La revolución es ahora

Relanzan el proyecto de ley que propone un régimen reparatorio para trans y travestis víctimas de violencia institucional. La identidad de género: de delito a derecho humano.

El jueves 6 de octubre se presentó en el Congreso el proyecto que propone un “Régimen Reparatorio para Víctimas de Violencia Institucional por motivos de identidad de género”. El proyecto 2526 busca el reconocimiento por parte del Estado de la violencia institucional a la que fueron sometidas sistemáticamente las personas trans y travestis por las fuerzas de seguridad pública; y en especial a aquellas que fueron detenidas de manera ilegítima a causa de los edictos policiales vigentes hasta 1995.

Tal como se desarrolla en los fundamentos del proyecto, los edictos policiales fueron la herramienta básica de las políticas de persecución orientadas a la normalización de grupos sociales considerados “desviado” por el poder estatal:entre ellos, lxs trans. Estos instrumentos le daban a la policía la potestad de emitir los edictos, de juzgar, interpretarlos y de aplicarlos. Las trans y travestis fueron marcadas como esos cuerpos e identidades a perseguir, patologizar y marginar. Sus trayectorias de vida están signadas por episodios de detención arbitraria, golpizas, abuso y tortura por parte de la policía. “Los edictos policiales sirvieron como excusa legal para encarcelarnos, el crimen fue nuestra identidad”, afirmó Norma Girardi de la Asociación de Lucha por la Identidad Travesti y Transexual en el acto de presentación.

Esta iniciativa, que ya cuenta con la firma de 22 diputados y diputadas de todo el arco político, fue impulsada por Lohana Berkins, militante travesti y líder de ALITT hasta su muerte en febrero de este año, junto con Marlene Wayar, referente del colectivo trans y militante de Futuro Transgenérico. El proyecto fue redactado e impulsado por Abogad*s por los Derechos Sexuales (Abosex). Dice la letra que serán beneficiarias de este régimen las personas mayores de 40 años a las que se les haya aplicado el inciso f “los que se exhibieren en la vía pública con ropas del sexo contrario” y el inciso h “personas de uno u otro sexo que públicamente incitaren o se ofrecieran al acto carnal” del artículo 2 del derogado Reglamento de Procedimientos Contravencionales del Edicto policial dictado por la Policía Federal Argentina.

El régimen de reparación contempla el otorgamiento de una pensión graciable para las víctimas, al igual que perciben las víctimas del terrorismo de Estado en los 70. Dos años atrás, cuando este y otros proyectos similares se presentaron por primera vez en el Congreso, se generaron frívolos e irrespetuosos discursos que denunciaban un supuesto privilegio de las personas trans por poder acceder a esta pensión. No: de lo que se trata es de reconocer las violaciones de un Estado sobre una población que fue sistemáticamente perseguida y excluida de la ciudadanía. El privilegio siempre fue ajeno.

Por otra parte, las personas trans de más de 40 años, es decir las destinatarias de esta reparación, no son muchas. De acuerdo a un informe de ALITT, se estima que el promedio de vida de las personas trans es de 35 años  -qué privilegio-, por lo que las “sobrevivientes” nos son demasiadas. De acuerdo a los impulsores del proyecto, se trata de un universo posible muy restringido de aproximadamente 300 personas a nivel nacional.

En tanto a partir de la Ley de Identidad de Género, el Estado argentino reconoció a la identidad de género autopercibida como un derecho humano. Ergo, se considera que la criminalización de esta identidad durante la vigencia de los edictos policiales fue una violación de los derechos humanos. Marlene Wayar expresó que se trata de crímenes de lesa humanidad, puesto que fueron cometidos por un Estado contra una comunidad en particular.

“Somos las olvidadas de la democracia”, sentenció la activista trans Jorgelina Belardo ayer en el Congreso. De modo constante, señalan que para ellas el Estado terrorista y  desaparecedor no terminó en 1983. “No sé cuántas veces entré y salí de la cárcel”; “Me acuerdo de escuchar cómo golpeaban a una compañera en un calabozo mientras le gritaban ‘Dale, puto, ¿cómo te llamas?’”; “Las travas merecemos morir de viejas, no asesinadas por el odio y la violencia”. Entre lágrimas de memoria por las compañeras que no están, pero también de orgullo por continuar conquistando espacios de legitimación, las activistas trans presentes en el encuentro sumaron su adhesión y fuerza a esta iniciativa.

Entre la presentación original de este proyecto de ley en el 2014 y este relanzamiento en el 2016, pasaron muchas cosas. Entre ellas, se fueron dos luchadoras por los derechos de las trans y travestis, que hoy se hicieron carne en la voz de cada una de las oradoras. A una semana del aniversario del asesinato de Diana Sacayán, fueron eternos los gritos de “Justicia”, “Diana presente” y “Furia Travesti”. Y para todas fue una inspiración indudable la de la “travestiarca” (al decir de la propia Diana) Lohana Berkins: “El tiempo de la revolución es ahora, porque a la cárcel no volvemos nunca más”.

Un imaginario que los acaricie

Elian trabaja en el Ministerio de Trabajo desde hace dos meses, y está feliz. Justo él, que pasó las mil y una, personal y laboralmente, hoy es parte del Estado. “Y de este Estado”, enfatiza, en sintonía y simpatía con una serie de políticas que él, por estar dentro, conoce, y por ser trans, reconoce.

Aunque siquiera él sabe muy bien cómo entro al área de Empleo del gobierno. Sí que tuvieron que ver sus visitas al INADI y al propio Ministerio, donde presentó su abultado currículum y reclamó por intermediaciones con distintos laburos donde “en un momento, no pasaba la entrevista”.

¿Por qué?

