El tango de hoy

La Orquesta Típica Fernández Fierro ya dejó en claro que de típica no tiene nada. Desde la trinchera del tango, hay algo que en estos 15 años de existencia no varió: “Lo importante siempre fue mantener un grupo que se dedica a la música auténtica, de nuestro tiempo y sincera”.

Falta un poco más de una hora para que el miércoles se convierta en jueves. En la calle Sánchez de Bustamante al 700 existía hace años un taller mecánico. En la vereda un gato, mascota del lugar, cuida la puerta de lo que hoy es el Club Atlético Fernández Fierro. La persiana está abierta desde hace rato. El club social y cultural fue fundado por la Orquesta Típica Fernández Fierro para llevar su show -y el de muchos otros músicos- al escenario de su propia casa.

La Fernandez Fierro en Almagro.
La Fernández Fierro en Almagro.

 

El público copó todo. No quedan sillas ni mesas libres. Los últimos en entrar se sientan en las gradas del lateral. Desde hace diez años, los miércoles se espera aplaudir a la orquesta cuando sale a escena.

*

– ¿Cómo se sostiene un ciclo tanto tiempo?

Desde varios lugares distintos, primeramente creo que las ganas de hacer algo artístico. Ninguno de nosotros pensó en poner una empresa cultural, sino en hacer música. Fue eso lo que nos unió desde un principio y sigue siendo lo principal.

Las ganas hablan de una necesidad que excede un género musical, mucho más amplio que tocar tango. Yuri Venturin, contrabajista y miembro de la primera hora, lo aclara: “Me refiero a algo artístico, podría ser cualquier otro tipo de música”.

La Orquesta Típica Fernández Fierro arrancó en el 2001, aunque muchos de sus músicos tocaban juntos desde antes. Son, desde entonces, una multitud en escena: 12 músicos y una cantora, Julieta Laso, que en la previa al show come empanadas mientras Los Piojos suenan en los parlantes del lugar.

Julieta Laso en voz.
Julieta Laso, voz.

– ¿Yuri, reconoces algo del 2001 en la Orquesta?

– Creo que no tiene que ver con ese momento de crisis. Si bien en los momentos complicados el arte es una ayuda, es necesario en todos los momentos, de crisis o no. Para nosotros siempre fue complicada la situación económica, al día de hoy también. Como dice un músico amigo, la abuela siempre te decía: “la profesión de artista no es rentada”. Si bien la situación del país cambió muchísimo en estos años, nosotros la tenemos que seguir remando casi siempre igual. Para las personas que nos interesa hacer arte -y ese es el principal objetivo- no hay una situación de panacea nunca.

– Si hay una situación de remarla, ¿en todos estos años qué herramientas creés que fueron desarrollando para seguir?

– Creo que hemos madurado bastante como grupo y como individuos, muchos ya hemos pasado los 40 años y también al haber trabajado mucho tiempo vamos conociendo no solo el lado profesional, sino también el humano. En cierto aspecto estamos más profesionales, más sosegados, tenemos más claro lo que es lo importante y lo que es accesorio.

Yuri Venturin, contrabajista.
Yuri Venturin, contrabajista.

– ¿Lo importante cambió en estos años?

– Lo importante siempre fue mantener un grupo que se dedica a la música auténtica, de nuestro tiempo y sincera.

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Las luces se apagan y la Orquesta Típica Fernández Fierro sale a escena. Julieta aparece en el segundo tema. Combate el calor con shorts de jean y un rodete en el pelo que cada tanto desata y libera sobre el micrófono. El escenario parece desgarrarse. El cuerpo se saca de a pedazos, por las manos y por la voz.

En vivo.
En vivo.

Son jóvenes y así se muestran. No sostienen otra actitud –ni arriba, ni abajo del escenario- que sea la de ellos mismos. La Orquesta Típica Fernández Fierro es tango que habla del ahora.

– Siempre quisimos hacer la música que tenemos ganas de escuchar. El tango de antes nos gusta pero ya está, ya pasó. Ahora hacemos lo nuestro.

Yuri lo dice: música de nuestro tiempo y sincera. Llevan en sus manos trabajos discográficos que dan testimonio: Envasado en Origen (2002), Destrucción Masiva (2003), Vivo en Europa (2005), el DVD Tango Antipánico (2005), Mucha Mierda (2006), Putos (2009), TICS (2013) y su último material En Vivo (2014).

– Su música al ser sincera con la época, ¿creen que es popular?

– Si, por supuesto. Está dentro de los parámetros de lo que es la música popular, esto definitivamente no tiene nada que ver con que la música la escuchan 10 personas o 100mil.

– ¿Entonces lo popular no tiene que ver con lo masivo?

– No, lo popular cumple con ciertos requisitos de género musical, un ritmo, una melodía reconocible, es música del pueblo, una persona puede ir por la calle silbando la melodía o cantando la canción. Cuando eso deja de ocurrir, muchas veces hay músicas populares que se alejan de lo que es la expresión popular. Ha pasado en el tango, en el jazz, en el rock. La música que hacemos nosotros es popular.

– ¿Pero sí puede ser masiva?

– Si, tenemos ejemplos de sobra.

– Entonces, lo popular no es necesariamente masivo. ¿Lo masivo es necesariamente exitoso?

– Lo masivo, sí claro, es exitoso.

– ¿Y lo popular?

– Puede serlo o no.

– ¿Y ustedes se consideran exitosos?  

– Relativamente acá tocamos y siempre hay gente, no somos más famosos que Jesucristo pero nos defendemos.

*

Bajo las tablas el calor se combate con cerveza fría. La bebida y comida tienen precios de esos que se llaman populares, el lugar se sostiene entre todos. Un grupo de pibes que hablan en inglés agigantan los ojos desde las gradas. Los músicos están acostumbrados a pararse frente a diferentes públicos. Su tango visitó más de 20 países y numerosas ciudades. En su perfil de Facebook, su biografía se lee en castellano y en inglés. Su material “Vivo en Europa” se describe en su web: “Disco pirata oficial. Grabado en vivo muy cerca de Suiza, en el 2004”. De su sonoridad se habla en la prensa de muchos países, en muchos idiomas. “Siempre es positivo conocer otras culturas, ver cómo reaccionan con la misma música. A veces no hay tantas diferencias. A veces aquí en Buenos Aires hay más prejuicios en cuanto al tango que en lugares donde no saben lo que es. Al ser algo desconocido no tienen ningún preconcepto de lo que van a escuchar, si es tango nuevo, viejo. Si usan zapatillas o la camiseta de chacharita”.

Muchas de las tablas a las que subieron en Europa fueron dentro de festivales denominados de World Music, festivales que no responden a un género musical determinado, son de música y ya. En el CAFF “hay bastante comunión”, dicen y abren las puertas a que esas mixturas se produzcan cerca de casa. El sábado 21 de marzo, la música será protagonista de Lollapalooza Argentina: la Fernández Fierro compartirá grilla con Jack White, Calvin Harris, Robert Plant, Molotov, Miss Bolivia, entre muchos otros.

