“Vieron en Nicaragua lo que no pudieron concretar en Argentina”

Cuando se habla del activismo militante setentista en la Argentina, no suele mencionarse a aquellos que no solo alimentaron el sueño revolucionario en su país sino que también recorrieron tantísimos kilómetros para colaborar con otros movimientos revolucionarios americanos. Por eso nos juntamos con Roberto Parsano y Santiago Nacif que, junto a Daniel Burak, dirigieron Nicaragua…el sueño de una generación para mostrar en el 2012 esas experiencias internacionalistas nacidas en suelo argentino. La militancia argentina a través de la Revolución Sandinista.

 

Imagen: NosDigital

 

-¿Cuál fue la motivación para tocar una revolución centroamericana?

Roberto: Creo que hay dos motivos por los que llegamos a Nicaragua, uno tiene que ver con la posición política latinoamericanista que tenemos y por la cual siempre nos importó el tema de las revoluciones en el continente. Cada vez que se habla de revolución se habla de la cubana, pero también hubo otra en el ´79, la nicaragüense, que también ganó, aunque luego haya tenido otro camino que la cubana. La otra razón es más personal. Tuve una compañera nicaragüense de la facultad que vino a la Argentina en el ´83, y por las noches me contaba sus experiencias allá: cómo era su vida cuando estaba en la primaria, en la secundaria y lo que fue la revolución. A la hora de encarar el proyecto, decidimos abordar la película de modo de contar algo que nunca había sido tocado. De ahí que nos concentrásemos en la historia de los argentinos que se fueron exiliados de acá en la dictadura del ´76 a colaborar con la revolución sandinista.

-¿Cómo sintieron esa contradicción que tuvo el sandinismo de ser por un lado la última –y segunda en América- revolución victoriosa, pero a la vez diez años más tarde llegar a perder las elecciones en manos de un partido apoyado por Estados Unidos?

Santiago: El sandinismo en los once años que estuvo en el poder tuvo que llevar una guerra contra las fuerzas contrarrevolucionarias que hizo que se destinasen la mayoría de sus recursos a la defensa de la revolución. Convengamos que es un país pobre, con pocas actividades económicas y justamente los pocos recursos que entraban por el ron y el café se iban en esa defensa, constituyendo un límite material al avance revolucionario. Y esto se manifestó en la derrota electoral del ´90, porque la gente ya no quería más guerra. Cuba, en cambio no tuvo que soportar una guerra tan directa. Habría que preguntarles a los yanquis por qué no llevaron una guerra directa tan cruenta en Cuba y sí en Nicaragua.

Roberto: Cuba tuvo el apoyo de la URSS y Nicaragua no, porque se dio temporalmente en paralelo con el descenso de este bloque. La guerra contrarrevolucionaria fue muy dura: primero los diez años de lucha revolucionaria y luego otra década dedicada a defenderse de los ataques de los contras. Todo esto dio como resultado que en 1990 la candidata de la UNO (Unión Nacional Opositora) Violeta Chamorro fuese bien vista por ser la que iba a asegurar la paz con los Estados Unidos –que financiaban la contrarrevolución- ya que la apoyaban.

Santiago: Y efectivamente la guerra terminó, pero le siguieron los inconvenientes que atravesó todo el continente con el neoliberalismo en la última década del siglo XX.

-Y dentro del orden interno, ¿se gestó alguna contradicción dentro del FSLN?

Santiago: Esto es más a título personal, ya que no lo tocamos en la película. Tal vez, demasiado personalismo de Ortega para llevar a cabo la revolución. Hubo un punto importante y una realidad que fue que nunca el Sandinismo pudo llegar a la costa Atlántica, territorio con otras características étnicas y lingüísticas de sus habitantes. Ese fue un punto flojo dentro del poder sandinista, aunque no creo que haya sido un detonante para la derrota. El gran tema ahí fue la guerra. Los contras minando constantemente los avances. Estar en los cafetales mirando el cielo para ver si caía una bomba.

-La película gira también en torno a la experiencia de combatientes argentinos que colaboraron con el Frente en la lucha armada contra la dictadura local. ¿Qué les motivó a ir hacia un lugar tan lejano para un argentino?

Santiago: Esta es la tesis de la película: ¿qué significaba para ellos Nicaragua? ¿Qué buscaban ahí? ¿Qué los motivaba ir a combatir a una revolución ajena? Bueno, ellos demuestran los valores del internacionalismo, que ninguna revolución es ajena y vieron en esa tierra los sueños que tenían para su país que no pudieron concretar. y sin embargo ayudaron a la liberación de otro pueblo. Por esto que vivieron esta experiencia con mucha alegría, sumado a estar construyendo un país de la nada que era lo que habían dejado 45 años de dictadura de los Somoza -padre e hijo-, ya que no era un país, era la finca privada de una familia.

-¿De qué modo reaccionaron ellos luego de la derrota en 1990?

Roberto: No la esperaba nadie, ni la propia UNO. No hubo festejos en la calle, se daba por descontada la victoria del FSLN. Para todos se vivió con mucha angustia y eso se ve que la mayoría de los entrevistados argentinos de la película se vuelven al país, ya que no le veían sentido a quedarse.

-¿Cuál es la opinión de ellos del actual gobierno sandinista?

