Catamara. Son casos de hace casi treinta años, que en ese momento no se denominaron femicidios, pero nos hablan de que la violencia de género siempre existió y que en general había una mirada indiferente. Sobre todo porque también estaba cruzado con una cuestión de clase.

¿Cómo fue embarcarte en un proyecto de no ficción?

-Fue difícil porque me costó encontrar el lugar desde el cual escribirlo. Para la etapa de investigación, pedí una beca en el Fondo Nacional de las Artes y viajé a los lugares donde ocurrieron los asesinatos, hablé con los diarios que los cubrieron en su momento, con familiares y con personas cercanas. Pero una vez que cerró esa etapa, me costó empezar a escribir y hacer el recorte. Entonces, al revés de las novelas, que las llevo a las editoriales cuando ya están terminadas, para este proyecto trabajé con una editora desde el principio, Ana Laura Pérez. Entonces nos largamos y fue un proceso de escritura corto, de tres meses más o menos, pero muy intenso.

Ese interior profundo, de pueblos que lejos están del ideal bucólico que se tiene desde la Capital, sigue siendo abono fértil en la escritura de Selva. “Sigo volviendo ahí, siento que todavía me da mucho material para escribir, quizás en otro momento haga una literatura más urbana, pero por ahora me resulta más rico ese paisaje, esas historias, esa vida”. Es que ella se sumerge en los pliegues de esas vidas que poco tienen que ver con las casas de puertas abiertas y niños jugando en la vereda en armonía imperturbable: “Una periodista de Entre Ríos se enojó cuando yo dije que el interior es salvaje, pero no lo planteo en términos de ‘civilización o barbarie’, sino para mostrar que hay otras formas de violencia en las provincias”. La violencia, esa constante en la escritura de Selva Almada. La más descarnada y escandalosa, la sutil y cotidiana, la inconsciente, la colectiva, la silenciosa y secreta, la que hiere y la que provoca. “Es que no es que yo me proponga escribir sobre la violencia. La vida es violenta. Este es un mundo violento. Está ahí y no puede dejar de aparecer en lo que escribo”.

Cuando la Legislatura es cómplice de la muerte

La barra de Talleres fue premiada en mayo en la Legislatura cordobesa por su lucha contra la violencia. En 2006 había matado a Matías Cuesta, y hace una semana volvió a asesinar a un joven: Jonathan Villegas.

En la Legislatura de Córdoba no sólo se avaló un asesinato sino que los propios diputados que aprobaron la distinción que recibió la barrabrava de Talleres fueron cómplices de una nueva víctima. Jonathan Villegas tenía 21 años y un hijo de seis y recibió el domingo 24 de noviembre una puñalada en el corazón en el balneario Diquecito, que queda en la ciudad de Villa Carlos Paz. Los culpables – hay ocho detenidos- pertenecen todos a La Fiel, nombre con el que se conoce a la barra del equipo cordobés, la misma que en 2006 mató a Matías Cuesta, un joven de 18 años hincha de Atlanta que volvía en el tren a su casa: http://www.nosdigital.com.ar/2013/07/que-asesinato/

El 22 de mayo de este año Carlos Alessandri, legislador del partido Justicialista, presentó un proyecto polémico: distinguir a La Fiel por “su aporte en la lucha contra la violencia en el fútbol”. En una jornada insólita en el recinto se podía ver cómo los líderes de la barra eran arengados por los demás integrantes que habían colmado la Legislatura cordobesa, mientras una bandera con los colores del equipo decoraba todo el salón. Ellos saludaban como si fueran próceres, alzaban sus manos y recibían los aplausos y las risas cómplices de los diputados; Carlos Pacheco, el cabecilla, salía al balcón y levantaba las manos como un ídolo en una cancha de fútbol.

“Son un condimento indispensable para darle color y calor a este deporte. Eso es el fútbol, la misa dominguera, el preanuncio de los clásicos, eso de trabajar por los demás. Esa es la tarea que debemos hacer los que tenemos un sentido social responsabilidad. Felicitaciones, sigan así”, decía, eufórico, Alessandri. Pacheco y compañía hicieron caso a sus palabras sobre continuar de la misma manera y siete años después de la muerte de Matías Cuesta, volvieron a asesinar.

