“Somos muy tramposos para vivir y para jugar”

Leo Madelón se suma a la lista de los que creen que se juega como se vive y asegura: “todas las adversidades que tenemos como sociedad nos llevan a la trampa, a sacar ventaja como sea”. El ex entrenador de San Lorenzo, que le tocó dirigir varias promociones con Gimnasia y Rosario Central, dice que se agotó de andar sufriendo con la ruleta rusa del descenso y da su receta para motivar en esos casos: “No me gusta regalar cosas materiales: autos, LCD, lo que fuere. Si podés regalarle una frase o un libro, es mucho más capital eso. Un televisor lo compra cualquiera. El jugador no se motiva solo con lo material. Eso es mentira”

Fotos: NosDigital

Leonardo Madelón es un tipo que habla despacio. Sabe que lo que dice lo oye alguien más y que llegará a otros tantos. Como en este momento no trabaja en ningún club, no tiene que representar a nadie más que a él mismo pero aun así, y acaso por eso mismo, sigue pensando antes de contestar. Lo hace para poder enseñar algo, el mayor desafío que tiene su profesión, según él. Un verdadero caballero de la angustia, siempre vivió con la metralleta del descenso en la yugular: en San Lorenzo, en Rosario Central y en Gimnasia. También lo supo disfrutar: ascendió con un Olimpo que les ganó a todos. Aprendió a seguir pensando tranquilo en esas circunstancias. Y en el medio de un oasis de inactividad se sienta a contestar lo que venga.

-Dejaron de existir las promociones…
-Estuvo bien terminar con eso, era muy agresivo. Demasiado vértigo y presión. Era terrible. Mucha tensión. Me tocó vivirla desde arriba. Sentís que el de la B te quiere robar algo. Y bueno, nos fue bien. En la última perdimos con All Boys, en Arroyito. Mucho nerviosismo. Y el que está en la A no entiende lo que es una promoción hasta que la juega. Es una manera de sacar presión, está bien. Y ahora tenés tres descensos, o sea que tampoco es fácil. Pero sacás esa locura de andar fijándote contra quién te puede tocar. Hay que pensar que en el fútbol moderno se podrían haber dado promociones como River vs San Lorenzo. Imaginate… Mucha violencia, mucho riesgo. No se tiene idea ni dimensión de lo que puede llegar a pasar. Se vio en el descenso de River: una catástrofe nacional. Ahora, si te vas te vas, no hay cruces de ese tipo.

-Quedaste en la historia de las promociones por la levantada con Gimnasia Vs. Atlético Rafaela, ¿cómo hiciste para convencerlos de que se podía remontar un 0-3 en ese contexto de descenso y caos?
-Nosotros pudimos revertirlo porque tuvimos un gran año de fútbol. Nos fuimos a la promoción quedando a dos puntos de las copas. Fuimos confiados a Rafaela y nos comimos tres. No entendimos la cancha ni la situación. Nosotros habíamos ganado en la Bombonera, en la cancha de Racing, en todas partes. Y fuimos con la chapa de haber tenido un buen torneo. Y Rafaela estaba afilando el cuchillo desde hace 15 días. Y sufrimos la cancha chiquita, no pudimos jugar y caímos en la trampa. Cuando terminó el partido nos volvimos en avión a La Plata. Y cuando estábamos por aterrizar el piloto dice: “Prepárense para comenzar el descenso”. En serio, eh. Y los jugadores lo querían matar. Y ese fue el primer empujón para entender que teníamos que darlo vuelta. Y sabíamos que podíamos, ya habíamos ganado partidos importantes. Y ellos me creían. Y yo decía lo que fuere, que si no ganábamos estaba dispuesto a sacrificarme en el medio de la cancha junto a mi familia. Mirá lo que uno hace. Y bueno, esa confianza hace que puedas meter dos goles faltando cinco minutos. Si vos pensás, River suspendió el partido y estaba a la misma distancia y faltaban diez minutos. Nosotros confiamos, aún en el minuto 44. Y después llegó el otro en el 47. Es suerte, sí. Pero es confianza también. Dos goles de cabeza de dos enanitos. Fue lo más emotivo de mi carrera.

-¿Te jode que se hable de ayuda del árbitro en ese partido histórico?
-De ninguna manera. Cero beneficio. Escuchaba a periodistas decir que fue misterioso… Si hubiéramos arreglado hubieran llegado los goles antes. Además Rafaela lo pudo haber ganado: en las contras quedaban tres contra uno. Gimnasia ganó bien.

-Igual, a los que fuiste salvando se terminaron yendo…
-La promoción es la ruleta rusa. Vos seguí jugándola… No vas a zafar siempre. Podés zafar cinco veces, pero la sexta sale. Como Gimnasia o Rosario. Y la culpa es de la dirigencia. A propósito o no, te exponen a esa ruleta rusa. No se asesoran y no consultan especialistas. Ellos se asumen como tales y no se dejan orientar y después, bueno, pagan la cuenta.

-¿Cómo motivas a tus jugadores?
-A mí me gusta mucho el psicoanálisis. Mediante frases y por mi forma de ser contagio buena onda. Soy un tipo positivo. Es mi manera de motivar y generar buenos climas. Lo que vos creas es lo que después vas a hacer. No me gusta regalar cosas materiales: autos, LCD, lo que fuere. Si podés regalarle una frase o un libro, es mucho más capital eso. Un televisor lo compra cualquiera. El jugador no se motiva solo con lo material. Eso es mentira. La plata no es todo, la plata no es prestigio. Te van preguntar qué y cómo ganaste lo que ganaste, no cuánta guita tenés en el banco.

-¿La experiencia de pelear el descenso qué te enseñó?
-Me fortaleció como persona y profesional. Ahora quiero parar, tratar de agarrar un equipo sin tanta urgencia, poder armar y planificar. La única vez que lo pudimos hacer salimos campeones dos veces: con Olimpo en el ascenso. Los últimos años siempre agarramos a equipos que se estaban ahogando en altamar. A algunos los sacas y a otros no. Uno tiene coraje y mucho huevo a la hora de tomar decisiones.

-¿Cómo es dirigir al club del cual sos hincha?
-Que yo fuera hincha de San Lorenzo valía mucho en la situación. Son las cosas que uno tiene que manejar como profesional, también. Uno lo hace con el corazón y con el pensamiento, las dos cosas. Y la gente pedía que agarráramos. Y uno se convence. Aunque fue el peor momento de la historia. Y el club estaba dado vuelta: todo al revés. Un despelote. En la época de Abdo. Se querían ir todos: Botinelli, Ortigoza, Salgueiro. Era muy duro. El equipo por suerte despegó. No de mi mano, pero eso no importa. No estoy arrepentido, dimos lo que teníamos y salió bien. Terminó bien, con o sin mí. Fue algo muy especial. Quedé muy bien con la gente.

-¿Cómo te cayó la vuelta a Boedo?
-Estoy muy contento. Mi pibe está muy entusiasmado. Es lindo para la gente. El hincha no se siente cómodo en la cancha de ahora. El menor problema va a ser juntar el dinero, porque el hincha está muy comprometido. En el Viejo Gasómetro yo entrené de joven. Pero ya estaba muy abandonado, venido abajo. Así que estoy ansioso por volver a ese lugar y verlo bien, en ese barrio tan lindo.

-¿Qué tiene de particular nuestro fútbol?
-Somos tramposos y mañeros. Y jugamos igual en la cancha. Todas las adversidades que tenemos como sociedad nos llevan a la trampa, a sacar ventaja como sea. En Inglaterra, en un córner, el que salta más alto gana y cabecea. Acá para cabecear tenés que matar a uno, terminás todo rasguñado, es una batalla campal. Somos mañeros para vivir y se juega totalmente igual. Y los árbitros son iguales. Pero acá es difícil hasta dirigir un picado. Te piden todo y no te dejan en paz. Es tremendo.

-¿Te cansaste de todo eso?
-No, no. Me cansé estar durante 200 partidos en descenso constante. Siempre al borde de lo que se denomina fracaso. Necesitaba un poco de tranquilidad.

-¿Cómo tenés pensado sacarte el mote de técnico para luchar el descenso?
-Nosotros siempre quisimos jugar bien. Tenemos ese mote porque les decíamos que sí a los clubes. Pero la idea siempre era jugar, no sacar puntos a los pelotazos. Ahora hay que esperar, tratar de elegir y no desesperarse.

-¿Hay buenos técnicos en Argentina?
-Hay de todo. Hay chamuyo, marketing, acomodo y elecciones por nombre. Pero también están los de mucha capacidad. Y ahora apareció el que deja de jugar y asume inmediatamente. Hay todo un empresariado que se encarga de promocionar también. El famoso lobby, al que yo no he recurrido nunca. Jamás. Cada uno sabe quién es y lo que hace. A mí siempre me vinieron buscar. Nunca entré por la ventana.

-Esas diferencias se vieron en lo que te pasó con Caruso…
-Hay un paredón muy grande que nos divide como entrenadores y como personas. Yo no haría de ninguna manera lo que hizo él. También es cierto que nunca los dirigentes salieron a aclarar las cosas. Y ante cualquier resultado adverso sucedían ese tipo de apariciones mediáticas. Pero ya está.

-Y vos, ¿cómo te manejas con los medios de comunicación?
-El protagonista necesita de los medios de comunicación, de la difusión. Después está el periodismo agresivo, está en uno saber quién es quién. Sé donde no hay buenas intenciones. Sé donde no hay una intención genuina de informar. Es una filosofía de vida. Hay que ser inteligente y saber cuándo utilizarlos, de manera estratégica, para lo fines de uno, del protagonista. Para mi gusto hay muchos periodistas que dicen lo mismo. Repiten y repiten todo el día. Es agotador.

Leo, como le dice la gente, sigue reflexionando sobre sus experiencias. De repente, por la esquina del bar en donde se desarrollaba la charla pasa un viejito conocido: Carlos Timoteo Griguol. “Miralo a Timoteo, qué grande. Está tan viejo, qué lástima. Fah, qué docente tremendo. Seguía enseñando técnica aún en primera división, qué ejemplo.”

