“La pintura me salvó la vida”

Con más de una década de trabajo constante, Mart Aire es un nombre obligado en la ruta del graffiti, pero sobre todo, es un artista apasionado. Su búsqueda de nuevos espacios para expresarse es permanente. En charla con NosDigital, habla sobre la necesidad de pintar y nos lleva de paseo por las calles que tan bien conoce. Subite a la bici y agarrate fuerte…

El street art está de moda. Por suerte, poco tiene que ver esta nota con eso. Acá hablamos de arte en la calle. Sí, en español. Y de un artista, Mart, que tiene mucho más para decir a parte de su nombre.  El graffiti fue su cuna, pero hoy, aunque la urgencia y la necesidad de pintar no lo abandonaron, es como una hoja con márgenes demasiado estrechos para él. Después de casi 15 años de trabajo, se anima a herramientas diversas, maneja múltiples soportes y expresa su arte en espacios con o sin techo.  Cuando dibujó su primera pared, pisaba los 11 años; desde ese entonces, se encuentra en una búsqueda y experimentación constante. A los 25, Mart es un profesional y trabaja de lo que ama; pero cada tanto, mientras hablamos de calles y paredes, por el filo de sus ojos que adivino tras los lentes, se asoma el niño y sale a jugar.

– Busco que la pared me hable, que me diga. Pero ya no es la pared, es el entorno, es el todo. Como alguien pinta cuadros, yo pinto paredes, y por mes puedo pintar 4, 5, 6 paredes. Es constante; es lo que me gusta: pintar. Y me doy cuenta que de esa forma que pinté la primera vez sigo pintando. En el sentido de que no soy un obsesivo: como salía, salía y respetaba ese momento, y eso me llevaba a la evolución. Yo quiero seguir pintando toda mi vida, nunca voy a hacer una obra perfecta, jamás…sé lo que me va a faltar y lo voy a dejar. No me siento a la altura de hacer algo perfecto, soy un individuo.

-¿Cómo encarás un mural?

– Tengo mis tiempos. Voy, miro la pared, quizás pinto en tres días pero una pared me lleva meses, desde que la vi, le saqué una foto y la miro en mi compu hasta que voy a pedir permiso…Meses. Voy a andar en bicicleta y la miro, la miro, la miro. Yo voy a dejar una obra, es mucha responsabilidad, no voy a hacer un dibujo que… ¿qué? Está bien, le voy a sacar la foto y la voy a subir a mi página y la va a ver la gente que le gusta el mural y el arte en la calle. Pero también la va a ver un millón de personas que pasa por ahí. O sea, ¿quién soy yo para ir y ponerle un dibujo en frente de su casa? Es mucha responsabilidad y me siento muy consciente de eso, hoy es a lo que más le presto atención: ¿qué carajo voy a hacer? En el barrio me conocen mucho y conozco a casi todos, hay una relación muy grande. Está el panadero y estoy yo que soy el muralista, y es así, lo saben. Entonces, me siento en la responsabilidad de ver qué voy a hacer. Y miro, miro, miro y hay un día que ‘tuc’, salió, es esa. Y voy y lo hago.

-¿Cómo es el momento de ir a pedir permiso?

– Es increíble, es tomar aire y decir ‘bueno, positive vibration, iluminame, haceme que emane una buena onda, que toque el timbre y le caiga bien’. Es esa, es el azar. De 10, 9 y medio me dicen que sí. Pero lo pienso desde afuera y es una locura… Mi speach es: ‘Disculpe, señor, mi nombre es Martín, soy muralista, me gustaría realizar una pintura en su pared. Usted no tiene que poner nada, yo tengo las pinturas, las escaleras, solo necesito el permiso.’ Y se me quedan mirando. ‘Pero, ¿qué vas a hacer? No me hagas nada religioso, ni nada pornográfico, ni nada político’. ‘Jefe, hago unos muñequitos…olvídate; pinto unas bicicletas…’. Lo bueno es que casi siempre tengo un trabajo cerca para dar de referencia.

