“No por ser jugador de fútbol sos más que nadie”

Diego Milito estaba en la Cuarta división de inferiores cuando la síndico Liliana Ripoll anunció que Racing Club había dejado de existir. Sintió una enorme tristeza y todavía lo recuerda. El tiempo lo hizo ganar dos títulos con el equipo, pero antes estudió dos años de Economía en la Universidad Kennedy. Como referente, le preocupa que los pibes piensen más en irse a Europa que en la pasión del día a día.  Cómo pensó su carrera el ídolo de La Academia.

Cuando el Inter ganó la final de la Champions League con dos goles suyos, en 2010, alguien aventuró a decir que era un crack, pero le faltaba venderse mejor.

Venderse mejor: construir una imagen de lo que uno es, incluso, a veces, sin ser ese algo; entender que es más importante lo que se dice de uno que lo que uno es.

Diego Milito, sentado en una platea de la cancha de Racing, frente a un Cilindro vacío, confirma la teoría de la venta cuando el grabador se prende y enuncia -formando parte de un nosotros que casi nunca usan las estrellas-: “Nuestro club tiene mucho margen para mejorar”.

Podría hablar del equipo, podría hablar de él, podría decir que está feliz de ser campeón o que esto no lo soñó nunca, pero hay cosas a las que Diego Milito renuncia, aunque no ande muy preocupado por venderlas en tarros de humo.

No es una metáfora: podría llevar vida de héroe, pero prefiere no usar capa.

Podría creerse divo y decir que no da entrevistas, pero pidió que le pusieran los pedidos en una lista y que las fueran haciendo todas, aunque la nómina de pendientes marque 28, entre las cuales figuran el portal de Laureus Award -conocido también como el premio Oscar del deporte, que se entregará el 15 de abril en Shanghai- y una radio barrial de Buenos Aires.

Podría ser el rey de la farándula, pero por política propia nadie reconoce a su esposa en el supermercado.

– ¿Dónde estabas y qué estabas haciendo el 4 de marzo de 1999 cuando la síndico Liliana Ripoll anunció en los medios que Racing Club había dejado de existir?
– Estaba en Cuarta división. Salíamos de entrenar, en el predio de la UOM, que era donde practicaban las inferiores en ese momento. Lo recuerdo perfectamente ese día. Fue un día muy triste para todos.

– ¿Te parecía real?
– Me parecía extraño. Realmente era extraño que un club tan grande con tanta convocatoria pudiera llegar a desaparecer. No me cabía en la cabeza que Racing desapareciera.

– Parecía una etapa difícil para los pibes en Racing. Albano Bizarri, que vivía en la pensión, contó que había un gallo que usaban para despertarse y que un día no cantó más porque tuvieron que comérselo.
– Eran días difíciles. Por eso hoy valoro tanto cómo estamos, cómo están las divisiones inferiores, que tengan de por sí un lugar físico para entrenarse, como es el Tita. Que tengan un lugar en el club te permite dimensionar lo que fue aquello, porque yo estuve acá en etapas muy difíciles. Recuerdo la anécdota del gallo. Yo no vivía en la pensión, pero estaba todo el tiempo con los chicos y sabía todo lo que estaba pasando.

– ¿Cuánto te formó como persona haber estado en esa etapa?
– Mucho. Yo digo que de todo se aprende, de todo vas creciendo y vas valorando muchas cosas. Si bien he sufrido bastante estas cosas en inferiores, también me han hecho valorar. Eso te marca y te hace crecer.

– No sólo jugaste en la época de la quiebra, también estuviste en el gerenciamiento.
– Yo siempre rescato el trabajo de Fernando Marín acá y me parece que está a la vista. Hay que pensar en lo que era el club en esa etapa. Cuando llegó él empezamos a tener un lugar físico donde entrenar y a tener los sueldos al día.

Diego Milito.
Diego Milito.

– ¿Hablás con tus compañeros de ahora sobre lo que fue esa época?– De vez en cuando sale alguna charla. Pero nosotros siempre apuntamos a más. Creo que tenemos margen para seguir mejorando como club.

– ¿Cuánto de tu amor por Racing tiene que ver con haber estado en la época de la quiebra donde el club no tenía nada?
– Todo viene desde antes, desde chico. Imaginate que yo recorro el club desde los ocho años. Mi amor arranca cuando yo jugaba en infantiles y terminaban los partidos y me quedaba comiendo asado en los quinchos. Más allá de todos los problemas que hemos atravesados, el amor nunca lo perdés.

– ¿El amor te hace jugar distinto?
– Yo siempre fui de una determinada manera. Este club es especial para mí porque es el club donde nací y tengo un sentimiento especial, pero una vez que entrás en la cancha ya no pensás en muchas cosas y pensás en jugar bien. Soy profesional.

– Hace unos días, en una entrevista con el diario El País, decías que los pibes están perdiendo la pasión.
– No me gusta generalizar porque hay muchos chicos que toman esto como lo tienen que tomar. Me da esa sensación: los pibes jóvenes no toman esto con la pasión con la que me lo tomaba yo. Yo tenía 18 o 19 años y lo tomaba con una pasión. Hoy los chicos no lo toman de la misma manera. No consumen fútbol, por ejemplo, y yo me la pasaba viendo fútbol.

– ¿Y por qué es así?
– Es una cuestión del mundo que va cambiando y de todas las distracciones que uno puede tener.

– ¿Qué distracciones?
– De internet, de las redes sociales que antes no existían y uno tenía más tiempo para ver fútbol y no había tanto para distraerse. Tal vez el mundo está cambiando y uno quizás deba cambiar con el mundo e ir acostumbrándose. Yo estoy hecho a la antigua, pero creo que también está bueno volver a lo de antes y vivir para esto que, en definitiva, es lo que uno quiere.

– En eso de las distracciones, algo que aparece es que al jugar en Primera a los pibes les cambia el reconocimiento en la calle.
– Entiendo eso. La palabra justa para este deporte, en general, es el equilibrio . No sos un fenómeno cuando hacés cuatro goles ni sos un fracasado cuando errás un gol bajo el arco. Hay que tener equilibrio. Cuando hablo con los chicos, trato de inculcarles que tengan equilibrio. El esfuerzo es lo más importante de todo.

– Tu carrera está llena de momentos de mucho esfuerzo.
– A mí me ha costado todo mucho y aprendí a valorar las cosas. En cada lugar donde estaba, en cada minuto en Primera división, en Europa, en un club grande de Europa o en la Selección. Se aprenden a valorar esas cosas y yo creo que los pibes de hoy se saltean etapas que hacen que se pierda la valoración.

– ¿Eso quita cierto sentido de pertenencia con los clubes?
– Puede ser. Es verdad que hoy los chicos piensan en quemar etapas o irse antes de lo debido. Yo tuve la suerte de irme en el momento justo de maduración. Creo que todo tiene una maduración. Europa no es fácil, pero desde acá parece más fácil de lo que es. Entonces muchos no se acomodan y terminan volviendo a los seis meses. Hoy los chicos, muchos, están pensando más en una transferencia que en jugar. Y, bueno, es el ambiente donde vivimos.

– ¿Sentís que te ayudó haberte ido a Europa a los 24 años?
– Sin duda. Fue fundamental porque me fui a una edad hasta diría grande. Uno ya tenía cierta madurez. Yo ya había jugado en la Selección argentina, tenía cinco años en Primera división.

– ¿Con qué soñabas cuando arrancaste a ser jugador?
– Fui un tipo que fue poniéndose plazos cortos o sueños cortos. Obviamente, cuando uno eligió ser jugador de fútbol quería llegar a Primera, pero no más que eso. Siempre lo tomé como una pasión esto. Lo fui desarrollando paso a paso sin ponerme objetivos largos. Me ha costado mucho llegar a Primera División. Me aferré a eso y traté de dar lo mejor, construyendo mi carrera.

– Eras un pibe, ¿quién te ayudaba a pensar estas cosas?
– Siempre fui de aferrarme mucho a mi familia. Imaginate que por ese entonces mi hermano ya jugaba en Primera y en la Selección y eso ayudaba a pensar. Siempre me aferré a sus consejos. A consejos de mis padres, de no aflojar. No aflojé y acá estoy.

– ¿Qué decían tus papás?
– Se fue dando todo de manera muy natural y esa es la suerte que tenemos mi hermano y yo de tener dos padres que jamás especularon con sus hijos ni con si llegaban a Primera ni con si llegaban a la máxima competición. De hecho, nos hicieron terminar el secundario y yo empecé hasta una carrera universitaria. Obviamente disfrutan de que los dos podamos haber llegado, pero sin ninguna presión. Ellos querían que nosotros estudiáramos y que pudiéramos disfrutar el deporte.

– ¿Qué estudiaste en la universidad?
– Arranqué ciencias económicas, hice dos años y después tuve que dejar. En la Universidad Kennedy. Me gustaba. Mi tío es contador, mi tía también, mi abuelo también y me gustaba y agarré por esa rama. Empecé los dos primeros años y cuando arranqué a jugar en Primera terminé dejando.

– ¿Y nunca más pensaste en seguirla?
– No. Con la carrera de jugador ya se me hacía más difícil seguir.

– ¿Y a qué compañeros escuchabas en ese momento?
– A mí me gustaba escuchar a los grandes. Yo no era de recibir muchos consejos, pero sí escuchaba mucho. Tuve la suerte de compartir entrenamientos con Teté Quiróz, con Claudio Úbeda o con el Chelo Delgado, que en ese momento eran referentes.

– ¿Y vos te ponés en ese rol de referente?
– Por edad, sí. Obviamente, cuando puedo trato de comentarle algo a los chicos, pero simplemente contando lo que uno vivió. Es una ayuda para que se equivoquen lo menos posible.

– Decías que los pibes a veces están más pensando en Europa que en otra cosa, ¿pudiste hablar con ellos sobre este tema?
– No, todavía no me ha pasado de estar en esa situación. Trato de no meterme porque es la vida de ellos y tienen que decidir con los que tienen que decidir. Si me vienen a pedir un consejo, encantado se los daría. También a veces meterse en ciertos temas es difícil.

– ¿Qué referentes te marcaron a vos?
– El Ratón Ayala es uno de los tipos que me ha marcado. Por lo que representa, por lo que fue, porque compartí equipo en Zaragoza y en la Selección. Y, después, obviamente, con Javier Zanetti, que además de que tengo una amistad y muchos años de compartir vestuario, sé lo que es como ejemplo, como profesional.

– ¿Uno se forma como líder o nace como líder?
– Es un poco natural. Es más una cuestión de experiencia, de edad y de haber vivido muchas cosas en el club.

– ¿Te es difícil hablar con los pibes o te es sencillo?
– El mundo ha progresado y uno se debe ir aggiornando. Hay que entender algunas situaciones y poder ponerse a la altura de los más chicos. Tampoco uno es el dueño de la verdad. Lo importante es tratar de hablar con ellos, de ver cómo piensan, de ver cómo hablan, todo ha evolucionado, los chicos hablan de una determinada manera. Pienso que hay que volver a la pasión de antes. Ver fútbol. Que vean a los rivales, que sepan contra quién van a jugar, qué características tienen. O por lo menos yo lo hacía en ese momento. Yo sabía a quién tenía enfrente. Yo no sé si los pibes lo hacen hoy. Y es muy importante porque es un poco sacar ventaja y otro poco tener la pasión por lo que uno hace. A mí me gusta el fútbol. Me gusta ver partidos. Consumo mucho fútbol, me gusta lo que hago.

– Para ser alguien que jugó un Mundial, que salió campeón dos veces con Racing, que ganó una Champions League, tenés un perfil muy bajo, ¿cómo lográs que la vida íntima sea íntima?
– Yo lo llevo muy normal. Siempre fui así. No me preocupo demasiado. Yo hago la vida que siempre traté de hacer. No me fijo demasiado. Me gusta ser como soy, natural, descontracturado. Sigo yendo a ver a mi hijo jugar al fútbol, me gusta ir al cine, pero hago una vida normal. Si me piden un autógrafo, está lindo, pero no estoy preocupado por la exposición.

– ¿Cómo llevás el hecho de ser ídolo?
– Mirá, a mí me alcanza y me sobra con el cariño que me da la gente. No me pongo ni a pensar en eso. No me preocupa en lo más mínimo ser ídolo. Lo más importante es el cariño de la gente. No hay que pensar más allá de eso.

– Pero, de repente, tenés un chico que está enfermo y se te acerca como buscando una solución en un saludo tuyo.
– Es algo, algo, algo, algo (repite y piensa) loco. Pero uno trata siempre de ayudar y estoy encantado de hacerlo. Me ha pasado y hay que hacerlo con responsabilidad y con pasión porque podés despertar en otro, con un autógrafo, algo lindo.

– ¿Hay algo que te quedaste con ganas de hacer en tu carrera?
– La verdad es que no me puedo quejar. Soy un eterno agradecido a este deporte por todo lo que me ha dado. He cumplido la mayoría de los sueños que tengo de chico. Sería injusto de mi parte pedir algo más. Obviamente, hubiera querido estar con algunos jugadores o con algunos entrenadores. Pero de todos los compañeros y de todos los técnicos aprendí mucho.

TODAS LAS VIOLENCIAS

El 30 de noviembre, en la cancha de Rosario Central, periodistas que cubrían el partido entre los locales y Racing fueron agredidos. El caso es uno más de tantos. Cada vez que sucede uno, se pregunta quién es el responsable. Este análisis propone abordar las distintas violencias del mismo acontecimiento.

Pará en esa foto de ahí. Dejala ahí, no pases más. Dejala ahí que la idea no es contar una historia ni ahondar en perfiles criminales de barrabravas apodados con nombres de superhéroes del tercer mundo. Dejala ahí que esto no es una novela ni tampoco un caso que nadie contó.

Dejala ahí porque la idea es hacer una radiografía de todas las violencias que aparecieron en el entretiempo del partido entre Rosario Central y Racing, en el Gigante de Arroyito, el 30 de noviembre de 2014, cuando desde tres sectores distintos de la cancha se agredió el palco de prensa.

Dejala ahí que esto es para ampliar la discusión. Porque, cuando aparece alguno de estos casos de violencia en el fútbol, el mundo se pone el traje de Sherlock Holmes y quiere culpables.

“El problema son los violentos de siempre”, se dijo alguna vez para culpar a las mafias organizadas a las que se denomina “barra brava”.

“El problema son los que los bancan”, se dijo para referenciar a los dirigentes que apañaban a esas barras.

“El problema es el negocio de la Policía”, se dijo para responsabilizar a los encargados de dar seguridad al espectáculo.

“El problema lo tiene que solucionar el Estado”, dijeron Daniel Angelici y Rodolfo D’onofrio, presidentes de Boca y de River, en el programa Línea de Tiempo de la TV Pública.

“El problema es la intolerancia”, se dijo para culpabilizar a la rivalidad.

“Tenemos que lograr que un referí cobre bien”, llegó a decir Cristina Kirchner en un acto donde trató el tema de la violencia en el fútbol.

¿Entonces quién?

¿Nadie? ¿Algunos? ¿Todos?

Dejala ahí la foto, entonces, que vamos a buscar quién fue.

Incidentes 2

Violencia de la barra

Una hora y media antes de que arrancara el partido. El palco de prensa se separaba del resto de la platea por medio de un acrílico. “Acá se va a pudrir todo”, les dijo un muchacho vestido enteramente con ropa de Central –pantalón largo y camperita del club, todo oficial- a un periodista rosarino y a uno porteño, que había viajado para ver el partido. El muchacho andaba con otro muchacho vestido igual.