La comunidad trans es amplia y diversa. “Un abanico” define Elian, donde no sabe ubicarse bien. “Chabón trans, puto” arriesga, sin ganas de etiquetarse. Pero asume la masculinidad trans para plantarse contra la “invisibilización” que se hace de esa porción del movimiento, tanto dentro como fuera: “Nadie se acuerda quiénes somos, dónde estamos. No es solo la problemática en el mundo laboral. Las feminidades trans no nos incluyen dentro de su discurso”.

Elian saca a relucir algunas deudas pendientes. Como activista y parte del grupo LGBT vivió desde adentro las discusiones sobre la ley de identidad de género. Y conoce muy bien la mecánica de trabajo dentro de la comunidad, y las jerarquizaciones que se fueron formando. “Se cree que los chicos trans son de clase media, tienen cierta posición social y la contraponen a la situación de los travestis como las verdaderas marginadas” explica.

Elian viene de una familia de clase media y terminó su secundario en el Nacional Buenos Aires. No por eso, siente, dice, su vida ha sido menos difícil que para otros y otras. En todo caso, nadie sabe.

“En el caso de las trabas lo que hay son números. Hay estudios. Hay ciertas cosas obvias del día a día, por ejemplo que sabemos que se prostituyen. Pero a la hora de trazar políticas concretas ¿qué necesitas? Ese tipo de datos. Nosotros no tenemos”.

Fotos: NosDigital

Desde que comenzó a hormonarse, Elian dice que “quedó en pelotas”. No tiene contacto con su familia. Estuvo en la calle, desocupado, haciendo changas, puso una “parritrans” en Barracas, se fue, y hasta hace unos meses trabajaba en una casa de ropa donde le pagaban mil pesos por mes. “Se aprovechaban que el trans no tiene otra cosa, está desesperado. Por convenio debería haber ganado 4 mil o 5 mil pesos por mes”, cuenta.

La decisión entre ser y parecer fue para él un conflicto profundo. “Hay una lucha política muy fuerte de decir “mi cuerpo es como es” y que no necesito transformar mi cuerpo para parecer”. Elian lo ejemplifica en una conversación que mantuvo estos días en la oficina: “Una chica que decía: me encantaría no depilarme pero ¿sabes qué pasa? Después soy yo la que se tiene que bancar que me digan las cosas o me bardeen”.

Elian: “Hay un momento en que estaba hormonando que era como un intermedio. Era un eterno “¿qué es esto?”. Y eso era lo que escuchaba cada dos pasos. “¿Que es esto, boludo, es una mina o es un tipo?” Yo estaba al lado, ¿entendes? Es muy fuerte. Y hay veces que vos estas viajando a tu casa, en el colectivo, estás estudiando y tenés que hacer otra cosa… digo, no estás militando. Te pasa por portación de cuerpo”.

Otra escena: “Cuando me vinieron a censar en 2010 me preguntaron -yo llevaba poco tiempo hormonando-. ¿Género? Masculino. ¿Como masculino? Sí, masculino, soy trans. El tipo no entendía, puso uno masculino y el otro femenino”.
Elian tiene un discurso elaborado. No cuenta esto para “dar testimonio” sino para encarar el análisis de cómo los chicos trans “no estamos en el imaginario social”. Y que eso pesa a la hora de trazar políticas.
De inclusión, laborales y cualquiera sea.

La ley de identidad de género salda varias deudas pendientes en este sentido. “Está a la vanguardia en el mundo”, opina Elian. “No patologiza, es muy completa, sobre todo la parte de salud, es inédita”. Otro paso que señala como positivo es el acceso al DNI. Laboralmente, a la hora de enfrentarse a una entrevista, el DNI funciona como un respaldo que refleja la portación del cuerpo. “El género es un conjunto de cosas: el DNI, la cara, la hormonización, la ropa… Si eso no se notaba en la entrevista, a lo sumo podían decir “que raro este tipo, medio puto”. Con el DNI pasan los que tiene un proceso de hormonización…”.

¿Cómo lo viviste vos? “Yo vengo de una familia de clase media, tengo una buena secundaria, un buen currículum pero en un momento no pasaba la entrevista. Vos podes plantarte todo lo que quieras pero… ponele que no sea tan fuerte la discriminación, sigue actuando la patologización: “pero no sé qué pasara, si está enfermo, si influirá”. Ahora, hay gente que no pasa, si no está hormonada no pasa. O minas trans que no tienen tanta facilidad para aparentar la cara. Esa es una violencia que sigue operando. Hay otra parte que tiene que ver con un cambio social profundo. Estamos en ese periodo de transición”.

Para Elian el Estado ve más adelante que el imaginario social: “Hay un Estado que se está haciendo cargo, que está saldando deudas históricas, que está tomando políticas que son inéditas. A la vez, eso parece que esto está más a la vanguardia que la sociedad”.

Por ejemplo: “El Ministerio está laburando mucho. Se abrió una línea de inclusión laboral de la Secretaría de empleo. No te ubica laboralmente, lo que hace es apoyarte. Especialmente para la población trans lo que hace es firmar convenios con determinadas organizaciones o localidades y trata de mediar entre las oficinas de empleo y las oficinas de contratación. A la vez que está brindando cursos de capacitación a las personas que atienden: si te atiende un boludo la medida estatal no sirve para nada”.

Gracias a estas articulaciones, a su buen currículum y a sus visitas -presiones al INADI, hoy Elian trabaja en la Dirección de empleo independiente y entramado productivo, un área de apoyo dentro del Ministerio de Trabajo. “Fue una sorpresa para mí; yo estaba entre no conseguir laburo y laburos que me estaban recontra cagando”, sintetiza. “Después de eso, volver a laburar me alivia mucho, te devuelve a una situación de equilibrio económico y emocional”.

Si la charla viró hacia un sentido más teórico que práctico – la visibilización de las masculinidad trans- es porque Elian no abandona jamás su tarea de activista y militante de la comunidad, de su identidad, porque sabe que más allá de las políticas estatales lo que va configurando un imaginario que lxs acaricie depende de charlas como estas. Y de eso depende todo, incluso las leyes, incluso el trabajo.

