El show de la politiquería

¿Qué hay detrás de las cámaras de Intratables? Crónica del programa de tv que debate la política argentina al ritmo del rating.

En un estudio de televisión la escenografía es de cartón, el aire es acondicionado nivel 20 y el cielo está estrellado de tachos de iluminación. La gente vive barnizada por el maquillaje y usa traje o vestido y zapatos de fiesta.

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Primera impresión: hay algo en la televisión que es, por definición, mentira.

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Panelistas apuntan.
Panelistas apuntan.

A las 9:30 de la noche, media hora antes de que empiece Intratables, los ocho panelistas ya están sentados en sus lugares. Tres de los invitados del día – un martes cualquiera- también: el senador G. M. y el consultor político E. Z. P. ocupan los sillones centrales, y otra consultora, M. F, otro escritorio al costado.

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La distribución del espacio poco importa para las cámaras de tevé, que apuntan para todos lados: son cuatro, dos fijas, una que se mueve por el piso como una araña y otra tipo grúa. Quien decide qué cámara transmite en el momento (señalada por una luz roja), cuánto dura el tema que se debate (al ritmo del rating) y, en ocasiones, a quién se le debe ceder la palabra, no está en el piso, está arriba, o en algún lado, como un Dios o un titiritero.

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El conductor S. M. entra al estudio 9:42 por una puerta lateral que usa solo él. Lleva un traje ajustado negro y es flaquito, más flaquito y menos alto de lo que parece: todo el tiempo, presenciar el vivo pone en juego este tipo de comparaciones vida virtual versus vida real.

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Virtual (Del lat. virtus, fuerza, virtud).

1. adj. Que tiene virtud para producir un efecto, aunque no lo produce de presente, frecuentemente en oposición a efectivo o real.

2. adj. Implícito, tácito.

3. adj. Fís. Que tiene existencia aparente y no real.

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Antes de las cámaras.
Antes de las cámaras.

El programa se está grabando en el estudio 2 del edificio que América tiene en pleno Palermo Soho, entre bares, productoras y canales como C5N. En el mismo piso, la escenografía se divide en dos: de un lado la imagen de una ciudad hace de escenografía para Intratables, y del otro graba Intrusos, donde el panel refleja un cielo despejado.

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Antes de empezar, uno de los panelistas (P. V.) mira a uno de los invitados (J. C.) y lo chicanea: “¿Estás preparado?”

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El vecino Intrusos es un programa de espectáculos que se mantiene desde el 2001 en un promedio de 5 puntos de rating: 400 mil personas. Comparte este ambiente con Intratables desde el 7 de enero del 2013, un programa que se desprendió de otro que conducía D. M., Infama, que era a su vez un continuado del de J. R.. “In” trusos, “In” fama e “In” tratables son parte del mismo árbol genealógico de América, craneado por el grupo de Daniel Vila, y sus platos fuertes hoy día.

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Intruso.

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Atrás de cámara estamos los utileros, camarógrafos, asistentes de camarógrafos, productores, vestuaristas, maquilladoras, peinadoras, sonidistas, periodistas y aficionados. En total, 26 personas o que están trabajando para que todo esto sea, o están consumiéndolo en alguna de sus formas.

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Los 3 “In” son programas diarios, que debaten “lo que pasó en el día” mediante informes especiales, debates en piso y las opiniones de panelistas fijos y no tanto. La escenografía no es sobria, no hay imágenes neutras, los videographs son coloridos y los sonidos agitan campanas de ring. El formato es el clásico argentino “de espectáculos”, “de chimentos”, “de la farándula”, con todo lo que eso implica.

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Entre los espectadores, un hombre de 30 y pico está sentado en un banco sin respaldo. Desde el lugar que eligió en el estudio, el programa no se ve, sino que hay un panel que lo tapa. “Esto antes no estaba”, cuenta, lo cual denota dos cosas: 1) No es la primera vez que viene, sino más bien al contrario; 2) Siempre se sienta ahí, y sólo ahí.

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Desde mediados del 2014 Intratables deja de ser un programa dedicado a los actores, artistas y televivientes, para pasar a tratar (de tratar) cierta agenda política. Hoy promedia los 3 puntos de rating: casi 300 mil personas.

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El hombre que no ve y sólo oye el programa finalmente confiesa su razón de estar: viene “por Santiago”. Es amigo, o algo así. Trabajaron juntos, o algo así. La figura se va deliñando. El anonimato de este raro hombre va cediendo en pos de una cara inolvidable para cualquiera que fue adolescente entre el 2000 y el 2003: fue la mismísima estatua viviente de Countdown, el programa que Santiago Del Moro condujo en Much Music y lo llevó a la fama.

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El formato de Intratables sigue siendo el mismo de espectáculos; la escenografía no cambió en nada sustancial. Los informes, tampoco: utilizan imágenes y videos de archivo y una voz en off que relata la polémica. La dinámica del debate sigue siendo como tirar un pedazo de carne entre perros que se van turnando la carroña. Sí se fueron panelistas (como M. F., Á. B. y V. G.) más vinculados al mundo de la tevé, para sumar nombres (como A. K., D. P. o J. V.) de supuesto tenor político.

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La ex estatua, acaso, sigue haciendo lo mismo: es una estatua viviente en un estudio de televisión. Viene aquí a estar y nada más que estar. Nadie le habla y él no molesta. Su “patología” no parece muy distinta a la de muchos políticos que asisten a Intratables: más allá de lo que hagan, digan o propongan, lo importante aquí – parece- es hacer presencia.

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Los productores del programa cuentan que parte del contrato implícito es estudiar y entender lo que pasa en la vida política. Algunos panelistas chequean medios en vivo (A. K.: Infobae y Perfil), otros tienen anotaciones en libretas, pero la mayoría nada de eso. Lejos de sopesar cada palabra, sobran los gritos, los argumentos infundados, el sentido común, el lugar común, los entredichos y las sobreposiciones. Si hay algo que no aporta Intratables, es claridad en medio de la confusión.

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De pronto alguien grita “¡40 segundos!” y todos se ponen en sus filas, aunque queda todavía un sillón de invitados vacío. Es uno de los centrales. El programa va arrancar. Son las 10:03.

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Intratables no es un programa inocuo, pero tampoco puede decirse que baja línea (aunque sus creadores corran la carrera electoral). Ese logro quizá le corresponda a su conductor S. M., un joven habilidoso para moderar todo lo que se dice y no se dice al aire, que termina cada programa hablando a cámara (=televidente): “No te olvides que la verdad la tenés vos”.