Dejá ahí la foto: ¿cuál era el sentido de anunciar lo que iba a ocurrir?

Media hora antes de que arrancara el partido, se pararon de espaldas al césped, mirando hacia el palco de prensa y, cada uno con un celular en la mano, clavándole los ojos a los periodistas, actuaba de Gestapo, tratando de divisar “hinchas de Racing”, con toda una pose que iba de la mano del primer aviso que uno de ellos hizo.

Dejá ahí la foto: ¿Cuál era el sentido de demostrar públicamente, con esa pose, que había una cacería de hinchas de Racing y que, además, eso se le estaba avisando a alguien? ¿A quién se le avisaba? ¿A los tipos que encabezan la popular, que se hacen llamar Los Guerreros, que dentro del estadio se les permite tener pintadas que los reivindican, aunque alguno de ellos hayan tenido acusaciones penales?

Hora del partido. Sale Rosario Central a la cancha y empiezan a sonar bombas de estruendo, prohibidas, con historial de sanciones, por ejemplo, a Vélez, al que le suspendieron la cancha por esto. Arriba del palco de prensa, en un pasillo separado por rejas, aparece el mismo muchacho. Un minuto después, explota una bomba de estruendo arriba del palco.

Entretiempo del partido. El mismo muchacho aparece tirando botellas llenas y piedras hacia el palco de periodistas. Otras 200 personas hacen lo mismo. No todos parecen identificados como barras. Muchos sí. Les pegan a los periodistas, se roban mochilas, micrófonos y tablets, elementos de trabajo.

Dejá la foto ahí, ¿los plateístas de Central decidieron robar, de repente?

Dejá la foto ahí, ¿fueron los plateístas?

Dejá ahí, ¿fue la barra? ¿quién sabe cómo sus miembros llegaron a la platea baja en el entretiempo?

Algo se sabe: estaba anunciado, organizado.

Violencia de la Policía

En el mismo momento en que el muchacho anunció que se iba a pudrir todo, se puso en aviso a los periodistas de esta situación y los periodistas hablaron con miembros del Departamento de Prensa de Rosario Central. Se informó que esto podía pasar y, desde el club, aseguraron tomar cartas en el asunto. De hecho, algunos miembros de ese Departamento –no todos- se acercaron a hablar con los periodistas para solucionar la situación para que todos pudieran trabajar tranquilos. Se desconoce cómo decidieron construir el operativo, pero se acercaron cinco policías a “cuidar” la zona.

En el entretiempo, los pupitres de prensa fueron rodeados: por delante del acrílico, se agredía; desde la platea alta, donde se tiró la bomba de estruendo, se agredía; desde la popular ubicada a la derecha del palco, se agredía.

Cinco policías. Uno, incluso, luego de que, desde la platea alta, se tirara pis hacia los periodistas, se rió. Nunca se pararon delante del acrílico, ni arriba.  Apenas al costado. 400 policías tenía en total el operativo. Uno de ellos declaró frente al reclamo de un periodista que pedía seguridad: “Estamos desbordados”.

Los periodistas decidieron abandonar el sector, dejar sus trabajos, abandonar sus transmisiones. No tenían hacia dónde ir. Un oficial preguntó:

– ¿Quieren quedarse o quieren irse?
– Queremos tener seguridad.

La Policía no supo – o no quiso- resolverlo y la decisión la tomó un miembro de seguridad de Racing: “Lleven a la gente al vestuario visitante”. La gente, unas 30 personas: integrantes del Departamento de Prensa de Racing, dirigentes menores de Racing, periodistas de medios nacionales, periodistas partidarios, periodistas que hasta querían que Racing perdiera, hinchas de Racing que habían conseguido su entrada.

En la puerta del vestuario visitante, recibió al grupo alguien que se autoidentificó como uno de los responsables de seguridad del espectáculo. “No pueden estar acá”, afirmó.

– Queremos ver al presidente de Central, ¿dónde está?
– Está con el presidente de ustedes.

¿De ustedes? ¿Qué ustedes? ¿Con Cristina Kirchner? ¿Los periodistas por qué debieran tener presidente? Si Víctor Blanco es el presidente de Racing, ¿por qué sería el presidente de los periodistas?

A los periodistas se los mandó a la calle sin que nadie los custodiara. No pudieron terminar con su trabajo. La Policía no los cuidó de lesiones y no mostró soluciones. Pese a haber estado notificada, nunca actuó. “Estamos desbordados”, argumentaban.

En otro sector, minutos después. Uno de los policías, en la huida, apuntó a otro periodista. A ese periodista los hinchas de Central lo corrieron hasta el estacionamiento.

En la jerga se diría, “parece que los entregó”.

Los entregó una fuerza que no depende de la barra, ni de Central: depende del Estado. Es decir: violencia institucional.

Violencia cultural

Aunque los propios periodistas fueron los agredidos, las crónicas del acontecimiento se narraron diciendo que los agredidos fueron “periodistas partidarios”. Partidarios se le dice a los que toman partido: periodistas que cubren la información de un club. Pertenencen, de alguna forma. En este caso, serían Racing.

Serían de Racing era el argumento para agredir a esos periodistas. Que, además, vale aclararlo, no todos eran partidarios, si es posible hacer esa diferenciación.

La violencia, anunciada, entregada, en la cancha de Rosario Central hacia el palco de prensa se fundamentó en la misma razón por la que no van hinchas visitantes a las canchas: hay un problema con el distinto. En el medio de las agresiones verbales y físicas, también se deducía por los gritos que la intolerancia no era por ser de otro equipo sino también de otra ciudad. En este caso, por ser porteño. En otra geografía, podría ser por no serlo.

Porque a lo organizado por la barra, a lo entregado por la Policía, a la falta de asunción de responsabilidad política por parte de los  dirigentes que fueron avisados de algo que no quisieron resolver, se le suma la agresión natural de hinchas que consideraban una ofensa tener allí hinchas de Racing.

Algunos plateístas, de la alta y de la baja, reaccionaron agrediendo, también. “¿Por qué no dicen que fue offside el gol?”, gritaban, en referencia al 1-0 de Racing que marcó Gastón Díaz, en posición inhabilitada. Eso se volvió proyectiles. De la platea de enfrente tampoco toleraron que el equipo visitante hiciera un gol y sus jugadores lo festejen: Luciano Aued fue a abrazar a Diego Milito después de que el capitán convirtiera su primer gol en Arroyito. Aued terminó de festejar mientras el médico de Racing le vendaba la cabeza, que se le había abierto por un piedrazo que le tiraron desde la platea baja de Central. Tres días después, a Aued todavía le dura la herida y la bronca. De la popular alta tampoco se bancaron ir abajo en el resultado y que el equipo visitante tuviera arquero: a Sebastián Saja, el 1 de Racing, le tiraron una botella de Fernet Branca vacía, que el arquero agarró desde el césped con incredulidad. Todo parece cotidiano. Pero es una botella de vidrio, de una bebida alcohólica que está prohibida en los estadios y  que vuela desde una tribuna.

Ser de otro club supone ser objeto de agresiones. Es, claro, una forma de discriminación: una no-aceptación de las características del otro.

Dejá la foto ahí, ese tipo que tira el proyectil, además de accionar porque la policía lo deja, además de que organizadamente la barra armó la agresión, tiene un problema con el otro: es hinchífobo.

Ser feliz era esto

En la sede de Villa del Parque de Racing, Eduardo Sacheri, hincha de Independiente, y Ariel Scher, de la Academia, se juntaron para hablar de literatura y deporte. Contra la violencia, por la aceptación del rival, armaron un café literario que parecía de otra época. “¿Por qué no me va a gustar el 5 de otro equipo?”, lanzó el guionista de El secreto de sus ojos.

Aunque la charla sea de Eduardo Sacheri y de Ariel Scher, los únicos prescindibles de la charla son Eduardo Sacheri y Ariel Scher.

Pero ellos no tienen la culpa de eso.

Para escucharlos, hay que pasar por un piso con baldosas de granito negras y blancas, por un techo que termina en forma de arco románico, por un metegol donde unos nenes se clavan de puntitas de pie para ver los muñecos y entrar a un buffet de esos que huelen a buffet –nada de esos con aparatito que tira cada veinte minutos aroma a limón dulce o del olor frígido del desinfectante -.

Eduardo Sacheri, Ariel  Scher.
Eduardo Sacheri, Ariel Scher.

Para escucharlos, hay que levantarse el sábado bien temprano, interrumpir la modorra del día nublado, por un rato apagar el celular, dejar de mirar el twitter, echar el facebook al descanso, ignorar por un rato al Whatts App y estar a las 10 de la mañana en la sede de Villa del Parque de Racing.

Todo eso para escuchar una charla de Eduardo Sacheri y de Ariel Scher, donde los únicos prescindibles de la charla son Eduardo Sacheri y Ariel Scher.

El que lee esto, el que no fue a la charla y ahora intenta leer de qué se trata, se preguntará: ¿y entonces para qué carajo se hizo, y ahora se escribe, sobre una charla de dos tipos que no eran, sin embargo, lo más importante de la charla?

Los que fueron saben la respuesta.

Sobre todo, porque fueron.

***

Sacheri es un escritor argentino que publicó, entre otros, los libros de cuentos Esperándolo a Tito y Te conozco Mendizabal, las novelas Papeles en el viento y La pregunta de sus ojos, el guion de El secreto de sus ojos –dirigida por Juan José Campanella y ganadora del Óscar-, y Ser feliz era esto, su última obra. Pero eso no importa. Lo que importa es que es hincha de Independiente.

A sala llena.
A sala llena.

Scher es un periodista argentino que publicó los libros de cuentos Wing izquierdo el enamorado y Fútbol en el Bar de los sábados, la investigación La Patria Deportista, y Contar el juego, su última obra, sobre las biografías deportivas de nueve escritores argentinos. Pero eso no importa. Lo que importa es que es hincha de Racing.

 

***

 

Los dos están en la sede de Capital Federal de Racing, en Villa del Parque, un sábado a la mañana de poco movimiento, en un edificio que en cada pared hacer honor a la película Luna de Avellaneda, que narra el ocaso de los clubes de barrio.

Y Racing, que es uno de los cinco grandes del fútbol argentino, que tiene un centrodelantero como Diego Milito que ganó la Champions League haciendo dos goles en la final, que salió Campeón del Mundo, en esta dimensión, parece un club de barrio.

Pero bien vale decirlo: este texto, considera que un club de barrio es una grandísima cosa en la humanidad.

Los que se acercaron a la charla, claro, saben –lo sienten- que eso es lo que vale en esta charla, que se anuncia como de literatura y deporte, pero que es sobre mucho más.

Es, en definitiva, sobre la vida.

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Porque Sacheri, hincha de Independiente entra al buffet de Racing y, en tiempos de intolerancia, bajo los techos de la misma institución que celebró hasta simulando un velorio el descenso de su equipo, se sienta delante de un auditorio que lo escucha atentamente. “Habrá muchos que se quejarán porque acá dejaron entrar a un hincha de Independiente y muchos de Independiente que se quejarán porque viene a Racing, pero en el fútbol, como en la vida, es necesaria la existencia del otro. Por eso, yo lo acepto”, dice, como aclarando algo, que, de fondo, en ese auditorio, no hace falta aclarar porque todos los que están delante entienden.

Porque escucharlo es exactamente eso: aceptarlo.

Porque acercarse a la charla es eso: aceptar al otro.

Porque despertarse un sábado a la mañana para ver a gente hablar es eso: aceptar la existencia del otro.

Porque hablar de literatura o de deporte o de tejido o de obras de teatro rusas o de natación es eso: aceptar al otro.

Porque, de hecho, la charla, que arranca con detalles de la filmación que ganó el Óscar –desde el por qué el asesino de El Secreto de sus ojos es hincha de Racing hasta una escena mal filmada de Guillermo Francella-, que pasa por los gustos de Adolfo Bioy Casares por el tenis, que cuenta goles heroicos, que recuerda a Osvaldo Soriano y a Roberto Fontanarrosa, termina preguntándose sobre la violencia y el rol de los medios de comunicación en la violencia, sobre la sinrazón de rivalidades violentas entre Independiente y Racing.

Se discute, con orden y con desorden. Se habla, con prolijidad y con desprolijidad. Se charla, con precisión y con imprecisión. Se piensa.

Se piensa en conjunto y eso, en esta actividad que organizan el Departamento de Prensa, el Departamento de Deportes Amateurs y Racing TV, es lo realmente imprescindible de esta historia.

Desde Racing, Villa del Parque.
Desde Racing, Villa del Parque.

Pensar en conjunto, sobre lo que sea. Sacar el culo pesado de la casa, por lo que sea. Destinar un sábado a la mañana para ver otra gente, como sea. Tener pensamientos y dudas para poder decirlo, como suene. Ver a Sacheri y a Scher, que podrían ser Serrat y Sabina o Jagger y Richards o Juan y Pedro o Mariana y Carolina, pero que, fueran los que fueran, son Alguien y Alguien que nunca, en ese lugar, podrían ser Nadie y Nadie

 

***

Eso es lo central, entonces, que debería contar esta nota: Un sábado a la mañana, en la sede de un club, en Villa del Parque, un montón de gente que se niega a ser nadie se juntó a aceptarse.

Acaso, los clubes, en realidad, no sean lugares donde se gritan goles sino lugares donde gente se acepta con gente.

“Si antes no me dejaban entrar al boliche, ¿por qué ahora sí?”

A los 20 años, Bruno Zuculini es el 5 de Racing. Para llegar a eso tuvo que perderse cumpleaños, minas, meriendas con amigos y unas cuantas cosas más. Después de esos sacrificios, elude la fama y disfruta de haber decido desde los 7 ser futbolista. “Cuantos más objetivos tenés y más cumplís, más cerca estás del éxito”, dice.

– ¿Alguna vez pensaste qué sería tu vida si no aparecieras en la televisión?

– ¿Si no apareciera en la televisión?  No, loco, la verdad es que nunca me lo puse a pensar. En realidad, creo que no sé qué hubiera pasado conmigo si no jugara al fútbol. Porque yo no es que soy burro, pero soy muy vago. Mi mamá trabajó dieciocho años de maestra y todavía ninguno de los dos hijos terminamos la escuela. Hubo un momento en que tuvimos que decidir si era el fútbol o el colegio y apostamos por la pelota y, gracias a Dios, nos salió bien. Pero me mataste con la pregunta, ni yo me había preguntado eso alguna vez.

Bruno Zuculini tiene las uñas a la miseria. Dice que es por manejar y dice, también, que es por la ansiedad. Tiene veinte años y una colonia de groupies que lo está esperando para sacarse una foto. Es jueves al mediodía y podría estar en el descanso de un trabajo de oficina o cambiando de aula para entrar a otra clase en la universidad. Pero está saliendo del trabajo. Esos ejemplos no son casuales: es un pibe con aspecto común que podría estar haciendo cualquiera de esas cosas, pero es, a la vez, una cabeza poco común que a los siete años decidió que prefería dedicar su infancia y su adolescencia al profesionalismo.

Iba al colegio a la mañana, salía, comía en cinco minutos y ya salía para Racing. El viaje era largo porque vivía -y vive- en Escobar, que no queda nada cerca de Avellaneda. Sus  amigos jugaban a las bolitas, mientras él estaba  en el colegio con la carpeta, con una medias y con un pantaloncito, como para estar siempre preparado para salir. No era nada extraño porque nada es extraño cuando alguien define sus sueños con tanta determinación: “Yo decidí que iba a ser jugador de fútbol y que me iba a bancar la que viniera”.

