Voces enterradas

“Puel Kona es un grupo de música mapuce fusión”, así se definen.  Desde la  comunidad Newen Mapu, ubicada en Neuquén Capital, estallan las voces de estos militantes de la comunicación que reivindican su identidad y denuncian el etnocidio que los intereses capitalistas siguen perpetrando en sus tierras.

Los nombran y por inercia a los minutos los googleo, son de una comunidad de Neuquén Capital que se llama “Newen Mapu” y significa fuerza de la tierra. La descripción de facebook dice “Puel Kona es un grupo de música mapuce fusión”. Me queda sabor a ganas de más y abro una nueva pestaña en el buscador, entro a youtube, escucho “Clandestinos”, corte de difusión de su primer disco. A mitad del tema les mando un inbox, no están online. Otra nueva pestaña me lleva a twitter, los sigo y les pido un contacto. Llevo el mouse hasta youtube nuevamente, ya estoy tarareando el estribillo.

La mañana siguiente empezamos a charlar. Del otro lado del teléfono me atiende Lefxaru, guitarra y voz de la banda. Resolvemos seguirla por mail, tienen una estructura horizontal y no quieren que la conversación quede en una sola voz. Casi mágicamente a pesar de los kilómetros se suman Aylin (voz), Amaru (teclados y voz), Umawtufe (bajo y Xuxuka), Ñamku (Xuxuka, xompe, sikus), Lucio (Batería) y Malen (saxo).

 

“Clandestino en tu propia tierra, extranjero en tu propio origen. Es nacer y ya estar condenados, existir pero ser invisibles” (Puel Kona – Clandestinos)

La comunidad “Newen Mapu” está cumpliendo sus primeros treinta años. Puel Kona nació, creció y fortaleció su identidad mapuce a la par del progresivo afianzamiento de la comunidad en la que vive. Proceso conflictuado muchas veces por el hecho de estar situados en la ciudad donde sistemáticamente se los volvió ajenos a su propio territorio. Este estigma recae sobre ellos como un azote difícil de imaginar para nosotros: Su vínculo con el territorio no se reduce a una mera funcionalidad, sino que es parte estructurante de su cultura. “Mapuche” quiere decir “gente de la tierra”, pero con una sutileza que el idioma conquistador no deja entrever: primero son tierra (“mapu”) y luego gente (“che”). Se vuelve más claro, entonces, que el despojamiento territorial y la devastación cultural son dos caras de un mismo proceso. “Si bien nuestros padres se encontraban en la ciudad, y nosotros nacimos y nos criamos en estos espacios, nunca nos fuimos de territorios mapuce porque somos parte de este territorio que nos da origen e identidad, al igual que nuestros antepasados. Nosotros no hemos emigrado de nuestro territorio, sino que es la ciudad la que se instaló dentro de territorio mapuce”, lo dicen convencidos. Abren una grieta en un sistema que apuesta a negarlos, una grieta por donde se filtra la luz.

La adolescencia los encontró ante la necesidad de comunicar quiénes eran y rebatir todo eso que querían imponerles. El impulso los llevó a formar Kona, un centro de comunicación en el cual empezaron a decir en diferentes formatos. Eran la primera generación adolescente dentro de la comunidad y llevaban dentro años de voces que habían querido ser silenciadas. A ellos les tocaba gritar “Creemos que tenemos muchas cosas por decir desde nuestra propia perspectiva, para que nadie hable por nosotros sino que nosotros tengamos nuestras propias voces mapuce para poder contar nuestro sentir, nuestras posiciones”.

En su búsqueda del decir, de encarnar en palabra tanta historia, llegó la música para poder decir mucho más. “El hecho de constituirnos como banda fue todo un aprendizaje, porque no hacíamos música desde antes, no éramos músicos ni habíamos estudiado música. Más que nada comenzamos a hacerla porque nos dedicábamos a  comunicar y la música era otra forma de comunicación. Pero a medida que fuimos creciendo como banda, fuimos aprendiendo un montón en relación al sentimiento musical, y a entender que no era tan sólo una forma más de hacer comunicación como nosotros creíamos, sino que es algo mucho más profundo, que tiene que ver con relacionarse con tu propio interior, con las vivencias que has podido experimentar a lo largo de tu vida, de tus sentimientos, de tus sensaciones, de cómo entendemos nuestra espiritualidad, de cómo vivimos nuestra identidad”  

Cuando cantan, una mezcla de sentimientos se entrecruza. El dolor, la alegría, la nostalgia, la tristeza, el amor y la esperanza se hacen presentes en su voz para gritar que la identidad mapuce está viva y con mucha fuerza para proyectarse. “Nos hemos sentido o nos han querido hacer sentir como extranjeros en nuestra tierra. Desde la Campaña del Desierto hasta ahora hemos sufrido la invasión territorial, por intereses petroleros,  por el turismo, por la minería, por los estancieros, por el agua. Fundamentalmente, en un primer momento para responder a la necesidad de la Argentina agro exportadora, y luego hasta el día de hoy, en función de intereses capitalistas que valoran mucho más los beneficios económicos que la vida”.