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El programa arranca nomás con unos aplausos autogenerados y la mirada del  conductor clavada en la cámara 1: “Hoy tenemos un compañero que la pasó mal”, va a empezar diciendo, en señal al panelista C. C., a quien la cámara filma y él pone un gesto de lamento. “Pero antes de eso”, sigue D. M., “tengo un secreto para vos: el secreto para renovarte cada día es dormir en un colchón…”. Va la publicidad de Canon.

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El plantel de panelistas está compuesto de tal manera que los roles, luego de ver un par de programas, quedan definidos. Si uno dice A, el otro debe decir B, y otros dos sostendrán que C. En seguida, el conductor D. M. intentará llevar las posturas a una consigna conciliadora (digamos D), en un tono que recuerda al “no importa la política”, cuando no está ocurriendo otra cosa que política. Política masticada. Y lo sabe.

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Caras y caretas.
Caras y caretas.

Vuelve la cámara al panelista C. C., que pasa a relatar un hecho de inseguridad que sufrió el día anterior, a la salida de este programa. Le robaron el reloj. “Pero podrían haberle quitado la vida”, sugiere D. M., y el otro asiente. Todos asienten.

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Aquí vienen tanto oficialistas como opositores, como sindicalistas y trabajadores, como integrantes de movimientos sociales y funcionarios, aunque no a todos se los trata por igual. El lugar en el salón y los minutos brindados son parte del premio y del castigo. Los políticos son tratados más gentilmente.

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El panelista que fue robado, en un momento, confiesa: “Era un reloj que usaba sólo para venir acá”. Replay: sólo lo usaba en la vida virtual. Detrás de cámara se comenta que le ficharon el reloj al aire, y lo esperaron en la casa… le pasa por… Alguien detrás de cámara busca una sonrisa cómplice.

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Se habilitan dos lecturas:

1) será un programa flojo, ya que sacaron el comodín de la inseguridad;

2) mientras la cámara filma sólo al panelista asaltado, oculta que todavía falta llenar un sillón de invitados, y esa es la verdadera razón de este arranque en primera persona.

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Hay 10 televisores que proyectan distintas cosas. Cinco, el programa mismo. Dos están apagados. Dos muestran imágenes alusivas a lo que se está hablando. Y una cuenta los días, minutos y segundos que faltan para las elecciones presidenciales.

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Como en televisión todo está calculado, la opción 2 parece la correcta: mientras el relato del robo continúa y pierde intensidad, llega el último invitado, F. M., que es interceptado por una maquilladora (cual robo de reloj) mientras un productor le pregunta: “¿Estás para entrar?”. En 10 segundos F. M. es maquillado, saluda al P. S., se sienta y la cámara grúa filma todo el estudio, ahora sí, completo. Arranca el programa.

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El encargado de transmitir las órdenes del director de estudio es un joven sub 30, fachero de chupín rosa, intercomunicador en mano, cuya función principal es levantar las palmas y gritar para que los panelistas hablen de uno. Si la cámara hecha luz sobre lo que pasa en el estudio, el verdadero manejo se hace desde las sombras.

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Faltan 242 días, 9 horas 52 minutos y 39 segundos para las elecciones…

La cuenta.
La cuenta.

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El productor tiene una asistente que le pasa unos carteles (hojas A4 pegadas una debajo de otra) con las consignas del día, para que el conductor las lea y de pie a un debate o introduzca un informe. Hoy: “Periodistas víctimas de la violencia”, “Un muerto en un enfrentamiento entre barras cerca de La Salada”, “Fuertes críticas de Rial a la política”, “Alianzas y polémicas en la carrera presidencial”, “Conventillo político tras la frase de Mussi”, “Delia, ¿se quedó solo?”, “Caso Bodou”, “Guerra de encuestas”.

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Un invitado (J. C.) dice que en La Salada hay gente con ametralladoras y chalecos anti bala, comentario que en cualquier otro contexto debería ser motivo de denuncia e investigación, pero que aquí pasa como un comentario de fiesta de 15. 

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Repasemos las palabras clave de hoy: periodistas, violencia, muerto, barras, críticas, política, alianzas, polémicas, carrera presidencial, conventillo, encuestas…

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A las 22:17 va el primer informe. Se hace el silencio. Algunos lo miran, otros no, el senador G. M. se ríe, pero cuando la cámara se prende se vuelve a poner serio cementerio.

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Su actitud es generalizada: cuando la cámara no enfoca, el que estaba serio se ríe, el que se reía se pone serio, el que sostenía eufórico un argumento, se pone a mirar el celular, y todo así en un gran juego de actuación en el que lo único que importa es la perfomance de los segundos al aire: qué tienen que decir, cuándo y cómo.

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Un utilero aprovecha el corte para levantar un índice de una mano y en la otra juntar el índice con el dedo gordo, en una señal que cualquier futbolero interpretaría como “1-0”, y lo dirige al panelista P. V. junto a la descripción: “gana Racing”. P. V. asiente contento.

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Ver el programa desde el piso puede resultar una gran decepción, o un golpe de realidad. En la tele las voces tienen mayor volumen, la cámara enfocada genera una tensión que aquí se pierde en la dimensión del estudio, los gestos parecen más acentuados, todos parecen atentos al debate, todos parecen hablar seriamente. El juego de hacer parecer es la gran habilidad del director de cámara.

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3. adj. Fís. Que tiene existencia aparente y no real.

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De pronto llega otro invitado más (van 40 minutos de programa), el diputado J. M. P. Ni lo maquillan y lo sientan en una banqueta en el lugar más marginal del estudio. Cuando se dan cuenta que es imposible que lo enfoque una cámara, un productor agarra la banqueta y la mueve con el diputado arriba, que levanta los piecitos.

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Para entender el juego de la tele, basta pensar en cómo sería la cara de uno si, ante la noticia de una mala nota en un examen, fuese filmada a una distancia de dos metros y proyectada a miles y miles de personas: terrible.

Imágenes: NosDigital.
Imágenes: NosDigital.

Un videograph abajo: LECTOR/A reprobó y es un burro.

Música de apocalipsis.

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Racing mete el 2-0.

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¡30! Grita alguien cuando el informe va terminando. ¡10! Y todos se preparan.

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Racing mete el 3-0 y el utilero camina por las paredes. Pregunta desde qué página puede ver el partido por el celular.

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En el piso la magia de la tevé no existe, el debate es menos intenso que cualquier previa con amigos, uno ve el programa desde una distancia de diez metros intermediada por camarógrafos, asistentes y productores que están trabajando en serio. Uno se ocupa, antes que nada, de no romperles mucho las bolas.

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El primer bloque se va a los 53 minutos de programa. Hay 3 minutos de recreo.

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La peinadora va y peina a A. K. y le dedica unas palabras.

Santiago se enoja y dice a todos: “Si hablan todos juntos no se entiende un sorete”.

