Vamos las bandas

Crónica de la Primer Jornada de la Ley de la Música, que resume el espíritu de este proyecto ya aprobado y también sus puntos prácticos aún pendientes. De tocar en el subte a grabar un disco, soluciones colectivas a los problemas de siempre.

Es lunes a la tarde, en verano, con calor, con mucho calor, el subte está fastidioso. En el pasillo de baldosas resbalosas que une la combinación de la línea A y la línea C, la gente corre; en realidad camina con actitud de correr. El ritmo no llega al trote pero vamos en zigzag, avanzando por recovecos. Alguien adivina el compás: Pum, pum pum, pumpumpumpuuum, pum.

Un pibe sentado en un cajón peruano cierra los ojos y se entrega a sus manos. Tiene el pelo hecho rodete y una pandereta enganchada a la zapatilla izquierda que acaricia el piso con la precisión relojera del tic-tac.

Un pibe, un cajón peruano y una pandereta producen el momento en que te olvidás de estar arrancando la semana con la musculosa pegada a la espalda.

El señor con traje pasa muy cerca y mira la mochila abierta con pocas monedas. Me imagino una posible conversación: le ofrece un trabajo, un sueldo fijo, aire acondicionado, quizás hasta un traje como el suyo. El pibe dejaría de estar en ese pasillo y ya nadie adivinaría el compás que confunde caminar con correr. ¿El pibe dejaría de estar en ese pasillo?

Vuelve a cerrar los ojos; el cuello mueve a la cabeza que se reclina para atrás, la pandereta provocadora estimula las manos. Debe estar de acuerdo con Nietzsche cuando escribió “Sin la música, la vida sería un error”. Más allá del remo constante, del calor, de las pocas monedas, de las múltiples dificultades.

El señor con traje siguió caminando: él también sabe que el pibe no dejaría de estar en ese pasillo. Me acerco, charlamos y se cae de maduro que sus múltiples dificultades son las que tenemos varios. Lo banco un par de temas, hay un piso necesario de monedas que garantizan el puchero de hoy. Nos levantamos, él se encarga del cajón y yo de la pandereta.

Llegamos.

–          ¿Vienen a la Primer Jornada sobre la Ley de Música? Pasillo al fondo. Escaleras. Segundo piso.

Cristian Aldana, cantante de El otro yo e integrante de la Unión de Músicos Independientes, toma el micrófono en la primera mesa de la Jornada: “Este proceso en el que se llevó adelante la Ley de la Música tiene que ver con romper un montón de barreras que van más allá de subirse a un escenario, tocar la guitarra, editar un disco, distribuirlo, armar una fecha. Hay cosas que se ponen también desde un lugar que tienen que ver con la organización y el trabajo colectivo. Este proceso marca muy fuertemente eso. En la música todavía nunca nos habíamos juntado. Veíamos que los actores ya tenían su instituto, la gente del cine también, que estaban como mucho más organizados. Me acuerdo cuando cerraban algún teatro de ver a todos los actores en la puerta diciendo: este lugar no lo cierran. Eso no lo veía cuando pasaba algo con la música, de golpe se cerraba algún lugar y a nadie le importaba, parecía que todos mirábamos para otro lado. Todos estos procesos sirven para darse cuenta que la única forma de poder mejorar las cosas es juntándose y organizándose”.

Todavía el pibe sentado a mi izquierda mira cada tanto la mochila. Las palabras no le alcanzan del todo, adentro hay pocas monedas y cuando la panza hace ruido no hay micrófono que la tape. Pero escucha “asambleas” y levanta la mirada. Desde los parlantes se cuenta que la organización empezó a tomar forma de mesas de trabajo que buscaban pensar una ley contemplativa con la realidad del músico y su ecosistema ¿Hablarán también del pasillo resbaloso? Siguieron por varios meses los espacios de discusiones en las diferentes mesas, el análisis de leyes de otros países y de leyes de Argentina correspondientes a otras áreas, hasta que fueron llegando los primeros borradores a las manos.

Cristian resume el primer momento de trabajo: “Se utilizó toda esa energía de un montón de músicos que realmente tenemos la necesidad de que exista algo que mejore las condiciones de cómo se hace música en la Argentina. Que se cree un instituto que pueda fomentar la música como pasa con el cine, con el teatro, nos parecía que la música siempre quedaba afuera de todo. En un momento se planteaba que la música era algo que solamente se vendía y se compraba, y nosotros creíamos fuertemente que no es solamente eso, que uno hace música porque le hace bien al alma y subirse a un escenario y editar un disco es un derecho. Nos parecía que estaba bueno que no fuera la lógica de siempre de que ´algunos sí y otros no´ y que el instituto tenía que fomentar a todos”.

