“A medio camino entre dos mundos”

En un intento por explicar parcialmente la sociedad chilena, entrevistamos a la aspirante a diputada Valentina Verbal. Militante por derechos de identidad, comparte su partido con el Presidente Piñera, trans, y con pasado en el Opus Dei. Imposible de encasillar, simplemente es.

Las posibilidades de explicar de forma acabada una sociedad son escasas y la actitud de intentarlo, por lo menos pretenciosa. En la inmensidad del entramado social chileno, encontramos un personaje político altamente complejo que nos ayudará a acercarnos a entender la sociedad trasandina. Valentina Verbal es Historiadora y pre-candidata a diputada por Renovación Nacional, partido que comparte con el actual presidente de la República Sebastian Piñera y Carlos Larraín, senador que  puede llegar a comparar en una entrevista la homosexualidad con la pedofilia y la zoofilia. En su juventud profesó su religión en el Opus Dei durante siete años. Ahora, se encuentra en plena lucha con el organismo regulador electoral Servel por aparecer en la boleta de las próximas elecciones con su nombre social. Es que Valentina, además y más allá de todo, es trans y una ferviente militante por la identidad de género y la igualdad de derechos.

-Las disputas en el Servel por aceptar tu nombre en las papeletas electorales, ¿está vinculado con cierto machismo de la política chilena?

-Chile está transitando, un poco más lento que Argentina, hacia una sociedad más abierta con la diversidad. Está transitando, pero está costando. Un avance que tuvimos fue la ley antidiscriminación que incluye las categorías identidad de genero y orientación sexual. Mientras se tramita la ley específica de identidad de género, para regular el cambio registral en los documentos de identidad, la ley antidiscriminación por lo menos garantiza el respeto de los derechos fundamentales de las personas trans, especialmente de parte de los organismos estatales. En gran medida eso pasa por respetar el nombre social y de género de la persona ante la comunidad.

Pensé que no iba a haber mayores problemas ante el Servel porque en el fondo no se trata de cambiar mi registro –eso lo estoy haciendo por la vía judicial, en concordancia con el registro civil, que es cómo se hace aquí en Chile-, yo quiero aparecer en la papeleta con mi nombre social porque ese es un documento que se presenta ante la comunidad, o sea es el trato que te está dando un organismo público hacia la comunidad. En este caso el Servel no me está respetando mi identidad de género.

Esto revela machismo, pero también otras cosas. Revela ignorancia, desconocimiento de la diversidad en general y de la diversidad sexual en particular. Revela ignorancia de conceptos, como orientación sexual e identidad de género, y también ignorancia de la misma ley antidiscriminación. Lo más grave es que esta ley – ley 20.609-, obliga especialmente a los organismos públicos a hacer medidas preventivas y políticas públicas contra la discriminación. Y el Servel no tiene nada al respecto.

-¿Cómo te definís en cuanto a tu sexualidad?

-Es complejo. Siempre se discute en los movimiento de diversidad sexual si corresponde o no categorizarse, porque eso supone anclarse a un determinado tipo de persona, y las identidades siempre son dinámicas y variables.

Creo que es bueno categorizarse en el sentido de que al hacerlo con una identidad que no es normativa, o sea que es minoritaria y considerada como inferior por la sociedad machista hegemónica, también implica visibilizar identidades que deben ser conocidas. Y al hacerlo, normalizar en el buen sentido de la palabra, no normalizar para adecuarse a la hegemonización que se propone desde una elite conservadora, sino normalizar en el sentido de decir que son identidades minoritarias, distintas, pero no son anormales, no son patologías ni enfermedades. Hay que categorizarse políticamente y me defino como una mujer trans, también como transexual o transgénera, no me importa mucho la distinción entre estos dos últimos conceptos, porque lo relevante no es si la persona está operada o no. Sino más que nada si tiene una identidad de género, normativa o no.

No creo en el paradigma psiquiátrico. Ese que entiende que se trata de una persona que nació en un cuerpo equivocado, entonces hay que adecuar el cuerpo a la mente, como si ser trans fuese una patología o un trastorno mental. En cambio en el paradigma de la diversidad, cada uno puede determinar su identidad, en este caso sexual. Por lo que resulta que la persona nació en una sociedad equivocada.

-¿Creés que debe aparecer el sexo en el Documento Nacional de Identidad?

