Las meriendas en las plazas son Pro

A principios de mes la Legislatura porteña aprobó el proyecto que permitirá la instalación de locales gastronómicos en plazas y parques de la ciudad. En el trajín del avance privado sobre los espacios públicos, le llegó el turno a nuestras plazas.

La lógica privatista del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires sigue avanzando. Una ciudad necesitada de naturaleza, la reduce. Los legisladores de la Ciudad votaron una ley que cede el uso de una parte de las plazas a privados para vender comidas y bebidas, en un territorio que está por debajo de la cantidad de metros cuadrados de espacio verde por persona recomendado por la Organización Mundial de la Salud. La voz del PRO, de un asambleísta, un comunero y un legislador, en un análisis sobre el uso y explotación del espacio público porteño.

La norma, que fue aprobada en la Legislatura de la Ciudad con 36 votos a favor, autoriza la instalación de bares o cafeterías solo en aquellos parques que tengan como mínimo 50.000 metros cuadrados, lo que equivale a cinco manzanas de superficie, pero únicamente cuando estos bares existan se pondrán baños públicos y “estaciones saludables”, además de una red WI-FI, un lugar de alquiler de bicicletas y hasta una biblioteca.

Marcelo Ramal, legislador del Frente de Izquierda, opinó que este condicionamiento “tiene una lógica extorsiva”. Martín Iommi, comunero de la 6, lee entre líneas que “entonces están asumiendo que ellos, como Estado, no son capaces de hacerlo”. Además, la ley va en contra del artículo 27 de la Constitución de la Ciudad, donde dice que hay que promover “la preservación e incremento de los espacios verdes”.

IMG_3980No es una ley aislada, es el sostenimiento de una política pública.

La venta y reducción de una parte de los parques representa una profundización de la línea del gobierno macrista en sintonía con el avance en la privatización de los espacios públicos. Marcelo Ramal, en la sede central del Partido Obrero, se refirió a esta situación: “Hay una lógica extorsiva en las concesiones. Pareciera que el GCBA le dice a su población: ‘¿Querés un baño público en el parque? Vas a tener que aceptar que se privatice una parte’. Entonces nos colocan en una disyuntiva que plantea el abandono de los parques o su privatización. Pero debemos rechazar esto, porque un baño público debería estar en condiciones sin que ello implique la entrega a un privado de una parte del espacio verde”.

Perjudica a los vendedores ambulantes, que ya brindaban ese servicio con permiso del Gobierno de la Ciudad y además a los artistas, quienes reclamaron por este tema y fueron a presenciar la votación, porque la ley establece un mecanismo de trabajo diciendo textualmente que los artistas callejeros trabajarán a la gorra bajo la supervisión de los concesionarios de los bares. Es decir que, según Ramal, “consagra un trabajo precarizado para estos artistas, donde van a responder al antojo de los privados”.

¿Comodidad o calidad de vida?

Federico Wahlberg es miembro de la asamblea del parque Centenario y parte de la Red de Interparques (Centenario, Lezama y Chacabuco), y sostiene que esta medida “se enmarca en una situación generalizada, porque si uno se pone a hablar de cada caso quizá no parezca que se quita tanto, pero a lo largo del tiempo la cantidad de espacio verde que se fue sacando es enorme. El Parque Chacabuco es nuestro paradigma: desde la época en que la dictadura lo atravesó con una autopista, se pusieron escuelas, un polideportivo y hasta un estacionamiento”.

“La diferencia creemos que está en si un porteño considera que es mejor conservar el espacio verde y tener que caminar 100 metros para comprarse algo, o si prefiere tener toneladas de hormigón para no tener que caminar”.

Federico es economista, tiene 32 años, y plantea un escenario muy simple: “Supongamos que vos querés tomar un café en el patio de tu casa, ¿vas a mandar a construir una cocina ahí mismo? Yo creo que lo que todos hacemos es ir a la cocina, hacernos un café y salir al patio de casa a tomarlo. Ese mismo criterio que uno tendría para su casa, nosotros lo consideramos válido también para los parques”.

¿Qué dijo el PRO?

Patricio Distéfano, el subsecretario de Uso del Espacio Público de la Ciudad, defendió la ley y regaló frases de esas que demuestran una concepción de vida: “Estos novedosos cambios, únicamente focalizados en las necesidades de las personas, lograrán transformar la tradicional idea que tenemos sobre los parques públicos de la ciudad. Ocurre que al histórico y conocido rol que cumplen como pulmones de la gran urbe se sumará el hecho de convertirse en verdaderas herramientas capaces de incentivar la vida saludable, el encuentro entre las personas, el acercamiento a la cultura y la construcción de una verdadera comunidad”.

