Ni Gámez ni Chila: Vélez es marxista

El sábado 15 habrá elecciones en Liniers. La listas son dos: un expresidente y un exarquero. Pero como la política es amplia te planteamos otra variante: uno que lleva a la tribuna banderas con la cara del Ché Guevara. ¿Que es un delirio? Conocé la historia del Vélez de Mostar, un club formado por el Partido Comunista Yugoslavo, que brilló en los años del Mariscal Tito llegando a cuartos de final de la Copa UEFA.

El que dijo que la risa era una manifestación de la alegría ve caer su frase bestseller como una pelota que arrastra nieve. El periodista Matías Martin no sabe cómo disimular y sonríe: está absorto. Viernes a la noche. La TV Pública. El programa Línea de Tiempo. Está al aire. Delante, no tiene ni a Napoleón ni a Hegel ni a Jesús, pero el personaje al que entrevista habla como si fuera todos ellos a la vez. En la misma oración es capaz de vincular a la marihuana, a la tecnología, a Macri, a los goles, a las dictaduras, a las democracias, a los homosexuales, a lo normal en la vida, al presidente de Paraguay y a Vélez.
¿Cómo? Imposible saberlo, pero José Luis Felix Chilavert, quien se presenta como candidato a vocal en las próximas elecciones de Vélez, el próximo sábado, en donde se cruzará con la lista que preside Raúl Gámez, otro enorme hablador, se las arregla para tocar absolutamente todos los temas en una mezcla de silogismos que ni Aristóteles podría definir.
Pero, mientras el Chila –dicho sea de paso: un buen nombre para un guerrillero de novela- plantea que el modelo político que lo define es el de “dictador democrático”, hay una pregunta que quizás, y sólo quizás porque como arquero es imbatible, no podría responder:

– ¿Quién fue Savo Neimarovic?

Stari Most
Stari Most

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El mediodía lluvioso, en las calles de Mostar, en el corazón de Bosnia-Herzegovina, tiene pinta de nostalgia. Las paredes están grises, despintadas e, incluso, en algunos casos, todavía agujereadas por las balas de la Guerra de los Balcanes que, veinte años después, no se puede reparar en este país de Europa del Este donde el desempleo araña el 40 por ciento. El único color que pareciera existir es el del río Neretva, que tiene un tono más celeste que el de las playas cubanas. Pero no es el único: en una pared, aparece pintado en color rojo, con boina y todo, el Ché Guevara. A su lado, hay una inscripción: Red Army. El mural lo completa una estrella revolucionaria. Es el escudo del club de la ciudad: el Fudbalski Klub Velez Mostar.
Es decir: el Vélez marxista.

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Mostar, Bosnia Herzegovina
Mostar, Bosnia Herzegovina

Savo Neimarovic quedó en el medio del sándwich de la historia. En Mostar, sus dos pasiones andaban juntas: la militancia y el fútbol. Pero ese no es su sándwich. El Velez, llamado así un poco en referencia a una montaña de la zona y otro poco por el dios eslavo Veles, surgió como una necesidad. El Radnički Omladina, el establecimiento deportivo más grande de la zona, estaba prohibido. Los exjugadores del equipo censurado adoraban la pelota y decidieron armar una nueva estructura que pudiera sostener sus gambetas. En 1922, se juntaron y fundaron un club sin colores ni camisetas ni referencias. Daba lo mismo.
Pero tanto dio lo mismo que, un año después de su creación, Neimarovic, junto a otros compañeros del Partido Comunista Yugoslavo –en 1920, se había fundado la Liga de Comunistas de Yugoslavia-, de la delegación de Mostar y de Hercegovina, entró a una reunión y tomó el club. Desde ese día, hasta este día, sin resistencia alguna, el Vélez Mostar pasó a ser el equipo más grande de la zona y, además, uno de los pocos clubes marxistas del mundo.
La estrella de cinco puntos, el color rojo y carteles de Marx fueron las primeras referencias de un equipo que no esperaba, todavía, lo que sucedería. Porque Neimarovic, en 1923, ya sabía, desde 1917, de la existencia de la Revolución Bolchevique. De hecho, para ese año, todavía no había muerto Vladímir Ilich Uliánov, Lenin. Pero mucho menos sabía que, luego de la Segunda Guerra Mundial, su país, su ciudad y su club vivirían los mejores años de su historia bajo el mando del Mariscal Tito, en lo que se conoció como la Federación Socialista Yugoslava, que terminó en 1991, con la muerte de su líder.
Aunque, en el medio, la historia necesitó de más rebeliones. Porque, entre 1929 y 1934, bajo el reinado de Alejandro I, autoproclamado rey de Yugoslavia en esos años, prohibió la existencia del Mostar, justamente, por sus inclinaciones marxistas. El club siguió funcionando sin exhibir sus insignias, pero por lo bajo siguió llevando las banderas coloradas que Neimarovic había vuelto una religión. Hasta que apareció Tito y Velez, parte de una ciudad floreciente, lejana a la crisis económica actual, volvió a ser.
De hecho, entre esos años, el Mostar consiguió: salir campeón en 1981 y en 1986 de la Copa de Yugoslavia, salir subcampeón en 1972, en 1973 y en 1986 de la Primera Liga Yugoslava, y, en 1974, llegar a cuartos de final de la UEFA, perdiendo contra el Twente, de Holanda, que terminaría llegando a la final, cayendo frente al Borussia Mönchenglandbach, de Alemania. En un año que fue glorioso: tres jugadores del plantel formaron parte de la delegación que viajó a Alemania para participar del Mundial 1974. Ese fue su mayor logro en materia de resultados deportivos.

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Imágenes: NosDigital

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Mientras Gámez intentará ir por su tercer mandato (ya fue presidente entre 1996-1999 y 2002-2005) y Chilavert buscará armar su dictadura democrática –iría como candidato a presidente, pero no puede porque acusa, justamente, a Gámez de haberle sacado la antigüedad como socio que lo acredita a acceder a ese cargo- desde Liniers. Este sábado 15, el clima político será a todo trapo. Si ellos no te convencen, ya lo sabés: votá al Vélez marxista.