P.V conversa con G. M. y dice algo como “Del Sel está subiendo…”.

El utilero hincha de Racing llena una jarra de agua fría y la ofrece. 

Literal detrás-
Literal detrás.

El corte vuelve con dos publicidades. Una de “Zona libre” que comunica que el producto se vende también en Uruguay. Es decir que esto se pasa también allí.

El segundo informe llega más rápido. El conductor lo presenta como “¿A Delia le soltaron la mano?”.

Mientras se proyecta, los panelistas le reclaman al conductor que no les da el pie para hablar. D. M. se calienta y dice “¡Son siete personas hablando al mismo tiempo!”, mientras los panelistas se achican y los invitados se ríen. 

Un productor le acerca un papel escrito a la panelista S. F. B.

Un camarógrafo con ganas de hablar dice que “todo esto es una mentira más grande que una casa”, que es “todo por el rating” y que “en cámara se pelean y después afuera andan a los besos”.

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Cuenta mental: de las 16 personas al aire, al menos 7 no hablan hace 30 minutos, 2 intervinieron una vez y 1 – P. S- ni siquiera.

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Se hacen las 23, falta media hora para que termine el programa, pero el locutor ya dijo lo que tenía para decir, se levanta, hace un bollo con los papeles del guión, los tira al tacho y se va sin saludar a nadie.

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La televisión de fondo proyectó las siguientes imágenes durante el programa: Massa, Nisman, la policía, la bandera argentina, imagenes del 18F, a Bodou, Scioli y los números de encuestas.

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Historias de graphs.
Historias de graphs.

A las 23:05 Del Moro se propone hablar con los que no hablaron.

Un sonidista le contagia el bostezo al otro.

2 hombres del canal que terminaron su labor entran al estudio y se sacan una selfie.

Uno de los que no habló dice algo que en vivo parece menor, pero que desde el estudio ya decoraron con un graph rojo intenso que dice: “No creo en la justicia”.

A las 11:31 minutos el productor le hace señas al conductor: no hay más tiempo.

S. M. muestra la revista Pronto para terminar.

Los panelistas se frotan las manos.

Los cámaras bajan las cámaras y suspiran.

OFF.
OFF.

El conductor asegura que el programa se llamará “Intratables, dejame terminar”, en relación a lo que piden los invitados cada vez que alguien les superpone la palabra.

El invitado P. M. y la panelista A.K. se quedan hablando.

F. C. le dice a J. C.: “Cómo lo corriste, me encantó”.

P. V. se saca la corbata.

S. M. se va por su puerta lateral.

Los televisores muestran el programa siguiente que ya comenzó.

La estatua viviente le pide una foto al P. S.

El cielo de luces se apagó.

Todos huyen.

Un televisor marca que faltan 242 días, 8 horas, 26 minutos y 45 segundos para las elecciones.

El baile de las escobas justas

El ciclo “Marzo, mujer y memoria” se estrenó con fiesta y carnaval: centenares de mujeres marcharon por el centro de la Ciudad de Buenos Aires llevando las escobas que barren las injusticias y que nunca estigmatizan. Música, poesía y baile en una tarde-noche que dio comienzo a una serie de actividades que articulan la lucha de género con la memoria activa y presente.

Día internacional de la Mujer Trabajadora – Día 8
–  Marzo
Día Nacional de la Memoria por la Verdad y la Justicia – Día 24

escobasEl ciclo “Marzo, mujer y memoria” propone puentes y remata su nombre con “Arte y conciencia” como eslabones de unión. Desde el 6 hasta el 22 de marzo, una grilla de actividades le pone cuerpo de mujer al Auditorio Kraft, apuntando directo a las sensibilidades. El primer encuentro sale a festejarse a la calle. Mujeres y mujeres y algunos varones llegan a la puerta del auditorio en Florida al 600. El movimiento empieza a tomar forma. Durante la tarde, y hasta que llegue la noche, la propuesta va a tomar diferentes cuerpos y objetos. Poesía, cuentos susurrados al oído, batucadas y clowns son la previa a la “Marcha de las escobas”, una performance artística que propone barrer las injusticias transitando el centro porteño hasta el escenario que espera en Plaza San Martin.

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20.00hs – Susy Shock- ¿Quién es?: “-Soy arte- digo mientras revoleo las caderas y me pierdo entre la gente y su humo cigarro y su brillo sin estrellas y su hambre de ser… travesti outlet bizarría del ángel o el cometa que viene a despabilarte el rato que estemos, el rato que nos toque en suerte transitar”, dice su blog.

–       ¿Cómo relacionas la identidad de género con la memoria, verdad y justicia?

–       Yo no sé cuál es la connotación que puede tener la palabra identidad, la palabra femeneidad, la palabra memoria en otro lado del mundo, pero para nosotros y nosotras nos atraviesa en muchos sentidos. Más allá de la lucha puntual de las personas trans para que se nos respeten las identidades autopercibidas, estamos atravesados y atravesadas por una dictadura que ha dejado todo un tema de identidades expropiadas. Todavía hay que seguir buscando. Como sociedad todavía estamos medio rengos y rengas para continuar. Nos cuesta mucho a las personas trans decir soy esto y que se acepte. Pero, también es muy terrible transitar en identidades mentirosas, en identidades que te exigen y que te imponen. Cualquiera puede ser, a cualquiera le pudo haber pasado y eso hace en principio que nos mantenga muy vivos. Hay algo que todavía no se cerró y en otras sociedades es un síntoma de no se habla más y no se hace más nada. Sin embrago, acá, aún en los peores años de impunidad, siempre fue la gran ejercitación recrear los modos de resistir y continuar y no quedarse con esas llagas abiertas.

–       ¿Cómo juega el arte en la construcción continua de la memoria?        

escobas–       Las personas trans y todas las organizaciones de la diversidad hemos aprendido fundamentalmente de la militancia de las organizaciones de Derechos Humanos. Estamos absolutamente ligados a poner el cuerpo, a ese modo de estar en la calle, de hacer una acción donde el propio cuerpo es la bandera del reclamo. En cuanto al arte, no entiendo un arte que sea político y otro que no. Todo arte es político aun cuando se dedique solo a divertir, de la manera más prosaica y más frívola. Aún así está siendo arte político, que se encarga precisamente de esa otra parte, que es la que anestesia en muchos sentidos.

–       ¿Qué te gustaría barrer con tu escoba?

–       Todavía hay mucho machismo que tenemos que barrer, desde adentro mismo, desde nosotras mismas inclusive. Ese machismo que a veces seguimos construyendo cada vez que nos toca criar hijos e hijas. Ese machismo que nos hace ver a las pares a veces en sospecha, en competencia. Ese machismo que regula en serio muchos sentidos y muchos deseos.