Organismos de Derechos Humanos y familiares de víctimas en el fútbol repudiaron este reconocimiento desde el primer momento, pero nunca recibieron una respuesta. Seis meses después, con el asesinato de Jonathan Villegas consumado, los mismos impulsores de la distinción dijeron en voz del titular de la bancada legislativa oficialista de Unión por Córdoba, Sergio Busso – quien responde al gobernador José Manuel De La Sota – que “podría haber sido un error” lo que realizaron. Más tarde le quitaron la distinción. “Es muy tarde para eso, a mi hermano ya lo mataron”, dijo Matías, hermano de Jonathan, quién confirmó que no recibieron ni siquiera un perdón de los legisladores.

Jonathan recibió una puñalada luego de que se produjera una emboscada en un sector del Balneario apropiado por la barrabrava, denominado “Parador de la T”, el pasado domingo 24 de noviembre. Por el asesinato detuvieron a siete integrantes de la barra y luego se entregó Carlos Pacheco, al enterarse que su madre, Andrea Pacheco, y su hermano, Adrián Pacheco, habían sido también arrestados, al igual que Darío Cáceres, presidente de la ONG que mantiene la barrabrava, y Marcos Castillo, quien es el principal acusado de ser el que lo apuñaló. Los otros cuatro detenidos, integrantes de La Fiel: Romina Gómez, Mauricio Páez, Ariel Iriarte y Rodrigo Brizuela.

Los hermanos Pacheco habían ido al Mundial de Sudáfrica 2010 con “Hinchadas Unidas Argentinas”, pero fueron deportados por las autoridades del país africano por mal comportamiento. Pese a eso, estaban armando su viaje hacia Brasil del año que viene.

La investigación está a cargo del fiscal Mario Mazzuchi y están buscando a más culpables. Está caratulada como homicidio calificado por alevosía y uso de arma de fuego, que podría darles una pena de hasta 25 años de cárcel. “Me mataron a mi hijo porque se creen Dios, porque los dejan tener poder y porque son muy amigos de los dirigentes y los políticos, que los custodian permanentemente”, contó Julio, padre de Jonathan, quién organizó una marcha que se realizará todos los domingos hasta que se condenen a los culpables.

Lo que votó la Legislatura podría marcar un antes y un después. Ricardo Rizzi, médico clínico cordobés, recibió en diciembre de 2007 una distinción por parte de los mismos que premiaron a La Fiel. Al día siguiente del asesinato, devolvió la plaqueta que le habían entregado en repudio al asesinato de Villegas, pero no pudo deshacerse legalmente de la distinción. “Le pido perdón a Jonathan y a su familia, que fueron víctimas de la barbarie de esos que dicen ser hinchas de fútbol y sólo son unos asesinos. Espero que su pequeño hijo de seis años y sus seres queridos encuentren alguna vez consuelo y paz. Yo no fui capaz de reivindicarlo”, dijo el docente de la Universidad Nacional de Córdoba, que intentará realizar una campaña masiva para que se devuelvan las distinciones que realizó la legislatura cordobesa.

En 2006, tras el asesinato de su hijo, Norma Roldán, madre de Matías Cuesta, intentó que se decretara el derecho de admisión a La Fiel y lo único que consiguió fue recibir amenazas de muerte. En 2013, al enterarse que iban a distinguir al grupo de violentos que asesinó a Matías, trató de concientizar a los diputados sobre lo que estaban a punto de hacer. Pero no hubo caso. Tal es la prueba del delito que compromete al legislativo cordobés.

Imagen: NosDigital.

Violencia Institucional

Vámonos de Casa se despidió de RadioLK con una mesa de discusión sobre violencia institucional. Asistieron integrantes de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos (APDH) y de la Coordinadora contra la Represión Policia e Institucional (Correpi). El debate de hoy y de ayer, los discursos y políticas públicas al respecto. No te quedes sin escuchar y reflexionar sobre este tema.