Imágenes: NosDigital
Imágenes: NosDigital

No sabemos sin son más famosos que Jesucristo, pero en el Club Atlético Fernández Fierro suenan firme y fuerte. Resuenan. Quizás en algún lugar del mundo, alguien los esté silbando.

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La Orquesta Típica Fernández Fierro son: Federico Terranova, Pablo Jivotovschii, Bruno Giuntini y Alexey Musatov en violín. Juan Carlos Pacini en viola. Alfredo Zuccarelli en violoncello. Flavio Reggiani, Julio Coviello, Eugenio Soria y Fausto Salinas en bandoneón. Santiago Bottiroli en piano. Yuri Venturin en contrabajo. Julieta Laso en voz.

Sus próximas fechas en: http://fernandezfierro.com/

“El tango es un mal necesario”

Mario Abramovich es el violinista del Sexteto Mayor, la orquesta de tango más popular en el mundo. Empezó a tocar a los 6 años para escapar del aburrimiento: fue su juguete, su medio de vida y lo que le permitió viajar sin fronteras. A los 88 años, tocando para salvarse de la tristeza y la quietud.

-¿Se aburre a veces?

-Y. El día es largo.

Para Mario Abramovich, que está a punto de cumplir los 88 años, el día empieza a las 14. Lleva muchos años con el violín sobre su hombro, trabajando por las noches. Y ya no es momento de cambiar los hábitos. “Me acostumbré a dormirme de día, hasta las 6 o 7 no me duermo. Entonces me despierto tarde. Durante la noche por ahí veo alguna película o un concierto si lo pasan. Estoy releyendo también una colección de libros que tengo de los grandes compositores: biografías, análisis de las obras, argumentos”, cuenta después de saludar a la moza del café que queda en la esquina de su casa, corazón de Almagro. A Mario lo que lo mueve parece ser escapar al aburrimiento. Desde siempre. Así, de hecho, empezó este viaje con el violín que ya lleva –por ahora- 82 años y una cantidad incontable de kilómetros. “Fue una imposición de mis padres. A ningún chico le gusta estudiar, no hay más Mozarts. Pero pensá que en esa época no había televisión, no había radio, no había computadora. No había nada. Había que entretenerse con algo, o en música, o en pintura, o en escribir poesías. Así que arranqué ahí”.

Imagen: NosDigital
Imagen: NosDigital

Conjuga el verbo trabajar en pasado, aunque sigue trabajando. Es el violinista del Sexteto Mayor, la orquesta de tango más popular en el Mundo, ganadora del Grammy Latino entre otros premios. Pero ya no toca con la misma frecuencia. Ahora elije los viajes y las funciones. La semana pasada, por caso, se presentó en Mendoza. “Pero viajes a Asia ya no quiero hacer más. A Europa me parece que tampoco. Hará dos años fui a Rusia. Nosotros en el año 83 salimos para hacer una semana en otoño y al final fueron 28 años por todo el Mundo. Hasta hace dos años, iba siempre. Pero ahora ya no quiero más: 30 grados bajo cero ya me hacen mal”, explica, con naturalidad. Como si Asia o Rusia fueran destinos habituales para cualquiera, haya pasado la línea de los 80 o no.

Mario ahora anda con un bastón para trasladarse. No porque sea necesario, dice, sino por seguridad. En los últimos cuatro años tuvo dos ACV, el segundo con unos días en terapia intensiva incluidos. “Pero estoy bien. Puedo hablar, puedo caminar y puedo tocar. Yo me enfermé la primera vez después de Cerati. Lo de él fue en mayo y lo mío un junio del mismo año, 2010. No perdí el conocimiento. Tuve un ACV higiénico, el de Cerati fue hemorrágico. Se quedó dormido. Además, yo tuve la suerte de que me agarró estando en casa. Por eso no quiero viajar. Una cosa es estar acá y sentirse mal y llamar enseguida a una ambulancia. Otra es estar en Venezuela o arriba de un avión”. Cuenta que lo primero que hizo al volver a su casa tras la internación, fue agarrar el violín. Cuando pudo tocarlo, sintió que estaba curado.

El más agudo de los instrumentos de cuerda clásicos es el juguete que lo entretiene ahora que ya anda asomándose a la novena década. “Yo quería dejar de tocar. ¿Porque sino hasta cuándo? Pero el otro día toqué. Toco. Yo hace nueve años que soy viudo, y estoy solo en mi casa. Y una de las cosas que me mueve a estar en actividad es justamente eso: estar en actividad. Tengo hijos, nietos y una bisnieta. Cada uno está con su vida: estudian, trabajan, están ocupados. Yo no los quiero molestar tampoco. Estoy bien”, describe, y recuerda que el violín además de ser su juguete y su medio de vida también fue su ángel guardián. “En 1996, en Finlandia, una noche iba caminando sobre el hielo, porque no era nieve. Patiné en unos 100 metros que tenía que hacer. Iba con el estuche colgado atrás. Un estuche blando, de fibra. Patiné, me caí para atrás y caí sobre el violín. Cuando lo abrí estaba en 40 pedazos. Pero por suerte caí sobre el estuche. Sino me hubiera roto la cabeza. Un médico que me vio me dijo que el violín me salvó la vida. Lo fabricaron en el 1924. Sonaba muy bien. Y es el que toco, todavía: tardaron cuatro años en arreglarlo entre varios lutieres argentinos”. También el violín fue el atajo para cumplir su sueño: el de viajar. Por el que renunció al puesto de concertista del Teatro Colón, porque el Sexteto venía con pasaporte incluído, con perspectivas de exportación. “Salvó India y África, con él recorrimos el mundo. Europa, Australia, Taiwán, Singapur, a Japón fuimos siete veces, a París muchas veces. Finlandia, Suecia, Letonia”.

 

Mario en su primer piso de Almagro.
Mario en su primer piso de Almagro.

-¿Y cuándo está en esos lugares, hace vida de turista o se concentra en su trabajo?

-Salvo cuando vamos a un lugar nuevo, que hay que probar sonido y eso, tenemos todo el día libre. Así que aprovecho para pasear. Ya últimamente ni la cámara de fotos llevo. ¿Otra vez la Torre Eiffel? ¡Es la misma torre! ¿Cuántas veces le voy a sacar fotos?

-¿Qué le gustó más de todo lo que recorrió?

-Las ciudades que son famosas por algo lo son: París, Venecia, Moscú, Viena son muy lindas. Íbamos siempre en invierno, eso era difícil. Últimamente ya lo venía sintiendo. Y la parte oriental me sorprendió favorablemente. Japón más que China: es más místico, más oriental. Además ellos son seguidores del tango, conocen más que muchos argentinos. El chino es más occidental, es otra cosa. Aunque estén al lado.

-¿Y cómo era un día suyo en alguna de esas ciudades?

