Los docentes que la UBA sabe precarizar

Siete profesores del Centro Cultural Rojas fueron despedidos por organizarse y reclamar contra los “contratos basura” que hace años implementa la institución de la UBA. Detrás de los famosos cursos temporarios se esconde una historia de precarización, indiferencia y persecución.

Foto: Nos Digital.

Contratos de “locación de servicio”, sin licencias ni aguinaldo, cobrando solamente los cuatro meses de clases y tres años sin un aumento de sueldo fueron las razones que llevaron a cinco docentes del Centro Cultural Rojas a organizarse y reclamar contra sus “contratos basura”, por lo que, a principios de este año, sus cursos sencillamente no fueron publicados. Una forma de considerarse despedido, que ilustra de nuevo la injusticia del convenio: el despido aparece encubierto como una no-renovación del contrato.

El Centro Cultural Rojas reúne en sus programas educativos a más de 300 docentes y 30 mil alumnos año a año, volumen que lo equipara con las propias facultades. Fue fundado en 1984 como parte dela Secretaríade Extensión Universitaria dela Universidadde Buenos Aires, con sede en Corrientes 2038, una especie de “Centro Cultural dela UBA” según figura en la propia página de internet. Desde entonces -sigue la página- sus dos grandes ejes fueron la programación artística y los cursos, “pensados para gente que busca capacitarse en el mundo del trabajo formal y de la cultura y para adultos mayores de 50 años”.

Manuel Ferrer es uno de los tristemente protagonistas de esta historia (El resto: Paula Belmes, Mariela Delnegro, Agustina Lizzi, Alejandro Belkin, Laura Liebson y Eva Elena Martín). Desde mediados del 2009 era docente dentro de los cursos de Humanidades, en la categoría Mayores de 50. Si estaba contento ya, su motivación fue mayor llegado en 2010 un aumento de salario. Manuel contextualiza: “No es que cayó del cielo, como en todos los ámbitos educativos, cada año se discute el aumento a los docentes en las paritarias”. Manuel fue perdiendo su sonrisa día a día en los pasillos del Centro, en las reuniones con sus colegas, en las clases. Empezó a informarse sobre su “contrato de locación de servicio” que lo mantenía en relación de dependencia. Se preguntó por qué no cobraba aguinaldo ni tenía licencias. Las charlas con colegas no arrojaron respuestas pero sí las mismas dudas: ¿Por qué?

La modalidad de cursos cuatrimestrales con opción de renovarse una vez “finalizados” (entre comillas, porque muchos de los profes continúan un programa incluso año tras año) sostiene estas desventajas. Es decir: los contratos de locación de servicio confunden cualquier relación legal entre los docentes yla Universidadde Buenos Aires. Una especie de tercerización. Entonces, el sueldo llega únicamente los cuatro meses que duran los cursos. Y como no aumentan desde el 2010, representan exactamente la mitad de lo que cobra un ayudante en una cátedra cualquiera de cualquier carrera dela UBA.

Además, según el contrato, los profesores son “monotributistas”, categoría que en el ámbito docente encubre una relación de dependencia y precarización. De movida, la “carga social” corre por cuenta propia. El monotributo comprende en una categoría impositiva cuatro cosas: el impuesto a las ganancias, los ingresos brutos, la jubilación y la obra social. Generalmente se utiliza para quienes prestan un servicio eventual, ya que se considera en vez de salario una “ganancia”, siempre que el impuesto “grabe” la actividad. Por ejemplo, la edición y comercialización de libros no está grabada en la reglamentación del impuesto a las ganancias. La actividad docente tampoco. Por eso, al “obligarlos” a ser monotributistas, los docentes pagan cosas que tributariamente no les corresponden. En Argentina, además, el impuesto a las ganancias es bien regresivo e injusto porque no es equitativo: el que cobra más no paga más. No es casualidad, siguiendo esta rueda, que sea el mismo Estado que cobra los impuestos (en este caso a través dela UBA), el mayor empleador precarizador.

Eso técnicamente. Llevado a la vida práctica de Manuel y sus colegas: si te enfermás, no cobrás; si te echan, no tenés indemnización; cobrás solo cuando trabajás y olvídate de licencias, vacaciones pagas y aguinaldo.

La actividad de cada profesor y la relación con su curso lejos está de esta lógica temporaria, dependiente y precarizada. Nos lo cuenta Manuel: “Una vez que uno entra va teniendo continuidad más allá de los cambios de cursos y las cantidades de alumnos, cada profe va desarrollando su espacio, el cual aparte tiene el acompañamiento de los alumnos, que lo van siguiendo”.