Entonces, para cerrar, Aldana define ese espíritu de búsqueda colectiva que toma forma de ley: “Es muy difícil que la ley sea perfecta, pero si va a ser mejor cuando participa más gente”.

Parte 1  

“Un derecho”, pensó el pibe y se dio cuenta lo mucho que había que hacer para lograrlo. Falta el fomento a la actividad musical pero también está la necesidad de mejorar las condiciones laborales suyas y de sus compañeros. Desde la mesa sobre la tarima explican que la creación del Instituto Nacional de la Música – que recién eligió sus primeras autoridades- apuntó a mejorar el primer punto. Aldana: “Se concibió en los grupos de trabajo y en el grupo redactor avanzar primero en la creación de un órgano de fomento de la actividad musical y cuando empiece a mejorar – sin estirarlo tanto-  trabajar en un estatuto del ejecutante musical que pueda dar respuestas inclusivas en lo laboral y en lo social para cada una de las diferentes realidades del músico: siendo músico en relación de dependencia, siendo músico a veces en relación de dependencia y a veces independiente o siendo músico independiente”.

El 28 de noviembre del año 2012, la ley fue aprobada. Diego Boris, presidente del Instituto Nacional de la Música, aclara: “La ley se aprueba con unanimidad en general y en particular, o sea no hubo un solo legislador ni ningún partido político que haya objetado un artículo de la ley”. Sin embargo, todavía no está en pleno funcionamiento.

Ley federal

Diego Boris no le escapa a las anécdotas, sonríe, habla, aplaude y vuelve a empezar. Ante todo aclara que el Instituto de Nacional de la Música es un órgano de fomento a la actividad musical, no de regulación. Nadie va a ir a decirle que no puede estar con su cajón y pandereta, no necesita de esa autorización para abrir la mochila. Pero puede ir a la sede de la región Metropolitana y ver que se ofrece.

“El Instituto nace federal porque va a tener una sede en cada región cultural”. Las regiones son seis: Metropolitana (Ciudad Autónoma de Buenos Aires y provincia de Buenos Aires), Centro (Córdoba, Santa Fe y Entre Rios), Nuevo Cuyo (Mendoza, La Rioja, San Juan y San Luis), NEA (Chaco, Corrientes, Misiones y Formosa), Patagónica (Tierra del Fuego, Antártica e Islas del Atlántico Sur, Santa Cruz, Chubut, Rio Negro, Neuquén y La Pampa) y NOA (Jujuy, Tucumán, Salta, Catamarca y Santiago del Estero).  “Cada sede va a estar subdividida o integrada en seis áreas que fueron los espacios de trabajo que se construyeron en las Asambleas y los que se concibieron que había que fomentar”, dice Boris.

Las seis áreas

“Seis posibles soluciones”, pensó el pibe que ya había sacado un cuaderno y tomaba nota desde hace rato. Quizás hay forma de solucionar algunas de las múltiples dificultades: donde tocar, donde tocar y que no me caguen, la guita que no me deja grabar un disco, ni hablar de editarlo, la puesta en escena de un show (eso ya es soñado), cobrar algo aunque sea por mis temas, poder difundirlo… Mierda que había una lista larga.

Circuito estable de música en vivo: El circuito se armaría con lugares privados, lugares estatales y lugares comunitarios que quieran conformarlo. “Si un lugar quiere estar va a recibir seguramente un beneficio económico con un subsidio, va a recibir sonido o luces, o lo que necesite, y también estar en un sistema integrado de difusión en medios nacionales y en medios locales. Como contrapartida se le va a exigir como mínimo que el 70% de la recaudación sea para los músicos”, explica Diego, dejando en claro que ese es el piso de las exigencias.

Subsidio y créditos tradicionales: “Es donde los músicos van a llevar sus proyectos y haya un jurado que los evalúe”. La idea es que se fomenten estas instancias de ayudas económicas.

