Tratar la trata

“La nena que estaba parada en la esquina” es una obra teatral que buscar concientizar sobre la trata de mujeres y niñas con fines de explotación sexual. Desde la ficción, interpela las miradas desentendidas e invita a involucrarse.

  

     
La idea de la obra no es la historia de la nena o de la madre. Es la historia de tres mujeres, que de repente se encuentran con esto y no hacen nada al respecto. Es en un punto lo que nos pasa a todos, en algún momento nos roza el tema sea yendo por la calle y viendo los papelitos de propaganda pegados. Nos está tocando por algún lado y es muy difícil activar.

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Tres mujeres atadas de pies y manos, cada una, a una silla. Los ojos vendados. Una madre que, violentamente, quiere averiguar qué pasó con su hija. La nena está muerta. Recibió dos tiros queriendo escapar de una red de trata. “¿Cómo fue? Ustedes estaban ahí. No hicieron nada. ¿Quién mató a mi hija?”. Así empieza la obra.

La trata de personas es considerada una forma moderna de esclavitud. Según la Ley 26.842, se entiende por trata de personas el ofrecimiento, la captación, el traslado, la recepción o acogida de personas con fines de explotación, ya sea dentro del territorio nacional, como desde o hacia otros países. Establece como una de sus modalidades la trata con fines de explotación sexual, “cuando se promoviere, facilitare o comercializare la prostitución ajena o cualquier otra forma de oferta de servicios sexuales ajenos”. Esta ley deroga y amplia la vigente desde 2008 y fue sancionada en diciembre de 2012, luego de que se diera a conocer el fallo que absolvió a los trece imputados en el caso judicial de Marita Verón. Entre sus modificaciones, se cuenta la ampliación de las penas, se obliga al Estado a brindar asistencia médica y psicológica gratuita a las víctimas, otorgar capacitación laboral y ayuda en la búsqueda de empleo y a colaborar en la incorporación de la víctima en el sistema educativo. Por otro lado, el consentimiento dado por la víctima de la trata deja de constituir causal de eximición de responsabilidad penal, civil o administrativa de los responsables. Las principales víctimas de la trata con fines de explotación sexual son mujeres, niñas y niños. Es un delito internacional de lesa humanidad por constituir una violación a los derechos humanos.

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Florencia Santángelo pide un café chico y comienza la charla. Es la directora de “La nena que estaba parada en la esquina”, la obra que desde julio hasta finalizar agosto, se presenta los domingos en el Teatro La Mueca (Cabrera 4255). Es también psicóloga y profesora de teatro en una escuela de la Provincia de Buenos Aires. Florencia estaba cursando clases de dramaturgia cuando en 2012, absolvieron a los implicados en la causa de Marita Verón. Ella fue junto a sus hermanas a la movilización que se convocó. Ya venía escribiendo la obra, pero explorar el tema desde el teatro le empezó a interesas cada vez más. Después llegó el momento de buscar información, ver películas, juntarse con chicas de la organización Pan y Rosas y tener una entrevista personal de la Oficina de Rescate y Acompañamiento a las Personas Damnificadas por el Delito de Trata

La obra fue mutando hasta llegar a ser la versión que hoy se ve en el escenario. Pero se mantuvo la idea de situarla temporalmente en los primeros años de la década actual.

–         ¿Por qué?

–         Ahora el tema está mucho más instalado, si bien hay gente que continúa estigmatizando a la víctima, hay más información y conciencia sobre la problemática. Hace diez o quince años, se conocían menos los mecanismos y primaba más el “no meterse”. Ese fue el pensamiento que quise reflejar en la obra. Creo que ahora está cambiando, empezamos a desnaturalizar algunos discursos y prácticas que reproducen la subordinación y la violencia contra las mujeres. Igual todavía falta, por cosas como las que hablamos siempre con el elenco, por ejemplo: los papelitos en la calle, por Corrientes es terrible.