-Veo que es bienintencionada la teoría contrasexual de eliminar las marcas de género de los documentos, y no solo de los de identidad, pero resulta un poco utópica todavía de llevar a la práctica. Creo que es irreal. Soy una persona que trato de combinar los principios –lo que creo que es bueno hacer- con el pragmatismo. Sin transar en los principios, pero sabiendo que las cosas se van logrando de a poco, de manera gradual. No se puede llegar al piso 20 sin pasar por el resto de los pisos. No se puede romper con paradigmas legales superestructurales de nuestra sociedad de la noche a la mañana.

Hay muchas instituciones que antes deberían ser deconstruidas para que esto fuese posible. Por ejemplo, en Chile, antes de llegar a eso, primero hay que llegar al matrimonio igualitario.

-¿Qué diferencias hay en el trato cotidiano a trans en Santiago y en las Regiones de Chile?

-Las Regiones, lo que es el Interior para Argentina, tienen una vida cotidiana más conservadora, pero Chile es un país unitario, las leyes rigen para todo el Estado de norte a sur. Pero también unitario culturalmente. Es bastante homogéneo, lo que lo hace ser bastante centralista. Si bien las Regiones tienen medios de comunicación locales, lo que prima son las noticias nacionales. Esto hace que no haya grandes diferencias dentro de Chile. Si bien en las Regiones es mas lento el proceso de cambio cultural, mi impresión es que cada vez hay más apertura. Siempre en relación con lo que va ocurriendo en el centro, en Santiago. No son dos Chiles, aunque uno avance un poco más rápido, se mantienen muy pegados.

  

-Para salir del trabajo sexual, ¿qué posibilidades laborales le da la sociedad chilena a personas trans?

-En Chile lamentablemente es muy deficiente el acceso laboral de las personas trans, pero la calle ya no es la única alternativa. Las personas trans se la pueden rebuscar. Aunque tengan estudios universitarios, no consiguen empleo de su profesión, pero trabajan en comercios o sandwicherias por ejemplo. Cuando su identidad no corresponde con la de su documento, se les rechaza el empleo. Los tribunales conceden el cambio de nombre en un tramite de unos seis a ocho meses, pero no el cambio de sexo de no haber operación genital. Hay un vacío legal que deja a la interpretación del juez la posibilidad de casos excepcionales. Se trata de una cirugía de muchísimo dinero, lo que podría costar un auto nuevo.Hay una mentalidad muy legalista en Chile: todo es lo que está en el carnet. Hay trans que no quieren operarse, pero quieren cambiar de sexo registral. No está visibilizada la realidad laboral trans, no hay estudios serios al respecto, las pocas encuestas que hay revelan una precarización general de los empleos.

-¿Cómo se recibe a las personas trans en los ámbitos educativos?

-Las chicas que son mayores, que ya son de tercera edad, que se dedicaron toda su vida al comercio sexual, aparte de ser discriminadas por ser trans, eran personas tuvieron que desertar tempranamente de la escolaridad, incluso de la primaria. Hoy por hoy, en general, si bien hay discriminación, y hay bulling, hacia las personas con diversidad sexual por mostrar una expresión de género no normativa, están terminando la educación secundaria. Muchas universidades están aceptando personas trans y son tratadas respetando su identidad de género.

-¿Los límites en cuanto a la identidad de genero en Chile son sociales o políticos?

-Sin dudas hay un mayor avance social que político, aunque en lo social falta mucho todavía. Lo que sí es claro es que en países como Chile, y en Hispanoamérica en general, los cambios sociales se producen mucho a partir de cambios políticos. Los cambios culturales van con mayor fuerza cuando hay cambios legales. La mentalidad de avance en la sociedad tiene que estar indicada por la legalidad, y esa forma de pensar es una cuestión cultural histórica. No hay parlamentarios que se declaren gay, y eso a mi me motiva mucho para ser candidata por la necesidad de la representación de la diversidad que tiene que haber en el parlamento.

-¿Cuál es el peso de la voz de la Iglesia?

-La iglesia cada vez influye menos en Chile, bastante poco en el ultimo tiempo. Hay parlamentarios conservadores porque tienen una raigambre muy religiosa. Pero son ellos quienes toman las decisiones, no podría acusarlos de hacerlo en términos religiosos. La voz de la Iglesia no tiene peso ya, la sociedad chilena ha avanzado hacia el laicismo. La Iglesia puede expresarse, pero no es la que conduce la voz de la sociedad en su conjunto.

