Terrorismo mediático

El diario bahiense La Nueva Provincia en juicio por crímenes de lesa humanidad. Los jefes de redacción de Gente y Somos dando entrevistas reveladoras sobre el rol del periodismo en la dictadura. ¿Siguen mintiendo?

Desde hace años sabemos que la dictadura no fue sólo militar. Que fue cívico-militar, por la participación indispensable de civiles. Que fue cívico-religiosa, incorporando el rol de la iglesia. ¿Y qué si decimos que, además, fue una dictadura mediática? Los medios contribuyeron a generar el clima propicio antes y durante, difundiendo mentiras, tergiversando y haciendo propaganda. El terrorismo mediático fue una de las herramientas cruciales para que las fuerzas desenrollaran sus operativos con impunidad. Y todavía hoy pueden verse las sombras de aquél monstruo.

El resultado, tras 30 años de democracia, son manotazos de justicia que ponen la lupa sobre los responsables de las decisiones editoriales de los medios, en forma de entrevistas o directamente como testigos en causas judiciales. Son los casos de la revista Gente y Somos, a cuyos responsables logró arrancar testimonio el cineasta Patricio Escobar, y el del diario La Nueva Provincia de Bahía Blanca – acaso el más colaboracionista del país-, cuyo director Vicente Massot declaró el martes 18 de marzo.

¿Qué dicen estos empresarios, editores y periodistas? ¿Se defienden? ¿Qué verdad cuentan? ¿Siguen mintiendo?

Desinformación y “propaganda negra”

Revista Somos Mundial 78 - TapaSegún una oleada de juicios a represores en distintos puntos del país, Bahía Blanca tuvo justicia en 2012, cuando el Tribunal Oral Federal Subrogante condenó a 17 militares. En aquella sentencia, la justicia ordenó que se investigue el rol de los directivos de La Nueva Provincia en el terrorismo de Estado. “Fue una vinculación directa”, dice Miguel Palazzani, uno de los fiscales sobre los que recayó la investigación. “Nosotros profundizamos una investigación que empezó el doctor Hugo Cañón y siguió Abel Córdoba; compusimos la imputación, aportamos pruebas y ahora estamos en la etapa procesal, que es inicial, pero que era impensada años anteriores”.

Lo que parece inédito para un trámite judicial – la vinculación directa de una condena a represores con un medio local-, en el sur de la provincia era evidente: La Nueva Provincia jamás ocultó ni disfrazó su postura a favor de la dictadura, sino todo lo contrario. Lo que el Tribunal definió como “desinformación” y “propaganda negra”, en la práctica se verificaba en noticias que hacían aparecer como “enfrentamientos” los operativos militares, o a través de editoriales sin pelos. Dice el fiscal Palazzani: “Se estudia su complicidad a nivel de participar en las operaciones psicológicas que se hacían desde las Fuerzas Armadas. Esto lo perpetraban, todos los días, a partir de sus editoriales. Además del ocultamiento deliberado, como hemos demostrado en muchísimos casos, en casos con conocimiento pleno de que eran asesinatos los que estaban mostrando, los presentaban como enfrentamientos”.

Para dar una idea, el tenor de La Nueva Provincia era el siguiente:

“¡Ciudadano! Asuma sus obligaciones de soldado reservista; ¡ciudadana! Defienda desde su hogar la Paz que usted y su familia merece, colaborando con las fuerzas que combaten a la delincuencia apátrida y venal”.

Dar tan solo uno de los ejemplos, es descartar otros cientos. Precisamente, más de 500 editoriales que los fiscales José Nebbia y Miguel Palazzini estudiaron y presentaron como pruebas ante la justicia, entre otras.

Llegada la democracia se descubrió también que el diario tenía al fotógrafo Gustavo Lobos y periodistas como Jorge Soldini que integraban la nómina del Personal Civil de Inteligencia.

La familia Massot

SOMOS 2 DE DIC 1976 editadaLa responsable de la publicación era por entonces Diana Julio de Massot, acompañada en el directorio por sus hijos Federico y Vicente, y dentro del núcleo decisional se señala también al jefe de redacción Mario Gabrielli. Salvo Vicente Massot, el resto ha fallecido antes de rendir cuentas a la justicia.

Los fiscales José Nebbia y Miguel Palazzani consideran que además de instigar y de concretar materialmente las maniobras del diario, Vicente Massot hizo “aportes esenciales” en secuestros, torturas y homicidios de 35 personas, y lo imputaron como “coautor” de la muerte de dos obreros gráficos del diario: Enrique Heinrich y Miguel Ángel Loyola.

