Los árboles luchan de pie

Arbolito presenta su DVD “Mil colores”, filmado en el Haroldo Conti, y le pone el cuerpo a la idea de generar memoria resignificando espacios con la vida. También en esta entrevista: la independencia en la música, las discográficas y las lógicas comerciales. “Sabemos que cada disco es generador de movimiento, no somos una banda mediática”.

– Ser independientes es una elección.

Arbolito promedia los cuarenta años. Llegan con instrumentos en mano de una nota que incluyó acústico. Piden licuados y gaseosa en un bar de Flores y esperan poder ir a la sala cuando terminen la charla y los vasos. “Muchas veces hacemos más cosas por fuera de la música, es más: últimamente nos está costando mucho ensayar”.

Ser independiente es poner el cuerpo.

*

 En el año 1826, el gobierno de Bernardino Rivadavia contrató al oficial prusiano Rauch nada menos que para matar indios. Su misión era limpiar la pampa bonaerense de los ranqueles, esos hermosos indios que poblaban estas zonas con absoluta libertad. 

El vindicador – Arbolito

 Arbolito fue parido por la Escuela de Música Popular de Avellaneda, después de egresar en 1997. Un año después, el grupo de pibes que había decidido llamar a su banda con el nombre del indio que degolló al Coronel Rauch, editó su primer demo: un cassette llamado “folklore” y se subió a su emblemática chata para salir a hacerse escuchar. Pasaron 17 años, 7 discos y un reciente DVD grabado en vivo: “Mil Colores”. Suenan cada vez más fuerte.

*

– ¿Ser independiente es siempre una elección?

– Es una necesidad también. Si estás esperando que venga una compañía a producirte, te podés pasar la vida esperando y frustrándote, pensando que eso es lo mejor que te puede pasar. Nosotros desde que arrancamos nos propusimos hacer las cosas nosotros. En un momento vino una compañía y quiso trabajar con nosotros y estuvo buenísimo, fue una experiencia de cuatro años, dos discos, aprendimos un montón.

– ¿Por qué decidieron volver a ser independientes?

– Sobre todo por los tiempos. Cuando estás en una empresa que es mucho más grande, en donde hay muchos más artistas y muchos de esos generan más guita que vos, los tiempos quedan demasiado rápidos. Nosotros no paramos nunca, todo el tiempo generamos y por ahí hay momentos en que la compañía tiene otros intereses, otros tiempos sobre todo. En una compañía internacional el que toma las decisiones no sabes quién es, ni dónde vive, ni si vive. Con la crisis del 2011, en las discográficas hubo un gran quilombo. Estábamos a punto de grabar “Acá estamos” (salió en 2012), con los demos, viendo el productor artístico. Estaba todo bien con la compañía y de arriba vino la orden: “éste año no se hace nada, hasta nuevo aviso”. El nuevo aviso no sabés hasta cuándo es y nosotros ya estábamos con la necesidad de sacar un disco. Sabemos que cada disco es generador de movimiento, no somos una banda mediática.

– ¿Qué es ser una banda mediática?

– Una banda que tenga presencia en los medios todo el tiempo. Nosotros tenemos acceso a los medios, por mucho tiempo de trabajo, porque fuimos generando esos contactos, pero ese acceso llega porque hicimos tal cosa: sacamos un disco, hacemos un DVD, lo presentamos en el Opera, momentos puntuales. Sabemos que necesitamos de los discos para poder seguir. Aparte de que tenemos las canciones y queremos ir renovando, todo el tiempo tenés ganas de ir renovando.

Imágenes: NosDigital
Imágenes: NosDigital

– ¿No ser una banda mediática también es una decisión?

– Lo mediático tiene que ver más con lo comercial. Ahora estamos haciendo una nota para un medio, venimos de hacer otra, valoramos mucho que los medios se interesen cuando hacemos algo y quieran contarlo. Lo otro es poner plata en las pautas para que suenen tus canciones, que es lo que pasa con los grupos mediáticos: prendés una radio y suena un tema, cambiás de radio y está el mismo tema, prendés la tele y está el video. Eso no es porque son unos capos del mundo, es por un arreglo comercial. Eso es lo que a nosotros nunca nos salió – dicen entre risas.