-En aquel tiempo vivía mi señora. Todos los músicos llevaban a la familia. Yo llevaba a mi señora. Salíamos a pasear, por lo menos le pude regalar eso. Y a mí también. Cuando uno es joven no piensa en cosas raras como la muerte. A medida que crece piensa en esas cosas extrañas, más ahora que estoy solo y tengo todo el día para pensar.

El Sexteto Mayor se formó en abril de 1973 con el empuje del bandoneón de José Libertella. Seis meses después, Mario Abramovich se sumó para remplazar en el violín a Reynaldo Niche. “Yo empecé casi cuando se fundó, hace más de 41 años. Fue una cosa para juntarse unos cuantos músicos a tocar bien. Sin pensar que iba a durar tanto, ni que iba a tener ese éxito”. Son más de 40 años con esta orquesta, que desde 1983 integra el espectáculo Tango Argentino, famoso por sus giras itinerantes por todo el Planeta cuando el ritmo del dos por cuatro sufría de poca aceptación acá, en el Río de la Plata que lo vio nacer. “La moda volvió con el espectáculo que hicimos con Tango Argentino en el exterior. Ahí empezó la furia de nuevo. Yo sabía que tenía que venir a la Argentina otra vez, donde estaba medio caído. Porque en Europa, Asia, Brodway fue una locura. Siempre pensaba: tiene que volver a la Argentina. Y fue como un rebote del éxito en el exterior. Por Tango Argentino volvió el tango acá”, recuerda todavía con orgullo. Tango Argentino fue tapa del New York Times: “No pague el alquiler, empeñe a sus hijos –decía el diario- pero no deje de ver Tango Argentino”.

Mario Abramovich se aburre a los 87 años porque lo que ha caracterizado su vida, además de llevar el violín en el hombro, es la ocupación. Llegó a trabajar en 12 orquestas de tango simultáneas, en la década del 50. “Era para poder llegar a fin de mes. Antes se ganaba miseria, ahora los músicos ganan bien, sobre todo los jóvenes. Cuando era joven nos moríamos de hambre”, narra. A los 36, cuando todavía no imaginaba que 50 años después pasaría el desvelo releyendo biografías, usaba las noches para practicar. “Me armé un violín mudo, que tiene la arandela con la forma del violín pero no está la caja de resonancia. Lo escucha el que lo toca, pero los vecinos pueden dormir. Apareció un concurso en el Colón y como había dejado de estudiar después del Servicio Militar tuve que estudiar durante 6 meses 10 horas seguidas. Es como dejar de jugar al fútbol y querer meter un gol. Tenés que empezar de a poco, retomar. Siempre hubo que estudiar mucho para tocar bien cualquier instrumento. El concurso lo gané aunque ya estaba pasado de la edad. Me contrataron porque toqué bien. En el Colón ya estaba mejor pago y tenía un sueldo a fin de mes, que sabía que cobraba. Igual seguía con las orquestas del tango, aunque menos, porque ya trabajaba en las dos orquestas del Colón y no tenía mucho tiempo”.

 -El Colón tiene su fama. Debe haberse cruzado con gente importante.

-Todos los concertistas famosos de todo el mundo pasaron por el Colón. Trabajé casi 20 años ahí. En la época de Perón, con las orquestas nos pidieron “colaborar” –las comillas las pone él con sus gestos, y aclara: había que ir- a tocar al Hogar de la Empleada. Gratis. Como estaba con tantas orquestas, en un mes fui 17 veces. Ya era decirle hola a Evita, era casi conocida. Era macanuda. Personalidades nacionales, todas: Perón, Evita, tocamos para Cristina, que el otro día me saludó porque me conocía de alguna orquesta se ve. Estábamos en un escenario saludando al Primer Ministro Chino que vino de visita.

-Ah, hace dos meses.

-Un poco más. Yo calculo por el tiempo que tardan en pagarnos: hasta un año y medio cuando es un recital para el Gobierno. Eso fue en el Museo del Bicentenario. Me agarró de un brazo la Teresa Parodi y del otro lado estaba Cristina. Hemos tocado muchas veces para órganos oficiales, con todos los gobiernos. Cuando estaba Illia, también. Con Alfonsín, hasta con los militares tuvimos que ir a tocar. El que nos llevó una vez a tocar a la quinta de Olivos fue el Brujo. ¿Cómo se llamaba? ¡López Rega! ¡Andá a decirle que no! Después nos vino a dar la mano y a decir que cuando quisiéramos ir a la Quinta podíamos. Después uno se fue enterando lo que hacía este hombre.

Violín 2x4
Violín 2×4

-¿Y del exterior?

-Sobre todo con Tango Argentino, paseamos mucho. Nos saludó Lady Di, fue al teatro. Tuvimos que hacer clases de protocolo, pero macanuda, muy buena chica. Pobrecita cómo murió. Después vino el emperador de Japón, creo que es el mismo. Se llama AkihIto. Los reyes de España, bueno, de cajón. Después vino Putín a saludarnos. Estuve charlando con Cortázar una vez. Un cachito. En un intervalo lo fui a saludar a la mesa, un tipo muy alto. Medía como dos metros. Muy amable. Charlamos de cosa de la época, era la noche que debutamos en una casa en París que fueron todos los argentinos que eran socios de la casa donde trabajábamos. Leí alguna cosa de él, ahora voy a comprar más.

-¿Aprendió algo de idiomas de tanto viajar?

– Sí, como decía Atahualpa Yupanqui: cada vez me duelen más los dedos de tanto hablar. Mirá lo que nos pasó en Japón. Uno se comunicaba con la familia por teléfono, aunque no era sencillo como ahora que uno marca el número y se comunica. Había que esperar horas, hasta que la telefonista decía: hay una demora de cuatro horas, ya lo vamos a llamar. Y había que esperar. Además llamar de Japón a Buenos Aires era muy caro. En Japón, el número tres se llama san. Y queríamos pedirle que a los 3 minutos corte la comunicación, para que no salga tan caro. Y para cortar nos dijeron que había que decir pum. Todo eso salía 20 dólares. Era mucho. Entonces decíamos: san, pum. Y a los tres minutos cortaban.

