El corso de Chiapas

Fotorreportaje en el centro de la selva mexicana del ritual que saca todo un pueblo a la calle, entre arengas, cantos y un baile que se siente perpetuo y fatal. Los Parachicos sacuden la vida cotidiana y abren una brecha: cada enero Chiapa de Corzo se levanta y resurge.

El rojo, no sin luchar, llegó a la costa del río. Asumieron la posibilidad certera de ser derrotados para elegir el suicidio. La conquista española tenía un enquistamiento de resistencia en territorio mexica que decidió saltar los 1300 metros de la pared más alta del cañón para ser agua y sangre en el río Grijalva. Antes que esclavos. Desapareció el pueblo chiapaneca al calor del invierno de 1528 y al frío de la dominación europea.

Frente al mismo río, el pueblo de Chiapa de Corzo se ofrece todos los años del 8 al 23 de Enero, en una de las fiestas más añejas del Estado mexicano de Chiapas.

Arengan dos hombres y un agitar de maracas incesante. Las luces apagadas para que solo el sol ilumine apenas la imagen de metro y medio de San Sebastian en el fondo del cuarto. Se vuelven gritos de aliento, a los saltos, ya con las máscaras puestas. Las maracas de hojalata o madera hechas zumbidos permanentes. Dos Parachicos se alistan para salir a la calle, donde se va a mover. Son los que copan el pueblo con una montera de ixtle a manera de peluca rubia, un gran poncho negro con uno pequeño bien colorido al que llaman sarape por encima, pantalones sueltos de lentejuelas que dibujan Cristos con flores silvestres y la cabeza por total cubierta con una máscara de madera a rasgos de blanco europeo.

Es la Fiesta Grande. Van en un estado de pleno transe de danza y cantos, por banderas e imágenes de los santos patronos para recorrer las iglesias del pueblo. El sol pega en el negro de los atuendos y obliga a Parachicos de todas las edades a abandonar la masa fulgurante para descansar.

La tarde entra entre vendedores de cruces floridas, tasajo y ropaje de cama. La cerveza hecha michelada por el grosero picante hace populosos a los baños por dos pesos mexicanos.

La plaza central, devenida en parque de diversiones y feria de kermés, se vuelve el centro de los festejos de un ritual que funde las religiones mesoamericanas con la evangelizadora.

La Fiesta Grande de Chiapa de Corso.
La Fiesta Grande de Chiapa de Corzo.
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Los Parachicos con sus monteras de ixtle que lucen de pelucas rubias.
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La máscara tradicional. De tez blanca y bien ruborizada.
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Michelada: Cerveza picosa.
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Frente al Templo de Santo Domingo de Guzmán.
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El aura de lentejuelas.
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Máscaras negras resaltan por poco frecuentes.
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Pocas mujeres adoptan los trajes de Parachicos.
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Imágenes: NosDigital
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Vírgenes a carretilla.
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En trance.
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Fiesta Grande 2015.

 

DΔDƎLOS ΔTIUQZƎM

Por La chica que corre el bondi.

Soledad llegó temprano. Era sábado, de medio día, en la avenida Bullrich 55, cerca de la esquina Cerviño. El sol de primavera le sonrojaba las mejillas. Buscó un cigarrillo en el bolsillo delantero de su cartera con correa larga. Estar ahí la ponía nerviosa. Lo prendió compulsivamente, aspiró profundo llenando de humo sus pulmones, repitió y recién después, exhaló. Se puso en la fila pensando en su abuelo. Pensó en la reconstrucción que hizo entre una frase y una foto amarillenta en Jerusalén. Pensó que ni siquiera tenía claro en qué pensar, pero quizás, un escenario parecido al de la foto percudida los acercaría.

¿Documentos? –

¿Cédula está bien? –

Sí, ¿viene sola? –

Sí –

*

De Palermo.
De Palermo.

Isa llevaba puesto un traje gris que le quedaba grande. Isa significa Jesús, dijo cuando recibió al grupo en la entrada –tras entregar la cédula– de la Mezquita más grande de Latinoamérica. Eso también dijo Isa, la más grande acentuó. Soledad la había escuchado nombrar por su madre como la de Palermo, pero el nombre era mucho más largo: Centro Cultural Islámico Custodio de las Dos Sagradas Mezquitas del Rey Fahd. Eso, extrañamente, no lo dijo Isa, el guía del lugar.