“La gloria es tan efímera que dura una hora”

El Gallego Méndez es un tipo distinto: para darse cuenta alcanza con sentarse con él en un bar, tomarse una cerveza y escucharlo decir seis autores de corrido -“Hemingway, Nietzsche, Freud, Saramago, Bukowski, William”-. Es especial porque pese a haber dado ocho vueltas olímpicas en un ambiente exitista como nuestro fútbol dice que la gloria no dura nada: “Una hora nada más, porque después te vas de vacaciones y tenés que empezar a pensar en no engordar para salir campeón de nuevo”. Además, acepta haber cambiado de club: era de Vélez, ahora es de San Lorenzo. “Cuando vas a un lugar y te dan mucho, eso te cambia”, explica y pide que el Ciclón vuelva a Boedo.

Sebastián “El Gallego” Méndez llega con remera negra, jeans y zapatillas. Sencillo y casual se sienta mientras charla de lo nublado que se puso la cosa esa tarde. Estamos en su barrio, en Devoto. En frente de esa plaza verde y llena de bicis. En ese vaivén llega una jarra de cerveza bien fría a la mesa, se sirven los vasos y, entre pucho y pucho, el fútbol se hace palabras con el central que nació en Vélez, se retiró campeón con Banfield y supo convertirse en uno de los ídolos modernos de San Lorenzo. Ocho vueltas olímpicas –seis en Liniers, una en Boedo y otra en el Sur- dio el Gallego en Argentina, tierra futbolera y exitista, pero el tipo, calvo, chopp y cigarro en la mano, parece uno más entre tantos.

-¿Cuánto dura la gloria?
-Una hora.

-¿Nada más?
-Nada más, porque después te vas de vacaciones y tenés que empezar a pensar en no engordar para salir campeón de nuevo la semana próxima. Fueron 8 horas de gloria las que tuve. ¿Cuánto más que eso? Esa noche con tu familia, la felicidad y listo. Es tan efímera la gloria que dura una hora. El fútbol no tiene tiempo para la felicidad. La de Banfield la disfruté más porque después me fui, je. Además jugué las 19 fechas. No me expulsaron ni una vez, un récord. Y después de tantos años me tomé vacaciones tranquilo: tomaba sol y disfrutaba de una cerveza y de un pucho sin culpas.

-¿Viste alguna vez tu perfil de Wikipedia?
-¿Qué? ¿Cómo? Jaja, no, ¿por qué?

-Porque aparece una declaración del Diego que si es cierta tenemos que descorchar otra birra. Supuestamente, cuando le preguntaron si le hubiese gustado jugar con Messi, dijo: “Hay una sola cosa de la que me arrepiento en mi carrera y es haberme retirado antes de poder jugar en un equipo con el Gallego Méndez. Es para mí el mejor defensor que vi jugar al fútbol”.
-Jaja, sí, algo me comentaron. Creo que fue después de un partido de Libertadores con San Lorenzo. Si es que lo dijo… No sé la veracidad. Cuando me lo cruce se lo preguntaré y si es verdad le daré un beso en la boca. O el Diego me quiere o el que hizo el perfil de Wikipedia es mi amigo. Yo tengo una foto con el Diego, cuando nos enfrentamos en un Vélez-Boca. Qué crack. Maradona es el resumen del fútbol argentino.

Imagen: NosDigital

El Gallego se mata de risa. Cuenta que los centrales no disfrutan de los partidos de fútbol, que eso es para los que hacen goles. Salvo Paolo Maldini, que era un crack, que jugaba en puntas de pie y que, encima, era fachero, dice sorprendido el Gallego: “¡No hacía una falta en todo el partido!”.

-¿Qué es ser capitán?
-Es ir a pelear premios, ir a hablar con el técnico, es ser la carne de cañón muchas veces. Es el que pone la cara. Ser en quien confían los compañeros. El que aconseja a los más pibes. Es encargarte de los sueldos de tus colegas, también utileros, del plantel ¿Quién lo hace sino? Yo fui capitán de Vélez cuando se fue Chilavert, con Bielsa. Remplazar a esas figuras no es fácil.

-¿Te enamoraste de Bielsa?
-Sí. Sí. Sí. Trabajando, sí. Todo fue un caos enorme cuando llegó a Vélez. No es tan frío ni lejano como parece. Es maravilloso. Me llevó a la selección cinco convocatorias seguidas. Debuté en los Ángeles contra México. Iba a aprender.

-¿Qué cosas extrafutbolísticas aplicaste en la cancha o en un vestuario?
-Siempre fui muy lector. No pude terminar de estudiar porque en cuarto año debuté en primera. Me hubiese gustado seguir una carrera. A mí me consumía tiempo mental el fútbol. Era una pasión y un trabajo. Era muy obsesivo.

-¿Y qué lees?
-De todo. Soy lector compulsivo. Hemingway, Nietzsche, Freud, Saramago, Bukowski, William. De todo un poco. Me servía para abrir la cabeza. Sobre todo con Bukowski, que era un erudito pero con calle, que hacía una crítica muy interesante a la sociedad norteamericana. Ahí a uno se le van despertando ciertas inquietudes y pensamientos que pueden aplicarse a su realidad. Hoy por ejemplo creo que cada vez nos escuchamos y nos comunicamos menos. Tiene que haber diálogo aún en el disenso.

De repente llega un hincha del Cuervo. Alguien que el Gallego ya conoce. Se saludan afectuosamente. “Viene el Pipi, Bernardo Romeo y él, el Galle”, dice el chabón. Cuando se va, algo risueño, propone: “Pero más ídolos son Orión, Hirsig, Adrián González…”. El Gallego se ríe y le contesta: “No seas malo”. Cambiamos de tema, mejor.

-¿Cómo puede ser que seas ídolo del Ciclón? Digo: saliste de Vélez y dijiste que eras hincha de Vélez.
-La gente me tiene mucho cariño. Y es recíproco. Es inexplicable. San Lorenzo es inexplicable. Yo salí de Vélez, era hincha de Vélez y cuando me llamaron del Ciclón no lo dudé. Fue una corazonada. Quería medirme y para mí no había prueba más grande que San Lorenzo: un club donde no me querían por mi pasado, un club enorme y con muchísima gente. Son gigantes.

