Sáhara: el desierto ocupado

Dos mujeres de Aragón entregan esta colaboración a NosDigital. Crónica e historia del pueblo saharaui, luego de 35 años de ocupación, desaparición y tortura marroquí. Un viaje a las entrañas del terrorismo de Estado que cuenta con el silencio y el encubrimiento de las potencias mundiales.

Primer encuentro con el Sáhara

Al Sahara se puede entrar de varias maneras, o porque leés algo en una revista como esta, o porque te cuenta alguien que ha estado o – como es mi caso – porque desde pequeña en los veranos de 1996 y 1998 tuve la visita de hermanas pequeñas. No hablaban castellano y vivían en el desierto. Es entonces cuando me enteré de la situación del pueblo saharaui y de la responsabilidad que el Estado español tiene en ella. Durante aquellos veranos, algunas ONGs organizaban vacaciones para niñas y niños saharauis en España. Recuerdo la primera noche de Yamila en casa, tenía 7 años y no sabía una palabra de castellano, estaba sola entre gente, clima y ciudad extraños y echaba de menos a su madre. Mis padres me contaron la historia del Sahara Occidental. De cómo es un territorio ocupado y su población está dispersa y gran parte de ella vive en campamentos de refugiados en mitad del desierto.

Pero ¿qué es esto del Sahara?

Durante siglos los saharauis fueron nómadas del desierto. En 1884, en la Conferencia de Berlín, los europeos se repartieron África. España obtuvo la región conocida hoy como Sahara Occidental creando unas fronteras artificiales que dividieron al pueblo saharaui y lo sometieron a una autoridad colonial. En los ´60, más allá de la presión de las Naciones Unidas, España no realizó el proceso de descolonización. Así se inició el movimiento por la liberación del Sahara y en 1973 se creó el Frente Polisario con el fin de obtener la independencia por medio de la lucha armada contra la ocupación española. Los enfrentamientos armados se sucedieron, resultando en muertes saharauis y españolas.

El destino de los casi trecientos mil saharauis que viven hoy sometidos en su tierra o  refugiados se forjaba. Lo que estaba en juego –y nunca ha dejado de estarlo – era la libre autodeterminación de un pueblo, enroscado entre los intereses de las potencias colonialistas.

En 1975, España traicionó el acuerdo con los saharauis y con la ONU de realizar un proceso de descolonización apropiado y justo y un referéndum de autodeterminación. Unilateralmente entregó el Sahara a Marruecos. Así el Sahara fue ocupado por su vecino Marruecos enviando a miles de civiles y soldados en la Marcha Verde por el norte, mientras Mauritania ocupó los territorios del sur. La mayoría de los saharauis huyeron de las aberraciones y los bombardeos y se refugiaron en los campamentos de Tinduf, Argelia. En 1976, el Frente Polisario – único representante legítimo del pueblo saharaui – proclamó la independencia y creó la República Árabe Saharaui Democrática (RASD).

La guerra de Marruecos con el Polisario duró hasta 1991 (Mauritania abandonó la contienda en el 79), tras la firma del alto al fuego con la única condición de realizar un referéndum de autodeterminación auspiciado por Naciones Unidas. Hasta hoy, el referéndum no se ha producido y se mantiene a parte de la población saharaui en los campamentos de refugiados en Argelia, y a la otra gran parte en los territorios del Sahara Occidental, bajo la ocupación marroquí. Hoy el Sahara Occidental es la última colonia de África.

¿Y cómo entramos en el territorio?

A mis dos compañeros de viaje y a mí ya nos han contado cómo funcionan los controles hasta llegar al Sahara. Desde que compramos el billete a El Aaiún, tenemos policía secreta siguiéndonos y escuchando nuestras conversaciones. Casualmente el personal de la estación nos abrió una de nuestras maletas. Nosotros estábamos nerviosos, lo que no podía ayudar. En el viaje en autobús, el conductor preparó unas 8 fotocopias de nuestros pasaportes. En cada parada, en el control se quedaban una. Acercándonos a El Aaiún, la policía marroquí empezó a hacer más preguntas y a ser más incisiva. En el último nos hicieron bajar del autobús y entrar en la garita. Allí, más preguntas: profesión, por qué íbamos a El Aaiún, a quién iríamos a ver, si nos quedaríamos con amigos. Con una compañera se ensañaron más pues la confundieron con otra chica que había estado antes. La acusaban de ser periodista. Somos turistas y vamos a un hotel, nos lo llevábamos bien aprendido. Desde el último control nos pusieron una furgoneta que nos siguió para confirmar si era cierto nuestro destino. No parecían haberse creído que fuésemos a hacer sólo una noche en un hotel de El Aaiún. Por fin, nos dejaron ir. A las horas de llegar a la ciudad nos vinieron a buscar para hacer el traslado a casa de una familia saharaui. Todos los nervios y la tensión, la rabia y la impotencia se convirtieron en otra sensación aún más grande. Empezamos a experimentar la dignidad de la resistencia, en cada instante.

