Escándalo confidencial

Monsanto desembarca en la educación pública con la firma de un convenio de cooperación con la Facultad de Ciencias Agropecuarias de la Universidad Nacional de Córdoba. La primera actividad prevista es la revisión del estudio de impacto ambiental de la planta procesadora que quieren instalar en Malvinas Argentinas. Pero los detalles del acuerdo deben ser silenciados.

La palabra “escándalo” suele reservarse en los medios de comunicación para describir peleas con los ex, fotos subidas de tono, casos de mala praxis con botox en nalgas, los dichos de la tía de, los rumores de la hermana del y un escandaloso etcétera que tiende a dejar de lado asuntos menos glamorosos – hay que admitirlo- como la política (obviando las ferraris y los puertos maderos), alejados de la farándula como la economía, y mucho más allá – o acá- de esos recintos extraños llamados universidades públicas.

Pero el 8 de agosto, día en que los calendarios indican como Día del Ingeniero Agrónomo, la Facultad de Ciencias Agropecuarias de la Universidad Nacional de Córdoba organizó una jornada de campo en la que ocurrió un homenaje impensado: su decano Marcelo Conrero firmó un “convenio específico de cooperación” (eufemismo que pronto desenmascaremos) de la Facultad que representa con la multinacional Monsanto Argentina S.A.I.C., por tres años y bajo cláusulas de confidencialidad.

La escena no sólo tiene un gran sentido de metáfora para el oficio del ingeniero agrónomo hoy, sino que el convenio se firmó junto a otros contratos mientras se almorzaba un asado y distintos números artísticos hacían lo suyo.

El récord que aumenta la lisergia de esta historia es el tiempo que el decano Conrero llevaba en su cargo al momento del contrato: dos meses.

Sumemos el parentesco directo por el cual se reclama la restitución de la palabra “escándalo”: el secretario general de la Facultad de Agronomía, Jorge Omar Dutto, miembro del equipo del decano Conrero, es también dueño de la asesoría Agroambiente, la que realizó el primer estudio de impacto ambiental de la planta de semillas que Monsanto pretende seguir construyendo en Malvinas Argentinas, Córdoba.

Ese estudio fue rechazado en febrero de este año.

La primera actividad que pactaba el nuevo convenio entre la Facultad y Monsanto, fechada ya para agosto y septiembre del 2014, era esta:

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Revisión del Estudio de Impacto Ambiental de la Planta de Procesamiento de Semillas de Maíz en Malvinas Argentinas.

Lo que está en juego

La autonomía de una facultad pública, su independencia del mercado, el valor del conocimiento genuino pueden ser consignas vacías pronunciadas en un contexto espacial y temporal en el que se están librando batallas urgentes.

Córdoba es una provincia sacudida por discusiones sobre el modelo agroproductivo, básicamente desde el monocultivo de la soja transgénica, su aplicación nociva para las poblaciones, y por el avance de las multinacionales del agronegocio sobre esferas de incidencia pública, política, económica y académica.

Su ejemplo permite ver en escala provincial la configuración de fuerzas, el avance de las corporaciones y, al mismo tiempo, la creciente organización, movilización y maduración ya no solamente de asambleas de vecinos locales, sino de un movimiento social conformado por amas de casa, abogados, psicólogas, docentes, científicos, colectivos periodísticos, personas, que emerge con objetivos, propuestas y métodos claros.

Algunos medios de comunicación los llaman, misteriosa y homónimamente, “ecologistas”, pero ellos han decidido rehusar a ese mote, planteando más complejamente que lo que defienden no es –solo- el ambiente, sino su vida, que no es que no quieren ver enfermos a los árboles, sino tampoco a sus hijos, que no piensan en exclusivo en la sustentabilidad, sino en sus nietos, y que al fin y al cabo no van a dejar que las empresas – a veces disfrazadas de ingenieros agrónomos, otrora de políticos, pero hoy identificadas claramente con un enemigo: Monsanto- hagan lo quieran donde están ellos.

El caso actual, que se ha transformado en un símbolo internacional de la lucha contra Monsanto, resume esta disputa territorial y es el de los vecinos de Malvinas Argentinas, una de las localidades más pobres de Córdoba donde la multinacional pretende construir una planta productora de maíz transgénico.

Organizados como asamblea Malvinas Lucha por la Vida, y apuntalados por las Madres de Ituzaingo que libraron y ganaron una batalla similar, al día de hoy mantienen un bloqueo en la planta que impidió su construcción y motivó la revisión de los estudios de impacto ambiental rechazados por la Justicia que llegó a paralizar la planta.

La denuncia apunta a cómo semejante estructura de silos podría seguir enfermando a los malvinenses, entre quienes 25 de cada 100 mujeres pierden sus embarazos, donde en algunos barrios la posibilidad de contraer cáncer es ocho veces mayor a la media nacional, y la de tener hijos con malformaciones, más del doble. Todo, según estudios de la propia Universidad Nacional de Córdoba hoy en cuestión.

Estos son los resultados silenciosos para Malvinas por ser durante años una localidad sojera por excelencia, que conoce bien a Monsanto: la empresa es la principal proveedora de semillas transgénicas a los productores, de ahí y del país. Y del mundo. Semillas que a su vez demandan una serie de agroquímicos nocivos para la salud. Y la lógica de producción que aplica poca mano de obra, poco tiempo, destrucción de suelos y ecosistemas, y mucho, mucho dinero.

La nueva jugada de Monsanto sobre la Facultad de Ciencias Agropecuarias no parece novedosa, menos en el contexto cordobés, menos si suponemos la incidencia de las corporaciones en ámbitos académicos en general, pero sí se trata de un gesto que promete ir hasta las últimas consecuencias en la pulseada del “sí” o el “no” en Malvinas Argentinas, lo que es igual a ganar o perder el talón de Aquiles de su credibilidad (llámese vigencia, llámese poder, llámese negocio) en Argentina, en la región y en el mundo.

Las pruebas lo remiten: la planta que Monsanto pretende construir en Malvinas sería la más grande del mundo.

Eso, ni más ni menos, es lo que está en juego.

Que no se entere nadie

La nueva trinchera es la Facultad de Ciencias Agropecuarias de la UNC, donde Monsanto pretende desembarcar formalmente “a fin de promover y desarrollar actividades conjuntas de investigación científica, ensayos, capacitación, divulgación, inserción laboral u otras”, según reza en el convenio al que pudo acceder NosDigital. En él, además de estos escándalos que suponen la vinculación académica directamente con una empresa que tiene intereses en la región, figura un cronograma que estipula actividades conjuntas incluso desde agosto de este año -cuando el convenio fue firmado el día ocho- hasta julio del 2017. Las actividades más urgentes según el contrato son, precisamente, las vinculadas a estudios (agosto y septiembre de 2014) y auditorías (enero y diciembre 2015) de la planta de procesamiento de semillas de maíz en Malvinas Argentinas.

A cambio, la empresa ofrece ensayos de campo, capacitación de docentes, cooperación en la enseñanza de alumnos de grado y posgrado, viajes de aprendizaje, pasantías e inserción laboral. La pregunta es si la Facultad se beneficia con esto, o sigue ganando Monsanto. La cooperación más contundente, claro, es la económica: “La ejecución del proyecto no demandará compromisos económicos para La Facultad y los gastos que demande la realización del presente convenio y el desarrollo de las actividades previstas serán cubiertos por La Empresa”. No se habla sin embargo de presupuestos, sino de la ejecución de fondos de acuerdo a las actividades concretas a determinar.

Por lo demás, el convenio está repleto de eufemismos y tecnicidades que disfrazan estas actividades bien prácticas. Sin embargo, otro de los puntos inquietantes a simple vista es el artículo noveno, cuyo título es “confidencialidad”. En él hay cuatro especificaciones que regulan la comunicación de las informaciones que se pretenden hacer circular entre la Facultad y Monsanto: la información que se entregue es propiedad de la Parte suministrante y es confidencial. Las Partes “se obligan a no copiar, comunicar, distribuir, diseminar o exponer o, de cualquier modo, revelar la información confidencial”, y la obligación de confidencialidad “no tendrá plazo de extensión ni vencimiento”, ni siquiera ante la extinción del convenio.

Confidencial resultó ser además el propio convenio, a cuyas copias ni los estudiantes – ni a partir del centro de estudiantes-, ni docentes ni integrantes del concejo académico pudieron acceder hasta 28 días después de que se firmó: el decano Conrero lo firmó por “resolución decanal”, es decir sin debate ni participación de otros claustros de la Facultad ni de la Universidad.

El hermetismo sólo hizo aumentar la alerta de los pasillos de la Facultad, que habían quedado mareados de aquella jornada campera de asado, música y Monsanto, pero no desprevenidos: “Ese día se montó un circo, un acto poco serio en el que se firmaron 13 convenios con distintas empresas. Además de Monsanto, otro fue con la Asociación de Aeroaplicadores de Córdoba…”, relata Cynthia Garay, Consejera Directiva por el Claustro estudiantil. “Sabíamos que los contratos venían por un lado perverso. Las faltas de prácticas son un reclamo estudiantil de hace años, nos quisieron hacer creer que los convenios venían a solucionar ese reclamo”.