Fomento directo a la producción: “En este espacio se va a tratar de dar vales que solucionen una instancia de un proyecto productivo de una banda o de un solita o de un colectivo musical. ¿Una instancia qué quiere decir? Por ejemplo, un vale para fabricar mil discos, un vale para 50 horas de grabación, un vale para hacer un videoclip o un DVD. Una instancia, no todo, entonces va a haber una solución de una instancia del proyecto productivo para muchos. Y en este lugar la idea es que no haya ningún tipo de jurado”. Diego Boris vuelve sobre esta última característica y la remarca reconociendo la diferencia con el espacio de subsidios tradicionales: “¿Por qué en todas las instancias de fomento una generación tiene que juzgar a otra? ¿Por qué los parámetros estéticos de una generación tienen que influir en juzgar a otra generación que por ahí tiene parámetros estéticos que recién va a empezar a definir dentro de unos años?”

Formación integral del músico: “Antes de recibir un beneficio al músico se le va a explicar lo más didácticamente posible cuáles son los derechos intelectuales y laborales que tenemos en la actividad”. El espacio tendrá también la función de promover conocimientos académicos y que aporten al desarrollo total del artista.

Circuito Cultural-Social: “Todo músico que reciba un beneficio, antes de recibir el segundo beneficio, va a tener que acordar con el Circuito Cultural-Social que va a estar conformado por comedores comunitarios, sociedades de bien público, centros culturales en barrios con dificultades para pagar una entrada, lugares de reclusión o donde están nuestros mayores, etcétera. Es decir que un músico que reciba un beneficio, antes de recibir un segundo tiene que acordar una actuación, una charla, un taller, etcétera, para compensar en parte lo que nosotros recibimos de la sociedad”.

Difusión: Los medios que compongan la Radio y la Televisión Argentina Sociedad del Estado deberán difundir las actividades del Instituto en un porcentaje no menor al 0,5% mensual de la totalidad de la emisión. También se cuenta con la difusión regional y nacional del Circuito estable de música en vivo.

“¿Me tengo que anotar en algún lado?” Me preguntó el pibe. “Que se yo” le dije, pero antes de cerrar la charla, Diego Boris hace una última aclaración: “Todas las organizaciones de músicos tienen derecho y garantizado el protagonismo y la participación en los seis espacios”. Cada organización puede participar en la región cultural en la cual tenga su personería jurídica. “Atrás de cada artículo de la Ley de la Música, estamos las organizaciones de músicos o los músicos organizados definiendo cuales son los requisitos que tienen que cumplir los músicos para acceder a los beneficios. ¿Eso qué quiere decir? ¿Qué el músico tiene que ser parte de una organización para ser beneficiado? No, todos los músicos tienen el derecho y la posibilidad de ser beneficiados”.

Los aplausos llegan después de que se cierre diciendo: “Esto es básicamente lo que es el proyecto de la Ley de la Música, por supuesto está abierto a todas las preguntas que quieran hacer”. Algunas manos se levantan, preguntan, cuentan experiencias, sugieren posibilidades. Agarramos el cajón peruano, la pandereta, la mochila y volvemos al subte.

 

 

 

 

“Un disco es lo mejor que le puede pasar a un músico”

Ojerosa cumple 10 años de amor y trabajo en el arte. En el 2013, a punto de lanzar su primer trabajo de estudio, te contamos desde adentro la logística que le hace el aguante a la pasión.

ojerosa
Fotos: NosDigital

Está fresco en la sala de paredes anaranjadas y ladrillo a la vista. En Gorriti y casi Acuña de Figueroa, el clima se ortivó y bajó bastante la temperatura, pero igual me clavé las infaltables alpargatas azules que van perfecto con los joggins. Fallé igual, contra toda lógica, mi lógica, no tengo nada que tenga el escudo de River, ni CARP, ni siquiera los colores. Mala mía.

El Pela en cambio lo lleva en la piel, me había olvidado. Me siento en la banqueta, la relajo, los disfruto como desde hace años y le veo el tatuaje. Guiñadita de ojo y me dice: “Este año salimos campeones, papá”. Después canta “Murguita”, un temón de la Ojerosa; como hace añares, Alejandro Falcone le sigue poniendo la voz a la banda. Siempre con una rodilla flexionada que intercala con el hombro opuesto tirado para atrás, el micrófono en la derecha y batman en el centro de la remera lo envalentona para agitarla. Cada tanto se mira con Juanse, Juan Sevlever, a cargo de la magia en el saxo, las teclas y un bailecito particular con el que marca el ritmo para llenarse de pulmones el cuerpo.