¿Qué es vivir en un territorio ocupado?

La ocupación es sostenida por las fuerzas armadas marroquíes. El seguimiento es constante, la presencia policial y militar es visible en cada calle, en cada plaza, incluso hay barrios de mayor presencia saharaui donde las furgonetas policiales permanecen fijas en puntos estratégicos para frenar cualquier atisbo de rebelión repentino. En la Avenida Smara las furgonetas son incontables. Hay policía secreta que te vigila y te sigue constantemente. Caminando por el Zoco, el mercado de la ciudad, te das cuenta de que hay un hombre pegado a ti, que no parece tener más objetivo que ese. Es un secreta. Los ves en cada esquina. Te acostumbrás a su presencia.

También es común oír sobre los chivatos. Una familia nos contaba sobre la paliza recibida por su hijo de 15 años. La policía le dio duro en la calle durante una manifestación de esas que ocurren a diario; no suelen ser grandes, sino muestras cotidianas no violentas de descontento y de deseo de un Sahara libre, protagonizadas por grupos de estudiantes. No fueron al hospital porque allí espera siempre la policía para controlar y hacer seguimientos de las personas heridas. Tampoco se atrevieron a ir a ningún profesional saharaui porque no se fían de quién pueda ser un informador de la policía marroquí. En cada conversación, corroboramos que todas las familias proceden de la misma manera, se llevan a sus familiares heridos a casa.

Said Dambar fue asesinado por la policía marroquí en diciembre de 2010. Su muerte aún no ha sido investigada y su cadáver sigue en paradero desconocido. Tras ser informada de su muerte, a la familia sólo se le permitió ver el cuerpo de su hijo en el hospital desde la distancia, pudiendo distinguir que tenía un orificio de bala entre los ojos. Desde el principio se ha exigido la autopsia y una investigación sobre lo realmente sucedido. Tras 17 meses en la morgue, las autoridades marroquíes decidieron enterrar a Said sin decir dónde. Meses más tarde, la salud del padre de Said empeoró. Aunque fue atendido en la ciudad de Rabat, no pasaron más de unas cuantas semanas para su muerte. Durante ese tiempo la familia fue chantajeada con el tratamiento de su salud y con los procedimientos con el cuerpo. Si se rinden y cesan en su empeño de investigar el asesinato de Said, tendrán facilidades; si no, se les hará la vida imposible. Se verán obligados a velar el cuerpo en su casa ya que se les niega el acceso a la morgue. A los familiares que se hallaban en Rabat se les dificulta conseguir cómo viajar al entierro en El Aaiún. Esta familia se ha movilizado mucho y ha denunciado el crimen de su hijo a nivel internacional. Para forzarles a cesar su lucha, unas veces les han ofrecido viviendas y trabajo, otras les han amenazado con desenchufar la luz de la morgue. La casa de la familia, las hermanas y la madre de Said Dambar han sido atacadas de manera brutal. El caso de la familia Dambar y el chantaje realizado a su familia nos cuenta, y resalta por su sadismo, hasta dónde llegan las autoridades marroquíes.

Las asociaciones funcionan en clandestinidad, ya que  son ilegalizadas por Marruecos. Incluso se ha rechazado la legalización a asociaciones de defensa de los derechos humanos reconocidas internacionalmente como la ASVDH (Asociación saharaui de víctimas de graves violaciones de derechos humanos cometidas por el estado marroquí), que lleva desde el año 2005 constituida siguiendo la ley marroquí y ha ganado varios juicios que reconocen su legalidad.