-¿Y ahora hincha de quién sos?
-Ahora quiero que gane San Lorenzo.

-¿Cómo se puede cambiar de pasión?
-Me crié a cuadras de Vélez. Pasaba todos los veranos ahí, en el club. Pero cuando volví uno esperaba otra cosa. No que me aplaudan de pie ni que me den una medalla, pero tampoco que te griten que te mueras de cáncer adentro de la cancha. Eso va haciendo que vayan decantando las cosas. Sigo teniendo un gran respeto por el club. Jamás hablaría mal de ellos. Ellos me criaron. A la gente del club la adoro. Nosotros lo entendemos así: es un trabajo. La gente no lo comprende. Me decían que contra Vélez jugaba y corría más. Y qué querés que haga. Hay algunas canchas que te motivan. El Amalfitani de noche es hermoso, con las luces, el campo perfecto, cómo no iba a tener ganas de jugar y correr. Era especial. Pero después me arraigué en otro lado. Pero sigo con un gran respeto. Mi hermano es hincha de Vélez y hasta él me ha puteado. Pero cuando vas a un lugar y te dan mucho, pero mucho, eso te cambia. Un día estaba parado en la esquina de San Juan y Boedo y una familia me invitó a pasar a la casa, me invitó a cenar. A ver si nos entendemos: los cuervos son bichos raros. Sólo una familia te invita a comer. Son gente que me quiere mucho y me lo demuestra todo el tiempo. El club es un quilombo y la gente es buena. Mucha lista, mucha política, pero la gente es lo mejor que hay. Los hinchas de San Lorenzo hacen que el club te guste, por más que sea desordenado en muchos aspectos. Yo entiendo al fanático y, sí, podés cambiar. Y como jugador más.

-¿Es difícil ser jugador-hincha?
-Dificilísimo. Te salís a comer a todos. La pasión no se pierde pero te la tenés que guardar un poco. En mis primeros partidos en Vélez no lo podía controlar. Jugaba como el tipo que se paraba arriba del alambrado. Metía un gol el 9 y yo en el fondo lo gritaba como loco. Parecía un tarado. Qué hace ese tipo, debían pensar. Encima entré en un equipo en donde admiraba los jugadores.

-¿Cómo interpretás la vuelta a Boedo?
-Es una necesidad de identidad. Lo hablo con ellos y lo entiendo. Quizás sea algo utópico, pero es necesario. Soy de los que piensan que cuando llegas a un club lo tenés que conocer. Cómo piensan los hinchas, qué quieren, a qué rival le quieren ganar, por qué, qué partido es especial. Hay que saber y ser auténtico y comprender al hincha. Y hay que defenderlo. San Lorenzo es una familia con mucha historia.

-¿Qué opinás de los nuevos modelos empresariales de club? ¿Dónde quedó la identidad de club de barrio?
-San Lorenzo no pierde su identidad de club por la gente. La gente hace al club. Son especiales.

-Sufriste la promoción…
-Me sentí muy muy mal.

-¿Y con lo de Banfield?
-También. No hicimos mala campaña nosotros, pero por respeto al club nos fuimos cuando ya no iba más. Ahí nos ganamos el respeto. La gente nos quería.

-Y encima defenderte a vos era difícil, eras un tipo que dividía aguas.
-Seguro. Era muy polémico. Hablaba poco pero cada vez que hablaba había quilombo. Las patadas… Bueno, la de Falcao, por ejemplo.

-¿Y esa cómo la defendés?
-No, de ninguna manera. Soy capaz de decirte ahora que estuve equivocado. Y no porque ahora soy técnico. Antes de retirarme incluso. Sabía que estaba equivocado.

-¿Te arrepentís?
-Por supuesto. ¿Qué soy, menos hombre? Si el fútbol no es para pelear. Las cosas no son así, yo no gané nada con eso. Al contrario. Si vos me preguntás lo de Falcao yo estuve toda la semana previa pensando en que no le iba a pegar. No quería. Y le pegué y me arrepiento.

-¿Tenías bronca por la lesión de la Libertadores?
-Sí, pero no justifica. Uno de mis grandes errores fue no aceptar las derrotas. Nunca te tenés que acostumbrar, pero sí aceptar. Son cosas que pasan. Me quedé afuera de mi sueño: ganar la copa con San Lorenzo. Pero no tiene nada que ver con nada. Además, ahora a la distancia, menos mal que no le hice nada, porque mirá cómo juega. Nos hubiéramos perdido un montón de goles lindos. Tres goles por final mete, una locura. Después él me llamó diciéndome que estaba todo bien. Deseándome que Dios me bendiga. Yo a él le creo. Todos me dicen que es un gran pibe. Pero hay algunos atletas de Cristo que tienen la biblia cerrada.

-¿Y ahora como DT cómo ves esa cosas del fútbol?
-A los calentones que pegan los entiendo, fui uno de ellos. A los habilidosos que siguen pidiendo la pelota, aunque les peguen, los admiro. Lo nuestro es normal, lo de ellos es grandioso.

-Si vos eras el que pegaba, ¿cómo tuviste siete lesiones de operación? ¿Ibas con armas a jugar?
-No, era muy bruto. El bruto era yo, no los demás. Y si me encontraba con un delantero bruto era un peligro.

-Sos lapidario con vos mismo…
-No, soy realista. Yo hice lo que pude con mi carrera. No fui un virtuoso. Esas limitaciones las conocía a la perfección y jugaba con eso. Nunca hice más de lo que sabía.

El Gallego, entonces, como para contrarrestar tanta autocrítica, empieza a hablar de su paso por Europa. Cuenta que marcó a Koller, Drogba, Romario, Ronaldo, Kluviert, Zidane, Rivaldo. Que al francés se lo podía admirar de solo verlo caminar. Pero, sobre todos ellos, nombra dos tipos que disfrutó muchísimo: el Rifle Pandolfi y el Loco Mostovoi. Qué cracks, completamente anormales, dice el Gallego.