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18.00hs. “Si alguien no me dice que sobrevivirá una migaja, aunque sea pleno día, voy a ponerme a gritar”, las palabras de la poetisa Juana Bignozzi llegan desde la punta de un tubo de madera. Una mujer del otro lado, promedia los setenta años, y vestida de blanco, ofrece regalar la lectura al oído de quien esté dispuesto a recibirla. El muchacho se saca los auriculares y se dispone a escuchar. La señora reclama: “Quiero más poesías”. La joven dice que está apurada que no puede frenar. El niño abraza a la señora de blanco. Muchos sacan fotos, todos giran, los bombos están por salir.

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21.00hs – Miss Bolivia – ¿Quién es?: “Armada hasta los dientes con lírica incendiaria y comprometida, Miss Bolivia despliega un mensaje de emancipación y llamado a la reconexión natural con un combo que arrasa: sonidos de barrio con mensaje directo, ultra bailable y versátil.”, dice su FanPage.

–       Tu tema “Rap para las madres” atraviesa los tópicos de esta jornada: mujer y memoria.

escobas–       Para mí es un himno que canto personalmente para homenajear y reconocer a las madres como mujeres maestras de la perseverancia y de la lucha. Desde mi historia personal lo que intento es narrar la historia nuestra como pueblo, sin ambiciones de ser portavoz pero sí de contar mi humilde historia.

–       ¿El arte puede correrse de ser un hecho político?  

–       El arte es política por definición. Cada hecho artístico, cada hecho estético es un acto político, como cada pequeño acto de la vida del ser humano. Mi música como acto estético es un acto político, eso no quiere decir que sea partidario.

–       Siguiendo con la idea de la marcha de las escobas, ¿te gustaría barrer algo?

–       Yo me convertiría en una barredora profesional y creo que de a poco lo estamos haciendo. Nosotros barremos con la lengua,  no tenemos escobas. Me interesó mucho la propuesta por la resignificación del objeto, la escoba para barrer como acto revolucionario y de resistencia, no es lo mismo que la escoba de la ama de casa, mujer oprimida, explotada, con un trabajo de riesgo no remunerado. Yo pienso que hay que resignificar, usar las armas que han sido utilizadas para nuestra opresión como herramientas y armas de emancipación.

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19.00hs. Con la cara pintada marcan el ritmo. Son mujeres de TUMMBanda las que suenan potente en la peatonal porteña. Rompen el círculo cuando las escobas se disponen a intervenir las calles.

Eugenia, desde la organización, explica: “En 1907 hubo un aumento terrible en los alquileres de los conventillos de La Boca y las que salieron a pelearla fueron las mujeres con sus escobas y sus hijos. Esta recreación que hacemos significa eso.  Cada una tiene su lucha, sus ganas de pelear. Es una forma de sumar a todas. Que vengan a barrer lo que crean que son las injusticias”.

La marcha late bajo las escaleras del auditorio. Llegará hasta el escenario donde esperan Susy Shock y Miss Bolivia en plena Plaza San Martin. Un primer grupo se asoma agachado. De blanco, son los clowns con narices de payasos y sonrisas de hoyito a hoyito en las mejillas. El segundo grupo de mujeres llega al rato. Están vestidas de violeta y negro. Llevan escobas en sus manos, respiran profundo inflando el pecho y mantienen la espalda y la mirada firmes. El ciclo empieza a oscilar entre el movimiento y la serenidad. Explota un grito de guerra, que también es grito de fiesta: hay que bailar barriendo injusticias.

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Matrimonio igualitario ilegal

Un paso adelante, dos atrás. Las esperanzas de una parte de la sociedad colombiana se hizo pedazos cuando el miércoles 24 de abril el Congreso echó por la borda la Ley de Matrimonio Igualitario propuesto por el propio partido gobernante –Partido de la U- y militado por años y años por tantas organizaciones y ciudadanos. Medievalismo, insultos, presiones y una legislación permisiva pero no completa fueron el saldo de todo este debate que nuevamente llenó de luz un viejo problema: ¿hasta qué punto las concepciones religiosas pueden determinar los derechos de una sociedad dentro de un Estado constitucionalmente laico?

Seis años de espera

Desde el 2007 los derechos de las parejas homosexuales se hicieron eco en la opinión pública luego de que la Corte Suprema reconociese que la unión de dos personas del mismo sexo constituía una familia a la vez de aceptarles el derecho a la seguridad social, a la pensión y a la herencia; siguiente paso era entonces el matrimonio. Cuatro años más tarde, la Corte le daba al Parlamento, mediante la Sentencia C-577, dos años para conformar una ley que reglamentase este tipo de alianzas. En caso de no cumplirse este mandato las personas de mismo sexo podrían ir a un notario y pedir una unión legal, no matrimonio, que debería ser concedida.

A partir de esa fecha empezaron los movimientos en todas las direcciones: Armando Benedetti del Partido de la U presentó el proyecto de ley, la Iglesia y asociaciones cristianas iniciaron su campaña a favor “de la vida, la familia y el matrimonio” – desempolvando los más áridos pasajes del Antiguo Testamento- y las organizaciones a favor de los derechos de Lesbianas, Gays, Bisexuales y Trans (LGBT), en viraje opuesto, sus movimientos para contrapesar la catarata homófoba que inundaban las ciudades.

Pero, ¿cómo fue tomado el pliego presentado por el senador por la comunidad LGBT? Luis Felipe Rodas, militante de los Derechos Humanos y (por ende) de la comunidad LGBT nos cuenta: “En general el Proyecto fue visto como algo muy positivo para la comunidad, aunque hubo un par de voces en contra que consideraban que debíamos esperar hasta el 20 de junio para dar cumplimiento a la Sentencia C-577. Sin embargo estamos exigiendo el Matrimonio Igualitario, no aceptaremos términos diferentes, por ello la mayoría de organizaciones y personas de la comunidad LGBTI, vimos el proyecto de Benedetti como un proyecto que nos reconocía plenamente y que garantizaba nuestro Derecho al Matrimonio”

Recién en el mes de abril del 2013, seis años después de la primera sentencia judicial, se dirimió en los pasillos del Congreso la posibilidad histórica de ampliar las libertades civiles a este grupo históricamente violentado, excluido y desprotegido.

Un mundo de odios

Ostentando el puesto número 16, Colombia es uno de los países con la mayor tasa de homicidios del mundo según el último informe de la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito[i], con una tasa del 31%, por encima de territorios como el Congo y México, y duplicando la media americana. La población LGBT es particular damnificada en este clima de alta violencia, debido a que son blanco fácil para los crímenes de odio, como por la impunidad en que quedan estos casos debido a la desidia y omisión de la policía, la justicia y el propio gobierno.