No hay libertad de movimiento para la saharaui. Simplemente para ir a un pueblo costero a 35 kilómetros de El Aaiún con nuestro compañero saharaui, pasamos dos controles, uno de la policía y otro militar. Omar paró el coche para indicar adónde iba. Nosotras permanecíamos calladas en los asientos traseros. Pero esto es un hecho menor comparado con lo que sufre una persona saharaui. A una saharaui activista se le dificulta y hasta prohíbe la salida al extranjero. No sólo es la libertad de movimiento la que se ve atacada. Todo saharaui tiene a su familia dividida por el Muro de la Vergüenza, ese conjunto de muros defensivos de más de 2.700 kilómetros, y zona militar repleta de búnkeres, campos de minas y defendida por más de 100.000 soldados marroquíes. Parte de la población saharaui vive en Tinduf, Argelia, en los campamentos de refugiados, y la otra parte bajo la ocupación marroquí en los territorios ocupados. Familias separadas más de 35 años por un conflicto que no se resuelve.

Tampoco hay libertad de manifestación ni de ningún tipo de actividad política. Los intentos de la libertad de este pueblo en el territorio ocupado son respondidos brutalmente. Las manifestaciones saharauis son reprimidas, los allanamientos y las detenciones arbitrarias están a la orden del día. “Sales de casa y no sabes si vas a volver”. “Es un estado de alerta continua, en cualquier momento puedes ser tú o tu hermana, tu primo, tu amiga”, ” tras las manifestaciones, la policía va a las casas de la gente saharaui, rompiendo y haciendo daño a todo lo que encuentran por delante. Tienes que quedarte en casa detrás de la puerta a esperar a que vaya la policía, sólo podemos cerrarla y esperar”.

La represión no distingue de edades, ya desde la escuela se reprime a los niños saharauis por hablar su idioma, el hassania, ya dentro de las escuelas se socializa dentro de lo que la represión permite. La marroquinidad del Sahara es incuestionable, empiezan los castigos por ser saharaui, pero por contraparte es el momento en el que se reafirma más la identidad saharaui. Lo mismo pasa en los institutos. Hay profesores saharauis, pero son una minoría. No tienen más opción que adaptarse al currículum marroquí si quieren conservar su trabajo y no acabar en la cárcel.

Marruecos impone su fuerza para castigar y sembrar el miedo entre la población saharaui, y en alianza con sus estados hermanos España, Francia y EEUU, se encargan de tener limpia la imagen mediática del Reino Alaui, de silenciar que Marruecos ocupa un territorio y tiene construido uno de los muros más grandes del planeta. Se silencia la represión y la tortura que se suceden día a día en el territorio, se silencia la ocupación y se silencia a una población que lleva más de 35 años resistiendo desapariciones, secuestros, tortura y chantaje.

Este texto está escrito desde el corazón y desde la rabia que genera que la situación del pueblo saharaui se mantenga luego de décadas mientras el mundo le da la espalda. Somos dos chicas aragonesas que creemos en el internacionalismo como forma de entender los procesos de lucha de los pueblos. Nos gusta conocer luchas y difundir las nuestras. Este es el resultado de seis viajes a territorios ocupados. Son solo pinceladas de lo que ocurre en el día a día saharaui.

La inquisición llegó a Buenos Aires

La existencia de la inquisición como el organismo de represión ultrasangriento de la Santa Iglesia Católica se erige en la Historia occidental entre las instituciones más impunes y avergonzantes sin discusiones. Hasta el próximo febrero tenemos la oportunidad de visitar una exposición con los elementos de tortura típicos, para desde acá también hacer memoria.

Fotos: NosDigital
La exposición está abierta de martes a domingo de 12 a 21 horas en Callao 836, Ciudad de Buenos Aires. A través de lo material, eso que perdura en el tiempo y se transforma en pruebas del espanto. Se trata de un momento especial para formular un revisionismo histórico primero, pero además entendiendo que aunque el tiempo ha alejado definitivamente al juicio penal, el juicio social a las instituciones es posible y contiene enorme valor.