El poder de las Comunas, una venta de humo.

Martín Iommi, de la Corriente Unidad Sur y ex Proyecto Sur, es miembro electo de la Junta Comunal n°6, una de las pocas en que la oposición supera en las votaciones al PRO: “Esta ley es totalmente antidemocrática porque debió discutirse y tratarse primero en las Juntas Comunales y a su vez debió escucharse al Consejo Consultivo, que es donde pueden participar todos los vecinos. No se escucharon las voces mayoritarias, que estaban en contra. Seguramente se va a terminar judicializando, porque se contradice con muchas otras normas. Se va a promulgar, pero veremos cómo queda el texto definitivo en el Boletín Oficial”.

“Cuando algo es tan ambiguo y contradictorio se huele que lo que están haciendo son negocios privados donde crean unidades de negocio que favorecen a los amigos, desde permitirle funcionar sin habilitación hasta la situación particular de pagar cánones ridículos. Para lo único que se está haciendo esto no es para darle un servicio a la gente, sino para seguir haciendo negocios en el espacio público”, afirma Martín, y sostiene que “por ejemplo, los boliches ‘Pachá’ y ‘Tequila’ funcionan en lugares que deberían ser un parque y espacio público, y lo que pagan por la concesión es cercano a 10.000 y 15.000 pesos, respectivamente”.

El PRO y Proyecto Sur, más contradictorios que nunca.

Si bien los partidos políticos se encargan de instalarnos una imagen sobre ellos, son los hechos los que descubren la manta impuesta para que no los veamos. Tanto es así que Javier Gentilini, legislador por Proyecto Sur dentro de UNEN y comandado por Pino Solanas, el presidente de la Comisión de Ambiente en el Senado de la Nación, votó a favor.

“La importancia de los espacios verdes pasa porque generan una vida más saludable, y la pérdida de estos espacios afectan a nuestra salud. Esto es contradictorio con los carteles del GCBA que hablan de una ‘Ciudad verde’. Además, las plazas funcionan como esponjas para evitar las inundaciones”, aporta Iommi, que supo militar con Gentilini en los barrios en defensa del espacio público, y oponiéndose a este tipo de proyectos.

Las plazas de la Ciudad, como a lo largo de la historia, verán disminuido su espacio, para cedérselo a un Estado, que cada día más, se vuelca a favor de lo privado.

La calle es nuestra, y la fiesta también

Las callecitas de Buenos Aires tienen ese no sé qué… Lo que seguro tiene es música. Jamaicaderos se encarga de ponerle ritmo a los domingos porteños. Con decenas de denuncias que caen sobre ellos, sus instrumentos no se callan y sus voces tampoco: “La calle es un lugar para compartir el arte, defenderlo y romper las desigualdades“. 

“¿Esto es un Clarinete?”, señala un señor de pelo blanco que nos habla de su edad. Cuenta que él tiene uno, del mil novecientos, lo dice agitando la mano indicando tiempo atrás, mucho tiempo atrás. Uno de los músicos entre sorbos de té, mientras sostiene una porción de torta que acaba de comprar a una vendedora ambulante, le recomienda lugares para repararlo. La charla termina cuando se ofrece a ir con él para que no corra la mala suerte de que lo agarre un trucho y lo cague.  Les pregunto si siempre se generan cosas como estas. “Siempre”, me dicen. La gente llega, se acerca, asoma preguntas, algunos se quedan, otros se van, pero nadie puede no notarlos. Los que pasan por la calle Defensa al 1100 no tienen forma de evadir la fiesta de Jamaicaderos, porque ellos se convierten en la calle.

Nueve personas y sus instrumentos toman la forma de la persiana que le hace de escenario, de los adoquines, de lo estrecho del camino, de algún grafiti que anticipa que ese espacio tiene mucho de ellos. Juntos, Topo y Bochi en saxo, Javi en bajo, Mati y Dani en guitarra, Pablo en batería, Amaru en teclas, Agustín en percusión y Juan en trombón toman la forma de Jamaicaderos para prolongarse en música por San Telmo.

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jamaicaderosMientras arman el sonido, una pareja de músicos sentados en la mano de enfrente tranquiliza la tarde con melodías que relajan. Terminan coordinados. Sus últimos aplausos dan la bienvenida a los de la otra vereda, paradójico que en realidad todos estén en la misma. “Son códigos”, me dice un rato más tarde la chica del dúo que se queda a escucharlos y a bailarlos. Me habla del instrumento ancestral australiano que estaba tocando, de sus posibilidades, de que ellos hacen música más tranqui y de que “Jamaicaderos es una fiesta”.

