Comunicar desde el tablado

Tabaré y Yamandú – “Los Cardozo de la Catalina” – ya son sinónimos de murga uruguaya. En el mes de presentación de “Malandra”, el nuevo disco de Tabaré, en ND Ateneo, los hermanos se sientan a pensar la comunicación, las redes sociales y el rol de los artistas.

– Tenemos la suerte de que en Uruguay no había ningún Cardozo artista famoso. Somos “Los Cardozo de La Catalina”, eso te protege un poco, ser los tres hermanos que tienen una murga. No saben bien cuál es cuál – dice Tabaré mientras dos señoras en un bar los nombran: “el simpático, el lindo y el que canta”.

Los Cardozo de La Catalina, son tres: Tabaré, Yamandú y Martín. Salidos de un barrio de Montevideo, Uruguay, las calles se les meten por los pies y salen en forma de palabras. Los tres devinieron en artistas. Hijos de padre teólogo y madre maestra que “rescataban desde siempre las virtudes de cada uno”. Tabaré tiene la lengua entrenada en el arte de la palabra, tira el centro: “Una especie de igualdad comunista”. Yamandú define al ángulo: “Cada uno tiene su valor, sus cosas y es distinto al otro. Nunca nos igualó. Una cuestión cristiano soviética increíble”.

-Siempre nos empujaron a buscarnos a nosotros mismos – dice Yamandú.

Hoy los reflectores en el escenario brillan y los aplausos suenan a estruendos. Tabaré -en su carrera solista y como parte de la murga- y Yamandú Cardozo -director de Agarrate Catalina- se sientan en una mesa de hotel y se pasan la pelota de la palabra, uno a otro. Juntos se vuelven a buscar a ellos mismos.

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Yamandú hace poco tiempo incursionó en el mundo de Instagram, la red social de fotografías en formato cuadrado a la que podés aplicar filtros -o no- y compartir. Tiene una cuenta, pero no con su nombre, el único objetivo es sacar fotos y que sus amigos profesionales del lente, le digan si está buena o no. Tabaré no utiliza ninguna red social. “No tengo nada”, dice y repite: “no soy gaucho para ese pingo”

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Tabaré y Yamandú – “Los Cardozo de la Catalina”

Tabaré: – Tenés que tener determinado tipo de condiciones personales para hacer determinadas cosas. Así como no estoy en contra de la matemática ni en contra del rugby, pero no puedo hacer una división, no sé las tablas y no tengo fuerza para chocar con una persona con una pelota. No soy un militante en contra, me encanta que haya gente que juegue al rugby y matemáticos pero yo no sirvo para eso, bueno, en este caso es lo mismo. Sé que me metería en líos. Por ejemplo, me la baja ver un famoso que en twitter está en forma muy cotidiana opinando sobre una gilada. No tengo necesidad de ver a mi ídolo en esa situación de comentario de vieja de barrio. Yo sé que mis comentarios son muy de vieja de barrio y que los quiero reservar para el barrio, quiero sentarme en un cafetín con mis amigos a decir cualquier cosa de un jugador de futbol, cualquier disparate.

Yamandú: – Hay cosas que uno dice porque las dice como pensándolas, como para investigarlas si son o no son. A veces para saber si uno piensa o no eso que está diciendo necesita escuchar su eco. El tema es que cuando pasa a un ámbito público, por más que sea un pensamiento en construcción vos lo liberaste.

Tabaré: – Es levantar un estandarte de opinión, cuando en realidad la opinión en el ámbito privado ni siquiera es un postulado. Es una pregunta al viento. Es una opinión antojadiza. A medida que nos fuimos adentrando en el ámbito público involuntariamente, empezás a cambiar tu manera de pensar. Vos no podés emitir opinión sobre cualquier cosa, a la ligera, y tenés que empezar a filtrar lo que decís.

Yamandú: – Es como si fuera ponerte un megáfono en los pensamientos porque sí.

Tabaré: – Es como si mañana se inventara una máquina donde tus sueños quedan estampados, entonces, vos ya no tenés la libertad de soñar lo que querés. Tenés que andar cuidándote a la hora de dormir para ver con qué soñás.