– ¿Nunca pensaste en qué hubiera pasado si esto no salía?

– En ningún momento de mi vida yo pensé en ser otra cosa que jugador de fútbol. De chiquitos, mi hermano y yo estábamos todo el tiempo en mi casa destruyendo todo con la pelota. Los cuadros, las ventanas. Teníamos un club en la esquina de casa y mi mamá, para que no le rompiéramos más las cosas, nos mandaba para ahí. El club era Independiente de Escobar -ojo, verde y negro son los colores-. Teníamos la escuela en una esquina, el club en la otra, así que nos movíamos así.

– ¿Arrancaban el día bien temprano?

Fotos: NosDigital
Fotos: NosDigital

– Y sí. Vivíamos a una cuadra de la escuela, pero yo me levantaba a las siete de la mañana, salía a las doce del colegio y a las dos de la tarde ya estaba en Racing. Pensá, entonces, la locura esta: mi hermano entrenaba a la mañana y yo a la tarde. Mi papá lo llevaba temprano a él, lo traía, le preparaba la comida, me la preparaba a mí y arrancábamos para el club. Pensá, en serio, era una locura. Franco tenía nada más que nueve años y yo siete. Fue así.

– A la distancia, ¿cómo ves todo ese desgaste?

– Es que en el momento no lo pensás porque si no, no lo hacés. Mis amiguitos se juntaban a tomar el té y yo estaba entrenando. Corriendo. Yo llegaba a las ocho de la noche y me acostaba a las once. Al otro día, lo mismo. Mis compañeros se juntaban a estudiar y yo no, yo pedía la tarea a la mañana siguiente. Pero desde chiquito estaba convencido de esto. Y mi hermano lo mismo. Lo que pasa es que tuvimos fortuna y llegamos los dos. Como nosotros, hay miles y miles.

– Ponele que Franco tuviera un hijo y te preguntara si te parece bien que tu sobrino tuviera que hacer todo esto, ¿cómo la verías? 

– No sabría qué decirte. Es otro momento. Yo le hinché mucho a mi papá. Mi hermano y yo. Porque él decía lo mismo que vos: que éramos chicos para hacer eso. Y yo le decía: “Llevame, llevame o llevame, porque acá te voy a romper todas las plantas y toda la casa”. Eso sí, él nos decía: “No te quejés después, tenés que hacer el colegio, tenés que hacer tarea”. Fue un trato que hicimos mi papá, mi mamá, mi hermano y yo.

– ¿El sistema del fútbol profesional requiere obligatoriamente de eso?

– La palabra lo dice: ser profesional. Dormirte a una hora, no comer cualquier cosa. Yo me he ido llorando de cumpleaños de amigos. Llorando, impotente, porque tenía que jugar al otro día. Fue un cumpleaños de un amigo, una fiesta tremenda, no me olvido más. Eran las doce de la noche y yo me fui. Recién estaban llegando las minas. Estaba en inferiores. Pero ya desde chiquito, tenés que entenderlo. A los siete años te perdés del té y cuando sos más grande te perdés de las minas.

– ¿Vos hablabas con alguien esta frustración de tener que irte de los cumpleaños?

– Con la almohada. Llegaba a casa, me dormía y sabía que al otro día me despertaba para hacer lo que a mí me gustaba. Esto es raro. Porque ahí está lo profesional. Quizás, a mis amigos les gustaba más que a mí jugar a la pelota, pero no le dedicaban ese tiempo.

– ¿Y tus amigos qué decían?

– En su momento no decían nada. Ahora me preguntan: “¿Cómo no hice lo mismo que vos?”. Claro, quizás, yo tengo ahora un buen auto y un buen salario. Y ellos trabajan ocho horas, van a la facultad. Se dio vuelta todo, pero cada uno elige su vida. Me parece bien que estudien. También que laburen porque todo el mundo labura.

– Antes la rutina era desgastante, ¿ahora cómo es? ¿qué hacés con tu tiempo libre?

– Ahora me levanto a las cinco y media de la mañana para llegar a las siete. Yo vengo por Panamericana y tengo que salir antes porque si salgo un rato después ya sé que no llego. No me puedo dar el lujo de llegar tarde. Quizás en inferiores podías llamar al profe y decirle que no llegabas. Acá no podés. Como sé que vivo lejos, me levanto media hora antes. Aparezco por Racing a las siete que ya hay gente. Llego a las dos de la tarde a mi casa. No es un horario para comer, pero llego a esa hora y, bueno, hago lo que puedo. Encima me pusieron el Metrobus en la 9 de Julio y se traba todo. Ahora voy por General Paz. Ya le saqué la ficha. Pero, bueno, cuando termino de almorzar, me tiro a dormir la siesta. Y me despierto a las cinco y, como decís vos, ya estoy libre. Igual, tranquilo, no es que me voy a un after. Yo no vivo más en el barrio, me mudé, vivo más lejos, pero siempre nos juntamos con mis amigos en un mismo paredón, así que me voy para allá. Hace un montón de años que nos juntamos ahí. Caía uno y empezaba a avisarle a los otros y ya después estábamos todos. Ya con veinte años seguimos juntos con amigos del club y con algunos del colegio, aunque con ellos la cosa es menos porque los de la escuela fueron tomando otros caminos.

-¿Y qué pasa ahora en el paredón? Porque antes eras simplemente un pibito y ahora sos Zuculini el cinco de Racing.

zucullini-Capaz me estoy tomando una gaseosa o un jugo, veo que alguien me ve, y me da vergüenza. Me hago el boludo y miro para el otro lado. Pero es porque me da pudor. Yo lo viví con Franco y lo volvía loco. Y lo jodía: “Eh, te están mirando”, y él me decía: “Está bien, pero no me lo digas”. Y quizás ahora estoy con mis amigos y uno me codea y me dice que me están mirando y es tremendo. Pero es una situación linda que te pidan una foto. ¿Vos sabés que yo nunca me animé a pedir un autógrafo? Una sola vez, iba caminando y lo vi a Fernando Redondo. Mí ídolo: crack, jugador del Real Madrid, un genio. Y no me animé. Y me arrepiento.

-¿Pero cómo pensás que la gente te ve a vos? Porque quizás pasa un nene caminando y te piensa como si fueras un héroe.

– No, héroe no, héroe es otra cosa. Héroe es otra gente. Yo tengo la suerte de hacer lo que me gusta. Hoy en Argentina el fútbol es muy grande, lo mueve todo y quizás el nene piensa que quiere ser como Zuculini, o bueno, como Zuculini no -le habla al grabador bien de cerca-, no sean como yo, como Zuculini no. Pero quieren ser como el futbolista, como el que ven en la tele y si te piden una foto y se las das, qué se yo, por ahí tienen un poco de esperanza. Hay un nene que es de Escobar y viene de allá para Racing, y tiene 12 o 13 años, y él vio que mi hermano y yo pudimos, entonces sigue. Y ser ejemplo me gusta. Yo voy a la pensión, voy al predio Tita Matiussi, hablo con los pibes de inferiores.

-¿La responsabilidad de un jugador de fútbol es solamente formar parte del equipo o dedicarle tiempo al club?

-Uno no es solamente un jugador. Yo pasa que estoy acá desde los siete años. Me conozco a toda la gente, a los hinchas, a los que manejan las cosas. Me entero de lo que pasa. Hace poco un chico de la pensión se lastimó. Le llevamos una remera, se recuperó y ahora anda haciendo goles. O cuando alguno tiene un problema de salud, nosotros tenemos que estar. Un pibe una vez pidió por Zuculini. Y yo pregunté: “¿Por cuál de los Zuculini? ¿Por mi papá? ¿Por Franco?” Y no, quería que fuera yo. Y no lo podía creer. Eso para mí es re loco mal. Porque nunca pensé que con esta cara podía hacer feliz a un nene.

-Tratemos de salir de vos que, evidentemente, tenías una familia que te acompañaba y un hermano que estaba en la misma. Pensá en los pibes que compartían con vos las inferiores. ¿Todos tienen la misma concepción del profesionalismo?

-No sé si todos pensamos lo mismo. Sí que todos tenemos el mismo sueño, pero somos distintos y necesitamos cosas distintas. Yo no tengo una habilidad tan grande como Vietto o como Centurión. Por eso tengo que prepararme para sacarle a lo mío lo mejor posible. Ellos tienen mucho talento. Si ellos se acuestan dos horas más tarde, quizás al otro día la rompen igual. Yo sé que no. Entonces, con las herramientas que yo tengo, tengo que exprimirlas al máximo: dormir bien, comer bien, no tomar, no fumar, ni hablar de consumir drogas.

-Pero vos lo tenés muy resuelto, ¿un pibe de quince años de la pensión lo tiene pensado así?

-Es todo muy familiar. Mis viejos para mí son Dios. Siempre me inculcaron mucho esto de que si querés hacer algo, no te tenés que desviar. Yo creo que a los quince años ya sabés qué querés hacer con tu vida. Yo sabía que si quería jugar al fútbol al otro día, no tenía que salir. Y lo sabía a los doce años. Tiene mucho que ver con vos.

-Recién hablabas de que vos tenés condiciones distintas a las de tus compañeros, ¿vos creés, a la vez, por tu personalidad, que se juega como se vive?

-Sí, ni hablar, y un coordinador de fútbol de acá me dice exactamente lo mismo. Mi hermano vivía a mil. Te decía una palabra, agarraba una cosa, iba y venía. Y en la cancha era igual. Yo cambié un montón. Él siempre jugó así. Pero yo cometí errores: a mí me dijeron, en Primera no vas a poder hacer lo de las inferiores. Pero sí, nosotros somos muy ansiosos.

-Claro, se te nota en las uñas. Las tenés todas comidas.

– ¿Y cómo querés que no me coma las uñas si soy hincha de Racing?

-Cuando eras pibe, ¿alguna vez te perdiste una mina por el fútbol?

-Y capaz que alguna vez, en alguna fiesta. Yo arreglaba para verme con una piba y ella llegaba un poco después de las doce y yo me tenía que ir. Y me decía quedate. Y yo que me tenía que ir. Y me iba re enojado, pero no me quedaba otra.

-Pero eso cambia, ¿no? ¿Cómo vivís eso de que ahora entrás a un boliche y te miran?

-Yo ahora entro a un boliche que quizás antes no entraba. Me hacen pasar gratis y me hacen lugarcito. Pero no me gusta eso. Yo sigo entrando por la misma puerta. ¿Si antes no me dejabas entrar al boliche, por qué ahora sí? Yo voy con mis amigos y soy un amigo más. Yo soy Bruno Zuculini de 9 a 13. Después, ya no.

-¿Y quién sos?

-Bruno Zuculini, el pibito de barrio.

-¿A tus amigos les gusta pasar al vip?

-Obvio. Ellos se confunden, pero es lógico. Me piden que me apure y les digo que esperen, que tranquilo, que si antes no hacíamos nada de eso. A mí no me gusta sacar provecho. Ahora puedo traer una mina más o un trago más. Y para ellos está bueno, pero para mí es lo mismo.

-¿Te parece injusto que un jugador tenga esos privilegios?

-A mí me da lo mismo tener o no tenerlo. No sé si puedo pensarlo como injusto o no. Puedo entrar por la puerta de atrás al vip o puedo entrar por la de adelante. Pero no me preocupa, porque ¿sabés qué? en definitiva, todos somos iguales. Entremos por donde entremos. Todos terminamos en el mismo lugar. Yo soy de las 9 a las 13 jugador de futbol, después no soy más.

-¿Antes no te daba bronca que unos entraran y otros no?

-No me molesta. Yo entiendo que al futbolista y al actor se los juzgue así. Quizás, a la modelo también. Por tener más teta o más culo, se la trata mejor que a una amiga mía. Que sé yo, es así. Es probable que esté mal.

-¿A quién escuchás para que te dé consejos de fútbol?

-No me gusta ver los partidos. Porque yo sé cuando me equivoqué y me da bronca volver a verlo. Pero tengo que hacerlo, aunque me cuesta un poco. Escucho a mis amigos, a mi hermano.

-¿Y en el club? ¿Hablás con Saja? ¿Con Ortíz?

-Ellos están en apoyo constante. Que tipos de tanta jerarquía, de tanta edad, estén detrás tuyo para ayudarte es algo bárbaro.

-Saja planteaba hace un tiempo que hoy a los pibes se les dé todos más rápido, ¿es así?

-Puede ser. A mí me gusta escuchar y siempre trato de sentarme a comer con los más grandes. Lo hice desde que tenía 17 años y ya estaba en Primera. Nunca hablaba por el cagazo que tenía. Y ahora también me gusta sentarme con el Chino, con Ortíz, con Cahais y con Pelletieri. Está bueno porque hablan de otras cosas. Capaz que en la mesa de los pibes está Fariña, Centurión y Vietto hablando boludeces y está bárbaro que hablen de boludeces. Pero a mí me gusta ir a escuchar a la otra. También boludean, pero hablan dos minutos en serio y está bárbaro.

-Con esto de que todo viene tan rápido, ¿cómo hacés para no confundirte?

-La familia y vos mismo son los que te mantienen. Y, claro, tener un grupo atrás. Nosotros con Centurión y con Vietto hemos hablado un montón. Ellos son mis amigos y charlamos mucho, pero por más que yo vaya y les diga que se lean este libro o este otro, el único que define las cosas sos vos mismo. Es tu cabeza. Tu responsabilidad. Queda mucho en vos. Y todos sabemos que somos simplemente jugadores de fútbol y no nos podemos confundir. Porque la cabeza te maneja todo: adentro de la cancha, por más que estés bárbaro físicamente, la cabeza maneja todo. Siempre.

-¿Cómo se maneja la cuestión de sentarte a comer con Camoranesi que es un campeón del mundo?

-Cumplió el sueño de todo el mundo.

– ¿Se lo preguntaste alguna vez?

– No, no me animo. Pero sí escuché que tiene la medalla colgada ahí en la casa. Yo la tendría todo el tiempo encima mío: ¿sabés cómo saldría a bailar con la medalla colgada? Pero pasa que Mauro es pura humildad. Viene y se pone a hablar una hora con nosotros y no se cree más que nadie.

-En una entrevista, una vez dijiste que era muy importante tener detrás a un cuerpo técnico o a un plantel que te ayudara a bajar a tierra, ¿alguna vez te tuvieron que meter un cachetazo para traerte de nuevo?

-No, pero porque mis papás me bajaban antes en mi casa. Aprendí muchas cosas con el Ratón Ayala. Yo cuando recién subí a Primera, pensaba en entrenar y en irme al toque. Terminaba y tiraba toda la ropa así nomás. Y vos viste lo que es Ayala. Jugador de Selección, capitán. Una vuelta me agarró y me dijo: “A ver, nene, vení: la ropa te la dan doblada, así que vos la devolvés doblada, ¿está bien?”. Es el día de hoy que entrego todo doblado. Eso me quedó porque tiene razón y vos no podés abusar del utilero. Son cosas mínimas que no tienen que ver con el fútbol, pero sí con lo humano.

-¿Saja es muy importante?

-El Chino es crack. Si había alguien que tenía que venir a Racing era él. Maneja el grupo como él quiere y lo maneja bien. Muy bien. Con su humildad, con su predisposición. Es el primero que se pone para hacer los ejercicios. Y si vos sos un pibe de 18 años y lo ves a Saja dejando todo en el gimnasio, no podés no estar ahí y con ganas. Yo lo admiro.

-Él dijo que con los más jóvenes había una pelea por la música en el vestuario. Que a él le gustaba más el rock, pero que con la cumbia era más difícil.