“Pareciera que el sexo es el demonio”

La primera parte de la extensa nota a la monja brasilera Ivone Gebara, máxima representante de la Teología Feminista de la Liberación, arrancaba con una negación: “Ivone Gebara no está en Wikipedia”. La segunda arranca con más de sus análisis, consideraciones, visiones del mundo, preguntas, respuestas y teologías. Y terminará con una propuesta. Vamos:

Imágenes: NosDigital

“Pareciera que el sexo es el demonio”

Creo que pocas de nosotras hemos trabajado sobre la cuestión de la identidad de género (una de ellas, Marcela Althaus-Reid), la mayoría de las teólogas no ha trabajado aún sobre estas identidades y sobre la distinción género/genitalidad. Pero sí hay muchas filósofas (por ejemplo, Butler; ella trabaja mucho la cuestión de las múltiples identidades sexuales). Butler dice: “Por favor, no sean aristotélicos, no hagan nuevas definiciones: ‘animal primate, 32 dientes…¿Y qué es un hetero? ¿Y un gay? ¿Una trans? Lesbiana, homo…”. He hecho talleres, me invitaron a ser parte de ellos para conocer diferentes movimientos, y creo que la apertura respecto a lo “nuevo” también depende mucho de los lugares. Por ejemplo, en Sao Paulo, existe una violencia increíble contra los homosexuales. Los agreden, los matan…

La cuestión de la sexualidad en las Iglesias cristianas ha sido desarrollada de forma binaria: hombre-mujer, correcto-incorrecto, normal-anormal. Todavía no podemos salir de eso, no salimos de pensar en clave “naturaleza”, y eso es una trampa. Tenemos pudor de hablar sobre ello, como si la vivencia de la sexualidad fuese en contra de Dios. Pareciera que el sexo es el demonio. De todas formas, seguimos, me parece, en los primerísimos pasos respecto a estos temas.

“El niño es de quién lo hace, y de la sociedad”

La prohibición del aborto es el GRAN DOLOR de las mujeres hoy día. A veces, se lo toma como algo muy liviano, con hipocresía, facilismo. Lo primero que tengo para decir es que el aborto es un problema de SALUD PÚBLICA. Hay cosas que no puedes impedir: una gripe, la propagación de algunos virus, que las mujeres queden embarazadas. Lo imprevisto, en sí, es una parte de lo previsto. Cuando una mujer se ve con un embarazo no deseado, a veces fruto de una violación por desconocidos, por policías, entonces las Iglesias tienen una actitud romántica. “Es un nuevo ser”, dicen. Claro, ellos pueden decirlo porque no tienen el bebé en su panza, porque no sufrieron la violencia.
Los abortos mal hechos son la décima causa de mortalidad materna, por eso es que el aborto es una cuestión de salud pública. ¿Por qué el aborto es un crimen de las mujeres y no de los varones? Muchos hombres dicen: “O yo o él”, refiriéndose al futuro hijo. Y se van. La sociedad patriarcal condena a los cuerpos femeninos.
Hay que luchar por la descriminalización y legalización del aborto. Es un respeto a la elección de las niñas, de las madres. En Recife, hay un grupo que acoge chicas de la calle. Encontré una chica de 14 años. Estaba embarazada. No quería tener ese bebé: se golpeaba la panza, “No quiero”, gritaba. ¿Vamos a forzarla a que lo tenga? Eso ya no entra en Teología. Eso es salud pública. Y viene de la mano con dar educación sexual en escuelas, barrios y sobre todo -esto, por favor, subrayado con doble línea- para los varones jóvenes. Tenemos que crear conciencia, que los hombres se sientan responsables, el niño no es sólo de la mujer. Es también de quien lo hace y, claro, de la sociedad, que tiene la obligación de cuidarlo.

¿Cuál es la propuesta de esta nota? Tiene el objetivo de enmendar la primera negación. Ivone Gebara tiene que estar en Wikipedia. Y, por eso, este es el perfil creado para ella, a partir de todo lo contado, en el primer y segundo artículo de esta publicación y de todo lo que de ella se pueda encontrar en internet. Un boceto, mínimo, para seguir mejorándolo:

Ivone Gebara (Recife, 1944): Monja brasilera, de la congregación Hermanas de Nuestra Señora, teóloga, feminista y libertaria, referente de la Teología feminista de la Liberación, que ella fundó en 1980, tras haber estudiado Filosofía y Ciencias Religiosas en Europa y graduarse en ambas carreras.

Actualmente, es una de las voces más escuchadas tanto por el movimiento feminista como por aquellos que se oponen a la jerarquía de la Iglesia Católica. Está a favor del aborto, de la desnaturalización de la maternidad, en contra del academicismo por el academicismo mismo, de la teología metafísica y a favor de la acción social. Escribió varios libros y entre sus posturas más reconocidas, está aquella que menciona que “Hay que salvar al pueblo y no a la Biblia”. La mayor parte de su teoría la extrajo a partir del trabajo social que realiza hasta hoy con las mujeres pobres de Brasil. Sostiene, en ese sentido, que ellas están oprimidas por la Iglesia y que sufren muchísimos dolores, que esta institución no les permite canalizar. “Olvídense de Dios”, les pide muchas veces a sus compañeras, quienes, según ella misma cuenta, conciben que todo lo que sucede en el mundo, también lo no deseado, es obra y gracia del Todopoderoso y no de su acción para sostener o modificar trayectos propios de vida.

Parte 1 de la entrevista

La extinción de Adán y Eva

Ni hombres ni mujeres. O mujeres y hombres a la vez. O una sola. ¿Qué le toca al mundo trans de la ley de Identidad de Género? ¿Qué le queda de esta sociedad? María Laura Alemán, Marlene Wayar y Susy Shock, tres travestis, hablan de lo que debe aparecer en el DNI, del maltrato de la policía, de romper con los baños separados, de la linguística, de todo lo que tiene que ver con esta tercera posición. “Para la mayoría de nosotras y nosotros, la ley es simplemente una palmada en la espalda”, dicen y debaten.