Es justamente por los años en que está situada la obra que Naciones Unidas elaboró el  “Protocolo para prevenir, reprimir y sancionar la trata de personas, especialmente mujeres y niños” (2000), ratificado por Argentina en 2002. Pero para que hiciera eco en una política de Estado, en un cambio de perspectiva de la práctica judicial y en la concientización de la sociedad faltaba mucho. O todavía falta. Por nombrar solo un aspecto, la connivencia policial y judicial continúa operando. Por otro lado, al día de hoy, no existen en Argentina cifras estadísticas oficiales sobre este delito, solo de los casos judicializados. El Ministerio de Justicia de la Nación dio a conocer algunos números: 3.166 víctimas de trata con fines de explotación sexual fueron rescatadas desde la sanción de la ley 26.364 hasta el 30 de junio de 2014.

A pesar de que en la actualidad la trata como actividad criminal organizada continúa encubierta e invisibilizada en nuestro país, Argentina es considerada pionera en la persecución del delito de trata de personas: en 1913, sancionó la Ley Palacios – impulsada por el diputado socialista Alfredo Palacios – la primera en proteger las víctimas de explotación sexual y esclavitud, además de penalizar a los responsables. Frente a los legisladores, Palacios alegó que la explotación del cuerpo de mujeres y niñas tiene una base económica. Y citó una estadística basada en entrevistas a cinco mil mujeres de “vida airada”: casi tres mil de ellas afirmaron que “habían llegado a la prostitución por absoluta carencia de medios de subsistencia”. Es decir, “por miseria”, agregó el diputado. En 1999 en conmemoración a la sanción de esta ley, se estableció el 23 de septiembre como “Día Internacional contra la Explotación Sexual y el Tráfico de Mujeres y Niñas/Niños”.

Para Florencia, el objetivo principal es que se hable cada vez más del tema, que se tome conciencia para generar herramientas de prevención y de lucha. Y encontró en el teatro un canal privilegiado para interpelar la sensibilidad. Sin embargo, el camino no estuvo falto de obstáculos. Desde el momento de la gestación de la idea hasta el escenario pasaron varias etapas. Un año atrás, Florencia empezó a juntarse con las actrices principales para charlar de la obra. Un tiempo después llegaron los casting y la convocatoria al resto de los actores. Lo que vino más tarde la directora lo define en una sola palabra: “ensayar, ensayar y ensayar”. Durante el verano se definió la sala y comenzó una nueva etapa: buscar escenógrafo, vestuarista, fotógrafo para el tráiler.

–         Al momento de poner la obra en escena, ¿qué dificultades se encontraron?

–         Lo más difícil es acordar horarios con los actores porque todos trabajamos de otras cosas. Después el tema económico es bastante importante, nosotros estamos esperando el subsidio Proteatro, Fondo Nacional de las Artes y esas cosas. Montar una obra implica afrontar muchos gastos, desde la sala, las luces, el vestuario, las horas de ensayo. Tampoco es tan fácil encontrar sala con las características que buscamos y a eso se suma la gran oferta de obras que hay en la Ciudad contrapuesto a la poca cantidad de espacios donde montarlas.

La problemática a la que se refiere Florencia se enmarca en la carencia de políticas estatales de promoción de espacios artísticos y culturales. Por el contrario, lo que se intensifica son políticas de desfinanciamiento, mercantilización del arte y cierres de centros y bares culturales.

–         ¿Y cómo lo afrontaron?

–         Nosotros somos una cooperativa. Quizás yo afronté más gastos porque sentía que me correspondía por haber impulsado el proyecto, entonces cuando faltaba cubrir algo, trataba de hacerme cargo yo. Pero todos pusimos lo nuestro. Es la primera vez que dirijo, pero hace muchos años que hago teatro, desde muy chica, y no es fácil encontrar un elenco donde se copen con todo. Esta cosa de que te llama uno y te dice: che, se me ocurrió que podemos ir a averiguar para hacer funciones en tal lado, o podemos invitar a tal persona. Estamos todo el tiempo comunicándonos y todos aportan ideas, eso es buenísimo. Tenemos esa idea de que no es solo ir y actuar, es un grupo donde todos tenemos que aportar.