Segregación migratoria en el Ártico

Suecia se presenta con políticas antiracistas y de apertura a la inmigración. Solo encubren la desigualdad con los extranjeros, arrinconados en los suburbios, con sueldos bajos y en el ojo de una Policía que sabe dispararles.  

¿Cómo reaccionar cuando el discurso plantea una realidad opuesta a la que se vive? ¿Qué medidas tomar para cambiar el status quo si uno es un huésped de un país ajeno? Enigmas como estos fueron los que se expresaron en las últimas dos semanas de mayo en Suecia, cuando desde Estocolmo, la capital sueca, se inició una rebelión a gran escala que no tardó en expandirse por las ciudades y pueblos de este territorio que se nos aparece como tranquilo y de un nivel de vida alto. La exclusión, segregación y desigualdad de los inmigrantes se iluminaron al fuego de los autos incendiados, revelando un mundo que se ocultaba a las sombras de las políticas antiracistas y de apertura a la inmigración. Rebelión en el primerísimo mundo, al compás de los extranjeros y los jóvenes.

La imagen mundial, la imagen propia y el día a día

“Las bizarras discrepancias entre la imagen de Suecia en el mundo, la imagen propia de los suecos,  la institucionalizada política integracionista anti racista, y la realidad de extrema segregación en todos los aspectos de la sociedad, son ciertamente parte de los últimos sucesos”. El investigador surcoreano radicado en Suecia, Tobias Hübinette en diálogo con NosDigital resume la contradicción social que afecta al país escandinavo.

El 19 de mayo explotó la protesta. La chispa que inició el descontento general comenzó en Husby, distrito ubicado a 20 minutos de tren de la capital, luego de la muerte a balazos de Lenine Relvas-Martins, un portugués de 69 años, que fue ejecutado por la Policía luego de que entraran a su departamento y tiraran sin preguntar. ¿La excusa? Portación de un machete de modo amenazante y el secuestro de una mujer. ¿Qué pasó? La Policía había sido notificada de una discusión entre un hombre y unos pibes que paraban en la puerta de su casa. El primero quería que se fuesen, los segundos querían quedarse ahí sentados. Los uniformados entraron a la fuerza a la casa, sorprendieron al hombre con un cuchillo en la mano y le dispararon. La esposa, a su lado, no pudo hacer nada. No hubo machete, no hubo peligro, no hubo secuestro. Solo un portugués en su cocina con su mujer. La rabia pudo más y los jóvenes se empezaron a movilizar contra un atropello más del Estado contra un inmigrante. Una vez más…

-La muerte de Lenine fue lo que comenzó a movilizar a la población, ¿qué tipo de abusos institucionales se viven en los barrios mayoritariamente inmigrante?

-Hechos como la muerte a tiros de un anciano no son comunes, aunque si pasan ahora y sucedieron antes. A nivel diario hay un cierto nivel de hostigamiento de los jóvenes de las minorías que crea un montón de frustración y agresión contra la Policía. El trato general en los suburbios y en las poblaciones minoritarias es, primero, que no son tratados ni vistos como suecos aunque vivan en Suecia; y segundo, que los suburbios no pertenecen a Suecia debido a la gente que los habitan, los inmigrantes. Las consecuencias de estas dos actitudes son que los extranjeros sean vistos menos valiosos, menos importantes, menos merecedores que los otros suecos.

En Husby, los números reflejan la no inclusión. El 80% de sus 12 mil habitantes son extranjeros. El 10% de la gente entre 25 y 55 está desempleada, en comparación con el 3,5% de Estocolmo. Y aquellos que efectivamente tienen trabajo, ganan un 40% menos que la media de los trabajadores de la capital[i].