Mientras caminaba por Pasco hasta Hipólito Yrigoyen, me molestaban las rodillas con el banco que llevaba para armar la producción de fotos. Ya estaba llegando al bar Burlesque en el que habíamos quedado en encontrarnos con María Laura Alemán, Marlene Wayar y Susy Shock, pero pensaba prejuicioso, normal, en no caer tarde por si en la calle la pasan mal. Me imaginaba insultos, miradas, gastadas. Y encima el frío. Marlene y Susy todavía no habían llegado. María Laura sí.

Efectivamente, aunque María Laura decía no tener frío porque estaba bien abrigada, sí la habían insultado dos veces en las doce cuadras de caminata. ¿La insultarían también cuando volvía del seleccionado de veteranos de rugby embarrada con el bolso y la chomba? Yo no. Mide un metro ochenta largos y tiene un porte acorde al deporte.

Susy Shock
Susy Shock

Esperamos a Marlene afuera. Me contó, con su voz grave, que tiene tres hijos, una exmujer con quien se lleva muy bien. Que estudió en una escuela religiosa en la que trabajaba como profesora de música, aunque disfrazado de hombre: “Fue una cosa muy culposa. En el catolicismo la culpa es algo muy presente”. Que su hijo mayor fue a esa escuela. Que la echaron por travesti. Que sigue siendo religiosa, pero no cree en la iglesia establecida. Que también la echaron de uno de los coros. Que se enfermó primero de diabetes. Que se culpaba a sí misma. Que la terapeuta la ayudaba a culparse. Que se volvió a enfermar de Guillain-Barré. Que es una enfermedad mortal. Que eso la debilitó mucho. Que eso la hizo dar el paso para visibilizarse. Que ahí se separó, porque la exmujer es heterosexual. Que le gustaría volver al rugby para entrenar a chicos o mujeres, pero que ella ya se despidió de jugarlo. Que pim, que pam, que -de repente- tenemos un conocido trans en común. Que su simpatía hace que también hable de eso: “No me lo puedo imaginar como mujer. Lo conocí como chico y es un chico. Y eso que no oculta su pasado. Sé que la familia lo acompañaba con el tema de las hormonas, con la operación. Lo admiro muchísimo”. Que le estoy por confesar que yo también lo admiro, pero que una mujer me evitó sonrojarme: “Qué lindo banquito. ¿Es de ustedes? Esa planta la puse yo, pero ya la arrancaron”, no paraba.

-La cortaron, ¿no?- la acompañó María Laura y yo callé.

-Sí. Cuánta maldad. Se tomaron trabajo.

En realidad hubo más idas y vueltas, pero esa fue la idea.

“La calle no es un mundo hostil. Pasan cosas copadas y son muchas más que las agresiones. He tenido muchos encuentros así. Algunos los tengo escritos en cuentos y canciones. Esta marginalidad hace que nos conectemos en el mundo de otra manera. Como está tan marcado que el mundo tiene que ser de una manera, los que quedamos un poco excluidos nos reconocemos de alguna manera. En realidad, yo creo que todos somos marginales a este sistema. Algunos parecen encajar más, pero todos estamos obligados a ser de una manera: trabajar y estudiar de una determinada manera, tener tal gusto sexual, vestirte azul si naciste hombre y rosa si naciste mujer. Antes de tomar la decisión de empezar a vivir como mujer, había tenido que tomar una decisión tan difícil como esa: dejar ingeniería naval y estudiar música”, me explica, mientras pienso en qué larguera era, porque en realidad fue muy largo lo que dijo. Pero qué clara. Se nota que es mujer. No se lo dije, me ahorré decir pelotudeces.

Susy Shock todavía no había llegado, pero ya tenía algo que decir sobre la marginalidad: “Una vez escuché decir a alguien que el hombre de Cromagnon dibujó a la vaquita después que la comió. En una sociedad tan desigual, hemos visto caer grandes valores porque no se pudieron sostener. Es un medio muy cruel, pero nuestro continente es muy cruel hagas lo que hagas. Gente muy prometedora se tuvo que ir a España, por ejemplo, a vivir de otra cosa. Yo tuve la decisión de cagarme de hambre por el arte. No sé qué hubiera pasado al revés, si no tenía nada ¿hubiera podido acceder al arte? A tantos y tantas les cuesta el acceso a los beneficios de la belleza, se ve una cuestión de clase. ¿Cómo se mete en un taller una chica que está en situación de prostitución si está entregando el cuerpo cuando lo podemos hacer? En el teatro no ves al obrero ni a la trava. Eso da cuenta de algo. Si hay gente saliendo del analfabetismo, ¿cómo va a comprar un libro de poesía? El Estado no tiene al arte como prioridad. Hace poco conocí la Casa de Lectura de la Ciudad de Buenos Aires. Estaba en una situación de desolación terrible, algo que es moneda común en este gobierno porteño”.

María Laura Alemán
María Laura Alemán

María Laura también es artista. Compone música clásica y hace música popular, ciudadana. “Trato de acercarlos. Creo que tiene que ver con la integración que llevo en mi vida”, me contesta cuando le pregunto si son géneros.

Ahora sí, vamos al grano: género es lo que tiene que ver con la psicología; sexo, con los órganos internos y externos; orientación sexual con la atracción amorosa o sexual.

Marlene, que llegó alta y flaca con una valija tambaleante por las veredas rotas, explica por qué cree que la reciente ley de Identidad de Género está bien nombrada: “Claramente el género hace a la identidad. No la agota ni es una parte desproporcionadamente trascendental respecto de otra como la edad, la clase, la nacionalidad… Sí lo es en este tipo de sociedades donde el cuerpo sexuado hace una división tajante que tiene que ver con todo, partiendo de la división de tareas. Lo hombre marca una posición de poder que acomoda a todo el resto”.