*

Soledad volvió a leer el mail en su celular: “Las visitas se suspenden por lluvia. Les recordamos que el Centro Cultural Islámico Rey Fahd es un lugar religioso, por lo tanto se ruega vestir ropa recatada para ingresar (es decir, sin escotes pronunciados, ni ropa por encima de las rodillas)”. Miró el cielo radiante y pensó que quizás el traje notoriamente grande de Isa buscaba lo recatado de la ropa suelta. O quizás sólo le gustaba así. Tenía en lo alto de la pantalla un sobre cerrado. Era un mensaje de su hermano: “Te busca mamá. Dónde fuiste? Dejate de joder con eso del abuelo, no sabemos ni si es el de la foto”

Fotos y velo.
Fotos y velo.

*

Vamos a recorrer el patio del colegio, el centro de idiomas y la Mezquita –

La voz de Isa la sacó del titubeo. Soledad caminó junto al grupo. Atravesaron el pasillo que unía la oficina de informes donde registraron sus datos con el primer patio. Bordearon la fuente con forma de estrella simétrica ubicada en el centro. Soledad caminó junto al grupo por la pasarela de goma negra sobre las cerámicas del piso para no resbalarse. Una señora de vestido floreado le llamaba a atención, la foto la había encontrado en la casa de su abuela después de que falleció, ordenando cajas. Un joven posaba en Jerusalén. Nunca le pudo preguntar a su nona si era a él a quien había dejado cuando vino de adolescente embarazada a Argentina. La foto tenía atrás una frase, en árabe, que no se llegaba a leer. Las letras empezaban sobre el margen derecho e iban hacia la izquierda. El resto de la historia era una construcción de suposiciones que Soledad desarrolló y que al resto de su familia le parecía una locura.

El Centro Cultural Islámico Rey Fahd.
El Centro Cultural Islámico Rey Fahd.

La señora le daba seguridad, decidió que la visita guiada la haría cerca de ella. Por una puerta en forma de arco casi cuadrado –bajo otro arco semicircular– llegaron a un hall y luego al patio del colegio.

Isa señaló las instalaciones educativas a la derecha, las oficinas administrativas y un sector de alojamiento que no se utiliza al frente, y algunas palmeras que antecedían al pasto a la derecha. Soledad se sintió pequeña en la inmensidad del espacio a cielo abierto que una mujer buscaba capturar en la pantalla del celular.

Funciona jardín de infantes y primaria. Si Dios quiere va a empezar a funcionar colegio secundario también –

“Si Dios quiere”, Isa lo repetía continuamente.

Las instalaciones educativas que acaban de mirar desde el patio cuentan con dos colegios, leyó Soledad: uno para hombres y otro para mujeres, un jardín de infantes, una biblioteca –con capacidad para más de 10.000 libros– y un salón para comer.

150 alumnos en total, dijo Isa. Soledad pensó ¿nada más?

*

Volvieron a pasar por el hall, a la derecha: los salones que conforman el centro de idioma árabe. Isa se apoyó sobre el escritorio frente a los pupitres, veinte aproximadamente. Parte del grupo quedó parado, bordeando las paredes decoradas con cartulinas que mostraban el alfabeto, números, días de la semana, meses. Intentó identificar entre las palabras de la pared alguna similar a las de la foto. No pudo, le parecía imposible aunque Isa decía que se podía aprender fácilmente, que era difícil sólo al comienzo.

El Corán es el último libro revelado por Dios el altísimo, dijo Isa. Y agregó: fue revelado por el ángel Gabriel en árabe. Por eso es sólo sagrado en ese idioma, existen traducciones pero no son sagradas y aunque en el grupo se lo preguntaron varias veces –excesiva cantidad de veces creía Soledad- Isa lo repitió siempre sonriendo.

*

Estaban de nuevo en el primer patio, junto a la fuente de estrella simétrica. El agua se retroalimentaba en el centro. Desde ahí Isa señaló los dos minaretes desde donde se llama al rezo, cada uno con una medialuna que con sus puntas señala la orientación hacia donde debe hacerse la oración. Los arcos cuadrados y semicirculares rodeaban la edificación sobre las puertas de vidrio decoradas con formas geométricas. El patio, este también, era de grandes y cuadradas dimensiones. Soledad cerró los ojos, intentó imaginar al señor de la foto mirando el minarete. Apretó los párpados con fuerza.

Musulmán es todo aquel que se somete a la voluntad de Dios –

Interrumpió su concentración Isa y agregó: Paz y bendiciones.