Sobre el primer plano de la imputación, Palazzani explica: “Hemos probado que su conocimiento era absoluto, la cercanía con el quinto cuerpo y con la base era permanente, diaria y cotidiana. Un genocidio o un plan de exterminio de esta característica no se hace por generación espontánea: inevitablemente en Bahía Blanca La Nueva Provincia fue parte del entramado criminal”.

La otra imputación se centra en los secuestros y asesinatos de Heinrinch y Loyola que eran, junto a Jorge Molina, delegados del diario, pero no tenían ninguna militancia partidaria además: su persecución probada, y su muerte cantada, son el sello de un plan que no pudo venir – solamente- del terrorismo de estado. Palazzani: “Uno era Secretario General del Gremio Gráfico de Bahía Blanca y el otro era tesorero. Ambos estaban trabajando en la Nueva Provincia y era su única militancia gremial. En ese caso, no se sale Massot de la misma conducta que muchos otros empresarios tuvieron durante la dictadura: la clase obrera fue la que más víctimas aportó al universo de víctimas totales. El disciplinamiento para adentro que significaron esos dos asesinatos y el beneficio que obtuvieron porque luego de eso no hubo más actividad gremial en La Nueva Provincia”.

Un reclamo de sueldos dejó a Loyola y Heinrich en evidencia en 1975, un año antes del golpe. Y un informe producto de un trabajo de inteligencia de Prefectura Nacional terminó de presentarlos como los principales nombres de una infiltración “marxista, peronista y tercermundista”.

El 30 de junio de 1976 fueron secuestrados en sus respectivas casas. Sus cuerpos fueron hallados meses después. Entre los dos tenían más de 50 balazos.

1976 - Gente enero¿Cómo se defienden los directivos? Vicente Massot declaró el martes 18 de marzo en carácter de testigo, y no como imputado, gracias al rechazo del juez subrogante Santiago Martínez del pedido de indagatoria solicitado por la querella. El fiscal Palazzani cuenta su estrategia: “Las explicaciones que ha dado son las previsibles y las que hemos escuchado en los foros públicos. O utiliza la coartada de que eran su madre y su hermano los que estaban en el diario; o dice que él no estaba en Bahía Blanca. Ninguna se corresponde con las pruebas que hemos aportado en la causa penal”.

La posibilidad de que Massot maneje a discreción su verdad, y que en Bahía nadie se alborote por eso, se entiende gracias a la propia influencia del diario: “La Nueva Provincia se apropió del sentido común, de la matriz sugestiva durante décadas. Entonces es muy difícil romper con eso, porque además la dictadura se ocupó muy bien de instalar un discurso. Venimos con toda esa carga y tenemos que romper con todo eso; de a poco y con los que han luchado siempre la gente va conociendo más y colabora para que la lupa se ponga en estas conductas. Estamos en los pasos iniciales, nos falta mucho”.

Operativos mediático-militares

Otra de las evidencias que aporta este tiempo fue encontrada por el documentalista Patricio Escobar, director entre otros de “La crisis causó 2 nuevas muertes”, que entrevistó a los responsables de dos de la revistas más colaboracionistas durante el proceso, Somos y Gente, para su nuevo trabajo Sonata en si menor.

El documental narra la historia de 15 personas – mujeres, hombres y niños- secuestrados por encargo del estado argentino en Uruguay en el llamado Plan Cóndor, y hace foco en los medios argentinos a partir de dos testimonios reveladores: el del secretario de redacción de Gente, Alfredo “el pingüino” Serra, y uno de los responsables de Somos, Eduardo Paredes.

Por esos años, Gente y Somos eran, junto a Para Ti, las publicaciones predilectas de Editorial Atlántida, y de las más leídas. Además de tapas famosas que la historia ha dejado en offside, estas revistas realizaban operativos mediáticos conjunto a las fuerzas militares. El más pornográfico es el caso de la nota a Thelma Jara de Cabezas en Para Ti, militante montonera a quien sacaron de la ESMA, vistieron y peinaron para hacerle dar una entrevista que luego llevaría el título manipulado de “Habla la madre de un subversivo muerto”. La nota serviría para mostrar falsamente que Thelma no estaba secuestrada como se denunciaba, y para demonizar a Montoneros y a los familiares de víctimas.

SOMOS 1 DE OCTUBRE 1976 editadaEl documental cuenta otro de los operativos mediáticos: el de Alejandrina Barri, presentada entonces como una niña a la que los “terroristas” habían abandonado. Entre los títulos que llevó la nota, replicada en las tres publicaciones de Editorial Atlántida, estuvieron “Alejandrina está sola” y “Los hijos del terror”. El contenido puede suponerse.