Mario, confiesa, se aburre porque ya no tienen amigos. “Todos mis amigos murieron. Cuando era chico pensaba que cuando sea grande ya se iba a conocer el remedio para la muerte. Ya llegará, pero yo lo veré desde el agujero negro”. Le queda el violín, aunque ya no practique tanto porque el esqueleto le canta la edad. “Ahora sigo practicando para defensa propia. Me llaman para dar clases y les digo que no tengo tiempo. En verdad no tengo ganas, con los años uno pierde las ganas de muchas cosas: incluso de aprender más”. Cuando toca en su casa, hace sonar las cuatro cuerdas del violín al ritmo de la música clásica. “El tango lo tengo como recreo y como medio de vida, de alguna manera, porque me ayuda a la jubilación. Pero me gusta mucho el jazz, me volvió loco toda la vida, más que el tango. El tango es un mal necesario. Uno se acostumbra a tocarlo, pero mal es una forma de decir”. Le quedan los colegas, aunque sean de otra generación. “A veces uno cree que no pero la brecha generacional a nivel cultural existe. Si uno quiere hablar con alguien, contarle algo, no se lo voy a contar a mi nieto. El otro violinista del sexteto tiene 3 años menos que yo, Walzack. Toda una vida juntos llevamos”. Y le queda, sobre todo, el reconocimiento: “Ahora el tango es una locura, es un cheque al portador en cualquier país. La palabra tango ya trae gente. Y ver un teatro lleno siempre es lindo. Muchos grandes artistas, incluyendo Gardel o Piazzolla, actuaban para poca gente”.

Tango y amor cumbiero

La banda Amores Tangos prepara festejo tras otro en cada recital. Demostrando que la fusión de estilos y ritmos no precisa límites.

Hay que ser agayudo para adobarse de tango y salir de la conga feliz. ¡Garufa querido, qué tristeza ni tristeza!

Las palabras no sonaban así en la puerta del Club Atlético Fernández Fierro; aunque la propuesta era la misma, sonaban más acá en el tiempo. Sonaban a un tango feliz.

*

IMG_2405La banda Amores Tangos prepara un festejo.
¿Amores tangos? José Teixidó, director de la banda, despeja las dudas:

-Para mí, representa dos palabras muy importantes porque el tango es la música que yo elegí tocar desde hace muchos años y quería que la banda tuviera la palabra “tango” en el nombre. Después cuando apareció la idea de que se juntara con la palabra “amor” me encantó, porque a veces nos parece medio cursi hablar de amor y que esté ahí es como poner al amor en primera plana. Quedó así, “Amores Tangos” y es como ponerlo ahí de frente, decir nos gusta el amor, nos importa el amor y nos re hacemos cargo.

Decíamos, Amores Tangos prepara un festejo. Un rato después, cinco velas coronarán una torta a la mitad del show, interrumpido por un entusiasta “feliz cumpleaños”. En el escenario junto a José, Nicolás Perrone (bandoneón), Gerardo De Mónaco (contrabajo), Juan Tarsia (piano), Augusto Argañaraz  (batería) y muchos invitados, arriba y abajo, serán todo sonrisas.

*

Con la mano corrés la cortina de finitas tiras de colores inmóviles; no sopla el viento. Un pasillo largo repleto de gente te recibe. Esperan que se abra la puerta, todavía falta para el show. La fila es para sentarse en las mesas cercanas al escenario, ahí donde se arma la fiesta ¿Fiesta? ¿No estábamos hablando de tango? “De alguna manera si podemos terminar con la asociación de que el tango es melancolía, bajón, tristeza, se van a generar otras cosas y está bueno que uno pueda ir a ver un recital de tango y salga re contento, está genial, a mí me encanta”.

– Decías que hace muchos años decidiste tocar tango, ¿en ese momento pensabas que era posible fusionarlo con cumbia?

– No, para nada. Todo lo que ha ido pasando con la banda surgió de los ensayos, de probar en vivo, de tener muchas ganas de divertirse haciendo esto. Creo que por el hecho de que nosotros trabajáramos en otros grupos, con cantantes, entonces cada vez que tocaba Amores era una fiesta y así se fue desarrollando ese perfil. Después con una búsqueda musical que nos fue llevando a ese lado. Decir esto con esto queda bien, no desentona y que el público lo reciba también.

Esas otras cosas se generan durante la noche. Amores Tangos presenta “Altamar” su nuevo disco, hijo de una fusión de ritmos. De a ratos reconocemos milonga, cumbia, candombe, tango, todo junto y más. Todos ritmos que nos suenan cercanos, los reconocemos fácil en el oído y en el cuerpo, parecen estar en la misma sintonía. “Hay una cosa del tango, de sus comienzos, donde el tango era un ritmo más dentro de otros y había orquestas que hacían música bailable y mezclaban de todo, tango con foxtrot y ritmos con paso doble y nadie decía: ‘si tocás tango no podés tocar lo otro’. Era lo más natural del mundo. Nosotros lo sentimos de esa manera, como algo natural. El tango, el candombe, el milongón, la milonga, están todos alrededor del Río de la Plata, por ejemplo. Las diferencias las hacemos nosotros, las personas, la música no tiene diferencia”.

Los ritmos populares aunque de diferentes generaciones parecen ser espejo del público. El lugar esta colmado y entre los que están parados o sentados hay desde niños chiquitos hasta abuelos. Las combinaciones que surgen en el escenario atraviesas todas las edades.

– ¿Creés que los límites de los estilos se están esfumando?

– Por ahí son épocas y después es el gusto de cada uno. A mí hay grupos que son súper tangueros y me encantan y también grupos que mezclan el tango con otras cosas. Creo que también es cómo se siente cada uno haciéndolo y está bueno que haya gente que por ahí guarde como un tesoro preciado esa cosa de la tradición y otra gente que se ponga a innovar y que le busque la quinta pata al gato, porque las dos cosas son lindas y creo que son necesarias.

*

IMG_2445José es de Mar del Plata y esos aires cargados de sal se colaron en el nombre de su segundo disco, sucesor de “Orquesta de Carnaval”, nominado a los Premios Carlos Gardel en el año 2011. Pero en realidad, esta segunda obra se iba a llamar “Viva la alegría”, hasta que vieron los temas que iban surgiendo: “Tormentosa”, “Tango de altamar”, “Lo que dejo la marea”. “Las canciones tienen mucha inspiración y letras que tienen que ver con el mar”. No pudieron escapar a las olas y decidieron navegarlas hasta “Altamar”.

*

Mientras la fila se acumula en la entrada, frente a la barra con empanadas y cerveza hay una mesa donde apoyamos el grabador. Spinetta suena de fondo mientras José, sonriente, nos habla de tango. Proponemos un juego, unos peces de colores decoran el escenario, simulamos subir al barco de Amores Tangos y navegar.

– ¿Desde dónde salimos y hacia dónde vamos?

– Salimos de un puerto, de Buenos Aires o Mar del Plata y vamos a Altamar, un lugar para nosotros que vivimos sobre la tierra muy extraño, no hay límites, es todo agua y cielo, las fronteras no están claras, sopla el viento, deja de soplar…

– ¿Hay lugar en el barco para los piratas?

– Si, pero piratas buenos. Son piratas alegres, que no hacen maldades. Sabés que pensábamos qué representan los piratas para nosotros y no son piratas que roban, son otros piratas, no sé muy bien qué hacen, pero son buenos.

– Suponemos que estos piratas van en búsqueda de un tesoro, ¿qué encuentran?

– Primero el arcoíris, donde está el tesoro es donde llega el arcoíris, hay colores.

– Si hay un arcoíris y un tesoro, tenés que pedir un deseo.