*

Imágenes: NosDigital
Imágenes: NosDigital

En sentido opuesto al centro de idiomas, las puertas conducen a la mezquita. El salón previo a la zona de rezo era, nuevamente, un enorme hall rectangular. Ahí se dejó el calzado, el piso estaba frío, todavía no habían llegado las alfombras. Por una de las puertas centrales Isa entró, primero, al espacio completamente alfombrado. La luz se colaba por la cúpula vidriada en el centro del techo y dibujaba formas. Las paredes blancas y las columnas relucían. Sobre la alfombra varios tomos de Corán, traducidos y no, y cajas con pañuelos descartables. A Soledad le parecieron necesarias cuando sintió el nudo en la garganta. Varios minutos antes la llamada al rezo del mediodía se había hecho escuchar. Isa se apuró a despedir el grupo. Algunos le agradecieron mientras buscaban nuevamente su calzado. Soledad se puso las zapatillas rojas y blancas y se asomó por una de las puertas para ver cómo rezaban. La capacidad del lugar era para mil quinientos orantes. Soledad los contó: junto a Isa había tres más, y su abuelo, pensó, aunque no podía verlo.

Reflejo en vos.
Reflejo en vos.

Tȉtogrād

El sueño de la nación de naciones no sobrevivió a la muerte de su mentor. La que supo ser Yugoslavia del Mariscal Tito en fotorreportaje. Religión, frontera, masacre y futbol.

Ese bus que tenía que hacer con nosotros 230 kilometros. Subimos en Mostar, el pueblo bosnio del anguloso puente sobre el río Neretva. Buscando las costas del Adriático en la ciudad amurallada de Kotor, Montenegro. El trámite nos llevó algo más de seis horas sobre ruedas y ocho nuevos sellos en cada pasaporte.

En la entrada a la ciudad, cincelado en lo alto del principal portal, se lee Tude necemo svoje ne damo (No necesitamos las cosas de otras personas, y no damos las propias), con la pequeña firma de Tito a su lado.

Luego del 4 de mayo 1980, sucedida la muerte del Mariscal Tito en Ljubljana, inmersos en una crisis económica inflacionaria, las agitaciones entre las seis repúblicas que conformaban la República Federativa Socialista de Yugoslavia se acrecentaron. Eslovenia y Croacia se declararon independientes en 1991. Bosnia-Herzegovina y Macedonia, al año siguiente. La resistencia de Serbia, como república central de aquel Estado multinacional, encarnada en la fuerte militarización de los enfrentamientos, llenó de muerte la península balcánica.

Los desencuentros históricos entre las Repúblicas Socialistas fueron solo contenidos por la figura aglutinante de Tito en su proyecto de Yugoslavia como país en la vía al socialismo independiente. Inmerso en plena Guerra Fría, impulsó la estrategia del Movimiento de Países No Alineados para evitar encolumnarse tras cualquiera de los bloques irreconciliables. A la muerte del líder yugoslavo, las diferencias nacionales, económicas y políticas se agudizaron con la inclusión de factores religiosos, profundizando las guerras de independencia en enfrentamientos étnicos. El genocidio bosnio-musulmán con fusilamientos masivos en Srebrenica, ciudad declarada segura por la ONU, se anota como la mayor masacre colectiva en Europa luego de terminada la Segunda Guerra Mundial.

Para inicios de 1996 aquellas guerras habían terminado. La República de Montenegro recién se iba a independizar pacíficamente de Serbia en 2006. Pero los conflictos no dan término. Los territorios de mayoría étnica albanesa que en tiempos yugoslavos fueron la Provincia Autónoma de Kosovo dentro de la República Serbia buscaron su independencia. Un conflicto hoy día irresuelto que tuvo su momento álgido en los bombardeos de fin de milenio de la OTAN sobre Belgrado, capital serbia.

Las marcas de todas las guerras se iluminan aún en cada rostro y en cada muro, igual que los recuerdos de aquella Yugoslavia que llenó de orgullo por la expansión de su política de bienestar interno e independencia externa. En las calles pesa una atmósfera extraña: un olvido que se funde con la melancolía sobre el pasado -que suena contradictorio solo la primera vez que se lo escucha- y con el recuerdo de una guerra salvaje impostergable en la memoria. Las referencia al Mariscal son nulas, las había pero han sido borradas: la capital de Montenegro Titogrado ahora es Pogdorica, la ciudad kosovar de Kosovska Mitrovica supo ser Titova Mitrovica, la única estatua en toda la ex Yugoslavia que lo representa está al lado de su mausoleo, devenido en museo, en las afueras de Belgrado.

Mientras, el recuerdo en la memoria colectiva es fuerte, no se acalla, sin siquiera escaparle a las nimiedades: al entrar a aquel bar futbolero donde miraban los goles de Lanús de la última fecha -dándole a cualquiera un golpe certero de globalización- mientras se levantaban apuestas legales hasta de la serie B nigeriana, el montenegrino Nikola aseguraba con vehemencia que hoy una Yugoslavia unida podría haber armado un equipo para pelearle fuerte a Alemania el Mundial y no haber perdido de local contra Moldavia 5-2 para quedar fuera en las eliminatorias.

