El tren al que dejaron sin vías

Esta carta es la historia presente del Club Ferro Carril Oeste. Dedicada a quien supo construir un pedazo de su gloria: Don Carlos Timoteo Griguol; y para todos los que entienden que un club es de sus socios y de nadie más.   

Querido Timoteo:

Cómo contarle ésto que está pasando. Algunos pensarán que es una locura, que no tiene sentido, que de nada vale entristecerlo con este presente quebrado. Esos insultarán esta carta dirigida a usted, Maestro, que enseñó a los corazones verdolagas lo que era la gloria y la alegría de gritar campeón en los tablones de Caballito. Y que, encima, lo hizo dos veces, las únicas dos veces en la historia del club: en el Nacional del 82 y en el del 84 !Qué años aquellos! ¿Recuerda? Decían que Ferro era la institución modelo del país. Y lo era Timoteo, usted lo sabe. Los vecinos se morían por ser socios. El club era más que el fútbol vistoso que usted supo crear y cuidar. Era el vóley y el básquet y todos los deportes. Era, sobre todo, la vida de club de todos esos chicos, chicas, hombres y mujeres que inflaban el pecho cuando hablaban de Ferro Carril Oeste. De sus canchas, de su pileta, de la confitería, del equipo, de sus deportistas, de usted. Todo era color verde. Qué linda década, Viejo.

Ferro

Fotos: NosDigital

Y sí, los que se acuerdan de usted cuando recuerdan esos tiempos dirán, quizás con razón, “pobre viejo, mirá si lo vamos a andar amargando con toda esta mierda”; “Déjenlo tranquilo a Don Timoteo que no tiene nada que ver, no se lo merece”. Y puede que sí, que esto sea un error. Seguro que usted no merece esta realidad. Pero sí merece saberla. Y esos otros que digan “cuéntenle quiénes son los responsables de haber quemado todo lo que él en parte logró” apoyarán esta triste carta.

Ferro quebró, Viejo. Lo fundieron. Hace un tiempo ya. En diciembre del 2002. Se preguntará cómo pudo pasar después de esos ’80 brillantes. Y, bueno, vinieron unos ’90 destructivos. Y eso estalló en los tempranos 2000. Sí, claro, Timoteo, como sucedió en todo el país. Nadie que haya seguido la corriente se iba a salvar, Maestro. Y Ferro no fue la excepción.  A partir de ahí se le aplicó la ley de fideicomiso. Como a Racing, como a Comunicaciones, como a cada entidad deportiva que se le rompen los números de los balances. La quiebra la decretó el juez Antonio Herrera.  Un sorete, Viejo. Quizás el que más haya lastimado a Ferro en toda su historia. Pero, alguien le abrió la puerta del club, eh. No es que entró así nomás y empezó a robar todo. No, claro. ¿Te acordás de Marcelo Corso, del presidente de Ferro del ’96 al ’99? Otra basura, Timoteo. Llamó a concurso de acreedores al toque que asumió, porque dijo que el club estaba por darse vuelta. La cosa no estaba bien, es verdad. Los números que había dejado Felipe Evangelista, presidente del ’93 al ’96, eran tenebrosos. Pero lo único que logró Corso llamando a concurso fue hacer entrar en el juego al macabro juez Herrera. Acelerar toda la miseria. Obvio que Corso tenía sus intereses. Jugaron codo a codo con el juez y desmantelaron el club.

Cuando hubo elecciones en el ’99 tuvo que volver Carlos Leyden, vio. Usted lo conoce mejor que nadie. El presidente de la etapa de oro. Desde el 63 al 92. Bocha de tiempo, y en el medio lo mejor de la historia: usted y su Ferro campeón. El club era una joyita, ya lo hablamos. Si bien cuando Leyden se fue en el ’92 no dejó todo 0km, porque la crisis de la híper inflación había hecho bosta al club, dejó las cosas dignas. Después Evangelista y Corso tuvieron las más nefastas y paupérrimas gestiones. Con robo e impunidad. Nada de lo que pasó fue un error dirigencial, eh. No fueron malas administraciones como se dice. Todo a propósito, Timoteo. Por la guita. Ferro les chupaba un huevo. Eso no es equivocarse, es hacer las cosas muy bien, pero con intereses exclusivos y privados. De la idea de club que se mamó en sus épocas no quedaba ni el recuerdo.

_MG_9372Cuando se presentó Leyden en el ’99 algunos dicen que fue para lavar culpas, porque él había recomendado a Corso en el ’96, y después se quiso matar. La realidad es que usó su figura para que Corso no gane de nuevo. Y claro, Leyden ganó y Corso se fue (con toda la guita).  Pero cuando agarró el club dijo que no podía administrar miseria. Así  nomás. El club estaba en las últimas. Renunció y asumió Arnoldo Bondar, su vice. Que renunció también, porque dijo que la Comisión Directiva no existía, que había una mesa directiva, de tres o cuatro, que no representaba el espíritu democrático del club ¿Se da cuenta? Y asumió el vice segundo, Guillermo Socino. Cumplió el mandato y se llamó a elecciones en el 2002. Ganó un tal Walter Porta, que venía de un grupo independiente. A todo esto Herrera seguía chupándole la sangre al club. El juez tenía un plan. Perdone que le hable así, Viejo, pero fíjese que forrada: quería gerenciar el fútbol y el resto de los deportes profesionales a empresas privadas; además quería mudar el estadio de Ferro a Agronomía ¿Sabe para qué? Para armar un parque como el Rosedal en el medio de Caballito. Tenía todo un negocio planificado. Todo estaba armado. Y fue por ello, paso a paso. Empezó a presionar a Porta para que gerencie el fútbol. Y Porta dijo no. El juez lo empezó a arrinconar. Pero Porta resistió.