– El que quiera, todos los deseos posibles. TODOS.

– Si subimos al carajo, ¿qué vemos?

– Yo creo que también hay colores, hay muchos colores, muchos matices. Se ve el trabajo, si uno mira de lejos ve mucho trabajo. Desde el carajo se ve todo el camino andado que está bueno.

-¿Y desde abajo?

-Desde abajo ves todo más en primer plano, ves lo lindo, lo feo, lo inmediato. Pero también eso es una consecuencia de todo el camino que tiene la banda.

– En la playa tenemos que poner una bandera que indique cómo está el mar, ¿cuál ponemos?

– La calma, bueno, no tanto. Pero peligroso no es. Calma, pero abajo hay movimiento.

*

El movimiento aparece desde nuestras espaldas, la banda llega tocando, vienen vestidos de piratas con sus instrumentos que suenan a carcajadas. “Viva la alegría” también hubiese sido un nombre adecuado, concuerda con el espíritu que les mantiene la sonrisa fija en la cara. Hay siempre dos bandas de sonidos sonando simultáneamente, Amores Tangos y la de risas y aplausos que no cesan. Ambas suenan toda la noche, juntas hacen vibrar el aire de forma deferente.

La noche arranca con “Tango de Altamar”, no podía ser de otra manera. Le siguen casi veinte temas más y termina bailando cumbia mientras suena “Amores como el nuestro”. Todo parece guionado. Amores Tangos, un amor como el nuestro, no debe morir jamás.

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“Antes éramos todos cantores de esquina y jugadores de potrero”

Osvaldo Peredo fue el 10 del Sporting de Barranquilla, modelo publicitario en Maracaibo, vendedor de libros, albañil, portero, cuidacoche, taxista y empleado en una fábrica de bolsas pero siempre fue cantor de tango.  A los 83 años, de madrugada, cuenta cómo llegó a vivir del dos por cuatro, que en parte gracias a su presencia en los bares de Almagro volvió a ser cotidiano entre la juventud porteña.

 

Fotos: NosDigital
Fotos: NosDigital

Cuando la luz roja del grabador se prende, el reloj marca las 3:36 de la mañana del miércoles. No es la hora habitual para hacer una entrevista. Mucho menos si el entrevistado ya pasó la barrera de los ochenta años. Pero Osvaldo Peredo no se mueve entre los límites de lo habitual. Recién se acaba de bajar del escenario de Sanata Bar donde se cantó unos tangos para calentar la noche del invierno. Mientras él entona Como dos extraños, detrás suyo, en el mural del fondo, se ve pintada la imagen de Alberto Castillo agarrando el micrófono, acompañado por un guitarrista a su derecha. Unos pasos adelante está él, acompañado por Leandro Nikitoff en la guitarra, casi como si fuera un espejo de la pintura de Castillo. Osvaldo, al cabo, es eso: la representación actual del tango de antaño.

“Cuando murió Gardel yo tenía cinco años. Vi todo el crecer del tango y el decrecer. Cuando murió, no sé por qué, un hombre estaba sentado en el escalón de la puerta de mi casa y vino con el diario bajo el brazo para decir: murió Gardel. No había la comunicación que hay ahora, que se sabe la noticia desde antes que suceda. Yo viví ese tango. Ese Buenos Aires con más identidad que ahora”, empieza a narrar Osvaldo, con una copa de vino en una mano y una empanada en la otra. En el Boliche de Roberto, esa esquina mágica de Bulnes y Perón que ahora está clausurada por disposición del Gobierno de la Ciudad, Peredo arrancó hace veinte años la resistencia del tango. “Ya era una cosa de viejo. Hubo una época en la que los pibes que querían hacer tango no tenían donde ir. No era que prendías la radio y escuchabas a Troilo, a Pugliese. Esos pibes tenían que ir a una biblioteca para ver quién era De Caro. Para la juventud llegó a ser una música de afuera”. Así fue como empezó a crecer el mito de este hombre que nació en el 30, pero cantaba tangos en la madrugada para pibes que andaban con la remera de Bob Marley y encontraban en esa esquina el lugar ideal para una noche de borrachera. Después de algunas sobremesas compartidas, esos jóvenes descubrieron que Osvaldo no sólo es el cantor que los hacía reencontrar con sus ancestros. Es una historia de vida increíble.

osvaldo tangueroLa de un tipo que jugó de cinco en la tercera de San Lorenzo, que fue empleado del Servicio Meteorológico Nacional mientras cantaba en la orquesta de José Zacanino, en Pompeya, que se fue a jugar a la pelota a Barranquilla, donde no anduvo con el fútbol pero aprovechó el boom del tango en Medellín por la muerte de Gardel para mudarse allí y grabó unos cuantos discos. Después siguió cantando en Maracaibo, Venezuela, donde también fue modelo publicitario. Hasta que un día decidió volver vencido a la casita de sus viejos. Llegaba de pegarla con el tango en Colombia y en Venezuela. Pero acá el tango ya no era casi nada. “Allá en el Norte terminaron la guerra y vinieron acá a vender blue jeans, películas, el idioma, pero no pudieron contra nuestra identidad. Hoy hay un montón de jóvenes a los que les gusta el tango. Y es lógico porque antes no lo mostraban. Si vos no lo mostrás, es difícil. Si no sabés cómo es el plato de fideos, ¿cómo sabés que es rico el fideo? En esa época, iban a un baile y decían si con Troilo hacés 60 mil mangos, tomá 70 que te traigo al Club del Clan”, cuenta, para explicar por qué debió laburar de vendedor de libros, albañil, portero, cuidacoche, taxista y hasta en una fábrica de bolsas mientras se dedicaba a hacer lo que hizo toda la vida: cantar tango. O contarlo: “El tango es contarlo, más que cantarlo. El cantor tiene que cantar bien, pero es más contar lo que otra cosa”.

Veinte años después de arrancar casi en soledad en el Boliche de Roberto, donde dicen que cantó Gardel, Almagro volvió a ser barrio de tango, luna y misterio. Y mucho tuvo que ver Peredo en eso. Sanata Bar, el Club Atlético Fernández Fierro, La Catedral, el Banderín, el Almagro Tango Club y Musetta son reductos tangueros que le dan color al barrio. “El tango en el año 40 venía muy bien. Después lo bocharon, por intereses no sé de qué tipo lo escondieron. Al no mostrarlo, se pierde. Si vos vendés lindas camisas pero no las mostrás, no las vendés. El tango es lo mismo. Ahora no se pudo esconder. Salió y, de a poquito, está volviendo. Hay una cantidad de jóvenes a los que les vuelve a gustar el tango que no se puede creer. Y cuando hay una persona grande con referencia del tango, de la generación que hizo el tango, tratan de aprovecharlo. De todo hay un momento espectacular. Y yo noto que a los jóvenes les gusta ese tipo de tango. Yo soy de la generación que hizo el tango. Las vi todas, y me quedo con ese tipo de tango”, explica su influencia en esta recuperación tanguera, mientras mueve sus dedos gruesos con su distintivo anillo en el dedo meñique que dice Osvaldo J Peredo. Aunque él es tan auténtico que no se adjudica ningún mérito en eso: “No es mi intención transmitir, yo canto nada más. Canto de acuerdo a mi forma de sentir el tango y a lo que viví. No lo siento como una responsabilidad ser de otra generación. Lo de Almagro lo empecé yo porque me gustaba, sin intención de fomentar nada. Las otras músicas no son el sonido nuestro. Los jóvenes no saben, porque no vivieron esa época. Éramos nosotros. Mandaron esa música para hacer negocio, para ganar guita”.