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Castillo de Ljubljana, en la homónima ciudad de Eslovenia. / Mostar, Bosnia y Herzegovina.
Cementerio musulmán en Sarajevo,  Bosnia y Herzegovina. / Desde el tranvía en Belgrado, Serbia.
Cementerio musulmán en Sarajevo, Bosnia y Herzegovina. / Desde el tranvía en Belgrado, Serbia.
Mercado de abasto de Pristina, Kosovo/Serbia. / Yugo era la automotriz emblema de Yugoslavia. Belgrado, Serbia.
Mercado de abasto de Pristina, Kosovo/Serbia. / Yugo, la automotriz emblema de Yugoslavia. Belgrado, Serbia.
Sarajevo, Bosnia y Herzegovina. / Playón de juegos. Skopje, Macedonia.
Sarajevo, Bosnia y Herzegovina. / Playón de juegos. Skopje, Macedonia.
Vardar Skopje contra FK Pelister, en las tribunas del superclásico de futbol macedonio. Skopje. / Las cicatrices de guerra. Mostar, Bosnia y Herzegovina.
Vardar Skopje contra FK Pelister, en las tribunas del superclásico de futbol macedonio. Skopje. / Las cicatrices de guerra. Mostar, Bosnia y Herzegovina.
Plaza central de Skopje, Macedonia. / El lago Ohrid es frontera entre Macedonia y Albania.
Plaza central de Skopje, Macedonia. / El lago Ohrid es frontera entre Macedonia y Albania.
El Stari Most -"Puente Viejo"- en Mostar, el Stari Most Bosnia y Herzegovina. / Ohrid, Macedonia.
El Stari Most -“Puente Viejo”- en Mostar, el Stari Most Bosnia y Herzegovina. / Ohrid, Macedonia.
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Balsero en el camino entre Perast y el Islote Sveti Dorde. Mar Adriático, Montenegro. / Poblado bosnio de los Alpes Dináricos a orillas del río Neretva.
La casa de las flores, el mausoleo de Josip Broz Tito. Belgrado, Serbia. / El puente del ojo, construído en 2011. Skopje, Macedonia.
La casa de las flores, el mausoleo de Josip Broz Tito. Belgrado, Serbia. / El puente del ojo, construído en 2011. Skopje, Macedonia.

Península Balcánica, 2014.

“Más israelíes que judíos”

Fotorreportaje de norte a sur israelí. En medio de justificaciones históricas actualizadas, el día a día continúa en marcha.  Una búsqueda incesante que entremezcla pueblos con la conformación de un Estado y sus alianzas estratégicas.

 

“Si no es aquí, los judíos deberemos ir al mar. No nos queda otro lugar, esta es nuestra tierra”, se escucha a Martín, el guía que nos acompaña en todo el recorrido por Israel. En forma de eco esta afirmación, presuntamente necesaria y verdadera, se replica por las rutas, las ciudades y los pueblos.

Al anterior análisis moderno y políticamente correcto, lo complementa una obsesión por la propia justificación basada en una serie de interpretaciones sionistas de hitos históricos o religiosos en la búsqueda incesante de explicarse. Pero explicar qué. ¿La existencia de un Estado?, ¿la preexistencia de un pueblo?, ¿el quehacer geopolítico?.

Según la Biblia, tras salir de Egipto, el pueblo judío en el Éxodo vagó por el desierto durante una generación, para luego llegar a la tierra de Canaán. “En aquel día, el Señor hizo un pacto con Abram, diciendo: `A tu descendencia he dado esta tierra, desde el río de Egipto hasta el río grande, el río Eufrates´”1.

La interpretación de documentos para probar la presencia histórica del pueblo judío tiene como argumento más antiguo las glorias por las conquistas en tierras de Canaán hacia 1210 a. C. del faraón egipcio Merenptah: “Los príncipes están postrados, diciendo: ¡clemencia! Ninguno alza su cabeza a lo largo de los Nueve Arcos.(…) Yanoam parece como si no hubiese existido jamás, ysyriar (Israel) está derribado y yermo, no tiene semilla. Siria se ha convertido en una viuda para Egipto. ¡Todas las tierras están unidas, están pacificadas!”2.

El 2 de noviembre de 1917, Arthur James Balfour, Ministro de Asuntos Exteriores británico escribía a la Federación Sionista explicando que “el Gobierno de Su Majestad contempla favorablemente el establecimiento en Palestina de un hogar nacional para el pueblo judío y hará uso de sus mejores esfuerzos para facilitar la realización de este objetivo, quedando bien entendido que no se hará nada que pueda perjudicar los derechos civiles y religiosos de las comunidades no judías existentes en Palestina ni los derechos y el estatuto político que gocen los judíos en cualquier otro país”.