“Todos los diarios hicieron lo mismo”, declara en el documental el jefe de redacción de Gente, Alfredo Serra, sin tapujos, ampliando la responsabilidad de Atlántida a medios como La Nación, Perfil o Clarín.

Serra, en el documental, asume abiertamente la teoría de los dos demonios, y acompaña la idea de que los “subversivos” no eran inocentes con el gesto de su mano apoyada al antebrazo: minga. Actualmente es – sigue siendo- el “redactor jefe general” de la revista Gente.

El culo sucio

El documental aborda el plan internacional que unió a Argentina y Uruguay en un operativo de secuestro de personas – incluyendo al pianista Miguel Ángel Estrella y Jaime Dri, el protagonista de Recuerdos de la muerte de Miguel Bonasso-, y desnuda de paso a los medios garantes. “No juzgues al periodismo por quizás un error”, pide el pingüino Serra al documentalista Patricio Escobar sobre el caso de Alejandrina Barri. “Todos tienen el culo sucio”, termina diciendo, obvia y cobardemente haciendo la salvedad de su caso.

Eduardo Paredes, secretario de redacción de Somos, mantiene una postura más frágil, casi victimizante, según la cual los periodistas – el periodismo- no podían hacer otra cosa que apoyar al proceso. Habla de “plumas favorables” motivadas por cierta oposición a la izquierda, y de la voluntad periodística de no “irritar” al poder. El miedo y el alcahuetismo también forman parte de su retórica; su sinceridad lleva a límites peligrosos la impunidad periodística. “Cuando hay dictadura no es que te mandan a escribir ´esto´. Todo el mundo escribe lo mismo, aunque no lo escriba”, dice  Paredes, en una frase para detenerse.

Estas historias sostienen una pregunta inquietante: ¿Cuál es el rol del periodismo?

Y también nos preguntan sobre las distintas justicias.

¿Qué importancia tiene avanzar en el juzgamiento de periodistas, editores y responsables de los medios que fueron parte? “Es fundamental, primero, para visibilizar y mostrar pruebas del rol de la prensa en estos procesos”, responde el fiscal Palazzani. “Si queremos que el Nunca Más se efectivo, inevitablemente tenemos que avanzar en estos lugares que todavía no están debidamente visibilizados. Para ver todas las dimensiones del fenómeno criminal y también para que veamos que eso se puede repetir: las reacciones psicológicas siguen estando. Por otro lado, para entender la importancia que la dictadura cívico-militar le daba a la acción psicológica y que necesitaba, como hemos probado en la causa, la colaboración y la participación de medios de difusión”.

La batalla del periodista contra el escritor

Cuando a Sergio Olguín le preguntan de qué trabaja, pone que es periodista. Ya tiene cuatro novelas y muchos adictos, pero no termina de alejarse de las redacciones. Su último y su próximo trabajo hablan de la vida del hombre dedicado a la prensa. ¿Se puede ser las dos cosas? “Si a mí me dicen que mi escritura literaria es periodística lo veo como un halago”, analiza.

Yo soy muy vago, se define Sergio Olguín, sentado en una mesa de un café de Balvanera. Parece un adjetivo injusto para un hombre que a los 46 años editó cuatro libros de cuentos, publicó tres narraciones juveniles –El equipo de los sueños, Springfield y Cómo cocinar un plato volador-, cuatro novelas –Filo, Lanús, Oscura monótona sangre y La fragilidad de los cuerpos- y que acaba de ponerle el punto final a lo que será su quinta novela, una continuación de la última, otra vez con Verónica Rozenthal, una periodista treintañera, como protagonista. “Me divertí muchísimo haciendo que Verónica se pareciera a mí en cuanto a su concepción del periodismo. Me pareció –explica Olguín, mientras disfruta del último cortado porteño antes de viajar a Frankfurt, Alemania, para participar de la Feria del Libro- que estaba bueno que cargara en ella muchas cosas de las que yo pienso de cómo ejercer el oficio. Eso fue configurando la personalidad de ella en cuanto a lo profesional. Y con su editora, Patricia Beltrán, me identifico más, porque es una periodista de mi edad, cansada del trabajo, descreída de lo que es el periodismo”.

– ¿Y quedan Verónicas en el periodismo?

Fotos: NosDigital.
Fotos: NosDigital.

