Democracia o deudocracia

Por Los economistas con los cordones desatados

¿Hacer lo que exigen los acreedores o gobernar para el pueblo que lo eligió? Ese es el dilema que enfrenta el gobierno griego. Alex Tsipras, el flamante Primer Ministro de Grecia, ganó las elecciones prometiendo terminar con los recortes salariales y las políticas de austeridad. El 20 de febrero debió acordar con la Unión Europea (UE) una ampliación del rescate. La semana pasada, Tsipras viajó a Bruselas donde recibió una fuerte presión de la UE, sobre todo de Francia y Alemania, para que profundice las reformas fiscales. Al volver a Grecia, el gobierno respondió con un paquete de “leyes antipobreza”. El jueves 9 de abril es un día clave para Grecia y para toda Europa.

El partido Syriza ganó las elecciones el 25 de enero de 2015, y para Alex Tsipras, que asumió como Primer Ministro, fue como subirse al barco de Odiseo. El 20 de febrero debió reunirse con la llamada Troika (el FMI, el Banco Central Europeo y la UE), para acordar un nuevo rescate financiero para afrontar los vencimientos de este año. A cambio, las exigencias de siempre: recortes salariales y reforma fiscal. A esto se le suma que en el primer mes de gobierno hubo una fuga de capitales y de depósitos por un 9% del PBI.

El mes de marzo ha sido complicado para el nuevo gobierno encabezado por Tsipras. A mediados de mes, debió presentar un plan de reformas específicas luego de haber acordado una ampliación del rescate en febrero. La amenaza de entrar en default, pende sobre la cabeza de Tsipras como la espada de Damocles. Son 4432 millones de euros los que debió depositar Grecia en el último mes. Este jueves con el riesgo de quedarse sin liquidez, debe pagar 450 millones de euros al FMI. Algunos auguran la inminente salida de Grecia del euro y la vuelta al histórico dragma, la antigua moneda nacional.

Un regreso a una moneda propia permitiría a Grecia tomar decisiones autónomas en lo que respecta a política monetaria y cambiaria, es decir que podría emitir dinero para que haya liquidez en su economía sin depender de nueva deuda externa en euros. Grecia, como todos los países que adoptaron el euro, no emite la moneda que circula en su economía ni fijan las tasas de interés, sino que dependen de la política monetaria que adopta el Banco Central Europeo. En caso de escasez de circulante, los bancos griegos deben acudir a este Banco Central supranacional. Salir del euro, le permitirá fijar el tipo de cambio a niveles que promuevan sus exportaciones. Por otro lado, Grecia debería soportar el castigo de “los mercados” que pueden intentar fugar euros masivamente, cosa que ya viene ocurriendo.

Son Alemania y Francia los que lideran la presión a Grecia desde la UE para que cumpla con sus pagos y aplique reformas fiscales porque son los bancos alemanes y franceses los principales acreedores y los que vienen lucrando con el endeudamiento griego y del resto de la periferia europea. Además aparece en escena al frente de los reclamos a Grecia, el gobierno conservador español liderado por Rajoy. Los españoles del PP parecen más “acreedoristas” que los propios acreedores, si se nos permite el neologismo. ¿Por qué? Porque España optó otro camino para salir de su crisis y continúa con una deuda pública cercana al 90% del PBI. Entonces si Grecia no puede afrontar sus pagos, la desconfianza va a crecer sobre las deudas de la periferia europea y va a ser mucho más difícil para España seguir financiándose tomando más deuda.

En los últimos días desde Atenas se anunciaron leyes de bienestar social, un paquete de “leyes antipobreza”. Se transformará la agencia de privatización del Estado en un fondo de inversión para financiar políticas de bienestar social en vez del pago de la deuda pública. También prevé restablecer la corriente eléctrica a las familias que no pueden pagarla y proporcionarles hasta 300 kw/h gratis hasta fin de año. Además, habrá un subsidio a la vivienda por el cual hasta 30.000 familias van a recibir una ayuda de 70 a 220 euros para el pago de alquileres e hipotecas y una ayuda alimentaria para 300.000 personas. El gobierno griego además advirtió a la Troika que no se dará ni un paso atrás en materia de derechos laborales y sociales.

El flamante gobierno de Tsipras, en medio de este tira y afloje, puso una carta más sobre la mesa: la reparación histórica que se le debe a Grecia por la ocupación alemana en la Segunda Guerra Mundial. Otros países europeos han cobrado esa reparación, Grecia no. Durante la ocupación alemana, Grecia adquirió préstamos forzosos por 10.300 millones de euros, monto al cual habría que sumarle casi 70 años de intereses.

Desde 2010, Grecia ha venido recibiendo créditos para recuperar su economía que ascienden a 240 mil millones de euros. Los créditos han sido provistos por el Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Central Europeo (BCE) y la Comisión Europea (CE). Pero nada es gratis. A Grecia le han impuesto recortes presupuestarios que incluyeron recortes salariales, de pensiones y otros. Estas medidas de austeridad han deprimido aún más a la alicaída economía griega que exhibe de acuerdo al Banco Mundial un 27% de desempleo (hace 5 años era menor al 8%), más de un 22% de pobres y una deuda externa de 315 mil millones de euros que representa un 176% del PBI.

Desde la UE amenazan retrasando el giro del rescate financiero acordado en febrero para ver si logran en estas horas algún avance mayor que apunte a la austeridad, palabra que el pueblo griego asocia con mayor sufrimiento. Desde el gobierno de Tsipras dejan latente la amenaza de abandonar el euro con las implicancias que tendría para el sistema financiero europeo y en medio de las negociaciones y a horas de un vencimiento clave publican desde Atenas la cifra de lo que reclamarían a Alemania: ¡278.000 millones de euros! Es decir, más que lo que han recibido en los dos rescates financieros desde que comenzó la crisis.

En dos meses, el nuevo gobierno griego ha encontrado un panorama muy difícil donde los vencimientos de deuda y la presión de la Troika son acuciantes, y por otro lado, el pueblo griego viene sufriendo 5 años de deterioro de las condiciones de vida con niveles de pobreza y desempleo crecientes. El gobierno, por un lado, declara su voluntad de cumplir con los pagos de deuda ad infinitum, y por otro, sostiene que no habrá más retrocesos en materia social. El pueblo griego ha depositado en Tsipras y Syriza la confianza para que el gobierno gobierne para el pueblo y no para los acreedores como han hecho sus antecesores. Democracia o Deudocracia, esa es la cuestión.