 

Cuando habla, Mart sostiene una sonrisa calma y se permite sus pausas para elegir las palabras, como quien dibuja los sonidos en el aire. Parece sentirse cómodo en este ph de Palermo, en donde termina de instalar la exposición que inaugurará el espacio HoneyComb. Desde las paredes, nos miran sus cuadros, murales y dibujos; es como si todas sus creaciones se colaran y se hicieran presentes en cada una de sus frases. Son esos tantos años de pintura que se palpan en su habla y se expanden desde la yema de sus dedos. Como le dijo Tristán, dueño del lugar y quien le propuso hacer la muestra: “en cada cosa que hacés se refleja toda tu carrera que está andando por ahí”.

– Cada vez que hago una muestra, me fascina. Trabajar el espacio me parece algo increíble. Me gusta hacer todo con tiempo; en realidad, es ponerle ganas. El día de la inauguración me encanta porque viene un montón de personas que quiero y me quieren, pero lo hago para los demás. Igual que lo que hago en la calle es para los demás, la muestra la hago para los demás. Pero el armado es el momento que más disfruto. La primera muestra que hice fue en el 2008, y fue también la primera vez que vendí un cuadro.

-¿Cómo es ponerle precio a tu obra?

– Es muy raro. A mí es una parte que me costó, entender que el dinero es energía. Pero descubrí que mi tiempo es trabajo y que mi trabajo es dinero. Es al día de hoy que estoy haciendo la lista de los precios y digo ‘¿quién carajo va a pagar por esto?’ Pero también es liberarte del preconcepto. Pienso en el precio de este dibujo y dudo, pero es un dibujo original a tinta hecho a mano que dura para siempre…y la plata al lado de ‘para siempre’, no vale nada. A mí me gusta hacer las cosas profesionalmente, por más que el graffiti en la calle es mi vida, aprendí a creerme a mí mismo que es mi profesión. Como un trabajo: yo soy muralista. Yo realmente tuve la necesidad de trabajar de lo que me gusta. No lo hago por moda, lo hago porque realmente lo siento. Si no sigo lo que hago, no me va a llover un departamento de un familiar…lo tengo que hacer, como lo hizo mi abuelo y lo hizo mi viejo, hoy me toca a mí. Y lo tengo que hacer. Siento que ese es el gusto de lo recibo por lo que hago, el gusto de lo trabajado, de lo ganado… es mágico también.

-¿Cuándo empezaste a pensar que la pintura podía ser tu vida?

– Mirá, con mis amigos parábamos en una plaza, éramos una pandilla y las cosas se pusieron muy ásperas, muchos amigos presos…y fue como que dije ‘salgo de acá o termino en cualquiera’. Mi mejor amigo estaba preso, teníamos 15 años y ver sufrir a la madre de él desde afuera me hizo dar cuenta que yo no quería eso para mi mamá. Si caés preso, no caés vos, arrastrás a tu familia… Justo ahí se dieron muchas cosas juntas. Tuve mi primera novia y me salió un laburo con Cartoon Netwoork de 30.000 pesos. Ahí dije ‘estoy en cualquiera, si sigo así voy a terminar muerto o preso; si pinto, hago lo que me gusta y gano más dinero, y mi mamá va a estar contenta’. Por eso para mí la pintura es mucho y no es una moda, a mí me salvó la vida…por eso me gusta pintar buena onda y por eso me siento responsable por lo que hago.

-¿Cómo fue lo de Cartoon Network?

– Me mandaron un mail, y la ecuación termina siendo de vuelta simple: es pintar. Si pinto en la calle, las cosas suceden. Y bueno, tuve una reunión, estaba con un discman, con un auricular escuchando música y del otro lado escuchaba, decía ‘sí, sí, te hago lo que quieras’. Fue una locura. Me di cuenta de la capacidad de producción y de cómo se ejecuta algo profesionalmente, lo hicimos impecable. Ahí arranqué a pintar muy profesional y a hacer campañas publicitarias con murales. Éramos chicos… Quizás si hubiese tenido la edad que tengo hoy en ese momento, ahora tendría una empresa de vía pública con arte. Pero empecé a trabajar tanto y con tantas agencias… yo quería pintar, no sirvo para hacer negocios. Empezamos a tener dinero, y nos terminamos peleando con un amigo por eso, por contactos…ufff, no va, es como prostituirte con la pintura.