-¿Por qué lo hombre?

Marlene: -Porque son ficciones. Así como la naturaleza es nuestro concepto de lo que es natural y qué no, lo hombre y lo mujer son apariencias. En realidad, ninguna y ninguno sabe qué es. ¿El hombre es fuerte? ¿La mujer es débil? Hay infinidad de excepciones. ¿Y respecto de qué? Los varones son muy maricones a la hora de jubilarse, de enfrentar una enfermedad severa. Las mujeres con hijos suelen ser mucho más fuertes en eso. Cualquier cosa que melle la hombría, el varón no la puede superar.

Susy Shock ahora sí llegó. Con voz grave, sombra de barba, ropa femenina y exótica, bizarra, agrega: “Desandar la cultura que heredamos está bueno, es un camino de riqueza. Cuando me miro para atrás o me imagino para adelante, solo tengo la certeza de que voy a seguir mutando. Yo partí, como todos y todas, de una idea que nos construyeron de lo masculino y de lo femenino. Después eso hizo crisis cuando chocó con el mundo. Nuestra generación tardó mucho en deconstruir lo que nos decían. Tardamos demasiado tiempo. La pregunta es qué pasa cuando abrazamos a ese niño y esa niña, que no decidieron venir a este mundo, en la búsqueda, aunque no tenga nada que ver con lo que esperábamos. A mí me hubiera encantado disfrutar de mostrarme como soy a los 15 o 20 años. Pero tardamos demasiado tiempo desandando esa cultura”.

María Laura: – Yo sentí que era, claramente, un problema de identidad. Cuando lo racionalicé, fue cuando yo me visibilicé y el mundo me abandonó: en especial, en los espacios familiares. Lo que sentís es que desaparecés porque a los demás no les gusta lo que están viendo. La forma como yo pude zafarme de eso fue brutalmente creativa: con las enfermedades. Esa sensación de inexistencia hace darte cuenta que es un tema de identidad. No sos como sos, sino como quieren que seas.

Y agrega una curiosidad de su vida: está en un matrimonio igualitario, porque tiene partida de nacimiento de mujer y un matrimonio válido. Si no existiera esa ley, estaría obligada a divorciarse aunque no quisiera. “La ley de matrimonio igualitario abrió el paso a todas las demás que están viniendo como la de muerte digna, la de identidad de género, la de despenalización de aborto, la de tenencia de drogas. Las leyes vienen antes que los cambios sociales. El Congreso está interpretando los deseos de ciertas minorías, o mayorías postergadas. Eso después baja a la gente. Deja de tener miedos”. Esas leyes tienen que llegar a cubrir a los pueblos originarios, también, dice: “Es de lo más grave, con los desaparecidos, pero encima llevan 500 años postergados”.

Marlene Wayar
Marlene Wayar

-Para vos, Marlene, ¿cambió algo el mostrarte como mujer?

Marlene: -El mostrarme como femineidad, en realidad, me hizo caer en la indigencia. Sistemáticamente, se me faltó el respeto. Cualquier policía que se me cruzara podía hacerme lo que se le cantara: pedirme el documento, detenerme, que un comisario fuera mi juez, cobrarme coima para transitar, para ejercer la prostitución, usufructuarme sexualmente, sacarse las ganas de pegarle un cachetazo a alguien. A partir de eso, todo: no tener acceso al trabajo, a la educación, a la salud, que me cueste más caro un lugar para vivir o el maquillaje que cualquier mujer compra.

-¿Por qué femineidad?- insistí, para demostrarle que iba a tener que ser clara y repetitiva, larguera. Estaba hablando con un cavernícola.

Marlene: -Porque en algún momento me creí mujer de muy chiquita, cuando no me podía explicar a mí misma y no tenía una mamá con las herramientas necesarias para explicármelo. En la escuela tampoco había posibilidades de que me dijeran que podía construir mi identidad. Me creí mujer. El encuentro con el primer hombre con el que acepté tener una relación sexo-afectiva me hizo dar cuenta de que no era mujer, pero que sí iba a explorar lo femenino. Lo mujer está cerrado, es sistemático al hombre y es un concepto que pertenece a otro: tiene un dueño. Yo no entro en la categoría de mujer. Creo que todos nos tenemos que ir de esas categorías. Yo empecé a no aspirar a eso. Es imposible ir a la casa de alguien a decirle cómo son las cosas ahí. No pierdo energía en decirle a la hegemonía cómo debe signar sus significados. Construyo un mundo diferente y posible, mientras coexisto en este, al que he venido a negociar. Negocio que este estado debe ser laico, no imponerme su moral ni religiosa ni de ninguna índole, que yo tengo otros conceptos parangonables. Desde ahí negocio políticamente. Por ejemplo, exijo cosas que sí hacen a la identidad de un Estado: no matarás. No matarás es no matarás. Sistemáticamente se mata, pero además nuestro país ha matado a 30000 personas y a otras tantas solo por color de piel, de vestimenta, de sexualidad, género o identidad sexual. Todos y todas tenemos las libertades de decidir a dónde pertenecer y a dónde no. Yo no pertenezco a lo hombre o lo mujer, que ha mantenido de forma cómplice o activa este mundo de muerte y exclusión.

Las travas necesitamos políticas concretas, así como también la mujer. Hoy es necesario que se inauguren nuevas categorías fuera de hombre y mujer, que en la escuela te digan que sos un proyecto de vida. Decir que somos todos iguales queda corto. Precisamos equidad jurídica, pero hay radicales diferencias en ser mujer débil, suave, fuerte, trans… Debemos soportar tensiones entre extremos. Cuando hablamos de identidad, aceptamos ser, pero mucho más debemos aceptar qué no somos. Es un piso que debemos establecer. No te voy a perseguir, excluir, dañar, estafar, abusar. Qué sí somos interesa poco, a menos a quienes tienen una relación cercana.