-Cuando uno entra en el periodismo lo hace pensando que no es un simple oficio. Sino que tenés la posibilidad de decir cosas: qué está mal, remarcar lo que está bien. Hay una cuestión bastante romántica cuando uno empieza a trabajar o a estudiar para ser periodista. Después te das cuenta de que no es tan así, que no siempre podés decir lo que querés. Incluso en los medios más libres, tenés algún tipo de limitación. Y eso también hace al trabajo de periodista. Que no es como el de un oficinista, pero sí tiene mucho de rutinario. No está en el origen cuando uno se plantea hacer periodismo, pero ocurre. Sí hay muchas Verónicas en el comienzo del trabajo, cuando uno empieza a ser periodista cree en esos valores de investigar, encontrar la verdad, la justicia. Con los años se vuelve más cínico y mira todo con más desconfianza.

“Una buena razón para dedicarse al periodismo gráfico es que no hay que madrugar”, escribe Olguín en la primera línea de La fragilidad de los cuerpos. Después de casi treinta años de ejercer el violento oficio de escribir, se animó a hacer girar su novela alrededor de ese oficio que ahora pretende abandonar para dedicarse con exclusividad a la ficción. Aunque le cueste: “Pero es el día de hoy que cuando tengo que llenar una ficha con mi profesión, pongo periodista. Me parece más comprobable. Periodista es alguien que hace periodismo. Si ponés escritor, tenés que poner bueno o malo, algún detalle más. Aunque también hay periodistas malos”. A Olguín, de todos modos, lo que parece haberlo aburrido del periodismo es la rutina. No la realidad, que tiene lugar en cada una de sus novelas (http://www.nosdigital.com.ar/2011/09/prefiero-escribir-sobre-los-problemas-del-gran-buenos-aires-que-sobre-suiza/). “A veces es más fácil tomar una historia de la realidad y a partir de ahí inventar un montón de consecuencias que inventarse toda una historia directamente. Ya que la realidad –define- tiene como una de sus pocas virtudes regalarme historias todo el tiempo prefiero recurrir a esas historias para inventar el resto. Es algo que me funciona, lo que no significa que dependa de la realidad para escribir mis ficciones. Mis ficciones dependen de un universo encerrado en sí mismo que es el texto”. Esa novela que acaba de terminar, que será publicada el año que viene como la continuación de La fragilidad de los cuerpos, también se enmarca en esa misma realidad. “Es Verónica de nuevo, pero no tiene que ver con los trenes. Hay muchos personajes que se repiten, pero ella está de vacaciones en Tucumán. Es una investigación periodística sobre un caso parecido al de las turistas francesas asesinadas en Salta”, adelanta.

-Tus libros casi siempre tienen una impronta policial. ¿Te camina distinto la cabeza cuando te sentás a escribir una nota periodística que una novela?

-Son dos cosas distintas, con fuerte influencia. Cuando escribís periodismo, usas tus estrategias literarias. Y al revés, también. Yo trabajo, por ejemplo, con un mundo imaginario de entregas. Todos los días me impongo entregar determinada cantidad de caracteres a mí mismo. Trato de cumplir con una cuota diaria, cuento los caracteres. Eso es de periodista. Después si a mí me dicen que mi escritura literaria es periodística lo veo como un halago, no como una crítica. Aunque me lo digan como una crítica. Me parece que el periodismo tiene elementos que en una narrativa pueden estar buenos: cierta claridad expositiva en las ideas, contar una historia de la manera más compacta y clara. Eso que enseña el periodismo con los años trato de meterlo en mis novelas.

Por ejemplo, en esta última novela que sucede en una redacción, un lugar que conocés bien, ¿los personajes son gente que conociste a lo largo de tu oficio y los llevaste a la ficción?

– Hay algo que la gente no tiene por qué saber que es que, cuando la novela ya estaba terminada, le agregué el primer capítulo. Y el prólogo. En el primero, está más metido el oficio. Ese sí está pensando desde la redacción de El Guardián, la revista donde yo trabajaba. Las reuniones de sumario son como las describo ahí: esa cosa aburrida donde a nadie le interesa nada y todos hacemos que parece interesante lo que decimos, pero después se decide entre el director y el editor qué es lo que va y que no va. Obviamente que voy sacando un poco de cada persona que conocí en este oficio. Hay un Rodolfo Corso que es una mezcla de muchos periodistas y en los nombres una mezcla de dos periodistas amigos que son Rodolfo Palacios y Pablo Corzo.

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-¿No creés que el periodismo, más que nada el Policial, cada vez se vuelve más parecido a la ficción?