Cuando termina la obra y llega bajar del escenario, Florencia y los actores sienten que los espectadores se van con sensaciones en el cuerpo: “En todas las funciones la gente sale diciendo: Qué fuerte. Generás algo en el espectador y eso era lo que nosotros buscábamos. Hace unos domingos, después de la obra me fui a cenar con unas amigas y estuvimos casi toda la cena hablando del tema, debatiendo, eso está buenísimo. Yo no soy quién para hacer una bajada de línea directa, pero sí me interesa que se hable del tema. Que se instale un poco, que la gente hable, aunque digas algo que quizás no estoy de acuerdo, pero que se hable, que no sea tan tabú, está muy tapado siempre”

–         La nena está muerta, ¿esa situación tan fuerte también fue buscada para movilizar?

–         Hay casos que terminan bien, y bien es una manera de decir, pero yo quería, no para que el espectador se quede angustiado, pero sí por decir: mirá, esto es una mierda. Que te vayas con esa idea de que esto es lo peor que puede pasar o uno de los peores finales. Buscamos en un punto ese choque con el espectador.

De lo que sí hay certezas es que el país es lugar de origen, tránsito y destino de la trata. Según los organismos internacionales, en el mundo, alrededor de 21 millones de personas son víctimas de la trata bajo cualquiera de sus formas y se estima que cerca de la mitad son niños y niñas. En Argentina, el 98% de las víctimas son mujeres (niñas, adolescentes y adultas), que caen principalmente a través de los mecanismos de engaño (falsos empleos o agencias de modelos, por ejemplo) y de secuestro. La explotación sexual de las mujeres es un problema de desigualdad de género, subordinación social  y sujeción de la sexualidad y el cuerpo femeninos.

Fuentes y más información:

http://www.jus.gob.ar/noalatrata.aspx

http://www.rattargentina.com.ar/

http://www.fundacionmariadelosangeles.org/

http://www.mpf.gob.ar/protex/

“Vos, de acá no te movés”

A Mariana Llamazare la encontraron unos chicos que jugaban al fútbol, sin vida y desnuda. Un prófugo y su grito, un policía y una vecina representan en esta historia la naturalización de la violencia del hombre sobre la mujer. 

Era domingo 9 de marzo, estaban reunidas en la casa de una amiga de Mariana Llamazare y el plan era salir.

Ella se había vestido para la ocasión: camisa gris rayada, jeans, zapatillas negras y rosas.  Pero como la llovizna no paraba, la previa se transformó en la noche casi entera.

Cerca de las 4, tomó la decisión: se iba. Pasaría por lo de Gastón, que le quedaba de paso a su casa, en Paisano al 2200, del barrio San José, de Florencio Varela. Dos, tres cuadras.

La lluvia ya era poca. Salió.

Al otro día

Mariana no llegó el lunes 10 a la casa y la madre se empezó a preocupar. La buscaron en la casa de los amigos y nadie la había visto después.

Recién horas después una vecina dijo que la recordaba a media cuadra de la casa de Mariana, en la calle Agrelo, forcejeando con un tipo como queriendo sacárselo de encima. Pero pensó que era el novio y le pareció “natural”.

Escuchó que él decía: “Vos, de acá no te movés”. No lo vio bien porque estaba de espalda. Gastón – su amigo- sí lo vio. Desde la casa lo reconoció. Y dio el nombre, o el apodo, de El Carrero.

La madre fue a hacer la denuncia al otro día, el martes, a la comisaría 2° de Florencio Varela.

– Averiguación de paradero –dijo el policía que le tomó la denuncia, y siguió aunque Mariana fuera menor de edad, mujer, aunque el novio también la estuviera buscando, aunque solo hubiera que averiguar el paradero. “Seguro que Mariana se fue con algún machito, con algún pibito por ahí. Así hacen las pibitas de hoy”, sugirió además.

– “Mariana nunca fue de faltar tantos días a la casa, avisa dónde está”. Tuvo que explicarle Mercedes, la mamá, a ver si conseguía que se investigara la desaparición de su hija después del forcejeo con un desconocido.