¿Qué hizo Herrera? Firmó nuestra quiebra y nos mandó al muere. Decretó que Ferro estaba fundido y que entraba en la Ley N° 25284, la del fideicomiso. Lo que resultaba un obstáculo para su plan lo iba eliminando. Y si el club tenía que quebrar… qué le importaba. Para que se fije qué impunidad, le paso un par de datos: Ferro, formalmente, termina quebrando por dos pedidos de quiebra que ascendían a 53 lucas. Usted piensa que una institución como Ferro puede quebrar por esos numeritos. Sé que no, Viejo. Que entiende que el tipo vio que Porta era un hueso duro de roer y liquidó al club por chiquitaje. Para poder controlar todo. Más fácil. Ojo, el club tenía un déficit de aquellos. Casi 27 millones. Pero podía seguir funcionando de la misma manera que hasta entonces. Como lo hizo durante todos los ’90. Porta se tuvo que ir, claro. Y este mismo juez designó al órgano fiduciario que ahora iba a controlar el club para levantar la quiebra. Porque, supuestamente, según la ley, el órgano tiene como objetivo devolver el club a sus socios sin deudas. Salvar la institución. Pero, del papel a la realidad… y si encima está Herrera en el medio, olvídese. Osvaldo Valera, Jorge Oliva y Eduardo Andrada. Esos fueron los tres que conformaron el primer órgano. Varela, un buen tipo, lo pusieron para rellenar. Oliva era un contador que cayó por designación. Y Andrada… ¡Ay Andrada! Un amigo de Herrera. Trabajaron juntos para el negocio. Con Herrera como juez de la causa y con Andrada como el tipo de peso en el manejo del club hicieron lo que quisieron. Al toque gerenciaron el fútbol. Contrataron a Gerenciar SA. La empresa de Gustavo Mascardi, el representante de jugadores. Lo que quiso hacer con Porta y no pudo. Después empezó a preparar todo para darle el resto de los deportes a Swiss Medical, otra empresa. Venía todo como lo pensó. Pero, usted lo habrá visto, a Herrera le hicieron una cámara oculta en la televisión. Y cayó. Habló de todo mientras lo filmaban. De su negocio, de que Ferro no le importaba, de que quería armar un shopping. Increíble. Lo destituyeron a los tres meses. Y asignaron una nueva jueza: Margarita Braga. Sigue hasta hoy como jueza de la quiebra. El órgano fiduciario cambió mil veces. No lo quiero marear con nombres. Renunciaban cada dos por tres y entraban reemplazantes. Hoy están Silvio Favale, como contador; Julio Marzano como responsable de la situación deportiva; y Marcos Brusa como abogado. Si bien no está el serpentario que destruía a Ferro desde adentro, las cosas no han cambiado mucho, Timoteo. El déficit sigue. Corso, Herrera y compañía dejaron al club en la ruina, y de ahí se hace difícil salir.

_MG_9447En el 2011, cuando se cumplieron los nueve años de fideicomiso, Ferro todavía no había levantado el pasivo. Según la ley, debían rematarse sus bienes para pagar la deuda y, bueno, el club dejaba de existir. Pero no pasó, tranquilo Viejo. Dieron una prórroga de tres años más. Ahora la fecha límite es diciembre del 2014. Queda tiempo, pero la cosa no levanta. La gente confía, igual. Dice que Ferro es Ferro, que es imposible que desaparezca. Pero los papeles están prendidos fuegos. Los socios se organizan, eh. Crearon una cuenta en el banco y van depositando ahí. Donaciones, vio. Sin nada a cambio. Y ya juntaron más de un palo, con todo el esfuerzo de la gente. Pero no alcanza, los números son altos. La verdad es que esa ley no sirve para un carajo. Te llenan de abogados, contadores y jueces que no entienden nada de clubes. Piensan que son una empresa donde tienen que cerrar los numeritos y listo. Y no es así, un club es otra cosa. Es un barrio entero. Ferro es Caballito, si usted lo sabe. Pero un fideicomiso no lo entiende. Un órgano fiduciario, menos. Y, para colmo, ¡los burócratas que ponen, roban! No solo no cazan una del valor social y cultural que significa, sino que lo funden más todavía, para hacer sus negocios. De no creer. Nadie se salvó con esa ley. Simplemente no lo entienden, Timoteo.

Se preguntará dónde quedaron todos esos buitres. En la cárcel no hay ninguno, pero existen dos causas penales por los escándalos de Corso y Herrera. La primera estaba bien encaminada: Corso y tres dirigentes más de su riñón corrupto, Raúl Tauz, Héctor Hermida e Isidro Cabral, habían quedado procesados por tres hechos bajo el mismo cargo: administración fraudulenta. En el 2001 la comisión directiva del club hizo la denuncia. En primer lugar, se constató que se quedaron con varios cheques de 40 lucas en conceptos de “a rendir” y de “devolución de préstamos”. La plata nunca apareció. Después, giraron un millón y medio de dólares a una empresa financiera uruguaya sin justificación alguna. Era una guita que había quedado de la venta de unos terrenos. La plata nunca apareció. Y, por último, se chuparon el pase del jugador Martín Herrera al Alavés de España. La plata nunca apareció. Pero, estos tipos tienen poder, Timoteo. Dilataron el juicio oral todo lo que pudieron. Y eso que la etapa de instrucción ya estaba cerrada, ¡y habían quedado firmes los procesamientos!  Pero con todo tipo de artilugio legal, que el juez dejó pasar, la estiraron y la estiraron. Y sobre la fecha de prescripción, que iba a ser en Junio de este año, los criterios del proceso judicial cambiaron. Fue súbito.  Esos nuevos criterios decían que como estaban siendo juzgados desde hace más de seis años y la pena máxima para esos delitos era de tan solo seis años, la causa prescribía. Encima, los jueces habían desestimado ese mismo argumento anteriormente. Pero, se dieron vuelta. Y prescribió nomás. A tres días de empezar el juicio oral la causa prescribió. Los tipos zafaron. Como verá la Justicia y los jueces no le tiran un centro a Ferro. Más bien juegan para la contra. Ahora habría que esperar que se revoque esa decisión y que se dicte sentencia todo antes de junio. Imposible, Timoteo, así nomás. Quedará impune.

