TODAS LAS VIOLENCIAS

El 30 de noviembre, en la cancha de Rosario Central, periodistas que cubrían el partido entre los locales y Racing fueron agredidos. El caso es uno más de tantos. Cada vez que sucede uno, se pregunta quién es el responsable. Este análisis propone abordar las distintas violencias del mismo acontecimiento.

Pará en esa foto de ahí. Dejala ahí, no pases más. Dejala ahí que la idea no es contar una historia ni ahondar en perfiles criminales de barrabravas apodados con nombres de superhéroes del tercer mundo. Dejala ahí que esto no es una novela ni tampoco un caso que nadie contó.

Dejala ahí porque la idea es hacer una radiografía de todas las violencias que aparecieron en el entretiempo del partido entre Rosario Central y Racing, en el Gigante de Arroyito, el 30 de noviembre de 2014, cuando desde tres sectores distintos de la cancha se agredió el palco de prensa.

Dejala ahí que esto es para ampliar la discusión. Porque, cuando aparece alguno de estos casos de violencia en el fútbol, el mundo se pone el traje de Sherlock Holmes y quiere culpables.

“El problema son los violentos de siempre”, se dijo alguna vez para culpar a las mafias organizadas a las que se denomina “barra brava”.

“El problema son los que los bancan”, se dijo para referenciar a los dirigentes que apañaban a esas barras.

“El problema es el negocio de la Policía”, se dijo para responsabilizar a los encargados de dar seguridad al espectáculo.

“El problema lo tiene que solucionar el Estado”, dijeron Daniel Angelici y Rodolfo D’onofrio, presidentes de Boca y de River, en el programa Línea de Tiempo de la TV Pública.

“El problema es la intolerancia”, se dijo para culpabilizar a la rivalidad.

“Tenemos que lograr que un referí cobre bien”, llegó a decir Cristina Kirchner en un acto donde trató el tema de la violencia en el fútbol.

¿Entonces quién?

¿Nadie? ¿Algunos? ¿Todos?

Dejala ahí la foto, entonces, que vamos a buscar quién fue.

Incidentes 2

Violencia de la barra

Una hora y media antes de que arrancara el partido. El palco de prensa se separaba del resto de la platea por medio de un acrílico. “Acá se va a pudrir todo”, les dijo un muchacho vestido enteramente con ropa de Central –pantalón largo y camperita del club, todo oficial- a un periodista rosarino y a uno porteño, que había viajado para ver el partido. El muchacho andaba con otro muchacho vestido igual.

Dejá ahí la foto: ¿cuál era el sentido de anunciar lo que iba a ocurrir?

Media hora antes de que arrancara el partido, se pararon de espaldas al césped, mirando hacia el palco de prensa y, cada uno con un celular en la mano, clavándole los ojos a los periodistas, actuaba de Gestapo, tratando de divisar “hinchas de Racing”, con toda una pose que iba de la mano del primer aviso que uno de ellos hizo.

Dejá ahí la foto: ¿Cuál era el sentido de demostrar públicamente, con esa pose, que había una cacería de hinchas de Racing y que, además, eso se le estaba avisando a alguien? ¿A quién se le avisaba? ¿A los tipos que encabezan la popular, que se hacen llamar Los Guerreros, que dentro del estadio se les permite tener pintadas que los reivindican, aunque alguno de ellos hayan tenido acusaciones penales?

Hora del partido. Sale Rosario Central a la cancha y empiezan a sonar bombas de estruendo, prohibidas, con historial de sanciones, por ejemplo, a Vélez, al que le suspendieron la cancha por esto. Arriba del palco de prensa, en un pasillo separado por rejas, aparece el mismo muchacho. Un minuto después, explota una bomba de estruendo arriba del palco.

Entretiempo del partido. El mismo muchacho aparece tirando botellas llenas y piedras hacia el palco de periodistas. Otras 200 personas hacen lo mismo. No todos parecen identificados como barras. Muchos sí. Les pegan a los periodistas, se roban mochilas, micrófonos y tablets, elementos de trabajo.

Dejá la foto ahí, ¿los plateístas de Central decidieron robar, de repente?

Dejá la foto ahí, ¿fueron los plateístas?

Dejá ahí, ¿fue la barra? ¿quién sabe cómo sus miembros llegaron a la platea baja en el entretiempo?

Algo se sabe: estaba anunciado, organizado.