El lugar donde se hacen estas prácticas es el propio campo que tiene la Facultad, en las afueras de Córdoba, mismo sitio donde se firmó el asado con Monsanto: “El 80% del campo está alquilado, está tercerizado a productores”, relata Cynthia, dando una de las razones por la que no pueden desplegar sus prácticas de manera libre y genuina. Otra no-metáfora de esta Facultad: “Y cuando vamos al campo, nos dan clases en aulas”.

Lo que reclaman los estudiantes es todo lo contrario: “Imaginate -propone Lucas, estudiante de Ingeniería Agrónoma de la Facultad – en la provincia más sojera del país, todas las actividades curriculares que se hacen apuntan a salir lo antes posible vendiendo agroquímicos y trabajando para cualquier empresa agropecuaria”.

Ingenieros del agronegocio

Lucas tiene dos particularidades: está a punto de recibirse, por lo que tiene la mirada larga del asunto; y vive en Malvinas Argentinas y es integrante de la Asamblea que resiste la instalación de la planta de Monsanto.

Desde su lugar informa que la Facultad viene siendo copada no por Monsanto, que al fin y al cabo es una empresa de nombre y apellido, sino por algo peor, que es la lógica Monsanto, que tiene que ver con la ingeniería pensada desde el agronegocio, los transgénicos y los pooles de soja: “En el 2006 nos cambiaron el plan de estudios: perdimos materias como reproducción y sanidad animal, de ganadería, que fue el fuerte de Córdoba toda la vida; también nos sacaron `manejo de ecosistemas marginales´ y la tesis. Es como mucho más sencillito para recibirse y vincularlo al trabajo de una empresa”.

Otra encarnación de lo que Lucas relata es la docente de la Facultad Alicia Cavallo.

Al otro día de la firma del convenio, 9 de agosto, en el marco de los festejos por el Día del Agrónomo, la docente Cavallo junto al decano Conrero dieron una charla en Malvinas Argentinas. La jornada fue llamada “cambiemos temor por conocimiento” y, según el portal agroverdad.com.ar, fue iniciativa y requerimiento de la FM Chaty de Malvinas, una radio que se jacta de ser comunitaria pero que la Asamblea viene denunciando como cooptada por la empresa Monsanto, en otra de sus estrategias de comunicación y confusión.

La ingeniera Cavallo es docente en la Facultad en la materia “uso seguro de agroquímicos”: “Invita a Monsanto, directamente, o a semilleras como Cargill o Nidera. No tiene ningún problema: está segura que este modelo productivo es el que va”, cuenta Lucas, alumno suyo.

Vanesa Sartori, psicóloga integrante de la Asamblea Malvinas lucha por la Vida, denuncia sobre las conexiones que explican esta historia, más allá de los convencimientos: “El marido de Alicia Cavallo tiene una estación de GNC en Malvinas Argentinas, y en ella se pretendía construir el estacionamiento de camiones en caso que la planta de Monsanto se instale. Es decir que Cavallo tiene intereses creados en Malvinas”.

La docente Cavallo, el decano Conrero y el secretario Dotto son los nombres propios de este entramado que se concreta con el convenio firmado, pero resultan anecdóticos si entendemos el marco de la lucha que proponen los estudiantes: “Es parte de una lucha histórica que viene de la ley de educación superior, una ley menemista que le abre la puerta a las empresas, que dejan a las universidades con muy poco presupuesto. La lucha es porque la Universidad no esté condicionada, que no deje de estar a disposición del pueblo, de la sociedad, de los que más la necesitan, que son inclusive los que están bancando la Universidad, para estar a disposición de privados”, plantea Cynthia, del claustro estudiantil.

Pasado y futuros

Ni los contratos confidenciales entre empresas y universidades ni la soja tienen buen prontuario en Córdoba: la Universidad de Río Cuarto y la empresa Smet, apoyada por la Aceitera General Deheza (ADG), contrajeron un convenio que terminó de manera fatal el 5 de diciembre del 2007, con seis docentes y un estudiante muertos, 24 heridos, cuando en los laboratorios de la facultad se experimentaba para acelerar los tiempos de extracción y elaboración del aceite de soja y estallaron barriles de hexano. Enseñanza de esa triste experiencia, la Universidad de Río Cuarto se convirtió luego en la primera en rechazar los fondos de las regalías mineras; participó como un integrante más de la Asamblea Río Cuarto sin Agrotóxicos; creó el observatorio de Conflictos Socio Ambientales; impulsa proyectos agroecológicos en la región; y cuestiona seriamente el modelo de agronegocios.

Semejante transformación fue producto de un escándalo como el que ahora protagoniza la Facultad de Ciencias Agrarias de la Universidad de Córdoba, y gracias a los estudiantes y docentes que encaran cambios evidentes que parecen imposibles.

Así, con movilizaciones e irrupciones en los recintos de decisión, lograron que el rector de la Universidad Nacional de Córdoba se pronunciara en contra del reciente convenio entre Agrarias y Monsanto, que el decano Conrero suspendiera la vigencia del mismo y pateara su determinación para una jornada de debate prometida para octubre aún sin fecha.

El escándalo está garantizado.

Sintonicemos.

 

Descargar el convenio de cooperación. 

“Me la gasté viajando”

Rodolfo robaba casas de cambio. Era su trabajo. En 1990, ya estaba salvado económicamente, pero no pudo parar y terminó cayendo preso. Pensó que la mejor manera de fugarse era hacerlo desde donde funcionaba el Centro Universitario de Devoto y se anotó, pero terminó recibiéndose de sociólogo. Ahora es docente y esa es su militancia. Desde ese lugar, asegura: “La idea de reinserción social es una fantochada”.

Cada vez que salí a la calle, que recuperé la libertad ambulatoria, sentí una sensación de plenitud muy fuerte. Después de un tiempo prolongado de no poder avanzar más de algunos metros en linea recta porque te chocás con una pared -si tenés ganas de caminar tener que ir diez metros para acá, diez para allá. Podés caminar mil metros, pero así-.

Después de un tiempo de no ver más que canas patibularias.

De vivir en un ambiente en que tu vida depende de las herramientas que desarrolles para evitar conflictos o resolverlos de manera violenta.

Pasado un tiempo largo en un lugar sin ley en donde uno tiene que ser su propio guardaespaldas, no solo cuidarte de los presos sino de los propios carceleros.

Cuando salís a la calle después de la prisión es una explosión de plenitud que no la puedo comparar con otra cosa, salvo con llegar al mar.

Esa inmensidad: solo lo puedo comparar con eso. Es una plenitud muy impresionante.

Aunque veas a la gente con cara de orto, preocupados, aún en las peores condiciones, salir me ha generado alegría incontenible.

Por un instante junta las manos extendidas en forma de T. Me dice que lo espere un rato en el pasillo del centro cultural donde da clases. Lo miro desde la ventana de esas aulas nuevas, que son más bien una pared completa de vidrio. El alumnado pasa cómodo las seis décadas. Rodolfo es profesor de computación. Saluda a cada una de las señoras y algún que otro hombre mayor también. Y arrancamos a caminar juntos.

-¿A qué te dedicabas?

-Robaba entidades financieras, básicamente casas de cambio. Sobre todo las cajas negras de las casas de cambio en los fines de los ochenta con Alfonsín. Eran muy redituables. Situación parecida a la actual con el dólar negro, pero con la diferencia de la aplicación de la tecnología a la vigilancia. Estamos bastante más vigilados hoy. Durante una época que fue muy redituable me dediqué también a robar autos importados y camiones.

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Rodolfo

 

-¿Cómo se elige a quién robar?

-La moral aparece ahí no tanto en la decisión de robarle al que tiene más, sino en la de no robarle al que tiene poco o casi nada. En eso hay una decisión ética que tuve siempre. El riesgo es el mismo si robás un kiosco o un banco, la pena y las posibilidad de que te maten van a ser las mismas. A partir de ahí apuntas a quien más tiene.

-¿Cuándo se dice: “Hay que parar, es suficiente”?

-No hay modo. En teoría debería haber una forma, pero no. Cuando se llega al nivel de las cosas en el cual ya no se necesita en términos económicos meterse en más líos, la verdad sea dicha: no pasa solamente por la cuestión del dinero.

-¿Llegaste al momento de decir “estoy bien parado, ya no necesito”?

-La mayoría del rédito económico que tuve me la gaste viajando. Pero en 1990, no necesitaba seguir con lo que hacía.

-¿Eso te da más bronca o lo entendés?