*

Salí a mirar solo de curiosidad y ahora estoy enloqueciendo, ya sé que estas rejas me cuidan de todo pero me ahogan también. 

2015 – Arbolito

 Arbolito decidió desde un principio fusionar los ritmos latinoamericanos – como chacarera, huayno, saya, zamba, candombe – con los que atravesaban su cotidianeidad – rock y reggae por ejemplo –. ¿Qué pasó con esas mezclas? No les cabía ninguna etiqueta. “Cuando empezamos, porque éramos muy rockeros para el folklore, en las peñas no nos dejaban tocar. Porque tocábamos charango y quena en los lugares de rock decían: éstos son unos maricones del folklore. Tuvimos que inventar un camino, equiparnos con sonido y con una camioneta, conseguir espacios que no tenían nada que ver con los espacios de los dos estilos que hacíamos”.

La búsqueda los llevó a clubes, salones y muchas plazas. Poco tiempo atrás quisieron volver a tocar en Parque Lezama que les sirvió de escenario durante años. ¿Tocaron? “Ya era imposible con todas las trabas que había”, la más significativa: el pedido de un seguro por espectador, recuerdan. “Hay una política de abandono, hasta que se llega a poner re contra feo y una vez que está horrible se cierra. Se pone lindo y se enreja. Es parte de la política de cerrar” y agregan: “El problema no es tanto la reja en sí. El tema es que enrejan y no pasa más nada en el parque”.

*

Pañuelos van vuelta y vuelta a la vida, yo con ellos me voy a volar, un solo andar en busca de justicia, que la duda no gane a la verdad. 

Pañuelos – Arbolito

 Arbolito quería hacer un DVD, se juntaron con el director y, papel y lápiz en mano, bocetaron la idea. Querían un escenario circular para poder mirarse como en un ensayo, la gente iba a estar alrededor y las cámaras con cada uno de ellos para mostrar la relación que tienen con sus instrumentos. La búsqueda de lugares los llevó hasta el Centro Cultural de la Memoria Haroldo Conti, ubicado en el predio de la Ex ESMA. En febrero de este año hicieron el show, de ese vivo nació “Mil Colores”.

– No es un espacio cualquiera, tiene toda una carga histórica y una carga actual. Nosotros fuimos varias veces y a medida que pasa el tiempo uno ve la transformación del espacio. Sin dejar de ser un espacio donde pasaron cosas muy feas, la idea es que eso no se olvide pero resignificándolo, tratando de que lo cope la vida. Un poco lo que nos pasó a nosotros fue eso. No fue una decisión casual ni ligera, lo charlamos, lo hablamos, teníamos nuestras dudas de qué pasaría estando ahí, grabando ahí. Creo que nos sentimos de una manera especial, esos mil colores es parte también de eso. El lugar fue tomando color, hay mucha vida, mucha juventud estudiando, haciendo cosas artísticas y todo el tiempo también recordando.

– Nosotros, que hace casi 18 años que estamos, hemos acompañado desde el principio, estado en los escraches, en las fiestas de HIJOS cuando recién se juntaban, en la primer librería de las Madres, festivales, la vuelta, todo el tiempo acompañando. Nos sentimos parte de la transformación que está pasando, es algo que cuando seamos viejos vamos a sentir el orgullo de haber formado parte del momento histórico, como banda y como persona, el momento histórico donde se transformó ese lugar de mierda en algo lleno de vida.

De eso se trata Arbolito, de seguir poniendo el cuerpo: “Nos gusta tocar, estar, compartir, aprender”. Les gusta la vida.

*
Arbolito son: Ezequiel Jusid (voz, guitarra acústica y guitarra eléctrica), Agustín Ronconi (voz, flauta traversa, quena, charango, violín y guitarra), Diego Fariza (batería y bombo leguero), Andrés Fariña (bajo eléctrico y coros) y Pedro Borgobello (clarinete, quena, guitarra y coros). Ellos presentan el 9 de noviembre a las 20.00hs, “Mil Colores” en el Teatro Ópera (Av. Corrientes 860).
www.arbolitoweb.com.ar

El PRO contra el teatro

El miércoles 8 de agosto, la Asamblea de Teatristas convocó a una movilización frente al Ministerio de Cultura porteño en reclamo por la falta de pago de subsidios de Proteatro. Los conflictos que mutan y se multiplican y detrás, lo que permanece: qué políticas para qué cultura.