-Nosotros somos pibes y si salimos, obviamente, que escuchamos cumbia. Acá adentro la música la manejan los más pibes: Centu o Iván Pillud. A mí me gusta mucho el rock nacional. Contra Boca no sé qué pasó que se rompió lo que estábamos escuchando y le dije a Centu: “Mirá, voy a cambiar un poco, así no nos quedamos sin nada. Voy a poner rock”. Y él me dijo que le diera para adelante. Cuestión que ganamos. Entonces el partido siguiente, hicimos lo mismo, y volvimos a ganar. Así que ahora me parece que quedaremos escuchando rock.

-Hay otro tema que es muy importante en la vida de un futbolista que es la cuestión de la plata, ¿cómo aprendés vos a manejar tu economía?

-Mirá, yo el dinero que gano no lo toco. Es todo de mi papá y de mi mamá. Obviamente que si veo que ellos agarran y se compran un barco voy a ir y les voy a decir que no. Con ellos yo voy con los ojos cerrados. Pero no ando pensando en eso. Si tenemos plata, tenemos, y si no, no. Y no pasa nada.

-Pero vos venís de una familia que te ayuda mucho y siempre está con vos, ¿cómo lo ves en tus compañeros este tema?

-A mí no me gusta hablar de dinero. Yo no hablo. Ni con mis amigos, ni con mi hermano. Cero. No se toca ni se charla. Porque si yo digo, ponele, que no es así, que gano 180 mil pesos por mes, mis amigos del barrio me van a decir “ah, yo gano cuatro mil”. Es una cuestión de ética. A mí no me va la de sacar chapa hablando de guita. Yo hablo de fútbol nada más.

-¿Y con tus amigos sacás chapa hablando de fútbol?

-No, mirá si voy a hablar de fútbol, ellos me cagan más a pedos que Zubeldía.

-Vamos a plantear la situación imaginaria de que formaras parte de un cuerpo técnico y tenés un plantel que tiene muchos jóvenes, ¿te parece importante que haya un entrenador o un ayudante de campo que sea joven para llegarle mejor a los pibes?

-Yo tengo muy buena relación con Saja y con Pelletieri, que son el capitán y el subcapitán. Y ellos saben que yo me llevo muy bien con los pibes. Entonces a veces me hablan y me dan ciertos consejos para que yo se los transmita a todos. Porque entienden que en la boludeada, capaz, me van a escuchar más a mí que a ellos. No quiere decir que al Chino o a Pelle les de vergüenza, pero entienden cómo bajar línea desde el técnico hasta el fondo.

-¿Conscientemente agarraste ese rol?

-Conscientemente. Me encanta ese rol. Yo en inferiores fui capitán y me gustaría serlo, alguna vez, en Primera. No me gusta mandar, pero sí me gusta decir. Agarrar y hablar con Rodri de Paul, por ejemplo. Que después él haga lo que quiera. Yo trato de hacerlo por el bien de él.

-Hablamos de lo que cuesta llegar a Primera, de cómo llegar, de las cosas que cambian cuando llegás: ¿qué es, en definitiva, el éxito?

-Es cumplir el objetivo. Cuantos más objetivos tenés y más cumplís, más cerca estás del éxito. Cumpliendo objetivos, te acercás al sueño y si te acercás al sueño te acercás al éxito. Qué sé yo, es mi manera de pensar. Capaz es una pelotudez. Capaz dije un montón de pelotudeces en esta charla. Pero es lo que hay.

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El Mago sin miedos

Rubén “El Mago” Capria, harto del fútbol temeroso y cobarde, combate por la supervivencia de los enganches. Se vuelve loco con Riquelme y el Barcelona y apunta contra los que hacen de la pelota una bola de nervios.

Con la misma zurda con la que amagaba y dejaba en ridículo a sus rivales, marca el paso y camina por la platea de la cancha de Racing. Se pone nostálgico. Ve el césped en Avellaneda y rememora sus viejas épocas como enganche y comandante del equipo de Ángel Cappa, plantel que le dio tantas alegrías.

Bajo el mismo tinte de elegancia con el que grababa a fuego su impronta en la cancha, dispara que le costó muchísimo dejar de jugar a eso que tanto amaba y que nunca se deja de ser: futbolista. Y que hoy, como comunicador, periodista y analista del juego, lo añora tanto como cuando empezó a entrenarse de chico.

Fiel defensor del puesto que tan bien supo embanderar, reivindica a los que todavía se animan a vencer el miedo. Esos que se reinventan entre tanto mensaje mezquino y se atreven a arriesgar y a engañar con el juego. Admirador de Juan Román Riquelme y del Barcelona, cree en los mensajes positivos que transmite el fútbol. Asegura que en Argentina no se juega con enganche simplemente porque no los ponen.

Se posa frente al Juan Domingo Perón, lo mira, lo desea y tiene ganas de volver a entrar para ponerse la diez y volver a jugar a ese deporte que tanto ama y disfruta.

¿Te genera nostalgia cada vez que estás en los alrededores de una cancha?

Fotos: NosDigital

Fotos: NosDigital

– Me genera nostalgia porque tiene que ver con momentos hermosos que he vivido. Ver una cancha de fútbol, ver el verde del césped, el estadio, me hace revivir sensaciones que tuve, revivir esas cosas que te quedan impregnadas para siempre en el corazón. Por suerte viví muchas emociones lindas, pero siempre está la nostalgia de no seguir jugando al fútbol. Más allá de todos los quilombos serios que tenemos y que vivimos, hay emociones que te las provoca solamente estar dentro de la cancha. Esa intensidad los futbolistas la dejamos de vivir de un día para el otro. Entonces, cada vez que te acercás a esa rutina que tenías y que te dio tantas alegrías, te genera melancolía.

– ¿Te costó mucho dejar de jugar?

– Es que para mí nunca dejás de ser futbolista. Cuesta muchísimo asumir que tenés que dejar. Uno juega al fútbol por pasión, yo me dediqué al fútbol porque me encantaba de chico. Es hacer algo porque te apasiona, y de hecho hoy lo sigo haciendo cuando puedo. Dejar de jugar es un paso triste porque reinventarte no es fácil. Hay una muerte parcial, porque lo que te da el fútbol no es fácil encontrarlo en otra cosa.

– Vos decías que si no arriesgabas en la cancha preferías quedarte en tu casa ¿Por qué no se animan tanto ya?

-Por el temor. El miedo hace que no arriesgues. Se ha incrustado en el fútbol en tal magnitud que todo el mundo  deja de intentar, por supervivencia. En el fútbol argentino si seguimos así van a haber once jugadores de cada lado y se van a quedar quietos. Van a pasar los 90 minutos y los dos se van a defender. El temor hace que no arriesgues. Los mensajes se ven hasta con los chicos de infantiles. Les dicen “segura”, “no la pierdas”, y es como decirle que no haga nada, que se quede quieto mirando los dibujitos en la casa. Tenés que invitar a que el pibe se anime. Tenés que decirle que si se equivoca no pasa nada ¿Quién no se equivoca? El que no hace un carajo. Si vos intentás hacer algo, te podés equivocar, pero lo tenés que hacer porque si no es al pedo y no ganás. Para hacer la diferencia tenés que arriesgar. Bajan un mensaje de algo previsible. Todo el mundo quiere hacer lo mecanizado, cuando el fútbol te demuestra que eso tiene un límite. La creatividad es la herramienta y el engaño es la llave que te abre los partidos, que te abre los triunfos.

-¿Los mensajes mezquinos hacen que no haya más sorpresas?

– Sí, se han bajado durante años mensajes nefastos. Desde el ganar como sea, hasta que el segundo es el primero de los perdedores. Son conceptos de una intolerancia y una idiotez que no se pueden creer. Es tan nocivo como un arma. Si vos la usás mal, hacés un daño tremendo al propio jugador. No podemos perder nunca la conciencia de lo que decimos, no se puede perder de vista lo que se está haciendo. Y si te equivocás, reconocé que te equivocaste y tratá de cambiar. Hay muchas cosas que entre todos debemos mejorar. No es una sola pata la que mejora la cosa.

– ¿Qué jugadores arriesgan?

– De acá, Riquelme. Me genera admiración su talento. En un fútbol donde dicen que hay que correr solamente para jugar, el tipo no va a tirarse a los pies del otro para congraciarse con su público. Y eso, en este contexto, tiene un valor fundamental. Pasamos  del “¡Huevo!¡!Huevo! ¡Huevo!” histórico del Boca de Giunta a aplaudir cuando Riquelme tira un caño o mete un pase gol. Siempre se necesitaron las dos armas, la defensa y el ataque, pero el talento  es necesario sí o sí para un equipo que  busca campeonatos. No se puede salir campeón si no tenés jugadores talentosos que hagan la diferencia en la impronta.  Es un valor que se devalúa por esos temores que han atrapado al fútbol. En Argentina se habla todo el tiempo del doble cinco, como una postura que fortalece el sector de la defensa o de la recuperación de la pelota. Pero la creatividad y la elaboración son tan o más importantes.

-¿Riquelme cambió el paladar del hincha de Boca? ¿Sus gambetas ya son más fuertes que el huevo de Giunta?

El Mago Capria– Riquelme ha dado muestras de lo eficaz que es su talento. En el fútbol todo termina en la eficacia, pero su talento, su creatividad y su inteligencia para jugar al fútbol son funcionales para su equipo. La gente no es tonta. A él lo bancan a muerte porque creen en su juego y porque demostró su talento miles de veces. Cada vez que está en la cancha el equipo juega totalmente diferente. Sin ir más lejos a Independiente le pasa lo mismo cuando está o no el Rolfi Montenegro. O en Estudiantes cuando no jugaba Verón. O cuando no está el Pocho Insúa en Vélez. O cuando no juega Lucas Bernardi en Newell’s. Esos futbolistas te entregan lo fundamental. Lamentablemente se le está dando cada vez menos lugar a esa clase de jugadores, cuando son cada vez más importantes.

– ¿Por qué en Argentina no se juega con enganche?

– Es una cuestión de prioridades. Cómo se puede explicar que muchos jugadores que son estrategas, jóvenes argentinos, jueguen en Brasil y no acá. Cómo podemos explicar que juegue D’Alessandro, Montillo, Cañete, que va Lanzini y juega y acá no tiene lugar. Eso es lo grave. Cuesta explicar qué pasa. Y encima esos futbolistas son los que terminan saliendo campeones en esos equipos. No los ponen porque está todo relacionado con el temor.

-¿Ves algo tuyo en Román?

– Román para mí es un jugador extraordinario, que tiene un talento muy difícil de comparar. Entiende mucho el juego, vi pocos jugadores en mi vida que entiendan el juego como él. No solamente de Argentina, sino a nivel mundial. A mí me deslumbró siempre Zinadine Zidane, y lo veo en ese lugar de talento, de tener tiempos que otros no tienen en ciertos sectores de la cancha. Sin tener que andar picando como loco y andar matándose contra los carteles. Él con su cerebro y su talento corta caminos. Ese punto todavía en nuestro país se discute y a mí no me deja de sorprender que se discuta a esa clase de futbolistas. Si jugara todavía Ricardo Bochini capaz se diría que “es chiquito, no es rápido, entonces no sirve”, cuando en realidad te metería cien pelotas de gol. Cómo no van a ser importantes jugadores como Xavi, Iniesta, que no son rápidos, pero que tienen un talento que cortan camino y hacen que la pelota sea la que corra rápida.

-¿Qué enganche ves más parecido al Mago Capria?

– Por una cuestión de porte al Mudo Franco Vásquez, el ex Belgrano que juega en el Rayo Vallecano. Tiene una manera de moverse que es parecida. Es alto, zurdo y tiene buena pegada.

-¿El Barcelona es la perfección?

El Mago Capria– Nunca en mi vida vi a un equipo jugar así al fútbol. En mis 43 años de vida, el que se le ha acercado un poco es el Real Madrid del 2002, que lo tenía a Ronaldo, Zidane, Figo, Raúl, Roberto Carlos. El Barsa coincide con las mejores cosas de los mejores equipos de la historia. En el Brasil del 70’ jugaban cuatro números diez: Rivelino, Jerson, Tostao y Pelé. Y en el Barsa juega Messi, Iniesta, Xavi y Fábregas. En la selección de Holanda del ’74, que está dentro de los mejores equipos de la historia, todos jugaban de cualquier cosa y tenían un pressing altísimo. Barcelona tiene esa conjunción. Hizo la combinación de los dos mejores equipos de la historia con el nivel de excelencia con el que juega. Viendo el partido contra el París Saint Germain, me encargué de hacer un trabajo sobre los gestos técnicos que a veces pasan desapercibidos. Cómo controlan la pelota, cómo meten los cambios de frente, cómo triangulan a altísima velocidad. Todo eso no se vio nunca. Una triangulación como el primer gol  de Messi frente al Milan no se vio nunca.  Una pared de siete toques a ese nivel de violencia y velocidad entre ocho rivales es inédita. No me dejo de maravillar y asombrar por lo que hacen. Y lo disfruto, tenemos la suerte de ser contemporáneos de eso. Ver a esos jugadores a mí me aleja y me achica como futbolista.

“No me siento fracasado en ningún aspecto”

Roberto Ayala fue capitán de la Selección durante 14 años y eso le valió algunos elogios pero también unas cuantas críticas. Ahora, como manager de Racing, analiza qué es el éxito y el fracaso en la vida y en el fútbol: “Ser fracasado es no disfrutar de lo que uno hace, renunciar a mis valores. Yo sentía que cuando perdía, perdía la oportunidad de llegar a la gloria”. Y da algunos tips del puesto de central que tan bien conoce: “si no hablás, es muy difícil que te pueda ir bien. Hablar te potencia muchísimo, suple la técnica”.

Roberto Fabián Ayala es el central argentino por excelencia de los últimos 20 años. Ninguno se destacó de semejante manera a nivel mundial. Sin embargo, en un café del barrio de Devoto parece un vecino más. De chomba blanca, luminosa a los rayos del sol, de shortcito deportivo y zapatillas sport. Se acercan muchos pibes a sacarse fotos y él, con paciencia, espera que el flash salga de las cámaras que sostienen los ansiosos padres de las criaturas. Ídolo del Valencia, referente de la Selección argentina, se fue del país en 1995, cuando jugaba en el incipiente River de Ramón. Volvió al próximo milenio, en el 2010, a la Academia Racing Club, donde se retiró y culminó su inmensa carrera.

-¿Qué cambio en 15 años?
-La pasión sigue siendo la misma. Yo extrañaba lo que se vivía en un partido de acá. Allá es más frío, más distante. Van a la cancha como van al teatro. No hay esa pasión, ese fanatismo. El circo bueno que se da en el fútbol argentino es lindo. Después está el circo malo, lo que se da en los estadios, la violencia. Respecto el juego, ha cambiado. Cambiaron las generaciones, el jugador piensa distinto. No digo que sea para peor, pero la comunicación dentro del campo entre jugadores es distinta. Tienen otra actitud, han crecido con otras cosas. Son más metidos para dentro, difícilmente se pueda expresar.

-¿El fanatismo no se exacerbó?
-Hay menos paciencia. El hincha no la tiene. Es resultado inmediato y nada más. Y si bien el fútbol es eso, hoy es ganar, ganar y ganar como sea. No ver los caminos, ni la manera, ni el cómo vamos a ganar.

-¿Y quiénes establecen el cómo sea?
-La gente. A mí me tocó volver a Racing en un momento delicado, con el promedio apretado. Yo volvía como referente. La gente estaba esperando a ver qué iba a hacer, cómo iba a jugar. Lo mismo el periodismo y los compañeros. En esa evaluación, uno puede apostar por un jugador, pero eso puede fallar.