La segunda a causa va detrás del pez monstruo más gordo: Herrera. Que ya está procesado. También cayó Andrada, su amigo del órgano fiduciario. Y los Mascardi, Emilio y Gustavo, padre e hijo, dueños de la empresa Gerenciar SA. En esa causa, en total, hay doce procesados, entre los cuales están los integrantes del órgano fiduciario que se encontraban en acciones al momento de licitar el fútbol a la empresa. Todos por fraude. Se encontraron muchas irregularidades en la licitación. Y ya sea por ser partícipes o cómplices, todos quedaron procesados. La causa avanza bien, pero hay que tener cuidado. Ya vio lo que pasó con Corso y los demás. Estos tipos tienen amigos ahí adentro. Herrera está complicado. Tiene muchas chances de ir en cana. Ojala, Timoteo, ojalá.

Como verá el presente está enmarañado. A Ferro lo arruinaron, le quitaron las vías. Se comió las mil y un maniobras: legales, económicas, judiciales, políticas. Todas. Digitaron la quiebra y después la mantuvieron. Lo comprobó la Justicia, que eligió no hacer honor a su nombre. El pasivo verificado en la causa está en los 16 millones. Y no se sabe muy bien qué va a pasar.

No hay más que decir, Timoteo. Solo luchar para que Ferro siga siendo de sus socios.

Que ande bien.

Un fuerte abrazo, Viejo.

La Comunicación hace la fuerza

Los socios de Comunicaciones se mandaron una gesta tremenda: aguantaron el interés que tenían Daniel Hadad, Mauricio Macri y Hugo Moyano para quedarse con su club, un pulmón estratégico de la geografía porteña. Ahora el club revivió: se disfruta en las parrillas de la primavera, que arrancó con un triunfo sobre Barracas Central, el club de Moyano.Y cuatro chicas nos cuentan por qué el barrio entero salió a poner el pecho por Comu: “Si te sacan el club te borran la historia de tu vida. Es una cuestión de identidad. Es como si te sacaran los años de la infancia”.

Entrar al club, ahora, es distinto.

Hay pelotas rodando, botines chillando contra el cemento, remeras transpiradas, gritos de gol de un montón de nenes y nenas que disfrutan de una tarde de sol en un club. En su club. De repente, es fácil perderse. Comunicaciones con gente es otra cosa. La imagen de la desolación ya no existe y, a veces, cuesta un poco recordar cómo eran esos caminos vacíos con tanta pelota y tanta gente yendo de aquí para allá.

Incluso, piden los carnets. No se ven sonrisas más grandes que cuando los relucen, los muestran y dicen sin decir: “Sí, soy socio, este club es mío y voy a pasar”.

El miércoles 22 de Agosto hubo un fallo a favor de la apelación de Asociación Civil. El club no va a ser de Moyano, como se había sentenciado a fines del año pasado. Vuelve a ser de los socios por tres años más. El salvataje llegó: consiste en una prórroga para levantar la maldita deuda y terminar con la angustia de una buena vez.

Por la senda victoriosa de un club con gente alegre que juega a la pelota se ve a los costados de ese camino, y bajo la luz del día que todo lo refleja, un pasto desbordante y verde furia se encima sobre el paso. Si se sigue por esos parques crecidos y descuidados, pruebas materiales de lo hecho por el fideicomiso en los últimos doce años, se encuentran las mesas, también rotas. Sobre una de ellas hay un montón de cosas: un termo, algunas mochilas, un par de bolsos, cartas, juegos de mesa, comida. En unas reposeras, a los pies del mate y el bizcocho, disfrutan de su momento cuatro mujeres. Cuatro socias.

Laura Díaz, de 25 años, morocha, piba de club, hermosa y pasional. Socia desde que nació. Va a la cancha todos los domingos. A la popular, nunca platea. Cristina Bulcano, la mamá de Laura, socia de “toda la vida”, la verborragia por Comu casi que no la deja hablar. Nadie pregunta su edad. Se muestra contenta y satisfecha. Marta 1, no quiso decir su apellido, socia desde los 12 años. Ya es abuela. Nadie, como corresponde, pregunta su edad. Al principio no quiere hablar mucho pero luego se abre y dice lo que sintió en los últimos años. De pelo rubio y bien arreglado no deja el termo en ningún momento. Marta 2, tampoco no quiere decir su apellido. “Nosotras somos las Martas de Comunicaciones”, dicen. Pelirroja. Sus nietos también van al club. Amante de las charlas y juegos en esas reposeras, en esos pastos, en esas mesas pero, sobre todo, en ese club que es Comunicaciones.

Contestan todas juntas, se interrumpen. Van construyendo todas juntas la misma respuesta: Comu es de sus socios.

¿Cómo vivieron los últimos doce años de quiebra y fideicomiso?, les preguntamos.

“Ay, no, no, por favor, no hablemos de eso”, ruega Cristina. Su hija la interrumpe y dice: “Me acuerdo hace 10 años, un verano, vine con la bici, como todos los días, y el club estaba cerrado. Llegué y no había nada. Por un mes y medio estuvo cerrado. Eso para los socios fue terrible. Sin nuestra pileta, sin nada. Tenía 15 años y me puso muy mal”. Los primeros golpes de la quiebra rompieron en los lugares más cotidianos. “Hacía fútbol femenino y danza jazz, esas actividades desaparecieron”, dice la nostalgia de Laura. Las Martas se funden en una sola voz: “Sentimos mucha tristeza. Qué te parece. Todo se iba destrozando, poniendo sucio. Cada vez peor. Pero las reposeras y el mate siempre estuvieron. No nos movieron. Aguantamos acá afuera. Tomando solcito, claro”. Se ríen entre ellas y se festejan los chistes, pero se ponen serias cuando tiene que recordar la razón de tanta resistencia: “Queremos el club para nuestros nietos, para poder seguir viniendo”. Laura vuelve a romper todo con su pasión y deja en claro que significaron los años de quiebra: “Cuando ví Luna de Avellaneda para mi fue Luna de Agronomía. Lloraba desconsolada. Fue tal cual lo que nos pasó. Todavía no puedo creer que ya pueda hablar de esto en pasado. Estos 12 años fueron eternos. Venía al Club porque lo amo. Porque si ves las instalaciones, no hay otra razón más que esa: el amor y la pasión. Vengo y la paso bien: es mi casa, no importa cómo esté”.