-Cuando lo podés mirar en perspectiva, entendés que no es sólo la cuestión económica. Así como no se puede explicar en un esquema sencillo las causas que llevan a una persona a delinquir, tampoco se puede explicar fácil por qué no deja de hacerlo cuando económicamente está bien. La bronca la pude transformar en otra cosa. Obviamente sí pienso: tenía todo, no necesitaba hacerlo, pero seguí y tuve ocho años de prisión. Qué pelotudo. Qué infeliz. Qué hijo de puta. Pero además qué puedo analizar: hay repeticiones que tienen que ver con la estructura mental. Se me hacía difícil tener un ejercicio diferente. Siempre que salí en libertad tuve la intención de dejar de delinquir, pero sostener en la práctica una vida dentro de la legalidad se me hacía muy difícil, incluso cuando pude en los primeros tiempos laburar como docente. Había cuestiones que no tenía resueltas en la cabeza.

-¿Qué se vuelve complejo de asumir?

-Es difícil salir del círculo delictivo, pero más difícil es armarse otro escenario y sostenerlo. Hay un cierto prejuicio en cuanto a cómo uno tiene que mantenerse. Convengamos en que ni hoy ni nunca fue fácil vivir con un sueldo, y menos si es de docente. Cuando dejás de estar preso tenés que enfrentarte a un montón de cuestiones que no hacías en condición de encierro. Tenés que pagar la luz, el gas, el teléfono, los impuestos. Subir a un bondi y pagar. Mientras estás encerrado todas esas cosas desaparecen de tu vida. Cuando salís, ya ese día tenés que ver cómo ganarte el mango. Y muchas veces significa, hasta que cobres el primer sueldo, que alguien te la preste. Que alguien te sostenga. En términos económicos y en términos anímicos. Y aceptar eso implica todo un laburo mental. Cuando uno fue siempre autosustentable e incluso proveedor de todo su círculo familiar y afectivo. Cuando las personas salen, vuelven de una situación de infantilización carcelaria a responsabilidades de adulto de nuevo, donde muchos esperan que uno vuelva a ocupar aquél lugar determinante. Y uno no está en condiciones de hacerlo, pero querés ocupar ese lugar. Por vos y por lo que esperan los demás. Se genera un quilombo muy fuerte. Es una cuestión de poder.

-¿Cómo se le explica a una familia la chance de caer preso?

-No hay modo. Aunque puede haber diferentes condiciones. Me tocó caer cuando mi familia sabía a qué me dedicaba. En otra ocasión, que formé otra familia, mantenía oculta esta vida. Y el día en que caí fue un quilombo terrible. Irrecuperable. El golpe fue muy duro y se desarmó todo. Cuando la cosa está asumida, la casa es parte del asunto. Las cosas se soportan. De alguna manera se tiene previsto que puede pasar eso, entonces hay un fondito. Pero para explicarle a mi piba que yo no iba a estar por un tiempo porque había caído en cana, tuve que armar una historia. Y dije que estaba en Punta Cana, que es un lugar del caribe también, viste. Imaginate los comentarios en el colegio: ¿en Punta Cana tanto tiempo? De ahí tuve que pasar a la versión de que estaba en Cuba, era más creíble.

Revuelve con la mano rodeada por una cicatriz ingente para mezclar el par de sobres de azúcar en el té con limón. Responde tranquilo Rodolfo. Tiene sus formas bien claras. Arranca cada respuesta con una negación, a la que después proseguirá una explicación desarrollada donde el vocablo posibilidad va a tener su protagonismo. Bien parecido a su vida.

-¿Cómo fue estudiar dentro de la cárcel, en el Centro Universitario de Devoto (CUD)? ¿Por qué elegiste sociología?

-En realidad no tenía intención de estudiar. Cuando arranqué, estaba en una situación compleja en términos procesales. A esta altura, año 1990, volvía a tener conflicto con la Justicia. Entonces ya era reincidente: o sea que era una persona que, por lo menos dos veces, se expone a una condena. La figura de la reincidencia para esos tiempos implicaba que cualquier condena que se dictara tenía que ser cumplida de punta a punta hasta el último día. Venía con un expediente bastante denso en esa ocasión: tenía armas de guerra, automotores, toda clase de delitos que sumaban una posibilidad de condena de 15 a 20 años. Así que la situación era negra. Ante esa perspectiva, el horizonte de uno se va trastocando. Mi pensamiento era, bueno, de acá de alguna manera me tengo que ir antes. La única perspectiva en esos momentos era la fuga, no había posibilidades legales. Me enteré que había empezado a funcionar el Centro Universitario en un sector de la cárcel que quedaba en un subsuelo y bastante cerca del muro. Hacer un túnel desde allí, implicaba la mitad del esfuerzo. Me intereso por el CUD en aras de ese proyecto. Esa fue la primera motivación. Cuando empiezo a bajar todos los días al CUD y empiezo inevitablemente a meterme en la vida política del lugar, y a ver de cerca cuál era la utilidad del conocimiento en cuanto a herramienta de autoayuda y ayuda a los demás en términos de asesoramiento jurídico, las cosas cambiaron.

-¿Tenías el secundario completo?

-Ni a gancho, pero ya existía el sistema de UBAXXI. A la par que hago cuarto y quinto año, empiezo a hacer el CBC. Me pasaba de 9 a 18 todos los días de la semana ahí. Eso fue generando un proceso que fue reemplazando la idea de la fuga por la idea del estudio. En definitiva, creo que existió una variable que desconozco, que estuvo relacionada con la posibilidad de cambiar de vida. La reincidencia es un segundo cachetazo, y uno tiene la tentación de reflexionar sobre eso. En principio por supuesto que me interesaba Derecho como a la mayoría de las personas en esa situación. Pero con 25 años, cuando arranqué las materias Sociología y Antropología en el CBC, se me dio vuelta la cabeza. Conocía de pibe la teoría del valor de Marx, pero cuando pude acceder a Foucault, Weber, definitivamente poder hacer un análisis de la realidad social desde otro lugar me atrapó. Me abrió la cabeza de un modo que no pude retroceder y me abracé a la sociología.

-¿Y saliste antes?

-Para fines del 97, logré una libertad anticipada. Frente a los 18 años que tenía, a los 7 años y poco pude salir. Vino por el lado de la modificación de las leyes contra los reincidentes, no por el buen comportamiento, que en la cárcel es todo un tema. La gente es calificada como en el colegio con una especie de boletín. Las calificaciones tienen que ver con conducta, con que una persona no cometa infracciones, que no tenga sustancias prohibidas, que no se pelee; y con el concepto que determinan la autoridad penitenciaria -los carceleros- que manejan un criterio de subjetividad muy fuerte, de acuerdo a si usás barba, si tu ropa está limpia, si te manejás con amabilidad. Entonces tenés que desarrollar toda una cintura política para mantener tus principios y la nota esté acomodada sin transar con los carceleros. Es todo un laburo de astucia. Logré mantener eso, y como toda la militancia que generó esa primera generación que estudió de forma orgánica en el CUD tenía la senda libertaria, no la de buscar quilombos estúpidos adentro, nos habíamos ganado el respeto y hasta nos temían un poco, tanto los muchachos como los guardias. Al haber adquirido herramientas, podíamos manejarnos con recursos y a la policía eso le asustaba, por desconocido.

-¿La reinserción en vos tuvo éxito?

-No. En realidad, siempre es un fracaso. La idea de reinserción social es una fantochada. Genera la posibilidad de que puedas salir a la calle antes e intentes un cambio en tu vida, pero ese cambio depende completamente de uno. No hay posibilidad de que una persona sea sometida a un tratamiento en condiciones de encierro que pueda generar algo bueno. El encierro en sí es un escollo imposible de salvar para cualquier tipo de tratamiento, pero esto es una cuestión más profunda. La estructura del trabajo por la reinserción social es solo una farsa para sostener puestos laborales para psicólogos, asistentes sociales y demás.

-¿Hubieses estudiado igual?

-No creo. Al paso que venía no creo que hubiese estudiado. El estudio académico en sí no te libera, lo que puede hacer es generar un contexto de posibilidad. Cuando se suman a condiciones internas por ahí podés hacer el click y cambiar, pero por ahí también fracasás. A mí me pasó, lo intenté y fracasé, y volví a caer en cana. Hasta ahora vengo manteniendo una línea de acción en la cual no entra como posibilidad el delito. No porque entienda que está mal delinquir en esta sociedad, ni porque entienda que las leyes tal como son deberían ser respetadas todas. Sencillamente porque sé que mi vida por ese camino estaría terminada, en breve. Pero además entendí a través del estudio y la práctica pedagógica la posibilidad de ser el otro actor: el docente. Ahí encontré una especie de sentido a trabajar. Estar frente a un aula no es simplemente vender tu fuerza de trabajo. Es un plafón que me permite militar.

Interrumpe. Un llamado al celular. Habla del mecánico y del equipo de gas de la Kangoo roja que lo hace renegar. De un viaje a Entre Rios para el día siguiente. Es que hace algunos viajes -me explica después- cada vez que puede, para sumar al sueldo docente.