-¿Cuánto te fuiste era tan distinto?
-Las presiones existían. Pero si no ganabas no iba más allá la cosa. Hoy ves cosas tremendas. El caso de Independiente, por ejemplo. No sé qué efecto puede provocar en el futbolista ese tipo de expresiones del entorno.

-¿Y técnicamente que cambió?
-Antes los planteles tenían dos o tres referentes. Hoy cuesta encontrarlos. Se van muy temprano. Duran muy muy poco. Es complicado, los equipos solían guardar a los que eran del club para que ayuden a crecer a los más jóvenes. Hoy con Centurión ya se habla de una posible venta, de que se puede ir… Y yo lo que quiero es que crezca, que tenga sus 100 partidos en primera, que pueda rendir deportivamente en Racing y después sí, ser vendido. Lo económico también hay que mirarlo, hay que mantener un plantel, lógicamente.

-¿Vos no te fuiste muy joven a Italia?
-Me quedó el gusto amargo de irme de ese River, podría haberlo disfrutado un poco más. Era un placer jugar ahí. River era un club para disfrutar. Me fui porque me acercaron la oferta, querían negociar y aceptamos. En su momento me sentaron en la mesa, me comentaron la opción y uno decidió de manera consensuada.

-¿Qué significa ser número 2? ¿Es el que más queda pegado al error?
-Aprendí que un acierto o un error te deja para siempre en la historia de los mundiales. Te repiten en la previa de cada nueva edición. En tu país y en todos lados. Lo pasan y lo pasan. Son las reglas del juego. Y el central en esa lógica la tiene más difícil. Lo que se repiten son los goles, no los cruces. Entonces, siempre aparece el acierto del atacante y el defecto del defensor. Hoy la carencia de los chicos en ese puesto es que hablan muy poco. Me parece que si no hablás en ese puesto es muy difícil que te pueda ir bien. Hablar te potencia muchísimo, suple la técnica muchas veces. Podés rendir muy bien si sabés ordenar y hablar. Hoy eso cuesta más. Y eso nace de la personalidad de uno, ser referente, llevar adelante una idea.

-¿La técnica no es un valor primordial en el puesto?
-Si la tenés y bien usada, bienvenida. Pero si la tenés y la usas mal, no va. Hay que saber cuáles son los momentos para desarrollar la técnica en el puesto. Yo sabía que no podía entretenerme mucho con la pelota, a mí me gustaba arriesgar con los pases de salida. Poder romper líneas desde el fondo. Poder saltear alguna etapa y evitar la transición por atrás. No es fácil destacarse, no es fácil ser un ídolo jugando de central. La vista va al que termina la jugada, al habilidoso. Solo dos centrales ganaron un balón de oro en la historia del fútbol. Es difícil valorar el puesto. En el mejor momento de mi carrera, en el 2004, quedaba relegado de todas maneras. Aunque hayamos ganado muchas cosas.

-Hay muchos capitanes centrales, ¿por qué?
-Por esa voz de mando que hay que tener. Por eso los arqueros también la tienen, muchas veces. Pero el central está en el campo, ve todo desde el fondo. Son cosas que coinciden porque son funciones de liderazgo.

-¿Y qué tiene que hacer un capitán?
-Capitán sos en cada instante. Tenés que estar en las necesidades del grupo, adentro y afuera de la cancha. Tenés que tomar responsabilidades, hablar con el presidente, negociar con representantes. Ser mediador y al mismo tiempo justo y correcto. Estás bajo la lupa de manera constante.

-Es casi un sindicalista…
-Prácticamente, te convertís. Tenés que negociar y asumir funciones que no tienen nada que ver con jugar el fútbol. Pero te comprometés y ya lo tomás de manera personal, porque el grupo te toma confianza y ahí ya no podés fallar, no querés fallarles. La hacés una guerra tuya. Son particularidades de nuestro fútbol, en Europa se preestablecen los premios antes del campeonato y no se habla más del tema. No existe el reclamo.

-El capitán es el que levanta la copa y el capitán del fracaso…
-Sí, para lo bueno y lo malo. La satisfacción enorme de levantar el trofeo es inigualable. Y para lo otro también hay que estar, tenés que cargar con eso. Son las reglas. A mí nunca se me hizo pesado. Nunca me sentí más responsable de una derrota por ser capitán. La derrota es compartida. Aunque después me gustaba salir a hablar en las malas, pero sabía que no era el capitán de ningún fracaso.

-¿Qué es el fracaso en el fútbol?
-No ganar.

-¿Y para vos qué es el fracaso?
-(Hace un silencio enorme) Es una palabra que me resulta muy ajena. No me siento fracasado en ningún aspecto de mi vida. Ser fracasado es no disfrutar de lo que uno hace, es el día que no te vaya de frente, el día que renuncie a mis valores. Yo sentía que cuando perdía, perdía la oportunidad de llegar a la gloria. Nada más.

-¿Y qué es la gloria?
-Poder haber hecho una carrera de 20 años en un alto nivel. Poder haber sido 14 años el capitán de la selección. El reconocimiento de la gente, que no me identifica con clubes, me identifica con la selección. En el día a día del futbolista te encegueces por los objetivos, pero eso pasa. El ambiente del fútbol mide el éxito según las victorias, no según la trayectoria.

-¿Qué es un manager en el fútbol argentino?
-En mi caso es sólo una opinión futbolística más. Puedo llegar a tener una visión de las cosas que un dirigente que no sabe ni vivió el fútbol no tiene. Pero no significa que sea la verdad, es una opinión más entre tantas otras, pero especializada. Y sobre todo no hay que hacer ruido. Es un trabajo sin ruido. Sin meterse en lo económico ni mediático. Lo disfruto, me gusta y me entusiasma día a día. Veo fútbol, vivo fútbol. De otra manera, en otros ambientes.

El Ratón jugó en Ferro y en River, en Parma y en Milan, en el Zaragoza y en el Valencia. Grandes, chicos y medianos. Su carrera entiende de diferencias e historias disimiles.

-¿Cómo se da la desigualdad entre los clubes?
-A nivel infraestructura la desigualdad es abismal. En el Milán yo no me tenía que ocupar ni de los muebles de mi casa. Había que entrenar, descansar y rendir el domingo. Pero existen múltiples realidades de clubes a nivel mundial. Si existe desigualdad y diferencia es porque en algún momento alguien hizo mal las cosas en el club, alguien gestionó mal. Y eso no perjudica solo al futbolista, sino a todos los que trabajan ahí.

-¿Las grandes instituciones tienen que ser necesariamente de los grandes equipos ganadores?
-No es una cuestión de plata solamente, es de administración y maximización de los recursos disponibles. Se puede. Lo cierto es que hay que querer mejorar e invertir trabajo. A veces hay poco pero está muy bien usado.

“Más allá de un juego, el fútbol es una ciencia”

Facundo Sava acaba de culminar su primer ciclo como entrenador en el fútbol argentino: dirigió durante 13 partidos a San Martín de San Juan. Nos recibió en su casa para contarnos cómo es el oficio del DT en este ambiente: grupo, vestuario, videos, psciología, Guardiola, Mourinho, Bilardo y una definición de número 9: “Hay que darse cuenta que lo que da resultados y lo que divierte al espectador son los equipos que van para adelante y dan diez pases seguidos”

Facundo Sava se define como un tipo inquieto: además de perfeccionarse en el oficio de goleador durante los 18 años que duró su carrera como futbolista, hizo cursos de psicología del deporte, de conducción de grupo, algunos talleres de creatividad, estudió inglés, cursó dos años de ciencias económicas –uno en la Universidad de Morón, el otro en La Matanza-, se recibió de psicólogo social, escribió un libro –Los colores del fútbol, de ediciones Al Arco-, estudió fotografía e hizo el curso de entrenador de fútbol. Ahora, que ya lleva más de dos años sin ponerse los botines, descubrió el triatlón para mantener su estado físico y despejar la cabeza: “Me encanta. Ya sabía que iba a hacerlo. Me estoy enganchando, cada vez más. Cuando caes en la cuenta estás nadando 1500 metros en un río, o andando 60 kilómetros en bici. Es un placer.”. Además, claro, es entrenador en este mundo que es el fútbol argentino: acaba de terminar su primera experiencia como técnico de San Martín de San Juan.

-¿Por qué siendo un tipo curioso y después de dedicarte durante tanto tiempo a ser jugador de fútbol elegís seguir metido dentro de este ambiente, ahora como entrenador?
-Por supuesto que hay cosas que no me gustan, pero lo que yo más amo a nivel juego y laboral es el fútbol. Lo de la curiosidad viene porque siempre fui un tipo inquieto, más allá de jugar al fútbol siempre hice otras cosas. Me entretiene meterme en otras cosas, porque no me gusta estar sin hacer nada. Por ejemplo, la fotografía. Un día estaba acá en mi casa y pensé: ‘tengo que hacer algo que nunca en mi vida hice ni hubiese pensado hacer, porque cuando me retire va a ser algo así: algo desconocido’. Y levanté la vista y había una cámara de fotos. Y pensé estudiar fotografía. Justo había ido a una exposición de fotos con mi mujer, que es artista. Me había gustado, lo rastreé al que había hecho la muestra y estudié seis meses.

-¿Por qué nos sorprende que dentro del ambiente del fútbol aparezcan tipos con estas inquietudes intelectuales, o sociales?
-Porque no hay muchos. Los que juegan al fútbol, en general, lo que más les gusta es jugar al fútbol. No les gusta estudiar. En mi caso, mis viejos siempre me aconsejaron que estudiara. Por lo general también se piensa que si vos estudiás distraés la energía de donde la tenés que poner, como que hay que dedicarse al fútbol 100 por 100. Existe esa idea, no me parece que sea así.

-¿Y vos como entrenador lograste generar la confianza como para aconsejar a tus jugadores este tipo de cosas?
-Sí. Estuvo bueno. Una vez, por ejemplo, les hice armar un entrenamiento a ellos. Nunca habían diagramado un entrenamiento, me dijeron. Los dividí en subgrupos, dos de defensores y otros dos de mediocampistas y delanteros. Tenían que armar dos trabajos cada subgrupo. Tenían que llevar de un día para el otro un trabajo de media hora de duración y que tenga que ver con el estilo de juego que nosotros llevábamos a cabo. Les costó un montón, porque nunca se lo habían propuesto. Tenían que poner los conos, cronometrar. Estuvo buenísimo, y después se los dije: a la mayoría lo que más les gusta es el fútbol, entonces les conviene seguir ligados a esto una vez que se retiren, y para eso tienen que ir preparándose desde ahora.

-Vos, como jugador, hiciste eso: te fuiste preparando sabiendo que ibas a ser DT.
-Sí, a los 19 años Griguol me llamó y me dijo que me veía futuro como entrenador, que empiece a anotar todos los trabajos que hacía a lo largo de mi carrera. Tengo varios cuadernos en los que anoté todos los entrenamientos que me interesaron en mi carrera. Después, por supuesto, los adaptas a tu idea.

-¿Y al plantel le gustaba esa apertura?
-Estaban muy contentos. Una vez también llevamos un referee porque muchos no sabían las reglas de juego. Hablamos también de lo que produce tanta medicación en los jugadores de fútbol. En el ambiente es normal que se abuse de los antiinflamatorios y eso no es bueno para el cuerpo. Más allá de que los jugadores aprenden, sirve para la unión de grupo.

Fotos: Nos Digital
-¿Entendés que aunque vos estés preparado y armes un proyecto si perdés tres partidos seguidos te tenés que ir, que esas son las reglas de juego del fútbol argentino?
-Por supuesto que así son las reglas, y las acepto. Miro para adelante, lo que pasó me sirve muchísimo como experiencia porque fue espectacular. Y eso también es gracias a los dirigentes que me dieron la posibilidad de empezar.

-Siempre a los técnicos les toca debutar en situación de crisis. ¿Cómo se hace para levantar a un equipo en el medio del torneo?
-Estuvo bueno eso. Los jugadores venían de perder con Racing y tenían siete suspendidos. Habían viajado todo el día, se había despedido Garnero, que había ascendido con ellos, tenían una buena relación. Estaban destrozados. Yo sabía que iba a pasar, porque nunca te toca un equipo que sale campeón. Entonces les preguntamos por qué creían que estaban así. Y todo lo que nosotros habíamos visto era lo que ellos nos dijeron. Entonces nos pusimos de acuerdo para entrenar de esa manera para perfeccionar lo que todos pensábamos.

-El tema psicológico y el anímico, entonces, es cada vez más importante en el fútbol argentino.
-Va todo de la mano. A nosotros nos sirvió mucho que ellos pudieran expresarse, tomar decisiones, participar, tener responsabilidades. Eso fue buenísimo. Teníamos un doctor en psicología que nos supervisaba la parte grupal. No estaba con nosotros, pero participaba.

-¿Y qué aporta un psicólogo?
-Entre todos pensábamos una estrategia para mejorar la relación entre ellos y también la relación con nosotros y nos vino muy bien. Las relaciones de vestuario se ven dentro de la cancha, sin duda. Cuando un grupo está fuerte se nota mucho, y cuando está débil también. Se nota en la forma de jugar, en los gestos, en la forma de relacionarse con el referí, la relación con los hinchas, con los dirigentes, en la calidad y el humor de los entrenamientos y todo eso se termina traduciendo en los resultados.

-Zafaste del descenso atacando. No es común.
-Martino, el Flaco Gareca, Pepe Romero, Sensini, un montón de entrenadores me han dicho lo contento que estaban de que un equipo en la situación límite en la que estaba San Martín tratara de jugar bien al fútbol. Y además ganaba. Porque jugábamos bien y obtuvimos resultados, por eso mantuvimos la categoría. Fueron seis meses mágicos, mejor de lo que hubiésemos soñado.

-Riquelme siempre dice que los equipos que descienden son los que juegan 4-4-1-1 y a la pelota parada.
-Pienso que los equipos que son cautelosos o que juegan de contragolpe pueden salir campeones. Hay muchos ejemplos, como la Grecia de la Eurocopa 2004. Pero en el tiempo eso nunca se sostiene, lo demuestra la historia. Se sostienen los equipos como Barcelona, como Real Madrid, como Boca en su momento, como Vélez, que siempre atacan.

-Ahora que no estás laburando, si tenés un sábado libre, ¿qué mirás fútbol argentino o de afuera?
-Miro mucho fútbol argentino, de afuera trato de elegir qué mirar. Hay equipos de Europa que ya se cómo juegan y siento que es perder el tiempo. Miro de los que puedo aprender. Barcelona, Real Madrid, Manchester miro siempre porque es impresionante. Pero después hay partidos que son aburridos de afuera. De acá también, pero es mi trabajo mirarlo porque tengo que saber cómo juegan los jugadores.

-Antes de tu arranque como entrenador estuviste en España formándote con algunos entrenadores de allá, ¿con eso alcanza o siempre hay que estar sumando experiencias?
-Ahora quiero ir a Chile para ver a Sampaoli, a Berizzo. Por acá también hay de quien aprender: quiero ir a Lanús, a ver a Coqui Raffo en divisiones juveniles de Boca, a ver a Martino. Sigo aprendiendo porque el fútbol más allá de ser un juego es como una ciencia. Es cada vez más científico: la edición de video y todo eso está muy avanzado.