-¿Y qué es la técnica hoy?
La técnica es la virtud que tiene cada uno, ni más ni menos. Desde saber hacer un lateral a saber cabecear o saber patear. Si recepcionás bien de un toque valés el doble que si necesitás dos tiempos.

-¿Te gustaría laburar en inferiores?
-Me gustaría agarrar, por supuesto. Pero falta mucho apoyo dirigencial. No hay proyectos hoy. Tienen que tocar la misma guitarra todo el mundo, tienen que tener la misma línea. El presidente, el responsable de fútbol, el coordinador, los técnicos. Es un proceso que lleva mucho, pero es necesario. Y es muy difícil que te acompañen en eso. Por eso busqué el lado del vértigo, la primera división. De última te arreglás vos solo: ganás seguís, perdés te vas. Vélez, Lanús y Belgrano están trabajando muy bien. Y van a ser los próximos clubes top si siguen así. Pero es muy complicado, porque ya te exigen ganar en inferiores. Una vez el Checho Batista dijo que había que jugar sin puntos en inferiores. No es mala idea, pero en este fútbol no se puede. Somos muy tramposos para vivir y muy tramposos para jugar.

-¿Estás para volver a dirigir en el Nacional B?
-Agarraría un equipo de ascenso con aspiraciones a ascender. Sí, claro. Si es de punta, sí. Cómo no. Lo importante es mantenerse activo mientras uno no está trabajando. El peor enemigo es el ocio. Trato de hacer mucho deporte y de leer.

-¿Qué lees?
-Me gusta mucho la historia francesa, leo sobre eso. Leer es muy bueno porque te abre un panorama de dicción, más juego de palabras. Si tenés más herramientas para expresarte tenés más chances de seducir a alguien con tu propuesta. He regalado libros en los vestuarios, a los jugadores. Varias veces. Es muy difícil. Cuando se trata de un futbolista joven no le suele interesar. Los más grandes, más cansados del ambiente, sí piden y leen. El libro no se presta, se regala. Ni me acuerdo a quién le di. Es parte de la docencia de esta profesión. Y a mí enseñar me gusta mucho, poder dejarle algo bueno a alguien más es lo más importante.

“La gloria es tan efímera que dura una hora”

El Gallego Méndez es un tipo distinto: para darse cuenta alcanza con sentarse con él en un bar, tomarse una cerveza y escucharlo decir seis autores de corrido -“Hemingway, Nietzsche, Freud, Saramago, Bukowski, William”-. Es especial porque pese a haber dado ocho vueltas olímpicas en un ambiente exitista como nuestro fútbol dice que la gloria no dura nada: “Una hora nada más, porque después te vas de vacaciones y tenés que empezar a pensar en no engordar para salir campeón de nuevo”. Además, acepta haber cambiado de club: era de Vélez, ahora es de San Lorenzo. “Cuando vas a un lugar y te dan mucho, eso te cambia”, explica y pide que el Ciclón vuelva a Boedo.

Sebastián “El Gallego” Méndez llega con remera negra, jeans y zapatillas. Sencillo y casual se sienta mientras charla de lo nublado que se puso la cosa esa tarde. Estamos en su barrio, en Devoto. En frente de esa plaza verde y llena de bicis. En ese vaivén llega una jarra de cerveza bien fría a la mesa, se sirven los vasos y, entre pucho y pucho, el fútbol se hace palabras con el central que nació en Vélez, se retiró campeón con Banfield y supo convertirse en uno de los ídolos modernos de San Lorenzo. Ocho vueltas olímpicas –seis en Liniers, una en Boedo y otra en el Sur- dio el Gallego en Argentina, tierra futbolera y exitista, pero el tipo, calvo, chopp y cigarro en la mano, parece uno más entre tantos.

-¿Cuánto dura la gloria?
-Una hora.

-¿Nada más?
-Nada más, porque después te vas de vacaciones y tenés que empezar a pensar en no engordar para salir campeón de nuevo la semana próxima. Fueron 8 horas de gloria las que tuve. ¿Cuánto más que eso? Esa noche con tu familia, la felicidad y listo. Es tan efímera la gloria que dura una hora. El fútbol no tiene tiempo para la felicidad. La de Banfield la disfruté más porque después me fui, je. Además jugué las 19 fechas. No me expulsaron ni una vez, un récord. Y después de tantos años me tomé vacaciones tranquilo: tomaba sol y disfrutaba de una cerveza y de un pucho sin culpas.

-¿Viste alguna vez tu perfil de Wikipedia?
-¿Qué? ¿Cómo? Jaja, no, ¿por qué?

-Porque aparece una declaración del Diego que si es cierta tenemos que descorchar otra birra. Supuestamente, cuando le preguntaron si le hubiese gustado jugar con Messi, dijo: “Hay una sola cosa de la que me arrepiento en mi carrera y es haberme retirado antes de poder jugar en un equipo con el Gallego Méndez. Es para mí el mejor defensor que vi jugar al fútbol”.
-Jaja, sí, algo me comentaron. Creo que fue después de un partido de Libertadores con San Lorenzo. Si es que lo dijo… No sé la veracidad. Cuando me lo cruce se lo preguntaré y si es verdad le daré un beso en la boca. O el Diego me quiere o el que hizo el perfil de Wikipedia es mi amigo. Yo tengo una foto con el Diego, cuando nos enfrentamos en un Vélez-Boca. Qué crack. Maradona es el resumen del fútbol argentino.

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El Gallego se mata de risa. Cuenta que los centrales no disfrutan de los partidos de fútbol, que eso es para los que hacen goles. Salvo Paolo Maldini, que era un crack, que jugaba en puntas de pie y que, encima, era fachero, dice sorprendido el Gallego: “¡No hacía una falta en todo el partido!”.

-¿Qué es ser capitán?
-Es ir a pelear premios, ir a hablar con el técnico, es ser la carne de cañón muchas veces. Es el que pone la cara. Ser en quien confían los compañeros. El que aconseja a los más pibes. Es encargarte de los sueldos de tus colegas, también utileros, del plantel ¿Quién lo hace sino? Yo fui capitán de Vélez cuando se fue Chilavert, con Bielsa. Remplazar a esas figuras no es fácil.

-¿Te enamoraste de Bielsa?
-Sí. Sí. Sí. Trabajando, sí. Todo fue un caos enorme cuando llegó a Vélez. No es tan frío ni lejano como parece. Es maravilloso. Me llevó a la selección cinco convocatorias seguidas. Debuté en los Ángeles contra México. Iba a aprender.

-¿Qué cosas extrafutbolísticas aplicaste en la cancha o en un vestuario?
-Siempre fui muy lector. No pude terminar de estudiar porque en cuarto año debuté en primera. Me hubiese gustado seguir una carrera. A mí me consumía tiempo mental el fútbol. Era una pasión y un trabajo. Era muy obsesivo.

-¿Y qué lees?
-De todo. Soy lector compulsivo. Hemingway, Nietzsche, Freud, Saramago, Bukowski, William. De todo un poco. Me servía para abrir la cabeza. Sobre todo con Bukowski, que era un erudito pero con calle, que hacía una crítica muy interesante a la sociedad norteamericana. Ahí a uno se le van despertando ciertas inquietudes y pensamientos que pueden aplicarse a su realidad. Hoy por ejemplo creo que cada vez nos escuchamos y nos comunicamos menos. Tiene que haber diálogo aún en el disenso.

De repente llega un hincha del Cuervo. Alguien que el Gallego ya conoce. Se saludan afectuosamente. “Viene el Pipi, Bernardo Romeo y él, el Galle”, dice el chabón. Cuando se va, algo risueño, propone: “Pero más ídolos son Orión, Hirsig, Adrián González…”. El Gallego se ríe y le contesta: “No seas malo”. Cambiamos de tema, mejor.

-¿Cómo puede ser que seas ídolo del Ciclón? Digo: saliste de Vélez y dijiste que eras hincha de Vélez.
-La gente me tiene mucho cariño. Y es recíproco. Es inexplicable. San Lorenzo es inexplicable. Yo salí de Vélez, era hincha de Vélez y cuando me llamaron del Ciclón no lo dudé. Fue una corazonada. Quería medirme y para mí no había prueba más grande que San Lorenzo: un club donde no me querían por mi pasado, un club enorme y con muchísima gente. Son gigantes.

-¿Y ahora hincha de quién sos?
-Ahora quiero que gane San Lorenzo.

-¿Cómo se puede cambiar de pasión?
-Me crié a cuadras de Vélez. Pasaba todos los veranos ahí, en el club. Pero cuando volví uno esperaba otra cosa. No que me aplaudan de pie ni que me den una medalla, pero tampoco que te griten que te mueras de cáncer adentro de la cancha. Eso va haciendo que vayan decantando las cosas. Sigo teniendo un gran respeto por el club. Jamás hablaría mal de ellos. Ellos me criaron. A la gente del club la adoro. Nosotros lo entendemos así: es un trabajo. La gente no lo comprende. Me decían que contra Vélez jugaba y corría más. Y qué querés que haga. Hay algunas canchas que te motivan. El Amalfitani de noche es hermoso, con las luces, el campo perfecto, cómo no iba a tener ganas de jugar y correr. Era especial. Pero después me arraigué en otro lado. Pero sigo con un gran respeto. Mi hermano es hincha de Vélez y hasta él me ha puteado. Pero cuando vas a un lugar y te dan mucho, pero mucho, eso te cambia. Un día estaba parado en la esquina de San Juan y Boedo y una familia me invitó a pasar a la casa, me invitó a cenar. A ver si nos entendemos: los cuervos son bichos raros. Sólo una familia te invita a comer. Son gente que me quiere mucho y me lo demuestra todo el tiempo. El club es un quilombo y la gente es buena. Mucha lista, mucha política, pero la gente es lo mejor que hay. Los hinchas de San Lorenzo hacen que el club te guste, por más que sea desordenado en muchos aspectos. Yo entiendo al fanático y, sí, podés cambiar. Y como jugador más.

-¿Es difícil ser jugador-hincha?
-Dificilísimo. Te salís a comer a todos. La pasión no se pierde pero te la tenés que guardar un poco. En mis primeros partidos en Vélez no lo podía controlar. Jugaba como el tipo que se paraba arriba del alambrado. Metía un gol el 9 y yo en el fondo lo gritaba como loco. Parecía un tarado. Qué hace ese tipo, debían pensar. Encima entré en un equipo en donde admiraba los jugadores.