La pierdo bailando entre la gente, que incluso antes de que suene el primer tema se amontona haciendo un semicírculo. Parece que enchufar los instrumentos los vuelve imanados, todos caminan hacia ellos, gente en situación de calle, turistas, parejitas que pasean a los besos, familias enteras, vendedores que comparten mate. Jamaicaderos parece igualarlo todo y a todos.

 –          ¿Qué significa la calle para ustedes?

–          La calle es un lugar para nosotros con mucha magia y energía donde se puede compartir el arte y la cultura, defenderlo entre todos y romper las desigualdades. Es decir, poder compartir con gente que ocasionalmente pasa, desde quienes viven en la calle hasta un turista adinerado y también algún músico que siempre tiene las puertas abiertas para sumarse a tocar. Es un lugar donde el abanico de posibilidades se multiplica y es un lugar muy importante para que todos sean conscientes que desde acá hay que defender el derecho al arte y la cultura.

Arranca la música y los cuerpos le dan combate al frio invernal. De a ratos los vientos se apoderan de todo. Todavía nadie le habló al micrófono. Las palabras llegan entre los intervalos y cachetean.  “Aunque nosotros hacemos música instrumental, entre tema y tema queremos siempre decir lo que nos conmueve, lo que nos atraviesa, lo que nos preocupa de un montón de cuestiones que están alrededor nuestro, queremos seguir siendo permeables y queremos que la música también actúe en consecuencia, acompañando, abrazando a alguien, dándole una mano, cambiando un estado de ánimo, dando fuerza y concientizando sobre todo”. En la primera pausa, la banda nos habla de la defensa del libre acceso a la cultura, de la posibilidad de estar ahí, todos juntos, bailando. De la lucha que eso implica.

Fotos: NosDigital
Fotos: NosDigital

Hablan entre líneas de las muchas contravenciones que les llegaron, principalmente por ruidos molestos. Ruidos molestos, un domingo, en San Telmo, con la calle llena de gente y de arte. ¿Ruidos? ¿Molestos? De todos modos la lista sigue: “A veces fueron por usurpación de espacio público, en otros casos hasta por venta de mercadería ilegal porque dicen que nuestros cd son mercadería ilegal, y los más disparatados cuando tocamos por Florida, que hay muchos bancos, porque instigábamos a las salideras bancarias”.

Me alejo dos locales. Hay en la puerta de un comercio un señor que mira la situación, atento. ¿Los conoce?, le pregunto. Las respuestas llegan como vómito. Me dice que fue a verlos alguna vez, que le gustan, pero que son insoportables. Debe haber notado mi cara de desconcierto porque aclara que le gustan para un viernes a la noche pero no para un domingo mientras él está trabajando. Dice que cuando los clientes entran a su local, principalmente extranjeros, se le complica el inglés por los ruidos. Que es ilegal porque venden cd. Que así no va. Que hacen lo que quieren.  Que tienen mil denuncias, pero que se quedan porque son guapos. Que cuando viene la policía agarran el micrófono, empiezan a decir lo de la libre cultura y se ponen a la gente de su lado.

 –          ¿Qué significa la cultura para ustedes?

–          Nosotros la entendemos como algo abierto, absolutamente relajado, accesible, tangible y alcanzable, no arancelado, sino que esté desparramado por las calles, por las plazas, en diferentes formas.

La gente sigue llegando, y la defensa del espacio se convierte en una tarea de todos. Si son más los que se frenan a escucharlos, más son los que le dan la importancia que merece a la música en la calle, los que se suman al grito de que es necesario, de que no se trata de ruido, y mucho menos de ruido molesto. Es mucho más fuerte la exigencia a cumplir el artículo 32 de la Constitución de la Ciudad de Buenos Aires, que entre varias cosas garantiza la libre expresión artística, prohíbe la censura, impulsa la formación artística y artesanal, protege la pluralidad. Es mucho más fuerte también el pedido porque se respete la Ley 4121 Artículo 15, que aclara que mientras no se exige contraprestación pecuniaria, la actividad de los artistas callejeros no constituye una contravención.

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–          ¿Cómo definen lo que se genera?

–          La palabra clave es compartir acá y es justamente la que queremos cambiar frente a un montón de lugares en donde quieren bajar línea que la clave es competir.

Vuelvo con el comerciante que señala el grupo de gente y me dice que él no quiere eso, no quiere ver culos, quiere ver ojos que miren su vidriera. Pide disculpas por decir culo, solo por haber dicho eso.

jamaicaderos

Los 35 años son de las Madres

Pasaron 35 años de la primera ronda de las Madres de la Plaza. Cada jueves, religiosamente, se acercan a la pirámide de Mayo para mantener encendida esa lucha que encarnan detrás y en nombre de sus hijos. Hoy festejan con actos públicos esta fecha tan significativa con los logros que se reflejan en los juicios a los asesinos.