-¿En San Martín trabajaban con eso?
-Sí, Matías Manna (el peridoista que hace http://paradigmaguardiola.blogspot.com.ar/ http://www.nosdigital.dreamhosters.com//2011/07/paradigma-guardiola-paradigma-de-futbol-y-de-vida/) nos hace la edición de los partidos nuestros y de los rivales. Estaba bueno. Les mostrábamos cosas a los jugadores que en la cancha nunca te das cuenta. Corregís un montón de errores, te aporta un montón. Eso te da todo lo que vos quieras: porcentaje de pases, de tenencia. Lo que quieras.

-El fútbol es cada vez menos improvisación, entonces.
-Al revés. Justamente la improvisación hace distinto al fútbol. Esos son datos científicos: yo puedo saber cuántas veces Messi va para la derecha y cuántas veces para la izquierda. Pero en el partido no sabés para dónde va a salir en cada jugada. Tenés que arriesgar. A mi me servía cuando yo jugaba y pateaba penales. Tenía un amigo que trabajaba en una de estas empresas de estadísticas y antes de los partidos le preguntaba por el arquero al que enfrentaba. Me decía en los penales que le patearon para dónde se tiró: el 80% se tiró para la derecha, por ejemplo. Entonces yo sabía que de diez penales tirándole al otro lado, ocho iban a ser gol. Iba con un montón de información a patear un penal. Mal no fue, para esas cosas sirven las estadísticas.

-¿Esto de los videos es algo que apareció ahora, o que viene de hace rato?
-El fútbol en Argentina está atrasado a lo que es en otros países. Por ejemplo, cuando estaba en el Fulham, me daban un pen drive con los movimientos de los defensores que iba a enfrentar. Y acá nunca me pasó. Se que Berizzo lo hizo en Estudiantes, por ejemplo. Y con referencia a otros deportes como el vóley, el hockey, el básquet también estamos atrasados. Cuando ví lo que hace el cuerpo técnico del Real Madrid con los videos no lo podía creer: tiene seis personas sólo para editar videos. Y el Manchester City tiene nueve. En ese sentido estamos a años luz, pero de a poco lo vamos incorporando.

-Entonces no sirve como justificación de lo aburrido que salen algunos partidos que ahora está todo demasiado estudiado.
-Creo que lo que falta es creatividad. Y arriesgar, aprender, darse cuenta que lo que da resultados y lo que divierte al espectador son los que van para adelante y dan diez pases seguidos. También se puede obtener resultados de la otra manera, y hay momentos donde necesitás defender, pero a la larga los que perduran arriba son los que van para adelante. Vélez hace cinco años que está arriba y pasan los dos laterales juntos al ataque.

-¿Y a los clubes, en esto que decías de estar atrasado, también les falta un poco de profesionalización?
-Sí, un montón. En todo sentido. A nivel infraestructura, ni hablar. Tenés clubes como Vélez, Lanús, que hacen cosas a nivel europeo, pero la mayoría está lejos de esos. Yo lo que digo es que para manejar un club hay que dedicar tiempo y tener gente profesional en todas las áreas, y eso tiene un costo, gratis no lo hace nadie. Acá no hay muchos clubes que tengan gente paga trabajando, aunque entiendo que es difícil porque yo defiendo las asociaciones civiles también.

-Alguna vez dijiste que Racing, por ejemplo, tenía todo para ser una potencia mundial pero estaba como estaba.
-Racing es un club desaprovechado. No tiene un buen predio para entrenar, por ejemplo. Tiene el de Ezeiza, pero no se qué pasa ahí. Con la gente que tiene, la gente que lleva, no lo podés creer. Más viendo que Vélez, Lanús, Estudiantes tienen esos predios. Pero Racing, un club grande, histórico… es una lástima. Ha tenido muy malas dirigencias, ahora está mejorando.

-Tuviste la posibilidad de charlar con Guardiola. ¿Te dio la receta mágica?
-Él estaba avalado por una institución magnífica. Es más fácil así, además de la capacidad del tipo de querer aprender todo el tiempo de todo el mundo. Pero lo primero que me dijo fue: ‘no creas todo lo que dicen’. Tampoco idealicemos. De todo se puede aprender. Idealizar algo no es bueno. A Mourinho acá siempre se lo compara y es un genio. Excepto un par de partidos que jugó a atacarlo, contra el Barcelona juega distinto de todos los demás partidos. Pero el Real Madrid le puede hacer diez goles a todos los equipos, les llega con 50 jugadores hasta abajo del arco.

-¿De todos se aprende, de Bilardo también?
-De todos. El tipo por ejemplo en lo que es video estaba avanzado de todo el resto. Yo lo tuve en Boca. Venía de Ferro, recién llegaba a la pretemporada, estaba nervioso. Jugábamos con Olimpia de Paraguay en Mar del Plata. Ganábamos 1-0 y me acalambré, no podía más. Y de una jugada por donde estaba yo tirado, tiran el centro, hacen el gol y se llevan la copa. Al día siguiente nos llamó y nos mostró diez jugadas donde había un jugador acalambrado y por eso la jugada terminaba en gol del rival. No fue conmigo, pero él decía no se puede jugar al fútbol con 10 jugadores. No es por él, decía, venía de un club chico a un club grande como Boca, tenía los nervios del debut, el problema es con ustedes que no pararon el partido, no la tiraron afuera, nada. En un par de horas el tipo se había buscado 10 jugadas para mostrarnos. Eso te queda.

“Nunca creí en los líderes por imposición”

Sebastián Saja, referente de Racing, explica qué significa ser capitán en el fútbol argentino. “Acá cumplimos un rol más importante que en otras partes de mundo: te tenés que preocupar porque tus compañeros cobren el sueldo, tenés que hablar con los dirigentes, hay que tener capacidad para que haya 30 jugadores a gusto”, asegura. De Aerosmith a Leo Mattioli, del Ché y Fidel a Messi, de su viejo a Bielsa, del triunfo al fracaso, de Centurión a Michelini, de Dan Brown a la Play, de la prensa al ritmo de la gente, el Chino cuenta cómo se forma la personalidad de un verdadero líder.

-¿Uno nace capitán o se hace capitán?
-Se nace. No es algo que se haga forzado o se quiera imponer por decisión de uno. Uno actúa como le sale. Yo me empecé a dar cuenta de mi personalidad cuando era chico. No me gustaba perder, me enojaba con mi viejo cuando se ponía a patearme al arco y me hacía un gol. Cada vez que la metía, lo quería cagar a palos. Es un proceso. Cuando te rebelás contra algo, te vas dando cuenta de tu temperamento. Siempre fui de reaccionar, desde chico lo llevo.

-¿Cómo se prepara un líder para ser líder?
-Yo creo que es algo natural. Es bueno cuando es natural. Cuando uno actúa como es, eso hace que llegue a ser capitán o uno de los referntes dentro de un grupo. Yo nunca creí en los líderes por imposición. Lo que sí, ser líder tiene muchas responsabilidades. Quizás la cosa viene por ahí, por prepararte para cuidar mucho más tus acciones. Tenés que ser un ejemplo.

-¿Qué hace un capitán?
-Bastantes cosas. Primero, tiene que dar el ejemplo en cuanto al entrenamiento, respetar los horarios, la disciplina. Hay que tener capacidad para organizar treinta jugadores para que todos estemos a gusto. En el fútbol argentino, además, los capitanes cumplimos un rol mucho más importante que en otras partes del mundo. Acá te tenés que preocupar porque tus compañeros cobren el sueldo, tenés que hablar con los dirigentes, tenés que resolver inquietudes más grandes. Afuera esas cosas no existen. El capitán es simplemente la imagen del equipo, es el lugar que ocupa dentro de la cancha. Acá, se busca más lo que transmite fuera de la cancha.

-¿Y vos sentís eso como parte del oficio o pensás que te gustaría simplemente dedicarte a atajar?
-Yo asumo las responsabilidades que tengo como jugador. Disfruto de poder hacerlas. Sobre todo, acá en Argentina. Afuera, capaz, te preocupás menos. Asumo esa responsabilidad y está bueno: me gusta ordenar y tratar que las cosas estén bien.

Imagen: NosDigital

– ¿Por qué afuera no?
– Donde yo tuve la experiencia más prolongada fue en Grecia y, ahí, el tema del idioma fue una barrera muy grande. Vos tenés que hablar y la verdad es que no podés. Después en Brasil, en el Gremio, tuve mucha continuidad, estuve un año, pero pasó algo natural: cuando llegás a un club, tenés que respetar los lugares que te toca ocupar. En Racing yo me acomodé en el lugar que me dieron mis compañeros y, poco a poco, el espacio fue apareciendo. Por ahí llegaste a otro club, otro ocupa ese lugar y uno lo acepta. Acá se fue dando naturalmente.

– ¿Acá en Racing se dio naturalmente o se dio por necesidad?
– Puede ser que yo haya sido capitán por una necesidad. Había muchos chicos jóvenes en el plantel. El capitán era Yacob, que tenía muchos años en el club pero 24 años. El grupo necesitaba gente de experiencia. Aunque eso no quiere decir que para ser capitán haga falta tener 30 años. Capaz algunos tienen 22 y lo hacen muy bien. Y tenés algunos de 35 que no pueden manejar nada.

-Racing es un club que vive con euforia, con una presencia de la gente muy grande, con presiones: ¿cómo es manejar este vestuario?
-Siempre hay que ir aprendiendo y adaptarse al lugar en el que estás. Transmitiendo a los compañeros distintos conceptos, explicando cómo tienen que manejarse con la prensa, haciendo lo posible para que nunca entremos en el ritmo de la gente. Racing de local es difícil, administrar la presión es complicado. La euforia que tiene el hincha de Racing de local no es algo sencillo de llevar.

-Mencionás el tema del ritmo de la gente. Vos que sos arquero, que pasás bastante tiempo sin participar del juego, quizás tenés más tiempo para verlo, ¿cómo se definiría esa sensación desde adentro?
-Se nota cuando un compañero tiene la pelota en la mitad de cancha y decide retroceder con la pelota y, por ahí, la gente lo reprueba, y le hace perder confianza en lo que cree. Lo lleva a equivocarse, a que arriesgue en un pase y pierda la pelota. Eso le pasa mucho al equipo. Todo depende del resultado: si vas ganando todo se aprueba, pero si vas perdiendo todo se reprueba.

-¿O sea que desde adentro se siente todo?
-Desde adentro se siente todo. Todo. Tenés que ser muy frío o tenés que tener mucha experiencia para no sentirlo. A mí me pasa mucho. Si yo descuelgo un centro y la gente me grita sacá, sacá, sacá, uno nota el ambiente y es difícil tener la pelota como para mirar bien a quién dársela.

-¿Cómo es explicarle eso a un chico hoy? ¿Sentís que del momento en que vos eras un joven a ahora, los futbolistas cambiaron?
-Son tiempos distintos. No es que cambió el fútbol, cambió la sociedad en sí. Cuando yo jugaba en la tercera de San Lorenzo, me moría de ganas de tener los guantes que tenía en ese momento Oscar Passet. Hoy cualquiera de los de las inferiores tienen guantes de las dos mejores marcas porque se los da su representante. Se pierde la valoración por las cosas. A mí me parece que es importante sentir el sacrificio por las cosas que se tienen. Hoy eso cambió, todos tienen botines impresionantes. Es más, parece que el que no tiene el último celular está mal. Yo si llegaba con un celular a la concentración, siendo pibe, me miraban todos mal. Hoy se perdió ese respeto, pero lo perdió la sociedad. Igual acá en Racing estamos muy contentos con los jóvenes, son muy respetuosos.

-Hace un rato hablábamos de si hacía falta prepararse para ser capitán, ¿vos tenés que ir aprendiendo los nuevos códigos de los pibes?
-Me cuesta tener que decirle a Centurión: “Eh Guacho”, o alguna cosa así. No me sale. Trato de hablarle de la manera que yo creo, pero el lenguaje me cuesta. Uno se adapta. A mí me gustaría escuchar rock en el vestuario, pero a los más chicos les gusta escuchar cumbia o los wachiturros.

-¿Y qué música te gusta a vos?
-A mí me gusta de todo: del Rock Nacional a Internacional. Soy amplio en ese sentido. Desde Aerosmith o Guns N’ Roses, hasta a Diego Torres, Fito Páez o los Fabulosos Cádillacs. El tema es que los pibes me ponen a las ocho de la mañana Leo Mattioli y, bueno, preferiría otra cosa. Los días del partido me banco la cumbia porque hay que estar bien arriba, pero durante la semana es difícil.

-¿Sentís que los pibes te escuchan?
-Sí, siento que me escuchan. Yo, al menos, me quedo con la tranquilidad de que los aconsejé. Ahora, a la vez, te aseguro que ellos se van a equivocar, como todos nos equivocamos muchas veces. El otro día lo agarré a Viola y le dije que una de las cosas que no tenía que hacer era volverse rápido a Argentina, que había que aguantar las adversidades. Y creo que me prestó atención.

-Hace un rato dijiste que había que ayudarlos con el tema de cómo declarar, ¿cómo funciona eso?
-Es que hay que aconsejarlos. Acá en Racing, igual, es un caso muy especial porque están muy bien cuidados, muy organizado y eso nos viene muy bien. Uno debe aprender a manejar el tema de la comunicación. Pero en San Lorenzo, cuando yo era más chico, no era así.

-¿Y vos sentiste que en esa época te equivocaste con los medios?
-Yo cometí infinidad de errores en cuanto a cómo manejarme con la prensa porque cuando uno es joven, a veces, cree que sabe todo y en realidad no sabe nada y uno hace declaraciones de más. Imaginate que si yo fuera joven, ahora antes de jugar con Independiente, declararía: “El sábado ganamos como sea”. Que son títulos que a la prensa le gustan mucho y que los hinchas también quieren escuchar. Pero si después te equivocás, la pagás muy caro y es innecesario. Me acuerdo, en San Lorenzo, una vez estábamos jugando contra Boca y estábamos perdiendo 1-0. Yo fui a patear un tiro libre y no me dejaron, pero igual me quedé al lado de la pelota. Cuando terminó, me tocó hacer los análisis del dóping y cuando salí, declaré: “Acá cada uno hace lo que quiere”. Cuando llegué el otro día, me agarraron un par y me pegaron una lavada de cabeza total.

– ¿Quiénes eran ahí los que te fueron enseñando?
-Estaba Pablo Michelini, el Beto Acosta y también, aunque a mí me toco remplazarlo, Gustavo Campagnoulo. Ellos me iban diciendo cosas. Yo igual pensaba que dijeran lo que me dijeran iba a hacer lo que quisiera y nadie me tenía que decir nada. Pero obviamente me equivoqué. Son muchas las cosas donde te pueden ayudar y cuando vas creciendo te vas volviendo más consciente de eso. Necesitás que te expliquen qué hacer con tus primeros sueldos, no tenés que comprarte un cero kilómetro para quedarte seco de guita. A mí me agarró una vez Oscar Ruggeri, que fue el técnico que me hizo debutar, y vio que yo me había comprado un auto. Cuando llegué al club, me llamó aparte y me pregunto: “¿Y dónde lo guardás” y yo le dije que en la casa de mi viejo. Y él me respondió: primero te tenés que comprar el garaje, después el auto. El problema es que esas cosas son cada vez más complicadas de explicar porque, como decía antes, ahora todo es más fácil. Las necesidades son otras: hoy los chicos suben rápido, los venden rápido y todo dura poco.

– ¿Eso se ve en cómo se juega?
– Sí, claro. Por eso se juega como se juega. Los talentos no duran nada. Cuando yo arranqué a jugar, había tipos como Aimar o como Saviola que estuvieron cuatro temporadas antes de irse. Ahora fijate el caso de Viola, que tiene 40 partidos en Primera, ni un torneo como titular y ya se fue. Eso no funciona porque a los pibes los quemás. Tenemos el caso de Centurión, que es un chico con unas condiciones bárbaras, pero para volverse un gran jugador tiene que estar tres o cuatro años en el fútbol argentino para formarse. Pero bueno, las necesidades mandan.