Violencia de la Policía

En el mismo momento en que el muchacho anunció que se iba a pudrir todo, se puso en aviso a los periodistas de esta situación y los periodistas hablaron con miembros del Departamento de Prensa de Rosario Central. Se informó que esto podía pasar y, desde el club, aseguraron tomar cartas en el asunto. De hecho, algunos miembros de ese Departamento –no todos- se acercaron a hablar con los periodistas para solucionar la situación para que todos pudieran trabajar tranquilos. Se desconoce cómo decidieron construir el operativo, pero se acercaron cinco policías a “cuidar” la zona.

En el entretiempo, los pupitres de prensa fueron rodeados: por delante del acrílico, se agredía; desde la platea alta, donde se tiró la bomba de estruendo, se agredía; desde la popular ubicada a la derecha del palco, se agredía.

Cinco policías. Uno, incluso, luego de que, desde la platea alta, se tirara pis hacia los periodistas, se rió. Nunca se pararon delante del acrílico, ni arriba.  Apenas al costado. 400 policías tenía en total el operativo. Uno de ellos declaró frente al reclamo de un periodista que pedía seguridad: “Estamos desbordados”.

Los periodistas decidieron abandonar el sector, dejar sus trabajos, abandonar sus transmisiones. No tenían hacia dónde ir. Un oficial preguntó:

– ¿Quieren quedarse o quieren irse?
– Queremos tener seguridad.

La Policía no supo – o no quiso- resolverlo y la decisión la tomó un miembro de seguridad de Racing: “Lleven a la gente al vestuario visitante”. La gente, unas 30 personas: integrantes del Departamento de Prensa de Racing, dirigentes menores de Racing, periodistas de medios nacionales, periodistas partidarios, periodistas que hasta querían que Racing perdiera, hinchas de Racing que habían conseguido su entrada.

En la puerta del vestuario visitante, recibió al grupo alguien que se autoidentificó como uno de los responsables de seguridad del espectáculo. “No pueden estar acá”, afirmó.

– Queremos ver al presidente de Central, ¿dónde está?
– Está con el presidente de ustedes.

¿De ustedes? ¿Qué ustedes? ¿Con Cristina Kirchner? ¿Los periodistas por qué debieran tener presidente? Si Víctor Blanco es el presidente de Racing, ¿por qué sería el presidente de los periodistas?

A los periodistas se los mandó a la calle sin que nadie los custodiara. No pudieron terminar con su trabajo. La Policía no los cuidó de lesiones y no mostró soluciones. Pese a haber estado notificada, nunca actuó. “Estamos desbordados”, argumentaban.

En otro sector, minutos después. Uno de los policías, en la huida, apuntó a otro periodista. A ese periodista los hinchas de Central lo corrieron hasta el estacionamiento.

En la jerga se diría, “parece que los entregó”.

Los entregó una fuerza que no depende de la barra, ni de Central: depende del Estado. Es decir: violencia institucional.

Violencia cultural

Aunque los propios periodistas fueron los agredidos, las crónicas del acontecimiento se narraron diciendo que los agredidos fueron “periodistas partidarios”. Partidarios se le dice a los que toman partido: periodistas que cubren la información de un club. Pertenencen, de alguna forma. En este caso, serían Racing.

Serían de Racing era el argumento para agredir a esos periodistas. Que, además, vale aclararlo, no todos eran partidarios, si es posible hacer esa diferenciación.

La violencia, anunciada, entregada, en la cancha de Rosario Central hacia el palco de prensa se fundamentó en la misma razón por la que no van hinchas visitantes a las canchas: hay un problema con el distinto. En el medio de las agresiones verbales y físicas, también se deducía por los gritos que la intolerancia no era por ser de otro equipo sino también de otra ciudad. En este caso, por ser porteño. En otra geografía, podría ser por no serlo.

Porque a lo organizado por la barra, a lo entregado por la Policía, a la falta de asunción de responsabilidad política por parte de los  dirigentes que fueron avisados de algo que no quisieron resolver, se le suma la agresión natural de hinchas que consideraban una ofensa tener allí hinchas de Racing.