El primer movimiento en la creación de la inquisición se produjo en el sur de Francia en el siglo XII, el papa Inocencio III organizó una cruzada contra la comunidad albigense. en respuesta al resurgimiento de la herejía de forma organizada que la doctrina suponía atentar con respecto al matrimonio y otras instituciones de la sociedad. La Inquisición se constituyó definitivamente en 1231 con los estatutos Excommunicamus del papa Gregorio IX. Con ellos el papa redujo la responsabilidad de los obispos en materia de ortodoxia, sometió a los inquisidores bajo la jurisdicción del pontificado, y estableció severos castigos.

El destripamiento fue una práctica utilizada durante la inquisición. Consistía en abrir el abdomen y arrancar con violencia las entrañas de los condenados antes de que su cuerpo se hiciera pedazos. Era un método de ejecución muy utilizado, por lo que muchas veces en los tribunales inquisidores había una mesa de destripamiento. El abdomen era cortado y un extremo de los intestinos enganchado a un hierro que lentamente se envolvía sobre un rodillo de madera. La víctima permanecía consciente durante largas horas y en ocasiones la demanda de ´justicia` era satisfecha haciendo tragar al prisionero sus propias entrañas, recién extirpadas del vientre.

Con el antecedente del decreto del papa Lucio III en el sínodo de Verona en 1184, donde con colaboración de Federico I Barbarroja, emperador del Sacro Imperio Romano, el papa decretó que cualquier persona que hablara o hasta pensara en contra de la doctrina católica sería excomulgada por la iglesia y debidamente castigada por las autoridades seglares; para el caso italiano, el papa Pablo III alarmado por la difusión del protestantismo en la península, estableció definitivamente en Roma la Congregación de la Inquisición en 1542.

El banco de estiramiento es uno de los instrumentos de tortura más usados en todo este período histórico, su presencia en las salas de tortura de toda Europa era prácticamente universal. Se trata básicamente de una tabla donde se extendía al condenado y se le ataba de pies y manos a unos troncos. Inmovilizado de esta manera podía ser estirado hasta desgarrarle los músculos. El cuerpo puede llegar a estirarse hasta 30 centímetros antes de desgarrarse. La víctima podía además, se cómodamente torturada con tenazas para pellizcar los pezones u otras partes sensibles, así como también la aplicación de hierro incandescente.

La represión a los no-católicos en Las Cruzadas se ensañó especialmente en árabes y judíos. El año 1391 ve desatarse las crueles e injustas matanzas que asolan las juderías de Castilla, Cataluña y Valencia, en las que perecen miles de judíos. La presión antijudía se concreta con violencia cuando en 1476 se estableció el Tribunal de la Inquisición en Sevilla y se obliga a los judíos hasta a llevar distintivos en la ropa. Desde la península ibérica se exportó la misión civilizadora a América. Dentro de los barcos europeo en la conquista, la inquisición fue un tripulante privilegiado. La historia de la Santa Inquisición en México se inició con las “ordenanzas” contra blasfemos promulgadas por Hernán Cortés en 1520, o sea antes de la caída de Tenochtitlán.

La penetración de la inquisición fuera de Europa fue profunda, tanto que tres siglos después del inicio de la conquista, la Asamblea del año Trece a instancias de San Martín y de Alvear, decretó la eliminación de la inquisición en Buenos Aires. A medida que las fuerzas independientes iban derrotando a los españoles, una de las primeras medidas siempre fue la eliminación del Tribunal.

Las palabras no se cortan con un bisturí

Al presidente del Centro de Estudiantes Azucena Villaflor lo torturaron. Pero el problema no pareciera ser que lo hayan golpeado y marcado con un bisturí: el quilombo es que espacio de estudio queda en la Unidad 48, que depende de la Universidad de San Martín. De los detenidos que estudian, sólo el tres por ciento reincide. De los que no, el cuarenta. Aún así, quieren cerrarlo. Y, antes, destruirlo.

Soy Braian, me dicen Cuni, pero podría ser Rubén, Kevin, Carlos… Lo que hubiera cambiado algo es que no fuera varón, pobre y joven. Así, soy uno más, algo más, algo. Cuento la historia de compañeros de la Unidad 48, pero podría ser de la 1, la 45, la 47. En la 48 hay un Centro Universitario que depende de la San Martín. Parece que por poco tiempo más. Lo crearon en el 2008, por un acuerdo con el Servicio Penitenciario Bonaerense. Al mismo tiempo se fue formando el Centro de estudiantes Azucena Villaflor y surgieron algunos talleres extracurriculares.

