“Lo mío es luchar contra los molinos de viento”

A Julio Ricardo Villa la pelota le ha regalado sonrisas a destiempo: fue campeón del mundo en Dictadura e ídolo en Londres durante la Guerra de Malvinas. “Que aquello nos sirva, por favor: Nunca Más”, dice ahora que es entrenador de Defensa y Justicia y también anda en una cruzada a contramano: en épocas de bostezos y 0 a 0 levanta la bandera del menottismo y asegura que el cómo todavía importa. “Si no gambeteás a alguien, no es fútbol”, define.

Ninguno de todos los tipos que se metieron en este bar para resguardarse de la lluvia y el frío detiene su cortado cuando ven entrar a este hombre de barba blanca, corte prolijo y pañuelo anudado al cuello. El hombre metió el que fue elegido como el mejor gol de la historia de Wembley, levantó la Copa del Mundo, fue comparado con Dios en Tucumán, cuando jugaba en Atlético, y mezclado en banderas con la imagen del Che Guevara en Londres, cuando gambeteaba con la remera del Totenham, pero ahora en esta esquina de Buenos Aires, ciudad futbolera y de cafés, la presencia de Julio Ricardo Villa pasa desapercibida. Es raro. Aunque tiene una explicación: Buenos Aires, ciudad futbolera y de cafés, también se ha vuelto una tierra de tiempos presentes y Villa hace ocho años que andaba lejos del ambiente de la pelota, metido en la tranquilidad de su pueblo, Roque Pérez. Hasta que en julio pasado, Defensa y Justicia se quedó sin entrenador y le ofreció tener su tercer ciclo como técnico del club.

-¿Por qué dejaste Roque Pérez para volver a meterte en la locura del fútbol argentino?

-Yo me defino como menottista porque coincido con la manera de ver el fútbol del Flaco, no porque él me haya sacado campeón del mundo. Le agradezco por eso, pero vivo así y defiendo el fútbol desde ese punto. Y este discurso no es tentador para nada. Es negativo. Si charlás con un dirigente, se van pensando ‘este es un bohemio, yo quiero uno que especule con el 4-4-2’. Especulan como lo hace la sociedad en Argentina. No soy mediático, entonces me diluí en este discurso. Y tengo mi orgullo: si no me van a buscar no me ofrezco. Así que pensé que no dirigía más, pero Defensa me ofreció un espacio y lo acepté.

-Defensa se ha vuelto un refugio menottista.

-Diego y José Lemme dicen que ahora están convencidos de que este es el fútbol que debería tener la institución. Y a mí me alegra. Es el único club que tiene una línea, que es lo que deberían tener todos. Cualquiera, no sólo esta, y que todos los técnicos coincidieran en un estilo de juego que el club quiera imponer.

-Bielsa, antes de que Guardiola arrancara su carrera como entrenador, le preguntó: ¿tanto le gusta la sangre?

-Me gusta el desafío. He elegido un cuerpo técnico joven, porque la juventud alrededor del fútbol es algo lógico. En eso estamos. Lo que me entusiasma es que el jugador acepta el desafío de jugar. Antes ellos fueron amateurs, y hablaban de ir a jugar a la pelota. Ahora tienen que hacer lo mismo, en un nivel profesional. ¿Si entrenamos todas las semanas, por qué en el partido no le vamos a poder hacer un pase al compañero que está a diez metros?

-¿Y están pudiendo?

-Algo. Las canchas no ayudan mucho, así que a veces usamos la teoría inglesa. Tirar el pelotazo, buscar el rebote y empezar a jugar 30 metros más adelante. Antes en Inglaterra las canchas sufrían mucho. Manchester en enero era un barrial, la pelota no podía ir si no era por arriba. Y ellos se las ingeniaban para jugar en esa cancha. Y tampoco es que me disgusta tanto, porque si hay tres tipos para buscar el centro es una situación de gol. No es lo mismo que tirar un pelotazo para un tipo que está solo contra cuatro defensores.

-¿Tus dirigidos saben quién es Julio Ricardo Villa?