-¿Cómo lo llamabas vos? -Un trabajo. -Bueno, ¿cuándo se dice que terminó un trabajo?

-El trabajo no terminó hasta que uno no está en su casa o en el lugar que quedaste donde vos sabés que ya estás seguro. Ahí terminó el trabajo y ahí estallás. Si el objetivo consiste en apropiarse de guita, el momento en que vos tenés el montón de dinero arriba de la mesa contándola, ese es el momento de culminación feliz de todo un proceso que es muy angustioso, muy peligroso, muy desgastante que te deteriora mucho la cabeza.

-¿En qué te deteriora la cabeza?

-Escuchame, no tiene nada de natural que vos dediques días y meses a vigilar un lugar, a establecer posibilidades de escape, ritmos de los semáforos, frecuencia de las rondas de los policías. A ver la realidad de otro modo. Yo no nací para eso, nadie nació para eso. La dinámica puede llevar a una persona un tiempo a mirar unas cosas precisas, cuando podría dedicarlo a mirar otras cosas: las minas que pasan o las texturas de las paredes. O la explotación. Pero todo eso se borra de la escena, porque te convertís en una máquina de observar el escenario del crimen. Y después vas y lo cometés. Por lo cuál estás sometiendo a otras personas, aunque no les pegues, no las insultes, no las maltrates. En ese sentido siempre fui muy cuidadoso, porque soy consiente que si acá hay un montón de dinero no es mío ni de nadie que esté ahí, es del dueño del lugar. Pero entran los ladrones y tienen que apretar a quienes estén. El dueño no está. Nunca se me fue de la cabeza que a las personas que tuve que interpelar para hacer un trabajo sufrieron con gran probabilidad un trauma de por vida y no merecen pasar por eso. Que van a tener pesadillas con eso, que van a tener temores. Que la policía después va a ir a apretarlos creyendo que hay un entregador. Siempre lo pensé. Es mucho mayor esa culpa que la de haber infligido la ley o haberme llevado algo.

-¿Qué pasa por la cabeza cuando sabés que ya estás al horno, que se pudrió todo?

-Fueron muchas veces. Pasé por situaciones diferentes. Uno dice, bueno se pudrió. Puede significar que están viniendo o que ya están acá. Hay una diferencia importante. Si están viniendo, por ahí te vas. Si ya están acá tenés que irte por la fuerza. Pero si ya están acá y además están atrás ya el problema es mucho más grave: no tenés salida que no sea salir tirando. De esas situaciones tuve algunas. De algunas me fui, de otras no.

La adrenalina te vuela la peluca, sos más animal que otra cosa, puro instinto de supervivencia. A veces logré mantener la cabeza fría. Eso te ayuda a calcular los movimientos con mayor precisión.

Tirar. Agacharte. Ahí opera mucho el miedo. El miedo a morir es muy paralizante. Cuando llegás a la situación de poder manejarlo tenés muchas probabilidades de irte. En esos momentos no pude establecer la diferencia si era miedo a morir o a caer en cana. En el fondo creo que tenia más miedo a caer preso.

-¿Hoy podrías volver a aquella vida?

-En estos años lo que más operó en el sentido de no volver tiene que ver con el paso del tiempo, la edad, con la seguridad de que si hoy me pasara algo, no soportaría una cantidad de años detenido. No lo soportaría. De algún modo preferiría morirme. Creo.

-Además de ese pequeño o gran trauma que le pueda generar a la gente que se cruzó con vos trabajando. ¿Hay algo que te incomode con lo que hiciste?

-Más que nada las consecuencias en las personas que querés y que te quieren. Eso se siente. Yo he generado mucho daño en mi círculo íntimo. He sido un tipo bastante hijo de puta, de generar malestar. Por consecuencia de mis cagadas. La onda expansiva de mis quilombos ha afectado a mucha gente muy querida y muy valiosa. Es un peso imposible de resolver.

-¿Esto sí es libertad?

-De ninguna manera. Nadie está en libertad. Todos estamos en libertad condicional. Desde el psicoanálisis, desde el marxismo, desde donde lo quieras mirar, hay un imperativo social que implica la represión de tus deseos. Hay diferentes tipos de prisiones. Hay hogares que parecen cárceles, infiernos. Nos acostumbramos a ciertas condiciones de vida y las naturalizamos, y no queremos ver mayormente que estamos en pelotas en términos de libertad. Desde este punto de vista, nadie está en libertad. Pero además, estamos en el capitalismo.

Jugá a ser profesor

Ser maestro es bien difícil en la Ciudad de Buenos Aires. Llegar a cargos es todo un recorrido donde hay que cruzarse por toda una suma de puntos. Los sindicatos alineados con el oficialismo consiguen mejores posiciones. Pase y disfrute en este simulador, donde por un rato podrá jugar a ser profesor. 

Agarre lápiz y papel que está por comenzar La carrera docente. Aquí, usted podrá ponerse en la piel de un trabajador de la educación porteño y, en base a sus decisiones, podrá avanzar o no por el Sistema de Clasificación Docente, y así conseguir mejores oportunidades de trabajo. Pero no se engañe, no necesariamente la mejor opción para su desarrollo intelectual conlleva un beneficio en las Juntas de Clasificación. Prepárese y a disfrutar.

Instrucciones:

 

Idea General: El juego propone las condiciones de progreso laboral de la docencia una vez que se han recibido de la Universidad o Profesorado. Ganará quien logre acumular, en el menor tiempo posible, la mayor cantidad de puntos, que lo ubicará en una posición muy ventajosa en la Junta de Clasificación Docente de Capital Federal, obteniendo así los mejores empleos que el Ministerio de Educación puede ofrecer en la esfera pública. Pero cuidado, tendrá la desdicha de tener que elegir entre sus gustos, sus convicciones y sus intereses.

Modo de Juego: Antes de comenzar, el jugador deberá escoger entre iniciar su camino como Licenciado o como Profesor. Dependiendo de la elección se le presentarán problemas y posibilidades diferentes.

Final del juego: Una vez que haya transitado todo el recorrido académico, deberá sumar la cantidad de puntos que cada casillero que ha seleccionado durante el juego, junto con los tiempos que a éstos se le computan. Aunque un mayor puntaje y poco tiempo lo posicione ante mejores perspectivas laborales, ¿se habrá usted formado de la mejor manera?

 

“La carrera docente”, ¡el juego!

 

-Modo Licenciado.

1) Licenciatura (6 puntos/ 6años): Ha elegido la opción más difícil. Luego de una larga carrera universitaria, la Junta de Clasificación le da el mínimo para su arranque, ya que considera que tiene un título “habilitante”. Atención, las dificultades recién comienzan.

– En este instante debe elegir entre dos opciones: Doctorado o Posgrado. No se olvide de la relación puntos/tiempos.

2.1) Doctorado.

a)   En la misma universidad donde hizo la licenciatura (0 puntos/5 años). Otro esfuerzo en vano. Sigue gastando energías y tiempo en su formación sin recibir beneficio alguno. Todavía está en el lugar que inició, ya que se considera al doctorado como parte troncal de su estudio universitario.

b)   Otra universidad de la que hizo la licenciatura (2 puntos/ 5 años): Ahora sí recibe algunos puntos, pero todavía continúa lejos de sus competidores. Tranquilo, ahora puede recortar las distancias.

2.2) Posgrado.

b)   En la misma universidad donde hizo la licenciatura (0 puntos/ 2 años): tal como en el caso del doctorado, se considera que la permanencia en la misma facultad es parte del tronco común de la carrera.

c)   Otra universidad que hizo la licenciatura (1,5 punto/ 2 años): ¡Buena elección! Entre todas las opciones, esta es la más acertada si está pensando en la relación tiempo/puntaje.

Ya está llegando a la meta de este primer recorrido. Sin embargo, ahora empiezan las decisiones más complicadas: la elección de cursos. Advertencia, el rol político de los sindicatos que los dan y su adscripción con el gobierno de turno juegan una parte esencial en el puntaje que le reservan por cada curso que éstos dan. Así que ahora tendrá que contraponer búsqueda de conocimiento con el amiguismo o combatividad sindical.

¿Está dispuesto a seguir sus convicciones cuándo puede beneficiarse por hacerse a un lado?

3) Cursos.

