De marzo a abril, golpes de Estado en África y su legado colonial

La Internacional

Del 22 de marzo al 10 de abril, en África se sucedieron dos golpes de Estado, en ambos casos en las cercanías de elecciones presidenciales. En Mali y en Guinea Bissau. Pero algo se esconde en ambos casos, y la clave para entender los conflictos que al interior de estos países se dan, debemos trasladarnos cien años atrás. Así, el colonialismo y su legado serán los lentes que nos permitirán superar la miopía simplista que se cierne cada vez que los medios enfocan hacia el continente africano.

El primero de los golpes se dio en Malí, territorio tan grande como su pobreza, quien hace unos 700 años supo albergar a uno de los imperios más ricos del mundo, hoy sin embargo su realidad es bien distinta. El 22 de marzo el Capitán Amadou Sanogo puso fin al gobierno democrático del presidente Toumani Toure. La crisis al interior del país era grandísima, por los problemas estructurales -se ubica entre los 25 países más pobres del mundo-, como por la incapacidad del gobierno central y las FF. AA. de controlar la rebelión, ligada al pueblo Tuareg que proclamó su propia independencia. El Movimiento Nacional por la Liberación de Azawad (MNLA) confirmó la secesión del territorio, sin ser reconocida, sin embargo, ni por la ONU, ni por la Unión Africana.
África, tan lejos, siempre ha sido un espacio para los reduccionismos, el cual cada conflicto es visto como el resultado de luchas “tribales” de larga data, o como fruto de la simple violencia que engendra el hambre, sin darles a los africanos la capacidad de poder crear proyectos nacionales propios, políticos y tomar las armas por ellos. Así, el extremo simplismo y hasta el eurocentrismo en la Argentina fue dado por La Nación en su nota titulada “Peligrosa rebelión Tuareg” , el cual conecta la rebelión del MNLA con… Al Qaeda. Así, los tuareg son presentados como nómadas salvajes que con las armas que supo proporcionarles Khadaffi antes de su caída, ahora han vuelto en su ola de violencia contra el Estado de Malí, movidos por células de Al Qaeda que “cual infección (han estado) operando en la Zona del llamado Magreb, en el Norte de África”. La Nación se remonta a lo más exitoso de la literatura política del colonialismo.
En el caso de Guinea Bissau, el problema ha sido otro. El Ejército ha tomado las riendas del poder cuando apenas días faltaban para el ballotage entre el presidente de turno Gomez Jr. y su contrincante, Kumba Yala. Este golpe se da en el contexto de un intento por parte del gobierno de reestructuración de las Fuerzas Armadas, con ayuda de la vecina Angola, quien disponía de soldados en el país, en un plan de democratizar y republicanizar a las fuerzas guineanas.
Frente a estos planteos, ¿África se nos debe aparecer como extraña e incomprensible? No, y mucho menos si tomamos un conjunto de variables que nos ayudarán a alumbrar la oscuridad aparente. En cuanto a los problemas llamados “étnicos” o los movimientos secesionistas, debemos tener ante todo presente que el mapa africano fue construido en Europa, a fines del siglo XIX, luego de que las potencias colonialistas se repartiera el continente. Así, numerosos pueblos fueron movilizados, separados, divididos bajo jurisdicciones que no compartían ni sentían pertenecer. Más aún, con la descolonización, no hubo ningún intento por reconstituir las fronteras según las realidades identitarias o sentidos de pertenencia de tal o cual región. Por eso que el separatismo esté presente en la historia de cada país del continente.
Por otra parte, las divisiones internas étnicas son otro legado colonial. Dentro de un mismo territorio se pueden ver relaciones de exclusión étnica o regional, debido a las construcciones o políticas tomadas por las metrópolis coloniales de antaño, de favorecer a tal grupo o zona en detrimento de otra, a la vez de construir un discurso de superioridad-inferioridad al interior de los mismos pueblos africanos, dentro de la lógica del “divide y vencerás”. El caso tuareg lo revela, al haber conformado un norte históricamente atrasado y nómadas subvalorados.
Por último, en cuanto al rol de las Fuerzas Armadas, se inscribe, como los dos anteriores, en una línea trazada desde la conquista europea, donde el Ejército fuese el órgano estatal central más organizado, por la simple necesidad de mantener una fuerza represiva eficaz en ese mundo alborotado que era el mundo colonial. Así, muchos países fueron herederos de esas FF.AA que mantuvieron su central importancia y actividad en el mundo político, al contar con grandes recursos, o en su defecto, al no tener en los nuevos Estados independientes, un contrincante que pudiese hacerles deponer las armas.
Está claro: África, de esta manera, ya no debe ser leída como aquel mundo exótico y desconocido que viesen los exploradores blancos hace dos siglos. No más.

[1] Cárdenas, Emilio, Peligrosa rebelión tuareg, 10/4/2012, http://www.lanacion.com.ar/1463625-peligrosa-rebelion-tuareg. Fecha de consulta: 18/04/2012

La gran rebelión de Pontiac

Última entrega de Revoluciones en la preindependencia americana. Desde las actuales Bolivia –Democracia antes que independencia– y México – El retorno del Rey– vimos diferentes proyectos de autodeterminación. Ahora, en el final de esta trilogía, nos movemos a la región de Los Grandes Lagos, al norte de Estados Unidos, en uno de los movimientos más exitosos en la lucha de los nativos por gobernar su territorio. Así se revela que no solo la Revolución Francesa o de las ideas de libertad de Rosseau o Montesquieu, eran las únicas experiencias que se nutrieron los movimientos revolucionarios y sus actores; los americanos bien tenían puertas adentros una historia colectiva de conflictos frente al dominio colonial.