-No creo. Aunque ya lo deben haber googleado. Pero yo no vengo a contar mi historia, vengo a ayudarlos a que crezcan como jugadores. Tengo bases como para sostener esto con todo lo que me pasó a mí. Yo jugué al fútbol de la manera que pienso el fútbol. Entraba a la cancha con ganas de que me aplaudan.

-Alguna vez dijiste: “Siempre sentí la obligación de hacer una jugada que le permitiera al público disfrutar de ese momento”.

-Eso es lo que pretendo cuando soy espectador. Quiero ver algo que no se vea el domingo a la mañana en el fútbol amateur. Una gambeta, nada más. Cosas simples. La gambeta ahora es imposible de ver. Si no gambeteás a alguien, no es fútbol. Ahora vino un jugador de Córdoba que me recomendó un amigo. Gambetea, es zurdo, delantero, 23 años, no tiene un gran físico pero es rápido y lo fiché. Me hace acordar al Negro Ortíz. La gente en estos primeros partidos ya decía “que bien, gambetea”. Estamos en esa lucha, es un desgaste tratar de imponer y convencer contra el mensaje dominante.

-¿Hoy creés que hay algún jugador que entre con esas ganas de hacer disfrutar al público?

-Al público ya casi no le importa nada más que el orgullo de que su equipo gane. A mi me interesa ganar, pero me interesa cómo.

-Estuviste casi diez años fuera del fútbol argentino. ¿Con qué te encontraste?

-Cambió. Pero mi base es hablar de fútbol. Yo creo que el futbolista no es una persona común, tiene que vivir distinto. Se tiene que cuidar: comer mejor, descansar mejor. Nosotros somos un país que nos gusta mucho la diversión. En diez minutos hacemos un asado y nos acostamos tarde después de comer y tomar algo. Para pasar la noche estamos más dispuestos que para trabajar o hacer sacrificios. Entonces: sos futbolista, hacés lo que te gusta, ganás buen dinero, dedicale tiempo. Tampoco es tanto sacrifico entrenar dos horitas.

-¿Cuándo jugabas también se ponía esa atención en el cuidado?

-Yo me cuidaba, pero ahora es todo más serio, más profesional. Defensa tiene un cuerpo médico estable, hay un psicólogo que está todo el día con el plantel. Me gusta, sirve. Conoce los problemas de cada jugador, y a mi también me sirve, charlo bastante. Yo no quiero presión, trato de cambiarlo por motivación. Si acá no soportás a la presión, no podés jugar, hay que tener inconciencia y hacer lo mismo que hacías en el potrero, donde jugabas sin presión.

-Antes de volver al fútbol tuviste una incursión en política. ¿Por qué?

-Soy un futbolista de pantalones largos. Te dicen vení, sumate pero hasta ahí. La política es un círculo cerrado. Nadie te dice vení y te dan algo. Tenés que pelarte hasta con los de tu partido. Y no tengo ganas, no tengo esa vocación de pelea que tuve en el fútbol para ganarme un lugar. Pero me gusta. Todos tenemos una ideología adentro y es bueno expresarla, decir cuáles con mis ideales, mis convicciones, mi ideología. Me gusta esa política, no la del poder como es en la Argentina, que por un cargo de diputado entregan hasta a la vieja.

-¿Y por qué militaste en la UCR, es un mandato familiar?

-Mi papá hacía política cuando era ideológica. En el mundo no hay grandes ideologías distintas, cada país con sus formas siempre se divide entre derecha e izquierda. En el medio hay poco, más allá de que los extremos sean malos. La derecha gobierna para un sector, la izquierda para el otro. Si hay alternancia, por ahí es bueno, tiene que haber un equilibrio. No es tan simple, pero es así, por algo cuando hay 20 años de una misma política la gente se harta y busca para otro lado.

-En el fútbol también están un poco diluidas las ideologías.

-En la Argentina ha triunfado la idea de Bilardo, tiene muchos más seguidores. La sociedad es más parecida a cómo piensa él. Yo me llevo bien con Carlos, me encuentro a veces y no charlamos de fútbol porque es para pelea. Pero él está vigente, es director de Selecciones. El menottismo no está en muchos lugares.