Sin importar la cronología de los hechos, rebobinan y se ponen a recordar sus historias de juventud y de la infancia. Cristina toma la memoria: “Yo acá viví mi juventud, desde los 13 años. Hacíamos gimnasia, teníamos amistades, nos metíamos a la pileta…”. Los primeros novios, le insinúa alguien de la mesa. “Yo también fui joven…”, dice, muriéndose de risa. Sigue: “Después asocié a mi marido y mis hijos se criaron acá. Nuestra vida como familia se fundó en Comu. Nací en Agronomía. Pensaba: si me sacan al club qué hago… Ahora, mi hijo me dijo: este verano no nos vamos a ninguna parte, el verano lo pasamos en el club”. Marta 1 toma la posta y dice que es socia desde los 12 años, que siempre usó la histórica pileta, pero que nunca hizo deporte. Se ríe. “No, para nada, deporte jamás”, vuelve a decir. “Siempre mate nosotras. Charlamos con las chicas, hacemos reunión social. Cuando estamos solas jugamos al rummy, jugamos”. Marta 2 no la deja terminar y retoma:” Sí, y al burako también. Charlar y jugar y tomar mate. Siempre juntas. No necesitamos psicóloga nosotras…”. Para qué, si somos las chicas del mate y del burako de Comunicaciones”, dicen las dos en un coro lleno de risas.

Lo que más contentas las pone es hablar para atrás. Sentir que ya están en otro lugar. Pero, ahora, ¿hacia dónde va Comunicaciones? ¿Qué tienen que hacer para no dejar pasar estos nuevos tres años como los últimos doce? De a poco, como pueden, lo van contestando. Empiezan las Martas, otra vez, al unísono: “Recuperamos las esperanzas, estamos muy contentas. Ahora tiene que perdurar”. Laura entiende que se tienen que empezar a arreglar las cosas de a poco: los parques, los quinchos, las parrillas, las mesas, las canchas, la tribuna. Que vuelva danza jazz. “Comu es mi vida, lo quiero ver bien. Es mi casa. Rato libre que tengo me vengo al club. No puedo entender los fines de semana sin el club. Es todo. Acá me siento bien, lo amo. Me siento cómoda”. Laura deja de hablar y piensa y vuelve a decir: “Sí, estamos felices. No saben lo que fueron las últimas semanas. Terribles, muy deprimentes”. Consideran que la toma del club fue clave. “A partir de ahí nos empezaron a escuchar”, dice Cristina.

Agradecen todas juntas los gestos de esos hinchas de otros clubes, que en el fútbol son rivales de toda la vida, pero cuando vieron que lo que peligraba era un club dejaron las camisetas de lado y dijeron todos: “Vamos Comu”. “Muchas gracias a todos”, dicen todas juntas.

Y, entonces, hay una idea que empieza a surgir en ese mismo instante. Laura es la encargada de exteriorizarlo en las palabras más barriales y simples y bellas: “Después de esto empecé a entender. Entendés que un club es más que un equipo de fútbol. Es esto: el mate, la parrilla, el parque. Las amistades, también la familia. Esto debe ser un inicio porque si le pasa a Comu le puede pasar a cualquiera. Hay que solidarizarse siempre con el socio de otro club que pasa por estas situaciones. Agradecemos mucho a los que nos apoyaron. Si le pasara a otro club, ahora, yo estaría tan mal como si fuera Comu. Los apoyaría, lucharía con ellos. Porque ahora lo entiendo: lo que hay que defender es la idea del club. Si te sacan el club te borran la historia de tu vida. Es una cuestión de identidad. A mí me sacás todo, los años de mi infancia. Es el sentimiento. Los colores, el nombre. Estuvimos por perder el club entero”. Las palabras dejan mudos a todos. Después de un silencio, su mamá retoma la palabra: “El club es para los socios. No para empresarios. El socio se tiene que involucrar, defender sus derechos y solidarizarse con los demás clubes de barrio. Fijate que a nosotros nos querían cambiar los colores… No, pará, estamos todos locos, no jodamos. Querían poner verde y blanco: de Excursionistas, encima, una locura”. Laura se ríe.

Imagen: NosDigital

¿Y cómo pudieron confiar, entonces, alguna vez, en el salvataje que prometía Macri, un símbolo de la lógica empresarial en los clubes? “Estábamos desesperadas”, arranca primero Laura. “Nos desilusionó mucho, nos traicionó. Pidió que lo votáramos, lo votamos y después desapareció del mapa. Nos dio mucha bronca. Jugó con nuestra pasión, con nuestro sentimiento”, dice Cristina. Al poco tiempo de aquel engaño el juez de la causa, Fernando D´alessandro, le dio el club a Hugo Moyano, para hacer la Mutual de Camioneros. Laura arremete contra él: “Moyano decía que acá no había socios. Que era un club fantasma. Nos dieron por muertos. Y la gente de afuera lo pensó, se lo creyeron. Pero los socios siempre estuvimos. El símbolo fue la toma”.

Otros de los símbolos sucedió el primer sábado de septiembre. El Cartero jugaba su primer partido de local después de la gloriosa noticia del salvataje. ¿Contra quién? Contra Barracas Central. Sí, justo el club que maneja Moyano, el equipo al que le dicen el Camionero. Es decir: un club que iba a ser el futuro de Comunicaciones. Las banderas y los cánticos se tornaron lucha. Durante todo el partido se escuchó: “Comu es de su gente, la pasión no quiebra”. Ganó Comunicaciones. Fue 1-0. Algunos dijeron que fue la victoria simbólica más importante de la historia. Lo que sí todos dijeron fue que el triunfo había sido otro, semanas atrás, cuando Comunicaciones siguió siendo de su gente y de nadie más.