Israel como Estado se ha erigido, al igual que tantos otros, a través de procesos de conquistas que muchos –con sostenidas razones– calificarán de injustos. Pero desde cuándo hay justicia en una conformación estatal. Como tantos otros países: sometiendo, luchando y asesinando. Lo que tiene poco de novedoso u original. La asociación entre la violencia y el Estado israelí no es una excepción en cuanto a su conformación reciente, los tintes singulares aparecen con la penetración de justificaciones religiosas e históricas que no logran más que empantanar la situación.

Con Martín tratamos de no profundizar en debates políticos porque de movida nos entendimos en posiciones lejanas, y el viaje era largo para andar mirándonos de reojo tantos días. Pero es en sus palabras donde encuentro más explicaciones para entender la existencia de Israel: “Es que los judíos israelíes ya son más israelíes que judíos”.

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1Génesis 15:18
2Estela de Merenptah, descubierta en 1896 por Flinders Petrie.

¿Dónde? En Laos

Fotorreportaje que te lleva en viaje por la esencia cotidiana de la gente del país más humilde del sudeste asiático.

Allá todo es distinto, es cierto. Los paisajes, las costumbres, la religión, la lengua, la comida. Podríamos estudiar años sobre el sudeste asiático y hasta viajar muchas veces, pero aún así no comprender del todo su filosofía de vida diaria. Podemos también seguir enumerando diferencias y así sumarle distancia a los miles de kilómetros que nos separan. Preferimos, en vez de alejarnos redundando en lo distinto, acercarnos descubriendo lo parecido. Porque las esencias humanas, esas que viven en los ojos de la gente, son iguales acá, en Suecia, en Vietnam, y claro, en Laos.

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“Pareciera que el sexo es el demonio”

La primera parte de la extensa nota a la monja brasilera Ivone Gebara, máxima representante de la Teología Feminista de la Liberación, arrancaba con una negación: “Ivone Gebara no está en Wikipedia”. La segunda arranca con más de sus análisis, consideraciones, visiones del mundo, preguntas, respuestas y teologías. Y terminará con una propuesta. Vamos:

Imágenes: NosDigital

“Pareciera que el sexo es el demonio”

Creo que pocas de nosotras hemos trabajado sobre la cuestión de la identidad de género (una de ellas, Marcela Althaus-Reid), la mayoría de las teólogas no ha trabajado aún sobre estas identidades y sobre la distinción género/genitalidad. Pero sí hay muchas filósofas (por ejemplo, Butler; ella trabaja mucho la cuestión de las múltiples identidades sexuales). Butler dice: “Por favor, no sean aristotélicos, no hagan nuevas definiciones: ‘animal primate, 32 dientes…¿Y qué es un hetero? ¿Y un gay? ¿Una trans? Lesbiana, homo…”. He hecho talleres, me invitaron a ser parte de ellos para conocer diferentes movimientos, y creo que la apertura respecto a lo “nuevo” también depende mucho de los lugares. Por ejemplo, en Sao Paulo, existe una violencia increíble contra los homosexuales. Los agreden, los matan…

La cuestión de la sexualidad en las Iglesias cristianas ha sido desarrollada de forma binaria: hombre-mujer, correcto-incorrecto, normal-anormal. Todavía no podemos salir de eso, no salimos de pensar en clave “naturaleza”, y eso es una trampa. Tenemos pudor de hablar sobre ello, como si la vivencia de la sexualidad fuese en contra de Dios. Pareciera que el sexo es el demonio. De todas formas, seguimos, me parece, en los primerísimos pasos respecto a estos temas.

“El niño es de quién lo hace, y de la sociedad”