-¿Cómo interpretás la vuelta a Boedo?
-Es una necesidad de identidad. Lo hablo con ellos y lo entiendo. Quizás sea algo utópico, pero es necesario. Soy de los que piensan que cuando llegas a un club lo tenés que conocer. Cómo piensan los hinchas, qué quieren, a qué rival le quieren ganar, por qué, qué partido es especial. Hay que saber y ser auténtico y comprender al hincha. Y hay que defenderlo. San Lorenzo es una familia con mucha historia.

-¿Qué opinás de los nuevos modelos empresariales de club? ¿Dónde quedó la identidad de club de barrio?
-San Lorenzo no pierde su identidad de club por la gente. La gente hace al club. Son especiales.

-Sufriste la promoción…
-Me sentí muy muy mal.

-¿Y con lo de Banfield?
-También. No hicimos mala campaña nosotros, pero por respeto al club nos fuimos cuando ya no iba más. Ahí nos ganamos el respeto. La gente nos quería.

-Y encima defenderte a vos era difícil, eras un tipo que dividía aguas.
-Seguro. Era muy polémico. Hablaba poco pero cada vez que hablaba había quilombo. Las patadas… Bueno, la de Falcao, por ejemplo.

-¿Y esa cómo la defendés?
-No, de ninguna manera. Soy capaz de decirte ahora que estuve equivocado. Y no porque ahora soy técnico. Antes de retirarme incluso. Sabía que estaba equivocado.

-¿Te arrepentís?
-Por supuesto. ¿Qué soy, menos hombre? Si el fútbol no es para pelear. Las cosas no son así, yo no gané nada con eso. Al contrario. Si vos me preguntás lo de Falcao yo estuve toda la semana previa pensando en que no le iba a pegar. No quería. Y le pegué y me arrepiento.

-¿Tenías bronca por la lesión de la Libertadores?
-Sí, pero no justifica. Uno de mis grandes errores fue no aceptar las derrotas. Nunca te tenés que acostumbrar, pero sí aceptar. Son cosas que pasan. Me quedé afuera de mi sueño: ganar la copa con San Lorenzo. Pero no tiene nada que ver con nada. Además, ahora a la distancia, menos mal que no le hice nada, porque mirá cómo juega. Nos hubiéramos perdido un montón de goles lindos. Tres goles por final mete, una locura. Después él me llamó diciéndome que estaba todo bien. Deseándome que Dios me bendiga. Yo a él le creo. Todos me dicen que es un gran pibe. Pero hay algunos atletas de Cristo que tienen la biblia cerrada.

-¿Y ahora como DT cómo ves esa cosas del fútbol?
-A los calentones que pegan los entiendo, fui uno de ellos. A los habilidosos que siguen pidiendo la pelota, aunque les peguen, los admiro. Lo nuestro es normal, lo de ellos es grandioso.

-Si vos eras el que pegaba, ¿cómo tuviste siete lesiones de operación? ¿Ibas con armas a jugar?
-No, era muy bruto. El bruto era yo, no los demás. Y si me encontraba con un delantero bruto era un peligro.

-Sos lapidario con vos mismo…
-No, soy realista. Yo hice lo que pude con mi carrera. No fui un virtuoso. Esas limitaciones las conocía a la perfección y jugaba con eso. Nunca hice más de lo que sabía.

El Gallego, entonces, como para contrarrestar tanta autocrítica, empieza a hablar de su paso por Europa. Cuenta que marcó a Koller, Drogba, Romario, Ronaldo, Kluviert, Zidane, Rivaldo. Que al francés se lo podía admirar de solo verlo caminar. Pero, sobre todos ellos, nombra dos tipos que disfrutó muchísimo: el Rifle Pandolfi y el Loco Mostovoi. Qué cracks, completamente anormales, dice el Gallego.

Ya no va quedando nada y esa tarde nublada se va convirtiendo en una noche gris. El Gallego deja algunas cosas finales: “La técnica lo es todo y en el fútbol argentino eso está difícil…” Por eso se juega así, dice. La gente pasa, lo saluda y él, tranquilo, asegura: “Nunca me la creí, ni en mi mejor momento”. De repente, vuelve el hincha, ese que lo saludo con cariño al principio. Le dice: “Che, Galle, está jugando Colombia contra Uruguay: Falcao metió un golazo”.

-Viste, menos mal que no le hice nada.

“Nunca creí en los líderes por imposición”

Sebastián Saja, referente de Racing, explica qué significa ser capitán en el fútbol argentino. “Acá cumplimos un rol más importante que en otras partes de mundo: te tenés que preocupar porque tus compañeros cobren el sueldo, tenés que hablar con los dirigentes, hay que tener capacidad para que haya 30 jugadores a gusto”, asegura. De Aerosmith a Leo Mattioli, del Ché y Fidel a Messi, de su viejo a Bielsa, del triunfo al fracaso, de Centurión a Michelini, de Dan Brown a la Play, de la prensa al ritmo de la gente, el Chino cuenta cómo se forma la personalidad de un verdadero líder.

-¿Uno nace capitán o se hace capitán?
-Se nace. No es algo que se haga forzado o se quiera imponer por decisión de uno. Uno actúa como le sale. Yo me empecé a dar cuenta de mi personalidad cuando era chico. No me gustaba perder, me enojaba con mi viejo cuando se ponía a patearme al arco y me hacía un gol. Cada vez que la metía, lo quería cagar a palos. Es un proceso. Cuando te rebelás contra algo, te vas dando cuenta de tu temperamento. Siempre fui de reaccionar, desde chico lo llevo.

-¿Cómo se prepara un líder para ser líder?
-Yo creo que es algo natural. Es bueno cuando es natural. Cuando uno actúa como es, eso hace que llegue a ser capitán o uno de los referntes dentro de un grupo. Yo nunca creí en los líderes por imposición. Lo que sí, ser líder tiene muchas responsabilidades. Quizás la cosa viene por ahí, por prepararte para cuidar mucho más tus acciones. Tenés que ser un ejemplo.

-¿Qué hace un capitán?
-Bastantes cosas. Primero, tiene que dar el ejemplo en cuanto al entrenamiento, respetar los horarios, la disciplina. Hay que tener capacidad para organizar treinta jugadores para que todos estemos a gusto. En el fútbol argentino, además, los capitanes cumplimos un rol mucho más importante que en otras partes del mundo. Acá te tenés que preocupar porque tus compañeros cobren el sueldo, tenés que hablar con los dirigentes, tenés que resolver inquietudes más grandes. Afuera esas cosas no existen. El capitán es simplemente la imagen del equipo, es el lugar que ocupa dentro de la cancha. Acá, se busca más lo que transmite fuera de la cancha.

-¿Y vos sentís eso como parte del oficio o pensás que te gustaría simplemente dedicarte a atajar?
-Yo asumo las responsabilidades que tengo como jugador. Disfruto de poder hacerlas. Sobre todo, acá en Argentina. Afuera, capaz, te preocupás menos. Asumo esa responsabilidad y está bueno: me gusta ordenar y tratar que las cosas estén bien.

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– ¿Por qué afuera no?
– Donde yo tuve la experiencia más prolongada fue en Grecia y, ahí, el tema del idioma fue una barrera muy grande. Vos tenés que hablar y la verdad es que no podés. Después en Brasil, en el Gremio, tuve mucha continuidad, estuve un año, pero pasó algo natural: cuando llegás a un club, tenés que respetar los lugares que te toca ocupar. En Racing yo me acomodé en el lugar que me dieron mis compañeros y, poco a poco, el espacio fue apareciendo. Por ahí llegaste a otro club, otro ocupa ese lugar y uno lo acepta. Acá se fue dando naturalmente.

– ¿Acá en Racing se dio naturalmente o se dio por necesidad?
– Puede ser que yo haya sido capitán por una necesidad. Había muchos chicos jóvenes en el plantel. El capitán era Yacob, que tenía muchos años en el club pero 24 años. El grupo necesitaba gente de experiencia. Aunque eso no quiere decir que para ser capitán haga falta tener 30 años. Capaz algunos tienen 22 y lo hacen muy bien. Y tenés algunos de 35 que no pueden manejar nada.

-Racing es un club que vive con euforia, con una presencia de la gente muy grande, con presiones: ¿cómo es manejar este vestuario?
-Siempre hay que ir aprendiendo y adaptarse al lugar en el que estás. Transmitiendo a los compañeros distintos conceptos, explicando cómo tienen que manejarse con la prensa, haciendo lo posible para que nunca entremos en el ritmo de la gente. Racing de local es difícil, administrar la presión es complicado. La euforia que tiene el hincha de Racing de local no es algo sencillo de llevar.

-Mencionás el tema del ritmo de la gente. Vos que sos arquero, que pasás bastante tiempo sin participar del juego, quizás tenés más tiempo para verlo, ¿cómo se definiría esa sensación desde adentro?
-Se nota cuando un compañero tiene la pelota en la mitad de cancha y decide retroceder con la pelota y, por ahí, la gente lo reprueba, y le hace perder confianza en lo que cree. Lo lleva a equivocarse, a que arriesgue en un pase y pierda la pelota. Eso le pasa mucho al equipo. Todo depende del resultado: si vas ganando todo se aprueba, pero si vas perdiendo todo se reprueba.

-¿O sea que desde adentro se siente todo?
-Desde adentro se siente todo. Todo. Tenés que ser muy frío o tenés que tener mucha experiencia para no sentirlo. A mí me pasa mucho. Si yo descuelgo un centro y la gente me grita sacá, sacá, sacá, uno nota el ambiente y es difícil tener la pelota como para mirar bien a quién dársela.