osvaldo tangueroSi  el sueño común para cualquier adolescente de nuestra generación era ser estrella de rock o futbolista, en los 40 la cosa no era muy distinta. Era el bandoneón y la pelota. “Jugar al fútbol era mi sueño de joven. Yo nací en el 30, en Loria e Independencia, Boedo. El fútbol siempre fue un sueño, era muy romántico, mucho más que el de ahora. Se soñaba con ser jugador, pero no para ganar guita, sino porque era lo popular. Por eso fui a San Lorenzo, de donde soy socio vitalicio. El tango –cuenta, con la satisfacción de ser cantor y haber sido futbolista- era lo de todos los días, de la mañana a la noche sonaba en la radio. Era lo común, no había que implantarlo como ahora. Éramos todos locos por salir a la calle para jugar al fútbol. Y con el tango lo mismo: salías y encontrabas la pelota de goma en los adoquines y escuchabas el tango que sonaba en alguna radio desde la vereda”.

-Y en todos estos años qué cambió más: ¿el fútbol o el tango?

-El fútbol se hizo demasiado comercial. Dicho por ellos, eh: los muchachos no sienten el fútbol. Entrenan un rato y se van no se adónde. Oí decir eso, yo no estoy en contacto con nadie del fútbol. Pero antes los jugadores entrenaban poco, dos veces por semana, pero sentían el fútbol. Jugaban en la calle, en el potrero. Éramos más nosotros. Después te invaden. Como en esa época estaba la guerra, no podían venir a joder acá, a meterse en nuestra vida. Por la calle pasaba un tranvía cada quince minutos. Antes éramos jugadores de potrero, ahora somos jugadores de gimnasio. Antes éramos cantores de esquina, ahora somos cantores de conservatorio. Antes éramos todos cantores de esquina y jugadores de potrero. Me parece que a los cantores de conservatorio les falta un poco de ese sentimiento que digo.

osvaldo tangueroLa pelota fue el atajo al tango. En el 53, en un velorio, se cruzó con el padre de Walter Perazzo, el exjugador de San Lorenzo, que lo convenció de ir Barranquilla, a jugar para el Sporting. Estaba terminando la época dorada del fútbol colombiano con Alfredo Di Stéfano como emblema. “Ya tenía 23 años, había dejado de jugar a los 17. Allá jugué de 10, aunque en realidad era 5. Llegué sin estar entrenado y se me cayó la posibilidad. Jugaba bien, pero para todo hay que estar preparado. Yo si entrenaba todos los días como hacen ahora, la hubiera roto. Se acabó el fútbol y Carlos Gambina, un jugador de fútbol de San Lorenzo, me dijo venite para Medellín que gusta mucho el tango. Ahí empecé a grabar. Después pasé a Cali, a Bogotá, a Venezuela. Estando en Maracaibo hasta canté boleros en televisión. Me gusta el bolero, pero a la semana ya estaba. Necesitaba esto”. Esto, obvio, es el tango. “El tango no es triste: es la vida. Por eso la nostalgia, porque en la vida hay tristezas y alegrías”. Cantar en Medellín, donde fue la muerte de Gardel, pero a la vez el nacimiento de su carrera como cantor profesional, es otro de las realizaciones de Peredo. “Los fenómenos fueron los que no tuvieron ninguna guía, ellos lo inventaron a esto. Yo no tengo veinte años. Antes que todos está Gardel. Yo lo puedo decir, otros no porque nacieron después. El principio de todo es Gardel, ahí está todo el tango. Después te pueden gustar otros tipos. Es raro decirlo, pero su muerte fue un beneficio para nosotros”, asegura. Allí, en Colombia, grabó unos cuantos discos que ni siquiera él atesora. En Argentina, la posibilidad de editar un disco se le demoró hasta los 77 años. Pero le llegó.  “Me tocó tarde. Bah, no se si me tocó. Estoy pasando un buen momento. Más que todo tengo el reconocimiento. Lo mío fue de laburar. No es porque uno lo buscó. Se dio, maduró el proceso. La vida puede más que nosotros. Nosotros proponemos algo, pero se da cuando quiere la vida. O cuando quiere qué se yo quién. Sobre todo fue por la insistencia. Muchas veces lo ves en el deporte. No es tanta la calidad sino el insistir. Hay tipos que tienen calidad y resuelven algo en dos segundos, pero si no tiene insistencia después lo pierden”, valora, a los 83 años.

-¿Cuál fue su formación como cantor?

-Cantar, cantar y cantar. Fui a algún profesor, esto y lo otro. Pero aprendí de los fenómenos: Troglio, Pugliese, escuchando a Gardel. Tuve mil referentes porque ellos abrieron el camino. Esos músicos jóvenes que creen que inventaron el tango están equivocados. Lo inventaron otros. Nosotros podemos empeorarlo o mejorarlo. Pero si no hubiera sido por ellos, estaríamos haciendo otra cosa. Saltos mortales, tal vez. De algún profesor se pudo aprender también. Pero lo primero es que tenés que ser cantor. Si sos tornero, sos tornero, no sos cantor. Después no es sólo técnica, porque esto es música popular. Hasta en la música lírica: si cantás ópera de una manera fría, no sirve. Tenés que contar la historia.

La historia, en este caso, es él. Por eso la puede cantar y contar. Como lo hace un abuelo en la sobremesa, él lo hace arriba del escenario. Cantando tangos en Buenos Aires como hizo toda la vida. Aunque en los últimos veinte años, la diferencia la siente en el alma y en el bolsillo. “Hace un tiempo que vivo de esto. Siempre canté, pero hace unos veinte años tengo la posibilidad de ganar unos sopes. Es lindo poder vivir de lo que a uno le gusta. Supongo que es una realización para cualquiera. Para mí lo es. Si te gusta ser pintor, querés vivir de la pintura. Tuve que ser empleado del estado, vendedor de libros, pintor, encargado de edificios, taxista. Tantos laburos que ya me olvidé. Siempre fui cantor. Ahora soy sólo eso”.

osvaldo tanguero

La fiesta de las palabras rompemuros

Salió el nuevo número de ELBA (En los Bordes Andando), revista – fruto del trabajo del taller de expresión que se realiza en la Unidad 26 de la cárcel de hombres de Marcos Paz y la Unidad 31 de la cárcel de mujeres de Ezeiza. El lanzamiento de la edición dedicada al tango y el lenguaje fue motivo de fiesta. Esos mismos bordes por los que andamos fueron escenario para explorar juntos los límites del adentro y del afuera .