La prohibición del aborto es el GRAN DOLOR de las mujeres hoy día. A veces, se lo toma como algo muy liviano, con hipocresía, facilismo. Lo primero que tengo para decir es que el aborto es un problema de SALUD PÚBLICA. Hay cosas que no puedes impedir: una gripe, la propagación de algunos virus, que las mujeres queden embarazadas. Lo imprevisto, en sí, es una parte de lo previsto. Cuando una mujer se ve con un embarazo no deseado, a veces fruto de una violación por desconocidos, por policías, entonces las Iglesias tienen una actitud romántica. “Es un nuevo ser”, dicen. Claro, ellos pueden decirlo porque no tienen el bebé en su panza, porque no sufrieron la violencia.
Los abortos mal hechos son la décima causa de mortalidad materna, por eso es que el aborto es una cuestión de salud pública. ¿Por qué el aborto es un crimen de las mujeres y no de los varones? Muchos hombres dicen: “O yo o él”, refiriéndose al futuro hijo. Y se van. La sociedad patriarcal condena a los cuerpos femeninos.
Hay que luchar por la descriminalización y legalización del aborto. Es un respeto a la elección de las niñas, de las madres. En Recife, hay un grupo que acoge chicas de la calle. Encontré una chica de 14 años. Estaba embarazada. No quería tener ese bebé: se golpeaba la panza, “No quiero”, gritaba. ¿Vamos a forzarla a que lo tenga? Eso ya no entra en Teología. Eso es salud pública. Y viene de la mano con dar educación sexual en escuelas, barrios y sobre todo -esto, por favor, subrayado con doble línea- para los varones jóvenes. Tenemos que crear conciencia, que los hombres se sientan responsables, el niño no es sólo de la mujer. Es también de quien lo hace y, claro, de la sociedad, que tiene la obligación de cuidarlo.

¿Cuál es la propuesta de esta nota? Tiene el objetivo de enmendar la primera negación. Ivone Gebara tiene que estar en Wikipedia. Y, por eso, este es el perfil creado para ella, a partir de todo lo contado, en el primer y segundo artículo de esta publicación y de todo lo que de ella se pueda encontrar en internet. Un boceto, mínimo, para seguir mejorándolo:

Ivone Gebara (Recife, 1944): Monja brasilera, de la congregación Hermanas de Nuestra Señora, teóloga, feminista y libertaria, referente de la Teología feminista de la Liberación, que ella fundó en 1980, tras haber estudiado Filosofía y Ciencias Religiosas en Europa y graduarse en ambas carreras.

Actualmente, es una de las voces más escuchadas tanto por el movimiento feminista como por aquellos que se oponen a la jerarquía de la Iglesia Católica. Está a favor del aborto, de la desnaturalización de la maternidad, en contra del academicismo por el academicismo mismo, de la teología metafísica y a favor de la acción social. Escribió varios libros y entre sus posturas más reconocidas, está aquella que menciona que “Hay que salvar al pueblo y no a la Biblia”. La mayor parte de su teoría la extrajo a partir del trabajo social que realiza hasta hoy con las mujeres pobres de Brasil. Sostiene, en ese sentido, que ellas están oprimidas por la Iglesia y que sufren muchísimos dolores, que esta institución no les permite canalizar. “Olvídense de Dios”, les pide muchas veces a sus compañeras, quienes, según ella misma cuenta, conciben que todo lo que sucede en el mundo, también lo no deseado, es obra y gracia del Todopoderoso y no de su acción para sostener o modificar trayectos propios de vida.

Parte 1 de la entrevista

“No hay que salvar a la Biblia, sino al pueblo”

A favor: del aborto legal y a expensas del Estado, de la elección de la maternidad, de que la vida de la gente la decida la gente. En contra: de los sacerdotes que viven confortablemente con sus manías, de un modelo capitalista perverso, de que la biblia esté por encima de todo. ¿Quién? Una monja, Ivone Gebara. Un caso que viene a poner, desde Dios, un jaque a Dios mismo.

Ivone Gebara no está en Wikipedia.
Fotos: NosDigital

Por eso, porque no contamos con el catálogo que encuadre todas sus subjetividades en un par de definiciones, la descubriremos a partir de lo que dice. Gracias a que internet se distrajo, en vez de ir de la taxonomía a los hechos, iremos de los hechos a la taxonomía. Y antes de dejar que las palabras definan a su portadora, haremos un aviso al que lea. Le contaremos, ya lo estamos haciendo, que la entrevista, dividida en dos entregas, es larga, pero sumamente interesante y además, que así como atrae, también atrapa. Después de conocer lo que dice esta mujer, de cabello blanco, sonrisa amplia, manos que explican y movimientos pausados, la cabeza se expande, explota, y muchos vocablos cambian de valor al mismo tiempo que de significado.

¿Una pista chiquita, como para darse una idea? Ivone, la de cuerpecito pequeño y rostro pacífico, es monja. Todo lo que le preguntan, lo anota en una libreta. Pide constantemente que la interpelen, que la corrijan. Y dice: “La moral católica no alcanza a las mujeres ricas. Ellas abortan y tienen los medios económicos que garantizan una intervención quirúrgica en condiciones humanas. Por lo tanto, la ley que la Iglesia defiende perjudica a las mujeres pobres. El aborto debe ser descriminalizado y legalizado. Más aún, debe ser realizado a expensas del estado… El aborto no es pecado. El Evangelio es un conjunto de historias que generan misericordia y ayuda en la construcción del ser humano. La dogmática en relación al aborto ha sido elaborada a lo largo de los siglos. ¿Quién escribió que no se puede controlar el nacimiento de tus hijos? Fueron los sacerdotes, hombres célibes encerrados en su mundo en el que viven confortablemente con sus manías. No tienen mujer ni suegra y no se preocupan de algún hijo enfermo; algunos hasta son ricos y tienen propiedades. Así, es fácil condenar el aborto”.