 

Habla mucho de valores y cada palabra se siente genuina con ese fondo de pasión. Por momentos, de esa expresión relajada y fresca, emerge una madurez escalofriante, una claridad que te desarma. En esa reflexión se filtra una y otra vez algo tan fundamental como la necesidad de pintar: su familia.

-Ellos estuvieron de acuerdo. Mis viejos me ayudaron siempre. Me llevaban a pintar, los domingos, después de comer, con la abuela. Yo a ellos les debo, hoy, mi vida. Que estemos charlando acá y que esté todo esto acá colgado…Siempre me dijeron que haga lo que me guste, que ellos me iban a apoyar. Me siento afortunado de tener los padres que tengo, por lo que me enseñaron. Siempre me hablaron de amor y respeto. Si tenés eso, es tan mágico cómo viene la buena onda que para qué vas a elegir otra cosa.

-Y en ese sentido, ¿cómo te trata la gente mientras trabajas?

-Hay de todo. Hace poco estaba pintando y se frenó un abuelo de noventipico de años con su hijo que ya tendría 70. Se frena el viejito que casi no podía caminar, me mira, y yo pienso ‘qué me irá a decir, me va a retar’. Y me dice: ‘vos la tenés clara.’ Le digo ‘¿por qué, don?’. ‘Porque estás regalando cosas a los demás’. No podía creer que un tipo de 90 años tenga la capacidad de ver lo que está sucediendo. Casi me pongo a llorar. No sé, hay mucha comunicación. Una vez me llamó un tipo por teléfono y me dice: ‘mirá, no me conocés, pero vi lo que hiciste en la estación Ministro Carranza y lo único que te quiero decir es que nunca dejes de pintar’. Me puse a llorar, no sabía quién era. Es increíble. Yo me siento muy afortunado. Como aprendí muchas cosas también aprendí a ser consciente de eso, y como no abusé de la libertad que me dieron tampoco abuso de eso. No me siento más que nadie, ni menos que nadie. Eso me ayuda mucho. Me hace tener la sensibilidad para poder salir a pintar. Es muy fuerte pintar en la calle, estás expuesto todo el tiempo, estás abriendo el pecho y poniéndolo ahí como…Es algo muy loco. Te putean bocha también, pero putean los que van en auto ‘pintate el culo, boludo’. Y sí, me lo pinto si querés también.

-¿Cómo fue la transición del graffiti al mural?

– Escribir mi nombre me parece muy al pedo. No tengo problemas conmigo para andar escribiéndolo en todos lados. Es que… ¿quién soy yo para andar escribiendo mi nombre en cualquier puto lugar?, no le encuentro el sentido hoy. Por haber pintado mucho: me di cuenta que me gusta dibujar y que puedo dibujar cualquier cosa. Y unas letras…qué se yo, tenés un límite en el graffiti. También pintás para cierto ámbito y cierto entorno y mercado de graffiti….y  a mí me chupa un huevo, yo no quiero ser el más King de la ciudad. El ego lo tengo dominado.

-¿Cómo te ves hacia adelante?

– Hace un tiempo, trabajé durante un año en el CGP 14, contratado por el Gobierno de la Ciudad. Fui como un infiltrado, el graffitero adentro del sistema. Coordinaba y diseñaba proyectos para proteger espacios. No se pueden imponer las cosas, eso tiene el graffiti, que es una imposición. ‘Me como la ciudad y me como el mundo, y voy y pongo mi nombre.’ Si no tenemos diálogo…somos un montón, si no nos hablamos, es una imposición frente a otra y estamos vos ahí y yo acá, y listo, me quedo en mi casa porque estoy cómodo y no salgo porque me da miedo. Mi máximo sueño… me imagino siendo urbanista de una ciudad, tengo experiencia de 15 años de pintar graffitis, de ver paredes y calles y cosas todo el tiempo, yo voy por la calle y veo pocitos, veo detalles, soy muy detallista. Creo que le vendría bien a una ciudad para desarrollar cosas que nos sirvan y funcionen bien. Yo me imagino siendo un viejo urbanista y tirando colores para todos lados.