Algunos plateístas, de la alta y de la baja, reaccionaron agrediendo, también. “¿Por qué no dicen que fue offside el gol?”, gritaban, en referencia al 1-0 de Racing que marcó Gastón Díaz, en posición inhabilitada. Eso se volvió proyectiles. De la platea de enfrente tampoco toleraron que el equipo visitante hiciera un gol y sus jugadores lo festejen: Luciano Aued fue a abrazar a Diego Milito después de que el capitán convirtiera su primer gol en Arroyito. Aued terminó de festejar mientras el médico de Racing le vendaba la cabeza, que se le había abierto por un piedrazo que le tiraron desde la platea baja de Central. Tres días después, a Aued todavía le dura la herida y la bronca. De la popular alta tampoco se bancaron ir abajo en el resultado y que el equipo visitante tuviera arquero: a Sebastián Saja, el 1 de Racing, le tiraron una botella de Fernet Branca vacía, que el arquero agarró desde el césped con incredulidad. Todo parece cotidiano. Pero es una botella de vidrio, de una bebida alcohólica que está prohibida en los estadios y  que vuela desde una tribuna.

Ser de otro club supone ser objeto de agresiones. Es, claro, una forma de discriminación: una no-aceptación de las características del otro.

Dejá la foto ahí, ese tipo que tira el proyectil, además de accionar porque la policía lo deja, además de que organizadamente la barra armó la agresión, tiene un problema con el otro: es hinchífobo.

“Somos muy tramposos para vivir y para jugar”

Leo Madelón se suma a la lista de los que creen que se juega como se vive y asegura: “todas las adversidades que tenemos como sociedad nos llevan a la trampa, a sacar ventaja como sea”. El ex entrenador de San Lorenzo, que le tocó dirigir varias promociones con Gimnasia y Rosario Central, dice que se agotó de andar sufriendo con la ruleta rusa del descenso y da su receta para motivar en esos casos: “No me gusta regalar cosas materiales: autos, LCD, lo que fuere. Si podés regalarle una frase o un libro, es mucho más capital eso. Un televisor lo compra cualquiera. El jugador no se motiva solo con lo material. Eso es mentira”

Fotos: NosDigital

Leonardo Madelón es un tipo que habla despacio. Sabe que lo que dice lo oye alguien más y que llegará a otros tantos. Como en este momento no trabaja en ningún club, no tiene que representar a nadie más que a él mismo pero aun así, y acaso por eso mismo, sigue pensando antes de contestar. Lo hace para poder enseñar algo, el mayor desafío que tiene su profesión, según él. Un verdadero caballero de la angustia, siempre vivió con la metralleta del descenso en la yugular: en San Lorenzo, en Rosario Central y en Gimnasia. También lo supo disfrutar: ascendió con un Olimpo que les ganó a todos. Aprendió a seguir pensando tranquilo en esas circunstancias. Y en el medio de un oasis de inactividad se sienta a contestar lo que venga.

-Dejaron de existir las promociones…
-Estuvo bien terminar con eso, era muy agresivo. Demasiado vértigo y presión. Era terrible. Mucha tensión. Me tocó vivirla desde arriba. Sentís que el de la B te quiere robar algo. Y bueno, nos fue bien. En la última perdimos con All Boys, en Arroyito. Mucho nerviosismo. Y el que está en la A no entiende lo que es una promoción hasta que la juega. Es una manera de sacar presión, está bien. Y ahora tenés tres descensos, o sea que tampoco es fácil. Pero sacás esa locura de andar fijándote contra quién te puede tocar. Hay que pensar que en el fútbol moderno se podrían haber dado promociones como River vs San Lorenzo. Imaginate… Mucha violencia, mucho riesgo. No se tiene idea ni dimensión de lo que puede llegar a pasar. Se vio en el descenso de River: una catástrofe nacional. Ahora, si te vas te vas, no hay cruces de ese tipo.

-Quedaste en la historia de las promociones por la levantada con Gimnasia Vs. Atlético Rafaela, ¿cómo hiciste para convencerlos de que se podía remontar un 0-3 en ese contexto de descenso y caos?
-Nosotros pudimos revertirlo porque tuvimos un gran año de fútbol. Nos fuimos a la promoción quedando a dos puntos de las copas. Fuimos confiados a Rafaela y nos comimos tres. No entendimos la cancha ni la situación. Nosotros habíamos ganado en la Bombonera, en la cancha de Racing, en todas partes. Y fuimos con la chapa de haber tenido un buen torneo. Y Rafaela estaba afilando el cuchillo desde hace 15 días. Y sufrimos la cancha chiquita, no pudimos jugar y caímos en la trampa. Cuando terminó el partido nos volvimos en avión a La Plata. Y cuando estábamos por aterrizar el piloto dice: “Prepárense para comenzar el descenso”. En serio, eh. Y los jugadores lo querían matar. Y ese fue el primer empujón para entender que teníamos que darlo vuelta. Y sabíamos que podíamos, ya habíamos ganado partidos importantes. Y ellos me creían. Y yo decía lo que fuere, que si no ganábamos estaba dispuesto a sacrificarme en el medio de la cancha junto a mi familia. Mirá lo que uno hace. Y bueno, esa confianza hace que puedas meter dos goles faltando cinco minutos. Si vos pensás, River suspendió el partido y estaba a la misma distancia y faltaban diez minutos. Nosotros confiamos, aún en el minuto 44. Y después llegó el otro en el 47. Es suerte, sí. Pero es confianza también. Dos goles de cabeza de dos enanitos. Fue lo más emotivo de mi carrera.