Sin más:

“Pero tú eres mujer…

Llevaba 15 años de enseñanza de la Teología de la Liberación, todo lo enseñaba desde allí. Pero un día encontré la teología feminista. ¿Cómo fue? Daba cursos de lectura de la biblia a un grupo de obreros, en la Diócesis de Helder Cámara en Recife, Brasil. Uno de los obreros era casado, y su mujer tenía dos hijas. Yo la invitaba a que venga a las charlas, pero ella no quería venir, decía que tenía que cuidar a las chicas. Entonces, un día fui hasta su casa y le dije a los ojos: “¿Por qué no quieres venir?”. ¿Sabés por qué no voy? ¿Quieres saberlo? Porque tú hablas como un hombre”, “Pero si soy mujer…”, “Pero no conoces nada de la vida de las mujeres, de las obreras, las que estamos casadas con obreros. Nunca dices que sostenemos la casa, que, cuando no hay comida, hacemos todo por conseguirla…”.

“Es verdad”, pensé, yo no hablaba de eso..

“Hablas sólo de sindicatos, salarios, luchas…”. Me hacía preguntas: “¿Sabes qué pasa con nosotras los viernes? Ellos reciben sus salarios el sábado, el viernes suele haber poca comida, tenemos que salir a pedir, ¿Sabes algo de nuestra vida sexual?”. Me empecé a dar cuenta de mi total ignorancia respecto a ello. La teoría que había aprendido nunca me había hecho enfrentarme a la mujer en sí. “Pero tú eres mujer”, me dijo ella.

Empecé a sentir, así, desde mí misma, desde mi ser, un malestar respecto a la Teología de la Liberación, no por el hecho de la liberación en sí, sino por sus características abstractas. Las sujetas sufrientes no tenían espacio allí, no eran escuchadas. Lo hablaba con teóricos marxistas de Brasil, les contaba que las mujeres se habían reunido para bordar. Me decían: “Eso no cambia la estructura”. Les contaba otras cosas: “Eso no cambia la estructura”. Y comencé a sentirme molesta: “¿De qué estructura me hablan?”. Hablaban de Liberación, pero las historias concretas no eran consideradas historia. La palabra patriarcal “Historia” es la historia de los grandes hechos. Sentía que la historia de las mujeres, respecto a su cuerpo, a la forma de socialidad que construían, no era considerada un tema teológico.

Así, con todos esos aportes y descrubrimientos, es como en 1980 se empieza a pensar, en Buenos Aires, la teología feminista de la liberación. Nos juntamos muchas de las mujeres que comenzábamos a transitar por ese camino, éramos 30. Nos contamos de dónde veníamos, lo que pensábamos, y nació un librito: “La mujer hace teología”. Fue la primera piedra del movimiento. Éste siguió luego por América Central, México… hoy la teología feminista es un fenómeno diverso y con muchos problemas, que se está volviendo cada vez más académica y así está perdiendo conexión con el medio popular.

(¿Cómo hacer para lidiar con eso? No lo sé, claro, porque la academia también es necesaria, mas, en la corriente en la que me ubico, no existe LA teología; más bien hay teologías. LA teología trabaja con dolores abstractos: el sufrimiento, la salvación, “Dios viene a salvarte, Dios te quiere…”, no se sale de eso. Queremos volver a lo vivido, nombrar los dolores, nombrar los esperanzas, que la salvación sea, pero sea de unos para los otros).

“Tienes que ser madre. No ser humana”

A las mujeres nos dieron una definición desde antes que nazcamos: tenemos que ser madres, sí o sí madres, y sometidas. Existe una naturalización de la maternidad. Pero nunca escuché hablar de la naturalización de la paternidad. A las monjas, incluso, nos dicen: “Ya que no puedes ser madre, entonces tienes que ser una madre espiritual, dar amor a los otros…”

Las mujeres tienen que tener la ELECCIÓN de la maternidad. Hasta la ciencia, con los alquileres de útero por ejemplo, refuerza la idea de la no-elección. Tienes que ser madre. No ser humana, libre, solidaria, no. Ser madre. Es un poco limitado. Las monjas, por ejemplo, tenemos el prurito de hablar de la sexualidad: tenemos que avanzar mucho, antes que en la teología, en la comprensión del ser humano. En todo lo que nos falta entender de la relación entre el hombre y la mujer.