 

Se ríe y le creemos mientras nos pinta ese mañana tan tangible. Pero si de futuros próximos hablamos, en Julio, Mart viaja a Berlín para la presentación de su libro Paseo – Walls & Draws: “PASEO es un álbum de imágenes, un lapso de tiempo en mi ciudad, una ventana, un momento estático de algo en movimiento. PASEO es un regalo para todos aquellos que quieran sentir el viento en la cara y que les gusten los dibujos a mano alzada. PASEO es mi forma de vivir, paseando por esta hermosa vida. Simple y liviano.”

-En los viajes… ¿Cómo es pintar en otras ciudades?

-Mirá, en San Pablo no podés pintar. No podés pintar porque la policía no te va a ir a preguntar, te puede pegar un tiro, así directo. En París, que fue otra ciudad muy grande en la que estuve, vos no podés pintar el frente de tu casa. Si te querés levantar y lo querés pintar de rojo, no podés, el Municipio te da tres o cuatro pantones de colores y ya. Imaginate hacer una bicicleta andando, olvídate. Pero acá es hermoso. Aunque también está al límite… cuando viene alguien europeo, te hace mierda la ciudad, la destruye, la arruina. Porque como está todo bien, pintan en cualquier lado, pintas las casas, hacen pelota todo, después se van y qué importa. Eso está pasando mucho acá, deben notar que está todo pintado. Es discernir entre sos cool y sos un pelotudo, estás ahí al límite. Yo también tuve esa visión, cuando era niño pintaba todo, entonces no me puedo enojar, no puedo protestar porque yo también lo hice. No sé por qué tuve la capacidad de revertir eso… quizás porque yo empecé a pintar por una necesidad.  Pero bueno… está de moda la pinturita en la calle.

“Al futbolista lo intentan hacer vivir en una burbuja de pedos”

Claudio Yacob, lo conocen casi todos, es el 5 de Racing. Es también uno de los hombres que analizan este mundo de la pelota. Descubrí al futbolista que pinta para olvidar las presiones, que sino fuera jugador viajaría en una motorhome y que piensa que el fútbol es esto: “Siempre caemos pensando que todo es por plata pero hay que luchar contra eso y decir que el fútbol es otra cosa. Hay que decir que no es sólo un quilombo de gente, un negocio, una mafia, con cosas tan sucias que no se pueden entender”

Fotos: Nos Digital.

Claudio Yacob, 24 años, capitán de Racing, es el último en salir del vestuario. Tardará un puñado de minutos en caminar esos 30 pasos que lo separan de la sala de prensa del Cilindro, donde lo esperamos. En el medio repartirá unos cuantos saludos, firmará autógrafos, se sacará fotos con algunos hinchas cholulos y hasta grabará mensajes de cumpleaños. Todo ese recorrido lo hará con una sonrisa. Sus 136 partidos con la camiseta de Racing, un club donde todo es euforia pero también efímero, no hacen que se le borre. “Esto hay que pensarlo así. En disfrutar cada entrenamiento, en que tu familia pueda venir a verte jugar y sentirse orgullosa. Yo cuando entro a la cancha disfruto de jugar”, arranca Yacob la charla con NosDigital.