El último informe realizado por la organización Colombia Diversa[ii] del bienio 2008-2009 mostraron la muerte de 127 personas LGBT por razones ligadas a su orientación sexual. Junto con esto, en 81 de los casos no hubo ningún tipo de investigación, solo en 5 hubo una sentencia y en 10 se estaba llevando a cabo una investigación penal. El departamento de Antioquía cosechó el 51 de las víctimas, siendo segundo con un tercio el departamento de Valle de Cauca y tercera Bogotá con 14.

Por último, las 127 muertes remarcaron un aumento de treinta víctimas más del bienio anterior, 2006-2007, con 99, con poco menos de la mitad quedando impunes.

“Es un sexo sucio, asqueroso, un sexo que merece repudio”

A lo largo de las primeras tres semanas del 2013 se desarrolló este conflicto, primero en la opinión pública, luego en las butacas parlamentarias.

-9 de abril: El Episcopado colombiano envía una carta los Senadores, instándolos a respetar la Constitución nacional que consagra al matrimonio como propio del hombre y la mujer. Firmado por el Cardenal Rubén Salazar López, Arzobispo de Bogotá y José Falla Robles, Obispo Auxiliar de Cali afirmaban quedado que las uniones de personas del mismo sexo poseen, incluso biológicamente, características que las diferencian netamente de la unión que se establece entre un hombre y una mujer, sería injusto otorgarles el “privilegio” de un reconocimiento y de una tutela jurídica que pueda equipararlas al matrimonio o a la familia. La justicia exige que dichas realidades sean asumidas por el Legislador con un criterio diferencial. La justicia, en efecto, no es dar a todos lo mismo sino a cada uno lo que realmente le corresponde”. Tal vez, el lector entre tanta Palabra Santa y las brumas del Espíritu Santo se haya perdido, así que subrayemos un punto clave en la posición eclesiástica: “El Estado tiene, ciertamente, la obligación de eliminar toda forma de discriminación injusta que pueda ser ejercida contra los homosexuales o contra cualquier otro ciudadano (…) muy distinto, es querer brindar a estas uniones un reconocimiento jurídico que, implícitamente, subvierte el orden establecido por la naturaleza humana y por nuestro marco constitucional y legal”[iii].

-Siendo un país con fuerte presencia de grupos evangelistas, ¿cuál fue su posición?

Luis Felipe Rodas: Jugaron un rol significativo, de hecho hubo un pacto firmado por el actual presidente del Congreso, el Senador Roy Barreras, con una Iglesia Cristiana donde se comprometía a no aprobar el matrimonio para las parejas del mismo sexo, todo esto con el fin de poder ganarse los votos de tantas y tantos cristianos en Colombia. v

Los Senadores del Partido Político MIRA, un partido formado por integrantes de la Iglesia de Dios Ministerial de Jesucristo Internacional, también hicieron presión ante los Congresistas para que este proyecto no fuera aprobado.

-23 de abril: nuevo debate parlamentario. Durante seis horas los diferentes grupos políticos postularon sus posturas. Cabe especial mención al más de 40 años senador nacional Roberto Gerlein, quien incluso más papista que el Papa denunció a las relaciones entre personas del mismo sexo como: “sexo sucio, asqueroso, un sexo que merece repudio, es un sexo excremental”, pero fue más allá en su clase de biología: “A mí nunca me ha preocupado mucho el catre compartido entre mujeres, porque ese homosexualismo no es nada y sin trascendencia, pero compartido por dos varones es un sexo sucio”. Gracias señor senador por la palabra.

¿Cómo convivió la el carácter de Estado laico con las argumentaciones religiosas a la hora de legislar este hecho?

Luis Felipe Rodas: La Constitución Política de Colombia reza que este es un Estado Social y de Derecho, pluralista y diverso, democrático y participativo, eso es lo que debe respetar el Congreso.

Nos encontramos con el Señor Alejandro Ordoñez, Procurador General de la Nación y fanático religioso, quien se ha opuesto enérgicamente al reconocimiento de nuestros Derechos, ha buscado la manera de manipular y manejar al gobierno colombiano,  para votar en contra todos los proyectos de Ley que busquen reconocer nuestros Derechos.

Carlos Monsivais, escritor mexicano, ya lo ha dicho: “en la homofobia el prejuicio se vuelve ley”, eso pasa en Colombia, los prejuicios se vuelven Ley.

-24 de abril: Voto en el Senado. 51 contra el proyecto de ley, 17 a favor, mientras afuera los grupos reaccionarios vitoreaban: “No callaré, no callaré, el matrimonio es entre un hombre y una mujer”.


[i] http://www.unodc.org/documents/data-and-analysis/statistics/crime/Homicide_statistics2012.xls

[ii]http://colombiadiversa.org/colombiadiversa/images/stories/PUBLICACIONES_FINAL/

DOCUMENTOS/INFORMES_DH/documentos/SituacionderechoshumanospersonasLGBT2008_2009.pdf

[iii] http://www.lafm.com.co/noticias/cardenal-ruben-salazar-se-135670

“A medio camino entre dos mundos”

En un intento por explicar parcialmente la sociedad chilena, entrevistamos a la aspirante a diputada Valentina Verbal. Militante por derechos de identidad, comparte su partido con el Presidente Piñera, trans, y con pasado en el Opus Dei. Imposible de encasillar, simplemente es.

Las posibilidades de explicar de forma acabada una sociedad son escasas y la actitud de intentarlo, por lo menos pretenciosa. En la inmensidad del entramado social chileno, encontramos un personaje político altamente complejo que nos ayudará a acercarnos a entender la sociedad trasandina. Valentina Verbal es Historiadora y pre-candidata a diputada por Renovación Nacional, partido que comparte con el actual presidente de la República Sebastian Piñera y Carlos Larraín, senador que  puede llegar a comparar en una entrevista la homosexualidad con la pedofilia y la zoofilia. En su juventud profesó su religión en el Opus Dei durante siete años. Ahora, se encuentra en plena lucha con el organismo regulador electoral Servel por aparecer en la boleta de las próximas elecciones con su nombre social. Es que Valentina, además y más allá de todo, es trans y una ferviente militante por la identidad de género y la igualdad de derechos.

-Las disputas en el Servel por aceptar tu nombre en las papeletas electorales, ¿está vinculado con cierto machismo de la política chilena?