Ya no va quedando nada y esa tarde nublada se va convirtiendo en una noche gris. El Gallego deja algunas cosas finales: “La técnica lo es todo y en el fútbol argentino eso está difícil…” Por eso se juega así, dice. La gente pasa, lo saluda y él, tranquilo, asegura: “Nunca me la creí, ni en mi mejor momento”. De repente, vuelve el hincha, ese que lo saludo con cariño al principio. Le dice: “Che, Galle, está jugando Colombia contra Uruguay: Falcao metió un golazo”.

-Viste, menos mal que no le hice nada.

“La ignorancia le sirve a muchos representantes”

A Francisco Cerro, el volante de Vélez, no le gustan los rótulos, pero es imposible no definirlo como un personaje dentro del mundo de la pelota. Como “el futbolista llena dos o tres horas a la mañana y no hace más nada” tiene tiempo de escuchar Creedence, los Stones y mirar al Swansea inglés por la Premier League. Lo que ya no puede es estudiar abogacía en la UADE. La carrera le quedó a mitad de camino, pero le dejó algo. “A mí me encanta ser jugador de fútbol pero en el resto del día trato de alejarme lo mas posible. Por eso mi idea es recibirme y dedicarme al derecho laboral para defender a los jugadores”, dice justo cuando las triangulaciones están de moda.

Anochece en Capital Federal. Barrio Norte. Las luces dejan el ambiente librado a la capacidad de percepción de cada uno. Todo se intuye. La intensidad de la ciudad baja y ésta comienza a hacerse habitable. En una de las esquinas, confundido entre la multitud que vuelve a sus casas con la cabeza gacha, aparece Francisco Cerro. Cabeza levantada, estirpe de número cinco. Perdido en el montón, así como prefiere estar. Las primeras son palabras de cortesía. El resto, las que siguieron al momento de presentación, caen con fundamentos, masticadas y arrojadas con respeto. Desde su Santiago del Estero natal a su presente en Vélez pasando por el rock and roll, la abogacía, Marcelo Bielsa y Sándor Márai.

-Estás perdiendo el acento. ¿Ya sos un porteño más?
-Y… Son siete años ya desde que vine de Santiago. De a poco uno se acostumbra. La verdad es que me costó adaptarme. Imaginate que Santiago, más allá de ser capital de provincia, tiene alma de pueblo. Eso es lo que extraño, es lo que me encanta de mi ciudad. Tiene una tranquilidad y una paz que no he encontrado en ninguna parte. Te imaginarás el golpe brusco que fue venirme acá con 17 años. Eso me ha hecho madurar de golpe. Aunque nada hubiese sido posible si no hubiese tenido la enseñanza de mi familia y mis amigos. Ellos me hicieron ir por buen camino y hoy, a pesar de mi juventud, me siento una persona muy madura. El primer año fue fundamental no volverme. Sabía que si volvía para visitar, no venía más. Tenía miedo de eso que le pasaba a mis compañeros.

-¿Qué es lo que más te jode de esta distancia con tu familia?
-Nosotros somos seis. Mi viejo que es abogado, mi vieja ingeniera en sistemas, tengo un hermano un año menor que se recibió de médico y dos hermanas mellizas de 18. De todo eso lo que todavía me duele es haber tenido a mis hermanas en brazos y hoy ver que son dos personas maduras y yo haberme perdido todo su crecimiento.

-¿El hecho de llegar a Quilmes con 17 años y comenzar a jugar te facilitó las cosas?
-Al principio fue muy duro. No tenía continuidad. Pero como dice Marcelo Bielsa, uno aprende más en el fracaso que en el éxito. A mí me trajeron de enganche. No corría, no marcaba. Sabía que tenía que hacer el click. Me sirvió mucho el hecho de pelearla desde afuera, en esos años son los que más he aprendido.

-¿Consumís prensa deportiva?
-No. Prefiero no ver, no escuchar, no leer. En principio, no me gusta participar porque soy un tipo muy tímido, reservado y no me gusta para nada la exposición. Hay algunos que se sienten muy cómodos en frente de la cámara y no los juzgo, está perfecto. Pero yo soy de otra forma. Y, por otro lado, hay mucha mala intención. Leo mucho pero no cosas que tengan que ver con el fútbol mediático.

-¿Qué lees?
-De todo. Desde que dejé de cursar abogacía me quedé sin ese espacio que significaba el estudio para mí. Me encantaba ir a cursar, rendir, estudiar. Era el lugar donde yo podía hablar de otra cosa que no fuera el fútbol. Cuando tuve que dejar empecé a leer novelas con mayor asiduidad. Ahora estoy con “El último encuentro” de Sándor Márai.

-¿Por qué dejaste?
-Era imposible ir a cursar. Durante toda mi estadía en Quilmes cursé con normalidad. Pude llegar hasta tercer año. Cuando pasé a Vélez dejé. Era un gran desafío pasar a un equipo como éste. Entonces me dediqué de lleno al fútbol. Hace un año que estoy y hemos llegado una semifinal de Copa Sudamericana y a los cuartos de final de la última Libertadores. Por momentos jugábamos tres partidos en una semana. Yo cursaba en la UADE y como era presencial tuve que dejar.

-¿Por qué abogacía?
-Por gusto. Mi viejo y mi abuelo se dedicaron a eso pero nunca me condicionaron. No fue un mandato familiar. Me dieron a elegir y yo siempre quise hacer eso.

-¿Con qué descargas todo eso que descargabas en la facultad?
-Con los libros, con la música. Me mantengo ocupado con eso. El futbolista llena dos o tres horas a la mañana y no hace más nada. Obvio que está lo que le llamo “entrenamiento invisible” que es cuidarse con las comidas, en el descanso. Pero también es verdad que tenemos el resto del día libre. Soy de estar mucho con mis amigos, también con los amigos que me dio el fútbol: Caneo, Garnier, Herbella, Insúa, Ortíz, Seba Domínguez, Orban.