– María Laura me habló primero de lo positivo de la identidad de género. En tu caso fue exactamente al revés. Lo asocié a que ella me hablara de lo trans y vos de lo travesti. ¿Estoy en un camino correcto?

Marlene: -Cuando se quieren licuar las diferencias, necesito volver a lo travesti. Parece que lo trans, por el solo hecho de ser reconocidas, vamos a ingresar a todos lados. La verdad es que no. Argentina, como Estado, nos ha sumergido en la pobreza íntegra, sobre todo de elementos simbólicos. En un 97 por ciento estamos inmersas en situación de prostitución. A una persona que en su momento no ha estudiado, que no tiene práctica de intercambio con una escuela, con un hospital, que está dolida, que ha sufrido un proceso de devastación de su salud, porque la prostitución tiene otras situaciones colaterales como adicciones a drogas y alcohol, desconfianza del otro, agorafobia, exacerbada consideración de lo físico como lo único que te va a dar de comer –teniendo 70, 80 y hasta 90 años-, se le roba la dignidad. Por darle un curso de peluquería no se da un status socioeconómico que permita vivir bien. Necesitamos una acción profundamente resarcitoria porque no se devuelven los 15 años, la caricia-abrazo-beso no brindados. Eso es irremontable como es irremontable la muerte para 30000 desaparecidos. Se debe resarcir no solo por lo paliativo, sino para que el Estado tenga un nuevo piso al que someterse si vuelve a cometer estas atrocidades.

Desde 1936, esto, además, es ilegal. Desde entonces el Estado debía perseguir solamente al proxeneta en la prostitución. Jamás a la víctima. ¿Por qué empiezo desde el lugar contrario a María Laura? Creo que por mi rol de activista. Tengo la responsabilidad de marcar las deficiencias porque nadie las está marcando. Yo estuve en la plaza y me inundé de lágrimas de felicidad porque el Congreso hizo por primera vez un gesto de cariño, pero inmediatamente me saqué las lágrimas y me puse objetiva: esto es apenas una ley clasista de la cual se van a beneficiar quienes tienen cierto status, un empleo formal. El resto, el 97 por ciento, solo recibió una palmada. El Estado nos mira. Ahora, nos tiene que escuchar. Se viene un censo del INDEC, INADI y otras organizaciones civiles. Ahí vamos a tener datos de cuál es la profundidad de injusticias y conciencia.

– ¿Creen que debe aparecer el sexo en el Documento Nacional de Identidad?

María Laura: -No. Hay una teoría, que me enseñó un libro que me recomendó Maffía, que se llama lógica difusa: ahí no importan los extremos, sino todo lo que hay dentro. Entre el 0 y el 1 hay infinitos números. No existe el hombre hombre y la mujer mujer. Es todo mucho más indefinido. La bisexualidad es algo que debe estar mucho más presente, aunque no blanqueado.

Marlene: -No. La identidad se construye durante toda la vida. Trastocar no se va a trastocar. No existen los cambios bruscos de pensar que un día se quiere ser mujer y otro varón. Hasta la adolescencia, uno se va construyendo. En mi caso, era una obviedad que yo era una nena. La forma como se fue develando esto fue crítica para mis viejos porque sabían a lo que yo me iba a enfrentar. Decidir enfrentar un camino iba a ser tortuoso para mí. No era poco pensar eso para ellos. Les dolió mucho la prostitución.

-¿Y se puede tener un lenguaje sin esos límites claros?

María Laura: -Es complicado porque en lo lingüístico todavía no se decidió si hablar con “x”, con “@”. ¿Con los artículos qué hacés? La lengua son caracteres: las palabras no son exactamente lo que te estás representando. Vos decís mesa, pero no está todo lo que te imaginás de una mesa en la mesa. A mí no me ofende, personalmente, mientras no venga una persona a tratarme de hombre porque piensa eso. Hablar de “todos y todas” es, al menos, bastante inclusivo.

– ¿Para la cuestión estatal, agregar una categoría sería posible y positivo?

Marlene: – Posible es todo. Que haya una nueva categoría implica que el Estado te está leyendo. Que te lea significa que tiene que hacer una política para vos. Puede ser corto que haya sólo una tercera categoría, pero con un “otros”, como hay en otros países, sería importante. Cuando se logre, quizás tenga un discurso crítico, exigiendo un reconocimiento andrógino. Pero eso es más volado. Ahora necesitamos reconocer las diferencias, sobre todo, corporales, y que ninguna es demoníaca. Nosotras tuvimos que afilar el lenguaje para discutir y explicar nuestra situación. Inventamos algunas palabras, vaciamos otras y resignificamos otras. En la organización en la que participio, Futuro Trans, tenemos una muletilla: que la juventud sepa matarnos. Nosotras hemos hecho algunos matricidios y parricidios simbólicos. Mi biografía es casi una excepción. No me expulsaron de mi hogar ni de mi escuela ni de mi barrio. Pero no es lo común. Tiene que haber una muerte concreta que no sea nociva y vengadora, sino resignificadora y crítica. No sólo se mata por acción en una guerra mundial o un proceso de reorganización nacional hipócrita e ilegítimo. Se mata dejando morir de hambre en un país que produce para tres veces su población. Se mata desinstitucionalización y vaciamiento de educación y salud pública como en la Ciudad de Buenos Aires.

Susy Shock
Susy Shock

Susy Shock: – Yo incorporé la x. Cuando lo leo, el paradigma es otro. Yo me tomo el tiempo, unos segundos más, para decir el “todos y todas”, y también el tiempo para pensar creativamente cómo romperlo.