-Y los medios parecen coincidir más con Bilardo, también.

-Los medios no hablan de fútbol. Hablan de chimentos, de quién está peleado, de cuánto cobra. Me preocupa, me gustaría escuchar algo con fundamentos, lógica, debate. Pero no protesto. Trato de aprovechar cuando me dan un lugarcito, como Defensa, para luchar contra eso desde mi pequeño punto para defender esta forma de ver el fútbol. Si estaba en el otro grupo era más fácil todo.

-¿Te exigen más por cómo ves el fútbol?

-Lo mío es luchar contra los molinos de viento. Así soy yo, el problema sería si estuviera forzado mi personaje. Vivo así y seguiré así. Tengo un cuerpo técnico que piensa distinto, porque me sobra de un lado pero me falta una parte del discurso. Entonces en la estructura defensiva le doy participación a mi cuerpo técnico porque ven cosas que yo no veo. El equipo debe tener un punto cero, con un orden. Mariano de la Fuente y Carlos Silva que están conmigo ven algo distinto a mí, aunque yo tomo las decisiones. No me asusta hablar con alguien que piense distinto, porque estoy inclinado para un lado, entonces me gusta el equilibro. El jugador, además, se da cuenta quién habla con fundamentos y quién no.

-¿Y estás solo en esa lucha?

-Está José Romero, el de All Boys, que con muy poco tiene un equipo competitivo en Primera División y ha sobrevivido a las presiones que eso genera durante bastante tiempo.

-¿Cómo es tu relación con Menotti?

-El Flaco es un tipo muy preparado, con mucha capacidad para decir las cosas, con un nivel intelectual por encima de la media. Cuando ando bajoneado, me encuentro con él y me dan ganas de salir a pelear otra vez. Tenés que tener alguien que piense como vos, porque sino empezás a sentir que estás equivocado. Al Flaco me gusta escucharlo. Yo ya se lo que me está diciendo antes de que termine su frase. Me motivó mucho en mi carrera. Me desafiaba. Me decía: ‘Villa, usted no se anima a tirar un caño en el área’. Y yo lo tiraba para demostrarle. Si el jugador tiene talento, tiene que tener libertad y creatividad. Yo quiero ser libre cuando juego, aunque conozco las reglas del fútbol. Te hago esto y esto, pero de ahí para arriba dejame hacer lo que quiera.

-Decías que el Flaco te desafiaba a animarte. Gracias a eso quedaste en la historia por hacer el que eligieron como el mejor gol de Wembley, el estadio más emblemático de todos.

-¿Cuál es el lugar más seguro para estar con la pelota?

-¿El área?

-¡Claro! O es gol o penal. Y algunos no se animan ni a entrar. A mi me costó mucho jugar en el fútbol inglés. Y con ese gol de miércoles les demostré que podía. Eso me hizo aparecer en la historia del fútbol inglés, gracias a mi tozudez de jugar como me gusta. No es bueno ser tozudo, pero tan equivocado no estaba.

-¿Que Menotti haya sido el técnico del Mundial 78 tiene algo que ver con que hoy haya más seguidores de Bilardo?

-Yo he dado la cara siempre. Hoy tenemos una situación muy clara de lo que pasó. Podés hablar con una libertad total y absoluta. Parecieran ingenuas mis definiciones cuando la gente me pregunta si no me di cuenta. Yo tenía 23 años, quería ser campeón del mundo. Lo que pasaba políticamente alrededor lo escuchaba por el relato oficial de las noticias, que era una sola información. Y yo tenía mi cabeza en ese sueño. Me han preguntado si hubiera jugado el Mundial si sabía lo que estaba pasando. Y es una pregunta difícil, porque esa era una situación inmanejable. Es lo mismo que le pregunten a Messi ahora por la crisis de España. Yo contesto por mí, Menotti nos decía que jugáramos por el pueblo que es futbolero, y yo le creí y le creo. Cuando íbamos afuera veíamos los carteles de desaparecidos, de los derechos humanos. Esa era la única evidencia, pero nos decían que era la campaña antiargentina. Yo, y hay muchos como yo, no me dí cuenta de lo que estaba pasando. Que nos sirva, por favor: Nunca Más. Soy antimilitar total, no me gusta el autoritarismo, no me gusta nada de aquella época, pero yo jugaba al fútbol y la pasé.