Nuevo número de Elba

Lo de afuera es real. Lo de adentro también. Lo único irreal, quizás, sea la reja. Si adentro existen barras de hierro es porque afuera existieron y existen rejas de razones. Y, entonces, la prisión se transforma en ese único lugar en el que el poder puede manifestarse desnudo, en sus formas más pornográficas,  y al mismo tiempo justificarse como poder moral.

La mezcla entre algún Foucault, algún Paco Urondo y algún anónimo disertante puede sonar a chamuyo. Pero algo, sólo un poco, de todo lo que se junta en el vago concepto  de una cárcel, de un encierro, se hizo materia un día de lluvias y relámpagos gracias a un taller de culturas.

El taller literario “En Los Bordes Andando” es mucho más que eso. Entre otras cosas, también, es ELBA. La revista anual que se edita con las creaciones de quienes pasan por el taller, piensan, aprenden, leen, se expresan, critican y escriben. Ellos son los chicos y muchachos de la Unidad 26 del Complejo Federal de Jóvenes Adultos de Marcos Paz  y las chicas y señoras de la Unidad 31 del Centro Federal de Detención de Mujeres de Ezeiza.  Su 5to número, dedicado al tango y su lenguaje, se celebró en el salón de educación física del penal de Ezeiza. A la hora de dar las primeras pisadas, el lugar nos hizo levantar las miradas con sus techos altos, pero de límites bien presentes; donde suele haber un arco se montó el sonido para una tarde de fiesta. Una sola mesa, de las que se sostienen con taburetes, atravesaba el espacio de pared a pared. En una de las puntas nos esperaban los y las protagonistas: los cuerpos, los rostros, las mentes, las miradas y los espíritus de quienes hacen ELBA. Ellos eran el centro de la jornada de lectura, festejo y estrenos. Por algún motivo, corrían el foco e insistían en agradecernos a nosotros por estar ahí.

En los bordes caminan varios y diversos. Hay que aclararlo de entrada. No sólo los negros villeros y de mierda.  Se encuentra, también, una señora elegantemente vestida, de esas que por Palermo son una pieza más del fino decorado. Entonces, ojito, a no generalizar: no todos encajan en el basureado estereotipo de pibes y pibas chorros y chorras. De repente, como si un martillazo golpease el tablero haciendo volar miles de fichas de distintos colores y formas, se encuentran mujeres de Europa Oriental: Polonia, República Checa y Hungría. También de Asia: Filipinas y Tailandia. Y no se descuentan las mulatas ni las trenzas de Centro América: Puerto Rico, Honduras y República Dominicana. Es que la Unidad 31 de Ezeiza es para mujeres de buena conducta, madres y extranjeras. Es allí donde nos reunimos en torno a la necesidad de expresarse desde los márgenes, y pronto nos admiramos de la capacidad de tender puentes entre mundos distantes en situaciones extremas.

Los autores y autoras de la revista esperaron a todos desde el principio del día. Estaban sentados a la guarda de que lleguen los invitados de la fiesta. Los  anfitriones del propio encierro recibieron a invitados varios: artistas, intelectuales, alumnos y alumnas de la UBA, periodistas, músicos y tangueros. Saludaron a todos uno por uno. Se presentaron. “Nosotros escribimos en ELBA.”

Al principio, en el ambiente reinó cierta tristeza y bronca: diez de los chicos de Marcos Paz no habían sido habilitados y autorizados para la salida transitoria. Luego de todo un año de trabajo no pudieron presentar el estreno de la revista junto a sus amigos. “Pero si es casi un traslado, tampoco es que queríamos ir a un parque de diversiones”, se quejó uno de los compañeros. “De todas maneras, vamos a leer sus textos, para que estén acá de alguna manera.” La tarde tuvo que seguir con esa pena.

En esa foto ficticia donde los unos podían ser los otros y donde todos parecían sentados a una misma mesa en cualquier lugar del mundo se dieron a conocer las palabras que evidenciaron lo múltiple y lo complejo. “Hola, soy señora de las cuatro décadas y estoy de vacaciones en el penal”, “I´m from Filipinas and i´m here for droug traffic”, “Yo ser de Polonio y vengo aquí por drogas”, “Hola, cómo va, para mí no importa por qué estás acá, gracias por haber venido a compartir esta tarde con nosotros”, “Buenas tardes, ustedes vieron cómo es, a veces si cometés un error lo pagás y, a veces, si no lo cometés, también”, “Hola a todos, me alegra que hayan venido a conocernos para que puedan entender que estar preso no es simplemente patear rejas”. Los colores de las voces desbordaban cualquier paleta. No solo por los idiomas varios, ni por sus distintas edades, ni por sus ropas diversas, ni por sus lenguajes siempre complejos, sino porque el cuadro de la vista se veía desbordado ante la intención de hacerse conocer, de querer mostrarse y relacionarse con quien quiera comprender que estar preso no es lo mismo que ser preso y que lo múltiple nunca debe reducirse a lo único.

Como para que quede más claro:

María Rowena Villaruz, una mujer filipina y muy joven, después de haber intentado un aparatoso castellano pidió hablar en inglés, aunque nadie la entienda, “solo para sentir que se expresa sin barreras”.

María Ferreyra de Caseros, una madre de cinco hijos que recuperó su libertad luego de tres años por haber sido declarada inocente del motivo de su encierro. Leyó un poema en público dedicado a su nieta fallecida. Se quebró. Todas sus ex compañeras del penal se levantaron y la abrazaron. Nos diría también que ahora, desde afuera, lee lo que escribió mientras estuvo presa y le asombra la oscuridad, la angustia y la bronca que destilaban sus letras.

Carlitos de Soldati se paseó por el penal de mujeres con su camiseta de San Lorenzo. Recordó cuando volvió a la cancha después de 3 años y medio de cárcel sin salidas transitorias y se emocionó. “El futbolero lo entiende”, dijo. Luego, recitó su poema en voz alta para su querido Ciclón: “Te conozco desde el nacimiento del sol y de las lluvias”.

Leíto Jara es de su “hermoso Lugano”. Un galán verdadero. Tiene todos los accesorios: remera al cuerpo, aritos, reloj grandote, jean piola y zapatillitas de futbolista. Las chicas lo relojearon sin pausa. Las más osadas le suspiraron. Pero, él le se limitó a leer un poema a su hija Keyla y hacer llorar hasta a los más peludos y grandotes.

María Hidas es húngara. No habla casi español. Sólo húngaro. Leyó su poema en frente de todos en su propio idioma. Nadie entendió absolutamente nada. Pero todos pensaron y lo sintieron lo mismo: qué lejos queda Hungría de Ezeiza.