Esa misma noche, Lohana Berkins, otra militante trans, festejaba su cumpleaños durante la varieté bizarra que festejan todos los terceros sábados de cada mes. “Llegaron cuando ya había todo un proceso de hacer teatro, no solo mío, sino de muchos y muchas. Supimos que no todo estaba terminado. Quedan cosas por crear y por jugar. Por eso las noches bizarras no tienen guion. Han pasado muchos actores que hacen teatro también en otro lado, pero necesitan este espacio de vértigo, de salirse de las certezas de que sabemos y podemos todo. La incerteza de la improvisación es muy fuerte. Sabés en el mismo momento si algo funciona o no. No podés salir llorando del escenario, estás buscando todo el tiempo. Han pasado cosas antológicas y cosas pedorrísimas acá. En el San Martín, no podés equivocarte. Acá, el público viene con esa complicidad. Es una postura ideológica. Lo que en un texto puedo decir más aparentemente seria, en la bizarra lo digo locamente. Y no se contradicen esos espacios, se complementan”.

Explica también que el arte se engancha con la coyuntura, o al revés, que en el 2001 se relacionaba con los piquetes y las fábricas recuperadas y que ahora se ensambla de vuelta con estas leyes sociales. “Me parece que el arte, igualmente, tiene que manejar su propia agenda. A veces hay como una exigencia al arte de tomar partido por situaciones. La ideología del arte es la de romper con esos esquemas”, opina, y se define género colibrí. “Fue humorístico y fue un hecho artístico porque ese es el espacio que me toca a mí, el espacio que elegí. Estos años estuvimos los artistas corriendo atrás de la coyuntura. Mafalda decía ‘Que lo urgente no tape lo importante’. El arte tiene que fluir. El arte es todo”.


– María Laura decía que las y los trans necesitan un psicólogo para sobrellevar su invisibilización. ¿Lo necesitaste?

Susy Shock: -A mí me ayudó el arte, más allá de lo trans. A los 15 años entré al ambiente del teatro. En el arte no se cuestiona de dónde venís, con quién andás. Yo no necesité terapia porque el arte me permitió la búsqueda de por qué elegir qué actuar, qué cantar, qué decir. Irremediablemente, está nuestra vida detrás de lo que decidimos hacer. Para mí, fue un camino que me salvó, pero no me concibo de otra manera porque me formé ahí. Supongo que me hubiera costado bastante transitar mi camino humano fuera del arte. Lo que nos falta como sociedad es un espacio más creativo y lúdico.

-La Universidad Nacional de La Plata inauguró baños sin distinción sexual ni de género. Recién hay separaciones a la hora de entrar al cubículo. ¿Qué opinan?

Susy Shock: -Hubo movidas de diversidad en la Universidad Nacional de La Plata. Yo cerré el evento con canciones y poesías. Era muy interesante ver qué pasaba cuando llegaba alguien que no sabía, al baño. También era muy interesante ver travas en el baño porque casi no hay. Me pasó también algo: fui al baño en la terminal de La Plata y vino un señor de seguridad a sacarme porque yo tenía que usar el de varones. El mundo fuera de la facultad sigue teniendo otra lógica. De hecho, hice la prueba de argumentar que yo ya tengo el documento de mujer. Mentira, pero se lo dije. Él me pidió que se lo mostrara. Esto muestra que hay una práctica que desandar porque, si hay algo que es lo trans, es visible.

Marlene Wayar
Marlene Wayar

Marlene: -Está bien. Son acciones que hacen ruido. Después evaluaremos cuán efectivas son, así como con la ley de Identidad de Género. Son cuestiones que lo ponen en discusión. Es más positivo para la hegemonía que para la comunidad de gays, lesbianas y travestis. Van a empezar a convivir con la obviedad de que el lugar donde evacuar esfínteres no tiene que ser un campo de batalla ni ser amenazador.

María Laura: -A mí también me parece muy bien. Tener los baños separados se parece de alguna manera a las dos partes en el transporte pública en Estados Unidos: una para los negros y otra para los blancos.

-¿En los baños también hay discriminación despectiva?

María Laura: -Todas las separaciones en varón y mujer terminan atacando a las mujeres, por una cuestión higiénica. También es cómodo que un baño siga teniendo mingitorio, aunque estás de espaldas, no habría que hacerse tanto problema. Un depravado puede agarrar a un hombre en el baño y una mujer depravada a una mujer.

Imágenes: NosDigital
Imágenes: NosDigital

-Bueno. Muchas gracias por el tiemp…

-Susy Shock: A mí me quedó una idea sobre los mingitorios. Vos suponés que una persona con pene tiene que hacer pis parado. Yo siempre me sentí más cómoda sentada, más allá de mi sexualidad. A la personalidad trans se la quiere elogiar diciendo “vos parecés mujer”. Ahí hay un menosprecio a la idea de la mujer biológica porque le están diciendo que no se les nota lo masculino. Saliendo de algunos talles, dejás de ser mujer. Hay una mirada de lo masculino y de lo femenino que no es ajena a vos. En lo masculino desde el punto de vista deportivo, vos tampoco entrás. En mi equipo de básquet vos no jugás. ¿Por qué? Porque hay una idea que mamamos todos. Cuando uno se corre de eso, de muchas cosas se está salvando. El que tengo inmediatamente al lado es eso que es, que me muestra. No es mi idea de lo que es. Esa idea viene de un lugar en particular. No es una idea libre, sino bien cerrada. El arte lo cuestiona.

La felicidad del Bachi Trans

El 19 de marzo se iniciaron las clases en el Bachillerato Popular Mocha Celis, primera institución educativa para personas travestis, transexuales y transgénero. Aquí, la historia de un espacio en el que uno de los grupos más discriminados de la sociedad se desarrolla, aprende, toma decisiones y, haciendo todo eso, resiste, con los libros abiertos, a la exclusión del sistema.