La grieta sigue sumando nuevos gritos que la expanden, el deseo colectivo motoriza la producción de una nueva forma de concebirse a ellos mismos por fuera de la mirada eurocentrista única, totalitaria y excluyente. Las fusiones de ritmos que pasan por ska, hip hop, reggae, chamamé, saya, cumbia, entre otros, hablan también de la pluralidad que defienden. La diversidad potencia la energía, los temas te mueven casi sin darte cuenta, transmiten alegría, celebran la vida.

“No creo en tu frontera, no me hagas el dominio. Jura tu bandera que demasiado duro ya es tener que ir a tu escuela donde se niega tu identidad y te enseñaran una historia ajena” (Puel Kona – Clandestinos)

El conocimiento es también una forma de colonización, es meterse con lo más profundo de tu subjetividad e imponer nuevos sistemas de entender el entorno para echar claridad sobre una única forma de saber y meter todo el resto en un agujero oscuro y profundo. La educación se encarga de transmitir esta univoca forma de conocimiento académico. “Desde niños tenemos que asistir a una escuela en donde nos enseñan que los mapuce no existen o que si existen viven perdidos en un paraje del campo en donde no hay caminos. Que no existimo, y que si existimos somos borrachos y vagos. Que no existimos y que si existimos hay que tratar de que aprendamos a dejar de ser mapuce”

Ellos no se callan y toman la decisión de cantar en castellano y en mapuzugun, dos puntas del mismo puente que pretende unir. “Para nosotros es fundamental recuperarlo, fortalecerlo, ayudar a despertarlo en las generaciones más jóvenes porque allí se encuentra toda nuestra cosmovisión”. Entienden que es necesario apropiarse de estos espacios que tienden a invisibilizarlos y trabajan para resignificarlos, para construir nuevas relaciones que no dejen a nadie afuera, en donde cada uno pueda ser libremente aportando a la diversidad cultural. “Criticamos una educación que es la que representa Sarmiento, negando lo originario de este territorio y valorando elementos extranjeros. Con esto no queremos decir que queremos generar discriminación a la inversa; sino que creemos que hay que fortalecer cada una de las culturas para que entre todos podamos aprender a respetarnos y convivir dentro del espacio territorial que compartimos”

“A nosotros como jóvenes nos ha tocado dar la discusión en nuestros espacios de formación y construir alianzas, relaciones con sectores de estudiantes que también entienden la necesidad de valorar la diversidad cultural con la que contamos. Así trabajamos para poder aportar a este cambio desde la educación, porque es la base fundamental para poder pensar otro tipo de sociedad y otras relaciones más fraternales e incluyentes”. Desobedecer. Cuestionar. Organizarse. Contrainformar. Construir. Descolonializarse. Sentir. Puel Kona, los “Guerreros del Este”, sigue luchando, sigue agrietando.

El mundo a través de nuestros ojos

Movidos por un espíritu transformador, un grupo de jóvenes cuestionadores de las miradas impuestas y las fórmulas extranjeras, conformó el colectivo Santa Conciencia. La hebra que atraviesa este tejido de sueños y reflexiones es la identidad latinoamericana. El 9 de diciembre, en el Centro Cultural Adanbuenosayres, convocan por tercer año consecutivo a un encuentro para pensar la región, desde los procesos comunes hasta las experiencias múltiples. El lenguaje privilegiado para intercambiar saberes será el arte, en sus diversas manifestaciones y rescatando la creatividad de lo lúdico.

“Los latinoamericanos producen, no son espejo, no son producto ni residuo europeo, sino que son gente que hace, produce, crea sentido. Nos reivindicamos como gente activa, como Latinoamericano activo, que puede hacer” ¡LATINOAMÉRICA VIVA! De eso se trata la propuesta, de movernos, ir, escuchar, participar, intervenir, conocernos, reconocernos.

Ellos lo proponen y nos invitan. Un grupo de estudiantes, en su mayoría de la Universidad Nacional de Tres de Febrero, que se juntó por el año 2010 con el deseo de cambiar el mundo hoy conforman el “Santa Conciencia”, que lleva adelante todos los años el encuentro “La Niña, La Pinta y La Santa Conciencia” Sí, un nombre un poco irónico que alude a uno de los temas principales de su agenda, la colonización. Lorena, una de esas cuatro idealistas de los inicios, recuerda con sonrisas los primeros tiempos: “Lo que nosotros planteábamos en ese tiempo era construir la identidad latinoamericana, creíamos que teníamos que crear una conciencia latinoamericana. Queríamos ser una especie de Robin Hood, pero no podíamos serlo porque no somos tampoco quienes para decirle a la gente qué es lo que tiene que hacer, pero teníamos esa visión de querer cambiar el mundo”.

Aquel primer encuentro que hoy parece un poco lejano se hizo en el Centro Cultural Los Bohemios, en la Cancha de Atlanta, junto con un colectivo que se llama el MAL (Movimiento Artístico Latinoamericano). Hay cosas que no cambiaron, desde un principio la columna vertebral de la idea fue el enorme y casi inalcanzable tema de lo latinoamericano. “En un primer encuentro lo que hicimos fue una performance, que era un circuito que estaba en la calle y por el que tenías que transitar por el pasado, por el presente y por el futuro. Nuestro pasado era como en los pueblos originarios antes de la colonización, el presente lo tratamos de meter con todo lo que era tecnología: televisores, computadoras colgando y era también interactivo porque pasabas te chocabas y al final podías intervenir en una tela grandísima con algún recorte, dibujo, frase. Y el futuro lo dejamos blanco, esperanzador, era un espacio de proyección”.