Movilización social, discurso racista

El viernes 19 de mayo comenzaron las protestas, y una semana después se expandieron: primero Husby, luego Estocolmo en su conjunto y de allí, para todos los puntos cardinales. Uppsala, Linköping, Örebro, Malmö y Dalarna, ciudades que se encendieron con los gritos de respeto y cambio encabezados por los jóvenes e inmigrantes. Los medios de comunicación, principalmente los internacionales, lanzaron observaciones simplistas, conservadoras y en más de una ocasión, racistas. La conflictividad se empezó a medir en autos incendiados, policías heridos y manifestantes arrestados. Las causas del estallido, la incapacidad migrante de acomodarse al nuevo hogar, “choque de culturas”, limitaciones de la religión musulmana. En el caso de los jóvenes, como siempre, rebeldes sin causa, inmaduros para comprender la realidad[ii]. Y en todo esto, la pobre Suecia, los pobres suecos que abrieron sus fronteras desde hace décadas al mundo y así les pagaron, con destrucción y odio. Los datos de siempre: Suecia la permitió la entrada a 11 mil sirios desde el 2012 y a más de 100 mil iraquíes y somalíes en las últimas décadas. Pero esta verdad, solo fue a medias, ya que ocultó la compleja realidad de segregación.

-Frente a la visión apocalíptica de los medios internacionales de una “violencia musulmana destructiva”, ¿cómo fue percibida desde la propia Suecia?

-En medios extranjeros hubo reportes sobre unas revueltas de jóvenes musulmanes, pero estaría mal categorizar a los jóvenes que protestaron como musulmanes. Lo que tienen en común entre ellos es que una vasta mayoría de ellos nació y creció en Suecia –son hijos de los migrantes, por eso son llamados segunda generación- y que vienen de diferentes ambientes. El problema con el establishment sueco es que son vistos y tratados como no suecos, ni siquiera como segunda generación, sino como inmigrantes sin importar si nacieron en el país por lo que tendrían que ser vistos como nacionales o, al menos, como minorías suecas. Por eso mientras los políticos y partidos suecos hablen de estos eventos como “problemas migratorios”, no habrá solución a la “Cuestión Sueca”.

-Entonces, ¿cómo caracterizás a los grupos que participaron en el conflicto?

La mayoría tiene entre 15 y 25 años. Pero lo que es más importante de recordar es que la mayoría de los jóvenes de estos suburbios no participó sino solo una minoría. Entre los que sí lo hicieron hubo una extraña mezcla de radicales, desempleados, criminales, “asociales” y jóvenes que acumularon mucha bronca durante años contra la sociedad, fruto de la trato injusto y excluyente de la sociedad para con ellos.

Así, en un país donde 15 de cada 100 es extranjero o hijo de uno[iii], donde por serlo muy probablemente termines excluido de las grandes ciudades, de los mejores trabajos y termines consiguiendo solo lo mínimo para una vida digna por tu nacionalidad, mientras las autoridades gubernamentales sigan creyendo y estimulando una visión exterior del territorio como justo y abierto para todo. Es difícil creer que este capítulo se haya terminado. Entonces, pronto volverá Suecia a amanecer bajo una gran conflictividad, latente e invisibilizada.



Qué asesinato debe cometer una barrabrava para ser premiada por el Congreso

Una traición a la vida que hoy mismo vivís: el asesinato de Mati Cuesta. En el 2006 la barra de Talleres de Córdoba lo tiró de un tren de un piedrazo para después matarlo a golpes. Aún irresueltos los responsables de su muerte, la semana pasada el Congreso Nacional, repitiendo a la Legislatura cordobesa, galardonó a la misma barra por su supuesta lucha contra la violencia en el fútbol. Impune vergüenza.

Ese día la alegría se me fue en un segundo. Estaba contento, Atlanta, mi equipo, mi pasión, había ganado 2-1 en Jáuregui a Flandria, cuando nadie lo esperaba. Era 2006, el ascenso estaba cerca, había ido a la cancha porque todavía podíamos ir de visitantes, pero estaba sorprendido por los pocos que éramos, sabiendo todo lo que nos jugábamos.

Pasaron más de siete años, pero esa fecha, el 18 de marzo de 2006, no me la voy a olvidar nunca y no justamente por esa victoria. Cuando volví me enteré de todo  y me largué a llorar como un nene. Matías Cuesta, un bohemio de 18 años que me cruzaba casi siempre en la popular, había querido ir a la cancha y terminó en el hospital, agonizando.