El Estatuto docente concede 0,003 puntos por cada hora cátedra. Sin embargo, entre éstos, los de mayor puntaje suelen ser los semi-presenciales.

a)   Cursos realizados por sindicatos colaboracionistas con el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. i) “Escuela, TV y vida cotidiana”, por el Sindicato de Educadores de Buenos Aires, SEDEBA (0,495 puntos/ 1 año, no presencial). O ii) “Mediación en la escuela” por la Unión Docentes Argentinos, UDA (0,288 puntos/ Medio año, semi presencial).

b)   Cursos realizados por sindicatos no alineados con el Gobierno de la Ciudad. iii) “Los aportes de los estudios de género a la educación” por Asociación Docente de Escuela Media y Superior, ADEMYS (0,135 puntos/ Medio año, presencial) Este sindicato posee el honor de haber rechazado cualquier negociación con el gobierno del PRO: “Lamentablemente, el gremio Ademys nunca ha firmado un acuerdo salarial con el gobierno de Mauricio Macri”, deslizó el Ministro de Educación Esteban Bullrich a fines de febrero de este año. IV) “Aprender con los chicos: El derecho a ser escuchado”  por la Unión de Trabajadores de la Educación, UTE (0,36 puntos/ Medio año, presencial).

Ha terminado el Modo Licenciado. Por si se ha perdido en el camino, recapitulemos. Usted inicia con 6 puntos e inmediatamente agréguele 0,5 puntos por el secundario. A partir de allí, elija entre seguir el doctorado o el posgrado y finalmente entre los distintos cursos que se le ofrecen. Ahora sume los puntos y los años que le ha llevado cada decisión. ¿Cómo le ha ido?

-Modo Profesor 

4) Profesorado (4 años/ 9 puntos). La Junta de Clasificación lo felicita, ha comenzado con el mayor puntaje posible. A diferencia de la Licenciatura, éste título se lo considera como ”docente”.

CursosRetorne al punto 3). Allí escoja entre a) y b).

5) Postítulos. Tienen el mismo valor que un posgrado, doctorado, maestría, pero con la facultad de que no se dan en instituciones universitarias.

a)   En Sindicatos aliados al Gobierno de la Ciudad. i) “Especialización Superior en Tutorías del Nivel Medio” por UDA (1 punto/ 1 año y medio, a distancia). ii) “Especialización Superior en Gestión Directiva de Instituciones Escolares” otorgado por SEDEBA (2 puntos/ 18 meses, semi presencial). ¡Gran puntaje! Si ha escogido esta última opción ha recibido el mayor de los puntos posibles por estos títulos en un tiempo record. Se adelanta rápidamente de sus competidores.

b)   En Sindicatos no alineados al gobierno macrista. i) “Especialización Superior en Literatura Infantil-Juvenil” por UTE (1,5 puntos/ 1 año, presencial). ii) “Diplomado Superior en Ciencias Sociales con mención en Psicoanálisis y Prácticas Socio – Educativas” por UTE en convenio con la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales, FLACSO (1 punto/1 año, no presencial). ADEMYS no otorga ningún postítulo. En menos años, pero con mayor intensidad. Suma bien frente a sus rivales.

Fin del Modo Profesor. Arranca con beneficios en relación con los Licenciados: con menos tiempo en los profesorados ya se asegura un digno arranque por las Juntas de Clasificación Docente. La posibilidad de hacer cursos y postítulos le permite hace que su curva ascendente no se detenga. Ahora, sume los 9 puntos iniciales, junto con los 0,5 por el secundario; luego vuelva hacia el punto 3) y elija entre los cursos. Finalmente, vaya entre los postítulos y listo. Ha terminado.

 

Otras combinaciones.

Ambos modos pueden combinarse: puede hacer el Licenciado y evitar pasar por los doctorados o posgrados y hacer un postítulo junto con los cursos. ¡O simplemente cursos! Lo mismo para quien haya optado por ser Profesor, aunque no podrá hacer posgrados o doctorados, puede evitar el postítulo y avocarse a los cursos. En ambos casos tienen la oportunidad de hacer 6)Otro Título. a) Profesorado (3 puntos/ 4 años) b) Licenciatura (6 años/ 2 puntos).

Posibles resultados

Hagamos algunas comparaciones posibles: Un licenciado graduado en la Universidad de Buenos Aires, UBA, y que haya hecho ahí su doctorado, al cabo de 12 años de carrera –como mínimo- tendrá solamente 6 puntos. Un profesor que haya hecho un postítulo y un curso, al cabo de 6 años tendrá el doble que el doctor.

El juego ha terminado

Ya ha hecho las cuentas y, ¿está contento con el resultado? Títulos de mayor peso -doctorado- en una Universidad puede no valer nada frente a un título menor -postítulo- realizado por un instituto terciario, ni hablar de la duración de ambos. Lo mismo entre cursos presenciales y los no presenciales, o si comparamos las temáticas, las búsquedas de cada uno de ellos. Tal vez, haciendo un par de cuentas se ha puesto en el lugar de un docente, a quien no se le premia necesariamente por su búsqueda formativa, sino por una buena combinación de sus tiempos y por las ofertas que los sindicatos o institutos hagan. Este es el complejo mundo de la enseñanza pública porteña.

“Que Sahara sea colonia implica a Occidente”

Bien al norte de África, se erige una nación a la que no dejan convertirse en independiente. Sahara Occidental sufre el colonialismo marroquí en su etapa de poscolonialismo español. La explotación no se acaba. Nos juntamos con Luz Marina Mateo mientras prepara el inicio de la Cátedra Libre de Estudios sobre Sahara Occidental de la Universidad de La Plata

El Sahara Occidental es el último territorio colonizado del continente africano. Desde 1976, luego de décadas de ser una provincia española cayó en manos marroquíes después del fraudulento Acuerdo de Madrid. NosDigital habló con Luz Marina Mateo, miembro de la Cátedra Libre de Estudios sobre Sahara Occidental de la Universidad de La Plata. Se trata de la primera cátedra con esta temática del mundo, así nos adentramos en el mundo de la lucha por la independencia que le sigue siendo esquiva al movilizado pueblo saharaui.

-¿Cómo es que decidieron emprender una cátedra libre acerca de la República Árabe Saharaui Democrática (RASD)?

Fotos: NosDigital.

-Primero hay que hablar del director de la Cátedra el Doctor Norberto Consani, que es el director del Instituto de Relaciones Internacionales de la Universidad de la Plata, que desde hace muchos años, desde el gobierno de Alfonsín cuando se estuvo a punto de reconocer a la República Saharaui, se mostraba públicamente a favor. Sin embargo, no se dio y no hubo más representación saharaui en Argentina hasta el 2010, cuando llegó Salem Bachir y se acercó al Dr. Consani. Vino con el Ministro de América Latina a dar conferencias, charlas para alumnos de grado y de posgrado. A partir de eso, en abril de este año se gestionó la visita a la Universidad de Salem y Fátima Mehdi, Presidenta Unión Nacional de Mujeres Saharauis, y a partir de ese momento ambos fueron recibidos por el Presidente de la Universidad al a la que se le presentó el proyecto de hacer una Cátedra Libre acerca del Sahara. Entonces lo armamos, en cuestión de días, con los fundamentos basados sobre todo en el derecho internacional, los derechos humanos y derecho humanitario internacional. Se presentó al mes y que fue aprobado por decreto. La idea es abordar el problema saharaui de una manera multidisciplinar: desde el Derecho en general, la Antropología en relación sobre la cuestión de la identidad del pueblo saharaui, obviamente desde la Historia y la Política; y también la Cultura, en lo que pensamos incluir sobre la tradición oral saharaui. La idea es constituir seminarios virtuales, semi-presenciales y presenciales para grado y posgrado, gratuitos, ya que estamos en una universidad pública.

-¿Cómo van abordar desde la Historia y el Derecho Internacional, tanto que el Saharaui sea la última colonia existente en África y su lucha emancipatoria desde el Frente POLISARIO??

-Desde el derecho internacional es el campo más rico para abordarlo porque tiene que ver con que la República está, como las Malvinas, en el Comité de Descolonización de la ONU; que también es la última colonia africana, que hay resoluciones de la ONU en relación a la Autodeterminación de los Pueblos y hay  otras pidiendo el fin del expolio de los recursos naturales. Hace poco hubo enviados viendo los campamentos refugiados y las cárceles en el territorio ocupado. Por otra parte, desde el derecho internacional humanitario, que es aquel que regula –parece increíble- la guerra. Y cuando se habla de la guerra se refiere a interestatales e intraestatales. Y, entonces, ¿dónde está la violación en este caso? Hay seis muros que en total suman 2700 kilómetros de longitud, plagados de minas anti-personas que están prohibidas aún por el derecho que regula la guerra. Y después podemos hablar de los derechos de asociación, de prensa, de expresión, opinión que están siendo vulnerados. Así que desde el derecho es donde se puede analizar la realidad saharaui, ya que es donde más flagrantemente están siendo violados en relación a la legislación internacional.

-Mencionaste tanto la falta de derechos políticos, como la enajenación constante de Marruecos sobre los recursos del territorio ocupado. ¿Estos hechos no implican el fracaso de la misión de la ONU –MINURSO- asentada desde 1991?