Pero claro, algunos no podemos estudiar. Los penitenciarios eligen quién sí y quién no. Hay un carnet de estudiantes que te sacan en cualquier momento. Si alguien quiere saber cuántos estudian, quiénes estudian, no pueden. Lo que se sabe es que el tres por ciento de los que estudian en la cárcel reinciden en delitos. De los que no estudian, el 40.
Pero insisten en que lo que puede ayudar es que nos caguen más a palos. Y nos siguen cagando a palos. Y nos amenazan. Y ya no solo no nos dejan estudiar, también se proponen destruir el Centro. Quieren que sigamos siendo depositados en jaulas, que repitamos la historia de nuestros viejos, que no podamos empezar a ser nosotros quienes los observan a ellos. Puedo dar algunos nombres de los que cayeron cagados a piñas por guardiacárceles o por banditas habilitadas por ellos. Hasta les arman facas para que se maten mientras ellos miran. Juan Romano Verón, Patricio Barros Cisneros… Cuando la “Justicia” los reconoce asesinos, no los busca.

Nos verduguean si escuchamos cumbia todo el día en el pabellón y cuando nos anotamos a estudiar para al menos hacer otra, para no verles las caras, porque ellos no pueden entrar al Centro, no nos dejan.

En la U48, nos pasó que, corta, le dijeron a Gabriela Salvini, la directora: “Mire, señora, esta jefatura se va a ir de esta Unidad, pero antes vamos a destruir la Sede, y a todos esos subversivos de mierda que están ahí”. A Pablo Palmisano, el Vocal del Azucena Villaflor, lo llamaron a declarar por una denuncia que hizo contra el SPB. En el camino, lo subieron a una camioneta, lo forrearon. Subirse a una ya es una duda constante sobre lo que pasará. Si encima te dicen que te van a matar, te lo dicen otros internos, te describen cómo, te cuentan historias que ya escuchaste, que sabés que son ciertas, pero que te tienen a vos como protagonista… Justo, justo estos internos tenían un bisturí. Y eso que no hay carrera de Medicina todavía en el Centro Universitario… Y lo siguieron verdugueando todo el camino, lo esposaron contra la ventana… Y lo quieren mandar al Penal de La Matanza. Ya pasó que cuando los mudan, generan riñas, como de gallos, entre detenidos y dejan que maten al recién trasladado. Es fácil crear odios. Si te nombran a un familiar de afuera, a un hijo, a una novia… Ya te calentás. Si no te calentás vos, lo hacen calentar al otro…

Para colmo, cuando llegó a la Unidad 48, el jefe del Penal, Gandino, estaba ahorcando a un compañero, a uno de nosotros. Ya se sabe que hace eso, lo saben y sabemos todos. Es la idea… Pero esta vez, encima, decía que el siguiente era Pablo.

Así vienen las cosas. A algunos nos quedará salir a que nos nieguen laburo, reincidir, caer de vuelta presos, caer esa vez muertos, realimentar el odio, justificarlo. Otros compañeros se animarán a ponerse a estudiar, a poner en palabras lo que nos pasa, a hacer algo nuevo tienen que comerse esto. Seguir desapareciendo. Yo voy a seguir el camino de contar estas historias.