Hay muchas teologías feministas, tantas como teólogas (lo mismo que entre los varones, claro). Aunque una sea luterana, presbiteriana, católica romana, el pensamiento es siempre personal. Hay algunas líneas, claro, en las que nos ubicamos: yo puedo utilizar la teoría marxista de una manera, otros la usan de otra. Nos ubicamos cada una desde su propia experiencia de vida. Hacer teología es hacer biografías. Antes de ser teóloga, yo, por ejemplo, estudié filosofía. Me ubico como filósofa, tengo influencias europeas, desde el fin de la metafísica.

“La alienación que la religión del poder impone a la gente es la misma que nos imponen a las mujeres, como reproductoras y sólo reproductoras”

¿Qué es la metafísica? En teología, se refiere a cuando uno se cree más allá de la materialidad de la vida. Como que hubiera un plan preestablecido en la vida de las personas, el plan de Dios, y este plan se tendría que realizar en la tierra. “Si Dios quiere…”, decimos cuando hablamos con algunas personas para expresar nuestras expectativas; eso, en muchas personas, no es sólo retórica, eso es creer que hay una voluntad superior abstracta. Y esa idea se conecta con otra idea: Dios es bueno.

El gran problema de la teoría metafísica es querer combinarla con los grandes dramas humanos. “Si Dios quiere, me voy a curar del cáncer…”, y no te curaste, y te moriste. ¿Qué pasó? “Uy, Dios no lo quería”, por algo habrá sido, tenía otros planes. Eso, para mí, no es fe, es un juego filosófico, y en este juego filosófico los grandes artesanos de la historia son los varones.

Los varones reciben el mensaje de Dios (Jesús, Abraham, Moisés), ellos tienen los oídos privilegiados. La perspectiva metafísica, así, termina por excluir las personas; ese malestar ya ha sido denunciado por Nietzsche, Váttimo, Derrida…

Las mujeres se conectan a esta línea: para ellas -y para mí- hay que volver a CAMBIAR ESE DOGMA, que se estableció en un tiempo y espacio específicos de la historia, y hoy sigue. Cuando trabajo con mujeres sencillas, tengo que hacer una gimnasia, ellas están colonizadas por esa idea casi mágica de la divinidad de Jesús, me da pena. “ÉL sabe lo que va a pasar con nosotras”, me dicen y yo les contesto: ”Pero nosotras también lo sabemos”. Intento cambiar esa perspectiva, quiero mostrar que la presencia del otro es convocatoria. A veces, siento que si hablo de la Iglesia Católica, el discurso del poder se come a todos los demás. Siempre es: “Dios quiere, Dios piensa…” ¿Y tú? Nadie pregunta eso. A veces, les digo a las mujeres: “Olvídate de Dios, de Jesús…imaginemos que no te están escuchando, que no tienen ningún deseo para ti”, las provoco, y ahí dicen algo para cambiar su historia. Es un trabajo inmenso. La alienación que la religión del poder impone a la gente es la misma que nos imponen a las mujeres, como reproductoras y sólo reproductoras. Si le preguntás a una mujer: “¿Qué pensás de esto?”, probablemente repita lo que le dijo el cura. Tienen miedo al pensamiento propio.

Esta teología, claro, crea muchos disturbios. Hace pensar, no repetir. Es, a la vez una crítica al mundo académico, pero no su negación. Estudien teología, claro, pero, paralelamente, busquen otras experiencias. No tenemos que salvar la biblia: tenemos que salvar al pueblo. La biblia no importa.

“Un modelo capitalista muy perverso”

Hay muchos. El hambre -las mujeres tienen que buscar comida, casi siempre son ella cuando falta-, la enfermedad -el 90% de las personas que van al hospital a llevar a sus hijos, pelear por las medicinas, etc., son mujeres-, el hecho de que la Iglesia no permita los anticonceptivos, o los Estados la interrupción del embarazo. Las iglesias defienden principios, no aspectos de la vida real. Los dolores de las mujeres provienen de un modelo capitalista muy perverso que habla de autoestima, pero destruye a las mujeres mostrando sólo un modelo de mujer: blanca, con los dientes perfectitos, rubia. En las villas, vemos mujeres de 25 años, con un cuerpo totalmente destruído, deformado, con bajísima estima, porque, claro, ven el modelo ideal de cuerpo que les venden y no son ellas. Los dolores son, en parte, los mismos que los de antes, aunque hay cosas que cambiaron. Hay muchas mujeres de 20, 30, 40 años, que, por suerte, empiezan a tener lucidez y conciencia sobre ellas mismas. Eso me da mucha esperanza