-¿Qué te quedó de tu paso por el Opus Dei?

-Participé siete años, pero como hombre. No todas las cosas son blanco y negro, hay sentimientos encontrados. Nunca viví nada raro en términos sexuales, nunca viví agresiones sexuales de los sacerdotes, aunque conviví con muchos de ellos durante mucho tiempo. Entonces también es importante decirlo, porque no todos cometen esos abusos. Y también otra cosa que siempre he dicho: yo no era una persona particularmente conservadora, como tampoco mi familia, no éramos tradicionalistas, pero si tradicional en lo social más que en lo religioso. ¿Por qué fui al Opus Dei? Porque me invitaron, me gustó la espiritualidad, de buscar a Dios en medio del mundo, poder encontrar la Santidad por medio del trabajo ordinario. Pero también, prontamente cuando elegí un camino sexual diferente, empezó a chocar esa realidad del Opus Dei, que es una institución muy conservadora, muy homogeneizante, es exageradamente juzgadora en lo sexual, donde prácticamente uno tiene que confesar sobre su vida sexual, hasta cuántas veces se masturbaba. Y es muy cerrada sobre los cambios sociales, conservadora sobre la identidad sexual: se opuso a la Ley de Divorcio en 1995. Así es cómo se tienen sentimientos encontrados: yo la pasé muy mal un momento, pero también viví una experiencia espiritual muy profunda, en la relación con los demás.

-¿Cómo juzgás, siendo historiadora, el rol del Opus Dei en la última dictadura?

-Como historiadora tendría que haber leído o haber hecho una investigación. Pero no lo he hecho. No creo que haya tenido un rol preponderante, aunque sus líderes hayan adherido a la dictadura. Aunque no tuvo un rol activo porque no era muy conocida, ya que durante largas décadas fue un grupo reducido, hasta los 80’. Arrancaron fuertemente cuando la dictadura estaba terminándose. Siendo rigurosos no podría hablar de una influencia grande.

 

-En 2009 decías que “Renovación Nacional y la política en general, no estaba preparada para alguien como yo”, ¿ahora sí?

Efectivamente, creo que desde el 2009 la sociedad chilena ha cambiado un montón en relación a cuestiones culturales y a identidad de género en general, especialmente cuando el año pasado mataron a Daniel Samudio[i], que hizo despertar a la sociedad de su siesta, de su sueño, en la que creíamos que éramos muy modernos y muy abiertos. Creo que ya no es algo terrible asumir la identidad sexual públicamente. Pero todavía son casos muy escasos. Ya no creo que haya drama por tener una candidatura LGBTI y participar de las elecciones, aunque falta mucho para hacer, hemos avanzado mucho.

-¿Te asumís como referente de tu partido político o de los movimientos por la diversidad sexual?

-Es que estoy a medio camino entre los dos mundos. Yo como hombre fui militante de Renovación Nacional durante 30 años, pero me alejé cuando asumí mi identidad como Valentina, y ahí al poco tiempo me metí en el activismo por la diversidad sexual. Allí ya me hice más conocida en Chile públicamente y terminé como candidata. Siempre me asumí como de centro-derecha en lo político y económico, pero todavía estoy a medio camino, porque los medios me siguen viendo como una persona que viene de la sociedad civil, relacionada con estos movimientos, que llegó al Partido para buscar un espacio; pero todavía no tengo una consolidación de mi situación dentro del partido. Hoy en día cuando me hacen una entrevista el 90% de los medios me preguntan sobre la identidad sexual y el restante 10% recién sobre política, que es mi espacio. Por eso estoy a medio camino. No por ser trans voy como candidata.


[i]Wikipedia nos dice que: Daniel Mauricio Zamudio Vera (Santiago, 3 de agosto de 1987 – Santiago, 27 de marzo de 2012) fue un joven chileno, convertido en símbolo contra la violencia homofóbica en su país, después de ser atacado y torturado en el Parque San Borja de Santiago por un grupo de jóvenes, quienes, tras varias horas de golpiza, le provocaron heridas que terminaron semanas después con su vida. El ataque contra Daniel, perpetrado el 2 de marzo de 2012 por cuatro personas vinculadas presuntamente a una pandilla de tendencias neonazis, causó conmoción en la sociedad chilena y levantó el debate respecto a la homofobia en el país y la falta de una ley antidiscriminación relacionada con este tipo de crímenes.