Fábula sobre el secuestro de Severo

Esta editorial tiene un personaje y éste, desde hace unos días, se halla inmerso en un mundo donde la realidad y la fantasía se mezclan en una interesante mixtura, digna tan solo de un cuento para niños. Esta persona, cuyo nombre es el de todos, tiene un solo objetivo y de allí nacen todas sus aventuras: entender el secuestro de Alfonso Severo.
Como toda narración, la nuestra se inicia con un problema: el personaje se encuentra en un bosque donde nada se ve y el ruido ensordecedor de fondo no le permite reflexionar para encontrar la salida. Camina y camina, pero lo hace en círculos. Está perdido.
Sin embargo inmediatamente emerge desde los arbustos un particular ser que le promete darle la información que habrá revelarle la comprensión del asunto, para así salir de aquel molesto lugar. “La víctima es victimario. Él no aceptó la custodia policial, por eso ha sido secuestrado”, le dice este personaje al nuestro. Pero continúa en su aclaración: “y no solo eso, probablemente Alfonso se ha secuestrado a sí mismo”. Ante esto, nuestro amigo no sabe qué hacer, qué responder, pero el argumento tenía su lógica: “nadie, tan solo él es responsable de lo sucedido”, esa era la conclusión. Así que luego de reflexionar unos instantes, sale de su sopor, gira a la derecha y rápidamente encuentra ese camino prometido que espera le saque del bosque.
Han pasado unos minutos y nuestro personaje para en seco. Una picazón sobre su nuca no para de acrecentarse y ya es momento de darle fin con todas sus energías. Rasca, rasca y rasca hasta que de pronto siente algo entre sus dedos. Lo toma y lo observa: es una araña. Justo cuando está a punto de arrojarla, ésta le habla: “espera, espera, antes de que me alejes de ti, necesito que me escuches”. No nos olvidemos que en un mundo fantástico como en el que nos encontramos, las arañas parlanchinas andan por doquier. Enfocada con sus muchos ojos sobre nuestro amigo, casi que le increpa: “¿realmente crees que así llegarás a tu objetivo?”, recogiendo como respuesta: “si, ¿por qué no? ¡Esta vía no solo parece sencilla sino que a lo lejos ya veo la salida!”, pero las dudas se hacen sentir en su tono.
Con decidida y arácnida voz, el pequeño bicho expone su pensamiento: “mira, por más que hayas seguido la solución más fácil, si continúas así no lograrás eso que buscas: respuestas, comprender lo que ha pasado” Y la araña comienza a largar una palabra tras otra abombando a nuestro pobre personaje en una extraña pero interesante conversación entre ambas:
-Araña: ¿Cómo puedes aceptar que inmediatamente la víctima pase a ser responsable del delito que sufrió?
-Personaje: Bueno, mira, ha sido muy raro, no se han encontrado a los culpables.
-Araña: ¿Acaso eso es suficiente? Bien sabemos las capacidades de estos personajes para actuar a la perfección, sin dejar rastros. Ni hablar de los vínculos que hay entre estos actos políticos y las propias fuerzas de seguridad.
-Personaje: Bueno, supongamos que fue un juicio apresurado, ¿qué tienen que ver las fuerzas del orden en todo esto?
-Araña: Que si sabemos que Alfonso es, como ha repetido una y otra vez, pieza clave en el Juicio, ¿no tendrían que rápidamente haberse enfocado en el círculo de los enjuiciados? Bien se sabe el poder que tienen estos grupos, que para poder existir, al mismo tiempo, tienen fuertes vínculos con los aparatos de poder y entre ellos, la policía.
-Personaje: Entonces, ¿qué sugerís con estas palabras?
-Araña: Que el propio gobierno, o por lo menos el Poder Judicial tiene que hacerse responsable de que estos vínculos existen, y que nunca terminarán estos hechos si no se conoce el propio rol de la burocracia sindical y las fuerzas de seguridad en la generación de violencia y control social: ya sea contra los trabajadores o contra la población en general. Si quedamos en la denuncia individual, no tardaremos en encontrarnos frente a otra situación como esta.
-Personaje:…
Dicho esto, la araña calló y se fue.
Esta historia termina acá. Por ahora solo podemos decir que nuestro personaje desandó camino y tomó otro. Si ha llegado ha logrado terminar su travesía y lograr una comprensión del problema, todavía no podemos asegurarlo.

Lugones, familia picana

Tan solo se trata de contar una parte de la vida de una familia de renombre atravesada por la fatalidad en la construcción de nuestra nación. Desde Yrigoyen a Videla, con la picana como protagonista ineludible. Pasen y lean una más de las paradojas de la Historia argentina.

Imagen: NosDigital

Al apellido Lugones le cuadran unos cuantos términos: poesía, inventivas, política, engaño, romances, secuestro, picana. Una mezcla de todo un poco, con los sellos macabros y también de revelación, necesarios para dibujar entre esta conjunción la tragedia absoluta en torno a una sola familia. Cuatro generaciones distintas, desde bisabuelo a bisnieto. Épocas diferentes, pero también historias diferentes. Dos suicidios y un asesinato, con la Historia argentina de testigo. En unas líneas intentaremos desenredar cuál ha sido el legado sanguíneo del escritor ideológicamente bipolar, Leopoldo Lugones.