-¿Te jode que se hable de ayuda del árbitro en ese partido histórico?
-De ninguna manera. Cero beneficio. Escuchaba a periodistas decir que fue misterioso… Si hubiéramos arreglado hubieran llegado los goles antes. Además Rafaela lo pudo haber ganado: en las contras quedaban tres contra uno. Gimnasia ganó bien.

-Igual, a los que fuiste salvando se terminaron yendo…
-La promoción es la ruleta rusa. Vos seguí jugándola… No vas a zafar siempre. Podés zafar cinco veces, pero la sexta sale. Como Gimnasia o Rosario. Y la culpa es de la dirigencia. A propósito o no, te exponen a esa ruleta rusa. No se asesoran y no consultan especialistas. Ellos se asumen como tales y no se dejan orientar y después, bueno, pagan la cuenta.

-¿Cómo motivas a tus jugadores?
-A mí me gusta mucho el psicoanálisis. Mediante frases y por mi forma de ser contagio buena onda. Soy un tipo positivo. Es mi manera de motivar y generar buenos climas. Lo que vos creas es lo que después vas a hacer. No me gusta regalar cosas materiales: autos, LCD, lo que fuere. Si podés regalarle una frase o un libro, es mucho más capital eso. Un televisor lo compra cualquiera. El jugador no se motiva solo con lo material. Eso es mentira. La plata no es todo, la plata no es prestigio. Te van preguntar qué y cómo ganaste lo que ganaste, no cuánta guita tenés en el banco.

-¿La experiencia de pelear el descenso qué te enseñó?
-Me fortaleció como persona y profesional. Ahora quiero parar, tratar de agarrar un equipo sin tanta urgencia, poder armar y planificar. La única vez que lo pudimos hacer salimos campeones dos veces: con Olimpo en el ascenso. Los últimos años siempre agarramos a equipos que se estaban ahogando en altamar. A algunos los sacas y a otros no. Uno tiene coraje y mucho huevo a la hora de tomar decisiones.

-¿Cómo es dirigir al club del cual sos hincha?
-Que yo fuera hincha de San Lorenzo valía mucho en la situación. Son las cosas que uno tiene que manejar como profesional, también. Uno lo hace con el corazón y con el pensamiento, las dos cosas. Y la gente pedía que agarráramos. Y uno se convence. Aunque fue el peor momento de la historia. Y el club estaba dado vuelta: todo al revés. Un despelote. En la época de Abdo. Se querían ir todos: Botinelli, Ortigoza, Salgueiro. Era muy duro. El equipo por suerte despegó. No de mi mano, pero eso no importa. No estoy arrepentido, dimos lo que teníamos y salió bien. Terminó bien, con o sin mí. Fue algo muy especial. Quedé muy bien con la gente.

-¿Cómo te cayó la vuelta a Boedo?
-Estoy muy contento. Mi pibe está muy entusiasmado. Es lindo para la gente. El hincha no se siente cómodo en la cancha de ahora. El menor problema va a ser juntar el dinero, porque el hincha está muy comprometido. En el Viejo Gasómetro yo entrené de joven. Pero ya estaba muy abandonado, venido abajo. Así que estoy ansioso por volver a ese lugar y verlo bien, en ese barrio tan lindo.

-¿Qué tiene de particular nuestro fútbol?
-Somos tramposos y mañeros. Y jugamos igual en la cancha. Todas las adversidades que tenemos como sociedad nos llevan a la trampa, a sacar ventaja como sea. En Inglaterra, en un córner, el que salta más alto gana y cabecea. Acá para cabecear tenés que matar a uno, terminás todo rasguñado, es una batalla campal. Somos mañeros para vivir y se juega totalmente igual. Y los árbitros son iguales. Pero acá es difícil hasta dirigir un picado. Te piden todo y no te dejan en paz. Es tremendo.