-¿Cómo es explicarle eso a un chico hoy? ¿Sentís que del momento en que vos eras un joven a ahora, los futbolistas cambiaron?
-Son tiempos distintos. No es que cambió el fútbol, cambió la sociedad en sí. Cuando yo jugaba en la tercera de San Lorenzo, me moría de ganas de tener los guantes que tenía en ese momento Oscar Passet. Hoy cualquiera de los de las inferiores tienen guantes de las dos mejores marcas porque se los da su representante. Se pierde la valoración por las cosas. A mí me parece que es importante sentir el sacrificio por las cosas que se tienen. Hoy eso cambió, todos tienen botines impresionantes. Es más, parece que el que no tiene el último celular está mal. Yo si llegaba con un celular a la concentración, siendo pibe, me miraban todos mal. Hoy se perdió ese respeto, pero lo perdió la sociedad. Igual acá en Racing estamos muy contentos con los jóvenes, son muy respetuosos.

-Hace un rato hablábamos de si hacía falta prepararse para ser capitán, ¿vos tenés que ir aprendiendo los nuevos códigos de los pibes?
-Me cuesta tener que decirle a Centurión: “Eh Guacho”, o alguna cosa así. No me sale. Trato de hablarle de la manera que yo creo, pero el lenguaje me cuesta. Uno se adapta. A mí me gustaría escuchar rock en el vestuario, pero a los más chicos les gusta escuchar cumbia o los wachiturros.

-¿Y qué música te gusta a vos?
-A mí me gusta de todo: del Rock Nacional a Internacional. Soy amplio en ese sentido. Desde Aerosmith o Guns N’ Roses, hasta a Diego Torres, Fito Páez o los Fabulosos Cádillacs. El tema es que los pibes me ponen a las ocho de la mañana Leo Mattioli y, bueno, preferiría otra cosa. Los días del partido me banco la cumbia porque hay que estar bien arriba, pero durante la semana es difícil.

-¿Sentís que los pibes te escuchan?
-Sí, siento que me escuchan. Yo, al menos, me quedo con la tranquilidad de que los aconsejé. Ahora, a la vez, te aseguro que ellos se van a equivocar, como todos nos equivocamos muchas veces. El otro día lo agarré a Viola y le dije que una de las cosas que no tenía que hacer era volverse rápido a Argentina, que había que aguantar las adversidades. Y creo que me prestó atención.

-Hace un rato dijiste que había que ayudarlos con el tema de cómo declarar, ¿cómo funciona eso?
-Es que hay que aconsejarlos. Acá en Racing, igual, es un caso muy especial porque están muy bien cuidados, muy organizado y eso nos viene muy bien. Uno debe aprender a manejar el tema de la comunicación. Pero en San Lorenzo, cuando yo era más chico, no era así.

-¿Y vos sentiste que en esa época te equivocaste con los medios?
-Yo cometí infinidad de errores en cuanto a cómo manejarme con la prensa porque cuando uno es joven, a veces, cree que sabe todo y en realidad no sabe nada y uno hace declaraciones de más. Imaginate que si yo fuera joven, ahora antes de jugar con Independiente, declararía: “El sábado ganamos como sea”. Que son títulos que a la prensa le gustan mucho y que los hinchas también quieren escuchar. Pero si después te equivocás, la pagás muy caro y es innecesario. Me acuerdo, en San Lorenzo, una vez estábamos jugando contra Boca y estábamos perdiendo 1-0. Yo fui a patear un tiro libre y no me dejaron, pero igual me quedé al lado de la pelota. Cuando terminó, me tocó hacer los análisis del dóping y cuando salí, declaré: “Acá cada uno hace lo que quiere”. Cuando llegué el otro día, me agarraron un par y me pegaron una lavada de cabeza total.

– ¿Quiénes eran ahí los que te fueron enseñando?
-Estaba Pablo Michelini, el Beto Acosta y también, aunque a mí me toco remplazarlo, Gustavo Campagnoulo. Ellos me iban diciendo cosas. Yo igual pensaba que dijeran lo que me dijeran iba a hacer lo que quisiera y nadie me tenía que decir nada. Pero obviamente me equivoqué. Son muchas las cosas donde te pueden ayudar y cuando vas creciendo te vas volviendo más consciente de eso. Necesitás que te expliquen qué hacer con tus primeros sueldos, no tenés que comprarte un cero kilómetro para quedarte seco de guita. A mí me agarró una vez Oscar Ruggeri, que fue el técnico que me hizo debutar, y vio que yo me había comprado un auto. Cuando llegué al club, me llamó aparte y me pregunto: “¿Y dónde lo guardás” y yo le dije que en la casa de mi viejo. Y él me respondió: primero te tenés que comprar el garaje, después el auto. El problema es que esas cosas son cada vez más complicadas de explicar porque, como decía antes, ahora todo es más fácil. Las necesidades son otras: hoy los chicos suben rápido, los venden rápido y todo dura poco.

– ¿Eso se ve en cómo se juega?
– Sí, claro. Por eso se juega como se juega. Los talentos no duran nada. Cuando yo arranqué a jugar, había tipos como Aimar o como Saviola que estuvieron cuatro temporadas antes de irse. Ahora fijate el caso de Viola, que tiene 40 partidos en Primera, ni un torneo como titular y ya se fue. Eso no funciona porque a los pibes los quemás. Tenemos el caso de Centurión, que es un chico con unas condiciones bárbaras, pero para volverse un gran jugador tiene que estar tres o cuatro años en el fútbol argentino para formarse. Pero bueno, las necesidades mandan.

-¿Eso vos lo podés hablar con los pibes?
-Es difícil explicárselo a su familia, sobre todo. Las oportunidades en el fútbol a algunos les pueden pasar dos o tres veces, pero esos son los menos. Capaz que pasa una sola vez y todos temen por eso. Yo trato de hablarles por lo que me ha tocado vivir, lo hago acá y lo hago con mis amigos y con mis sobrinos, pero no es sencillo.

-Para formarte y aprender esto de ser un líder, ¿vos leés algo, mirás series, películas?
-Sí, hace un año que empecé a leer cosas del Ché. Me gusta mucho la verdad. Ahora acá el técnico me pasó otro del Ché y uno de Fidel Castro porque me vio en un avión leyendo cosas de ellos. Son figuras que han trascendido todas las barreras. Uno puede no estar de acuerdo o sí, pero sin dudas son personalidades que enseñan muchas cosas.

-¿Qué es lo que te llama de esas figuras?
-Me quedó muy marcado una historia de cuando ellos ganaron la Revolución. Fidel le tuvo que llevar la familia al Ché sin que se enterara porque no quería gastar la poca plata que tenía Cuba. O cuando el Ché viajaba a Uruguay, y no tenía plata para hospedar la familia, no los llevaba. Cuando uno trasciende la familia por un ideal, es para sacarse el sombrero. O lo mismo con el tema de conquistar un país. Podrían haberse quedado ahí, pero no: decidieron seguir e ir por África y después por Sudamerica. Para mí, llevándolo al fútbol, es como si ganás un Mundial, pensás que ahí se terminó todo, pero siempre hay más cosas por jugar y más partidos por ganar.

-¿Cómo llegaste a interesarte en ellos?
-Siempre me intrigó la figura del Ché. Uno siempre escuchó hablar de él y opinar, pero yo nunca me metía porque no conocía más que lo que me han contado. Pelletieri me acercó un libro, ahora vamos a ver qué fue lo que realmente sucedió. En el Ché yo veo eso de ser un líder positivo, eso de siempre querer más.

-¿Y a los pibes del plantel los ves leyendo eso?
-No, por ahora no, por ahora están jugando a la Play o a las cartas. Yo al principio tampoco leía, pero me enganché con las novelas de Dan Brown, con el Código Da Vinci, y fui encontrando nuevas cosas.

-¿En el deporte ves algún otro líder que vos tomes de modelo?
-Hay muchísimos. En el fútbol me sorprende mucho Messi. Me asombra. No por su personalidad, sino por la búsqueda de superación que él tiene. También veo en eso a Federer o a Nadal. Se mantienen siempre en el máximo nivel y nunca se conforman. Si logras tener la ambición de los grandes deportistas eso es lo que te termina haciendo triunfar o no. Yo no soy un dotado, pero juego en Primera, aunque si yo me propongo jugar en el Barcelona no voy a llegar. Pero el proponérmelo me hace jugar en un nivel un poquito más alto que en una carrera normal. Creo que se puede potenciar muchísimo desde la superación.

-¿En Argentina hay un problema con el concepto de triunfar?
-Sí, es algo bien de Argentina. Nosotros como sociedad somos así. Mirá lo que nos pasó a nosotros en la Copa Argentina. Yo se lo decía el otro día al presidente: si vos me decís que voy a jugar cinco finales más y las voy a perder, te lo firmo, porque es importante llegar. Acá eso no cuenta. Sólo hay que ganar. Vivimos y juzgamos por si alguien salió campeón o no. Parece que al argentino lo único que le importa es salir primero y hace veinte años que no llegamos a una semifinal de un Mundial. ¿Y qué querés, salir campeón si nunca sos siquiera quinto? Eso es lo que pasa acá en Racing: nos piden siempre salir primeros cuando el torneo pasado, capaz, saliste decimoctavo. Todos queremos ser campeones, pero es imposible.

-¿El tema sería que si perdés sos un fracasado?
-Claro. Yo escucho que Boca porque perdió dos finales de tres es un fracaso y me quiero matar. Ojalá yo pudiera jugar la Copa Libertadores. Fracaso es otra cosa, es no haber hecho todo para tratar de obtener un resultado, es si yo vuelvo a mi casa y siento que no di todo.

– Siguiendo con el tema del ser capitán, ¿a vos te gusta, también, participar de la discusión futbolística con el entrenador?
– Me gusta, siempre y cuando, me pidan opinión. Con el técnico y con los dirigentes. Acá en Racing se puede. Muchas veces, cuando terminan los partidos, Zubeldía te pregunta qué te pareció, cómo te sentiste. Él es joven pero su personalidad hace que parezca más grande. Los mayores lo respetamos mucho. Veníamos del Coco, que es más grande, y antes teníamos al Cholo, que era también joven. Pero no cambia mucho, lo distinto son las ideología que tiene cada uno. El fútbol tiene diversos modelos, eso es lo diferente.

-¿A vos qué ideología futbolística te gusta?
-Nosotros crecimos con dos ideologías: el menottismo y el bilardismo. Las dos tuvieron tantos resultados positivos como negativos. Yo digo que para mí hay otra más, que es la de Marcelo Bielsa. Un fútbol más dinámico, más vertical, más moderno quizás.