Las chicas lo disfrutaron más que nunca. Estuvieron ahí, por lo menos Laura y Cristina. “Las que vamos somos cuatro o cinco mujeres. Nunca platea, jamás. Siempre popu, al lado de los trapos y los bombos. Nos encanta ir juntas. Recuerdo un montón de cosas. Desde los tres años hasta ahora.” Es como ir al lugar en donde las cosas pasan, dicen madre e hija, con la sonrisa del triunfo grabada en el rostro. ¿Y las Martas? ¿No van a la cancha? “Noooo, estás loco. No nos importa el fútbol. A nosotros nos interesa algo mucho más grande: ser socias”.

Mientras se toman las fotos se generan los diálogos más insólitos. Las Martas son un estallo. El fotógrafo empieza a dar indicaciones y el show empieza.

-Agarrá el mate, Marta, cómo vamos a salir sin el mate- dice Marta 1.

-Bueno, qué se yo, Marta, nunca nos sacaron fotos a nosotras-

responde Marta 2, aunque a esta altura ya se confunden.

-Sentate, Martita- dice Laura.

-Esperá que agarró el burako. Es un símbolo- dice una de ellas.

Es difícil no romper en carcajadas. Pero, lo más lindo, quizás, sea que se note a leguas que están contentas, están disfrutando de su club justo en ese instante. Empieza otra vez.

-¿Tienen lectores mayores, che…?- dice la loca del burako.

-En una de esas tenemos suerte, Marta, y embocamos algo- le responde su amiga.

– Nooooo, que mi marido me va a decir: ¿dónde te metiste, Marta?

Se mueren de risa. Ya es imposible distinguir cuál es cuál, pero siguen con su diálogo. Con el monólogo de las Martas.

-Ay, basta, Marta.

-Marta, agarrá el carnet.

-Bueno, dale.

-Pero dejá el burako, Marta.

-Lo dejo o no lo dejo, no te entiendo, Marta.

-No, tenés razón. No lo dejés: nosotras somos las chicas del burako y del mate.

Entonces, vuelven a juntar sus voces: “Somos las chicas de comunicaciones y con esta producción de fotos vamos a competir con Paparazzi”.

Para conocer más sobre toda la resistencia de Comunicaciones:

http://www.nosdigital.dreamhosters.com//2011/05/el-sentimiento-no-se-remata/

http://www.nosdigital.dreamhosters.com//2011/11/la-misma-basura/

http://www.nosdigital.dreamhosters.com//2012/07/club-tomado-por-sus-duenos/

Club tomado por sus dueños

Recorrimos el club Comunicaciones, tomado por sus socios para impedir algo que ya parece imposible: que esas 18 hectáreas en un pulmón de Buenos Aires queden en manos de la Mutual de Camioneros. En el medio de la pelea entre el kirchernismo, Moyano y Macri quedaron los socios de Comu, que se aferran a la última esperanza que les queda para que no les rematen el club: ocuparlo y pasar sus noches ahí pese al frío.

El club se parte en dos. No sólo porque Comunicaciones está a instantes de desaparecer como institución y dejar de ser, sino porque el frío que pega contra las desoladas instalaciones choca con el calor de una toma de socios a las puertas principales del Cartero. La toma empieza en la vereda y se desarrolla por todo el corredor central. Unos pasos más allá, cuando se desea caminar un poco por las baldosas que supieron ser club, se ve Comunicaciones a la luz de la realidad de un crudo invierno: todo roto.La entrada central ofrece un pasillo previo que atenta contra el ojo. Es fácil ir por Avenida San Martín, del trecho desde Tinogasta hasta Nazca, y notar que a esas tipos parados en la puerta del club, rodeados de banderas con consignas desesperadas, se les está yendo la vida en algo.

“Club Tomado”.

“Macri farsante. Presidenta, por favor, haga algo por nuestro club”.

“Fuera Moyano!”.

“Comunicaciones es de los socios y de nadie más”.

Con las banderas se arma la historia que ya se contó muchas veces (http://www.nosdigital.dreamhosters.com//2011/11/la-misma-basura/ y http://www.nosdigital.dreamhosters.com//2011/05/el-sentimiento-no-se-remata/). No hay fallos nuevos, no hay novedades judiciales, no se presentaron nuevas ofertas. Solamente, se cansaron de esperar. El club está tomado y la imagen es perfecta: están solo los socios, los de siempre. Nada de funcionarios ni dirigentes, los de nunca.

Una vez que cruzás esa entrada, que pasas a los hinchas enteramente vestidos de amarillo y negro que en la puerta dejan pasar sólo a los que tienen carnet, empezás a encontrar al club.
Vacío. Frío. Sin actividades. Los dedos y la nariz se hielan. Los ojos también, no hay ninguna pelota rodando.

A las baldosas y a las paredes y a los vidrios les queda la soledad de la destrucción. La mera función de de dar la imagen de que allí hay una pasión que se cae a pedazos en cada grieta de cada techo y en cada teja destrozada de cada quincho que no se arreglan desde hace más de una década.

“Desde hace 12 años, cuando se quema una bombita no se cambia. Así con todo”, explica el socio vitalicio, Omar Cerradas. Un viejo encorvado de campera de cuero marrón, sin nada de pelo, sólo unas canas que se dejan ver detrás de las patillas de los anteojos. Habla con seguridad, 64 años en el club le dan la razón. Las vio todas: “Esta es la peor”.

El club está abandonado desde la gestión. Porque los socios están, caminan activamente un club que es fantasmal. El arenero es digno de una escena de película paranormal y espiritista: los sube y bajas bien quietos sólo alteran su estática cuando una ráfaga los hace rebotar contra el piso dando golpes que se hacen eco ante tanto silencio dirigencial.

Al entrar al Estadio Alfredo Ramos, dónde Comu juega cada fin de semana en la B Metropolitana, la destrucción se convierte en desolación.Hay un césped bien cuidado, contra todo pronóstico, que se pone fosforescente cuando el sol le da de perfil. Pero, los colores en las tribunas son todos oscuros. El negro y amarillo del Cartero se torna en negro y negro al ver ese amarillo sucio y mugriento que se confunde en un fondo de luto sobre las tribunas.