La inestabilidad política de Leopoldo Lugones viró de un joven socialista, en Córdoba con su incursión como periodista en El Pensamiento Libre, publicación considerada atea y anarquista, a un fanático nacionalista para definirse antidemocrático sus últimos años. Sus poemas lo alzaron como uno de los escritores más reconocidos de Argentina, pero también sus discursos hicieron que recibiera críticas muy duras por su empatía cada vez más evidente hacia los gobiernos militares.

Durante los últimos doce años de su vida mantuvo un romance a escondidas de su matrimonio. En 1926 conoció a Emilia Cadelago, una joven estudiante de letras que le pidió un libro que no podía conseguir, y luego lo enredó en un juego de erotismo y literatura. “Aglaura”, diosa griega que representaba lo brillante, es el pseudónimo que Lugones eligió para dedicarle cartas y poesías enteras. A partir de esta historia aparece el nombre de su hijo, Leopoldo Polo Lugones, quien estaba indignado por este vínculo y se encargó de presionar a su padre hasta el último día.

El 18 de febrero de 1938, Lugones se suicidó. En una habitación de la posada El Tropezón, en el Tigre. A su clásica medida de whisky le agregó arsénico. Las presiones por una pena de amor o la situación política en Argentina. Nunca se esclareció la razón, si es que había una sola. Pero apenas se suicidó, Polo, su hijo, no quiso hablar más del tema, mientras que Emilia Cadelago dispersó la versión de que él mismo era el responsable de ese final, por amenazas que le había hecho llegar a su familia si continuaba viéndose con su padre. No se vieron más, pero al morir ella pidió que en el ataúd colocaran un regalo que él le había hecho.

Leopoldo, Polo, fue el único hijo. Se lo reconocía como un  feroz interrogador además de haber sido el responsable de institucionalizar el uso de la picana eléctrica y otros métodos de tortura a detenidos políticos opositores. Durante la presidencia de Alvear fue director del Reformatorio de Menores de Olivera, donde lo procesaron por corrupción y violación de menores. Al momento de su condena a diez años de cárcel, el entonces presidente Yrigoyen lo salvó a pedido de Lugones padre, “por honor a la familia”. Después del primer golpe de Estado en Argentina, Felix Uriburu lo nombró comisario inspector de la Policía, en la misma dependencia en la que figuraba su prontuario, que lo calificaba de “pederasta” y “sádico conocido”.

Desde su nuevo rol, Polo Lugones implementó la picana como método de tortura en interrogatorios, aplicándola en el sótano de una vieja penitenciaría de la calle Las Heras. Su final se escribe al igual que su padre: opta por el suicidio, pegándose un tiro en 1971.

El siguiente personaje de la familia es mujer. Susana Piri Lugones, hija de Polo. Desde su nacimiento acarreaba una renguera producto de tener una pierna más corta que la otra. En textos se la recuerda como una joven de humor ácido, siempre justificando que era mucho más difícil sobreponerse a los comentarios sobre su padre torturador que a las cargadas y burlas por su físico. Su carta de presentación, desde su propia boca, solía ser “la hija del torturador y la nieta del poeta”.

Su sangre le pesaba por un pasado trágico, casi de novela. Sin contención familiar, emprendió una vida llena de dolor y caos, con las contradicciones propias de una adolescente. Odiaba a su padre. Más grande se casó y tuvo tres hijos a pesar de que por consejo médico los embarazos fueran un riesgo para su salud. La herencia literaria la saldó a través del trabajo editorial.

En plenos años ´70, cuando el panorama político en Argentina ya estaba definido, optó por hacerse montonera, ya con 50 años.  Se entregó a tareas clandestinas tanto de información como de inteligencia hasta que el 24 de diciembre de 1978 fue secuestrada en un departamento de Barrio Norte.  Al menos estuvo en tres centros clandestinos de detención, y fue torturada con la picana eléctrica que su padre convirtió en herramienta de trabajo cotidiano para los torturadores argentinos. Según registros, aunque no es una certeza, habría muerto al poco tiempo, cerca del 17 de febrero del año siguiente.