-¿Te interesaría retomar, recibirte, o lo hiciste por hobby?
-Quiero retomar lo antes que pueda. Mi idea es recibirme y dedicarme al derecho laboral, contratos profesionales. No me veo ligado al fútbol cuando termine, no quiero ser entrenador, ni formar parte de un cuerpo técnico. Es un ambiente muy complicado. Mucho menos ser representante. Sí me gustaría poder volcar mis conocimientos del derecho en el plano deportivo. Defender los derechos de los jugadores.

-¿Crees que nadie los defiende hoy en día?
-Me parece que el papel del futbolista está muy dejado de lado.

-¿Lo que pasó con las triangulaciones es parte de eso?
-Mirá, yo estoy por fuera de eso y no puedo hablar con profundidad. Lo que hay que entender es que el jugador casi no participa de las transferencias. Más allá de decidir en qué club quiere jugar, no intercede hasta que no tiene que firmar el contrato. Las negociaciones, los acuerdos y todo eso se debate a espaldas del jugador. Y muchos representantes se aprovechan de eso. Del desconocimiento, o la ignorancia de los que recién están empezando, de los chicos que tienen un origen más humilde. Ahí es donde suelen aprovecharse los representantes. Yo tengo la suerte de haber tenido una buena enseñanza y de haber tenido asesoramiento siempre. De hecho, cuando pasé a Vélez llevé a analizar el contrato con un abogado amigo.

-¿Vos tenés representante?
-Sí, es Fernando Hidalgo. Yo busqué que me representen para eso, para que defiendan mis intereses. Pero es una cuestión de confianza. Yo me manejé sólo durante mucho tiempo. Recién hace un año y medio que estoy con Fernando.

-¿Cómo llegas a tener representante, cómo es el proceso de “búsqueda”?
-Tienen un equipo de trabajo. Los empleados del representante van al entrenamiento, te preguntan respetuosamente si estás con alguien y, en caso de que no seas representado por nadie, te citan a tomar un café. Ahí, cada uno plantea lo que necesita o pretende y se arregla o no. Los contratos son de dos años generalmente.

-Ya se te termina, ¿pensás renovarlo?
-No es cuestión de renovarlo o no. La realidad es que si uno no está contento, el contrato lo puede romper. Yo no quiero que sea mi padre ni mi amigo, sólo que defienda mis intereses. Con el tiempo uno sabe quién es cada uno y el hecho de la renovación, en este caso, es implícito.

-¿A qué te referís con “ambiente complicado”?
-En el sentido que hay mucho negociado, mucha cosa por debajo de la mesa. Uno pertence a este ambiente y tiene que saber convivir y llevar ciertas cosas aunque no esté de acuerdo. Es el ambiente donde uno se desempeña y no se puede quejar. En lo personal no me ha tocado vivir ninguna situación pero uno escucha y sabe que hay algunos matices. A mí me encanta ser jugador de fútbol, el hecho de poder competir todos los fines de semana, de conocer otras personas. Pero en el resto del día trato de alejarme lo mas posible.

-¿No mirás fútbol?
-Sí, me mato a fútbol. Pero veo los partidos, nada más que eso. De hecho, tengo todos los videos de mis partidos.

-¿Qué diferencia notás entre los futbolistas que miran fútbol y los que no?
-Me da una visión distinta a la que uno tiene adentro del campo de juego. Otros sistemas, otras características. Además, creo que uno debe conocer al rival, a los otros equipos y jugadores. Soy de los que piensa que en esas pequeñas cosas uno puede sacar diferencia en los partidos.

Imagen: NosDigital

-¿Qué jugadores ves en tu puesto?
Logicamente, a Xavi e Iniesta. Son dos fenómenos, futbolistas de otra dimensión. Lo que hace Sergio Busquets también me parece increíble. Pep Guardiola le decía: “A un toque sos el mejor del mundo, a dos sos muy bueno y a tres regular”. Y es así. Hace todo simple. Me gusta mucho Michael Essien también.

-¿Y equipos?
-Bueno, el Barcelona por razones obvias. Después, me gusta mucho el Swansea de Inglaterra. Tiene un técnico jóven que ya desde el torneo pasado viene manteniendo un nivel de juego increíble, salen tocando, mueven la bocha.

-¿Entonces, qué es lo que te aleja del fútbol? ¿Qué es lo que más te molesta o duele?
-Lo que más me duele es que se meta a todos los jugadores en la misma bolsa, con las mismas características. Creo que cada persona es única y diferente. Pero, en el habla popular, el futbolista está catalogado de una determinada manera que no estoy para nada de acuerdo. Lo que más me molesta es lo que es la exposición del futbolista y de la manera en que lo tratan.

-Parece que Vélez es un club hecho a tu medida.
-Sí, es así. Vélez es un club distinto a la gran mayoría porque tiene un proyecto y es algo muy difícil de encontrar no sólo en el plano deportivo. En el plano social no los hay tampoco. Es un club que te da muchas certezas, tranquilidades. Uno se tiene que preocupar sólo por rendir en el partido, entrenar, ganarse un lugar y nada más. Además, tiene un grupo de jugadores espectacular.

-¿Quién habla en el vestuario?
Todos. Me vas a decir que no es creíble, pero es cierto. Los que están empezado como Gino (Peruzzi) o Allione están dispuestos a escuchar, a mejorar y tienen bien claro su función. Por eso preguntan. No se marean por las luces del éxito. Después hay un grupo de jugadores intermedios, como es mi caso. Y los más grandes (Insúa, Cubero, Domínguez) que están dispuestos a dar consejos. Esa unión se ve en la cancha.

-Lo que más debe costar es imponer tu música, ¿no?
-Sí, eso es jodido. Yo esucho a los Stones, Zeppelin, Creedence, Nirvana. Me matan en el vestuario. Pearl Jam. Tengo varios aliados como Seba Domínguez que toca bien la guitarra o el Pocho Insúa. Pero somos los menos.