Yamandú: – No nos viene a ver más nadie, Tabaré.

Tabaré: – Como un cuento de Fontanarrosa que llevan en cana a un tipo porque soñó con alguien que no podía soñar. Llegamos a un límite de la trasgresión de la intimidad por motu proprio que vos solo agarrás y te regalás, y elegís mostrar algo que a mí ni me interesa.

-Ustedes como artistas son comunicadores en una época en la que parte de la comunicación pasa por las redes sociales. La velocidad del lenguaje es el de la opinión.

Tabaré: – Justamente nuestro arte es el del pensamiento y la reflexión. Nosotros tratamos de dar el enfoque espiritual y emocional sobre algo. Una cosa es hacer una canción cuplé sobre una temática que charlamos mil veces y a veces estamos seis meses para sacar una opinión que sea el cociente de las opiniones de todos los involucrados. Otra cosa es decir la primer gilada que se te ocurre, que de repente capaz ni siquiera te la crees demasiado y quedás atado.

Yamandú: – Uno va modelando, se va dando cuenta, va descubriendo lo que realmente cree con esa decantación del eco de sus propias palabras. Yo pienso que la mayoría de la gente lo usa por la necesidad de expresión que está genial. ¿Cuándo la gente más comenta?, cuando se indigna con algo, cuando le encanta algo, cuando tiene ganas de compartir algo. A nosotros eso con la murga nos pasa absolutamente todo el tiempo. Lo que nos indigna, lo que nos aterroriza, lo que nos esperanza… lo comentamos, lo hacemos, lo trabajamos, lo tragamos y lo escupimos, lo moldeamos y lo amasamos. Entonces está un poco cubierto también.

Tabaré: – Para nosotros es mucho más fácil ésta también. Si todo el mundo tuviera una murga para pensar seis meses lo que va a decir capaz que tiene la paciencia, pero no todo el mundo tiene eso y todos tienen al alcance este otro medio. Tampoco estoy juzgando a la gente que lo hace, sería irresponsable de mi parte teniendo una murga para decir las cosas y tiempo para meditar, andar poniendo giladas en twitter. Se puede tener un twitter y no poner giladas también, pero pasa que yo no me tengo tanta confianza.

Yamandú: – Además supongo que cuando uno se bautiza, se integra a ese mundo y dice: acá estoy yo, en este lugar, los que quieran venir a escucharme, acá voy a estar yo, que es lo que hacemos cuando podemos en venta las entradas de un show.

Tabaré: – Hay otra cosa: nosotros somos artistas y el arte consiste en generar una obra artística. Lo que estamos mostrando no es la opinión, no es solamente que nosotros decimos cosas, sino que además tratamos de buscarle un costado artístico a la cuestión.

Yamandú: – La belleza de la construcción, ¿no?

Tabaré: – No nos imaginábamos la repercusión que íbamos a tener, tampoco es tanta, pero tuvimos una repercusión que fue desmedida para lo que nos merecemos. Aun así, nunca en ese pacto tácito estaba redactado que íbamos a poner nuestra intimidad, o nuestra personalidad en juego, siempre estaba nuestro arte. Yo la verdad no conozco la cara de Baudelaire, pero conozco sus poemas. Al final del día y al final del siglo, lo que verdaderamente importa es la obra, no tanto la persona. Nosotros tenemos arte para mostrar, y ojalá se difunda por todas las vías posibles: radio, tele, diarios, twitter, Facebook, Instagram, lo que sea sirve. Ahora, mi vida personal, no solo mi intimidad o con quién me acuesto o dejo de acostar, sino el nombre de mi madre, la foto de mi casa, ese tipo de cosas a mí no me interesa que la gente la sepa y en el fondo a la gente tampoco le debería interesar. Me pasó hace poco de estar en una reunión de familia, de esas donde empezó nuestra vocación de cantores, como siempre de cantarola con mi abuelo tocando una tapa de olla, mi tíos cantando todos desafinados, yo tocando canciones que no sé en la guitarra, imaginando los acordes que eran, como siempre. De repente veo a la hija de la mujer de mi primo, filmando y subiendo todo automáticamente. Ahí me di cuenta, por un lado que no podía pudrir la reunión familiar, ¿qué iba a hacer?, no le iba a decir nada, a su vez me cortó la iniciativa porque yo soy un profesional, me gano la vida de esto y no es nada gracioso que me filmes desafinando, medio borracho, cantando una canción que no sé. Ese tipo de cosas es cuando decís: ¿en qué berenjenal me metí? ¿Cuándo compré este león y lo tengo en el jardín si era un gatito cuando me lo regalaron?