El tiempo modificó la dinámica de trabajo y la cantidad de gente que interviene en el proyecto. Para la segunda edición se repensaron las estrategias y se optó por abrir el abanico de participación. “En el segundo encuentro quisimos tercerizar las actividades y llamamos a los artistas que conocíamos y que tocaban algunas temáticas”. Si bien el resultado fue positivo, una vez más “Santa Conciencia”, se sentó a replantear el armado del tercer encuentro y volvió a darle una nueva vuelta de tuerca. Ya no preferían que vengas con tu número, lo hagas, termines y te vayas. Ahora la búsqueda pasa no por sumar, sino por integrar muchos otros colectivos para reforzar la pluralidad de voces y darle fuerza entre todos al grito de su lema “Cultivando la identidad latinoamericana”.

Las chicas que comparten una mesa , una charla y una tarde con nosotros son parte del grupo coordinador, junto a otras seis personas, que se encarga de la gestión integral del evento y que nos aclaran la nueva modalidad de trabajo, modalidad que recalcan es horizontal e igual de participativa entre todas las partes. Entre anécdotas de ediciones anteriores que se cuelan anónimas, nos cuentan cómo junto al resto del colectivo pensaron la fecha de este año: “Desde ese grupo quisimos organizar el encuentro conceptualmente para que no sea simplemente un tercero que viene, aporta lo que ya tiene y se va. Decidimos convocar colectivos de trabajos y establecer ejes temáticos para que cada colectivo o entre colectivos se trabaje y darle así una integración conceptual al encuentro y que haya un trabajo previo para organizarnos mejor entre todo. Estuvimos armando pre encuentros con estos colectivos donde les mostramos cuáles eran los ejes que habíamos pensado, dimos los lineamientos generales, pero abrimos el juego a que en los pre encuentros se tiren ideas y que cada colectivo se interese por un eje particular”.

La idea se completa con el juego y la participación. Ya lo dijimos, somos gente activa que produce y todas las actividades que se ofrecen tienen que ver con lo lúdico, lejos de ser simplemente una bajada de texto. Música en vivo, talleres, teatro, performances, charlas, artes visuales, juegos al aire libre y muchas otras propuestas completan la grilla articulada en los ejes que se desprenden de la casi infinita cuestión Latinoamericana: colonización y neocolonización, educación, pueblos originarios, dictaduras militares en América Latina, género y naturaleza y recursos naturales nos llaman a poner el cuerpo y participar. Cada uno de los ejes se presentará con un video que está haciendo trabajar duro a la comisión de Audiovisuales, una de los tantos grupos de laburo que se articulan para darle forma al encuentro. También hay encargados de golpear puertas y conseguir financiación, ¡tarea de las más difíciles!: “Al principio el que se encargaba de recaudar fondos iba a grandes empresas donde no le pasaban ni cinco de pelota, entonces la nueva estrategia fue ir a los negocios que están alrededor del parque y ahí nos dieron un poco de bola”.

Durante tres intensivos años, “Santa Conciencia” maduró y aunque los ejes principales no cambiaron, hoy a partir de su nombre que puede generar contradicciones, prefiere dejar en claro lo que se quiere lograr compartiendo una jornada: “El objetivo no es generar conciencia, no es que un grupo vaya y dé conciencia o ilumine las cabezas de la gente; no, no es ese el objetivo, sino más bien que se generen espacios de reflexión, nosotros siendo parte de esa reflexión. Es un intercambio horizontal, pretendemos que sea eso”. Lejos de la idea de inyectar conciencia en la puerta mientras vas entrando, lo que se pretende es generar espacios participativos para que entre todos se pueda montar un entramado de ideas que genere que te vayas a tu casa con una nueva noción de la identidad latinoamericana. “Cambiar ese sentido común de que los Argentinos descendemos de los barcos y encontrar algún vinculo, generar empatía con otras manifestaciones culturales nativas. Que descendemos de los barcos es en parte verdad y en parte mentira, es un cincuenta porciento”

En búsqueda de un intercambio verdadero y recíproco, la cita queda hecha para el domingo 9 de Diciembre desde el medio día en el Centro Cultural Adán Buenosayres ubicado en el Parque Chacabuco. Entendiendo que es imposible hablar de un continente homogéneo, pero en búsqueda de reivindicar que sí hay un proceso histórico común  que tuvo experiencias comunes de múltiples maneras pero que sigue una línea que nos lleva a generar empatía entre países, que nos une y nos empuja a repensarnos.

Las raíces de la emoción

Bruno Arias hace rato dejó de ser el eco de un nombre que retumbaba por lo bajo y se convirtió en una voz singular y renovadora del folklore argentino. Mientras continúa con la presentación de su tercer disco, Kolla en la ciudad, el cantautor jujeño habla de raíces y de la reivindicación de los pueblos originarios. En medio de tanto ruido, una voz que canta su verdad.