Falta de méritos de represión

A Ramón Aramayo lo mataron el 20 de marzo de 2011, en la previa de un Vélez-San Lorenzo, en Liniers. Según la autopsia y los testigos falleció porque los policías de la polémica Comisaría 44 lo cagaron a palos. 15 meses después, hay tres efectivos imputados a los que se está por dictar la falta de mérito. “Si es así, no habrá juicio”, cuenta el abogado Fernando Burlando. Mientras la violencia en el fútbol vuelve a estar en boca de todos, actualizamos la histora de un crimen que puede quedar impune.

La autopsia: términos confusos y heridas que hablan claro.

El vocabulario médico policial eligió decir cosas como “lesiones contusas excoriativas”, “lesiones contusas equimótico-excoriativas”, “lesiones contusas equimóticas” o “hematomas subcutáneos”, y, además, propuso detallar específicamente los planos sagitales y transversales de las heridas. El trabajo del forense develaba todos y cada uno de los lugares donde fueron a parar las piñas y las torturas que Ramón Aramayo recibió el domingo 20 de marzo de 2011 en la previa del partido entre Vélez y San Lorenzo: rostro, panza, espalda, codos, rodillas, costillas,muñecas, hombros, piernas y glúteos. Y seguía: lastimaduras, moretones, cortes y heridas varias.

La autopsia duró dos horas. Desde las 7:45 hasta las 9:45 del primer lunes sin él. Fue un día después y determinó lo que todos supieron desde el principio: a Aramayo lo cagaron a golpes. “Congestión, edema y hemorragia pulmonar. Edema encefálico difuso”. Esas fueron las palabras que eligió el médico forense, Ignacio Lossetti, para enviarles ese 21 de marzo el resultado del estudio a la Fiscalía Criminal de Instrucción N° 26, que recibió el señor Fiscal Nacional de la causa, Dr. Patricio Lugones, y el secretario del mismo, Dr. Ezequiel Costa.

El cuerpo, en definitiva, era el mismo: Ramón Aramayo, 36 años, argentino, marido de Mabel Suarez (aunque en la autopsia se califique su estado civil de “soltero”), con hijos, remitido por la Comisaría 44° de la Federal, ubicada en Liniers, luego de haber sido hallado “tirado en el asfalto” el 20 de marzo del 2011 a las 15:40 horas en Barragán al 235 en la previa del partido en el Estadio Amalfitani entre el Club Atlético Vélez Sarsfield y el Club Atlético San Lorenzo de Almagro.

Qué pasó el domingo: “¿Querés cobrar vos también?”.

Como todos los domingos que jugaba San Lorenzo, Ramón Aramayo fue a la cancha. El partido tenía los ojos de todo el mundo futbolero encima. Se sabía que era de riesgo. Luego de la reciente muerte de Emmanuel Álvarez, en el anterior Vélez-San Lorenzo, se tomaron especiales recaudos para que la tarde transcurra en paz. Pero fue el operativo mismo el que generó la violencia.

Aramayo fue a la cancha con sus tres amigos de siempre: Juan Carlos Cabrera, Christian Jorge Bertolino y Daniel Platt. Esa misma tarde se sumó otro amigo de Ramón, Sergio, que fue con su hijo de 11 años. Los seis se juntaron en la casa de Bertolino, hora y media antes del partido, subieron al auto del propio Aramayo y fueron para Liniers. Lograron estacionar sobre Ramón Falcon a pocas cuadras de la cancha. Caminaron hacia la calle Barragán, donde tenían entrada los visitantes y pasaron sin ningún tipo de problemas el primer control.
Se venían las segundas vallas y la Policía ordenó que todos tengan la entrada en la mano. Carlos Alberto Heredia, personal a cargo de Vélez, era el responsable de turno de ese control ubicado en la calle Barragán a la altura de Viedma. En su declaración como testigo ante el fiscal Lugones y su secretario Costa, Heredia dijo haber sido encargado de la rutina de “cacheos” y que su puesto de control se encontraba a unos “30 metros” de la Policía. La misma Policía que le dio la orden, de repente, de que no pasara más gente. Les hizo caso. Al darse vuelta observó una persona que se encontraba “acostada, boca abajo” y “a la que la policía estaba deteniendo”.

Luego de la pequeña interrupción, le ordenaron que siguieran ingresando los hinchas y Heredia continuó con su trabajo. No vio más nada, salvo una “ambulancia del S.A.M.E” y camionetas policiales que un tiempo después llegaron a las adyacencias del control, pero abocado a sus tareas laborares -“ver que las personas lleven la entrada en mano”- no les prestó mayor atención.

El testimonio de sus tres amigos completa la historia hasta donde se deja completar. “Cada uno intentó pasar por su cuenta”, explica Christian Bertolino la rutina de siempre, a lo que suscribió de manera idéntica Daniel Platt en su reconstrucción de los hechos. “Comúnmente” una vez que se pasa el control se ve “si ya pasaron” los demás “para seguir al estadio”, aclara Juan Pablo Cabrera. Hasta allí todo sucedía como siempre. Cuando los tres pasan el control buscan a Aramayo. No lo encuentran y se voltean para ver dónde estaba. Ahí empezó todo.

“Tres policías se encontraban forcejeando con Ramón Aramayo, a ellos se le sumaron aproximadamente tres policías más quienes lograron derribarlo, haciendo que cayera de costado sobre el asfalto. Aramayo forcejeando consiguió reincorporarse y luego volvieron a derribarlo cayendo de cara contra el asfalto”, dice textualmente Daniel Platt, según la declaración firmada por él mismo, el fiscal y su secretario.

Juan Pablo Cabrera amplía bajo las mismas autoridades: “Un policía uniformado con chaleco naranja le realiza un tacle de rugby por debajo de la cintura (…), pese a ello Ramón logra reincorporarse y seguidamente llegan más policías, alrededor de cinco o seis, y entre todos lo sujetan en medio de un forcejeo, de una lucha terrible, defendiéndose Ramón, pese a lo cual el personal policial no lograba derribarlo, momentos en que aparece otro policía que intenta darle un golpe con un palo a la altura de la espalda logrando el dicente (Juan Pablo Cabrera) evitar que lo impacte ya que puso la mano y lo empujó al policía para evitar la agresión, manifestándole a su vez que ya lo tenían agarrado entre cinco para pegarle, respondiéndole el policía ‘¿querés cobrar vos también?’”, redacta el fiscal en la declaración de Cabrera.