Imágenes: NosDigital
Imágenes: NosDigital

-Las redes sociales también simulan una compañía. Con la murga quizás también lo tienen cubierto.

Yamandú: – Es eso. Es la necesidad de la referencia del otro ahí. No sé si en Montevideo o en Buenos Aires en los ’30, con otra vida social, con otra cosa de juntarte, de la tertulia, de lo hablado más real, más físico y más agarrable, hubiera tenido tanto éxito. En un momento y en un modelo bastante dehumanizado en el sentido de cortar y fragmentar, es el resquicio que uno encuentra para encontrarse con otro eventualmente.

Tabaré: – Estoy seguro, si nosotros hubiésemos sido niños en esta época, en lugar de grabar aquellos cassettes, tendríamos un canal de youtube. Y está buenísimo.

Yamandú: – El tema es que nosotros ahora, con las poquitas chispas que nos quedan en nuestros cerebros castigados, no podríamos gastarlas más que en nuestros espectáculos.

Tabaré: – Vivimos de esto, si se nos ocurre una buena idea no la vamos a tirar a internet gratis. La guardamos y la transformamos en parte del espectáculo. Ya estamos más automatizados en capitalizar, me imagino nuestro cerebro como Holanda que le tiene que ganar terreno al mar para plantar tulipanes. Hoy por hoy, existe la posibilidad que haya gente que sepa más de nosotros que nosotros mismos. Hay tanta cantidad de información de cada uno de nosotros online, y tanto archivo de cosas que si realmente alguno se ocupara de hacer un espionaje psicológico de nosotros podría tener el perfil y datos de todo, desde la historia clínica, hasta el comportamiento, preferencias, gustos. Todo. Ya estamos regalando información porque sí. En el arte esa información está codificada, lo que estamos regalando es nuestro cociente, pero no estamos regalando los elementos que constituyen esa cuenta. En algún punto tenemos que empezar a cuidarnos para sobrevivir como individualidades armadas. En nuestra escala, para que no suene que habla Mick Jagger, en una escala tercermundista y muy Montevidiana y muy chica. Pero con la exposición pública tenés un agravante, ponés en riesgo la conformación estructural de tu personalidad. Primero que nada, te conoce mucha más gente de la que vos conocés. Es una calle flechada para un solo lado, donde vos vas como peatón y de frente viene una autopista. Hay mucha más gente que sabe cosas de vos de las que vos sabés de los demás, eso te pone en completa desventaja. Si la información es poder, vos tenés mucho menos poder. Encima estás a corazón abierto, porque si sos artista estás mostrando parte de tu sensibilidad, de tu espiritualidad. Tenés todo tu círculo social completamente tomado y encima sobre-saturado más que cualquier persona normal. El circulo un poco más chico, el de tus familiares y amistades, está erosionado porque no estás nunca con ellos y estás dándole a desconocidos más atención que a las personas que vos más querés. Y la parte esa de vos que ni vos mismo conoces, también está lesionada, porque hay gente que habla de quién sos y saca conjeturas.

Yamandú: – Gente que aporta a una supuesta estructura tuya. Aporta datos de cómo sos vos y los instala. Gente que tiene un Facebook, una página tuya y construye, equivocado o no, te dibuja y queda ese dibujo.