 

Me lo encontré frente al Obelisco, defendiendo con su guitarra una causa que es de todos. Lo reconocí a la distancia cuando salí al caos del centro desde la línea verde, que creo que es la D. Vi desde el otro lado de la eterna avenida una bandera flamear, imponente frente a cualquier cartel luminoso que nos quiera ganar la atención. Él estaba parado justo ahí, bajo la bandera, frente al Obelisco, sosteniendo con el corazón la imagen del cartel que tenía a su izquierda. Estaba festejando y reivindicando a la Mujer Originaria (con mayúscula) en su día. Fue la primera vez que lo vi a los ojos, hace unos pocos días, cantando para el que corría de traje y zapatos y tenía la suerte de descubrirlo.

Me quedé pensando en su voz y fui en su búsqueda algunas tardes después. Bruno Arias, con la misma humildad que brillaba en la calle, se sentaba con un plato de ñoquis delante en un bar de una de las tantas esquinas porteñas, para regalarnos un almuerzo/merienda. Promediaban las 17.00 horas, de charla y sonrisas. Mientras él comía y nosotras lo interrumpíamos porque nos ganaba la ansiedad, jugué una vez más a descubrirlo mientras todo él se regalaba en anécdotas. Lo agarramos a la salida de otra entrevista, que forma parte de una gira radial previa al concierto que se avecina en Groove, y que lo iba a llevar unas horas después nuevamente a la misma radio. Mientras calculan cuánto de la tarde les queda liberada, fantasean con una peli 3D para flashearla o con una siesta que los haga descansar después de una larga (verdaderamente larga) noche de composición que los encontró a la mañana todavía con la guitarra en la mano.  Parece ser que de noche se compone más lindo; sin ruidos y con vecinos del edificio que no se quejan mucho, se ponen a crear.

Imagen: NosDigital

Bruno habla lento, como pensando profundo todo lo que dice y nos traslada de la mano de su voz hasta sus primeros acercamientos con la música, que poco tienen que ver con un instituto o academia. En la casa de “La Yuli”, de sus pagos de Jujuy, lo que verdaderamente importa está mucho más cerca de los sentimientos: “La Yuli es otro mundo de la bohemia jujeña, puedo estar días contando cosas y anécdotas muy particulares que tiene que ver con el arte. Para sintetizarte lo que es la Yuli, es una casa donde se aprende a mamar los sentimientos, a cantar con el corazón en la garganta; si no tenés corazón para cantar o no transmitís nada, ni agarrés la guitarra. Vos tenías que distinguirte en algo, vos tenías que dar algo en esa rueda y tenías que emocionar”. Hace un parate y deja ver algunos de sus recuerdos en sus ojos entrecerrados. “¿Viste cuando escuchás algo y se te pone la piel de gallina? Bueno, en la Yuli sucedía eso, cualquiera, hasta el más desafinado, te ponía la piel de gallina. Cuando entrabas en la onda de la Yuli, en la sintonía de la bohemia a flor de piel es como que ahí es la verdad, no podés mentir, no podés firuletear con la guitarra, ni hacerte el técnico cantando, ahí es la verdad de lo que sos”.

Bruno descubrió su verdad cantando y con su gente en la garganta llegó a Buenos Aires en el año 2002: “En Jujuy soy uno más, aunque ahora soy el cantor del pueblo, digamos, y para muchos un referente; por más que yo siento que recién estoy comenzando a proyectarme y a concretar cosas que vengo generando desde hace años con sueños, con utopías, con anhelos”. La charla se interrumpe porque suena el celular, es un mensaje de un fan que le tira buena energía, aunque no le gusta admitirlo, no se siente cómodo en la posición de que la gente lo idolatre. Para Bruno los que merecen adulación son muy pocos, entre ellos nombra algunos, al Che, a Felix Diaz, a Mercedes Sosa… De la nada, la conversación nos lleva a otro terreno y nos cuenta cómo un día le escribió una carta a Mercedes y se la llevó hasta la casa con dos temas grabados en un CD virgen.  Unos días más tarde recibía su respuesta, una llamada que lo invitaba a cantar juntos.

La anécdota que le ilumina el rostro se frena de repente, un pibe le ofrece tres pares de medias a un precio irresistible, él elige un par, el blanco y le agradece. Segundos más tarde llegan las risas al mirar con más atención el tamaño de los soquetes. “Le faltan cuatro dedos”, sentencia sonriendo.

Volvemos a retomar la charla y desde Jujuy llegamos a Buenos Aires donde los sueños se fueron materializando y en el año 2005 salió al ruedo su primer disco, “Changuito volador”: “Tiene que ver más con lo ligado a  lo que es la infancia, mostrando lo que es el ritmo más representativo de Jujuy,  el bailecito, y dando una mirada más paisajista que tiene que ver con los recuerdos, con las vivencias”. Bruno Arias se afirma en su música y su perfil se delinea cada vez más. En su segundo disco, “Atierrizaje”, la intención se hace todavía más sólida: “Tiene que ver más con volver a la tierra, cantar desde un lugar más profundo, ya no importa la voz ni el virtuosismo del instrumentista, sino que es la canción y la letra, respetar el género más que nada. Toma más protagonismo la canción que el canto”.