Hasta este 2012 Manuel supo ganarse esa empatía de los Mayores de 50. Desde el 2009 en que había entrado, desarrollaba sus clases de Introducción al imperio y la globalización sin mayores sobresaltos, pero fuera del aula las cosas cambiaron. Manuel: “A raíz de que la situación se iba agravando año a año, a mediados del 2011 con un grupo de compañeros decidimos empezar a juntarnos para poner sobre las mesa las dificultades, la situación de cada docente, y empezar a organizar un reclamo. Éramos entre quince y veinte, el número variaba de reunión en reunión, pero estamos hablando de un total de 300 docentes. No hay ningún antecedente de organización, suponemos que en parte por la política represiva que hay al interior del Rojas que en parte conduce a nuestro despido”.

El pasado 29 de marzo quien suscribe pudo comprobar cómo, en una protesta al frente C. C. Rojas, desde adentro centelleaban flashes de cámaras fotográficas. Lejos de tener fans ahí dentro, la “política represiva” que menciona Manuel tiene que ver con esta persecución a los docentes que protestan e incluso a quienes los apoyan: los cursos de informática de Laura Liebson (con 18 años de trayectoria en el Rojas) y Eva Martín tampoco fueron publicados tras darse a conocer sus adhesiones en la solicitud que exigía la reincorporación de sus colegas.

“Los despidos vienen del acercamiento que tenemos con AGD (Asociación Gremial Docente dela UBA)”, explica Manuel, “que se acerca a tomar nuestro problema, a acompañaros y orientarnos. En diciembre de 2011 mandamos una carta documento advirtiendo a las autoridades dela UBAque un grupo de compañeros designados como delegados iban a hacerse cargo de organizar el reclamo y designar las autoridades del gremio. De esta forma quedamos señalados, cuando creíamos que nos estábamos protegiendo”.

Así, el tiempo dedicado al armado de los cursos, la discusión sobre los contenidos, el armado del cronograma de clases, todo, quedó en la nada. En Internet y en los paneles de la sede de Corrientes, llegado el 2012, sus cursos no figuraban. Sencillamente, no estaban más. Lo que en principio eran sospechas ante la no repuesta de las propuestas que habían presentado, se confirmaba: estaban despedidos. “El despido se da en la modalidad de la no renovación”, cuenta Manuel. “Directamente, en la fecha de inscripción los cursos de todos los docentes designados como delegados no salen publicados”.

Ni antes ni después ni ahora (y creen que nunca) vieron la cara, escucharon la voz, concretaron una entrevista con Cecilia Vázquez, responsable directa del conflicto como Coordinadora General de Cultura Adjunta, que depende hoy dela Secretaríade Extensión Universitaria y de Bienestar Estudiantil, a cargo de Oscar García, y el rector dela Universidad, Rubén Hallu.

Una única voz dela Universidad, sin identificar, eligió a Página 12 para dar sus argumentos: “No puede haber una equiparación porque el origen y la actividad de estos profesionales no son iguales a los de los docentes universitarios”, dijo, lo que técnicamente huye al centro de la cuestión. Otro argumento, de nuevo sobre los salarios: “Los fondos para los sueldos del Rojas provienen de recursos propios (en rigor, los cursos del Rojas son generalmente arancelados), mientras que los salarios de los docentes universitarios los cubre el Estado”.

Esta desestimación (y la indiferencia de Vázquez) ratifica la modalidad de los contratos basura de cada docente que aún continúa en el Rojas, y desalienta la posibilidad de pelearla. “Hacia adentro la situación queda muy comprometida en la medida en que los despidos funcionan como un mecanismo de disciplinal amedrentador. Armar alguna movida ahora se vuelve complicado porque hay un antecedente que es el despido. Y estamos hablando de participaciones mínimas: por sólo firmar un petitorio echaron a dos docentes de informática. Frente a esto, uno comprende a los compañeros que tienen dudas sobre participar, más allá de que el reclamo sea justo”, dice Manuel. Y remata: “Lo que queda ahora es lo que podamos hacer nosotros desde el activismo sindical, desde afuera del Rojas, las discusiones que podamos llegar a lograr desde nuestra situación, los actos que venimos haciendo, seguir difundiendo, como ahora, que estoy hablándote a vos”.