-¿Eso vos lo podés hablar con los pibes?
-Es difícil explicárselo a su familia, sobre todo. Las oportunidades en el fútbol a algunos les pueden pasar dos o tres veces, pero esos son los menos. Capaz que pasa una sola vez y todos temen por eso. Yo trato de hablarles por lo que me ha tocado vivir, lo hago acá y lo hago con mis amigos y con mis sobrinos, pero no es sencillo.

-Para formarte y aprender esto de ser un líder, ¿vos leés algo, mirás series, películas?
-Sí, hace un año que empecé a leer cosas del Ché. Me gusta mucho la verdad. Ahora acá el técnico me pasó otro del Ché y uno de Fidel Castro porque me vio en un avión leyendo cosas de ellos. Son figuras que han trascendido todas las barreras. Uno puede no estar de acuerdo o sí, pero sin dudas son personalidades que enseñan muchas cosas.

-¿Qué es lo que te llama de esas figuras?
-Me quedó muy marcado una historia de cuando ellos ganaron la Revolución. Fidel le tuvo que llevar la familia al Ché sin que se enterara porque no quería gastar la poca plata que tenía Cuba. O cuando el Ché viajaba a Uruguay, y no tenía plata para hospedar la familia, no los llevaba. Cuando uno trasciende la familia por un ideal, es para sacarse el sombrero. O lo mismo con el tema de conquistar un país. Podrían haberse quedado ahí, pero no: decidieron seguir e ir por África y después por Sudamerica. Para mí, llevándolo al fútbol, es como si ganás un Mundial, pensás que ahí se terminó todo, pero siempre hay más cosas por jugar y más partidos por ganar.

-¿Cómo llegaste a interesarte en ellos?
-Siempre me intrigó la figura del Ché. Uno siempre escuchó hablar de él y opinar, pero yo nunca me metía porque no conocía más que lo que me han contado. Pelletieri me acercó un libro, ahora vamos a ver qué fue lo que realmente sucedió. En el Ché yo veo eso de ser un líder positivo, eso de siempre querer más.

-¿Y a los pibes del plantel los ves leyendo eso?
-No, por ahora no, por ahora están jugando a la Play o a las cartas. Yo al principio tampoco leía, pero me enganché con las novelas de Dan Brown, con el Código Da Vinci, y fui encontrando nuevas cosas.

-¿En el deporte ves algún otro líder que vos tomes de modelo?
-Hay muchísimos. En el fútbol me sorprende mucho Messi. Me asombra. No por su personalidad, sino por la búsqueda de superación que él tiene. También veo en eso a Federer o a Nadal. Se mantienen siempre en el máximo nivel y nunca se conforman. Si logras tener la ambición de los grandes deportistas eso es lo que te termina haciendo triunfar o no. Yo no soy un dotado, pero juego en Primera, aunque si yo me propongo jugar en el Barcelona no voy a llegar. Pero el proponérmelo me hace jugar en un nivel un poquito más alto que en una carrera normal. Creo que se puede potenciar muchísimo desde la superación.

-¿En Argentina hay un problema con el concepto de triunfar?
-Sí, es algo bien de Argentina. Nosotros como sociedad somos así. Mirá lo que nos pasó a nosotros en la Copa Argentina. Yo se lo decía el otro día al presidente: si vos me decís que voy a jugar cinco finales más y las voy a perder, te lo firmo, porque es importante llegar. Acá eso no cuenta. Sólo hay que ganar. Vivimos y juzgamos por si alguien salió campeón o no. Parece que al argentino lo único que le importa es salir primero y hace veinte años que no llegamos a una semifinal de un Mundial. ¿Y qué querés, salir campeón si nunca sos siquiera quinto? Eso es lo que pasa acá en Racing: nos piden siempre salir primeros cuando el torneo pasado, capaz, saliste decimoctavo. Todos queremos ser campeones, pero es imposible.

-¿El tema sería que si perdés sos un fracasado?
-Claro. Yo escucho que Boca porque perdió dos finales de tres es un fracaso y me quiero matar. Ojalá yo pudiera jugar la Copa Libertadores. Fracaso es otra cosa, es no haber hecho todo para tratar de obtener un resultado, es si yo vuelvo a mi casa y siento que no di todo.

– Siguiendo con el tema del ser capitán, ¿a vos te gusta, también, participar de la discusión futbolística con el entrenador?
– Me gusta, siempre y cuando, me pidan opinión. Con el técnico y con los dirigentes. Acá en Racing se puede. Muchas veces, cuando terminan los partidos, Zubeldía te pregunta qué te pareció, cómo te sentiste. Él es joven pero su personalidad hace que parezca más grande. Los mayores lo respetamos mucho. Veníamos del Coco, que es más grande, y antes teníamos al Cholo, que era también joven. Pero no cambia mucho, lo distinto son las ideología que tiene cada uno. El fútbol tiene diversos modelos, eso es lo diferente.

-¿A vos qué ideología futbolística te gusta?
-Nosotros crecimos con dos ideologías: el menottismo y el bilardismo. Las dos tuvieron tantos resultados positivos como negativos. Yo digo que para mí hay otra más, que es la de Marcelo Bielsa. Un fútbol más dinámico, más vertical, más moderno quizás.

-Hablando de liderazgo, Bielsa es uno muy particular.
-Sí, pero Bielsa le llega mucho al jugador. Te convence con el trabajo de campo, creo que eso es lo bueno. No te tiene media hora hablando, con el laburo él hace que vos creas en eso. Mirá que él no tiene mucho diálogo con los jugadores, pero les llega igual.

-¿Cómo hacés para llevar todos los temas que requiere ser capitán y no olvidarte de nada?
-Tengo un cuaderno donde anoto todo. Yo vi que lo hacía Michelini, que era un tipo muy ordenado, y se lo copié agregándole cosas mías. Así, por ejemplo, organizamos acá el método del pozo común, que es cuando cobramos algún premio, ponemos de a 50 o 100 pesos para después, entre todos, comprar cosas para el vestuario, como un equipo de música o una máquina de café. Es una forma de acolchonar los gastos y así, después, si vamos a cenar todos, no le sacás plata a un pibe que cobra 5000 pesos por mes.

-Para bancar todos estos problemas, ¿hacés terapia?
-No, a mí es algo que nunca me gustó mucho, aunque considero que es bueno que alguien lo pueda hacer si quiere. Mi terapia es hacer asados los jueves a la noche, en Brandsen.

-¿Sos un buen asador?
-Según mis amigos, soy muy bueno. Aprendí de mi viejo. Cocino al asador, a leña. Me preparo un costillar entero a la cruz. Ahí me logro aislar de todo.

 

Rebottaro, Pansardi, Bulgarelli, Vergassola y Malvestitti

El Tigre Peyrú se define como músico, periodista, escritor y psicodélico. Es, en definitiva, un personaje capaz de pasarse tres años revisando formaciones para reunir las 100 selección más bizarras de la historia del fútbol en el libro Botinazo Cósimo. Vale la pena tomarse un café con él y compartir su locura.

Arranquemos por el nombre: el tipo se llama Juan Tigre Peyrú. “Sí, Tigre es mi nombre, aunque no aparezca en el documento. Mi vieja me quiso poner así, pero nací en los 70, con los milicos, en épocas de cabezas muy cerradas. Te dejaban poner León, pero no Tigre. En la primaria me decían Juan, pero de más grandecito, en la secundaria, los agarré a mis compañeros y les expliqué que yo me llamaba Tigre”. Sigamos por el oficio: “soy músico, periodista, escritor y psicodélico”, aclara el autor de Botinazo Cósmico, el libro que reúne las 100 selecciones más bizarras de la historia del fútbol, editado por Sudamericana. Sólo alguien así puede haber estado durante tres años buscando nombres de muchos futbolistas con la idea de agruparlos y clasificarlos según el significado de su apellido. De todo ese laburo salió, por ejemplo, la selección de estupefacientes, que se para así: Lima; Pacco, Yacolev, Dopazo, Droguett; Dell’Orto, Colace, Bolado, Vizio; Zubavicius y Drogba. O la loser: Manchado; Salameh, Dudar, Nardi, Rebottaro; Pansardi, Bulgarelli, Vergassola, Malvestitti; Naif y Mannini.

Fotos: NosDigital

Nos encontramos con el Tigre en el Bar El Banderín, esquina clásica de fútbol, café y tango, para entender cómo llegó a esta locura del Botinazo Cósimo. Apenas lo vemos entrar empezamos a comprenderlo: los pelos largos y enmarañados, la sonrisa ancha, la barba tupida. Hay dos palabras, dos adjetivos, que repite muy seguido: bizarro y psicodélico. “Esto nació como un juego con un amigo, que en una de las tantas noches desquiciadas que pasamos nos pusimos a armar equipos con los jugadores más delirantes que hubiéramos visto con nuestras camisetas, yo de Racing y el de Independiente. Tipo el Cabezón Allegue. Otra noche, en un asado, otro amigo me dice ‘Tigre, traete esas cosas raras que hacés con los jugadores de fútbol’. Y las empecé a pasar y veía como la gente se copaba, se moría de risa. Entonces empecé a pensar que esta locura podía tener alguna veta productiva”, explica. De aquel asado a la publicación del libro pasaron unos tres años. Desde la publicación hasta que el libro llegó a las manos de Diego Maradona, en Dubai, pasaron sólo un par de meses. “Un sueño. Un amigo me hizo el gancho. Nunca imaginé que iba a sacar un libro, mucho menos que le iba a llegar a Diego y que se iba a sacar una foto de lo más contento”, cuenta el Tigre.

Mientras sigue adelante con su costado musical –tocó el 30 de junio en Espacio Dadá, Palermo, con su banda El Tigre y sus Manchas-, continúa con la promoción de su libro, ese callejón que encontró para volver a sus orígenes del periodismo deportivo. “A los 17 años conseguí un laburo como productor en el programa de radio de Niembro, en La Red. Después me fui de vacaciones, algo que no se podía, entonces no seguí ahí pero saqué una media beca para estudiar en su escuela de periodismo. Terminé, pero nunca me gustó el ambiente pisacabezas que se maneja en el periodismo deportivo, así que me metí más con la música. Este libro es, de alguna manera, mi regreso a los medios”, dice, y agrega que tiene una columna semanal en Radio Provincia, además del raid mediático que tuvo por casi todos los canales deportivos para promocionar su libro, algo que hizo por su cuenta porque la editorial no se portó muy bien con la difusión.

Vamos con otra selección, la etílica: Tavernelli; Pedetti, Grapete, Díaz de Bordón, Tomovic; Brindisi, Botelho, Taverna; Tomasson, Marioni, Bareño. Todos los futbolistas que aparecen en los equipos son reales, existieron. Algunos fueron figuras de la pelota, otros son ignotos hasta para los enfermos futboleros, pero surgieron de revisar y buscar nombres para que encajen con las temáticas de las selecciones. Por eso, cada uno de los apellidos va acompañado por el equipo donde jugó, si es argentino, o el país donde nació si es extranjero. Al final del libro hay una especie de glosario, donde aparece la trayectoria de cada uno de los futbolistas.
Toda la locura del Tigre se resume en este Botinazo Cósmico. Y en una anécdota: “En la secundaria nosotros teníamos un muy buen equipo. Éramos 20 pibes que jugábamos bárbaro. Pero en 4º año apareció el Panchito Maciel, que era una locura lo que jugaba. Yo sabía que iba a llegar a algún lado. Entonces lo empecé a seguir. Guardé los diarios de cuando descendió con Español, cuando subió con Almagro. Y un día, leyendo en el diario la noticia de Racing veo que bien chiquitito decía que se incorporaba Francisco Maciel. Flashié. Seguí todo como nunca, tengo todos los diarios de ese campeonato. Ese fue el torneo que salimos campeones, encima. Y ahí tuve una locura con Chatruc. Me enloquecí con él. Le hablaba a todo el mundo de Chatruc”. Y sigue: “Estaba tan loco con él que, tipo desafío, le había dicho a un amigo que me lo iba a poner en el documento. Yo tengo domicilio en Provincia. Cuando me fui a hacer el DNI, el tipo me preguntó la dirección. Me la jugué: ‘José Chatruc 2001’, le dije, ‘es una esquina’. Y el tipo lo anotó. Y pasó. Un tiempo después lo llamé al Pepe para contarle lo que había hecho, y siempre quedábamos que nos íbamos a juntar. El día de mi cumpleaños lo llamé y le dije que esa noche había fiesta en casa por mi cumpleaños, que pasara. Y vino, me trajo una camiseta de regalo. Un genio. Hace poquito estuve en Pura Química, presentando el libro, con el documento que dice Chatruc. Se lo regalé en cámara”.

Para saber más del Botinazo Cósmico y del Tigre Peyrú:
http://www.botinazocosmico.com.ar/
http://www.myspace.com/eltigreysusmanchas

“Al futbolista lo intentan hacer vivir en una burbuja de pedos”

Claudio Yacob, lo conocen casi todos, es el 5 de Racing. Es también uno de los hombres que analizan este mundo de la pelota. Descubrí al futbolista que pinta para olvidar las presiones, que sino fuera jugador viajaría en una motorhome y que piensa que el fútbol es esto: “Siempre caemos pensando que todo es por plata pero hay que luchar contra eso y decir que el fútbol es otra cosa. Hay que decir que no es sólo un quilombo de gente, un negocio, una mafia, con cosas tan sucias que no se pueden entender”

Fotos: Nos Digital.

Claudio Yacob, 24 años, capitán de Racing, es el último en salir del vestuario. Tardará un puñado de minutos en caminar esos 30 pasos que lo separan de la sala de prensa del Cilindro, donde lo esperamos. En el medio repartirá unos cuantos saludos, firmará autógrafos, se sacará fotos con algunos hinchas cholulos y hasta grabará mensajes de cumpleaños. Todo ese recorrido lo hará con una sonrisa. Sus 136 partidos con la camiseta de Racing, un club donde todo es euforia pero también efímero, no hacen que se le borre. “Esto hay que pensarlo así. En disfrutar cada entrenamiento, en que tu familia pueda venir a verte jugar y sentirse orgullosa. Yo cuando entro a la cancha disfruto de jugar”, arranca Yacob la charla con NosDigital.