El objetivo de reivindicar los pueblos originarios, su tierra y sus voces se hace carne en su tercer disco, “Kolla en la Ciudad”: “Más que nada, el mensaje del disco es que el reclamo que hay en todo Latinoamérica es el mismo, y la idea es unir esa punta en una sola canción, en una sola voz. Siempre el mismo reclamo, por más que haya distancia es el mismo, porque uno ve un documental de México y cuando viaja al Chaco se da cuenta que sus originarios tienen las mismas necesidades y los mismos pedidos, por más que sea otro tiempo, otro espacio u otro momento histórico”. Su compromiso lo llevó a tocar en el Monumento a la Mujer Originaria, donde tuve la suerte de ver la chispa de sus ojos por primera vez,  y a sumarse a infinidad de otras luchas a lo largo y ancho del país.

Abandonamos la mesa del bar para salir a la calle, es hora de las fotos. Aunque empieza a bajar el sol, vemos que se intimida al momento de posar en plena peatonal porteña, hace chistes, sonríe y le juega un poco a la cámara para sacudirse la vergüenza. Entre bromas le pido que abra un poquito más los ojos achinados, “No sería yo”, me contesta casi instantáneamente. No importa el escenario, Bruno entrega el corazón en donde quiera que lo haga, frente al Obelisco, en Groove o en la calle Florida delante de un lente que lo observa y tira flashes, siempre logrando la magia de hacer que su energía llegue hasta la gente y vuelva duplicada.

La revolución huele a mierda

En Pelequén, un pueblo a pocos kilómetros de Santiago de Chile, los carabineros reprimieron la movilización popular de los ciudadanos. ¿El motivo del reclamo? Una “planta de manejo de residuos orgánicos”, que se instaló en la ciudad y, desde ese entonces, invadió con olor a excremento y moscas el aire que, antes, podía respirarse.

En mapudungún, la lengua mapuche, pelequén significa “lugar de barro”. Y no es que estos resistentes indígenas hayan prefigurado, allá por tiempos lejanos, el destino del pueblo, pero lo cierto es que, con ese mote, de alguna forma lo anticiparon. Hoy, Pelequén, en la comuna de O’Higgins, se ha convertido en el centro de las protestas de Chile debido al funcionamiento, allí, de una “planta de manejo de residuos orgánicos”, “de lodo”, como la llaman sus dueños y la prensa, o “un lugar lleno de mierda”, como prefieren llamarlo, con menos eufemismos, los habitantes de Pelequén.

La cosa es muy simple. Así como las manifestaciones populares pueden comenzar debido a los más variados reclamos, desde una suba de precios hasta un cambio en el sillón presidencial, pasando por la instalación de una minera en un pueblo, en este caso la movilización se inició debido al olor a hediondo y a la presencia constante de moscas en la ciudad. Así lo cuenta, en diálogo con NosDigital, Cynthia Rey, periodista de Radio Cooperativa de Chile y corresponsal en el lugar de los hechos: “No hay que darle muchas vueltas; el olor que sale de la planta es a mierda, las moscas sobrevuelan todo, es casi imposible vivir ahí, un asco”.

Desde hace dos semanas, arrancaron las manifestaciones. Lo que se logró, por ahora, es sólo el cierre temporal de la planta, lo que desilusionó a los habitantes de esta ciudad, que ya no quieren más almorzar y cenar con moscas que, invencibles e imperturbables, irrumpen en su comida. En el medio, hasta lograr lo que se logró, los ciudadanos de Pelequén tuvieron que pagar el precio que el gobierno de Piñera les debita a todos los que se animan a reclamar por algo. “Los carabineros –dice Rey- reprimieron acá, y muy fuerte. Teniendo en cuenta lo que pasó en Santiago con los estudiantes, en Aysén y en Rancagua, en sólo cuestión de meses, ya no se puede pensar que la represión sea una política aislada”.

“En Youtube –prosigue-hay videos en donde se ven los golpes de los carabineros a los manifestantes, de hecho entraron a una casa y dispararon con balines de goma, tiraron gases lacrimógenos, hicieron uso desmedido de su fuerza”. Y a la pregunta sobre si hay gente que está a favor de la planta, la corresponsal asegura: “Hay, pero son pocos. La planta no es tan grande y no da trabajo a tantas personas”.

En la planta, que se llama Colhue aunque su nombre es lo que menos importa, porque se podría llamar “Fragancia de Jazmín” y aun así seguiría desprendiendo un hedor fétido e invasivo, cuenta la periodista que “hay varias piscinas de lodo, que más que lodo es caca. Son piscinas que, supuestamente, sirven para reciclar desechos orgánicos, pero hay procesos que se usan para que el olor no salga de ahí, y eso es lo que no se está haciendo”. Los 3.500 habitantes de Pelequén, los pelequeninos, se habituaron, poco a poco, a convivir al lado de un inodoro gigante, que, encima, está siempre tapado. Cuando quisieron tirar la cadena y volver a respirar como cualquier persona tiene derecho, se encontraron con lo que el Gobierno de Chile tenía reservado para ellos: la represión. Por ahora, a 122 kilómetrosde Santiago, las cañerías siguen obstruidas.