Imagen: NosDigital

En los últimos meses, el Ministerio de Cultura de la Ciudad de Buenos Aires recibió muchas visitas. En el número anterior de NosDigital, les contamos del festival organizado en repudio a las políticas de persecución y clausura sistemática de espacios culturales autónomos. Esta vez, no traemos mejores noticias. El conflicto atañe al Teatro Independiente; aclaramos, para no ser impersonales, que quienes lo padecen son los y las teatristas. El reclamo gira en torno al (no) pago de subsidios que otorga anualmente el Instituto para la Protección y Fomento de la Actividad Teatral no oficial de la Ciudad (Proteatro) a salas, grupos teatrales y proyectos especiales.

Hace rato que la cosa se puso en movimiento. A través de reuniones, asambleas y comunicados, las diferentes organizaciones de la actividad teatral comenzaron a mostrarse en unidad. Nos referimos a ARTEI, AINCRIT, Asociación Argentina de Actores, Teatristas Independiente Organizados, Argentores, Encuentro Nacional de Actores y Escena. Ya por el mes de julio comenzó a hablarse de la necesidad de pasar a la acción y, en un comunicado emitido el 2 de agosto, se confirmó la movilización a la “Casa de la Cultura” para el miércoles 8. Con una simple mirada a esta tabla que hicieron circular, nos damos cuenta que les sobran los motivos:

Nos preguntamos entonces, en qué andará la gente del Directorio de Proteatro, creado en el 99’ en el marco de la Ley de Teatro no oficial, fruto de la lucha de los artistas. Efectivamente, hice la pregunta y enseguida me contestaron que fue el propio directorio el que reveló las cifras y el que informó a la comunidad teatral cuál era la situación. César Mathus, uno de sus miembros, fue contundente: “El directorio aprobó en tiempo y forma; el problema es que el ministerio no está pagando”. Así me entero que es el Ministerio el encargado de efectivizar cada pago. Originalmente, había asignado 5 millones de pesos (de un total de 905 millones) para la “protección y fomento” del teatro porteño; luego, en la Legislatura, se aprobó la duplicación de tal cifra. Habrá que ir a preguntarle al Ministro, quien fuera funcionario de De la Rúa, candidato de López Murphy y que, en la actualidad, también está al frente del Ente de Turismo: Hernán Lombardi.