Tabaré: – Vos necesitás armar un estereotipo, necesitas agarrarte de algo porque vos vas a comprar ese producto, querés saber cómo es. Pero a su vez, también vos vas diseñando un modelo de personalidad, que a veces ni siquiera es tu personalidad. Y no es un personaje buscado, es un promedio de lo que va quedando de esa picadora de carne. Entonces para no volverte del todo loco tenés que resguardar alguna parte, sobre todo la parte más tuya para poder reconocerte en eso y estar a salvo. Cada tanto volver a centrarte en el epicentro de lo que hubo antes de esto. Quién era yo antes de ser yo. Voy a la casa de mi infancia, con mis parientes que me conocían antes y me querían antes. Los que te conocían antes, te veían con los mocos colgando cuando volvías de la escuela. Te conocen en una dimensión que vos recuperás cuando te encontrás con ellos.

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Tabaré Cardozo presenta su nuevo disco: Malandra. Todos los jueves de mayo junto a Agarrate Catalina en el ND Teatro.

No suelten los tambores

Agarrate Catalina ya es sinónimo de murga, a uno y a otro lado del charco. Constituida como cooperativa, la Catalina le hace cosquillas a América toda. Su director, Yamandú Cardozo reflexiona sobre la popularidad colectiva y no duda: “El murguista es el más aplaudido de la noche y se toma el mismo bondi que los aplaudidores”.

“Hoy escucharemos una historia especial, de la gente más corriente y normal. Una historia extraordinaria, sin las grandes luminarias. Un guión extraordinario, para actores secundarios. Gente común. Gente común”.

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-Cuando la gente ve un murguista y lo reconoce por la calle, muchas veces dice algo así: “Mirá, uno de tal murga”. Si lo individualiza, dice: “Mirá, Pablo de tal murga”, el nombre de la murga pasa a ser tu apellido, tu colectivo te define. A mí me encanta ser Yamandú Eldelacatalina.

Yamandú “Eldelacatalina” Cardozo es director responsable de la murga por la cual muchos cerraron los ojos, saltaron con la imaginación el charco y sintieron, desde la amplitud de los sentidos que no conocen las distancias, el carnaval uruguayo.  Yamandú tiene puesta la camiseta de Agarrate Catalina, que desde el año 2001 recorre escenarios y funde fronteras con sus espectáculos, hasta convertirse en la murga más reconocida de la fiesta popular más importante del país vecino.

Cuatro años después de sus inicios ya se hacía del primer lugar en el Concurso Oficial uruguayo, para repetir varias veces el logro durante su carrera. Un verano más tarde era nombrada Embajadora Cultural de Montevideo por la Intendencia Municipal, los aplausos se amplificaban.

¿Qué les pasa con la “popularidad”?

-No lo pensamos mucho, realmente. Bah, si “popularidad” se refiere a “notoriedad” o “fama”, no mucho. Por lo menos no en los caminos hacia, en las estrategias para…

Sí, quizás, en la rareza encantadora de la “fama” del murguista, cuya característica principal es eludir el comportamiento habitual del “famoso”. El murguista es, en la inmensa mayoría de los casos y desde hace ciento y pico de años, murguista y albañil, o empleado público, o desempleado, o punga, o profesor de filosofía, o testigo falso, o enfermero, o Ministro de Economía. Es el más aplaudido de la noche y se toma el mismo bondi que los aplaudidores. Es el mozo del boliche al que van los que aplauden, es su vecino. Es popular y sin embargo, cercanísimo. E inocultablemente igual, porque es el público, pero a veces canta. En ese fenómeno sí pensamos, sobre todo desde el lado de la alegría que genera que eso sea así.

Es una popularidad principalmente grupal, no individual

-Ojo que hay, sin embargo, murguistas más reconocidos que otros, pero no dejan, creo yo, de ser en tanto existe ese ser colectivo, ese monstruo de casi veinte cabezas que los sostiene y los hace ser. Yo siento que eso mantiene vivo el aviso de que puede ser cualquiera. Y eso, también es maravilloso de la “fama” de los murguistas. Siempre son tan cercanos (queridos o no) y tan parecidos al que le canta al lado, el murguistas puede ser tu vecino, tu empleada, tu jefe o vos.