A su derecha, otro crack vestido de blanco y rojo (hay equipo), Ramiro Vulijscher descose el bajo sentado en la banqueta de cuero gastado, más que gastado hecho mierda. De frente mira a Dona, Guido Donato que hoy no para de darle a la viola, y cuando digo no para, es realmente no para. La toca tremendo, de a ratos me quedo mirando las cuerdas y pienso ¿cómo carajo lo hace? Salgo del cuelgue cuando se frena la música y discuten arreglos. Nicolás Petrungaro vuelve a arrancar desde la batería, le da a los palillos y se va transformando. El labio de arriba se levanta, casi formando un cuadrado, los agujeros de la nariz se expanden, frunce el ceño y los ojos se le achinan filosos, sube los hombros, aprieta los dientes y paf, paf, paf… Uff, voló un platillo. Al equipo hoy le falta Pedro Lipovetzky, el pichón, que está de viaje por ahí, un poco lo envidiamos mientras empezamos la retirada. Las cosas cambiaron, de pendejos nos echaban de todas las salas, una vez nos sacaron hasta con un fierro. Igual la bardió el flaco, habíamos roto la pipeta de un micrófono nada más, pero creo que mi consejo a los pibes de negar todo no ayudó.  Peor era cuando llamábamos y cancelábamos o hacíamos la falsa reserva. Otros tiempos, ahora nos vamos y saludamos diciendo “Nos vemos el martes, campeón”.

***

ojerosa“Se me hizo tarde, estoy saliendo”, mando desde mi celular. Le doy duro a la bici, casi me paso cuando veo el cartel del bar. La engancho en la vereda y me salteo un par de escalones a las apuradas. Paso por el escritorio que hace de recepción, estoy en la lista de amigos y la chapeo un poco. Un par de pasos más y el patio. A mi derecha, un mural sostiene la pared. A mi izquierda dos puertas de madera. Se escuchan desde acá, son los pibes tocando.

Hace diez años que vengo, papá. El primero fue en el 2003, imaginate que El Pela tenía pelo largo y cantábamos “Yo nunca entiendo porque la gente se muere de hambre si somos todos hermanos compartamos este matambre…” Jajajajaja, ese mata. Pero los de ahora son diferentes porque están presentando los temas del primer disco de estudio. Después de diez años, un demo y un EP llegaron.

Llegaron y crecieron. Maduraron su propia idea de banda, porque una banda quieren tener todos cuando son pibes, pero en un momento tenés que dejar de tocar “La bestia pop” de los Redondos porque es la única que sabés y ponerte a laburar. Dejó de ser un hobbie, y eso nada tiene que ver con no seguir disfrutando, pero así como cada uno se va buscando sus laburos y proyectos, la banda empezó a caminar para profesionalizarse, ¡ja, me encanta esa palabra! “Al profesionalismo además se llega no solo para la gente que te va a ver, sino para cada uno de nosotros como músicos y como amantes de la música”.

El otro día, lo hablaba con otro flaco mientras los pibes desarmaban después del ensayo, cuando arrancás estás manija, querés tocar y tocar. Después te das cuenta que para tocar y tocar, tenés que aprender. “Lo interesante es que surgió la idea a mediados del 2002 y dijimos bueno listo dale, entonces hay que aprender a tocar y ahí arrancamos”.  Las cosas que arrancan a la inversa también puede funcionar, pudieron más las ganas y los huevos. Ahora la movida es otra, el tema del compartir el matambre ya no juega, aunque es tremendo. “El único que está vigente, que no está en el disco, pero lo seguimos tocando, es uno que salió apenas después de eso, en realidad fue el primer tema serio, una careta peligrosa”.  Y eso del “primer tema serio” abrió un montón de caminos nuevos, tampoco vamos a decir ufff qué serios son los pibes si en la mitad de esta charla metimos broma telefónica que terminó recordando la tapa del primer disco, pero la cuestión se perfilaba diferente. Igual tranquilos, hay grabaciones de todo esto que evidencian lo mucho que crecieron: “Ahí en ese momento como que empezamos a experimentar desde la música, en realidad no sabíamos mucho y a la vez éramos un grupo de amigos que se juntaba a tocar”.  Por suerte, hay cosas que nunca cambian.

ojerosa¿En que estábamos? Claro, en la presentación del primer disco de estudio después de diez años. ¡Eu zarpado, no les digas dormilones! La onda no es que son unos té con leche y se colgaron una década para entrar a grabar. NO, ¿qué más quiere un laburante de la música que tener su propio disco? Pero grabar es alto bardo, más para una banda del under. Aunque el primer EP que armaron fue de taquito y tiene una historia épica: “Tenía tres temas: ‘No sé por qué’, ‘La muerte’ y uno más de esa época ‘Caña seca’ de los Redondos. Ese cd, de lo cara duras que éramos, fuimos a la fiesta de 15 de una amiga y lo pasaron. ‘Che Pau, tenemos un regalo’ le dijimos. Es el primer ensayo que grabamos, está buenísimo. Lo más gracioso es escuchar entre tema y tema las boludeces que decíamos”.