Pocas horas después me contaban lo que había pasado y no lo podía creer. Había salido de su casa, ahí en Villa Crespo, a metros del estadio, para ir en uno de los dos micros hasta el Carlos V, el estadio de Flandria. A la altura de Moreno pincharon una goma y, como ya no llegaban de ninguna manera, se volvieron. Él se tomó el tren con un amigo más. Fue en el Sarmiento, con la esperanza de poder volver rápido para Capital para verlo aunque sea desde la tele.

Tuvo la mala leche, la desgracia, de cruzarse a la altura de la estación Caballito con la barrabrava de Talleres de Córdoba, que volvía de Ferro sin ninguna custodia policial. Los muy hijos de puta no tuvieron otra cosa que hacer qué empezar a tirar piedras al tren. Iba lleno, iba hasta las pelotas y con las puertas abiertas. Matías quedó al lado de una de las puerta y le encajaron dos piedrazos en la cabeza. Se cayó al andén y mientras estaba en el suelo, le pegaron patadas hasta dejarlo inconsciente. El tren siguió su rumbo.

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Fotos: NosDigital
Fotos: NosDigital

Ese día, mi amigo, el que me contó todo esto, tuvo que tocar el timbre en la casa de Matías a las seis de la tarde para avisar que estaba muy grave en el hospital. Llegó y le tuvo que mentir a la madre, a Norma Roldán, porque no se animaba a decirle la verdad. “Señora, soy un amigo de Mati, no se asuste, pero su hijo tuvo un accidente. No es grave, pero lleve el documento de él que lo necesitan los médicos”, le dijo.

Ahí me enteré y fui a acompañarlo, me lo pidió desesperado. Vi como le decían a Norma que seguramente no la iba a reconocer por lo aturdido que quedó por los golpes. Vi, también, como empezaba a llorar desconsoladamente y sin entender lo que pasaba. Nos preguntaba cómo había pasado esto y dónde estaban los cagones que lo habían lastimado.

A los tres días, su estado era muy delicado. Eran las 10 de la mañana cuando a Norma le sonó el celular en el colectivo y casi se le sale el corazón por la boca: “Me dijeron que fuera rápido porque había sufrido un paro respiratorio y que había perdido los signos vitales”. Y después, con el segundo parte médico del día le contaron, con nosotros presente, que si se salvaba iba a quedar ciego porque tenía las córneas arruinadas a golpes. Ella se arrodilló ante el médico y con la voz tomada y con lágrimas en los ojos le rogó que lo salvara. Que no le importaba si quedaba ciego, pero que tenía 18 años, un montón de sueños por cumplir y que no se podía morir.

La agonía continuó hasta el viernes 24 de marzo. A las siete de la tarde falleció por muerte cerebral y lo velaron 48 horas después en el club de sus amores.

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A más de siete años la causa judicial nunca prosperó y tal es así que la jueza Mirta González la cerró el 15 de junio de 2009. Norma había recolectado testimonios de testigos, pero ellos nunca se animaron a presentar testimonio por miedo. Un periodista partidario de Atlanta grabó una entrevista radial con uno de los hinchas que viajaba en el mismo vagón, pero que nunca se animó a dar testimonio en el estrado. La Justicia, pese al audio detallado, no tomó en cuenta ese relato y nunca lo citó.

Para ella, que desde el primer momento tomó la posta para tratar de encontrar pruebas sobre los asesinos de su hijo, las amenazas eran cosa de todos los días. “Me llamaban anónimamente y me decían que no siga investigando porque iba a haber otro cadáver para mí. O llamaban, pedían por Matías, se reían a carcajadas y cortaban”, contó.

Al día de hoy, la causa continúa cerrada y sin ninguna novedad, pese al pedido mensual que hacen para que se cite a los testigos a que vean fotos para reconocer a los culpables. El pedido fue negado, una y otra vez, porque aseguran que pasó mucho tiempo y es muy difícil que se pueda descubrir algo.

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violencia futbol matiasMatías trabajaba como delivery hasta las dos de la mañana. Había retomado los estudios y estaba haciendo un acelerado, donde ya iba por el segundo año. Tenía pensado seguir alguna carrera relacionada con la informática.