-¿Te gusta esto de ser futbolista? Más allá de jugar a la pelota, también está la prensa, las presiones…
-Son etapas. Yo me inicié con una pelota, ese fue mi primer regalo. Me crié en un barrio muy humilde, en calle de tierra, en Carcarañá, donde todavía vive mi viejo. Enfrente había un campito que todavía tiene el tejido abollado de haber pateado desde que aprendí a caminar. Después el fútbol se va transformando como ocurre en casi todos los aspectos de la vida, como en toda profesión, en la que uno empieza a descubrir otras cosas. De chiquito yo iba al colegio y llevaba la pelota, volvía del colegio e iba al club. Sentía que jugar era mi vida, me conectaba con todo gracias a la pelota. A medida que crecés y te vas interiorizando para seguir mejorando tuve la oportunidad de ir a un club más grande allá. Y después de venir a Racing.
-¿A qué edad llegaste al club?
-A los 14. Cuando decido venir no era solamente porque me apasionaba sino que ya lo veía para el día de mañana ser futbolista. Hoy llevo seis años en la Primera y obvio que no es lo mismo que cuando debuté. Hoy conozco, o me enseñaron, todas las cosas extrafutbolísticas que implica ser jugador. Y la realidad marca que a uno a veces le sacan las ganas esas cosas. Pero tenés que luchar contra eso y decir que el fútbol es otra cosa. Ees una pasión y no lo que a veces se piensa, que es un quilombo de gente, que es un negocio, una mafia, que realmente hay cosas tan sucias que uno no lo puede entender. Siempre caemos pensando que todo esto es por plata. Pero si lo pensás, el fútbol es otra cosa. Es una pasión enorme que llena y enriquece a muchas personas.
-¿Y cómo se lucha?
-Yo creo que todo está en la base, depende de la familia, tener en claro por qué hay gente que te viene a hablar en ciertos momentos y tantas otras que en ciertos momentos no vienen. Yo cuando entro a la cancha disfruto de jugar y se que mi familia se siente orgullosa de lo que yo hago. Después trato de estar alejado. Hay tanta gente sucia que intenta seguir embarrando esto que se vuelve una lucha constante. Esperemos que los que pensamos así ganemos esta pelea.
-¿Y te podés mantener alejado pese a ser el capitán de uno de los equipos más grandes de Argentina?
-A veces uno tiene que pensar como amateur. Así puede seguir creciendo. Al futbolista lo hacen vivir en una burbuja, que es totalmente irreal para el resto de la sociedad. Tenemos todo. Hay muchos que se creen equivocadamente que esto les va a durar para toda la vida. Y no es para nada así. Tienen que saber que es todo muy corto, hay que disfrutarlo y sacarle provecho. Pero saber que esto pasa y no te dura toda la vida. La gente y los compañeros también te los da el fútbol, a mí me dio compañeros que conozco hace diez años acá en el club. Y eso es lo que hay que rescatar.
-¿Por qué vive en una burbuja el futbolista?
-Siempre digo que al futbolista lo intentan hacer vivir en una burbuja de pedos. Lo intentan eh, no siempre. Porque es muy difícil. Viene uno y de un día para otro empezás a ganar una fortuna, salís en la tele, te reconcen por la calle, vas a un boliche y no te quieren cobrar, vas a un restorán y tampoco, cuando tendría que ser al revés, porque el que lo necesita es el pibe de Inferiores que no llega. No sólo con el futbolista, con los deportistas y los famosos debe ser parecido. Le dan todo y le quieren hacer creer eso para después sacarle provecho a uno del otro lado.
-¿Cuando te tocó subir a Primera te pasó esto o ya tenías claro cómo funciona este mundo?