Santiago: En los protagonistas está dividida la opinión con Daniel Ortega hoy. Todos se definen como sandinistas. Nosotros estuvimos en Nicaragua en el 2009 y también observamos que el pueblo es sandinista. Aunque algunos apoyan y otros no a Ortega. No es lo mismo, aclaramos, un gobierno revolucionario que llega por medio de la movilización popular que otro que llega por el juego democrático. Obviamente para ganar las elecciones en el 2006, Ortega se alió con parte de la derecha. Es complicado el tema político, ya que en las alternativas que plantea Nicaragua es bastante dicotómico el asunto. Es Ortega con el apoyo de Chávez si se quiere o la derecha aliada a USA. Es como blanco o negro.

“Llamarse Santucho es un honor”

Desde Santiago del Estero viajaron los conceptos de uno de los más representativos integrantes de la familia Santucho.  A 36 años del asesinato de Roberto “El Robi” Santucho, fundador histórico del ERP-PRT, su sobrino Luis comparte con nosotros cómo es llevar el apellido, pero sobretodo cuál es la forma en la que se encara el legado de lucha en el presente. 

Luis Horacio Santucho es uno de esos personajes que prometen de antemano historias y recuerdos para escuchar con atención, se convierte en una cita de compromiso por el peso de un apellido, pero más bien por una responsabilidad que excede lo hereditario. Es sobrino de “El Robi”, como llama a su tío, ni más ni menos que el fundador e ideólogo del Ejército Revolucionario del Pueblo, uno de los guerrilleros más reconocidos de la década del setenta. Por su lado, Luis es una de las caras visibles de la lucha en defensa del campesinado en Santiago del Estero y además, un reconocido abogado que actualmente encara causas de la última dictadura militar. A sus 52 años escribe notas en su blog personal –http://luishoraciosantucho.blogspot.com.ar/– y también se le arrima al Twitter -@luissantucho-: “Hay que visibilizar las causas que acallan los grandes medios”.

-¿Cuándo surgió el Modepa?, ¿en qué consiste?

-Surge de un grupo de compañeros, de una confluencia de gente que veníamos de participar o ayudar en movimientos campesinos y otros que venían de organizaciones de derechos humanos. Lo que hicimos fue conformar este movimiento para construir una herramienta electoral para participar en el aspecto político y en las organizaciones del Estado. Por ahora recién estamos haciendo los trámites, buscando las afiliaciones, etc. para poder ser un partido reconocido por parte del Estado.

-¿Cómo es la situación actual de los trabajadores agrarios santiagueños?

-La valorización de la tierra, fruto del avance de la soja, hace que la situación de los pequeños productores esté acusada por esta coyuntura que genera que sus derechos sean cercenados, por eso hay un fuerte trabajo por parte del MOCASE para que los campesinos puedan conocer estos derechos y puedan defenderse.

 

-Además Luis, sos querellante de la Fundación Argentina de Derechos Humanos. ¿Cómo conjugás esta doble militancia?

-En lo personal, participar en los juicios es muy importante por todo lo que nosotros vivimos, por lo que estamos viviendo y por los testimonios que están apareciendo. A mitad de julio reanudamos un juicio que estuvo suspendido por 20 días y en el que se compilarán testimonios que son vibrantes, emotivos, duros. Esto está teniendo eco en la opinión pública, ya que la gente se está encontrando con realidades de hace 37 años atrás que no se imaginaban que pasaron en Santiago del Estero. El juicio tiene un sentido educativo muy valioso, ya que hemos sufrido tiempos durísimos incluso post-dictadura con este tema. Porque la dictadura tuvo cierta línea de continuidad hasta los `90 con el Juarismo, un movimiento autoritario que tuvo gran poder sobre los ciudadanos y el poder público.

 

-¿Pudiste escuchar las declaraciones de Videla donde tildó a Mario Roberto Santucho de ser el subversivo más peligroso de los ´70?

-La semana pasada hubo un careo con el jefe de Campo de Mayo por ese entonces en 1976, el General Riveros, y se deslizó la posibilidad de saber dónde está enterrado el cuerpo de Santucho. Pero es como que no quieren hablar, no quieren saber, no quieren informar el lugar dónde está enterrado el cuerpo de mi tío. Y es lo que estamos buscando, sus hermanos que ya están llegando a los 80, sus sobrinos. Se relaciona con un valor de la humanidad que es darle culto a nuestros muertos, que es algo muy importante para nosotros porque es una cuestión muy incorporada en la cultura rural santiagueña. Y eso se nos está negando. Se nos está negando la posibilidad de poder ponerle una flor a su tumba.

-¿Cómo es vivir en Santiago con el apellido Santucho?

-Durante mucho tiempo el apellido Santucho fue difícil, el sistema dominante de ese momento –por el año 1986- lo demonizó. Pero lo llevamos nosotros con mucha dignidad y honor. Acá en Santiago pesa mucho y está vinculado a las cuestiones y a las batallas de la vida cotidiana. El apellido Santucho está fuertemente relacionado con las actividades políticas, porque fue donde Mario Roberto inició sus primeras experiencias políticas. A pesar de que luego se trasladó a Tucumán, su origen santiagueño siempre estuvo vivo. Con el paso del tiempo se fue agigantando su figura revolucionaria, y con esto el orgullo de ser familiar. Por eso es que no resulta fácil, porque hay que estar a la altura.

-Dijiste alguna vez que te sentís del ERP a pesar de no haber participado.

-Lo que intento hacer es darle persistencia a sus ideas. Me siento continuador desde mi rol de abogado de organizaciones campesinas, como defensa de los derechos de los pueblos indoamericanos, que sigue siendo un sujeto social presente. Esa idea que ellos no pudieron concretar en su momento.