La crónica de la calle

Activamos, salimos, dimos una vuelta y traemos una historia.
Escuchá las crónicas de la calle de Vámonos de Casa

-El Contrafestejo Cultural por el 12 de octubre: ¡Día de la raza las pelotas!- 14 de octubre del 2012

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– La expectativa y movilización en la Embajada de Venezuela en el marco de las elecciones- 7 de Octubre

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– Festival de arte abierto en la Plaza 25 de Agosto, Chacarita- 30 de septiembre del 2012
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– A 36 años de La Noche de los Lápices los estudiantes volvieron a salir a la calle: siguen escribiendo- 16 de Septiembre del 2012
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– Día de la Mujer Originaria en el Obelisco: festejos y alegría- 9 de septiembre del 2012
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-Emoción en Marcha, muestra fotográfica de danzas aforamericanas- 2 de septiembre del 2012
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– Acto de los 6 meses de la tragedia de Once: 51 + 1 muertos, 700 heridos, ningún procesado – 26 de agosto del 2012
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-Festival Mundial de Tango en el Parque Centenario – 19 de agosto del 2012.
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-El nieto 106, la restitución de la identidad de Pablo Javier Gaona Miranda – 12 de agosto del 2012
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-Festival del Frente Cultural de Artistas del Borda – 5 de Agosto del 2012
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– Exposición de Fotoperiodismo de ARGRA – 22 de Julio del 2012
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Juicio Cromagnon II – 15 de julio de 2012
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Qom aguante

Los días pasan y nadie los atiende. La vergüenza de hacerlos noticia solo cuando cortan una avenida sí se hace presente, cuando desde el Estado se los desoye. Entre amagues de represión, una ceremonia en el asfalto de Buenos Aires.

La tensión quedó atrás. Los camiones hidrantes de la policía se fueron y la alarma de represión pasó tan rápido como había llegado. Los Qom decidieron levantar el corte total de la avenida 9 de Julio aunque se mantuvieron cortando la mitad de una de las manos, acostados sobre el asfalto, con mantas, rodeados de botellas, envueltos en cadenas. Un improvisado cerco, hecho con maderas los protegía de la furia de la calle, la bronca, los insultos. “Vayan a laburar”, gritaba, en un momento de ridícula valentía, un taxista. A laburar, claro: cómo esperar que ese tipo evidentemente sordo de tantos bocinazos y ciego de tanto Radio 10 entienda que no, que no laburan bajo un patrón, que no cobran un sueldo a fin de mes ni que tampoco están ahí, viviendo en la calle, cagándose de frío, de calor, de hambre sin esperar un plan social o un subsidio. Están allí reclamando las tierras –

sus tierras- ancestrales, las mismas que Insfran, gobernador de Formosa permite apropiar a grandes terratenientes firmando los títulos de propiedad con la sangre de Roberto López, derramada por la policía formoseña el año pasado. Obvio que no va a entender que existe un pueblo en el norte argentino que produce sus propios alimentos, que caza y pesca y que vive según sus costumbres. No lo sabe, ni tampoco lo entiende. Como tampoco lo entiende el personaje de reducción estremecedora que les gritó: “A Bolivia se tienen que ir, ésas son sus tierras”. Afortunadamente los Qom hacen caso omiso porque además saben que esos son los menos, esos vestigios de personas que creen y esperan vivir en el progreso de una sociedad occidental y cristiana, dos características que no son más que propias del conservadurismo de épocas e ideologías que no tienen fotos a color.

De vuelta a los Qom. Uno de ellos empieza a vociferar: “Vamos a empezar la ceremonia, por favor armen una ronda, un hombre, una mujer, un hombre, una mujer”. Los periodistas presentes se sintieron sorprendidos cuando los invitaban a formar parte. A este cronista no le dieron tiempo a vacilar: un joven de un look similar al de los hippies yanquis de los sesenta le agarra la mano y dice: “No vamos a poder ser varón, mujer, varón, mujer por la cantidad de hombres que somos, así que por ahora dame la mano a mi”, y tomó la mano y la alzó un poquito, las dos apretadas, como un gesto de estar o bien rezando o esperando algo con mucha ansiedad y nerviosismo. Esto por el lado derecho, por la izquierda estaba una joven reticente a tomar la iniciativa de dar la mano, parecía haber quedado enganchada en la ceremonia y ya era tarde para irse, pero no podía o le daba vergüenza seguir la corriente y dejarse llevar. Finalmente, creo que cuando se pidió silencio o quizá un momento antes, las dos manos se juntaron.  La ronda estaba formada y era enorme, ocupaba la mitad de la 9 de Julio cortada y gran parte de la vereda donde está el campamento Qom.

El silencio que se pedía era relativo ¿qué silencio se puede pedir en la 9 de Julio, entre los bocinazos de los coléricos conductores? En conversación con el hippie de la derecha, este curioso pudo enterarse de que era la Ceremonia al Sol y que el agua que se tiraba al suelo y la coca que se incendiaba era un sacrificio para la Pacha. Cuando vertieron el agua  al frío cemento de la avenida se quedó ahí, quietita, en el charquito, por lo que duró la ceremonia, tiempo después el viento empezó a llevársela. La coca quemadas y sus humos, trágicamente convertidos en una mezcla rara con el smog. No nos encontramos en el lugar usual de estas ceremonias y se nota. Pero solo es porque tuvieron que venir hasta Buenos Aires a reclamar, y aún así no quieren escucharlos.