-Esto viene de la base. Mi viejo fue un laburante toda la vida, lo sigue siendo y lo va a seguir siendo. Ellos me dieron algo que es impagable: el respeto, la humildad y saber que todos somos iguales por más poder o plata que haya. Ni la Presidenta, ni el presidente de Racing, ni el cuerpo técnico, tienen que faltarle el respeto a alguien que está barriendo el estadio, por ejemplo. Porque hay que pensar que todo pasa, y que los puestos se ocupan por momentos. Entonces no se justifica.
-A vos te tocó crecer en la pensión de Racing cuando era un club sin dirigentes casi. ¿Eso también te forma?
-Yo tengo la historia de haber llegado a Racing en 2002 y la verdad que era un quilombo. Fuimos a la casa de un matrimonio en Caballito, donde había sólo un baño, no era la pensión que hay hoy en Racing. En 2004 se armó esto que es un lujazo, a los pibes le lavan la ropa, los llevan al colegio, le dan Internet. Tienen todo y está bien. Yo cuando llegué me tuve que ir a anotar al colegio solo porque mis viejos no tenían la posibilidad de venir, por laburo. Mi viejo trabaja en una fábrica de molinos de harina, arrancó barriendo galpones y de a poquito fue subiendo, pero sigue ahí. De ahí aprendí el sacrifico. Yo era el más chico de la pensión y con un cordobés, que era más grande, empezamos a patear buscando dónde anotarnos. No entendíamos nada. Yo tenía que hacer noveno año. Iba y decía: “Hola, me quiero anotar”. Y así hasta que conseguí un colegio. Iba al colegio y volvía trotando para llegar a tiempo para que el colectivo me pasara a buscar para venir a entrenar.
-¿Lo terminaste el secundario?
-Sí. Hice noveno allá donde me dieron una mano porque entendieron mi situación. Y al otro año, que ya vinieron más chicos de mi categoría a la pensión como Maxi Moralez, Matías Sanchez, Malano, ahí sí nos organizaron mejor y fuimos a un colegio acá en Avellaneda donde pude terminar sin repetir pero con algunas dificultades porque andaba con los viajes de la Selección juvenil. Lo tuve que terminar a la noche. Pero fue una satisfacción, porque tuve que meterle muchas ganas. No cualquiera se va a anotar solo o se cambia de turno.
-¿Por qué hiciste esos sacrificios cuando la mayoría, si anda bien en el fútbol, deja el secundario?
-Porque yo siempre creí que no hay que ser sólo un jugador de fútbol. Que un jugador de fútbol requiere muchas cosas más que jugar bien a la pelota: ser un tipo educado, un señor, bien hablado, que se enriquezca y que cada vez se más inteligente y más capaz. Yo soy un convencido de que alguien que lee, que se forma, se enriquece y se perfecciona. A partir de ahí, un puede entender qué es el contrato que firma, expresarse mejor hacia la prensa. Hoy en día un jugador que se expresa bien ante la prensa y otro que no, hace la diferencia. Hay técnicos que te pueden sacar por declarar mal, o decir algo que no había que decir.
-¿Se le enseña al jugador cómo manejarse con los medios?
-El Colorado Sava siempre cuenta que cuando jugó en Inglaterra llegó y le dieron un manual, le explicaron cómo funcionaban los medios allá, qué medio iba a buscar por qué lado. En Racing ahora algo te explican, pero no hay una persona que te enseñe a declarar, que eso yo se lo expresé alguna vez a Rodolfo Molina. Tiene que haber un tipo que forme a los jugadores a la hora de declarar. Hay una anécdota con Lihué Prichoda que fue a la Selección como sparring. Al otro día cuando volvió a Racing, con 17 años, le hicieron una nota. Le preguntaron sobre la Selección, obvio. Y el pibe dijo, desde la inocencia, desde la frescura, desde la alegría que tenía por haber entrenado con la Selección, que Heinze lo había cagado a patadas. Al otro día lo llamaron de la AFA y le dijeron que no fuera más. Fue un error normal de un pibe, pero más que nada la viveza de periodistas que siempre están mal intencionados. Entonces tiene que haber gente que los forme en ese sentido, sabiendo que hay gente con la que podés hablar de una cosa y gente con la que te tenés que cuidar. Eso se tendría que perfeccionar.
-Hablando de Sava alguna vez nos dijo que incluso adentro de la cancha él pensaba en lo que podía decir el periodismo al otro día. ¿A vos te pasa eso también?