-¿Nunca notaste nada?

-Vivía en Tucumán, que había combates en el cerro y andaba con barba y pelo largo y nunca tuve problemas graves. A veces se paraba el ejército en la puerta de un café, había una requisa, te sacaban del lugar y tenías que pasar por debajo del fusil del militar. El primer día te sorprende, al segundo ya no porque somos un animal de costumbres. Salía del radio de Tucumán, para visitar un amigo que vivía fuera de la zona céntrica y los soldados te pedían que bajaras del auto, que abrieras el baúl, te palpaban. Veías helicópteros, estallaban bombas. Tucumán era una locura. Te hacían creer que había buenos y malos. Hay muchos que nos acusan y ellos tampoco hicieron nada. Ahora vos escuchás las dos campanas del periodismo, más allá de sus peleas. Antes había una sola.

-¿Y a la distancia no se sienten usados?

-Yo hablo por mí. Y siento que pareciera que algún castigo tenemos. Lo entiendo, porque fuimos los futbolistas de la época. Por algo se escucha más del 86 que del 78, más allá de que es el último y el más cercano. Me parece un poco injusto, porque los dos fueron importante, son nuestras dos estrellitas. Lo tenemos que valorar de la misma manera, no le busquemos circunstancias ajenas al fútbol. Todos los gobiernos utilizan el deporte de la mejor manera para encubrir otras cosas que no son tan claras. Eso pasó y pasará, en todos lados.

-Pero algo te marcó porque has tratado de estar presente en algunos actos de organismos de derechos humanos, has tenido un encuentro con Tati Almeyda en una entrevista que fue muy famosa (http://edant.clarin.com/diario/2000/06/26/d-01202.htm).

-Sí. Trato de explicar mi inocencia en toda esa etapa, dar mi punto de vista. He ido una vez a un lugar que se presentaba un documental [Mundial ’78. Verdad o Mentira, del periodista Christian Rémoli] muy duro sobre nuestro título. Hay jugadores peruanos diciendo que recibieron dinero, cosas muy duras, acusaciones de dopaje. “La droga existió, existe y existirá”, dice alguien. Cuando terminó ese documental me tenían que llevar preso más o menos. Pero mi forma de defenderme es contar lo que me pasó a mí.

-Tocaste la Copa del Mundo en tu país e hiciste el que eligieron como mejor gol de la historia de Wembley. ¿Y?

-En aquel momento me parecía normal, que yo estaba preparado para ese momento. Hoy me parece increíble. Parece pedante lo que digo, pero yo estaba para jugar con la selección, aunque era el sueño del pibe. Por eso te digo que en el 78 la situación política no la podía medir. Es egoísta, pero me importaba muy poco la situación política.

-¿Y cómo es después? ¿Te acordás todos los días de que sos campeón del mundo?

-En Londres escribí un libro, algo que nunca pensé. Después de 25 años la gente se acuerda de ese gol y cuando voy me reconocen. Salgo de Roque Pérez, me tomo un avión y hay gente que me está esperando. Ellos valoran mucho la historia. Estoy en un museo, en el hall de la fama. Me hace sentir importante, pero el fútbol es muy penetrante en cualquier sociedad, te pone en un lugar que si no es por la pelota ni de casualidad llegás.

-Hasta te identificaron con el Che, en Londres.

-Me usaban de símbolo por la barba y el pelo largo. A mi me encanta. La rebeldía siempre la tuve dentro de la cancha, no afuera. Cuando me identificaban con algo de eso me gustaba, porque yo con la pelota tenía mi forma de ser rebelde. La imagen influía mucho en eso.