El miércoles volvieron a hacer la denuncia. Empezaron a investigar la policía y el tío de Mariana, y a hacer rastrillaje sin orden de la fiscalía. Encontraron un bolso con ropa y el DNI de El Carrero en la casa de su familia.

El Carrero

A una cuadra de lo de Gastón, se sabe, está la casa del transa. A esa altura la vio el que hoy es el principal sospechoso de la muerte de Mariana, “El Carrero”. Le dicen así porque cartonea, pero parece que no anda con carro. “Le pusieron así nomás”, dice Sandra, la tía de Mariana.

El barrio cuenta que, en sus 32 años, El Carrero mató a su cuñado, violó a una mujer, prendió fuego a un vecino. “Ni la familia lo quiere”, dice Sandra. “Pero quizás lo protejan igual”, se cuida.

“Si lo matan y lo entierran bajo cinco metros de tierra, hacen bien porque se manda sus cagadas”, llegó a declarar la propia hermana.

Pero desde la evidencia del forcejeo con Mariana, no se supo nada más de él.

-Vamos a investigar por qué está suelto- prometió la fiscal Clarisa Antonini, titular de la UFIJ Nº 2 Florencio Varela, que se enteró recién el día 17 y solo porque el tío de Mariana, abogado penalista, la llamó. Fue entonces y sólo entonces que la policía llevó los expedientes a la fiscalía.

El cuerpo

El 20 de marzo, diez días después de la desaparición, convocaron a una marcha. Romina, hermana de Mariana, tuvo que insistir: “No se fue por sus propios medios”. Todavía había que convencer a policías, fiscales, medios, vecinos.

20 días después de la manifestación, no fueron los perros, los caballos, los policías, los fiscales quienes encontraron el cuerpo. Fue un grupo de chicos que estaba jugando al fútbol y se le fue la pelota al descampado de la calle El Gringo, entre El Indio y Santos Vega. Estaba semienterrado, muy descompuesto y con una bolsa con la ropa de Mariana al lado.

La causa hoy la tiene la fiscalía N°4, a cargo de Nuria Gutiérrez y se están haciendo las pericias del cuerpo desnudo.

Ilustración: Facundo Olivares

Dos días en la vida

 

Ailén y Marina Jara están detenidas. Se las acusa de intento de homicidio. Pero, desde el penal de Los Hornos, cuentan otra versión. Una en la que a una de ellas un hombre la acosaba. Durante dos años, la cosa perduró porque ella sabía quién era él y sus vínculos con la Policía. Un día se cansó y le clavó un cuchillo de los que se usan en una casa.

Cuando me acuerdo lo de Ailén y Marina Jara escucho gritos como si yo hubiera estado ahí alguna de las tantas veces: “¡¡No!! ¡Andate porque llamo a la policía! ¡Ya te dije que no! ¡¡No!!!! ¡Saliiiiiiiiiiiiiií!”. Sufrir eso durante dos años de un tipo de tu barrio, que te cruzás todos los días, que hasta hace circular la idea de que es tu novio y vos no querés saber nada sobre él, que encima es más grande, no es un pendejo. Y encima saber quién es, en qué anda y con quién anda…

La última vez venían las dos de bailar. Era tipo 6, 7 de la mañana por el barrio Sanguinetti, en Moreno, el 19 de febrero de 2011. Ya había salido el sol, pero todavía no había nadie en la calle. Este Juan que venía acosando a Ailén, que la última vez había sacado un arma de fuego, se les cruzó. La atacó verbalmente, apuntó, disparó, erró, volvió a disparar. Hasta yo cierro los ojos ahora que me lo imagino. No se escuchó nada. ¡No salió!
Ailén se le fue encima. Se pegaron como pudieron, ella se cayó. Pasó todo en un segundo. Marina, al lado, sacó el cuchillo Tramontina y se lo clavó entre las costillas. Lo había llevado para intimidar si le querían robar las zapatillas, como solía pasar. Él abría la boca, hacía ruidos, le costaba respirar. La pistola quedó en el piso; ellas aprovecharon para salir corriendo hasta la casa.

-Mami, era mi vida o la de él.