– Yo pienso en disfrutarlo. Si pensás en el afuera te tensionás. Si me pongo a pensar que estoy en la Primera de Racing, me tensiono. Entonces dejo que todo fluya, me libero. Esto es lo que se hacer y pienso que en el campito de enfrente de mi casa era donde mejor me salían las cosas y donde más me divertía. Entonces hay que pensar en ser amateur, en disfrutar y jugar porque me gusta hacer eso. Yo creo que así es como mejor rendís.
-Recién decías lo de formarte y leer. ¿Qué lees?
-Me gusta leer algo de historia, más que nada charlarlo. Una amiga de mi novia estudia eso. Y me encanta, pero no se mucho, me gustaría saber más. Después de otras cosas he leído libros El Secreto, la Novena Revelación, y trato de leer libros que me dejen cosas como Quién se ha llevado mi queso, que habla de los cambios. Por ejemplo yo siempre tengo el pensamiento de que estaría bueno ir a jugar afuera para conocer nuevos lugares, nueva gente, nuevas culturas. Y eso libro te da la enseñanza de que todo cambio es para bien. Que te dan miedo los cambios, pero hay que afrontarlas.
-¿Y todo esto, en tu rol de capitán, lo transmitís en el vestuario o dejás que cada uno arme su camino según sus intereses?
-Yo creo que la familia es el sostén, los cimientos, ahí te formás. Yo tuve la suerte de tener muchachos que me han enseñado mucho, como el Ratón Ayala y el Colorado Sava. Descubrí cosas que antes ni me las imaginaba de la alimentación por ejemplo.
Entonces a mi me encanta hablar mucho con los pibes. Tratar de transmitirles mi enseñanza, lo que yo pude aprender y lo que me han enseñado. Para que puedan ir quemando etapas para que no lleguen crudos a un momento en el que es fácil equivocarte.
-Vos llegaste a Primera cuando Racing ardía y jugaba la Promoción. Eran muchos pibes en ese plantel. ¿Cómo lo vivieron?
-Yo en ese momento, realmente, lo disfrutaba. Era inconsciente. Ahora casi lo tengo que trabajar lo de disfrutarlo. En ese momento hacía mis primeros pasos. Recién hoy tomo la dimensión de que éramos todos pibes del club, que jugamos una Promoción, que esta institución podría estar en una segunda división como está River, Central, Gimnasia o como está viviendo ahora San Lorenzo, que también son todos pibes del club. Hubiera sido muy complicado. Mirándolo de afuera, a River o a San Lorenzo, digo “uh mirá estos pibes con lo que tienen que cargar”. Pero en ese momento lo disfrutaba. Me acuerdo el partido con Belgrano, entré y ni siquiera cuando terminó el partido me di cuenta. Hoy después de cuatro años sí te digo “uh, loco, lo que nos jugamos”. Quedamos en la historia, la gente por ahí no lo valora mucho ese momento pero porque zafamos. Pero si no hubiéramos zafado nos hubieran crucificado siendo todos pibes que nos criamos en el club con 18 años.
-¿O sea que entre ese momento de nervios, siendo todos pibes, a este contexto de tranquilidad vos no sentís ningún cambio a la hora de jugar?
-Obviamente que esta situación es diferente. El club está en otra situación. El equipo tiene otra jerarquía. Hoy se juega con otra distensión. Estamos haciendo historia, entrando a una Copa que hace nueve años no entramos, quedamos ahí de entrar a la Libertadores. Yo nunca jugué en Racing una Copa Internacional. Hace mucho que lo desaba. La vengo peleando hace mucho tiempo y últimamente lo veo que este equipo juega, que este equipo se lo merece. Hoy digo que la institución y el equipo, que van de la mano, vienen creciendo. Vamos mirando hacia arriba. Y eso es lo importante. Yo fui parte de todo este crecimiento y lo siento así.
-¿Te gusta cómo juega Racing?
-Juega de diferentes maneras. Me gusta porque piensa en ganar y en sumar. Ganar se puede ganar de diferentes maneras, se puede ganar jugando de contra o atacando por un lugar donde vos sabés que el rival es débil. Y lo que me gusta es que Racing piensa en ganar. El torneo pasado todos nos acordamos de que el equipo jugaba muy bien, pero perdimos 10 partidos de 19. Una locura. Jugábamos bárbaro eh, yo lo reconozco, pero terminamos 15º. Ahora terminamos segundos, pasamos los treinta puntos, que son cosas que yo nunca viví en este club. Del fútbol argentino creo que Racing es un equipo de los más ricos por los jugadores que tiene.