-Hablando de liderazgo, Bielsa es uno muy particular.
-Sí, pero Bielsa le llega mucho al jugador. Te convence con el trabajo de campo, creo que eso es lo bueno. No te tiene media hora hablando, con el laburo él hace que vos creas en eso. Mirá que él no tiene mucho diálogo con los jugadores, pero les llega igual.

-¿Cómo hacés para llevar todos los temas que requiere ser capitán y no olvidarte de nada?
-Tengo un cuaderno donde anoto todo. Yo vi que lo hacía Michelini, que era un tipo muy ordenado, y se lo copié agregándole cosas mías. Así, por ejemplo, organizamos acá el método del pozo común, que es cuando cobramos algún premio, ponemos de a 50 o 100 pesos para después, entre todos, comprar cosas para el vestuario, como un equipo de música o una máquina de café. Es una forma de acolchonar los gastos y así, después, si vamos a cenar todos, no le sacás plata a un pibe que cobra 5000 pesos por mes.

-Para bancar todos estos problemas, ¿hacés terapia?
-No, a mí es algo que nunca me gustó mucho, aunque considero que es bueno que alguien lo pueda hacer si quiere. Mi terapia es hacer asados los jueves a la noche, en Brandsen.

-¿Sos un buen asador?
-Según mis amigos, soy muy bueno. Aprendí de mi viejo. Cocino al asador, a leña. Me preparo un costillar entero a la cruz. Ahí me logro aislar de todo.

 

El tinellismo mágico

El conductor de televisión retorna a la política futbolera, en el medio de un club que atraviesa una de las mayores crisis de su historia. Para salvarlo, una vez más, la institución apuesta a un magnate millonario para que lo salve. Los pormenores de una futura crónica de una muerte anunciada.

Imagen: NosDigital

El Club Atlético San Lorenzo de Almagro atraviesa la crisis institucional más grande de su historia. Con el alivio del no-descenso todo pareció detenerse para barajar y dar de nuevo.
Había que reconstruir un club que zafó, que quede claro, de pedo.

Las dirigencias que entendieron que los clubes se manejaban como empresas necesitaron sufrir que la pelota no entrara para mostrarse tal cuan son: empresarios del fútbol y no gestores de clubes. La gente reventó y ellos se tuvieron que ir. Abdo y compañía huyeron desbordados.

El terreno pintaba para el cambio. Para la demolición y el trabajo de refundar.
Pero… Tinelli.

El hombre de la cabeza bien grande que piensa, y pone la jeta y el bolsillo para decir, más o menos, “San Lorenzo soy yo”.
Dirigentes tinellistas y disidentes, socios y distintas agrupaciones políticas intentan reconstruir la historia y la situación de un club partido al medio y en mil pedazos que está al borde de volver a recurrir a las mismas prácticas que lo dejaron así.

César Francis, presidente de la agrupación Volver a San Lorenzo, lo pone sobre la mesa rápidamente: “El Tsunami Tinelli es una planificación política deliberada”.
Alguna vez se entendió que el tipo más famoso de la TV era un simple inversor, una mera ayuda económica.
A no confundirse, señores, el tinellismo existe y no desde ahora.

Marcelo Vázquez, secretario provisorio del club y candidato a permanecer en el cargo por la lista de Tinelli, entiende al empresario así: “Decir que el rol de Tinelli en el club es el de un empresario es un prejuicio. Primero es socio y después hincha. Las afirmaciones de las lógicas empresariales parten desde ese prejuicio contra Tinelli. El modelo de club que queremos no tiene nada que ver con gente que viene a hacer negocios. Somos socios e hinchas que queremos colaborar: algunos aportan económicamente, algunos gestionan, y así cada cual aporta con lo que puede y quiere. No tiene nada que ver con un empresario que pretenda un modelo de club que no sea el que todos queremos. Cuando no sos conducción y tenés ganas de colaborar aportás desde donde podés y desde donde te dejan. Entonces, también forma parte de los prejuicios etiquetar a Tinelli por sus intervenciones pasadas con Savino. Los que estuvieron en una elección con uno, después estuvieron con otro. No hay un sistema de agrupaciones permanentes. Eso no significa nada por sí solo, no hay pertenencias. El club que todos queremos, más allá de discursos políticos, es más o menos parecido”.

Francis lo explica distinto: “Los pasos de Tinelli por el club no fueron felices. Será un gran hincha pero no es un gran pensador de un club. Ideológicamente no comprende lo que es un club más allá del fútbol. Además sus pasos no fueron felices tampoco desde lo financiero y económico. Todavía estamos pagando aquella fiesta de pagar sueldos europeos. Y me preocupa que estemos repitiendo la historia, ante la desesperación de una crisis, de apelar al ilusionismo mágico de una billetera”.

Entonces, surge la pregunta: ¿Qué significa comprender ideológicamente a un club?
Nadie mejor que los dueños para explicarlo.
Sus socios.

Ezequiel Torno, socio número 83846, de 21 años, dice: “Quiero un club con todas las letras, no quiero un Football Club, no quiero un modelo empresarial y tampoco quiero que se vote billetera sobre gestión. Da miedo pensar que vamos a tropezar con la misma piedra y que la deuda va a ser cada vez más grande. Pero, lamentablemente, se necesitan 3 o 4 refuerzos entonces el discurso de Tinelli es comprador”.
Iván Gruzsko, socio nro 72136, de 21 años, también afirma: “Hay que usar la cabeza para votar, sin comerse el verso de los empresarios multimillonarios que te venden espejitos de colores. Pero, lamentablemente el socio no aprende más. Después de todas las que pasamos ahora es obvio que va a ganar la lista de Tinelli por goleada. En realidad no todos están con el modelo de Tinelli, pero siempre tenés al típico boludo que se hace pis si le traen un par de refuerzos de categoría. No son capaces de ver más allá, ni de pensar en el futuro de la institución. Por más que Tinelli sea hincha, que ya sea rico y no quiera robar, sus lógicas empresariales van a poder contra todo”.

Francis plantea otra duda a la hora de entender un club: “¿Para quién gobierna el dirigente? ¿Para los 4 millones de hinchas o para los 30 mil socios? En crisis todo debería estar apuntado a los socios, porque está en juego la refundación del club. Venimos de muchos años de devastación”. Sigue: “Hay que dividir entre hinchas y socios. Al hincha le preocupa lo futbolístico, ni lo social ni lo comunitario del club. El socio está más preocupado por la institución, por el resto de los deportes, porque el club sea un club con fútbol y no de fútbol. La preservación del club es clave porque San Lorenzo, por historia y tradición, es un club integral.”

En cuanto la situación concreta de la institución cuerva las cosas están que arden. Hay un estado de acefalía formal que se plasmó con la renuncia de toda la Comisión Directiva. La asamblea formó otra comisión directiva provisoria que, a su vez, llamó a elecciones presidenciales para completar el mandato que dejó trunco Abdo. Es decir, hasta diciembre del 2013. La elección será el primero de septiembre y sólo se votarán para los cargos de la Comisión Directiva, que fue la que renunció en todo su conjunto. Por supuesto que allí se incluye el cargo presidencial y el resto de los puestos ejecutivos de un club: vice 1ero, vice 2do, secretario, vocales, etc.
El secretario Vázquez, también juez de cámara porteño, explica cómo el club llegó a donde llegó: “Sucesión de malas decisiones políticas. Institucionalmente se cometieron una seria de errores que nos llevaron a una situación gravosa. Hay que superarlo urgente a través de la decisión de los socios. Las pequeñas cosas marcan la realidad de la institución. No se pueden resolver cosas sencillas, esto demuestra que hemos fracasado. Hay que cambiar el modelo.”

Se notan dos posturas: las que atribuyen crisis a “serie de errores” y “secuencias de malas decisiones” y la que entiende que se trata de lógicas de gestión empresariales y no de clubes.

¿A qué va a jugar Marcelo?

El doctor César Francis lo interpreta: “Las decisiones de Tinelli son pendulares y zigzagueantes. Se anunció como presidente, se bajó por los hijos y ahora va como vocal. Ya dijo que los de la lista son ‘amigos’ de él. Entonces, el rol de Tinelli es poco feliz. No asume el protagonismo político que tiene en la vida de San Lorenzo eligiendo el puesto de vocal. Le hace un flaco favor al club en ese lugar. Además, deja a un presidente que va a ser de paja. Porque cuando se quieran discutir cosas serias van a querer ir a hablar con el vocal y no con el presidente. Es un endeble favor a la institucionalidad. Un club con la historia de San Lorenzo debe tener un presidente en el que el pode real y formal coincidan. De carne y hueso y no de paja. No le sirve al club un espantapájaros sin poder real de decisión.”
Sin embargo, todo parece indicar que Tinelli no tendrá problemas en ganar esta elección.

La Comisión Directiva provisoria cuenta con Matías Lammens como presidente del club, el hombre de Tinelli. El mismo Lammens se presentará a principios del próximo mes como presidente de la lista del tinellismo. El hombre de la TV fue elegido como primer vocal de esa CD provisoria y, se estima, va a ser ratificado por los socios para continuar hasta fines del 2013.

Las curiosas y llamativas manifestaciones en las puertas de Ideas del Sur, el apoyo de los personajes de la barra brava La Buteller y el guiño de casi todas las agrupaciones y dirigentes políticos dentro del club le dan la derecha a al modo empresarial sanlorencista.
“Nuestra intención es forzar al ilusionismo mágico a explicar qué modelo de club quiere, más allá de la billetera y de comprar jugadores para la primera de fútbol, porque si la pelotita no llega a entrar y tenemos la desgracia de descender no hay peor manera de hacerlo que con un club hipotecado y entregado. Si la piedra fundamental y basal de la refundación del club va a ser la billetera de Tinelli es una construcción muy endeble, por más que la billetera sea frondosa. Porque mañana esa billetera se agota, se aburre, se retira y se cae todo lo que se hizo en función de ello. La refundación de San Lorenzo necesita un modelo de club y gestión. De un sinceramiento de las muchas limitaciones económicas que tenemos. No hay que entrar en el ilusionismo mágico que tanto la historia como la estadística han evidenciado que casi siempre terminó mal en los clubes argentinos”, sentencia el presidente de Volver a San Lorenzo.