En Comunicaciones no hay ni un candado. Se puede entrar a la tribuna, al césped, a la platea, a los vestuarios visitantes y locales, incluso al vestuario de los árbitros, dónde se ven desparramadas las planillas de los informes de los jueces de los partidos anteriores. De no creer. Quedaron ahí, abandonadas.
El vestuario del equipo local de la primera de fútbol no se entiende. Duchas rotas e inodoros clausurados. Una letrina y dos mingitorios para todo el plantel. La táctica se ve dibujada en los azulejos de las paredes, donde queda inmortalizado cada partido.

Nadie vigila nada y todas las puertas están abiertas. Está, aunque suene triste, abandonado.
Lo han sabido dejar a la deriva todos, de a uno por vez: funcionarios de la quiebra, del fideicomiso, dirigentes del club, de AFA, las falsas promesas del PRO, la complicidad de la justicia.
Es un club herido de ver tantas espaldas.

Son los socios, solamente, los únicos -que no queden dudas sobre eso- , los que todavía caminan y besan y lloran a ese club que parece estar desbastado y entregado, dando las últimas muestras de vida para, pareciera, por momentos, poder decir en el final: “Por lo menos hicimos todo lo que se pudo”.

Después de la quiebra del 2000 se dieron 11 años para levantar la deuda. Vinieron interventores que, por lo contrario, aumentaron la deuda en los años más corruptos de la institución.

Comunicaciones, cuando pasó el plazo estipulado del fideicomiso, entró en una especie de remate.
Se presentó Moyano para adquirir el predio para su gremio: la Mutual de Camioneros. Los socios buscaron ayuda afuera mientras los funcionarios de adentro jugaban para otros intereses.

Imagen:NosDigital

El PRO les prometió representarlos. Hacerse cargo de la deuda a cambio de una pequeña porción del predio y devolver el resto a los socios.Ellos aceptaron. Tranzaron. Los socios fueron usados en las elecciones como aparato político para los actos. Participaron activamente de la campaña, inaugurando locales. El PRO ganó y se olvidó de Comunicaciones. Dijo no estar a la altura de Moyano y paró de ofertar.

El juez D´alessandro, sospechadísimo por sus vínculos con el moyanismo, le dio el club a Camioneros.
Comunicaciones dejó de ser un club. Pero, los socios apelaron. Aunque, bien los sabe el presidente de la subcomisión del hincha, Roberto Ruiz: “La apelación no va a ningún lado, el club ya está entregado”.
Cuando se sale del recorrido por el club se vuelve a cruzar por el camino, que ahora es de salida, donde se vuelve a ver a la muchedumbre de la toma.

Se ven desde barras, con gorritos jardineros que rezan “La Barra”, hasta los vitalicios, pasando por pibes, por mujeres, por señoritas, también por abuelas.
Todos están sentados en la misma mesa, en el centro una olla popular no para de repartir un guiso de fideos que aniquila al frío. Toman algún vino del pico y también gaseosas. Mojan el pan en el guiso y vuelven a comer.

Charlan entre ellos, hablan sobre como seguir, tratan de esperanzarse unos a otros. Los abuelos vitalicios de más de 80 años, como Cayetano Zacco, les dicen a los pibes: “Qué vamos a hacer, hay que seguir, estamos así, es una lucha que afrontamos para los chicos, los muchachos como ustedes, para nosotros, los viejos, no queremos nada, tenemos 84 años, estamos de paso”.

A Cayetano se le caen los parpados sobre los ojos, apenas puede ver por la ranura de esos anteojos lo que queda del club que supo ver con esplendor. Con una gorra que dice “Turismo y Pesca” con los colores y el escudo del club entona la denuncia: “Hay mano negra para darle el club a Moyano. Quiere comprar el club por migajas y el juez está emperrado en dárselo a él. Entonces, ¿es por simpatía o por la guita que le dio…? Queremos que D´alessandro se vaya, ya robó 12 años, se tiene que ir ¿Por qué el fideicomiso no pagó la deuda? Tenía los fondos para hacerlo. No reguló, ni pagó, destruyeron, y ahora lo quieren vender. 12 años aprovechando las entradas del club. Queremos que la Presidenta ponga manos en el asunto, que nos pague la deuda y en 5 años devolvemos todo, con interés incluido. El club está abandonado, está todo roto. Desaparecieron todo. Que D´alessandro se deje de joder, que entregue el club a los socios y que se vaya. El órgano fiduciario que nos pusieron fue una vergüenza: los tipos venían con armas en la cintura.”

Los socios de la toma, en su totalidad, posan con la bandera para la foto: “Fuera Moyano!”, dice el trapo. Luego aplauden y gritan “¡Vamos Comu que salimos!”, “Somos nosotros, somos los socios”.

El vitalicio Cerrada explica: “Necesitamos 6 meses de gracia para demostrar que los socios solos, con el control del club, podemos levantar la quiebra. Este club da superávit pero se lo llevan todo. Queremos hacernos cargo los socios, que ya sacamos el presupuesto y sabemos que, con honestidad, se puede. Estamos seguros de que se puede hacer. Lo único que se le pide al gobierno nacional es que nos dé la posibilidad de tener de esos 6 meses. Si el club está totalmente abandonado es porque los que tenían que hacerse cargo no aparecieron nunca.”

Los muchachos que se quedan a dormir, todos vestidos de pies a cabeza con los colores de Comu, muestran el lugar donde pasan la noche. En un galpón a la entrada del club. “Hace un frío terrible, es realmente difícil, pero el club lo necesita”, dice uno de los pibes. “Se están quedando a dormir 20 más o menos, los que no tienen familia”, explica otro, mientras hace un fuego en un tacho de metal, a la vieja usanza.
Los colchones se amontonan debajo de un par de pancartas que hay en una de las paredes del salón donde duermen. Con techo de chapa y sin un vidrio sin romper, el frío se pone peludo y las noches se tornan insoportables. “De acá no nos saca nadie, el club es nuestro”, se escucha constantemente.