Bertolino continúa ante Lugones: “En ese momento, uno de ellos (los policías) le apretó los testículos con la mano, otros le apoyaron rodillas en la espalda y le doblaron las piernas hacia arriba. Enseguida lo esposaron para luego arrastrarlo por el asfalto y finalmente lo pusieron de pie, corrieron el vallado para dejarlo en un portón allí ubicado cerca de la intersección con la calle Viedma. Un par de policías se quedaron con Aramayo hablando, se les acercó el sujeto de nombre Sergio (el amigo de Ramón que los acompañaba aquella vez), le preguntó si lo iban a dejar libre o quedaría detenido, donde le informaron que quedaría cinco minutos detenido y lo largarían.”

Luego de reprimir a Aramayo, efectivamente, lo soltaron. Los tres coinciden en que lo vieron caminando a los tumbos luego de ser liberado. Que llegó a agarrarse de un árbol para no perder el equilibrio en su caminata tambaleante. Se acercaron rápidamente y lo hicieron sentar en un cordón, pidieron agua en lo de un vecino de la cuadra y se quedaron junto a él. “Me duelen mucho las piernas”, coinciden todos que susurraba Aramayo cuando le preguntaban cómo se sentía. Decidieron llamar a la ambulancia a través de dos policías vestidos de civil que habían ofrecido ayuda. En esos “15 o 20 minutos” que demoró en llegar la ambulancia, precisan los testigos, interpretaron que Aramayo se había desmayado.

Cuando llegó el SAME la doctora le revisó los ojos y el ritmo cardíaco. Fue suficiente para determinar que Ramón Aramayo había muerto y que ya no existían posibilidades de hacerle tareas de reanimación.

La asesina con dudas.

¿Quién lo mató?

“Lo mató la Policía. Le pegó y lo dejó tirado, como siempre hacen”, aseguró Mabel Flores a la salida de la Comisaría 44° la noche del mismo día en que asesinaron a su marido.

¿Lo mató la Policía?

“Sí, me parece que quedó claro”, le respondió a NosDigital Christian Bertolino más de 15 meses después del hecho. “Las pericias vinculan, en principio, al personal policial. Pero, además, tenemos la opinión de profesionales en el arte de curar que le dan una directa actuación en lo que es el desenlace en la vida de Aramayo”, dijo a esta revista Fernando Burlando, abogado de la familia, con los recaudos penales pertinentes.

Bertolino, luego de la muerte de Aramayo, ese mismo domingo, es llevado a declarar a la Comisaría 44° para que dé su relato de los hechos. Dos días después, en su declaración ante el fiscal, el martes 22 de marzo, se encargó de dejar en claro qué pasó en esa comisaría: “Los policías no querían dejar asentado que el desempeño policial con Aramayo había sido violento, que era evidente que querían inducirlo a alivianar la situación de los policías y que terminó firmando la declaración ya que se encontraba agotado por la situación que le había tocado vivir”. Son las textuales palabras que se escribieron en la declaración adjuntada a la causa. Por su parte, Juan Pablo Cabrera, el mismo día y bajo la condición de testigo afirmó poder “reconocer” a los policías involucrados. “Hace poco”, después de más de un año de ese testimonio clave de Cabrera, dice Bertolino que hubo una rueda de reconocimiento donde uno de sus amigos pudo reconocer a alguien.

¿Por qué lo mataron?

Se llegó a justificar semejante detención o “cacheo” diciendo que Aramayo no tenía entrada. Sus amigos Cabrera y Bertolino dieron fe ante el fiscal que lo único que podían asegurar a cerca de las pertenencias personales de Ramón era “que tenía la entrada y las llaves del auto”. La entrada que pareciera ser motivo de separar a la vida de la muerte estaba en el bolsillo de Aramayo.

¿Cómo murió?

“Fue por causas naturales”, se abarajó desde los medios enseguida. Durante el día de incertidumbre las mil hipótesis mediáticas no se hicieron esperar. Las fotos y videos de los de naranja sobre Aramayo que fueron apareciendo lo dejaron al descubierto. “¿Causas naturales? Si él no tenía nada…”, aseguró su esposa cuando salió el domingo de la comisaría de Liniers.

“Vinieron cinco o seis policías y lo sujetaron en medio de una lucha terrible. Lo tiraron al piso y Ramón cayó con toda la cara pegando en el asfalto y le salía sangre. Y cuando lo tenían boca abajo, otro policía le apoyó la rodilla encima y le empezó a dar con todo en las costillas, mientras otros dos le retorcían los brazos y las piernas y uno último le apretaba los testículos y aunque todos pedíamos que lo soltaran, seguían y seguían”, aclara Cabrera. La naturalidad de recibir traumas y heridas es inexistente: hay una historia de golpes y represión detrás de las lesiones no naturales de Aramayo.

Entonces: ¿Quién lo mató?¿Por qué? ¿Cómo?

La misma policía, la mismísima Comisaría 44°, la que golpeó, detuvo violentamente sin razón a Aramayo y luego se encargó de tomar, inducir y manipular las declaraciones ante los testigos sobre la muerte de la víctima, elevó su visión de los hechos al forense:
“’MUERTE POR CAUSAS DE DUDOSA CRIMINALIDAD’, según lo dicho por la prevención”.

Eso reza el informe hecho por la “prevención” previo a la autopsia. Es lo que recibió el forense Lossetti junto al cuerpo de Aramayo.

¿La prevención?

O sea, ellos. La Comisaría 44º, la misma que está acusada de asesinar a Rubén Carballo, un pibe de 17 años, en diciembre de 2009, durante un recital de Viejas Locas en Vélez. Esa que para los vecinos del barrio es la culpable de que Liniers se haya vuelto hace tiempo un reducto de talleres textiles clandestinos, prostíbulos y desarmaderos. La Comisaría 44º, una de las más cuestionadas de la Federal, que desde 2009 para acá tuvo cinco comisarios diferentes, removidos por el Ministerio de Seguridad de la Nación .