A las 12 del mediodía del lunes 19 de marzo empezaron las clases en el Bachillerato Popular Mocha Celis, el primer bachillerato popular para personas travestis, transexuales y transgénero. Hubo una actividad conjunta entre profes y estudiantes, que culminó en un aplauso general y emocionante. Al mediodía siguiente, y gracias a la difusión boca en boca, ya se habían acercado a sus aulas tres chicas más que las que habían ido en la jornada inicial. Se sentaron en la mesa con sus compañeras, se hicieron un par de bromas, porque con algunas ya se conocían de antes, abrieron sus cuadernos y carpetas, escucharon la clase mientras tomaban mate, tuvieron Inglés y, a las 17, se fueron. El miércoles y el jueves, otras nuevas compañeras se sumaron.

El éxito de convocatoria del Mocha se debe, en gran parte, a las condiciones, formas y modalidad que ofrece de cursada. Es una experiencia transformadora en un doble sentido. Primero, porque es un Bachillerato Popular –un Bachi-, y ya eso implica hablar de construcción colectiva del conocimiento, de que no existen saberes más valiosos que otros y de que las decisiones que competen a la cursada se toman en una asamblea de la que participan tanto docentes como estudiantes. Segundo, porque hallar una oferta educativa para uno de los grupos de gente más vulnerables del país es toda una novedad, una hermosa noticia. Discriminadas y excluidas en todos los ámbitos en que se desenvuelven, en estas aulas las travestis encuentran un ambiente en el que poder desarrollar todo su potencial como seres que aprenden, incorporan, dan, se prestan, se conmueven, ríen, juegan y, haciendo todo eso, además, resisten.

El Mocha Celis está en la Mutual Sentimiento, Lacroze 4181, en el quinto piso. Al subir las escaleras del lugar, uno se encuentra con una escuela primaria, una radio comunitaria, una farmacia en la que adquirir medicamentos al costo y varios salones en donde distintas organizaciones sociales realizan sus actividades. El Bachi, por estos días de inicio, recibe a lxs visitantes con ruido de taladro, porque todavía hay algunos arreglos que hacer en el espacio. De eso se trata, justamente; el profesor de inglés, el de matemática, la de historia, varixs estudiantes, todxs ayudan en la construcción del  espacio. Entre los que andan ensuciándose la ropa con trabajo, está Francisco, docente de lengua, que cuenta: “Algunas de las chicas que estudian acá no se animaban a tomarse el colectivo, viajaban en taxi, las que podían. Eso porque se sienten desprotegidas. Pero  el primer día que llegaron, se dieron cuenta de que muchas viajaban en el mismo bondi. ‘Vamos juntas, va a estar lleno de locas’ dijeron entonces y, claro, se lo tomaron todas juntas”.

Es que, al cabo, la unión hace la fuerza. Y en el Bachi lo saben, por eso quieren articular con los otros espacios que existen en la mutual, en el barrio. “Este es el segundo eslabón –dice uno de sus integrantes. El primero es lograr que muchas compañeras logren terminar la primaria. Y el tercero, crear capacidades de empleo”.

Sobre lo primero, es cierto que hay muchas travestis que, ocultando su identidad en una escuela discriminatoria, binaria y heteronormativa, lograron recibirse. Pero también es verdad que más las hay que ni siquiera empezaron. Hacia ese vacío pretende pugnar también el Bachi, una vez que el asentamiento dé paso a la expansión. Sobre lo tercero, las capacidades laborales, la institución ofrece un título en Desarrollo de las Comunidades, es decir cooperativismo. En ese sentido, lo que han logrado las chicas del colectivo trans Nadia Echazú, en Avellaneda (http://coopnadiaechazu.blogspot.com.ar/), es, a la vez, horizonte, guía e incentivo de que sí se puede y de que, otra vez, el juntarse hace a los grandes proyectos.

Todo empezó hace un tiempo, aproximadamente un año, cuando Francisco y Agustín empezaron a convertir en realidad una idea. “Armemos un Bachi”, se dijeron, mientras pensaban la forma de empezar a saldar la enorme deuda –en forma de discriminación- que la sociedad tiene con las travestis. Y arrancaron. Obtuvieron la colaboración de la Fundación Diversidad Divino Tesoro. Entonces, el proyecto comenzó a prender: Pao Lin, Gaby, Miguel y Ezequiel, y otrxs compañerxs y activistas, se sumaron a la construcción del sueño. Y después, llegó la incorporación a la Coordinadora de Bachilleratos Populares en Lucha y al Frente Nacional por la Ley de Identidad de Género. Marlene Wayar, Lohana Berkins y Diana Sacayán, entre otras, se comprometieron con el proyecto. Hoy, hay más estudiantes cada día, lxs docentes y coordinadorxs se cuentan en 25 y  las perspectivas de crecimiento aumentan con cada carpeta que se abre y cada mate que se ceba.

 “La comunidad trans es el último orejón del tarro, las últimas en la escala de discriminación”, comenta Ezequiel. Y razón no le falta: la esperanza de vida, hoy, en 2012, en Argentina, de esas personas roza los 40 años. El maltrato policial, las condiciones vejatorias a las que muchas veces son sometidas, el riesgo de enfermedades contraídas a causa de la prostitución y, por qué no, en un mundo que las aísla, también la tristeza y la soledad abonan a la estadística. “Por eso –sostiene el mismo compañero-,más allá de todo lo que implica la generación de capacidades educativas para muchísima gente que es discriminada, acá lo que buscamos es que todxs nos constituyamos como sujetos de derecho. O, mejor dicho, que cada unx sea lo que quiere ser”. Ése es, al cabo, el objetivo. Un lugar para aprender y sentirse bien. Sentirse bien y aprender, mientras el termo expulsa chorritos de agua caliente y un martillo impacta sobre un clavo. El Bachillerato Popular Mocha Celis está abierto, está en marcha y, con él, el camino hacia un país un poquito más justo. Es lo que todxs, en este quinto piso, desean.

 

Contacto del Bachillerato Popular Mocha Celis

Federico Lacroze 4181, 5to piso.

bp.mochacelis@gmail.com

FB: Bachillerato Popular Travesti Mocha Celis

15-6353-2927