 

 

La revolución huele a mierda

En Pelequén, un pueblo a pocos kilómetros de Santiago de Chile, los carabineros reprimieron la movilización popular de los ciudadanos. ¿El motivo del reclamo? Una “planta de manejo de residuos orgánicos”, que se instaló en la ciudad y, desde ese entonces, invadió con olor a excremento y moscas el aire que, antes, podía respirarse.

En mapudungún, la lengua mapuche, pelequén significa “lugar de barro”. Y no es que estos resistentes indígenas hayan prefigurado, allá por tiempos lejanos, el destino del pueblo, pero lo cierto es que, con ese mote, de alguna forma lo anticiparon. Hoy, Pelequén, en la comuna de O’Higgins, se ha convertido en el centro de las protestas de Chile debido al funcionamiento, allí, de una “planta de manejo de residuos orgánicos”, “de lodo”, como la llaman sus dueños y la prensa, o “un lugar lleno de mierda”, como prefieren llamarlo, con menos eufemismos, los habitantes de Pelequén.

La cosa es muy simple. Así como las manifestaciones populares pueden comenzar debido a los más variados reclamos, desde una suba de precios hasta un cambio en el sillón presidencial, pasando por la instalación de una minera en un pueblo, en este caso la movilización se inició debido al olor a hediondo y a la presencia constante de moscas en la ciudad. Así lo cuenta, en diálogo con NosDigital, Cynthia Rey, periodista de Radio Cooperativa de Chile y corresponsal en el lugar de los hechos: “No hay que darle muchas vueltas; el olor que sale de la planta es a mierda, las moscas sobrevuelan todo, es casi imposible vivir ahí, un asco”.

Desde hace dos semanas, arrancaron las manifestaciones. Lo que se logró, por ahora, es sólo el cierre temporal de la planta, lo que desilusionó a los habitantes de esta ciudad, que ya no quieren más almorzar y cenar con moscas que, invencibles e imperturbables, irrumpen en su comida. En el medio, hasta lograr lo que se logró, los ciudadanos de Pelequén tuvieron que pagar el precio que el gobierno de Piñera les debita a todos los que se animan a reclamar por algo. “Los carabineros –dice Rey- reprimieron acá, y muy fuerte. Teniendo en cuenta lo que pasó en Santiago con los estudiantes, en Aysén y en Rancagua, en sólo cuestión de meses, ya no se puede pensar que la represión sea una política aislada”.

“En Youtube –prosigue-hay videos en donde se ven los golpes de los carabineros a los manifestantes, de hecho entraron a una casa y dispararon con balines de goma, tiraron gases lacrimógenos, hicieron uso desmedido de su fuerza”. Y a la pregunta sobre si hay gente que está a favor de la planta, la corresponsal asegura: “Hay, pero son pocos. La planta no es tan grande y no da trabajo a tantas personas”.

En la planta, que se llama Colhue aunque su nombre es lo que menos importa, porque se podría llamar “Fragancia de Jazmín” y aun así seguiría desprendiendo un hedor fétido e invasivo, cuenta la periodista que “hay varias piscinas de lodo, que más que lodo es caca. Son piscinas que, supuestamente, sirven para reciclar desechos orgánicos, pero hay procesos que se usan para que el olor no salga de ahí, y eso es lo que no se está haciendo”. Los 3.500 habitantes de Pelequén, los pelequeninos, se habituaron, poco a poco, a convivir al lado de un inodoro gigante, que, encima, está siempre tapado. Cuando quisieron tirar la cadena y volver a respirar como cualquier persona tiene derecho, se encontraron con lo que el Gobierno de Chile tenía reservado para ellos: la represión. Por ahora, a 122 kilómetrosde Santiago, las cañerías siguen obstruidas.

“Instalemos en la agenda continental la necesidad de educación pública y gratuita”

Jóvenes de Colombia y Chile se cansaron de querer ser estudiantes y no poder. A ellos les toca hoy estar en Buenos Aires para seguir sus carreras, y aca se juntan para luchar en contra de que la educación se convierta en una herramienta al servicio de las empresas y el mercado.