-¿Te gusta esto de ser futbolista? Más allá de jugar a la pelota, también está la prensa, las presiones…
-Son etapas. Yo me inicié con una pelota, ese fue mi primer regalo. Me crié en un barrio muy humilde, en calle de tierra, en Carcarañá, donde todavía vive mi viejo. Enfrente había un campito que todavía tiene el tejido abollado de haber pateado desde que aprendí a caminar. Después el fútbol se va transformando como ocurre en casi todos los aspectos de la vida, como en toda profesión, en la que uno empieza a descubrir otras cosas. De chiquito yo iba al colegio y llevaba la pelota, volvía del colegio e iba al club. Sentía que jugar era mi vida, me conectaba con todo gracias a la pelota. A medida que crecés y te vas interiorizando para seguir mejorando tuve la oportunidad de ir a un club más grande allá. Y después de venir a Racing.
-¿A qué edad llegaste al club?
-A los 14. Cuando decido venir no era solamente porque me apasionaba sino que ya lo veía para el día de mañana ser futbolista. Hoy llevo seis años en la Primera y obvio que no es lo mismo que cuando debuté. Hoy conozco, o me enseñaron, todas las cosas extrafutbolísticas que implica ser jugador. Y la realidad marca que a uno a veces le sacan las ganas esas cosas. Pero tenés que luchar contra eso y decir que el fútbol es otra cosa. Ees una pasión y no lo que a veces se piensa, que es un quilombo de gente, que es un negocio, una mafia, que realmente hay cosas tan sucias que uno no lo puede entender. Siempre caemos pensando que todo esto es por plata. Pero si lo pensás, el fútbol es otra cosa. Es una pasión enorme que llena y enriquece a muchas personas.
-¿Y cómo se lucha?
-Yo creo que todo está en la base, depende de la familia, tener en claro por qué hay gente que te viene a hablar en ciertos momentos y tantas otras que en ciertos momentos no vienen. Yo cuando entro a la cancha disfruto de jugar y se que mi familia se siente orgullosa de lo que yo hago. Después trato de estar alejado. Hay tanta gente sucia que intenta seguir embarrando esto que se vuelve una lucha constante. Esperemos que los que pensamos así ganemos esta pelea.
-¿Y te podés mantener alejado pese a ser el capitán de uno de los equipos más grandes de Argentina?
-A veces uno tiene que pensar como amateur. Así puede seguir creciendo. Al futbolista lo hacen vivir en una burbuja, que es totalmente irreal para el resto de la sociedad. Tenemos todo. Hay muchos que se creen equivocadamente que esto les va a durar para toda la vida. Y no es para nada así. Tienen que saber que es todo muy corto, hay que disfrutarlo y sacarle provecho. Pero saber que esto pasa y no te dura toda la vida. La gente y los compañeros también te los da el fútbol, a mí me dio compañeros que conozco hace diez años acá en el club. Y eso es lo que hay que rescatar.
-¿Por qué vive en una burbuja el futbolista?
-Siempre digo que al futbolista lo intentan hacer vivir en una burbuja de pedos. Lo intentan eh, no siempre. Porque es muy difícil. Viene uno y de un día para otro empezás a ganar una fortuna, salís en la tele, te reconcen por la calle, vas a un boliche y no te quieren cobrar, vas a un restorán y tampoco, cuando tendría que ser al revés, porque el que lo necesita es el pibe de Inferiores que no llega. No sólo con el futbolista, con los deportistas y los famosos debe ser parecido. Le dan todo y le quieren hacer creer eso para después sacarle provecho a uno del otro lado.
-¿Cuando te tocó subir a Primera te pasó esto o ya tenías claro cómo funciona este mundo?

-Esto viene de la base. Mi viejo fue un laburante toda la vida, lo sigue siendo y lo va a seguir siendo. Ellos me dieron algo que es impagable: el respeto, la humildad y saber que todos somos iguales por más poder o plata que haya. Ni la Presidenta, ni el presidente de Racing, ni el cuerpo técnico, tienen que faltarle el respeto a alguien que está barriendo el estadio, por ejemplo. Porque hay que pensar que todo pasa, y que los puestos se ocupan por momentos. Entonces no se justifica.
-A vos te tocó crecer en la pensión de Racing cuando era un club sin dirigentes casi. ¿Eso también te forma?
-Yo tengo la historia de haber llegado a Racing en 2002 y la verdad que era un quilombo. Fuimos a la casa de un matrimonio en Caballito, donde había sólo un baño, no era la pensión que hay hoy en Racing. En 2004 se armó esto que es un lujazo, a los pibes le lavan la ropa, los llevan al colegio, le dan Internet. Tienen todo y está bien. Yo cuando llegué me tuve que ir a anotar al colegio solo porque mis viejos no tenían la posibilidad de venir, por laburo. Mi viejo trabaja en una fábrica de molinos de harina, arrancó barriendo galpones y de a poquito fue subiendo, pero sigue ahí. De ahí aprendí el sacrifico. Yo era el más chico de la pensión y con un cordobés, que era más grande, empezamos a patear buscando dónde anotarnos. No entendíamos nada. Yo tenía que hacer noveno año. Iba y decía: “Hola, me quiero anotar”. Y así hasta que conseguí un colegio. Iba al colegio y volvía trotando para llegar a tiempo para que el colectivo me pasara a buscar para venir a entrenar.
-¿Lo terminaste el secundario?
-Sí. Hice noveno allá donde me dieron una mano porque entendieron mi situación. Y al otro año, que ya vinieron más chicos de mi categoría a la pensión como Maxi Moralez, Matías Sanchez, Malano, ahí sí nos organizaron mejor y fuimos a un colegio acá en Avellaneda donde pude terminar sin repetir pero con algunas dificultades porque andaba con los viajes de la Selección juvenil. Lo tuve que terminar a la noche. Pero fue una satisfacción, porque tuve que meterle muchas ganas. No cualquiera se va a anotar solo o se cambia de turno.
-¿Por qué hiciste esos sacrificios cuando la mayoría, si anda bien en el fútbol, deja el secundario?
-Porque yo siempre creí que no hay que ser sólo un jugador de fútbol. Que un jugador de fútbol requiere muchas cosas más que jugar bien a la pelota: ser un tipo educado, un señor, bien hablado, que se enriquezca y que cada vez se más inteligente y más capaz. Yo soy un convencido de que alguien que lee, que se forma, se enriquece y se perfecciona. A partir de ahí, un puede entender qué es el contrato que firma, expresarse mejor hacia la prensa. Hoy en día un jugador que se expresa bien ante la prensa y otro que no, hace la diferencia. Hay técnicos que te pueden sacar por declarar mal, o decir algo que no había que decir.
-¿Se le enseña al jugador cómo manejarse con los medios?
-El Colorado Sava siempre cuenta que cuando jugó en Inglaterra llegó y le dieron un manual, le explicaron cómo funcionaban los medios allá, qué medio iba a buscar por qué lado. En Racing ahora algo te explican, pero no hay una persona que te enseñe a declarar, que eso yo se lo expresé alguna vez a Rodolfo Molina. Tiene que haber un tipo que forme a los jugadores a la hora de declarar. Hay una anécdota con Lihué Prichoda que fue a la Selección como sparring. Al otro día cuando volvió a Racing, con 17 años, le hicieron una nota. Le preguntaron sobre la Selección, obvio. Y el pibe dijo, desde la inocencia, desde la frescura, desde la alegría que tenía por haber entrenado con la Selección, que Heinze lo había cagado a patadas. Al otro día lo llamaron de la AFA y le dijeron que no fuera más. Fue un error normal de un pibe, pero más que nada la viveza de periodistas que siempre están mal intencionados. Entonces tiene que haber gente que los forme en ese sentido, sabiendo que hay gente con la que podés hablar de una cosa y gente con la que te tenés que cuidar. Eso se tendría que perfeccionar.
-Hablando de Sava alguna vez nos dijo que incluso adentro de la cancha él pensaba en lo que podía decir el periodismo al otro día. ¿A vos te pasa eso también?
– Yo pienso en disfrutarlo. Si pensás en el afuera te tensionás. Si me pongo a pensar que estoy en la Primera de Racing, me tensiono. Entonces dejo que todo fluya, me libero. Esto es lo que se hacer y pienso que en el campito de enfrente de mi casa era donde mejor me salían las cosas y donde más me divertía. Entonces hay que pensar en ser amateur, en disfrutar y jugar porque me gusta hacer eso. Yo creo que así es como mejor rendís.
-Recién decías lo de formarte y leer. ¿Qué lees?
-Me gusta leer algo de historia, más que nada charlarlo. Una amiga de mi novia estudia eso. Y me encanta, pero no se mucho, me gustaría saber más. Después de otras cosas he leído libros El Secreto, la Novena Revelación, y trato de leer libros que me dejen cosas como Quién se ha llevado mi queso, que habla de los cambios. Por ejemplo yo siempre tengo el pensamiento de que estaría bueno ir a jugar afuera para conocer nuevos lugares, nueva gente, nuevas culturas. Y eso libro te da la enseñanza de que todo cambio es para bien. Que te dan miedo los cambios, pero hay que afrontarlas.
-¿Y todo esto, en tu rol de capitán, lo transmitís en el vestuario o dejás que cada uno arme su camino según sus intereses?
-Yo creo que la familia es el sostén, los cimientos, ahí te formás. Yo tuve la suerte de tener muchachos que me han enseñado mucho, como el Ratón Ayala y el Colorado Sava. Descubrí cosas que antes ni me las imaginaba de la alimentación por ejemplo.
Entonces a mi me encanta hablar mucho con los pibes. Tratar de transmitirles mi enseñanza, lo que yo pude aprender y lo que me han enseñado. Para que puedan ir quemando etapas para que no lleguen crudos a un momento en el que es fácil equivocarte.
-Vos llegaste a Primera cuando Racing ardía y jugaba la Promoción. Eran muchos pibes en ese plantel. ¿Cómo lo vivieron?
-Yo en ese momento, realmente, lo disfrutaba. Era inconsciente. Ahora casi lo tengo que trabajar lo de disfrutarlo. En ese momento hacía mis primeros pasos. Recién hoy tomo la dimensión de que éramos todos pibes del club, que jugamos una Promoción, que esta institución podría estar en una segunda división como está River, Central, Gimnasia o como está viviendo ahora San Lorenzo, que también son todos pibes del club. Hubiera sido muy complicado. Mirándolo de afuera, a River o a San Lorenzo, digo “uh mirá estos pibes con lo que tienen que cargar”. Pero en ese momento lo disfrutaba. Me acuerdo el partido con Belgrano, entré y ni siquiera cuando terminó el partido me di cuenta. Hoy después de cuatro años sí te digo “uh, loco, lo que nos jugamos”. Quedamos en la historia, la gente por ahí no lo valora mucho ese momento pero porque zafamos. Pero si no hubiéramos zafado nos hubieran crucificado siendo todos pibes que nos criamos en el club con 18 años.
-¿O sea que entre ese momento de nervios, siendo todos pibes, a este contexto de tranquilidad vos no sentís ningún cambio a la hora de jugar?
-Obviamente que esta situación es diferente. El club está en otra situación. El equipo tiene otra jerarquía. Hoy se juega con otra distensión. Estamos haciendo historia, entrando a una Copa que hace nueve años no entramos, quedamos ahí de entrar a la Libertadores. Yo nunca jugué en Racing una Copa Internacional. Hace mucho que lo desaba. La vengo peleando hace mucho tiempo y últimamente lo veo que este equipo juega, que este equipo se lo merece. Hoy digo que la institución y el equipo, que van de la mano, vienen creciendo. Vamos mirando hacia arriba. Y eso es lo importante. Yo fui parte de todo este crecimiento y lo siento así.
-¿Te gusta cómo juega Racing?
-Juega de diferentes maneras. Me gusta porque piensa en ganar y en sumar. Ganar se puede ganar de diferentes maneras, se puede ganar jugando de contra o atacando por un lugar donde vos sabés que el rival es débil. Y lo que me gusta es que Racing piensa en ganar. El torneo pasado todos nos acordamos de que el equipo jugaba muy bien, pero perdimos 10 partidos de 19. Una locura. Jugábamos bárbaro eh, yo lo reconozco, pero terminamos 15º. Ahora terminamos segundos, pasamos los treinta puntos, que son cosas que yo nunca viví en este club. Del fútbol argentino creo que Racing es un equipo de los más ricos por los jugadores que tiene.
-Alguna vez, cuando arrancabas en Primera, apareciste como modelo publicitario, que no está tan bien visto por los hinchas. ¿Te arrepentís? ¿Por qué lo hiciste?
-No. Uno cuando hace algo sabe lo que puede venir, está en aceptarlo nada más. Cuando me llamaron estuve dos meses diciéndoles que no, porque creo que el jugador de fútbol tiene que dar una imagen seria. Pero cuando conocí a la gente, me dijeron cuál era la idea, la verdad que me divertí un montón. Fue una experiencia muy linda que hasta la hice una segunda vez. Después ya dije que era un exceso. Pero lo hice sólo como una experiencia eh, no me dieron plata ni nada. El fin era divertirme. Por suerte me dieron mucha ropa y se la traje a los chicos de la pensión, a los utileros, que para ellos es importante. Ellos lo disfrutaron y mucho más yo, porque la pase bien, me cagué de risa. Si la pasas bien, yo creo que no hay que darle muchas más vueltas, no hay que arrepentirse. Hay que hacerlo, sin importar el qué diran porque hablar siempre se va a hablar.
-¿Y por fuera del fútbol qué hacés? ¿Tenés algun hobby?
-Tengo que retomar las clases de guitarra, me gusta cualquier tipo de música. He ido a pintura también.
-Como Ayala. ¿Él te hizo incursionar?
-Con el Ratón hablamos, me regaló un cuadro que se lo pedí. Le tiré un par de centros para que me lo regalara solo, pero se lo tuve que terminar pidiendo jaja. Arranqué porque tenía ganas. Era un momento con muchas presiones acá, que después zafamos de la Promoción. Y eso que decíamos recién de disfrutar no lo podía hacer, me venía ganando la presión. No podía disfrutar de un partido, de entrar a un campo de juego, que venga mi familia, hasta les pedí que no vinieran porque la pasábamos mal. Así que un día iba en el auto y maquinaba, viste. Dije o me tengo que ir de Buenos Aires o algo, porque necesitaba respirar otra cosa. Y pasé por un ventanal que había una vieja pintando, con un pincel grandote, de dos metros. Y la vieja pintaba, pintaba, pintaba. Siempre en la suya. Se le veía sonriendo. Entonces dije eso es lo mío. Me anoté el número. Llamé y me compré una carpeta, unas temperas y me presenté. Pero fui con la idea de que no me descubran que soy jugador de fútbol, para que no me rompan las pelotas. Yo voy ahí para relajarme, para hacer otra cosa, para que el tiempo vuele. Me presenté como Federico, dije que estudiaba administración de empresas. La mina era una hippona, me encantaba la onda. Fui a un par de clases y estaba buenísimo. Hasta que nos sacamos una foto de fin de año y un día la mina me dijo “che, vos jugás al fútbol?”. “No, nada que ver”, le dije. El novio le había dicho que me parecía un jugador. Y yo le mandé que siempre me lo decían, que me confunden siempre pero que ni sabía el nombre del pibe que juega al fútbol. Hasta que ya era incómodo, irresistible. Porque yo cuando pintaba me re concentraba, volaba, el tiempo se me pasaba, lo había encontrado como un cable a tierra de verdad. Entonces la mina, de a tres metros, me llamaba. “Che, Fede”. Y yo nada. Entonces se acercaba: “Che, Fede”. Y yo pintaba, re metido. Hasta que me lo decía en la oreja, porque me olvidaba que era Fede. Y un día ya me dio vergüenza, la mina se daba cuenta. No la podía remar más. Ahora me escribe para que vuelva, ya voy a volver. Sigo pintando en casa, alguna cosita hago porque me encanta. Eran unas veteranas hipponas, un flaco que era re hippón. Me encantaba la onda. Yo soy así… Si no jugara al fútbol me compraría un…¿Cómo se llama eso? (hace con las manos un volante)
-Un motorhome…
-Uno de esos. Vuelo, vuelo, vuelo. Yo ya le dije a mi novia. Cuando termine el fútbol me vas a hacer el aguante. Uno vive con horarios todos los días, de lunes a lunes. Entonces te satura. Es un sacrifico enorme. Te perdés un montón de cosas. La familia, yo tengo dos sobrinas que no las veo mucho, me perdí el crecimiento de mi hermano. Uno se queda con las cosas lindas, pero es una lucha constante que hay veces que te vence, que las presiones te ganan.