-Has tenido mala suerte con los tiempos: campeón del mundo en Dictadura y viviste en Londres cuando la guerra de Malvinas.

-Fue duro. Yo mismo me sentía incómodo por estar en el país enemigo, por llamarlo de alguna manera. Aunque ellos no me trataban como enemigos. Me decían que era un conflicto entre gobiernos, y era cierto. Me trataron de esa manera, así que la pasé. Alguna hinchada visitante, como hubo muertos de un lado y del otro y el dolor de las familias estaba, me silbaban un poco. Pero en la calle, mano a mano, nunca tuve problemas.

-¿Tu familia estaba allá?

-Mi señora y mis hijos sí. Los demás, acá. Yo viene aquí la semana previa a la rendición. Llegué un miércoles y el domingo venía el Papa a terminar todo. Llegué a Roque Pérez y un amigo me dice: ‘matamos 600 ingleses en Ganso Verde’. No creo, le dije. ‘Te lavaron la cabeza’, me contestó. Entonces yo les contaba todo lo que se decía allá que pasaba en Malvinas, que el domingo iba a ser la rendición. No es que deseaba la rendición, pero sí que terminara la guerra y que todo lo que les dije sea verdad, porque sino no me dejaban volver a pisar mi pueblo. Hasta mi papá estaba muy influenciado por la opinión pública de acá. Cuando vino el Papa y se terminó el conflicto no me sentí traidor. Ni mis padres ni mis amigos me podían creer. Yo sabía que el Ejercito Argentino le había solicitado al Papa que le pidiera la rendición, que era algo que había convenido con las fuerzas inglesas. Y ocurrió. Es una experiencia difícil de describir en una charla.

“En el fútbol argentino falta conciencia social”

Rubén Rossi fue campeón mundial juvenil en Japón en 1979, mientras el Gordo Muñoz y los milicos aprovechaban ese triunfo para tapar la visita de la Comisión Internacional de Derechos Humanos. “Causa mucho dolor cuando te das cuenta que te usaron para tapar tanta desgracia, tanta mentira”, dice hoy Rossi desde su puesto de coordinador de Inferiores en Colón, donde trata de formar a los pibes no sólo con la pelota, para que no sufran lo que vivió él. “Hay que estudiar por si te va bien y así algún día podés decir cosas importantes y no las estupideces que uno escucha todos los días”, explica.

¿Qué sintió un chico de 18 años al momento de ser campeón mundial juvenil en plena dictadura? ¿Qué le pasó por su cabeza años más tarde cuando se dio cuenta que fue utilizado? Ruben Rossi transitó por el sabor inconfundible de la victoria en 1979 y se despertó con dolor cuando se dio cuenta que había sido “parte de la escenografía” para tapar lo que ocurría en el país. Hoy, como coordinador de las inferiores de Colón, luego de escribir una columna para la Secretaría de Deportes de la Nación en el aniversario al Golpe, recuerda su pasado en el que careció de conciencia social, a la que también vincula con el fútbol actual, opina sobre una mirada en la que vincula a la pelota con la vida y afirma que los juveniles deben estudiar por si les va bien en el fútbol, no al revés. “Ellos son los que dan el mensaje”, dice.

Un campeón utilizado

-Te digo 24 de marzo de 1976. ¿Qué pensás?
-Tenía 15 años y todavía no jugaba al fútbol. No tenía ni militancia ni conciencia política ni nada que se le pareciera. Tomé el golpe militar como algo cotidiano porque los argentinos nos estábamos acostumbrando a que cuando un gobierno no le gustaba a cuatro personas se fueran a volcar los cuarteles.

-¿Y si te digo 7 de septiembre de 1979?
-Es el día que fuimos campeones del Mundial en Japón. Pienso en la sensación de haber sido un pequeño tornillo dentro de una gran maquinaria que fue ese equipo que hizo disfrutar a la gente con un fútbol bien representativo, con los principios y los genes del viejo y querido fútbol argentino.