Fotos: Vanesa Olea Martinez

Se cansaron de enfrentarse a la resignación y ahora enfrentan cotidianamente a la policía cuando marchan y no los dejan, cuando quieren salir a marchar y antes de concentrarse los detienen. El presidente cafetero Juan Manuel Santos pretende modificar la ley de educación superior y promover el mercado de la educación superior, obligando a las universidades públicas a comportarse como agentes del mercado. En Chile, el pingüinazo del 2006 poco pudo hacer frente a la mercantilización de la educación en todos sus niveles.

Chilenos y colombianos, pero también latinoamericanos en general, se reúnen ahora en asambleas de Buenos Aires y La Platabajo el rótulo de estudiantes exiliados por la educación, sobre la base firme de la convicción de no dejar solos a sus pares y ser capaces de ver lo que está pasando en términos políticos y sociales más allá de los fronteras. Pablo, uno de ellos, comenta: “Si bien principalmente lo que nos motiva son las movilizaciones, allá en Chile con respecto a la educación, la idea es ir ampliando ese espectro de trabajo hacia otros temas, los trabajadores por ejemplo”.

Además se movilizan con agrupaciones de estudiantes porteños. Marchan del Obelisco a Plaza de Mayo, hacen peñas, documentales y cine debate. En la última movilización del año, agrupaciones estudiantiles de izquierda los apoyaron. 29 de Mayo, La Mella, Libres del Sur siguieron a la bandera América latina unida y en lucha por una educación al servicio de los pueblos.

Al principio, cada estudiante chileno en Argentina pensaba que lo suyo era un auto-exilio individual, pero cuando se dieron cuenta de que no eran casos aislados, lo denominaron exiliados por la educación.

 “Queremos instalar en la agenda continental la necesidad de una educación pública y gratuita”, gritan en el Obelisco. “La educación y el conocimiento, que deberían ser un ente liberador, se han convertido en una herramienta al servicio de los intereses de las grandes empresas y el mercado, reproduciendo con esto las desigualdades sociales y económicas, que se agudizan aumentando la brecha entre ricos y pobres”, leen cuando llegan a Plaza de Mayo. “No se trata de compañeros chilenos o argentinos, ni de mayores o menores, sino de construir sociedad, de volver a acercarnos y conocernos. El capitalismo salvaje y el neoliberalismo logró perfectamente alejarnos y que cada uno piense solo en sus intereses”, resume Alejandro, otro chileno exiliado por la educación, días después en la Taberna Popular Vasca del barrio de Monserrat.

 “Mi mamá también vino a Buenos Aires a estudiar 60 años atrás”, piensa una chica mientras camina por Diagonal Norte y dice: “Venimos a Argentina para educarnos. En Chile tenemos que pagar, y no podemos”. “Somos los excluidos de la educación chilena”, salta en un cartel. Otro: “La educación en Chile es un derecho de todos”. “La educación gratuita te permite también trabajar sin preocuparte por tener que pagar la universidad. La educación en Chile no me permite estar con mi gente”, agrega otra chilena mientras para y mira a su alrededor a dos colombianos, uno brasilero, varios argentinos sosteniendo banderas. Repite de cámara en cámara y grabador en grabador: “Si bienla Constitución Argentinamenciona el derecho a la educación a todos los habitantes, nos encontramos con que muchos compañeros no pueden estudiar porque tienen que laburar, porque tienen que poder comer, porque tienen que hacer un montón de otras cosas, la universidad no te garantiza ciertas condiciones mínimas para poder estar acá: el tema de la movilización, la alimentación, la biblioteca, los apuntes”.

Alejandro, en la Taberna Popular Vasca, sigue: “Hay un discurso hegemónico que dice que acá la educación argentina es gratuita, laica y pública. Pero nosotros nos damos cuenta que no está al servicio del pueblo. Yo tengo compañeros de clase media y alta. No hay hijos de villeros. En Chile compañeros míos no quieren el modelo argentino, sino uno que también incluya al pueblo. Aquí no está el problema resuelto. El problema, para él, es el lucro en la educación. Por eso, en las asambleas de La Plata y Capital funcionan talleres de mercantilización. “Yo quiero estudiar aquí para volver a Chile y contarles a mis compañeros que la educación gratuita es posible”, agrega.