“Nos tocó vivir de todo. La quiebra, descenso, ascenso, promociones, eliminaciones, todo. La última que nos quedaba era esta y la vamos a superar también”, dice emocionado, desde el corazón de hincha, el que se encarga que ninguno se quede sin su plato de guiso ni sin su pan de pebete.

Comunicaciones está tomado por su gente, por sus dueños. No se ve a nadie más.

¿Qué le piden al Gobierno de la Nación? Mientras el kirchernismo y el moyanismo se tiran dardos mediáticos, aparece Comunicaciones como un calcado reflejo de lo que sucede en las altas cúpulas de poder. Ante el interés de Moyano por el terreno, en 2011, cuando con Nación era todo color de rosa, los socios acudieron al PRO. El macrismo aceptó ese papel de probable héroe del club de barrio ante el sindicalismo.
Macri y Moyano rompieron todos los pronósticos y se aliaron. Contrato de basura va, predio de 18 hectáreas viene, el PRO dejó de jugar fuerte para Comunicaciones y dijo no poder “igualar ofertas”.
¿Moneda de cambio?

Todo se evidenció ante la ruptura del kirchnerismo con el líder de la CGT. En el último paro organizado por Camioneros, al que Macri adhirió, lo que hasta entonces era una posibilidad arriesgada e improbable empezó a ser visible. Continuando en la lógica política del aquí y allá, desde principio de año, ante la inminencia de Moyano y la entrega del PRO, los amantes del club Comunicaciones van con todo a pedir la ayuda “de la Presidenta”.

Roberto Ruiz lo explica: “Cristina es la única que nos queda. Venimos hablando con Abal Medina desde que empezó el año. Es nuestra última chance. El club, desde la justicia, ya está entregado. La apelación no va a ningún lado. La propuesta a Nación es simple: que hagan lo que quieran pero que salven y nos devuelvan al club. El viernes decidimos tomar el club, no hubo detonantes, sólo cansarse de esperar un final cantado. ´Vamos a tomar el club´, le dije a Abal Medina. ´Otra no les queda´, me respondió. No sabemos que van a hacer pero que hagan lo que sea necesario.”

“Al club lo vamos a zafar”, cierra Ruiz.

En ese contexto complicadísimo, donde la toma parece un abrazo de despedida que pretende no soltar jamás, el concepto es desesperado: El club debe quedar para los socios como sea.

Meta balas en vez de goles

Los socios del Club Español conviven con la Policía Metropolitana. Así lo quiso Macri, en lugar de levantar allí un centro deportivo. Los muchachos que patrullan la Ciudad no saben cuidar la identidad de un club que pasó de tener 25 mil socios a 400, que está por descender a la D y por desaparecer.

[imagebrowser id=4]

Sin fondos, con la deuda apretándole el cuello y con el riesgo de descender a la Primera D, el Club Social, Deportivo y Cultural Español está a punto de desaparecer. Ya no es la institución que llegó a ser la más importante de la colectividad española en Buenos Aires, que tuvo medallistas olímpicos en patín artístico que se criaron en el club. No queda casi nada de ese establecimiento modelo que albergó a 25 mil gallegos. Ni siquiera quedan esos socios: ahora son apenas 400. Son las consecuencias de tres instancias de quiebras, de remates incesantes, del ojo esquivo de la AFA que nunca quiso salvarlo. Es lo que queda de un club que perdió por completo su identidad y que tiene al enemigo cerca, muy cerca. Tiene al macrismo adentro del predio.

Cuando por fin logramos que nuestros pies pisen el club, nos cuesta creer que sea eso. Sólo se ven tres canchas auxiliares de fútbol, otra de baby, un estacionamiento, la histórica confitería donde los fundadores del club juegan a las cartas. Es la resaca que les quedó a los gallegos de ese predio de 14 hectáreas sobre la calle Santiago de Compostela, en el Bajo Flores. Las cinco piletas, una de ellas olímpicas, y sus canchas de tenis, béisbol y sóftbol ya no están. El hockey sobre patines, pese a haber sido subcampeón metropolitano, fue borrado del mapa. El básquet también dejó de existir, porque todas sus categorías perdieron su plaza en la Federación. Los quinchos fueron eliminados, los gimnasios también.

Pero, a pocos metros, todo cambia.

Lo que supo ser parte del complejo deportivo, hoy es el lugar de entrenamiento de la Policía Metropolitana, que pareciera ser más un cuartel militar.
Es la política macrista: de un club social a un centro de formación policial.
Hace años que Mauricio Macri está detrás de los males de Deportivo Español. Exactamente desde el primer pedido de quiebra. Fue en 1998, dictada por el juez Juan Gariboto, debido a los grandes problemas económicos. ¿Quién había hecho el pedido? El actual Jefe de Gobierno. Al poco tiempo de asumir como presidente de Boca, Macri faltó a todos los códigos: su equipo fue el primero en más de 100 años en pedirle la quiebra a otra entidad deportiva. Todo por una insólita suma de 80 mil dólares. Esto surgió después de que les cedieran a préstamo sin cargo y sin opción a jugadores que no eran tenidos en cuenta en 1996 por el xeneize, como el arquero Sandro Guzmán, o el goleador Silvio Carrario, entre otros. Por todos los jugadores que llegaron desde Boca, los gallegos pagaban 500 mil dólares mensuales de contratos, una locura increíble para el club, que lo dejó al borde del abismo económico y que fue el puntapié inicial para su debacle deportiva.

En el año 2000 llegó la segunda quiebra, después de descender a la Primera B Metropolitana. El juez Juan Garibotto decidió el cierre definitivo del club. En ese momento, el reclamo de los socios e hinchas se hizo oír: se encerraron una semana dentro del club para que no se remataran las instalaciones. Por esos días, en los que Racing transitaba una senda parecida, se dictó la Ley de Fideicomiso en Argentina, una ley que indica que los bienes de las sociedades civiles sin fines de lucro no se pueden rematar por un plazo de diez años. Español seguía resistiendo.