Era fanático de Atlanta. Todos sus amigos eran del club y todo el tiempo libre que tenía se la pasaba ahí, a dos cuadras de su casa: en el estadio León Kolbovsky. Le hablaba a su familia y decía que soñaba con ver al bohemio ascendiendo y jugando contra los mejores equipos del país.

Era muy compañero de sus hermanas, que hoy tienen 16 y 21 años. Su mamá extraña su sonrisa cada día más. “Era muy pegado a su familia. Todos los días tomábamos mates juntos a la mañana y eso ya no lo tenemos más. Era muy cariñoso, ahora aunque amo a mis hijas con todo el alma, a veces cuando las beso tengo un remordimiento por poder estar con ellas y no con mi hijo, que cada día me hace más falta”, dice a lágrimas Norma.

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Al principio, las autoridades le querían hacer creer a la familia que todo había sido un  accidente, que seguramente estaba borracho y se cayó por estar en ese estado. Sin embargo, el laboratorio de toxicología y química legal – según la autopsia número 651-06 – certificó que no se registró ninguna sustancia tóxica en su cuerpo ni que hubiese tomado alcohol.

Norma no tiene dudas de que fue un asesinato y que los culpables están dentro de la barrabrava de Talleres de Córdoba, una facción que se mantiene desde 2006 y que además recibe premios por su comportamiento. Sí, los mismos hijos de puta que mataron a Matías reciben homenajes estatales, por una fundación que llevan adelante para legalizar los negocios de la barra.

Primero en Córdoba, donde Carlos Alesandri, diputado de De La Sota por el partido Unión por Córdoba, los agasajó como si fueran un ejemplo para la provincia. Le entregó a la cúpula principal de “La Fiel” – como se hace llamar la barra – una plaqueta. Esos mismos que recibieron la distinción, eran los mismos que dirigían “Las Violetas”, los que atacaron y asesinaron a Matías en 2006.

una que se ve la bandera en legislatura de cordobaEn una Legislatura colmada de banderas y cantitos futboleros, los premiaron por su “compromiso con la erradicación de la violencia en el fútbol”. Casi como si fuera un chiste de mal gusto. Casi como si se estuvieran cagando en la historia de Matías. Casi como si les chupara un huevo la lucha, la bronca y el dolor de Norma y de su familia.

Primero “Las Violetas”, después “La Fiel”. Desde fines de 2003, la facción que dominaba la barrabrava de Talleres de Córdoba  se hacía llamar las violetas. Después de que su líder, Sergio Busso, o “Tomatón”, como era conocido, quedó preso por el asesinato de un joven de 23 años, la barra – que no cambió su cúpula principal- pasó a llamarse “La Fiel”.

barra recibiendo de diputado“Verlos ahí tan impunemente me generó un dolor inmenso y mucha bronca. Tener que ver a los asesinos de mi hijo y que los traten así me pareció vergonzoso”, se indignó Norma. Y luego, después del escándalo que se armó tras la premiación, los volvieron a agasajar en el mismísimo Congreso de la Nación. En el Anexo, hablaron en una charla sobre violencia en el fútbol, llevados de la mano de diputados del PRO. Uno de los que habló, Carlos Pacheco,  que fue expulsado del Mundial de Sudáfrica 2010 por contar con antecedentes penales, es uno de los acusados por la familia de Matías por el crimen y fue uno de los que disertó. El otro apuntado, Sergio Busso o Tomatón, como lo llaman, está preso por otro homicidio.

“No puedo entender cómo les da la cara para dar charlas como si fueran pacíficos, cada vez que los escucho me acuerdo de lo que le hicieron a mi hijo y me largo a llorar”, dice Norma.

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“Desde el día en que lo velamos, perdí una parte de mi vida”, confiesa Norma, que hoy ayuda a otros familiares de víctimas de violencia en el fútbol desde la organización Salvemos al Fútbol. Desde que Atlanta remodeló el estadio el 30 de marzo de 2009 que una parte de la platea del Bohemio lleva el nombre de Matías Cuesta, para que todos los que pisen la tribuno sepan quién fue. La respuesta será la de un joven que tenía muchos proyectos, muchos sueños y que no puede descansar en paz. Que no puede estar tranquilo porque su asesinato sigue impune y con los culpables recibiendo premios.