Del otro lado de la cordillera no pierden tiempo. Se reúnen a dialogar con el gobierno para presentar sus exigencias, y mientras siguen ocupando los establecimientos: “Con sentarse a hablar con el gobierno no vamos a sacar nada porque no nos quieren dar nada”critica profundo Alejandro. “Lo que queremos nosotros como asamblea es que esta conciencia que tiene el pueblo chileno no la canalicemos en un plebiscito o un diálogo con el gobierno porque esa es la estrategia de la burguesía. Queremos que se siga construyendo poder popular y consciencia. No podemos parar el movimiento con esta democracia tan entre comillas”, sigue. Maximiliano, compañero, suma: “Piñera no es un político, es un empresario. Su elección no nos desagradó. El capitalismo va a caer por sus mismas contradicciones.La Concertación aplacó las diferencias. Durante veinte años durmió a la gente en Chile. Las cosechas de los ‘90, del 2006 y la actual tiene que tener frutos revolucionarios que no sigan la lógica de la democracia burguesa”.

En Plaza de Mayo, Buenos Aires, Argentina concluyen pensando en cada uno de sus países natales, en cada uno de sus vecinos latinoamericanos: la educación no debe buscar solo encontrar una salida laboral, sino ser algo fundamental en la conformación de las bases de una sociedad, la que actualmente está siendo corrompida por el poder empresario neoliberal.

Isla de Pascua, tierra de represión

La paz será esquiva en el Pacifico Sur mientras continúen los sucesos violentos contra las poblaciones originarias. La historia de una isla plegada de misterios y moáis que se ve invadida de la sangre y destrucciones por parte de un Estado chileno rapaz.

Cuando nos nombran la Isla de Pascua nos viene a la mente esa isla situada en el Pacífico, en cuyos terrenos se pueden observar esas raras y enormes cabezas talladas en bloques de piedra. No más que otro de esos paradisíacos pedazos de tierra, no más que un exótico sitio turístico. Sin embargo, en su interior hay una historia de expropiación y desalojo, de represión y resistencias, que desde segunda mitad del 2010 vuelven a revelarse ante nosotros.

En el siglo IV d.C. llegaron desde la Polinesia hacia aquella isla desierta los moradores que habitarán el territorio hasta el día de hoy, los llamados Rapa Nui. Pero en 1888 un país de poco más de medio siglo de antigüedad se la apropiaría, pese a estar a… ¡casi cuatro mil kilómetros de distancia! El tratado firmado por Chile y los locales acordaba que el primero podría adjudicarse la posesión y defensa del lugar, manteniendo y aceptando las formas indígenas de administración política. Pero esto, como casi todas las alianzas entre Estados y sociedades locales, no sería cumplido. En 1895, el gobierno chileno la arrendaría por veinte años a una empresa ovejera para su explotación, que tuvo como resultado no solo la expulsión de muchos habitantes de sus hogares, destrucción de cultivos de subsistencia como también innumerables vejaciones contra espacios considerados sagrados. De modo que, mientras una clase privilegiada se hacía de suntuosos pastos y aguas para la producción, una cultura era a la vez atacada como pauperizada, y parte de su riqueza cultural sino agredida, destruida. Así, la Modernidad llegaba con su progreso para pocos y miseria para muchos a una tierra que se había mantenido impoluta durante más de quince siglos.

Como en 1895, todo el siglo XX se caracterizó por la entrega, concesión y retención de terrenos Rapa Nui. Más ejemplos: en 1933 “el Estado chileno arrendó a empresas francesas la isla, mandaron a un capitán en la Guerra del Pacífico con una delegación y arrasaron con todo, quemaron las plazas, animales y se llevaron a personas” contó el integrante de la Comisión de Desarrollo de la Isla de Pascua, Raúl Teao Hey a diario.uchile.cl. Treinta y tres años más tarde, tierras pertenecientes a una familia local serían tomadas para la construcción del Hotel Hanga Roa sin previa consulta a los damnificados.

Desde agosto hasta la actualidad se vienen observando diversas tomas de terrenos fiscales, administrativos y mismo el hotel ya mencionado, como modo de reivindicación de los derechos sobre sus ancestrales tierras, ahora ocupadas. Pero, como no iba a ser así, Piñera se encargó con sus carabineros de dejar bien claro que no habría margen de discusión: el 3 de diciembre veintitrés heridos y seis detenidos durante un desalojo, al usar balas de goma y perdigones.

Pero los locales no se quedarán estáticos ante la violencia ni ante sus deseos y reclamos de autodeterminación: “siempre la Isla ha sido pacífica y el día que intervengan, la van a perder rápidamente. Si aplican fuerza nos adelantamos el camino de antemano” advirtió Teao Hey.