“Ayaya”, gritaba quien presidía la ceremonia. El hippie explica que era un vocablo de agradecimiento, dudo que sea el significado exacto. No supo tampoco decirme cómo se escribía. Todos respondían: “Ayaya”, aunque las primeras voces eran pocas, la mayoría de los Qom y de algunos que evidentemente habían asistido a otra ceremonia. Los demás quedaron en offside, en el límite de no saber si gritar por fonética lo que entendieron o quedarse callados, quizá, en ese contexto, pasando la misma incomodidad.

Los conductores miraban incrédulos el ritual, quien precedía la ceremonia ofrecía el agua y la coca a los cuatro puntos cardinales. De a poco la gran mayoría se fue yendo, muy probablemente a sus casas. Los Qom, mientras tanto, esperan, un día más sobre el asfalto, durmiendo en carpas y, ahora, además, sin comer, esperando un llamado, una invitación, una recepción o por lo menos un oído del gobierno nacional que los escuche.

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Por una orden de desalojo presentada por la comisaría cuarta el 30 de abril, los Qom levantaron el corte parcial de la avenida 9 de Julio.

El 2 de mayo finalmente el gobierno nacional los recibió a través de su ministro del Interior Florencio Randazzo. En la reunión, de la que participaron también el Centro de Estudios Legales y Sociales, la Madre de Plaza de Mayo Linea Fundadora Nora Cortiñas y el premio Nobel de la Paz Adolfo Perez Esquivel, resultó, para las dos partes en disputa -el gobierno y La Primavera- “muy positiva”. Los principales pedidos giraban alrededor de la recuperación total de las tierras apropiadas por el gobierno formoseño y la garantía de seguridad debido a los ostigamientos por parte de gendarmes y policías en su territorio.

La huelga de hambre continua.

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No podrán detener La Primavera

La Colonia Qom de Formosa vive con una dignidad sólo construida por sus propias manos. Patrias sojeras, terratenientes imponentes y un Estado que históricamente se ha dedicado a pasarlos por arriba, son los protagonistas de un grupo de manifestantes que lleva tiempo acampando en avenida de Mayo y 9 de Julio pidiendo justicia.

El último día que despertó, Roberto Gómez estaba mal dormido, con los ojos hinchados de sueño. Quizá de bronca o nervios, ni su mujer supo qué pensaba. Se lavó la cara con agua que encontró en un balde cerca de su cama, se puso la remera que venía usando hace unos días y se aplastó el pelo con las manos. Le alcanzaron una taza caliente de una infusión, él la bebió de un sorbo rápido pero revitalizante. Qué iba a saber que ésta iba a ser su última comida.

Salió de su rancho recibido por una densa lluvia tropical que, de un chaparrón, hizo agua sus ropas y le endosó a su piel morena y áspera una película brillosa que decantaba en gotas por su quijada. Al lado de la puerta estaba la bandera qom que usó siempre como estandarte en defensa de su tierra. Fiel compañera, junto a él cayó baleada sobre el asfalto de la ruta nacional 86.

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La Colonia Qom “La Primavera” está situada al Este de Formosa, a 45 kilómetros de la ciudad de Clorinda y a 174 de la capital provincial; en ella viven 800 familias con un número aproximado de 4mil habitantes. Desde 1985, según la escritura 468, tienen título de propiedad sobre 5187 hectáreas reconocidas; hectáreas que, sin decir mucho más, son violados sus límites por terratenientes sojeros, policías funcionales a la oligarquía rural y por gobiernos oportunistas que ven en la miseria una chance de conseguir votos a la fuerza.

No solo es pasado por arriba su derecho de propiedad sino que, además, son castigados con una exclusión violenta, fiel reflejo de un genocidio pasivo versión siglo XXI. El Estado provincial que prometió -y tiene la obligación de- otorgar beneficios mínimos para una vida digna, los abandona, dejándoles solo dos caminos posibles: la miseria absoluta o la criollización humillante.

En tanto a la salud, dentro de la comunidad cuentan con una sala sin insumos necesarios, además, no poseen servicios de ambulancias, factor que provocó la muerte de un niño años atrás. Ante la falta de lugar físico, la escuela Nro. 308 funciona como sala alternativa para tratar de atender a una población flagelada por enfermedades como la tuberculosis, dengue y el mal de Chagas.

Las viviendas qom no tienen agua, gas, electricidad ni cloacas; son de adobe, palma y paja. Hubo si, en 2007, un plan de viviendas que favoreció a muy pocas familias pero fue paralizado por el gobierno de Gildo Insfran aduciendo falta de fondos.

Como forma de subsistencia, la comunidad, fiel a sus tradiciones ancestrales, consigue sus alimentos de la caza, pesca y la recolección, pero debido a que su terreno es cada vez más reducido por las usurpaciones y que los ríos son contaminados por agrotóxicos provenientes de los cultivos de soja, su actividad principal y vital se ve drásticamente perjudicada. Sumado a esto, el gobierno prometió, en un acuerdo conjunto con el Instituto de Comunidades Aborígenes de Formosa (ICA), otorgar insumos (semillas, herramientas, etc.) que permitieran el desarrollo de una agricultura de subsistencia que, como es costumbre, llegaron una vez y nunca más. Como escapatoria al hambre, se ven obligados a arrendar sus fértiles tierras a terratenientes sojeros a precios viles de 200 pesos la hectárea por año.