No hablemos de un fracaso rotundo, sino lo que quedaría es volver a una situación anterior al alto al fuego y eso naturalmente lo tienen que analizar los saharauis y no yo decir qué les conviene y qué no. La MINURSO es la Misión de Naciones Unidas para el Referendum en el Sahara Occidental, y en este sentido sí ha fracasado porque no ha hecho el referéndum. Christopher Ross, su director, estuvo hablando en la reunión del Consejo de Seguridad de la ONU, junto con el representante del POLISARIO y de Marruecos, y de allí, de todo lo charlado se puede ver una luz de esperanza para que se haga el referéndum. Sin embargo lo más grave de la MINURSO es que no tiene competencia en derechos humanos. Es la única misión de la ONU sin competencia en derechos humanos, competencia que ha sido vetada sistemáticamente en el Consejo de Seguridad por Francia, aliada a Marruecos. Ya no estamos hablando de si es que el Sahara debe ser libre o no, sino de que se haga el referéndum de manera libre y acorde al derecho internacional, y de que se respeten los derechos humanos. Después, lo que decida el pueblo saharaui, es tema del pueblo saharaui.

-¿El rol de los países vecinos africanos?

-Hasta el momento, los países limítrofes vienen planteando esto último que te conté: respeto por el referéndum y los derechos humanos. Por lo pronto desde el punto de vista del África, el RASD ha sido miembro fundador de la Unión Africana (UA), el único que no la integra es justamente Marruecos. El problema excede África en mi opinión. Tiene que ver mucho más con Occidente y su injerencia en el tema: el caso de España y el Acuerdo de Madrid que cedió en 1976 el territorio saharaui a Mauritania y Marruecos, violando su propio derecho interno como el internacional, ya que por un lado nunca fueron publicados en el Boletín Oficial español, aquí tenés una transgresión al derecho español. Por el otro, en el internacional, ya que no se puede ceder la administración de una colonia, gratuita y alegremente si pertenecés a la ONU.

-El caso particular del RASD es que no logra entrar en el proceso descolonizador del continente de los 60 y 70, ¿cómo se explica?

Hasta 1975 el Sahara era una provincia española, todavía había colonias de Portugal –Guinea Bissau, Santo Tomé y Principe, Angola y Mozambique-. En esa época y con Franco agonizando y cuando en realidad se tenía que negociar la independencia saharaui, Marruecos invade el territorio. Ahí es cuando vienen a la muerte de Franco los famosos acuerdos tripartitos de Madrid. Así el Frente POLISARIO tiene que luchar en tres frentes, el marroquí-mauritano, porque estos últimos se van recién en 1979, y por último con España. Así que era prácticamente imposible su independencia. Diferente hubiese sido el cantar si solo hubiese tenido que negociar con la potencia colonizadora.

-¿Modificó algo la situación saharaui con la llamada Primavera Árabe?

-Justamente la Primavera Árabe no empieza en Marruecos, sino en sus territorios ocupados del Sahara. Gente como Chomsky plantea que comenzó allí, y que fue brutalmente reprimida, con muertes y presos políticos. Y recién luego vinieron en la zona todos los movimientos de liberación, en Egipto, Libia; etc. Esta situación creo que ha favorecido a la cuestión saharaui en relación a la visibilidad, ese otro gran muro que hay que romper, el muro informativo, que si bien es menos escandaloso pero no por ello es menos perverso.

¿El estudio de la ciencia según la Policía?

Una simple recorrida por la Universidad de la Policía Federal, nada más. Una mirada ácida porque está cargada de palos, maltratos, detenciones arbitrarias, prejuicios y juicios de quienes hacen la inseguridad todos los días. Sin homogeneizar pero sabiendo que el chip del “botón” es uno sólo y se mete en este lugar.

Fotos: Nos Digital

No esperen que responda la pregunta de qué carajo enseñan en la Universidad de la Cana porque ni siquiera pude entrar a una clase. Voy a hacer lo que siempre quise hacer, que no es escuchar a un profesor de esta Universidad, que no es cursar una materia, ni siquiera entrevistarme con algún alumno… simplemente quiero entrar. Ver qué, cómo es la facultad por dentro pero también qué pasa. Pero no es sólo meterse a ver qué onda y si puedo criticar, mejor, sino entrar a un espacio inexplorado, desconocido, causar algún efecto literario que pueda compartir una experiencia, las sensaciones, las informaciones…

Tampoco es mucho lo que hay acá adentro, pará. Tampoco generé lo suficiente para llegar al Pullitzer. Me gusta pensar en la sencillez de las pequeñas escenas de la vida cotidiana, que dicen tanto… Es interesante la mirada inocente sobre un espacio desconocido que transcurre como si nada, como siempre, como si yo no estuviera… Es revelador, después de croniquear varios lugares, por ejemplo entablar patrones comparativos como: los baños.

¿Alguna vez te pusiste a pensar qué tan diferente pueden resultar las inscripciones de un baño de un boliche, de una facultad o las de un hospital? ¿Por qué las diferencias? ¿Qué nos dice el baño de la UBA de la UBA y el de la PFA de la PFA? Tampoco hagamos hablar a los baños, que no dicen de todo pero algo dicen, lo mismo que las paredes, y las personas, las edades, las vestimentas y las charlas también.

¿Pero viste como se puede inventar una crónica de la nada?

Aunque para mí, en el sentido simbólico de los detalles de la vida, pasó de todo.

Paso de largo el primer edificio, en el medio hay un estacionamiento con muy lindos árboles (¡un pino!) y plantas, y atrás la cosa sigue. Pasé de largo porque adelante estaba la recepción y si veían a un perdido íbanlo a ayudar – ni ayuda quiero: movimientos vírgenes-, y aparte para simular que era un habitué. Yo paso de una, papá, soy de la cana.

Atrás más aulas, otro estacionamiento y una “sala de tiro”. Hasta ahí no llegué. Ni en pedo.

El edificio donde estoy se nombra “Comisario Mayor Roberto Rodolfo Capello”. Es un edificio exclusivamente de aulas y aulas. Madera, mármol, vidrio. Dos baños, limpios. Un cuarto de “personal autorizado”.

De ahí sale una voz. Juro por el comisario Capello que alguien – palabras más, palabras menos – dice esto: El Sarmiento no tiene ventanas – Podés fumar cigarrillos, marihuana, lo que se te ocurra… (Se escucha un sonido como de aspiración, inentendible hasta la frase que sigue, que – se deduce- emula movimientos mímicos de estar fumando), ¡se queman los dedos!

– Se suben ahí, en Morón…

No se escucha más. Pasa una chica con cara de mala.

Otra chica y otra chica. Parecen ser alumnas, salen de algún aula. Hasta ahora tres pibas y ningún pibe.

Bajan sí dos o tres jóvenes pero también unas muchachas, todos junto a una profesora: saco rojo, cartera cara, lentes en la frente, rubia teñida, habla sobre la dificultad de sus alumnos (ellos) de dar exámenes orales, la profesora.

No sé si es que aquí vendrán muchos hijos de policías que genéticamente le hayan transmitido cierta fisiología pizzística a sus hijos o qué, pero – no lo digo mala sino descriptivamente- aquí hay mucha gente cuya ecuación entre altura y masa muscular excede el llamado “peso ideal”.

No se enojen: gordas: yo también soy un gordo. Flacas: aguanten los gordos.

Hay una que espera a la salida de un aula, y me acerco y es (espera) porque está terminando una clase. No me había dado cuenta. Está la puerta abierta y se oye al profesor y a los alumnos. Mi colega gorda mira hacia adentro, cómplice de la charla que se está dando: entiende; participa como testigo. No interrumpo su atención y me pongo contra la pared, para poder escuchar sin que me vean.

Entonces: conversación 2, Aula B-20. Tema: la fecha de un parcial. Modo: distendido. Interlocutores: una voz que parece un profesor y 4-5 voces que parecen alumnos. Tono de voz del profesor: de pajero. Tono de voz de los alumnos: son varios, qué se yo.

Le dicen “doctor” al profesor. Le preguntan “¿qué se toma?” y no hablan del corte de la colombiana sino sobre los temas que entran en el parcial. La respuesta del profesor es magnánima: “A partir del último parcial, lo que siguió después”. Y sí.

Sigue la charla su curso hasta que irrumpe una segunda frase para el recuerdo, del profesor “En la profesión, vos no podés decir “esto no lo vimos en clase”. Decís “sí, ¿a dónde voy?”.

Este tipo – esta frase- puede estar formando a) licenciados en seguridad ciudadana (4 años), b) abogados (5 años), c) licenciados en accidentología y prevención vial, d) enfermeros, e) técnicos universitario en balística y armas portátiles, f) calígrafos públicos, g) licenciados en organización y asistencia de quirófanos o h) peritos en papiloscopía.

Tales son las carreras que dicta esta facultad. Todas son permeables de la frase del profesor: “En la profesión, vos no podés decir “esto no lo vimos en clase”. Decís “sí, ¿a dónde voy?”. Pensarlo en algunas da más miedo que en otras.