¿Cómo es que esos dos hechos, el golpe y la coronación, se relacionen?
-Es doloroso. Es realmente doloroso. Apenas salimos campeones, mientras mi madre almorzaba con Mirtha Legrand y disfrutaba de esos encantos, que bien merecidos los tenía, había otro grupo de madres que querían simplemente saber dónde estaban sus hijos. Causa mucho dolor cuando te das cuenta que te usaron para tapar tanta desgracia, tanta mentira. Si yo hubiese tenido otra conciencia social, otra formación política o mi forma de ver el mundo actual, a lo mejor mi mama hubiese estado en el otro lugar.

-¿Cuándo hiciste el click?
-Lo empecé a hacer a partir de investigaciones y la lectura. Ese es mi hobbie, lo que más me gusta en la vida junto con estar en el mundo del fútbol. Ahí me dí cuenta cómo se nos utilizó y sentí miedo.

-¿Cómo es acordarte de las visitas a Videla en la Casa Rosada?
-A nosotros nadie nos preguntó si queríamos ir. Nos subieron a un helicóptero y nos dijeron “van a la Casa de Gobierno” y fuimos. Nadie nos preguntó: ‘¿quieren ser paseados por estos lugares?’ Nos pasearon, directamente. Con el tiempo empecé a sentir que sin querer habíamos estado dentro de un lugar muy feo, muy sucio y recóndito. Fuimos la escenografía perfecta para tapar reclamos y otro tipo de cuestiones que se daban en el país.

-¿Se supera algún día esa sensación de dolor?
-Es una situación complicada. Hay gente que nos pone en un lugar militarista por haber sido campeones y si me conocieran profundamente se darían cuenta de que soy todo lo contrario. Para mí fue una dualidad haber formado parte de ese equipo. Por un lado, sigue siendo el mejor recuerdo deportivo que tengo. Y por otro lado, que se dio en la noche negra, en medio de la dictadura militar. También soy conciente de que la dictadura militar no se hace con once jovencitos ganando un Mundial y un General. Acá hubo mucha gente de otro lugar que colaboró para que eso ocurra.

La conciencia social y la formación juvenil

-¿Qué es la conciencia social para vos?
-Es tener una participación activa en todo lo que sucede en el día a día. En cada cosa que uno hace, hace política. En la forma de vivir, en su forma de expresarse, en su forma de sentir. La manera de que uno adquiere conciencia social es cuando empieza a pensar como una parte de la Sociedad.

-¿Falta conciencia social en el fútbol?
-Por supuesto. Esa es una de las razones por las que se juega mal. La conciencia social tiene que ver con edificar una sociedad futbolística que respete los valores, los principios y la ética. Y ahora están todos desesperados por si ganaste o perdiste. Ya no importan los medios y las formas. Ganar es importante de acuerdo a la manera en la que se consigue y eso hay que tratar de devolverle al fútbol argentino.

-¿La falta de conciencia social se observa también en Inferiores?
-Cuando en las divisiones juveniles de Barcelona se preocupaban por aprender a jugar, acá la preocupación era ganar el campeonatito de octava o séptima que no le importan a absolutamente a nadie. Dicen que así se sacan jugadores ganadores. No sé, no los entiendo. Yo ni siquiera jugué en Inferiores y fui campeón del mundo. ¿Y los ganadores dónde estaban?

-¿Cuán importante es el estudio de los chicos?
-Es importante. Pero no desde la estupidez y demagogia esa de que “hay que estudiar por si te va mal en el fútbol”. Hay que estudiar por si te va bien y así algún día podés decir cosas importantes y no las estupideces que uno escucha todos los días. Te doy un ejemplo: de Fuerte Apache llegó Carlitos Tevez y después empezaron a jugar 5 mil pibes, silenciosos que nadie escucha. Pero cuando habla Tevez todo el mundo lo escucha. Entonces el mensaje más importante es del conocido. Ese mensaje tiene que servir para algo. Aclaración: te nombro a Tevez, que me parece un tipo sensacional, sólo por dar un ejemplo.