El miércoles 8, arranco el día convenciéndome de la hazaña de llegar a casco histórico porteño en la ciudad-sin-subtes. Antes de salir, casi por rutina, prendo la tele y me entero que la Policía Metropolitana entró a desalojar al Borda para construir un centro cívico. Uff, otro palo, y ¿cuántos más? Llegar no es solo difícil, sino también confuso: entre el 400 y el 600 de la Av. de Mayo, hay 3 movilizaciones. Pronto distingo a mi grupo y me sumo. Anuncio ex – temporal: en este punto del relato se destierran los nombres propios (excepto el de Lombardi, que intentaré nombrarlo cuantas veces pueda). Es cierto que hubo figuras del teatro de renombre y de cara conocida, cuyos apellidos encontrarán en cualquiera de los grandes medios que cubrió la noticia. Pero el reclamo estuvo mucho más nutrido por voces anónimas, rostros dibujados de historias aún por contar. Volvemos al in-situ. Que paguen, que paguen, que paguen. Que abran, que abran, que abran. Son los primeros cánticos que escucho. Y una, tras el megáfono, me aclara rápido: “Las puertas del Ministerio de Cultura están cerradas. Hoy tendrían que estar firmando convenios de concertación varios grupos que están sin cobrar el subsidio desde el año pasado. Grupos que han pedido nuevamente el subsidio este año, que han sido aprobados por el Directorio de Proteatro y que todavía no han sido citados siquiera para firmar. Lo que exigimos es la agilización del pago de los subsidios, no podemos esperar más, ni las salas, ni lo grupos, ni la gente que conforma la actividad teatral. Es muy fácil enorgullecerse de Buenos Aires como capital mundial cultural, bla bla bla. Nosotros somos los que lo hacemos, sobre nuestros pulmones descansa la gloria sobre la que se vanaglorian todos estos funcionarios.” La denuncia del abandono se reitera y crece en rabia: “Necesitamos de los subsidios de Proteatro para que esa vidriera que tanto esgrime el Sr. Lombardi como centro cultural de Latinoamérica, que vende como turismo; tenemos que demostrarle al resto de la sociedad que esa vidriera está sostenida por el hombro de los artistas independientes, de los actores que igualmente hacen su trabajo en el Teatro San Martín aún sin tener los contratos. Apelan a ese costado nuestro de sostener la cultura, la actuación, el arte, pero que no compensan cumpliendo con la parte que a ellos les toca de respetarnos como trabajadores. Se oponen a políticas culturales y sociales que tengan que ver con el respeto hacia el ciudadano y hacia el pueblo”.
Mano a mano, con algún guante colado entre las pieles, circula el comunicado que plasma los reclamos de los teatristas. A lo largo de la jornada, esas palabras se harán carne en distintas voces, con sus tonos y estilos singulares: “Nos preguntamos cómo no le da vergüenza al Ingeniero Lombardi decir ‘estamos en agosto… ya van a ir saliendo… es una cuestión administrativa’ (La Nación, 4 de agosto). Es tal su impunidad, es tal su ignorancia que desconoce que los grupos y las salas no funcionan sólo a partir de agosto. ¿Acaso se trata de impericia política y administrativa? ¿Se trata de malversación de los fondos públicos?” Nos miramos y se nos deshace la cara de preguntas.
Además de papeles, circula una sensación híbrida, nutrida de broncas, esperanzas, ansiedades, alegrías y pasión, por sobre todo, mucha garra para pronunciar cada palabra. Viene otro que se calza el megáfono y dispara: “Que se nos dé lo que se prometió, el aumento de 5 millones a 10 millones. Es algo que ya se otorgó. Sentimos que constantemente hay una mentira y una política que está llevada a vaciar todos los fondos que tengan que ver con el hecho artístico y teatral. Cada vez estamos más organizados para dar pelea. Vamos a ir a donde sea para defender nuestros intereses, tiene que ver con un dinero que es nuestro y que nos pertenece. Nos dicen que sí de la manera más estúpida e imbécil como si nosotros fuéramos tarados; no lo somos.” Hay un estado de movimiento permanente, diría que circulan las personas también, pero creo que ya agoté el recurso. Hay muchos encuentros de esos con abrazos que empiezan con los brazos muy abiertos cuando todavía faltan algunos centímetros para que los cuerpos se encuentren, y yo me río, siempre me divirtió esa cara de ojos de huevo, cejas levantas y boca abierta. Me distraje y el megáfono me barre las ideas con un discurso que agarro empezado, pero que contiene una propuesta: “…que la cultura no sea una mercancía y sea un derecho. Tenemos que romper con la fragmentación de las luchas. Proponemos juntarnos con los compañeros de Salud, para que se escuchen todos los reclamos.” Se refiere a los trabajadores de los hospitales porteños que, a tan solo unos metros de nosotros, reclaman por mejores condiciones laborales. Nos movemos y nos mezclamos.

Tras unas horas, testimonio saludos de despedida, gestos con la cabeza y otras formas decir adiós, o hasta prontito, en este caso, porque todos nos vamos con la certeza de que la lucha sigue. Empiezo a caminar, ya de lejos veo la media cuadra de fila para el colectivo que me toca y antes de empezar a pensar en cuánto voy a tardar en llegar, escucho, ya no sé si en mi cabeza o si viene de alguna persona-megáfono: “Nos preguntamos cómo no le da vergüenza al Ingeniero Lombardi (Ministro de Cultura de la Ciudad de Buenos Aires) decir ‘estamos en agosto… ya van a ir saliendo… es una cuestión administrativa’”.