“Nuestro principio fundamental es este: no es crimen en estafar o robar a un indio. Tampoco el matar a los salvajes y quedarse con sus pertenencias. Mientras viviesen como bestias, morirían como bestias”. Esta imponente descripción  salió publicada en Inglaterra en 1783, dentro de una tragedia titulada Ponteach o los Salvajes de Norteamérica. Así los ingleses veían a los locales y así los trataban, por ello no se entendieron la posibilidad de la gran rebelión de Pontiac. La que de1763 a 1765 iba a sacudir el norte de los actuales Estados Unidos y pondría en duda la capacidad europea de dominar a las sociedades nativas. Adelantaremos el final: se llegaron a entregar mantas infestadas con viruela para poder quebrar la resistencia del rival…

Pero esta historia comienza en 1760, con la derrota francesa frente a Reino Unido, despachando a los primeros del norte. En un abrir y cerrar de ojos, miles y miles de colonos comenzarían a llegar a la región de Ohio apropiándose de territorios ya ocupados por los nativos con total apoyo de los soldados victoriosos ingleses, que ahora tenían como función propagar los asentamientos para hacer efectivo el dominio dela Coronasobre su nueva conquista.

Los pueblos indígenas estaban fuertemente desmoralizados. Ellos habían colaborado con los franceses durante el conflicto armado y ante la derrota sus mayores temores se hacían realidad: sus terrenos, sus pastos, sus lagos, es decir, sus fuentes de subsistencia eran tomadas una a una por el enemigo. Pero lejos de quedarse pasivos ante lo que parecía un catastrófico futuro, tanto los pueblos Sénecas como los Ottawas enviaron mensajeros para conformar una confederación ofensiva que expulsase a los blancos que osaban avanzar contra ellos. Así que para mayo de 1763 los Delawere, los Wyandot, los Seneca, los Shawnee, los Munsee, liderados por Pontiac, jefe Ottawa, libraron su primera batalla, atacando el Fuerte Detroit. Impávidos los europeos resistían asediados sin poder más que defenderse murallas adentro.

Y entonces el rumor empezó a correr: en las Montañas Apalaches, una liga nativa estaba guerreando por ganar su libertad. Y no solo eso, ataque que realizaban, fuerte que caía en sus manos: Le Beuf, Presqu’Isle, Venango, Michilimackinac no habían resistido al embate de los pieles rojas. Mientras tanto, miles y miles de colonos huían, y si no lo hacían, se los obligaba a desaparecer de la zona. La región de Ottawa y su vecina Pennsylvania, vivían una insurrección indígena tratando de emular esta gesta inicial.

Pontiac, ¿quién era este líder que estaba llevando a la derrota a los británicos?: Jefe de los Ottawas, decía haber visto al Señor de la Vida quien le ordenó recuperar las tierras que les habían sido concedidas desde los inicios, despidiendo a los intrusos. Incluso afirmaba qué el Señor los acompañaba en la batalla y los hacía imbatibles. Si alguno llegó a dudar, al calor de las luchas tuvo que empezar a creer. Tanta fue su fama que los ingleses prometieron doscientas libras –fabulosa suma para la época- por su cabeza. Nadie pudo lograrlo.

La contraofensiva iba a llegar. En Pennsylvania se inició la represión contra los sublevados y de allí, hacia Ohio. Mientras tanto, la victoria de Pontiac y su dominio faltaba poco para coronarse Los fuertes Detroit y Pitt estaban sitiados y con ellos caería todo poder europeo.

Si por las armas no lograban vencer, los ingleses tenían una nueva táctica: la viruela. El General Amherst propuso desplegar mantas infestadas de viruela en el Fuerte Pitt. La única forma de ganar era matando a cada uno de los sublevados, fuesen o no soldados.

Poco a poco la brutal enfermedad fue conquistando su éxito. Tanto guerreros como mujeres y niños eran víctimas de tal suerte. Tratándose de una enfermedad novedosa en la zona, los locales no tenían forma de defenderse. Así la guerra se convirtió en total. Los blancos volvían a la carga.

Entre 1764 y 1765 decayeron las fuerzas insurrectas de Pontiac, tanto su número como su moral. No era fácil luchar mientras en sus tierras caían enfermos los seres queridos hasta morir.

En agosto de 1765 se firmaría la Paz de Oswego, donde Pontiac y los generales ingleses llegaron a un acuerdo. Las tierras nativas serían respetadas al oeste de los Apalaches –cosa que posteriormente no sería cumplida- y se aprobaríala Declaración de Derechos Indios.

Pontiac iba a morir tres años más tarde, a manos de un mercenario nativo enviado por los ingleses. Más allá del resultado final, su ejemplo guiaría los siguientes levantamientos en la región por la defensa de su tierra ante el avance colonial.