Agarrate Catalina se nutre del eco de voces anónimas y en su sonido representa el infinito de posibilidades: todos pueden ser murguistas. Lleva transitados numerosos países, entre ellos: Argentina, Brasil, Chile, Ecuador, Paraguay, México, Panamá, Cuba, España y Francia. El sentido de grupo se escapa entre las sílabas y vuelve el escenario horizontal. La disposición sirvió no sólo para encarar al público, sino para pensarse como unidad y decidir constituirse legalmente como cooperativa.

-La legalización de nuestra cooperativa dio un marco a nuestro funcionamiento anterior.

Un marco que resalta y acentúa. Somos más colectivos. Dio lugar a nuevos debates sobre temas habituales, habilitó otros planos de discusión. Además, nos ayudó a soldar más aún el discurso y el evento artístico y el andar grupal y humano.

Yamandú habla siempre en plural, quizás por eso cree que es imposible definir en colectivo si los murguistas son primero actores o cantantes: “Somos cantores que actúan, a veces, y otras veces actores que cantan”.

La murga forma parte de la identidad de Uruguay ¿Eso les genera cierta responsabilidad?

-No particularmente. A mí, como letrista de murga, como murguista, la responsabilidad me llega igual que si me parara arriba de un banquito en una plaza, sólo, a gritar envuelto en algún otro intento artístico cualquiera mis desvelos, mis terrores o ilusiones. La responsabilidad del que habla y se sabe escuchado, atendido y querido. Esa.

¿Por qué crees que se elige como identidad nacional una manifestación que tiene a la lucha y la protesta como eje discursivo?

-Hay muchos uruguayos que, si pudieran elegir la identidad nacional, a la murga la dejan olímpicamente afuera. Yo creo que somos un poco así. Protestones, luchadores. Y discutidores y zorros y colectivos y de humor salado y risa entre dientes. Entonces así caminamos, bailamos, jugamos al fútbol y cantamos. La murga existe, en parte porque somos así. Hay murga porque hay esos rasgos identitarios.

Parece lejana la posibilidad de que muchos puedan no elegirlos, Agarrate Catalina lleva editados seis discos, cinco de ellos son discos de oro y platino.

Las presentaciones funcionan también en Argentina, por ejemplo, ¿creen que lo que cantan atraviesa todo Latinoamérica?   

-Por necesidad honesta, la Catalina ha sido siempre algo más atemporal y universal que otras de sus primas hermanas. Eso nos hace más comprendidos en algún punto. También es cierto que hemos afilado nuestra capacidad de ampliar destinatarios por el simple hecho de haber andado, por haber salido y por haber tenido que hacernos entender de prepo. Si sumamos eso a la intención de inclusión de esta barra, a que Latinoamérica sangra mucho de lo que sangra por las mismas heridas y se ríe mucho de lo que se ríe a causa de las mismas cosquillas, tenemos alguna chance de ser bien comprendidos y recibidos en cualquiera de nuestros países.

Las chances en Argentina se convirtieron en éxito, una vez más, durante este verano. El escenario se agrandó en todas las direcciones imaginadas. Agarrate Catalina y Tabaré Cardozo, quien fue junto a su hermano Yamandú fundador allá por el 2001, se presentaron en Ciudad Cultural Konex dos noches de entradas agotadas anunciadas varios días antes.

Desde un tablado uruguayo o en un teatro de Buenos Aires el encuentro transita un mismo recorrido que no conoce de diferencias sustanciales. Yamandú sostiene: “Habrá diferencias de centímetros, de cantidades, de mínimos códigos de protocolo, pero la potencia y frecuencia del encuentro es la misma”. La presentación nos hace navegar por diferentes imágenes que a veces duelen y otras acarician sin importar cuál sea la silla en la que estemos sentados.

¿Cuál es el puente para unir en una misma presentación humor, política y protesta?

-Básicamente, la murga.

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“Te tocó nacer en un rincón del fin del mundo, en el medio de este banquete de serpientes y chacales. Te tocó crecer en este tiempo, que no es más que un inmenso montón de soledades.
Niño hijo de niños recién grandes, que el mundo va envejeciendo a los golpes. Niño del fin del mundo, candilcito en la tormenta, puerta clandestina en la muralla, te traigo todos los abrazos que precises, mis últimas y pobres barricadas, el mundo entero por cambiar y el corazón en esta retirada”.