Qué será la papiloscoía, te quedaste pensando. No tengo internet y no puedo buscarlo. En cambio te propongo que pienses en esto otro: de todas las carreras, la única “exclusiva para personal de la PFA” es abogacía.

¿Enseñarán a cubrir evidencias, a plantar pruebas? ¿Se estudiarán los diferentes modos de coimear a un fiscal o un juez? ¿Serán parte del plan de estudio las estrategias para dilatar los procesos judiciales? ¿Será jefe de cátedra El Fino Palacios y El Gordo Valor un ayudante?

Preguntas existenciales.

Si no sos policía, no podés saberlo. Les devuelvo la frase que ellos encarnan cuando matan a un pibe joven y pobre: “Por algo será”.

Ah, también sobre las carreras, tenés un título intermedio para ser “perito en balística” en sólo 2 años. Para vos que estás desempleado…

Obvio que todas las carreras son aranceladas excepto, claro, para el personal de la fuerza. El hombre de la recepción no anda con vueltas para contarme que, casi antes que nada, se paga: completás un formulario online, dejás pasar 72 horas y abonás $1104 de la matrícula en un banco Santander Río; luego venís con el comprobante y la documentación requerida y listo. Ah, tomá, estos son los planes de estudio: 1/3 de página A4 con las materias.

La cantidad de materias por carrera varía según los años estipulados para cada una, claro, pero en general contemplan entre 10 y 12 materias por año. Para la Licenciatura en Criminalística – una de las carreras más largas de la IUPFA- hay desde inglés y fotografía hasta “ecología forense” y biología molecular. Una materia llamada “falsificaciones y adulteraciones documentales” me devuelve la duda sobre si enseñarán cómo practicarlo o tan sólo los métodos de identifiación. Una cosa es la otra… la técnica para adulterar un documento la sabés. Qué hacés con eso ese otra cosa.

Acompaña estos saberes una biblioteca especial. Digo especial porque tiene bibliografía específica, nada de literatura, poesía ni libros zur-di-tos. Una cartelera (otro patrón comparativo con otros lugares) anuncia las “novedades”; estimo que son libros recién llegados. Algunos: Historia de los pensamientos criminológicos, El virreinato de las provincias: su organización militar, El líder resonante crea más, El bebé perfecto: tener hijos en el nuevo mundo de la clonación y la genética, etc.

El criterio bibliográfico es, al menos, raro. Cómo pasamos de la organización militar al bebé perfecto me perdí. “El líder resonante crea más” no sé si es una obra de Hitler o del maestro Amor.

Opa. Voy buscando los peores títulos y encuentro uno excelente: “Vigilar y castigar” de Focault. Pienso que en una universidad “tipo UBA” de la policía éste sería el primer texto de la biblioteca – y de la bibliogafía obligatoria de cualquier carrera- y no uno que llega recién este 2012.

La cartelera además anuncia cursos intensivos en seguridad bancaria y seguridad informática. También de “Comunicación eficaz” y de otro “Curso de actualización en las relaciones laborales”. La diferencia entre los carteles de los 4 cursos es que sólo los últimos dos llevan el sello del Ministerio de Seguridad.

Todo esto vi mientras escuchaba al profesor que enseñaba a caretar lo que él no enseñaba. Me figuraba su cara – sólo escuchaba su voz durante varios minutos-, su vestido, sus movimientos. Por eso espero hasta el final, hasta verlo, y sale nomás de un prolijo traje. La cara no me acuerdo, pero la voz seguía siendo pajera. No sé de qué hablaba con los alumnos pero su última frase – ya en la mitad del pasillo, dejando atrás a sus discípulos, caminando apurado y gritando casi sin darse vuelta, con un leve movimiento hacia el costado-: “No quiero decir que ustedes son los monos. Los monos son los legisladores”.

Después de tanto pensar, me imaginé el contexto de la frase: charla sobre los temas del parcial; debe ser una clase de abogacía, o algo vinculado a las leyes; ahí entran la cuestión de los legisladores; ponele que están hablando sobre la forma de estudiar las leyes, no sé, me lo imagino por la frase “repetir como un loro”; me imagino hasta un error del profesor que dice, en cambio, “repetir como un mono”; entonces el profesor lanza esa frase y sale a aclarar que no refiere a los estudiantes sino a los legisladores; entonces: “No quiero decir que ustedes son los monos. Los monos son los legisladores”.

La interpretación incluye siete situaciones inventadas con conexiones forzosas e improbables y un error involuntario del profesor. La única otra situación que explique la frase, se me ocurre, es geográfica: estoy en la Universidad de la Policía y si encuentro sentido a las cosas que se dicen es porque estoy mal.

La última cosa que se me ocurre al respecto – al recorrer los pasillos llenos de hombres grandotes, peludos y cuyo instinto primero es la violencia- tiene que ver con la semántica de la palabra “monos”.

Sigo hacia otras aulas pensando estas cosas y haciéndome el desentendido del mundo universitario. Para profesores soy alumno; para los alumnos seré un ayudante o quizá un administrativo; para un administrativo también debo ser un alumno; para mí soy un tipo que da vueltas sobre un edificio casi vacío: en el edificio del Comisario hay 4 aulas de 25 llenas, con muy pocas personas en cada una de ellas. No digo que las carreras que ofrece la IUPFA sean un fracaso pero, al menos, el edificio le queda bastante grande. ¿Será lo mismo? No sé.

Intento explorar un paisaje que no sea educativo, una oficina, un comedor, algo. Sin darme cuenta estoy en uno: el ascensor. Hay 4 y me subí al que bajó más rápido (toqué para todos). Quiero ir al 4to: toco. No sube. Al 3ro: toco. No sube. Mierda, al 2do. Va…

Llego al segundo. Salgo del ascensor, medio extrañado – medio caliente. Lo miro. ¿Qué te pasa, ascensor, que no me querés llevar? Su cartel arriba me responde: “Ascensor montacargas”. No entiendo pero debe ser por eso. Al lado hay otro, dice, “exclusivo para autoridades”.

Me meto de querusa en una oficina: como todas pero con cuadros como ningunos: cuadros que remiten a los responsables de la seguridad en 1800 y tantos. Es decir “celadores”, “alcaldes”, soldados, figuras de la época que velaban por la seguridad civil. Siempre – en los cuadros se ve- empuñando un flor de facón, y patilludos.

Salgo de la ofi, bajo, veo un cartel que señala un “Salón de encuentro y formación juvenil”, llego: una sala que parece un comedor, mesas y muchas sillas apiladas, tres tipos grandotes, de negro y gel que se dan vuelta para mirar al visitante (yo). Me miran, me intimidan, me voy. Llego a ver un dispenser de Coca y otro de snacks, al mejor estilo yanqui. Eso es to-to-todo el centro de formación y sarasa juvenil sin jóvenes.

Cruzo el estacionamiento-patio que une a los dos edificios por donde anduve. Está lindo bajo la sombra de los árboles. Hay algunos asientos sobre los que alguien estudia y otra gente que conversa parada. Gente que pasa. Llego a sacar un promedio de casi 3 mujeres por cada varón que vi, sobre todo dentro de las aulas (hay uniformados pasando y también la mayoría de los profesores que vi eran masculinos). Jóvenes no tan jóvenes de 30 años promedio. Uno de los que conversa, llego a ver, y me pregunto si tendrá algo que ver, y luego me pregunto si tendrá que ver con qué, qué con qué, pero lo cierto es que este alumno lleva una campera con parches que me son difíciles de explicar e interpretar: los definiría como de “símbolos aguilescos”. Escudos, escudos con alas de águilas, cabeza de un águila, números que identifican algo, finalmente una sigla, AFFSA, que ahora recién busqué: Air Force Flight Standards Agency. A mí estas cosas de las águilas, simbología nazi por medio, me dan un poquito de escalofríos…

En este patio estoy cuando un uniformado, lo veo de lejos, camina en mi dirección. Es decir, viene. Yo estaba anotando esto del AFFSA en plena actitud sospechosa: un desconocido que se estuvo moviendo por el edificio y ahora anotando, mirando y anotando. ¿Pensará eso el policía que viene hacia mí? Ay… Me hago el que estoy estudiando, relajado, cambio la hoja y escribo algo para despistar, algo que no pueda entender: Stendhal ironizaba el carácter exagerado del romanticismo… Porque mirá si me lee las anotaciones de los símbolos aguilescos, mirá si lee esta crónica y me lleva, me lleva y me interroga en un cuarto apartado y no me queda otra que decirle que ni yo sé que estoy haciendo, que no siempre hay una explicación para cada cosa, y a mí me pintó entrar, y ver, y anotar, y quizá con eso, después, haga una crónica, y si la publican, le prometí que no publicaría nada que no hubiera visto.