Veronika Horackova nació en República Checa y vivió en Ámsterdam. Ahora está presa en Ezeiza. Es la única checa detenida en el país. Es hermosa. Decidió leer su poema en tres idiomas: castellano torpe, inglés perfecto y checo inentendible.

La tarde transcurrió entre sonrisas y mates. El adentro y afuera se puso difuso. Sin los barrotes del prejuicio todo era ambiguo. Estaban los que interactuaban, los que se fundían y los que se cerraban ante todo. Los polos, alguna parte de ellos, resistían, pero sin signos ni esposas.

Desde un costado, detrás de un vidrio, miraban los vigilantes. Los uniformes oficiaban de un gran Gran Hermano detrás de un vidrio algo espejado. Una clase de tango dejó algunas parejas que se sonrieron y se miraron a los ojos por más tiempo del pensado alguna vez. El afuera y el adentro era solo una indicación para los pasos de baile: para poder hacer una “C”, un ocho adelante o un ocho hacia atrás. Hubo abrazos toscos, apretados, amistosos, calientes, aparatosos, distantes y fraternales; entre risas nerviosas y miradas profundas, nos encontramos y nos fundimos en una ronda que siempre volvía sobre sí misma reafirmando el sentido de comunidad que empezaba a emerger.

En esos instantes de tanto tango llegaron desde las celdas algunas madres con sus bebés y otras tantas embarazadas. Ezeiza es el penal donde hay un jardín maternal, donde muchos pibes y pibas nacen y se crían junto a sus madres y sus compañeras de pabellón. Se cuidan las criaturas entre unas y otras y se cuidan también entre ellas. Entre llanto y llanto se animaron a tirar algún pasito de 2X4. Quienes no se lanzaron al abrazo, permanecieron alrededor de la ronda y se encargaron de circular lo que habían cocinado para la merienda.

Luego, llegó la música y algún bandoneón resultó un poco ajeno para algunas miradas. Se sumó una flauta piccolo y otros tangos más. Aplaudían al unísono y los que sabían los temas se animaban a cantar desde los bancos. Después llegaron las guitarras y la cosa se puso más movida. Canción va, tango viene, dos chicas se pararon y se animaron a practicar unas piruetas que habían aprendido recién. De a poco se fueron acercando al cantante.  De lejos lo miraban y él se sonrojaba. Mucho chiflido y grito bien agudo como para hacer sonrojar a los muchachos. Una de las chicas se fue a su banco. Quedó bailando Moira solita, alias “Shakira”. Remera flúo amarilla, shortcito de jean, medias de red y zapatillas plateadas. Una reina. Se acercó meneando mientras las guitarras marcaban el compás final de algún candombe. Sin preguntar ni tropezar se sentó a upa de quien cantaba y lo abrazó con ambas manos por sobre su cuello. El tipo quedó rojo como un tomate. Ella le pidió respetuosamente el micrófono y lo apuró: “Ahora, la pregunta es: ¿vos qué tocas?”. La sala estalló de risa. “Las cuerdas vocales”, contestó él con algo de rapidez. “Ahhh, entonces puedo ser tu instrumento…” La sala rompió en un único rugir de ovación: “¡Shakiiiiiira! ¡Shakiiiiiira! ¡Shakiiiiiira! ¡Shakiiiiiira!”.

En el descontrol de las bandas llegó más gente y más gente. Desde la puerta que dividía las cárceles del cuarto intermedio de igualdad salieron tres chicas agarradas del brazo. Dos de ellas de Tailandia, la otra de Puerto Rico. Hablaban en inglés, claro. Se sentaron detrás de unos estudiantes de la UBA que presenciaban la actividad. Ellos tomaban mate y no tuvieron mejor idea que ofrecer.

-¿Quieren un mate, chicas?- dijo uno

Las dos tailandesas miraron a la traductora puertorriqueña y le dijeron: “What´s that?”.

-¿Qué es eso?- preguntó la morena de trenzas

Los chicos alcanzaron a responder: “Mate”.

Entre idas y vueltas las terminaron convenciendo. Una de las chicas de Tailandia agarró el mate y no supo que hacer. Sacó la bombilla y todos le gritaron “¡Nooooooo!”. Ella se asustó y dejó el matienzo. La volvieron a convencer. Con mímicas muy claras, juntando los labios y frunciéndolos, le indicaron que debía chupar, sin más, de la bombilla. Lo hizo. Su cara medió entre ser educada y evidenciar que le había parecido un asco. Se rieron todos. Luego pasaron por el ritual las otras dos muchachas. También tuvieron una eterna duda e indecisión con la bombilla. Tampoco les gustó.

Los músicos habían terminado. Las chicas cantaban: “Una más, si no, no se van” ¿Será que en la cárcel no se jode? Antes de enfundar sus guitarras, agradecieron y dijeron que nunca habían tenido un público tan entusiasta.

Cuando la comida ya escaseaba y todo tomaba un matiz final la cumbia se hizo escuchar. Desde algunos parlantes empezaron a sonar esos ritmos que hacen mover las carnes. Todas bailaban, eh. Las de Europa Oriental, las de Lugano, las de la 31, las de Filipinas, Tailandia, las de UBA. Y los pibes también, claro. Aprovecharon y se metieron en el baile. Entre meneo y meneo, cuerpo a cuerpo, se divertían y la pasaban bien. Sí, aunque resulte difícil entenderlo y creerlo: la estaban pasando bien. También volaron algunos besos y abrazos. La cosa se puso, hay que decirlo, algo cachonda. Y con un golpe de cadera, alguno se habrá puesto a pensar si en este encuentro no estaremos liberando nuestros cuerpos, moviendo un poco el culo alrededor de tanto barrote (las de la cárcel y las que aprisionan desde adentro). Entre las danzas, sentimos que algunas posiciones de dominación se inviertían, que desafiábamos las lógicas del encierro y realmente experimentamos en la propia carne la fiesta de expresarnos desde nuestra libertad más honda. Entre tanto cachengue la música cesó. Se escucharon algunos insultos. Pero, no había más remedio que irse ¿A dónde? Depende. Y sí; la realidad suena a reja que cae con un golpe seco.

Algunos se despidieron con mayor efusividad. Otros dejaron números de teléfono de algún pabellón o de alguna casa. Se volvieron a saludar y se fueron. Las puertas eran iguales, pero no: no eran las mismas. Una dejaba a esos seres mirando hacia los bordes a través de las rejas de siempre. La otra indicaba el camino hacia la cárcel.

La crónica de la calle

Activamos, salimos, dimos una vuelta y traemos una historia.
Escuchá las crónicas de la calle de Vámonos de Casa

-El Contrafestejo Cultural por el 12 de octubre: ¡Día de la raza las pelotas!- 14 de octubre del 2012

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-Festival Mundial de Tango en el Parque Centenario – 19 de agosto del 2012.
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Juicio Cromagnon II – 15 de julio de 2012
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