-Alguna vez, cuando arrancabas en Primera, apareciste como modelo publicitario, que no está tan bien visto por los hinchas. ¿Te arrepentís? ¿Por qué lo hiciste?
-No. Uno cuando hace algo sabe lo que puede venir, está en aceptarlo nada más. Cuando me llamaron estuve dos meses diciéndoles que no, porque creo que el jugador de fútbol tiene que dar una imagen seria. Pero cuando conocí a la gente, me dijeron cuál era la idea, la verdad que me divertí un montón. Fue una experiencia muy linda que hasta la hice una segunda vez. Después ya dije que era un exceso. Pero lo hice sólo como una experiencia eh, no me dieron plata ni nada. El fin era divertirme. Por suerte me dieron mucha ropa y se la traje a los chicos de la pensión, a los utileros, que para ellos es importante. Ellos lo disfrutaron y mucho más yo, porque la pase bien, me cagué de risa. Si la pasas bien, yo creo que no hay que darle muchas más vueltas, no hay que arrepentirse. Hay que hacerlo, sin importar el qué diran porque hablar siempre se va a hablar.
-¿Y por fuera del fútbol qué hacés? ¿Tenés algun hobby?
-Tengo que retomar las clases de guitarra, me gusta cualquier tipo de música. He ido a pintura también.
-Como Ayala. ¿Él te hizo incursionar?
-Con el Ratón hablamos, me regaló un cuadro que se lo pedí. Le tiré un par de centros para que me lo regalara solo, pero se lo tuve que terminar pidiendo jaja. Arranqué porque tenía ganas. Era un momento con muchas presiones acá, que después zafamos de la Promoción. Y eso que decíamos recién de disfrutar no lo podía hacer, me venía ganando la presión. No podía disfrutar de un partido, de entrar a un campo de juego, que venga mi familia, hasta les pedí que no vinieran porque la pasábamos mal. Así que un día iba en el auto y maquinaba, viste. Dije o me tengo que ir de Buenos Aires o algo, porque necesitaba respirar otra cosa. Y pasé por un ventanal que había una vieja pintando, con un pincel grandote, de dos metros. Y la vieja pintaba, pintaba, pintaba. Siempre en la suya. Se le veía sonriendo. Entonces dije eso es lo mío. Me anoté el número. Llamé y me compré una carpeta, unas temperas y me presenté. Pero fui con la idea de que no me descubran que soy jugador de fútbol, para que no me rompan las pelotas. Yo voy ahí para relajarme, para hacer otra cosa, para que el tiempo vuele. Me presenté como Federico, dije que estudiaba administración de empresas. La mina era una hippona, me encantaba la onda. Fui a un par de clases y estaba buenísimo. Hasta que nos sacamos una foto de fin de año y un día la mina me dijo “che, vos jugás al fútbol?”. “No, nada que ver”, le dije. El novio le había dicho que me parecía un jugador. Y yo le mandé que siempre me lo decían, que me confunden siempre pero que ni sabía el nombre del pibe que juega al fútbol. Hasta que ya era incómodo, irresistible. Porque yo cuando pintaba me re concentraba, volaba, el tiempo se me pasaba, lo había encontrado como un cable a tierra de verdad. Entonces la mina, de a tres metros, me llamaba. “Che, Fede”. Y yo nada. Entonces se acercaba: “Che, Fede”. Y yo pintaba, re metido. Hasta que me lo decía en la oreja, porque me olvidaba que era Fede. Y un día ya me dio vergüenza, la mina se daba cuenta. No la podía remar más. Ahora me escribe para que vuelva, ya voy a volver. Sigo pintando en casa, alguna cosita hago porque me encanta. Eran unas veteranas hipponas, un flaco que era re hippón. Me encantaba la onda. Yo soy así… Si no jugara al fútbol me compraría un…¿Cómo se llama eso? (hace con las manos un volante)
-Un motorhome…
-Uno de esos. Vuelo, vuelo, vuelo. Yo ya le dije a mi novia. Cuando termine el fútbol me vas a hacer el aguante. Uno vive con horarios todos los días, de lunes a lunes. Entonces te satura. Es un sacrifico enorme. Te perdés un montón de cosas. La familia, yo tengo dos sobrinas que no las veo mucho, me perdí el crecimiento de mi hermano. Uno se queda con las cosas lindas, pero es una lucha constante que hay veces que te vence, que las presiones te ganan.