Mexicaneada

Lalo Chico es desde hace más de dos décadas el guitarrista de El Tri, la banda más grande de rock mexicano. Desde un bar del D.F. recuerda sus encuentros con B.B. King y Pappo y rinde honor a su verdadero amor: “Nothing but the fucking blues”.

– Hace unos meses casi muero aquí, en el escenario. Estaba tocando y me llevaron de urgencia por una peritonitis. Me salvé y ahora me cuido mucho. Ejercicio, nada de alcohol, hasta me corté el pelo. Aunque la verdad es que no hay mejor lugar para morir que este, en el medio de un blues.

Eduardo “Lalo” Chico es el guitarrista de El Tri, la banda oriunda de Puebla que llevó el rock mexicano fuera de las fronteras nacionales para conquistar Latinoamérica. En Argentina, son hermanos musicales de La Renga, que versionó la popular “Triste canción de amor” para el público argento. Lalo viste jeans y campera de cuero en un negro uniforme, doble anteojo – de vista y de sol –, que le da un toque excéntrico, y el sombrero que impone el género. Un sábado a la noche, camina por Colonia (barrio) Condesa y llega a Ruta 61, un barcito de blues del D.F. Ahí arriba, plegado sobre su guitarra, se lo ve más vivo que nunca.

Club Ruta 61.
Club Ruta 61.

– Tocar ante 200 mil personas, como nos pasó en Perú el año pasado, es padrísimo. Pero no hay nada como estos bares, hay otra emoción, el trato es más directo. Me gusta más la intimidad. Que sean poquitos, pero que hagan ruido. Lo mágico es sentirlo. Acá es donde te fogueas, no con un tutorial de youtube. Antes que quedarme en mi casa mirando la tele me vengo al bar a recordar a Muddy Waters y Willie Dixon, a zapar. Este es el único bar de blues, por acá han pasado todos los grandes del género de México y también los que hoy tocan en la escena de Chicago. Es parte de mí. Y de eso se trata, ¿no? No aflojar en lo que crees… Nothing but the fucking blues.

El Tri nació en 1968 y, aunque el nombre actual recién llegaría en la década del 80’, ya cargaba con la búsqueda sonora que los guiaría las siguientes cinco décadas. Por esos tiempos, cuando Alex Lora, cantante y líder de la banda, tenía apenas 16 años, México se sacudía en la brutal represión del amplio movimiento social que reclamaba por mayor autonomía universitaria, libertad a los presos políticos, fin de la represión estatal y mejores condiciones laborales. Ese hecho, luego conocido como “la matanza de Tlatelolco”, fue retratado por la periodista y escritora mexicana Elena Poniatowska: “Todavía fresca la herida, todavía bajo la impresión del mazazo en la cabeza, los mexicanos se interrogan atónitos. La sangre pisoteada de cientos de estudiantes, hombres, mujeres, niños, soldados y ancianos se ha secado en la tierra de Tlatelolco. Por ahora la sangre ha vuelto al lugar de su quietud. Más tarde brotarán las flores entre las ruinas y entre los sepulcros”. Las melodías aún jóvenes de El Tri ya resonaban con el clima de época y parieron una identidad musical anclada en el rock rebelde y la crítica social.

Lalo Chico, guitarrista de El Tri.
Lalo Chico, guitarrista de El Tri.

En ese tono se refiere Lalo a la desaparición forzada de 43 estudiantes en Iguala en el 2014: “Es una guerra de partidos políticos, con Enrique Puñetero – así le dicen a Peña Nieto – a la cabeza. ‘La mafia entra donde no entra el sol’, como escuché en una película. Esos chavos ya no van a aparecer, es una gran lástima. Pueden haber estado involucrados los narcos. Hay mucha violencia, inseguridad, pero los gobiernos son los culpables. El amarillismo de los medios de alguna forma incita a esa violencia. Y mucha policía”.

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Lalo Chico, a pesar de su apellido, ya llegó a los 60 y lleva 24 con El Tri. Con su trayectoria y la pasión intacta es una presencia indiscutida en los escenarios de blues, invitado de honor en los shows de las bandas que arrancan y un habitué de Ruta 61, donde juega de local. Por whatsapp usa notas de voz y secuencias largas de emoticones en combinaciones misteriosas como queelbluesestéconvos seguido de pianito-semicorchea-corchea-pentagrama-saxo-trompeta-guitarra-extraterrestre-calavera-ojitos-explosión. Y así van las conversaciones. Esa misma espontaneidad con la que se sumerge en cada nota como si la descubriera por primera vez. Con la exacta fascinación con la que comparte sus recuerdos más entrañables: “Nunca pensé que iba a ser nominado a los Grammy o que iba a conocer a BB King. Gracias a la música, a El Tri, pude hacerlo. A BB King lo conocí por Pappo, cuando estaban haciendo una gira juntos. Me acuerdo cuando lo vi a Pappo por primera vez, iba con su Gibson SG. No le fue muy bien con nuestros hinchas, porque se resbaló justo antes de entrar a cantar y salió al escenario puteando, lo oyó la gente y se sacó, le empezaron a tirar con cosas. A las cinco rolas se chingó y se bajó. Hablar de Pappo es hablar de un monstruo de la música argentina, dio a conocer el blues allá abajo, en Argentina, Chile, Uruguay. Fue una pérdida muy grande. Ahora toco con el hijo, Luciano, cuando voy para allá”.

Club de blues del DF.
Club de blues del DF.

Allá es Argentina, claro. Entre los logros que se acopian – basta nombrar que El Tri lleva vendidos más de 30 millones de discos y cuenta con 5 nominaciones a los Grammy –, el vecino sureño para Lalo guarda especial importancia: “La gente es muy prendida, muy caliente. La mejor tocada de mi vida ha sido en Cemento, un domingo de Pascua, como en el 97’.  No creíamos que se fuera a llenar, pero explotó, nos hicieron salir tres veces. Fue el momento de la identificación de nosotros con el público realmente argentino. Nos dimos cuenta de que hay mucho rock and roll y blues”. Es que, aunque siempre con un pie en su México lindo y querido El Tri se hizo y se vive viajando:

Imágenes: NosDigital.
Imágenes: NosDigital.

– El Tri nunca para, está siempre girando, en movimiento. Este año estuvimos en Perú, Argentina y en distintos lugares de Estados Unidos. Allá tocamos para público latino, mexicanos, argentinos, portorriqueños… Lo que pasa es que la gente que se va para allá se siente agredida por los gringos, hay mucha represión. Entonces cuando vamos a tocar para allá, explota, hay como una liberación, y a veces se vuelve un poquito agresivo. No quiero decir que siempre es así, también van a divertirse, llevan niños, se juntan varias generaciones.

***

A Lalo lo llaman del escenario. Terminó la prueba de sonido y es hora de cargarse la viola y tocar. Deja su vaso de agua mineral sin hielo y recorre los pasos que lo separan de su verdadero yo. Aunque parece no haber transición, ni se suena los dedos, ni rota los hombros. Nada. Se sube y toca. Como quien respira. Antes de entregarse a ese ritual de pura vida, se da vuelta y agrega como despedida:

–  Si los ven a los chicos de La Renga, salúdenlos de mi parte.