El disco que se venía era mucho más difícil que esa experiencia del 2003. Yo lo seguí de cerca y los pibes me fueron contando el paso a paso. Lo primero que tuvieron que hacer fue fijar un presupuesto. Porque no vamos a sacarle mérito a la magia de quien toca un instrumento, pero la fija es que más guita ponés mejor vas a sonar. Es una de las problemáticas con las que te encontrás cuando sos un músico independiente, una de las tantas, la guita. Entra en juego todo, el instrumento, el lugar donde tocás, cómo te graban, quién te graba. La ecuación es simple, más guita es igual a mejor calidad de sonido.

El presupuesto de los pibes era bastante acotado, justamente porque sale de ellos mismos, de su laburo, de su bolsillo. “Más o menos nos fijamos cuánto podía poner cada uno, hicimos la cuenta y bueno dijimos ‘esto es lo que tenemos para poner’”. Estaban lejos de grandes números y necesitaban acomodar los pesos para que funcione. Yo, mientras me tiraban todo este panorama, me ponía a pensar cuántos de los nos ponemos a escuchar el disco de una banda pensamos en todo el laburo, el esfuerzo y las historias que hay atrás. “Hoy en día yo creo que un disco, para empezar a hablar de un buen tiempo de grabación, de mezcla, de master… se va arriba de las 40, 50 lucas”. La posta es que ellos, sin más vueltas, estaban arañando la mitad de ese presupuesto incluyendo la edición, tema aparte, claro. Era el momento de hacer magia, de hacer que esa guita rinda para poder llevar adelante un disco hecho por ellos mismos, un disco totalmente suyo.

ojerosaHace un tiempo, me contaron de la UMI, la Unión de Músicos Independientes. Claro, ¿cómo no se me ocurrió antes que los pibes no estaban solos frente a este monstruo de la industria musical? Resulta que esta organización engloba todos los géneros a lo largo y ancho (me gusta cómo suena la frase armada) de todo el país, trabaja para que el que quiera hacer música de manera autogestionada encuentre herramientas que se lo faciliten y que se lo permitan hacer con calidad. ¿Qué es esa paparuchada de que el under es de segunda? La UMI pelea por mejores condiciones  para la música independiente, condiciones que son de difícil acceso. No por nada es una problemática que atraviesa a gran cantidad de las bandas.

Justo hace unos meses estaba escuchando el programa de radio Vámonos de Casa y paré la oreja cuando salió al aire el socio fundador de esta organización, Cristian Aldana. El tipo la tiene clarísima, ¡miralo al de El Otro Yo, eh! En un par de frases aclaraba el panorama de un tirón: “El músico independiente es el músico que pagó la grabación para su propio disco, el músico que es dueño de su propio master, el músico que desarrolla su independencia generando la venta de su propio disco en los recitales o distribuyéndolos en las disquerías. Básicamente es el dueño del producto final, de su propia obra. Es el gestor cultural de su propio producto musical” .

Justamente ese era el camino, los pibes querían ir por ahí y hacerlo a pulmón. Después las satisfacciones, chicas o grandes, van a ser solo de ellos. Y todos los que los bancamos siempre vamos a estar ahí para festejar como corresponde.

Me pongo a pensar y fue tremendo todo lo que hicieron el año pasado. Presupuesto en mano. Sala elegida. Productor decidido, punto importante muchachos, es el DT del equipo: “Es el tipo que te va a ordenar, te va a indicar por qué camino agarrar, por dónde llevar la canción”. Quedaba meterse a ensayar. En el oficio de la música hay dos realidades distintas, una cosa es el vivo y otra el estudio y los pibes se golpearon contra eso. “Son dos formas de tocar, dos formas de sentir las cosas y las dos necesitan práctica, el camino es progresivo en el conocimiento”. En el vivo, muchas cosas pasan desapercibidas pero cuando estás grabando la situación es otra, te das cuenta que no sonás lo necesario y le tenés que meter más huevo. “En un disco cuando cada tema tiene su personalidad, cuando cada tema es un tema importante, uno presta más atención. Lo más duro fue darnos cuenta de esto y decir ‘Bueno, hay que afilarnos’”. En esos momentos, me mordía el labio y no podía creer la garra con que enfrentaban las cosas.