-Chile está transitando, un poco más lento que Argentina, hacia una sociedad más abierta con la diversidad. Está transitando, pero está costando. Un avance que tuvimos fue la ley antidiscriminación que incluye las categorías identidad de genero y orientación sexual. Mientras se tramita la ley específica de identidad de género, para regular el cambio registral en los documentos de identidad, la ley antidiscriminación por lo menos garantiza el respeto de los derechos fundamentales de las personas trans, especialmente de parte de los organismos estatales. En gran medida eso pasa por respetar el nombre social y de género de la persona ante la comunidad.

Pensé que no iba a haber mayores problemas ante el Servel porque en el fondo no se trata de cambiar mi registro –eso lo estoy haciendo por la vía judicial, en concordancia con el registro civil, que es cómo se hace aquí en Chile-, yo quiero aparecer en la papeleta con mi nombre social porque ese es un documento que se presenta ante la comunidad, o sea es el trato que te está dando un organismo público hacia la comunidad. En este caso el Servel no me está respetando mi identidad de género.

Esto revela machismo, pero también otras cosas. Revela ignorancia, desconocimiento de la diversidad en general y de la diversidad sexual en particular. Revela ignorancia de conceptos, como orientación sexual e identidad de género, y también ignorancia de la misma ley antidiscriminación. Lo más grave es que esta ley – ley 20.609-, obliga especialmente a los organismos públicos a hacer medidas preventivas y políticas públicas contra la discriminación. Y el Servel no tiene nada al respecto.

-¿Cómo te definís en cuanto a tu sexualidad?

-Es complejo. Siempre se discute en los movimiento de diversidad sexual si corresponde o no categorizarse, porque eso supone anclarse a un determinado tipo de persona, y las identidades siempre son dinámicas y variables.

Creo que es bueno categorizarse en el sentido de que al hacerlo con una identidad que no es normativa, o sea que es minoritaria y considerada como inferior por la sociedad machista hegemónica, también implica visibilizar identidades que deben ser conocidas. Y al hacerlo, normalizar en el buen sentido de la palabra, no normalizar para adecuarse a la hegemonización que se propone desde una elite conservadora, sino normalizar en el sentido de decir que son identidades minoritarias, distintas, pero no son anormales, no son patologías ni enfermedades. Hay que categorizarse políticamente y me defino como una mujer trans, también como transexual o transgénera, no me importa mucho la distinción entre estos dos últimos conceptos, porque lo relevante no es si la persona está operada o no. Sino más que nada si tiene una identidad de género, normativa o no.

No creo en el paradigma psiquiátrico. Ese que entiende que se trata de una persona que nació en un cuerpo equivocado, entonces hay que adecuar el cuerpo a la mente, como si ser trans fuese una patología o un trastorno mental. En cambio en el paradigma de la diversidad, cada uno puede determinar su identidad, en este caso sexual. Por lo que resulta que la persona nació en una sociedad equivocada.

-¿Creés que debe aparecer el sexo en el Documento Nacional de Identidad?

-Veo que es bienintencionada la teoría contrasexual de eliminar las marcas de género de los documentos, y no solo de los de identidad, pero resulta un poco utópica todavía de llevar a la práctica. Creo que es irreal. Soy una persona que trato de combinar los principios –lo que creo que es bueno hacer- con el pragmatismo. Sin transar en los principios, pero sabiendo que las cosas se van logrando de a poco, de manera gradual. No se puede llegar al piso 20 sin pasar por el resto de los pisos. No se puede romper con paradigmas legales superestructurales de nuestra sociedad de la noche a la mañana.

Hay muchas instituciones que antes deberían ser deconstruidas para que esto fuese posible. Por ejemplo, en Chile, antes de llegar a eso, primero hay que llegar al matrimonio igualitario.

-¿Qué diferencias hay en el trato cotidiano a trans en Santiago y en las Regiones de Chile?

-Las Regiones, lo que es el Interior para Argentina, tienen una vida cotidiana más conservadora, pero Chile es un país unitario, las leyes rigen para todo el Estado de norte a sur. Pero también unitario culturalmente. Es bastante homogéneo, lo que lo hace ser bastante centralista. Si bien las Regiones tienen medios de comunicación locales, lo que prima son las noticias nacionales. Esto hace que no haya grandes diferencias dentro de Chile. Si bien en las Regiones es mas lento el proceso de cambio cultural, mi impresión es que cada vez hay más apertura. Siempre en relación con lo que va ocurriendo en el centro, en Santiago. No son dos Chiles, aunque uno avance un poco más rápido, se mantienen muy pegados.

  

-Para salir del trabajo sexual, ¿qué posibilidades laborales le da la sociedad chilena a personas trans?

-En Chile lamentablemente es muy deficiente el acceso laboral de las personas trans, pero la calle ya no es la única alternativa. Las personas trans se la pueden rebuscar. Aunque tengan estudios universitarios, no consiguen empleo de su profesión, pero trabajan en comercios o sandwicherias por ejemplo. Cuando su identidad no corresponde con la de su documento, se les rechaza el empleo. Los tribunales conceden el cambio de nombre en un tramite de unos seis a ocho meses, pero no el cambio de sexo de no haber operación genital. Hay un vacío legal que deja a la interpretación del juez la posibilidad de casos excepcionales. Se trata de una cirugía de muchísimo dinero, lo que podría costar un auto nuevo.Hay una mentalidad muy legalista en Chile: todo es lo que está en el carnet. Hay trans que no quieren operarse, pero quieren cambiar de sexo registral. No está visibilizada la realidad laboral trans, no hay estudios serios al respecto, las pocas encuestas que hay revelan una precarización general de los empleos.

-¿Cómo se recibe a las personas trans en los ámbitos educativos?

-Las chicas que son mayores, que ya son de tercera edad, que se dedicaron toda su vida al comercio sexual, aparte de ser discriminadas por ser trans, eran personas tuvieron que desertar tempranamente de la escolaridad, incluso de la primaria. Hoy por hoy, en general, si bien hay discriminación, y hay bulling, hacia las personas con diversidad sexual por mostrar una expresión de género no normativa, están terminando la educación secundaria. Muchas universidades están aceptando personas trans y son tratadas respetando su identidad de género.

-¿Los límites en cuanto a la identidad de genero en Chile son sociales o políticos?

-Sin dudas hay un mayor avance social que político, aunque en lo social falta mucho todavía. Lo que sí es claro es que en países como Chile, y en Hispanoamérica en general, los cambios sociales se producen mucho a partir de cambios políticos. Los cambios culturales van con mayor fuerza cuando hay cambios legales. La mentalidad de avance en la sociedad tiene que estar indicada por la legalidad, y esa forma de pensar es una cuestión cultural histórica. No hay parlamentarios que se declaren gay, y eso a mi me motiva mucho para ser candidata por la necesidad de la representación de la diversidad que tiene que haber en el parlamento.

-¿Cuál es el peso de la voz de la Iglesia?