¿Qué propone la lista de Tinelli según ellos mismos? Vázquez lo dice: “El fútbol mueve y genera una de las principales economías. El poder está concentrado en el fútbol. Los clubes deben seguir siendo asociaciones sin fines de lucro. Los gerenciamientos han fracasado siempre. Pero la realidad es que se requiere que en su funcionamiento estén estructuradas las cosas como en una empresa. No digo que haya que convertirlas, digo que la dimensión de la estructura de San Lorenzo a nivel administrativo debe funcionar más allá de las conducciones políticas. El funcionamiento tiene que estar garantizado ante cualquier circunstancia institucional. No se puede manejar a San Lorenzo como a un pequeño comercio, empresa familiar o como a un club menor. La organización tiene que ser acorde. El modelo de Tinelli no difiere de esto: un club atlético coordinado y equilibrado financieramente. Que tenga objetivos acordes con su historia y dimensiones. Para eso hay realidades que no se puede desconocer. Para superarlo se necesita gestión, generar ingresos y recurrir a aportes para comenzar a ordenar a la institución. Si hubiera otras opciones, que se verá en la elección, el socio podrá elegir. Hubo un cuasi abandono de los cargos de las autoridades. En ese marco se recurrió a Tinelli para que colaborara en esta situación de crisis.”

Mientras tanto, de las más de 10 agrupaciones que hay en San Lorenzo, sólo muestran un rechazo tajante al tinellismo Volver a San Lorenzo y el espacio de la Subcomisión del Hincha. Dos espacios, que además, están atravesados por la lucha de volver al barrio, al viejo Boedo, donde el club era club.
Otros tiempos del Ciclón. Tiempos que se quebraron desde hace 15 años, cuando el presidente Alberto Guil, en el 2001, mientras todo estallaba, entendió que los clubes se pensaban como empresas. Lo que ratificó Savino desde el 2004 al 2010, con la explícita ayuda de Marcelo Tinelli, quien sólo aceptó a sus acciones como ayudas económicas. Como si aquello no construyera lógicas que se terminaron pagando en la bochornosa presidencia de Carlos Abdo.
De no mediar milagros allí volverá a estar esa cabeza. Esta vez con cargo y con un presidente titiritesco.
Habrá nuevo mandato pero no existirá un nuevo modelo.
La pregunta queda rebotando en cada corazón cuervo y futbolero: ¿Qué quedará del Club Atlético San Lorenzo de Almagro?

Falta de méritos de represión

A Ramón Aramayo lo mataron el 20 de marzo de 2011, en la previa de un Vélez-San Lorenzo, en Liniers. Según la autopsia y los testigos falleció porque los policías de la polémica Comisaría 44 lo cagaron a palos. 15 meses después, hay tres efectivos imputados a los que se está por dictar la falta de mérito. “Si es así, no habrá juicio”, cuenta el abogado Fernando Burlando. Mientras la violencia en el fútbol vuelve a estar en boca de todos, actualizamos la histora de un crimen que puede quedar impune.

La autopsia: términos confusos y heridas que hablan claro.

El vocabulario médico policial eligió decir cosas como “lesiones contusas excoriativas”, “lesiones contusas equimótico-excoriativas”, “lesiones contusas equimóticas” o “hematomas subcutáneos”, y, además, propuso detallar específicamente los planos sagitales y transversales de las heridas. El trabajo del forense develaba todos y cada uno de los lugares donde fueron a parar las piñas y las torturas que Ramón Aramayo recibió el domingo 20 de marzo de 2011 en la previa del partido entre Vélez y San Lorenzo: rostro, panza, espalda, codos, rodillas, costillas,muñecas, hombros, piernas y glúteos. Y seguía: lastimaduras, moretones, cortes y heridas varias.

La autopsia duró dos horas. Desde las 7:45 hasta las 9:45 del primer lunes sin él. Fue un día después y determinó lo que todos supieron desde el principio: a Aramayo lo cagaron a golpes. “Congestión, edema y hemorragia pulmonar. Edema encefálico difuso”. Esas fueron las palabras que eligió el médico forense, Ignacio Lossetti, para enviarles ese 21 de marzo el resultado del estudio a la Fiscalía Criminal de Instrucción N° 26, que recibió el señor Fiscal Nacional de la causa, Dr. Patricio Lugones, y el secretario del mismo, Dr. Ezequiel Costa.

El cuerpo, en definitiva, era el mismo: Ramón Aramayo, 36 años, argentino, marido de Mabel Suarez (aunque en la autopsia se califique su estado civil de “soltero”), con hijos, remitido por la Comisaría 44° de la Federal, ubicada en Liniers, luego de haber sido hallado “tirado en el asfalto” el 20 de marzo del 2011 a las 15:40 horas en Barragán al 235 en la previa del partido en el Estadio Amalfitani entre el Club Atlético Vélez Sarsfield y el Club Atlético San Lorenzo de Almagro.

Qué pasó el domingo: “¿Querés cobrar vos también?”.

Como todos los domingos que jugaba San Lorenzo, Ramón Aramayo fue a la cancha. El partido tenía los ojos de todo el mundo futbolero encima. Se sabía que era de riesgo. Luego de la reciente muerte de Emmanuel Álvarez, en el anterior Vélez-San Lorenzo, se tomaron especiales recaudos para que la tarde transcurra en paz. Pero fue el operativo mismo el que generó la violencia.

Aramayo fue a la cancha con sus tres amigos de siempre: Juan Carlos Cabrera, Christian Jorge Bertolino y Daniel Platt. Esa misma tarde se sumó otro amigo de Ramón, Sergio, que fue con su hijo de 11 años. Los seis se juntaron en la casa de Bertolino, hora y media antes del partido, subieron al auto del propio Aramayo y fueron para Liniers. Lograron estacionar sobre Ramón Falcon a pocas cuadras de la cancha. Caminaron hacia la calle Barragán, donde tenían entrada los visitantes y pasaron sin ningún tipo de problemas el primer control.
Se venían las segundas vallas y la Policía ordenó que todos tengan la entrada en la mano. Carlos Alberto Heredia, personal a cargo de Vélez, era el responsable de turno de ese control ubicado en la calle Barragán a la altura de Viedma. En su declaración como testigo ante el fiscal Lugones y su secretario Costa, Heredia dijo haber sido encargado de la rutina de “cacheos” y que su puesto de control se encontraba a unos “30 metros” de la Policía. La misma Policía que le dio la orden, de repente, de que no pasara más gente. Les hizo caso. Al darse vuelta observó una persona que se encontraba “acostada, boca abajo” y “a la que la policía estaba deteniendo”.

Luego de la pequeña interrupción, le ordenaron que siguieran ingresando los hinchas y Heredia continuó con su trabajo. No vio más nada, salvo una “ambulancia del S.A.M.E” y camionetas policiales que un tiempo después llegaron a las adyacencias del control, pero abocado a sus tareas laborares -“ver que las personas lleven la entrada en mano”- no les prestó mayor atención.

El testimonio de sus tres amigos completa la historia hasta donde se deja completar. “Cada uno intentó pasar por su cuenta”, explica Christian Bertolino la rutina de siempre, a lo que suscribió de manera idéntica Daniel Platt en su reconstrucción de los hechos. “Comúnmente” una vez que se pasa el control se ve “si ya pasaron” los demás “para seguir al estadio”, aclara Juan Pablo Cabrera. Hasta allí todo sucedía como siempre. Cuando los tres pasan el control buscan a Aramayo. No lo encuentran y se voltean para ver dónde estaba. Ahí empezó todo.

“Tres policías se encontraban forcejeando con Ramón Aramayo, a ellos se le sumaron aproximadamente tres policías más quienes lograron derribarlo, haciendo que cayera de costado sobre el asfalto. Aramayo forcejeando consiguió reincorporarse y luego volvieron a derribarlo cayendo de cara contra el asfalto”, dice textualmente Daniel Platt, según la declaración firmada por él mismo, el fiscal y su secretario.

Juan Pablo Cabrera amplía bajo las mismas autoridades: “Un policía uniformado con chaleco naranja le realiza un tacle de rugby por debajo de la cintura (…), pese a ello Ramón logra reincorporarse y seguidamente llegan más policías, alrededor de cinco o seis, y entre todos lo sujetan en medio de un forcejeo, de una lucha terrible, defendiéndose Ramón, pese a lo cual el personal policial no lograba derribarlo, momentos en que aparece otro policía que intenta darle un golpe con un palo a la altura de la espalda logrando el dicente (Juan Pablo Cabrera) evitar que lo impacte ya que puso la mano y lo empujó al policía para evitar la agresión, manifestándole a su vez que ya lo tenían agarrado entre cinco para pegarle, respondiéndole el policía ‘¿querés cobrar vos también?’”, redacta el fiscal en la declaración de Cabrera.

Bertolino continúa ante Lugones: “En ese momento, uno de ellos (los policías) le apretó los testículos con la mano, otros le apoyaron rodillas en la espalda y le doblaron las piernas hacia arriba. Enseguida lo esposaron para luego arrastrarlo por el asfalto y finalmente lo pusieron de pie, corrieron el vallado para dejarlo en un portón allí ubicado cerca de la intersección con la calle Viedma. Un par de policías se quedaron con Aramayo hablando, se les acercó el sujeto de nombre Sergio (el amigo de Ramón que los acompañaba aquella vez), le preguntó si lo iban a dejar libre o quedaría detenido, donde le informaron que quedaría cinco minutos detenido y lo largarían.”

Luego de reprimir a Aramayo, efectivamente, lo soltaron. Los tres coinciden en que lo vieron caminando a los tumbos luego de ser liberado. Que llegó a agarrarse de un árbol para no perder el equilibrio en su caminata tambaleante. Se acercaron rápidamente y lo hicieron sentar en un cordón, pidieron agua en lo de un vecino de la cuadra y se quedaron junto a él. “Me duelen mucho las piernas”, coinciden todos que susurraba Aramayo cuando le preguntaban cómo se sentía. Decidieron llamar a la ambulancia a través de dos policías vestidos de civil que habían ofrecido ayuda. En esos “15 o 20 minutos” que demoró en llegar la ambulancia, precisan los testigos, interpretaron que Aramayo se había desmayado.