Así que empezaron un trabajo duro y se separaron, un día ensayaban las bases (batería, bajo y guitarra) y otro lo hacían todos juntos. Esto de darte cuenta que no te escuchás como querés puede parecer una boludés, pero no lo es, porque no hay infinito tiempo de grabación, el tiempo es el que permite el presupuesto: “La realidad es que teníamos que ir y meter los temas que queríamos en “x”  cantidad de horas y eso es lo que a uno lo complica, porque es ir contra reloj”.Otra vez la guita girando en medio de ecuaciones difíciles de resolver.

ojerosaCuando por fin tocó entrar a grabar, el reencuentro hizo que valga la pena tanto esfuerzo y laburo. El proceso había logrado descubrir el propio estilo de la banda: “La realidad nuestra es que recién el año pasado empezamos a definir nuestra identidad y a poder pulir las canciones. Creo que el mejor trabajo que nos dio el disco fue empezar a conocernos realmente y ver por dónde íbamos, lo que no es algo fácil ni de darse cuenta, ni de interpretarlo, ni entre nosotros mismos. A partir del disco empezamos a encauzar la banda en un lugar que hasta el momento no lo teníamos”.

¡Vamos los pibes, che! Llegaron al estudio a pleno, pero el tiempo de grabación que fue de septiembre a diciembre, se prolongó mucho más de lo que esperaban. Planearon algo que organizativamente era casi imposible, teniendo en cuenta que las jornadas duran diez horas promedio, que todos trabajan, todos tienen horarios diferentes y que esas dos caras de ellos mismos tienen que lograr convivir. “Tiene que ver con que sería hermoso estar todo el día dedicado a esto, pero la realidad es que en un momento teníamos solo los fin de semanas y por ahí muchas veces coincidía que uno no podía. En definitiva chocamos con una doble realidad”. 

Varios meses después lograron mezclar y masterizar. Ahora el problema es otro, tener la guita para poder editarlo. Sacar el disco en un soporte físico es ver tu esfuerzo materializado, “Es algo que va a quedar, es algo tuyo. Es una cadena de laburo que terminó en algo, que concluyó en algo. Es un laburo que nosotros le pusimos y lo terminamos.”

Por otro lado, es encontrarse con un nuevo desafío. Los pibes saben tocar pero al momento de sacar un disco tenés que afrontar un montón de otras tareas que a veces le son ajenas. Me quedó picando lo que tiró el de la UMI, porque posta que es tal cual: “El tema es que vos grabás, vos tocás tu instrumento pero después hay un montón de cosas que exceden a lo musical, registrar el disco, hacer las copias, un montón de cosas que nos tenemos que interiorizar”. Me metí en la web, y la solapa de “Preguntas frecuentes” y las charlas que brinda la organización parecen ayudar a resolver muchas de las consultas que surgen para que editar un disco en formato profesional pero independiente sea un poco menos complicado.

***

El arranque los encontraba sin la necesidad de grabar. Las pulsiones de banda tenían otros mambos, iban por otro lado. El crecer los llevó por otros caminos.“Llegar a creer en la banda lleva tiempo”, dicen. Maduraron juntos y cada uno, maduramos en realidad, porque la Familia Ojerosa sigue acompañando. Ya pasaron los cumpleaños de 15, los ensayos, la eterna base de bata de la Bestia Pop. Llegó el laburo, viejo. Pero el laburo lindo, el que te cuesta porque te cuesta el bolsillo, el rato que era de la birra después del trabajo y ahora es del ensayo, el finde que podía ser de quinta pero ahora es de grabación, las juntadas en las que se hablaba de futbol y ahora se discute el arte de tapa. El que cuesta y a la mierda que cuesta, pero que te infla tanto el pecho que casi se te sale el Batman del centro de la remera. Llegó el disco cuando tenía que llegar, sin los diez años anteriores a puro huevo no hubiese llegado nunca. En realidad, está en camino, los pibes le bancamos la espera. Agarro una birra, el pela me mira como cuando éramos pibes y dice: “Un disco es lo mejor que le puede pasar a un músico”. Para mí, ya podemos empezar a brindar.

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