Feminismo explícito: Universidad de la Concha

Desde la cooperativa LaVaca hace años que trabajan activamente sobre el feminismo, defendiendo los derechos de la mujer. Desde el  21 de julio comenzó un ciclo de encuentros que se dicta el último sábado de cada mes, dirigido “ni a hombres ni a mujeres, a todas las personas”. A través de un espacio reflexivo buscan romper con el estereotipo de la víctima, “porque ninguna mujer llorando y de rodillas puede cambiar su situación”.

Fotos: Veroka Velazquez

Claudia Acuña, una de las cabezas de este proyecto, nos explica claramente cuáles son esas herramientas que utilizan y generan para darle batalla al sistema patriarcal. Propone una mirada diferente sobre el problema del machismo: “el machismo es femenino, pero si sos el problema también sos la solución”.

¿Cómo surge la idea de llevar adelante una Universidad de la Concha?

-Hace mucho tiempo que desde LaVaca venimos trabajando y reflexionando sobre el tema del feminismo hoy. De cómo perdió potencia su discurso y, lo que es más grave, de cómo operan los controles sobre sus lenguajes, tanto a nivel de la palabra como de la imagen, para restarle poder de transformación social. El trayecto que hicimos en este sentido es muy largo, pero podríamos sintetizarlo en dos etapas: una de mayor intervención pública, cuya herramienta más visible es la muestra y el libro “Ninguna mujer nace para puta”. Y otra más silenciosa, que llamamos de “submarino” que nos permitió consolidar un grupo de trabajo heterogéneo en su formación de origen, pero muy sintonizado en cuanto al interés de plantearse qué significa la batalla feminista hoy. La Universidad de la Concha marca el inicio de otra etapa, en la que abrimos las puertas para compartir un espacio de reflexión para la acción. La idea surgió a partir de dos experiencias concretas que en la UCO se unen formalmente, por un lado, los talleres de crónica periodística, en los cuales trabajamos mucho y durante largo tiempo con un grupo de mujeres periodistas y con la psicóloga Susana García, el tema del lenguaje y la identidad, de cómo está colonizado tanto por el sistema patriarcal como por la sintaxis disciplinadora de las oenegés y, por otro lado, el Poeticazo, el espacio que llevaron adelante desde LaVaca la poeta Daniela Andújar y la artistas Veroka Velázquez. Estas dos experiencias fueron el  útero de esta nueva iniciativa. Allí, participaron músicas, poetas y artistas visuales durante tres años, entonces la UCO acumula estas experiencias y personas que se proponen el rol de anfitrionas. No damos cátedra, recibimos en un espacio, y para un tema concreto, a personas que saben tanto o más que nosotras. De hecho, están participando mujeres de varias provincias que tienen una larga trayectoria de trabajo en temas feministas y que tienen la misma necesidad que nosotras de compartir un espacio de reflexión sobre las propias prácticas.

-¿Cuál es el propósito de estas reuniones que llevan la frase “Ni hombres ni mujeres: encuentro para personas”?

-El propósito  es claro porque no queremos hacer perder el tiempo a nadie, ni perder el nuestro: hacer algo. Son cinco reuniones destinadas a replantearnos cosas, aprender otras, intercambiar saberes, debatir ideas y prácticas. Pero todo esto está destinado a hacer algo concreto. Cada participante lo hará en el espacio que crea mejor o necesite hacerlo. Nosotras, desde la UCO, queremos producir una acción callejera e invitamos a las participantes que quieran a que lo hagamos juntas, pero no es una obligación. Este año esa acción tiene como eje la imagen. Por eso cada encuentro está pensado en función de reflexionar sobre tres preguntas: “¿Cómo nos vemos?, ¿Cómo nos ven? y ¿Cómo queremos que nos vean?”. Buscamos romper con el estereotipo de la víctima, porque ninguna mujer llorando y de rodillas puede cambiar su situación. La UCO no es un espacio para pensar las imágenes y discursos que produce el sistema, sino para interpelar las que producimos nosotras mismas. Hay muchos y seguramente mejores espacios de reflexión sobre la guerra que este sistema libra sobre nuestros cuerpos y subjetividades. Proponemos la autocrítica como frente de batalla, a partir de un diagnóstico concreto. Algo falla en lo que hacemos si hay 52 mujeres quemadas por sus parejas, si hay la cantidad de mujeres explotadas sexualmente que existen hoy, en este país y en este momento, y sino podemos imponer que se despenalice el aborto, por poner solo tres ejemplos de actualidad. Algo estamos haciendo mal, diciendo mal y mostrando mal porque la violencia contra las mujeres, aquí y ahora, es brutal. La UCO se propone analizar nuestros errores, potenciar nuestras capacidades y lograr acciones más potentes, populares, de real intervención social. Por eso la convocatoria es abierta a las personas. No nos interesa la orientación sexual, como no debería interesarle al Estado la sexualidad de sus ciudadanos. Lo que queremos y por eso lo hicimos explícito es conversar, pensar y hacer cosas con personas que estén dispuestas a darle batalla al sistema patriarcal, con todo lo que eso implica.

-¿En qué autores y experiencias se basan para organizar los encuentros?

-Nuestra principal fuente teórica surge de nuestras propias prácticas, de analizarlas y sistematizarlas. Hay autoras que nos han servido más que otras y esto no construye una jerarquía, sino que se arma una utilidad o complicidad, para decirlo mejor, que ha surgido de los tramados que hemos hecho en estos años. Nuestras autoras por suerte son también nuestras amigas, han estado a nuestro lado pensando y haciendo juntas. Sin duda, María Galindo y “Mujeres Creando de Bolivia” o Silvia Federici, autora de “El Calibán yla Bruja” y María Lugones , quien escribió uno de los textos claves del pensamiento de la descolonialidad, desde Estados Unidos, forman parte de ese tejido, con distintas intensidades pero sumando colores a nuestras prácticas. En el primer encuentro tuvimos la colaboración de Andrea Andujar, una historiadora que ha investigado dos temas que nos interesan, como por ejemplo las mujeres guerrilleras de los 70 y las piqueteras de los 90. Pero su aporte fue más allá de lo teórico, porque Andrea es la hermana de la poeta Daniela Andújar y a la UCO no solo aportan y asisten las dos, sino también su mamá. Tener estas tres generaciones pensando juntas, compartiendo lo que aprendieron y analizando sus historias, y no “La Historia”, es algo que supera lo que cualquier texto te puede dar.

-Según Aristóteles, tratar como iguales a dos sujetos desiguales era una injusticia. Entonces, ¿la búsqueda de la igualdad entre el hombre y la mujer debe contemplar la diferencia de género o tales diferencias no son inherentes al ser humano, sino una construcción social?

-El feminismo ya le respondió a Aristóteles y a todo lo que él representa: el Estado patriarcal. Creó una herramienta muy eficaz, la discriminación positiva. La mano del Estado tiene que ser más larga para quien menos puede llegar hasta arriba. Es una herramienta que usaron los afroamericanos en su lucha contra el racismo y las mujeres en la política, cuando se impusieron las cuotas, por ejemplo.  Estados Unidos tiene un presidente negro, Argentina y varios países del mundo, jefas de gobierno mujer, en sí misma la herramienta es tremendamente eficaz, pero no garantiza que lo que produzca por sí sola sea un cambio social. La batalla está en las subjetividades que este sistema crea y eso atraviesa a todas las identidades sexuales, pero claramente a las mujeres. El problema del machismo es femenino, lo bueno de esto es que si sos el problema también sos la solución. En nosotras y por nosotras, entonces, pasa el cambio social. 

-Un sector del feminismo, ligado al socialismo, sostiene que la liberación de la mujer es imposible bajo este sistema, formado bajo la base patriarcal, siendo entonces posible bajo un nuevo orden social. ¿Cuál es su postura?

-Coincido con el discurso, pero no con la práctica de los partidos tradicionales de izquierda, infectados por el machismo que dicen criticar. El cambio, la revolución que proclaman,  debería empezar por ellos mismos, jubilando a los gerontes que hace años dominan las jerarquías de esos partidos y postulando a las mujeres que le aportan el dinamismo y el futuro, que necesitan en forma urgente. Creemos que no se puede separar discurso de práctica. En colectivos que se proponen la construcción de un cambio social deberían plantearse muy seriamente la posibilidad de que los hombres no dominen nunca la escena, por lo menos durante un tiempo, hasta ver qué pasa, hasta sacar una conclusión. Y más en aquellos que se dicen radicales, ¿por qué, qué temen perder? Se lo plantee en una reunión a uno de los referentes del Movimiento Sin Tierra de Brasil, a mi juicio una de las organizaciones sociales más poderosas de Latinoamérica, y se quedó mirándome, mudo. Recién cuando terminó el panel público y charlamos informalmente admitió que quizá tuviera razón: es hora de experimentar en nuestras propias construcciones las relaciones sociales que proclamamos para toda la sociedad. Bueno, esa es nuestra tarea. La UCO es la forma de hacernos cargo de la pequeñísima parte que nos toca de esa enorme responsabilidad.