Esa fue la última vez, pero fue también el principio. A él lo socorrió primero la familia, después la ambulancia, más tarde la policía, que inmediatamente tocó la puerta de las Jara. Se entregaron y entregaron el cuchillo.

-¿Lesiones graves, comisario?- dijo la oficial mientras tecleaba.
-¿Qué lesiones graves? A estas meteles “Homicidio en grado de tentativa”.
Como si hubieran premeditado el hecho. Ellas habían presentado el cuchillo y explicado todo.
-¿Qué arma? El único arma que consta es el cuchillo que le clavaron a tu novio.
-¡¿Qué novio?!

Así lo había presentado él. “Discutimos por cuestiones de pareja y ella me atacó”, dijo en el hospital. Las demás declaraciones que tiene la policía son de testigos que están a favor de él y detenidos por tráfico ilegal de estupefacientes -en el barrio se sabía quién era él y qué relaciones tenía con la policía-. Otro testigo falleció. La Dra. María Celina Bereterbide, defensora, descartó a los testigos de la defensa. En junio les presentó un abreviado según el cual tenían que aceptar la culpabilidad del hecho. No lo hicieron. Mientras tanto, el Juez, Dr. Tomas Barski, del Juzgado en lo criminal Nro. 2 de Mercedes, no saca la causa del cajón. El habeas corpus presentado en enero fue rechazado.

Ellas siguen presas desde ese abril en el penal de Los Hornos, La Plata. Pasaron por un sótano en el que solo tenían agua caliente y alimentos secos que le acercaban los amigos, familiares y desconocidos solidarizados que, desde afuera, intentan difundir el caso. Alguien, sin embargo, les hackea todos los medios de difusión por internet.
Me parecía que si querían abusar de mí, ya ni siquiera me convenía defenderme, pero leí esta carta de Ailén:

Hola. Soy Ailén Jara. Me encuentro privada de mi libertad en la Unidad Nº 18 de los Hornos de La Plata, Provincia de Buenos Aires.

He escrito esta carta en agradecimiento a todos ustedes que desde afuera nos están ayudando, acompañando y sobretodo, apoyándonos. Gracias por eso. Fue lo que nos ayudó y nos ayuda día a día a pelear, y lograr salir adelante.

Hace ya un año y siete meses que estoy acá y no sé hasta cuando estaré. Pero lo que sí sé es que gracias a todos ustedes mis días acá fueron días de lucha y libertad, ya no de tristeza y encierro. Antes era sólo pensar en terminar con mi vida, pero comprendí que hay gente buena que injustamente se encuentra en las mismas condiciones de necesidad que nosotras y es necesario ayudarlas así como ustedes nos ayudan y pelean por nuestra libertad. Gracias, a ustedes que me hacen sentir viva otra vez. Creo que ayudar es vivir.

Lo que no comprendo es a esta justicia que defiende lo indefendible y por eso gente como nosotras, de pocos recursos económicos, terminan pagando con la libertad, mientras otros solo la pagan con billetes. Tampoco comprendo qué es lo que estoy pagando. Pienso que le están quitando tiempo a mi vida en vano!!! Mientras estoy acá hay mucha gente que necesita ayuda y no poder dársela se siente horrible.

Les cuento un poco lo que hago acá para sobrellevar esto, para crecer como persona y para que me ayude a llegar pronto a mi casa… Estudio el tercer año del secundario, estudio un curso de pastas, estudié manicuría por segunda vez para perfeccionarme, trabajo para la panadería, también para visita, voy a clase de teatro y de coro. Paso mis días ocupados para no pensar y encontrarme en esta realidad que vivo todos los días, sobretodo para poder lograr y cumplir con mi meta que es poder ir a la universidad de medicina y poder ser pediatra, salvarle la vida a todos aquellos chicos que lo necesitan y que no tengan que sufrir como sufrió mi hijo y yo a su lado.

Con mi hermana y mis compañeras anhelamos tener nuestra propia biblioteca. Para poder leer durante nuestros tiempos libres…

Gracias!!!

Les mando un abrazo enorme y gracias por las fuerzas que nos brindan día a día. Que Dios los bendiga…

Ailén