El tercer intento venía con un remate inminente de las instalaciones del club. Luis Tarrío Gómez, perteneciente a la peña “La Furia” y uno de los máximos responsables de que el club al día de hoy siga con vida, relata un poco la desesperación que tenían por salvar su club. “Fui a una presentación en la que se juntaba gente importante de los clubes supuestamente para defenderlos de las sociedades anónimas deportivas. Ahí no se mencionaba a Español, que estaba a días de poder morir. Hablé, peleé y a partir de ser escuchado ahí se pudo hablar con el por entonces Jefe de Gobierno (Aníbal Ibarra) y nos salvamos del cierre definitivo”.

En 2003 se salvó la ejecución de los bienes, incluido el Estadio España, por la redacción de la ley de expropiación temporaria, que transformó al club una personalidad jurídica. Así, pasó de llamarse Deportivo Español a Club Social, Deportivo y Cultural Español de la República Argentina. Con la nueva ley se ganó tiempo. Era como sobrevivir, ya que la institución mantenía sus instalaciones embargadas y cerradas hasta la llegada de un nuevo comprador con el que deberían negociar.

Y otra vez apareció Mauricio. El cambio de gobierno en la Ciudad modificó el mapa. El club había sido comprado por la Corporación del Sur, entidad dependiente de la Ciudad por 7 millones de pesos, con competidores como Marcelo Tinelli, empresas vinculadas con Hugo Moyano y el ex presidente de River José María Aguilar, quien tenía pensado armar un complejo deportivo anexo en el predio del Sur de la Ciudad.

La Corporación se había comprometido a absorber la deuda y hacer del club un ámbito abierto a la comunidad. Pero con la llegada de Macri a Bolivar 1, la idea de armar la primera institución deportiva para la zona más humilde de la Ciudad quedó en la nada. Al ex presidente de Boca no le importó que ese haya sido el centro de reunión de la comunidad más numerosa de Argentina durante 50 años, menos le interesó que los vecinos de zona sur tengan un espacio modelo para la recreación y la práctica del deporte. Lo que la Coproración del Sur había comprado para que funcione un centro deportivo, el gobierno del Pro lo convirtió en un espacio destinado al Ministerio de Seguridad de la Nación. Todas esas hectáreas a las que hace un año le apuntaron las cámaras cuando fue la toma del Parque Indoamericano, están destinadas a ser sede de la Policía Metropolitana.

Al entrar allí, a esa especie de guarida militar en donde 500 cadetes se egresan cada año, es difícil imaginar que funcionó una sede deportiva. La pileta olímpica del club está desmantela y utilizada “para entrenar a los cadetes como si fuese una situación de calle”, según la voz de uno de los propios responsables del lugar. Las canchas de tenis pasaron a ser guarderías de perros policías. Las canchas de fútbol, ya sin arcos, son utilizadas como pistas.

Desde allí, desde el mismo predio en donde los cadetes entrenan de marzo a diciembre sin poder prácticamente salir ni siquiera a visitar a sus familiares, se puede ver parte del estadio Nueva España. Se puede ver el dolor de un club que perdió la identidad y que ya no enseña que es más fácil transitar la vida entre gambetas y amagues y gritos. Ahora se puede ver cómo unos tipos vestidos de azul instruyen a otros para ser futuros policías, para detener gente, para apretar el gatillo y después preguntar, para usar las pistolas Taser. Para meter balas en vez de goles. Las instalaciones pertenecen al Gobierno de la Ciudad y Macri tiene la potestad de hacer lo que se le antoje con ellas. Y lo que se le canta al jefe de gobierno es eso: formar agentes para su Policía Metropolitana.

“Hoy el Club no representa a la comunidad gallega, lo que antes era un lugar de fiestas y reuniones para los que somos descendientes de gallegos o gallegos, quedó en la nada”, cuenta Luis Tarrío Gómez. Manuel, uno de los pocos socios que quedan de Español, agrega: “Para nosotros un club es más que lo que representa a nivel deportivo, es un lugar de encuentro, y eso lo perdimos íntegramente de la noche a la mañana”. Hacia adentro del Club, las opiniones con respecto a las decisiones que se tomaron están muy divididas. Están quienes se reprochan haber terminado como terminaron y están los más optimistas, que plantean que al menos se pudo resistir al remate y que se pudieron salvar algunas hectáreas, de donde salen los únicos ingresos del club: de la cuota social y de las Inferiores. Uno de ellos es Tarrío Gómez, que afirma que de no haber sido por la buena voluntad de alguno de ellos, el club estaría totalmente desaparecido.

No desapareció, es cierto, pero agoniza. La Asociación que preside Julio Grondona mira para otro lado mientras hay un club que hace 13 años estaba en Primera, que este año bajó a la C, ahora está por descender a la D y va camino a la desafiliación. Un club que en estos años quebró tres veces a causa de malas administraciones –se recuerda a Francisco Río Seoane, quien está acusado de en 1994 haber quemado vivo a su competido en la elección a presidente el mismo día de los sufragios- y que ahora funciona como sede policial. “A Racing la AFA le dio una mano enorme para que no fundiera, a Español sólo logró mantenerla como afiliación”, cuenta César Francis, director de Todos por el Deporte y uno de los máximos responsables de que Español hoy siga vivo. Grondona vio cómo moría lentamente un club y no hizo nada para evitarlo. “Podría haber comprado el club, el predio y dejar que lo siga usando Español y que mientras se vaya pagando en un préstamo largo, como muchas veces ha hecho, pero no fue el caso, a la AFA se le desapareció un club en las narices”, agrega Francis.

El Club Social, Deportivo y Cultural Español grita ayuda, grita un cambio de timón para que no se pierda lo poco que queda. La frase de César Francis quizá resuma la respuesta de cómo puede cambiar el rumbo para el equipo gallego. “Quizás con otro Gobierno de la Ciudad que comprenda lo que es un club, lo que es la identidad de un club, se pueda salvar a Español”.

Acaso así entiendan el mensaje de que los clubes son de los socios. Y de nadie más.