Cuando llegó el SAME la doctora le revisó los ojos y el ritmo cardíaco. Fue suficiente para determinar que Ramón Aramayo había muerto y que ya no existían posibilidades de hacerle tareas de reanimación.

La asesina con dudas.

¿Quién lo mató?

“Lo mató la Policía. Le pegó y lo dejó tirado, como siempre hacen”, aseguró Mabel Flores a la salida de la Comisaría 44° la noche del mismo día en que asesinaron a su marido.

¿Lo mató la Policía?

“Sí, me parece que quedó claro”, le respondió a NosDigital Christian Bertolino más de 15 meses después del hecho. “Las pericias vinculan, en principio, al personal policial. Pero, además, tenemos la opinión de profesionales en el arte de curar que le dan una directa actuación en lo que es el desenlace en la vida de Aramayo”, dijo a esta revista Fernando Burlando, abogado de la familia, con los recaudos penales pertinentes.

Bertolino, luego de la muerte de Aramayo, ese mismo domingo, es llevado a declarar a la Comisaría 44° para que dé su relato de los hechos. Dos días después, en su declaración ante el fiscal, el martes 22 de marzo, se encargó de dejar en claro qué pasó en esa comisaría: “Los policías no querían dejar asentado que el desempeño policial con Aramayo había sido violento, que era evidente que querían inducirlo a alivianar la situación de los policías y que terminó firmando la declaración ya que se encontraba agotado por la situación que le había tocado vivir”. Son las textuales palabras que se escribieron en la declaración adjuntada a la causa. Por su parte, Juan Pablo Cabrera, el mismo día y bajo la condición de testigo afirmó poder “reconocer” a los policías involucrados. “Hace poco”, después de más de un año de ese testimonio clave de Cabrera, dice Bertolino que hubo una rueda de reconocimiento donde uno de sus amigos pudo reconocer a alguien.

¿Por qué lo mataron?

Se llegó a justificar semejante detención o “cacheo” diciendo que Aramayo no tenía entrada. Sus amigos Cabrera y Bertolino dieron fe ante el fiscal que lo único que podían asegurar a cerca de las pertenencias personales de Ramón era “que tenía la entrada y las llaves del auto”. La entrada que pareciera ser motivo de separar a la vida de la muerte estaba en el bolsillo de Aramayo.

¿Cómo murió?

“Fue por causas naturales”, se abarajó desde los medios enseguida. Durante el día de incertidumbre las mil hipótesis mediáticas no se hicieron esperar. Las fotos y videos de los de naranja sobre Aramayo que fueron apareciendo lo dejaron al descubierto. “¿Causas naturales? Si él no tenía nada…”, aseguró su esposa cuando salió el domingo de la comisaría de Liniers.

“Vinieron cinco o seis policías y lo sujetaron en medio de una lucha terrible. Lo tiraron al piso y Ramón cayó con toda la cara pegando en el asfalto y le salía sangre. Y cuando lo tenían boca abajo, otro policía le apoyó la rodilla encima y le empezó a dar con todo en las costillas, mientras otros dos le retorcían los brazos y las piernas y uno último le apretaba los testículos y aunque todos pedíamos que lo soltaran, seguían y seguían”, aclara Cabrera. La naturalidad de recibir traumas y heridas es inexistente: hay una historia de golpes y represión detrás de las lesiones no naturales de Aramayo.

Entonces: ¿Quién lo mató?¿Por qué? ¿Cómo?

La misma policía, la mismísima Comisaría 44°, la que golpeó, detuvo violentamente sin razón a Aramayo y luego se encargó de tomar, inducir y manipular las declaraciones ante los testigos sobre la muerte de la víctima, elevó su visión de los hechos al forense:
“’MUERTE POR CAUSAS DE DUDOSA CRIMINALIDAD’, según lo dicho por la prevención”.

Eso reza el informe hecho por la “prevención” previo a la autopsia. Es lo que recibió el forense Lossetti junto al cuerpo de Aramayo.

¿La prevención?

O sea, ellos. La Comisaría 44º, la misma que está acusada de asesinar a Rubén Carballo, un pibe de 17 años, en diciembre de 2009, durante un recital de Viejas Locas en Vélez. Esa que para los vecinos del barrio es la culpable de que Liniers se haya vuelto hace tiempo un reducto de talleres textiles clandestinos, prostíbulos y desarmaderos. La Comisaría 44º, una de las más cuestionadas de la Federal, que desde 2009 para acá tuvo cinco comisarios diferentes, removidos por el Ministerio de Seguridad de la Nación .

Hoy: dos causas, faltas de mérito represivo y desenlace incierto.

Rastrear la causa de Aramayo hasta la actualidad no es fácil. Las ONG que se vinculan con la violencia deportiva están corridas del caso por decisión de la propia familia. Los medios tampoco actualizan información al respecto cuando ya pasó un año y tres meses de su asesinato. Los testigos, con razón, no quieren hablar más, se atienen a lo que dijeron bajo la condición de testigos. Desde Salvemos al Fútbol, la ONG que acompaña a la mayoría de los familiares de las víctimas y que se compone por los mismos familiares, aseguraron haber perdido relación con la viuda de Aramayo.

Liliana Suárez, vice de Salvemos al Fútbol, cuenta: “Cuando ocurrió el hecho nosotros fuimos a acompañarla, a solidarizarnos con Mabel, a ponernos a disposición con la defensora del pueblo Muñiz. Pero hace un tiempito que nosotros no la vemos. Habrá cambiado el teléfono. No nos contesta. No sabemos nada desde hace un tiempo. Cuando fuimos olfateamos que los abogados que le manejan la causa le dijeron que no den mucha información. Nosotros somos prudentes y respetamos la postura de cada familia”.

Fernando Burlando, conocido abogado por sus casos mediáticos, atendió el teléfono y dejó en claro algunas cosas que hoy no tienen mucha luz ni cámara ni acción. La causa está en etapa de instrucción, es decir, todavía no hay un juicio oral que vaya a determinar la sentencia de los responsables del asesinato.

En esta etapa de investigación y de determinación sobre quiénes son procesados y quiénes sobreseídos, se encuentran tres policías imputados. Sus nombres, según el abogado de la víctima, son: Gutiérrez, Costó y Ayeche. Los tres se encuentran con falta de mérito. No hay pruebas suficientes, según el juez, ni para sobreseerlos, o sea, liberarlos de culpa y cargo, ni para procesarlos en un juicio oral que los pueda juzgar.

Gracias al testimonio de uno de los amigos de Aramayo en una “rueda de reconocimiento positiva”, según Burlando, se los indagó y se les tomó declaraciones. “No se hicieron cargo de nada”, afirmó el abogado. La fiscalía que interviene la instrucción es la de Patricio Lugones, fiscal de la causa, quien tomó las claras y coherentes declaraciones de los tres testigos. “El juez de instrucción es el N°10, Fernando Caunedo”, aclara el Dr. Burlando el dato, ese que es tan difícil de rastrear en el archivo de la causa.

Los allegados se encuentran a la espera de una resolución por parte de la instrucción. Con que queden imputados no alcanza, con la falta de mérito tampoco. Para ser juzgados deben ser procesados y elevados a juicio oral, si no hay un acuerdo entre partes previo.

“La familia quiere que se esclarezca la verdad. Todavía no se resolvió el estado procesal porque faltan algunas pericias y elementos para resolver la situación de esta gente (por los policías)”, actualiza Burlando. Por otro lado se inició un juicio civil por daños y perjuicios. No sólo por parte de la Policía Federal sino también por parte de los que “conllevaron la organización del espectáculo deportivo”. La AFA, en todo este tiempo, nunca dio la cara.

Mónica Nizzardo, presidenta de Salvemos al Fútbol, aseguró que desde Ministerio de Seguridad se habían comprometido a brindar información en el caso específico de Aramayo y después “nunca más le respondieron”. Según Liliana Suarez, desde la ONG, tienen “acercamientos miles de veces” con el ministerio, pero después no“dan nada”. “El propio Minsitro de Justicia, Julio Alak, se comunicó en varias oportunidades para ver cómo se desarrollaba el trámite de la causa”, aclara Burlando sobre la cartera de Justicia.

En lo civil se piden “1.400.000” pesos porque Aramayo era el sostén del hogar en el que ahora viven Mabel y sus hijos. En las mediaciones de esta parte del juicio el abogado afirma que se avanza, que se “llegaron a puntos aclaradores”. En cuanto a lo penal, es decir, quiénes van a ir presos por la muerte de Aramayo, la cosa va a otro ritmo. Burlando estipula: “En el término de días tendremos una definición de este tema. Ante la falta de mérito no habrá juicio, pero esta situación se puede revertir”.

Si la falta de mérito no se convierte en procesamiento se sobreseerán a los tres policías y ya nadie habría matado y reprimido a Aramayo. Deberá decidirlo el juez de instrucción N°10, Fernando Caunedo.
¿Por qué falta tanto mérito para procesar a los tres canas? ¿Falta alguna otra declaración que lo asegure? ¿Otro estudio que hable de sus heridas y contusiones? ¿Otro reconocimiento?

“Porque desde el punto de vista penal no hay un compromiso serio de la Policía. Están indagados y con una falta de mérito, todavía. Aquí deberán dirimir quiénes fueron los responsables: si Vélez Sarsfield y sus autoridades, si el operativo policial o si la gente encargada de la seguridad”, intenta explicar Burlando.

Hay algo que ni el abogado, con sus prudencias legales y penales obligadas, niega: “Fue castigado de una manera brutal y esto está acreditado. No solamente él, sino que hubo otras víctimas. Este cacheo desmedido, que podemos llamarlo brutal, obviamente lleva a la mujer de él a responsabilizar a los que a ella le parece que fueron los responsables. Pero –vuelve a pisar el freno-, tenemos que atenernos a la opinión de la Justica que, parece, es la verdadera voz de la realidad”.