La transformación de los pañuelos ¿Se transformaron?.

¿O crecieron? ¿O volaron?

Porque cada una de nosotras hemos pedido que cuando estemos muertas nos pongan el pañuelo.

Es muy lindo apretarse el pañuelo en la cabeza, yo digo que cuando me aprieto el pañuelo siento como que me abrazan mis hijos,

por eso me lo aprieto fuerte, muy fuerte.

Hebe de Bonafini.

Fotos: Nos Digital.

El pañuelo blanco para muchas es la expresión de una transformación. De su transformación, esa que las vio convertirse de madres a Madres de Plaza de Mayo. Ese pasaje de mujer a militante, esa militancia en la vida y en la política. Esa necesidad de hacer suyos los sueños que sus hijos dejaron en el camino. Esa entrega, de “luchar como si fuera lo más normal del mundo”.

Primero fueron reclamos a las iglesias, sin respuestas, y luego la decisión puntual de escribirle una carta a Videla. Catorce mujeres, con Azucena Villaflor a la cabeza, muchas de ellas amas de casa o simples trabajadoras alejadas del mundo de la política,  se acercaron a la Plaza de Mayo y se sentaron en los bancos de madera, pero la policía las echó porque tenían que transitar, por el estado de sitio que regía en el país. No lo dudaron: aquel 30 de abril de 1977 comenzaron a caminar. Espontáneas, así empezaron las famosas rondas todos los jueves, sin excepción. Lo del pañuelo blanco empezó en Luján, como muchas madres no se conocían entre ellas, se colocaron en sus cabezas un pañal de gasa de sus hijos, que aún guardaban, y de esa forma se pudieron encontrar durante una larga caminata que emprendieron hacia la Basílica, también en 1977.

A lo largo de los días se fueron sumando cada vez más mujeres con el mismo reclamo. Exigían la aparición de sus hijos, se acercaban naturalmente, protagonizaban una lucha abierta, directa y sincera, pero sobretodo,  dolorosa. El compañerismo se sintetizaba en una frase que las más experimentadas le trasmitían a las recién llegadas: “Aquí no se viene a llorar, sino a luchar. Así que secate los ojos y vení”. Este espíritu consciente es uno de los ejes que las llevó a conformar una verdadera organización de resistencia.

Fue la celebración de las Madres. Lejos, muy lejos, estamos de querer frenarnos a discutir sobre las diferencias ideológicas que separan a la Asociación Madres de Plaza de Mayo de las de Línea Fundadora. Para todos son y serán siempre las Madres, nuestras Madres de la Plaza. Las tuyas, las mías, las de todos nosotros. Esas que a través de su ejemplo nos demuestran que existe una lucha que se puede dar en el terreno de lo cotidiano, con una entrega incondicional y bien firme.  Esas mismas que nos enseñaron que a pesar de los años y del dolor, el único castigo posible es la justicia y no la venganza.

Este 30 de abril se cumplieron 35 años de aquella primera ronda en la Plaza de Mayo, y fue en esa misma Plaza donde Hebe de Bonafini y Tati Almeyda, representantes más mediáticas de cada sector, montaron sus actos para celebrar. Hablamos de celebración porque así mismo lo expresaron ellas, en ambos discursos sobresalieron paralelismos, se habló de los logros que trajo, y aún trae, esa lucha resistente de tantas décadas. La figura del ex presidente Néstor Kirchner brota en las palabras de estas mujeres. Sus decisiones en torno a los derechos humanos trazaron un lazo inquebrantable que se conformó como política de Estado desde el 2003, y en cada acto se expresan como retribución, agradecimientos sentidos que ayudan a entender el apego con el gobierno nacional. Más allá de esto, hay que decirlo, “el logro es de las Madres”, así como lo dijo Hebe en su discurso, sin vueltas,  y explicó entonces el por qué del tinte festivo: “Es un festejo porque después de 35 años conseguimos que los asesinos estén en prisión”.

A puro folklore y rock nacional, con muchos pibes presentes, se leyeron diferentes poesías y comunicados de adhesiones que llegaban de todo el país y del exterior. Se hizo mucho hincapié en la relevancia que tenemos los jóvenes en este momento de la historia, en lo importante que es entender que somos parte de algo que está en movimiento , que la historia siempre se mueve con nosotros como sociedad, como testigos de lo que formamos parte y sobre lo que debemos actuar. “Con nuestros pañuelos blancos anudamos un destino”, dijeron las Madres,  es nuestro desafío entender que podemos hacernos con ese destino.