Hoy: dos causas, faltas de mérito represivo y desenlace incierto.

Rastrear la causa de Aramayo hasta la actualidad no es fácil. Las ONG que se vinculan con la violencia deportiva están corridas del caso por decisión de la propia familia. Los medios tampoco actualizan información al respecto cuando ya pasó un año y tres meses de su asesinato. Los testigos, con razón, no quieren hablar más, se atienen a lo que dijeron bajo la condición de testigos. Desde Salvemos al Fútbol, la ONG que acompaña a la mayoría de los familiares de las víctimas y que se compone por los mismos familiares, aseguraron haber perdido relación con la viuda de Aramayo.

Liliana Suárez, vice de Salvemos al Fútbol, cuenta: “Cuando ocurrió el hecho nosotros fuimos a acompañarla, a solidarizarnos con Mabel, a ponernos a disposición con la defensora del pueblo Muñiz. Pero hace un tiempito que nosotros no la vemos. Habrá cambiado el teléfono. No nos contesta. No sabemos nada desde hace un tiempo. Cuando fuimos olfateamos que los abogados que le manejan la causa le dijeron que no den mucha información. Nosotros somos prudentes y respetamos la postura de cada familia”.

Fernando Burlando, conocido abogado por sus casos mediáticos, atendió el teléfono y dejó en claro algunas cosas que hoy no tienen mucha luz ni cámara ni acción. La causa está en etapa de instrucción, es decir, todavía no hay un juicio oral que vaya a determinar la sentencia de los responsables del asesinato.

En esta etapa de investigación y de determinación sobre quiénes son procesados y quiénes sobreseídos, se encuentran tres policías imputados. Sus nombres, según el abogado de la víctima, son: Gutiérrez, Costó y Ayeche. Los tres se encuentran con falta de mérito. No hay pruebas suficientes, según el juez, ni para sobreseerlos, o sea, liberarlos de culpa y cargo, ni para procesarlos en un juicio oral que los pueda juzgar.

Gracias al testimonio de uno de los amigos de Aramayo en una “rueda de reconocimiento positiva”, según Burlando, se los indagó y se les tomó declaraciones. “No se hicieron cargo de nada”, afirmó el abogado. La fiscalía que interviene la instrucción es la de Patricio Lugones, fiscal de la causa, quien tomó las claras y coherentes declaraciones de los tres testigos. “El juez de instrucción es el N°10, Fernando Caunedo”, aclara el Dr. Burlando el dato, ese que es tan difícil de rastrear en el archivo de la causa.

Los allegados se encuentran a la espera de una resolución por parte de la instrucción. Con que queden imputados no alcanza, con la falta de mérito tampoco. Para ser juzgados deben ser procesados y elevados a juicio oral, si no hay un acuerdo entre partes previo.

“La familia quiere que se esclarezca la verdad. Todavía no se resolvió el estado procesal porque faltan algunas pericias y elementos para resolver la situación de esta gente (por los policías)”, actualiza Burlando. Por otro lado se inició un juicio civil por daños y perjuicios. No sólo por parte de la Policía Federal sino también por parte de los que “conllevaron la organización del espectáculo deportivo”. La AFA, en todo este tiempo, nunca dio la cara.

Mónica Nizzardo, presidenta de Salvemos al Fútbol, aseguró que desde Ministerio de Seguridad se habían comprometido a brindar información en el caso específico de Aramayo y después “nunca más le respondieron”. Según Liliana Suarez, desde la ONG, tienen “acercamientos miles de veces” con el ministerio, pero después no“dan nada”. “El propio Minsitro de Justicia, Julio Alak, se comunicó en varias oportunidades para ver cómo se desarrollaba el trámite de la causa”, aclara Burlando sobre la cartera de Justicia.

En lo civil se piden “1.400.000” pesos porque Aramayo era el sostén del hogar en el que ahora viven Mabel y sus hijos. En las mediaciones de esta parte del juicio el abogado afirma que se avanza, que se “llegaron a puntos aclaradores”. En cuanto a lo penal, es decir, quiénes van a ir presos por la muerte de Aramayo, la cosa va a otro ritmo. Burlando estipula: “En el término de días tendremos una definición de este tema. Ante la falta de mérito no habrá juicio, pero esta situación se puede revertir”.

Si la falta de mérito no se convierte en procesamiento se sobreseerán a los tres policías y ya nadie habría matado y reprimido a Aramayo. Deberá decidirlo el juez de instrucción N°10, Fernando Caunedo.
¿Por qué falta tanto mérito para procesar a los tres canas? ¿Falta alguna otra declaración que lo asegure? ¿Otro estudio que hable de sus heridas y contusiones? ¿Otro reconocimiento?

“Porque desde el punto de vista penal no hay un compromiso serio de la Policía. Están indagados y con una falta de mérito, todavía. Aquí deberán dirimir quiénes fueron los responsables: si Vélez Sarsfield y sus autoridades, si el operativo policial o si la gente encargada de la seguridad”, intenta explicar Burlando.

Hay algo que ni el abogado, con sus prudencias legales y penales obligadas, niega: “Fue castigado de una manera brutal y esto está acreditado. No solamente él, sino que hubo otras víctimas. Este cacheo desmedido, que podemos llamarlo brutal, obviamente lleva a la mujer de él a responsabilizar a los que a ella le parece que fueron los responsables. Pero –vuelve a pisar el freno-, tenemos que atenernos a la opinión de la Justica que, parece, es la verdadera voz de la realidad”.

Los demás policías que se evidencian en las fotos, videos y testimonios de la represión zafaron de todo, incluso de ser suspendidos en sus actividades. De esos “cinco o seis”, sólo hay tres que están suspendidos e imputados.

La verdadera voz de la realidad está afónica. Ni procesa ni sobresee. No dice. A los asesinos de Aramayo parecieran faltarles logros, laureles y méritos de represión para ser juzgados.