-¿Te cansaste de todo eso?
-No, no. Me cansé estar durante 200 partidos en descenso constante. Siempre al borde de lo que se denomina fracaso. Necesitaba un poco de tranquilidad.

-¿Cómo tenés pensado sacarte el mote de técnico para luchar el descenso?
-Nosotros siempre quisimos jugar bien. Tenemos ese mote porque les decíamos que sí a los clubes. Pero la idea siempre era jugar, no sacar puntos a los pelotazos. Ahora hay que esperar, tratar de elegir y no desesperarse.

-¿Hay buenos técnicos en Argentina?
-Hay de todo. Hay chamuyo, marketing, acomodo y elecciones por nombre. Pero también están los de mucha capacidad. Y ahora apareció el que deja de jugar y asume inmediatamente. Hay todo un empresariado que se encarga de promocionar también. El famoso lobby, al que yo no he recurrido nunca. Jamás. Cada uno sabe quién es y lo que hace. A mí siempre me vinieron buscar. Nunca entré por la ventana.

-Esas diferencias se vieron en lo que te pasó con Caruso…
-Hay un paredón muy grande que nos divide como entrenadores y como personas. Yo no haría de ninguna manera lo que hizo él. También es cierto que nunca los dirigentes salieron a aclarar las cosas. Y ante cualquier resultado adverso sucedían ese tipo de apariciones mediáticas. Pero ya está.

-Y vos, ¿cómo te manejas con los medios de comunicación?
-El protagonista necesita de los medios de comunicación, de la difusión. Después está el periodismo agresivo, está en uno saber quién es quién. Sé donde no hay buenas intenciones. Sé donde no hay una intención genuina de informar. Es una filosofía de vida. Hay que ser inteligente y saber cuándo utilizarlos, de manera estratégica, para lo fines de uno, del protagonista. Para mi gusto hay muchos periodistas que dicen lo mismo. Repiten y repiten todo el día. Es agotador.

Leo, como le dice la gente, sigue reflexionando sobre sus experiencias. De repente, por la esquina del bar en donde se desarrollaba la charla pasa un viejito conocido: Carlos Timoteo Griguol. “Miralo a Timoteo, qué grande. Está tan viejo, qué lástima. Fah, qué docente tremendo. Seguía enseñando técnica aún en primera división, qué ejemplo.”

-¿Y qué es la técnica hoy?
La técnica es la virtud que tiene cada uno, ni más ni menos. Desde saber hacer un lateral a saber cabecear o saber patear. Si recepcionás bien de un toque valés el doble que si necesitás dos tiempos.

-¿Te gustaría laburar en inferiores?
-Me gustaría agarrar, por supuesto. Pero falta mucho apoyo dirigencial. No hay proyectos hoy. Tienen que tocar la misma guitarra todo el mundo, tienen que tener la misma línea. El presidente, el responsable de fútbol, el coordinador, los técnicos. Es un proceso que lleva mucho, pero es necesario. Y es muy difícil que te acompañen en eso. Por eso busqué el lado del vértigo, la primera división. De última te arreglás vos solo: ganás seguís, perdés te vas. Vélez, Lanús y Belgrano están trabajando muy bien. Y van a ser los próximos clubes top si siguen así. Pero es muy complicado, porque ya te exigen ganar en inferiores. Una vez el Checho Batista dijo que había que jugar sin puntos en inferiores. No es mala idea, pero en este fútbol no se puede. Somos muy tramposos para vivir y muy tramposos para jugar.

-¿Estás para volver a dirigir en el Nacional B?
-Agarraría un equipo de ascenso con aspiraciones a ascender. Sí, claro. Si es de punta, sí. Cómo no. Lo importante es mantenerse activo mientras uno no está trabajando. El peor enemigo es el ocio. Trato de hacer mucho deporte y de leer.

-¿Qué lees?
-Me gusta mucho la historia francesa, leo sobre eso. Leer es muy bueno porque te abre un panorama de dicción, más juego de palabras. Si tenés más herramientas para expresarte tenés más chances de seducir a alguien con tu propuesta. He regalado libros en los vestuarios, a los jugadores. Varias veces. Es muy difícil. Cuando se trata de un futbolista joven no le suele interesar. Los más grandes, más cansados del ambiente, sí piden y leen. El libro no se presta, se regala. Ni me acuerdo a quién le di. Es parte de la docencia de esta profesión. Y a mí enseñar me gusta mucho, poder dejarle algo bueno a alguien más es lo más importante.