-La sensación es que cada vez llegan menos formados
-Desde nuestro lugar tenemos que ayudar al chico a pensar, a darse cuenta en qué sociedad vive, a hacerle entender que lo más importante en la vida no es tener el auto último modelo, ni un reloj de marca ni andar con la botinera de fama. Porque eso es efímero y cuando pasa el tiempo no se acuerda nadie. Lo más importante es la huella que uno va a dejar en alguien porque fue importante para una persona en su vida. Después, como decía Soriano, “el fútbol es dibujitos animados para grandes”.

-¿Se los apura demasiado a los chicos?
-Imagine que vayamos a la facultad de medicina a buscar médicos, los llevamos al hospital y les decimos “hay que operar”. No sé cómo van a operar si están estudiando. Esto es lo mismo con los chicos. Los quieren tratar como profesionales pero son chicos que empiezan a jugar porque se divierten. Creerse que un pibe va a ganar por ser campeón en la novena, es estar totalmente desquiciado.

El fútbol de izquierda y el Mundial de 1986

-¿Hay un fútbol de izquierda?
-Cuando digo eso me refiero a la izquierda romántica, la que soñó con un mundo mejor, más igualitario.

-¿El Barcelona es la expresión total de eso?
-Ese equipo terminó con todas las estupideces que se dicen normalmente. Se habla de jugar lindo o no. Yo pregunto quién juega lindo. Ninguno juega lindo. Sí bien. Ni Picasso pintaba por pintar lindo, ni García Márquez escribió Cien años de soledad por escribir lindo. Pintan, escriben y juegan al fútbol, tan pero tan bien, que por ahí aparece la belleza que sostuvo a este deporte. Guardiola no se propone jugar lindo; se propone jugar bien.

-¿Se trabaja mal en la Argentina?
-Hay una frase de Carlos Peucelle: “el futbol es un futuro trabajo al que se llega jugando y al que se pierde si se empieza trabajando”. Cada día veo más equipos desesperados, hasta en juveniles. Acá se tienen que volver a las raíces de este juego. Marx decía que el problema era quién educa a los educadores. El problema nuestro es quién forma a los formadores. Si nosotros pensamos que este juego es meter un gol en ese rectángulo como sea, no sé, yo lo entendí desde otro lugar.

-Hay quienes sostienen que lo único importante es ganar
-Mirá, de los cinco grandes de la historia del fútbol sólo dos fueron campeones del mundo. Pelé y Maradona. Di Stéfano, Cruyff y Messi no. La Holanda del 74 es más recordada que Italia del 82. Como están las cosas, si ganás sos un genio y si perdés sos un imbécil, por favor terminemos con ese mensaje. La verdad en el fútbol no la tiene nadie, como en ningún orden de la vida. Pero hay mentiras que uno no se puede hacer el tonto y mirar para otro lado.

-Con esa mirada, ¿qué reflexión genera el Mundial de 1986?
-Las cosas se llevan a lugares extremos. Le quieren hacer creer a la gente que esa Selección era Diego y diez estúpidos. Y no fue así. Ese equipo tenía grandísimos jugadores. El mensaje que se dio fue el equivocado. Se dice que ganamos como sea. Pero ese equipo jugaba bien. El mensaje que vino detrás fue que nosotros tenemos que ganar, no importa si jugamos bien, regular o mal. Con el correr del tiempo nos damos cuenta que el Checho Batista habla de una forma de jugar, Valdano también y la mayoría de ese equipo terminó interpretando el fútbol desde otro lugar.

-¿La culpa la tiene el periodismo?
-La noticia es siempre la catástrofe. Una persona roba y sale en todos lados, pero hay miles que tienen conciencia social y trabajan en comedores y no salen en ningún lado. No entiendo. Una parte del periodismo ve con un ojo, el que les conviene a ellos.

-¿Se juega como se vive?
-Se malvive en el fútbol. Hay permanente locura y un estado de estrés absoluto. Los entrenadores duran dos partidos, como si el que viene atrás puede asegurar algo. Pero nadie asegura nada en el fútbol porque los riesgos en este juego existen. Como decía mi padre, si la pelota pudiera hablar los putearía a todos a veces.