-La iglesia cada vez influye menos en Chile, bastante poco en el ultimo tiempo. Hay parlamentarios conservadores porque tienen una raigambre muy religiosa. Pero son ellos quienes toman las decisiones, no podría acusarlos de hacerlo en términos religiosos. La voz de la Iglesia no tiene peso ya, la sociedad chilena ha avanzado hacia el laicismo. La Iglesia puede expresarse, pero no es la que conduce la voz de la sociedad en su conjunto.

-¿Qué te quedó de tu paso por el Opus Dei?

-Participé siete años, pero como hombre. No todas las cosas son blanco y negro, hay sentimientos encontrados. Nunca viví nada raro en términos sexuales, nunca viví agresiones sexuales de los sacerdotes, aunque conviví con muchos de ellos durante mucho tiempo. Entonces también es importante decirlo, porque no todos cometen esos abusos. Y también otra cosa que siempre he dicho: yo no era una persona particularmente conservadora, como tampoco mi familia, no éramos tradicionalistas, pero si tradicional en lo social más que en lo religioso. ¿Por qué fui al Opus Dei? Porque me invitaron, me gustó la espiritualidad, de buscar a Dios en medio del mundo, poder encontrar la Santidad por medio del trabajo ordinario. Pero también, prontamente cuando elegí un camino sexual diferente, empezó a chocar esa realidad del Opus Dei, que es una institución muy conservadora, muy homogeneizante, es exageradamente juzgadora en lo sexual, donde prácticamente uno tiene que confesar sobre su vida sexual, hasta cuántas veces se masturbaba. Y es muy cerrada sobre los cambios sociales, conservadora sobre la identidad sexual: se opuso a la Ley de Divorcio en 1995. Así es cómo se tienen sentimientos encontrados: yo la pasé muy mal un momento, pero también viví una experiencia espiritual muy profunda, en la relación con los demás.

-¿Cómo juzgás, siendo historiadora, el rol del Opus Dei en la última dictadura?

-Como historiadora tendría que haber leído o haber hecho una investigación. Pero no lo he hecho. No creo que haya tenido un rol preponderante, aunque sus líderes hayan adherido a la dictadura. Aunque no tuvo un rol activo porque no era muy conocida, ya que durante largas décadas fue un grupo reducido, hasta los 80’. Arrancaron fuertemente cuando la dictadura estaba terminándose. Siendo rigurosos no podría hablar de una influencia grande.

 

-En 2009 decías que “Renovación Nacional y la política en general, no estaba preparada para alguien como yo”, ¿ahora sí?

Efectivamente, creo que desde el 2009 la sociedad chilena ha cambiado un montón en relación a cuestiones culturales y a identidad de género en general, especialmente cuando el año pasado mataron a Daniel Samudio[i], que hizo despertar a la sociedad de su siesta, de su sueño, en la que creíamos que éramos muy modernos y muy abiertos. Creo que ya no es algo terrible asumir la identidad sexual públicamente. Pero todavía son casos muy escasos. Ya no creo que haya drama por tener una candidatura LGBTI y participar de las elecciones, aunque falta mucho para hacer, hemos avanzado mucho.

-¿Te asumís como referente de tu partido político o de los movimientos por la diversidad sexual?

-Es que estoy a medio camino entre los dos mundos. Yo como hombre fui militante de Renovación Nacional durante 30 años, pero me alejé cuando asumí mi identidad como Valentina, y ahí al poco tiempo me metí en el activismo por la diversidad sexual. Allí ya me hice más conocida en Chile públicamente y terminé como candidata. Siempre me asumí como de centro-derecha en lo político y económico, pero todavía estoy a medio camino, porque los medios me siguen viendo como una persona que viene de la sociedad civil, relacionada con estos movimientos, que llegó al Partido para buscar un espacio; pero todavía no tengo una consolidación de mi situación dentro del partido. Hoy en día cuando me hacen una entrevista el 90% de los medios me preguntan sobre la identidad sexual y el restante 10% recién sobre política, que es mi espacio. Por eso estoy a medio camino. No por ser trans voy como candidata.


[i]Wikipedia nos dice que: Daniel Mauricio Zamudio Vera (Santiago, 3 de agosto de 1987 – Santiago, 27 de marzo de 2012) fue un joven chileno, convertido en símbolo contra la violencia homofóbica en su país, después de ser atacado y torturado en el Parque San Borja de Santiago por un grupo de jóvenes, quienes, tras varias horas de golpiza, le provocaron heridas que terminaron semanas después con su vida. El ataque contra Daniel, perpetrado el 2 de marzo de 2012 por cuatro personas vinculadas presuntamente a una pandilla de tendencias neonazis, causó conmoción en la sociedad chilena y levantó el debate respecto a la homofobia en el país y la falta de una ley antidiscriminación relacionada con este tipo de crímenes.

 

 

El sentido político en el arte

Por Damián Ariel Barbarito

“la cabeza piensa donde los pies pisan”. P. Freire

 ¿Arte y política? Esta dupla al parecer es extraña, sin embargo, existen quienes sostienen, o sostenemos, que el arte es uno de los campos a disputar en la emancipación de los pueblos y la construcción del poder popular.

En nuestros días es difícil hablar de este tema seriamente ya que el arte ha sido relegado a lo estético, separado de todo lo demás. Por eso, es necesario comprender cómo ha sido el funcionamiento del Arte Político, aprender de lo que otros ya han hablado. Resignificar los espacios en los cuales nos movemos en función de nuestras condiciones materiales.

Lo viejo que no termina de morir

Existe una concepción muy instalada en la sociedad de que el arte y la política tienen muy poco que ver entre sí. Esta idea responde a la famosa consigna l’art pour l’art, “el arte por el arte”, la propuesta de que el arte solo se debe ocupar de sí mismo y no interesarse por las problemáticas sociales. Esto que nos suena tan apolítico es en realidad profundamente político. Surgido de la estética idealista de finales del siglo 18, postula un arte individualista, en el que el artista debe escindirse de la sociedad para lograr un arte puro; durante el siglo 19, fue una de las consignas principales con las que la burguesía concretó el proceso de secularización del arte.

A lo largo del siglo 20, se discutió la concepción burguesa del arte. Las vanguardias se propusieron devolver el arte a la vida. En Argentina, a principios del siglo pasado, un grupo de artistas denominado los artistas del pueblo tomó los problemas y miserias cotidianos y los introdujo como tema de sus obras. Llegando a los años 70, Berni dio un paso más. Con Juanito Laguna, se incorporaron los elementos y materiales de la vida cotidiana. No pintó a la basura para remitirse a la pobreza sino que la incorporó a la obra para que hable ella misma.