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Olaire, miembro de La Primavera, es un nadie. Sus documentos fueron quemados en la sangrienta represión ordenada por el gobernador Insfran el 23 de noviembre de 2010, junto con los documentos de sus compañeros.

Olaire, de 67 años, es un ninguno. Mientras en la ruta acribillaban a sus hermanos qom, en La Primavera eran prendidas fuego sus casas de madera y paja. Viajó a Capital Federal, desde Formosa, junto a otros en la misma condición, a reclamar justicia y a pedir la recuperación de sus documentos. Vinieron porque en su provincia no les quisieron tramitar el DNI, el mismo que, en etapa proselitista, les retienen para extorsionarlos con el voto. Casualmente, a partir de que los qom llegaron a Capital y acamparon desde diciembre en 9 de Julio y Avenida de Mayo, el ministro del Interior Florencio Randazzo habilitó en Formosa, a puro elogio y apretón de manos con Insfran, el Centro de Documentación Rápida.

Olaire, compañero de los asesinados Roberto López y Sixto Gómez, es un ninguneado. Hace tres meses que acampa en la calle y nadie lo ve. Hace tres meses que gritan justicia y nadie lo escucha. Hace tres meses que murieron sus compañeros y nadie lo siente. “Si no fuera por los vecinos no tendriamos qué comer”, dice susurrando. Todo lo susurra, con ojos cansados y vidriosos que, al hablar, siempre miran un lugar fijo. Para bañarse armaron una carpa improvisada; de los baños, alguien se encargó de acercar uno químico, para las más de veinte personas. “Del gobierno no vino nadie”, dice, mientras dos chiquitos acampantes corretean arrastrando un viejo teléfono de disco. A unos metros, un grupo hace una melodía folckorica acompañada con charango y bombos. Sobre el centro del campamento, unos jóvenes preparan el almuezo: sopa de fideos.

Olaire está plantado y de allí no se va a mover hasta tener lo que quiere: “Son nuestras tierras, para nosotros no tienen valor, eso es lo que gobierno no entiende. No las vamos a vender ni ceder a las usurpaciones. Están enterrados allí nuestros ancestros, los restos de mi padre descansan allí en su tierra”.

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El derecho de los pueblos indígenas, artículo 18 y 19, de la Organización de las Naciones Unidas establece que tienen el poder de desarrollar sus propias instituciones, por esto, y por no sentirse representados por el presidente del ICA Esteban Ramírez (nombrado a dedo por Insfran, por lo tanto, funcionario a sus intereses, que son los de los terratenientes sojeros) citaron en La Primavera, para el 18 de junio de 2008, una asamblea para elegir un lider legítimo de la comunidad. A la convocatoria fueron invitados y no se presentaron las autoridades de ICA, el agente normalizador y la policía. De los 360 votantes, el 85,71 por ciento (345) elegió a Félix Diaz como presidente de la Asociación Civil La Primavera y líder legítimo.  Pero el 26 de junio de ese mismo año, ICA, sin informar a la comunidad, convoca otra asamble “legítima” y se elije a un presidente que responde al gobernador. Sobre fines de 2008, los qom convocan una nueva asamblea en la que vuelven a revindicar su elección votando y ganando por mayoría absoluta nuevamente Félix Diaz.

Félix es la cara más visible. Hoy se lo puede ver circulando por 9 de Julio con una remera con la inscripción “Orgullo Qom”. El 23 de febrero, encabezando la marcha que pasó por la Casa de Formosa y llegó hasta la Casa Rosada, comentaba: “Estamos acá para pedir justicia por nuestros hermanos, por la quema de nuestras viviendas y por nuestras tierras”, detrás, flameaban una decena de wiphalas. “Roberto murió luchando defendiendo su tierra”, resume.

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Como esqueletos calcinados, algunas maderas, ya color carbón, recuerdan que allí hubo viviendas. Las cenizas se las fue llevando el viento. La familia López marcha y espera. Al mismo tiempo que en Capital Federal, el 23 de febrero fueron a reclamar a las puertas de la casa de gobierno formoseño. Roberto Lopez tenía una mujer, tres hijos, cuatro nietos y una deuda impagable. A él se lo llevaron las balas; la familia quedó con la deuda que el gobierno presiona para cobrarle. “Los pueden dar vuelta y no les van a sacar nada, y lo saben, es para extorcionarlos”, comenta un compañero suyo que acampa en 9 de Julio.

Por los dos frentes la lucha va a continuar, a medida que pasan los dias son más las organizaciones que los respaldan y las figuras que dan su apoyo. Poco a poco, una gran cantidad de contradicciones van quedando al descubierto, como el inexplicable apoyo del gobierno nacional de los derechos humanos a Insfran, gobernador de Formosa desde 1995 y de quien partió la orden de represión. Tampoco se explica la desantención hacía el campamento en la calla por parte de los gobiernos, tanto de Formosa, como de Capital Federal y de la Nación. Uno de los acampantes ofrece su explicación: “Lo que pasa es que estamos reclamando algo que va en contra de la Constitución argentina que es el reconocimiento de los pueblos originarios no solo como personas cívicas sino como comunidades con culturas e instituciones diferentes. Esto significa una medida revolucionario que sería que el país no sea ya un Estado Nacional sino un Estado Plurinacional”.