Las palabras no se cortan con un bisturí

Al presidente del Centro de Estudiantes Azucena Villaflor lo torturaron. Pero el problema no pareciera ser que lo hayan golpeado y marcado con un bisturí: el quilombo es que espacio de estudio queda en la Unidad 48, que depende de la Universidad de San Martín. De los detenidos que estudian, sólo el tres por ciento reincide. De los que no, el cuarenta. Aún así, quieren cerrarlo. Y, antes, destruirlo.

Soy Braian, me dicen Cuni, pero podría ser Rubén, Kevin, Carlos… Lo que hubiera cambiado algo es que no fuera varón, pobre y joven. Así, soy uno más, algo más, algo. Cuento la historia de compañeros de la Unidad 48, pero podría ser de la 1, la 45, la 47. En la 48 hay un Centro Universitario que depende de la San Martín. Parece que por poco tiempo más. Lo crearon en el 2008, por un acuerdo con el Servicio Penitenciario Bonaerense. Al mismo tiempo se fue formando el Centro de estudiantes Azucena Villaflor y surgieron algunos talleres extracurriculares.

Pero claro, algunos no podemos estudiar. Los penitenciarios eligen quién sí y quién no. Hay un carnet de estudiantes que te sacan en cualquier momento. Si alguien quiere saber cuántos estudian, quiénes estudian, no pueden. Lo que se sabe es que el tres por ciento de los que estudian en la cárcel reinciden en delitos. De los que no estudian, el 40.
Pero insisten en que lo que puede ayudar es que nos caguen más a palos. Y nos siguen cagando a palos. Y nos amenazan. Y ya no solo no nos dejan estudiar, también se proponen destruir el Centro. Quieren que sigamos siendo depositados en jaulas, que repitamos la historia de nuestros viejos, que no podamos empezar a ser nosotros quienes los observan a ellos. Puedo dar algunos nombres de los que cayeron cagados a piñas por guardiacárceles o por banditas habilitadas por ellos. Hasta les arman facas para que se maten mientras ellos miran. Juan Romano Verón, Patricio Barros Cisneros… Cuando la “Justicia” los reconoce asesinos, no los busca.

Nos verduguean si escuchamos cumbia todo el día en el pabellón y cuando nos anotamos a estudiar para al menos hacer otra, para no verles las caras, porque ellos no pueden entrar al Centro, no nos dejan.

En la U48, nos pasó que, corta, le dijeron a Gabriela Salvini, la directora: “Mire, señora, esta jefatura se va a ir de esta Unidad, pero antes vamos a destruir la Sede, y a todos esos subversivos de mierda que están ahí”. A Pablo Palmisano, el Vocal del Azucena Villaflor, lo llamaron a declarar por una denuncia que hizo contra el SPB. En el camino, lo subieron a una camioneta, lo forrearon. Subirse a una ya es una duda constante sobre lo que pasará. Si encima te dicen que te van a matar, te lo dicen otros internos, te describen cómo, te cuentan historias que ya escuchaste, que sabés que son ciertas, pero que te tienen a vos como protagonista… Justo, justo estos internos tenían un bisturí. Y eso que no hay carrera de Medicina todavía en el Centro Universitario… Y lo siguieron verdugueando todo el camino, lo esposaron contra la ventana… Y lo quieren mandar al Penal de La Matanza. Ya pasó que cuando los mudan, generan riñas, como de gallos, entre detenidos y dejan que maten al recién trasladado. Es fácil crear odios. Si te nombran a un familiar de afuera, a un hijo, a una novia… Ya te calentás. Si no te calentás vos, lo hacen calentar al otro…

Para colmo, cuando llegó a la Unidad 48, el jefe del Penal, Gandino, estaba ahorcando a un compañero, a uno de nosotros. Ya se sabe que hace eso, lo saben y sabemos todos. Es la idea… Pero esta vez, encima, decía que el siguiente era Pablo.

Así vienen las cosas. A algunos nos quedará salir a que nos nieguen laburo, reincidir, caer de vuelta presos, caer esa vez muertos, realimentar el odio, justificarlo. Otros compañeros se animarán a ponerse a estudiar, a poner en palabras lo que nos pasa, a hacer algo nuevo tienen que comerse esto. Seguir desapareciendo. Yo voy a seguir el camino de contar estas historias.