En paralelo a las experiencias desarrolladas por Berni y otros artistas, la mayoría de los partidos políticos y movimientos de izquierda, fueron desarrollando identidades propias utilizando símbolos -puños, banderas, pintadas, alusiones a los trabajadores, a la lucha y a la revolución-. Estos elementos funcionaron como ilustración de proyectos políticos, de imaginarios de una realidad en disputa.

Es con el Tucumán Arde y con el Siluetazo que estos caminos paralelos se cruzaron. En particular el Siluetazo, acción colectiva realizada por primera vez en la Plaza de Mayo en la tarde del 21 de septiembre de 1983, es un claro ejemplo de cómo ciertos procedimientos artísticos pueden ser tomados por un movimiento social como práctica política.

Lo nuevo que no termina de nacer

Entonces, ¿cómo pensar el arte político? El primer paso podría ser no pensar lo político como un adjetivo del arte donde la cuestión artística aparece subordinada, casi como una cuestión decorativa respecto de ciertos programas de intervención política. Lo interesante es pensarlo como un espacio de cruce, de desbordamientos entre lo político y lo artístico[1].

En este sentido, es importante empezar a pensar a los artistas como intelectuales, es decir como productores privilegiados de discursos sobre lo real, generadores y difusores de visiones del mundo [2]. De esta manera, lo que planteamos es que la “obra” es un discurso sobre lo real.

No podemos contentarnos con obras de “denuncia” o mimesis que suponen una realidad “de verdad” frente a la cual hacen de intermediario. Si pensamos que la realidad es constitución del lenguaje, el desafío que se nos presenta es el de cómo trabajarlo y qué practicas desarrollar para construir la realidad que deseamos.



[1] Ana Longoni – Arte y Políticas visuales del movimiento de derechos humanos

[2] Apuntes sobre la nueva proliferación del debate entre intelectuales ¿Rencillas entre colegas o prácticas intelectuales emancipatorias?

 

“Las Malvinas son argentinas”

El Club Atlético Lanús se hace cargo de eso que a esta altura parece obvio pero que no muchos se animan a hacer: unir el deporte y la política. En el año en que vuelve a jugar la Libertadores, el Grana llevará en una de sus magnas la insignia de las Islas, a 30 años de aquella guerra. Su técnico, Gabriel Schurrer, se enorgullece de la iniciativa: “Es una discusión nacional y nosotros como club no podemos escaparnos de esto”.

Cuando Malvinas se volvió un campo de guerras y de tristezas, Gabriel Schurrer era un nene de diez años que pateaba las calles de su Rafaela natal y que llevaba una pelota por debajo de la axila. Era 1982 y en su cabeza sólo se movían un mar de sueños de volverse futbolista. Pero nada de eso hizo que la vista se le fuera y que no se enterara del desembarco de las tropas argentinas en las Islas.

Ahora, a los 40, siendo el entrenador de Lanús, Schurrer todavía no se olvida de esa guerra. No pierde de viste que se cumplen 30 años ni que hace falta un compromiso general para reclamarlas. Por eso, cuando desde el club deciden formar parte de una campaña que pide que las Malvinas vuelvan a ser argentinas, infla el pecho y se siente lleno de orgullo.

– ¿Qué genera dirigir a un equipo que tiene en la manga de su camiseta un dibujo de las islas?

– Para mí, es un enorme orgullo. Se lo vengo diciendo a todos los que me voy cruzando. Somos el primer club que toma esta decisión. Lanús se pone del lado de un reclamo que es muy importante y que para los argentinos representa mucho. Yo no tengo dudas: las Malvinas son argentinas.

– ¿De qué manera funciona esto de meter al equipo entero en una discusión política?

– Para mí está bien que nos sumemos a esto. Es justo este reclamo. Por eso me parece muy bien que apoyemos este proceso político en el que se pide que demos un paso adelante. Es una discusión nacional y nosotros como club no podemos escaparnos de esto.

Llevar este mensaje va a permitir que muchos chicos se enteren de lo que fue Malvinas. Quizás, incluso, sus jugadores.

– A mí me parece algo muy interesante es. Los jóvenes de hoy andan mucho con los teléfonos que tienen internet y siempre están conectados. Está bueno y me parece una cuestión obligatoria que aprovechen ese tiempo para usar la computadora y averiguar qué fue lo que pasó en esta guerra y por qué tiene sentido este reclamo.

No se despega ni un solo segundo de esa identidad profunda que siente por el club. Si la camiseta va hacia un lado, Schurrer no se le escapa a esos colores. Y no se marea pensando tan sólo en la pelota, su vida tiene que ver con la institución en general. Pero, cuando el fútbol aparece, puede dar conceptos precisos.

-¿Cómo se explica que este plantel pasó de perder en la Copa Argentina contra un rival menor a estar puntero en el campeonato?

-No creo que haya grandes secretos. Nosotros nos preparamos siempre igual. Lo que puede cambiar es el estado de ánimo. El resto, todo lo que tiene que ver con la cuestión futbolística, es algo que nosotros intentamos en todos los partidos de la misma forma. No es que cambia la preparación. Somos constantes y a veces sale bien y a veces no. Es simplemente eso.

-Ahora que está tan en discusión qué es jugar bien y qué es jugar mal, ¿cómo definiría el estilo de su equipo?

-Nosotros jugamos siempre a intentar. Eso es lo importante. A veces funciona jugar bien y a veces no nos sale. Pero creo que somos un equipo que busca tener protagonismo. En eso, apostamos mucho a la presión. En todos los partidos tomamos la iniciativa de presionar mucho a los defensores rivales. A los laterales. Así les quitamos juego y podemos avanzar nosotros.

-¿Qué otro equipo del fútbol argentino le gusta?

-Es difícil jugar bien. Creo que Vélez es un equipo que siempre es interesantes. A mí me gusta mucho. Me parece, después, que hay que mirar a Tigre porque logró mostrar cosas que valen la pena. Una idea bastante ambiciosa. Cerca aparece Racing, que me parece que tiene que despegar. Y después, bueno, está Boca, que es realmente difícil.

-De alguna forma es como si este torneo se pareciera bastante al anterior.

-Es que va a ser así. No se pueden esperar cambios rotundos. Los que juegan bien, seguirán haciéndolo. Y los que lo hacen mal, probablemente también. Todo seguirá siendo bastante parecido.

-De los que nombró, hay varios que jugarán la Copa Libertadores. ¿Eso va a afectar el rendimiento?

-Puede que eso sea lo que varíe un poco el nivel general. Vélez, Boca y nosotros vamos a tener que jugar dos competiciones y eso obliga a que algunos partidos no podamos poner todo lo mejor que tenemos. Pero lo importante es la idea y nosotros no vamos a cambiarla.