Los demás policías que se evidencian en las fotos, videos y testimonios de la represión zafaron de todo, incluso de ser suspendidos en sus actividades. De esos “cinco o seis”, sólo hay tres que están suspendidos e imputados.

La verdadera voz de la realidad está afónica. Ni procesa ni sobresee. No dice. A los asesinos de Aramayo parecieran faltarles logros, laureles y méritos de represión para ser juzgados.

Las 5 del domingo

¿Qué? ¿Quiénes? ¿Cuándo? ¿Cómo? ¿Por qué?
Distintas historias en la voz de sus protagonistas.
Las 5 del Domingo en Vámonos de Casa

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– Asesinaron por defender su territorio a de Miguel Galván, militante del Movimiento Campesino de Santiago del Estero (MOCASE) e integrante de la comunidad originaria Lule-Vilelas- 14 de octubre del 2012

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-La historia de las ruinas de un Centro Clandestino de Detención oculto en Valentín Alsina- 7 de Octubre del 2012

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– Cuatro estudiantes de colegios secundarios tomados vinieron al programa y nos contaron qué piden. Además, ¿cómo los tratan los medios? ¿Y los funcionarios públicos? ¿Hacia donde apunta la educación pública?- 30 de septiembre del 2012

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-6 años sin Jorge Julio López. Hablamos con su hijo, Rubén- 23 de septiembre del 2012
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-La extrema posibilidad de desaparición que sufre el Policlínico Bancario- 9 de septiembre del 2012
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“Me gusta atajar en este San Lorenzo que pelea el descenso”

Nereo Champagne es el arquero de San Lorenzo y es, además, un personaje. Lector de Sasturain, Soriano y Sacheri, fanático del heavy, el pibe nacido en Salto aclara que él ” juega al arco, que es otra cosa, porque los arqueros son mucho más raros”. Y sobre el momento que vive en el Ciclón afirma: “Yo soñé toda la vida con esto. Soy futbolista porque en el garage de mi casa, jugando a que era el Mono Navarro Montoya o Nacho González, alguna vez imaginé que esto podía pasar”.

Foto: Nos Digital.

El tamaño es realmente descomunal. Desde la muñeca hasta los dedos, quizás, haya veinte centímetros. O más. Pero la duda quedará flotando porque, definitivamente, sería entre descortés y bizarro pedirle al arquero titular de San Lorenzo, Nereo Champagne, que dejara que un cronista sacara una regla y que calculara con precisión las medidas de esas manos gigantes que funcionan como su instrumento de trabajo.
Quizás, para llegar a un cálculo aproximado valga la pena pensar que esas manos soportan día tras día los golpes macizos de una cantidad de pelotas gigantes que -encima en la situación de un San Lorenzo que pelea el descenso- logran un peso inmenso. O, tal vez, sirva mirar de qué manera lleva en la palma el cuerpo de Simón, su hijo de cinco meses, que llora y ríe en el living de su casa de Caballito. O, por ahí, resulte la cuenta deduciendo cuántos libros de Osvaldo Soriano y de Juan Sasturain -de los que lee en las concentraciones de distintos hoteles las noches anteriores a jugar un partido- cabrían entre sus dedos.
Pero a la larga, la conjetura perderá sentido porque Champagne empezará a hablar y, moviendo las manos con la misma vehemencia de un director de orquesta en plena función, hará que sus interlocutores queden sorprendidos por el nivel de conceptos que maneja este futbolista que no sólo es raro porque lee o porque es un fanático casi religioso del Heavy Metal y del líder de Almafuerte, Ricardo Iorio, sino porque lejos de paralizarse con el miedo y con las histerias que genera en el fútbol argentino la chance de descender con un grande como San Lorenzo, el arquero afirma con contundencias: “Yo siempre soñé de chiquito con jugar en un momento como este. Hay que disfrutar de la cancha llena y de la presión”.

– ¿Pero no te parece excesiva esta visión tremenda que se le da a descender?
– Es que es la pasión con la que se vive el fútbol de acá. Yo nací con esto. Todos crecimos con este sentimiento interno de los hinchas. Que, de todas formas, no deja de ser una locura. Porque verdaderamente el descenso no es la muerte de nadie. Es algo lógico: dos descienden, dos van a la Promoción. Son reglas del deporte. El sentimiento está bien, lo que está mal es la violencia, que no se justifica de ninguna forma. Porque seguro los que vienen a la cancha, después de perder, no vuelven a sus casas e insultan a sus familias. Seguramente, futbolísticamente hablando, irte a la B es lo peor que te puede pasar, pero no te pueden matar por eso. Por suerte, acá, en San Lorenzo, la gente está alentando sin parar y no se da de casualidad: sabe que nosotros ponemos todo por el equipo.
– ¿Son muchos los nervios que se acumulan en estas situaciones?
– Sí, ni hablar. El nerviosismo siempre está presente. Pero creo que hay que tener en cuenta que es un nerviosismo positivo. Te hace estar alerta. Sería un problema si nosotros estuviéramos en Promoción y solamente nos juntáramos a tomar mate, en vez de estar entrenando con todo, dejando la vida por esto. Yo creo que el miedo existe, pero no es que nos paraliza. Es, incluso, algo que se disfruta. Capaz, antes de jugar se te revuelve toda la panza y es algo medio molesto, pero cuando yo salgo a la cancha, veo la tribuna, veo la cancha llena y pienso: yo soñé toda la vida con esto. Soy futbolista porque en el garage de mi casa, jugando a que era el Mono Navarro Montoya o Nacho González, alguna vez imaginé que esto podía pasar. Por eso hay que disfrutarlo al máximo. Más allá de la plata, más allá de lo que pueda decirte cualquiera, a mí me gusta atajar en este San Lorenzo que pelea el descenso.
– Seguramente a vos en inferiores te enseñaron a cortar centros, a sacar con los pies y a achicarle a un delantero. Pero, a la vez, nadie te debe haber explicado cómo atajar en un equipo que puede irse al descenso. ¿Cómo se aprende a aguantar la presión?

– Se hace en el camino, creo. En el jugar. Yo aprendí mucho en mi experiencia como arquero de Ferro, que es un club raro. Está en la B, está quebrado, nadie sabe quiénes son sus dirigentes, pero los hinchas sienten que son de Primera. Lo viven así: con todo el sentimiento. Todos los partidos tenés la presión de ir a atacar, de ganar. Ahí, yo me fui acostumbrando a este ritmo. El resto es de uno y del entorno que nos rodea. Hay que ser fuertísimo de la cabeza. Pensar y saber que las cosas van a salir bien. Siempre hay que ser positivo, sin ser desesperado y sin evadir la realidad: en este caso, San Lorenzo está en Promoción y nosotros nos tenemos que hacer cargo de eso.
– ¿Al fútbol se lo aprende en el mundo del fútbol o también por afuera?
– Es todo. Muchas cosas vienen del entorno del que uno salió. Yo vivía en Salto con mi familia y de chiquito me enseñaron a tener responsabilidades. Iba al colegio y estaba obligado a esforzarme. Si era lo único que hacía en mi vida, era una deshonra que yo lo hiciera mal. De la misma forma, decidía dedicarme al fútbol. Mi equipo de ahí tenía un solo arquero, era yo, y no falté casi nunca. Pero porque mi papá, al que no le importaba específicamente que yo fuera jugador de Primera, me enseñó que me tenía que hacer cargo de las cosas. Así pude terminar el secundario y hacer, incluso, una tecnicatura en informática. Se aprende de la cultura del esfuerzo y eso se lleva al resto de las cosas.
– ¿Siempre quisiste ser arquero?
– Sí, siempre. Desde chiquito, cuando jugaba en mi casa, soñaba con esto.
– Siempre se dice que los arqueros son tipos raros.
– Puede ser. De todas formas, yo creo que hay que dividir entre los arqueros y entre los que van al arco. Yo juego al arco, que es otra cosa. Los arqueros son mucho más raros. Pero, a la vez, es imposible no separarse de algunas cosas. Este puesto tiene cosas maravillosas: de movida, está la posibilidad de agarrar la pelota con las manos, algo que ningún otro puede. Y, a la vez, tenés una conexión rara con el resto. Tenés la posibilidad de tener la pelota seis o siete segundos vos, sin que nadie te la saque, con todo el estadio mirándote. Nadie más puede. Fijate que el gol de Diego a los ingleses debe haber durado diez segundos como mucho y esa situación es algo único. Aunque, también, tenemos una cosa rara que es que en el fútbol lo más lindo es hacer un gol y nosotros jugamos de parar eso.
– Y vos encima sos más raro todavía: te gusta leer.
– Sí, a mí la lectura me llegó por el secundario y por estar en las pensiones. No soy un fanático. Pero la verdad es que disfruto mucho, por ejemplo, de leer algo como el Día del arquero de Juan Sasturain. O a Osvaldo Soriano. La otra vez, antes de jugar contra Newell’s, me quedé con Arqueros, ilusionistas y goleadores. Algo increíble.
– ¿Es difícil meter los libros en las concentraciones? ¿Hay mucha play station?
– Depende, este plantel es muy poco de la play station. Es más del mate y de las cartas. El tema es que en el fútbol conviven muchas esferas sociales. Por eso te encontrás distintos casos. Cuando yo concentraba con Germán Voboril (NdelR: ahora jugando en Godoy Cruz) nos quedábamos leyendo a Eduardo Sacheri.
– ¿Y tu pasión por el heavy?
– Yo llegué al metal escuchando a León Gieco. Antes me gustaba más el rock nacional, pero escuché una canción que hacía León en la que participaba Ricardo Iorio. Y no pude creer la voz que él tenía, entonces me volví un fanático con otro pibe que estaba en la pensión. Después empecé a darme cuenta que el heavy tenía que ver con la resistencia, con las minorías, con el ser nacional, con decidir el destino. Se mezclaron muchas cosas, así que me volví un fanático. Siempre que puedo voy a ver a las bandas que puedo. Sobre todo si tocan en el Teatro de Flores.

Champagne habla y sigue moviendo esas manos gigantes. Abraza un mate que reparte, mientras charla y abraza a su hijo Simón. Su voz nunca frena. Su convicción por aprender y por seguir creciendo tampoco.