-Lo que ocurre con el periodismo policial muchas veces es que prefieren trabajar a partir de una sospecha más que de una certeza. Entones, alimentan una sospecha de un comentario menor de un vecino. Lo agrandan, lo afirman, en vez de agarrar eso como una punta para una investigación. Hay como una intencionalidad de mantener vivo el cuento, la historia, la ficción alrededor de eso. Después se desmiente y no molesta tanto que pase eso. Sobre todo en el periodismo televisivo. Para no ir a la saga, suelen inventar historias.

“Mi escuela siempre ha sido leer”, responde cuando se le pregunta por su formación, ya sea como escritor o como periodista. Olguín, desde su época de estudiante de Letras, cuando fundó la revista V de Vian, es crítico de la visión elitista de la academia. “No escribo para un sector iluminado de la Facultad de Filosofía y Letras –explica el escritor que llena de guiños sexuales, futboleros y barriales sus páginas- que cree que cuanto más oscuro la literatura gana en profundidad. A mí me parece que la literatura gana en profundidad a partir del lenguaje, los personajes, el argumento, la trama”. Por eso se revela como un vago: porque no se ocupa de crear un universo ficcional nuevo en sus textos sino que escribe sobre su propia naturaleza. “Una ficción lo que tiene ser es verosímil, como lo decía hace ya mucho tiempo Aristóteles. Entonces yo trabajo con esos elementos que me da la realidad porque es lo que mejor conozco. Uno cuando escribe ficción tiene que saber traicionar su historia. Esos datos autobiográficos están si me dan una sensación de ficción, sino no tiene sentido. Me es más fácil inventar una infancia en la Lanús de los 70 en la que crecí que una en Mendoza en los años 40. Por ahí en otro momento lo haga”, dice y anuncia que algún día escribirá sobre la Edad Media, en la que se suele meter a través del Age of Empire. “Soy un jugador que no aprende nunca. Ese universo también me copa, tiene un componente novelístico muy grande. Son cosas que influyen a la hora de escribir. Hablamos de la realidad pero también influyen los videos juegos, la música, los libros que lees”, agrega. Por ahora, al menos, se enmarca en lo cotidiano, como puede ser cualquiera de las charlas futboleras que se dan en este bar un día después del River-Boca. “Lo vi por tele, en casa, solo”, cuenta Olguín, fanático de Boca, tal cual se transparenta a través de algunas señas en sus libros.

En 2010, Olguín publicó Oscura monótona sangre, una novela en la que un empresario se obsesiona con Daiana, una prostituta de 15 años que ofrece sus servicios alrededor de la Villa 21 y se mete en una confusión que termina con algunos asesinatos a los que los medios de comunicación nunca hubieran etiquetado como casos de inseguridad. Al año, en la prensa se podía leer sobre el Caso Candela, el asesinato de una nena de 11 años vinculado con una red de prostitución y narcotráfico. En 2012, publicó La fragilidad de los cuerpos, una historia que tiene como protagonista al Ferrocarril Sarmiento, con un juego macabro que enloquece a maquinistas y provoca muertes y suicidios. Ese año fue la Tragedia de Once. Y al año siguiente, el choque de trenes en Castelar. ¿Casualidad o presentimiento? “El caso Candela es bastante distinto al de Daiana en Oscura. El caso Candela tenía vinculaciones con el narcotráfico, mejicaneadas y Daiana es mayor que Candela. Sí lo del Sarmiento. Yo terminé la novela antes que pasaran los dos accidentes. De hecho la novela está basada en un cuento, que ya aparecía el juego de los chicos, y eso fue mucho más anterior aun. Son fruto de la casualidad. Lo que pasa es que yo trabajo mucho con la realidad como punto de referencia, sin atarme, sino que tomo lo que me sirve para la ficción. Pero no me ato porque sino sería una crónica. No es disonante lo que yo escribo con lo que ocurre posteriormente. Más que elegir un tema vas eligiendo otras cosas. Yo parto de una escena. Por ejemplo, en Oscura, tenía la escena del protagonista escapándose de un lugar porque lo perseguían por algo que había hecho. No sabía que iba a ser en una villa, ni que después del encuentro con una prostituta. Después, a partir de un artículo que leí sobre una nota que denunciaba que había prostitución adolescente en la Villa 21, enganché por ahí la novela. Pero no lo tengo tan claro, en general”.

– Antes decías que no escribís para un sector iluminado de la Facultad de Filosofía y Letras. Y cuándo escribís, ¿pensás para quién escribís?

-A mí me gusta pensar que tengo un lector. Si pienso que no lo va leer nadie, no escribiría. A medida que avanzo con la escritura, esos lectores se van concretando. Tengo gente amiga a quien consulto y pienso en un lector ideal que va a leer eso y lo va a disfrutar. Escribo para ese lector. Es raro. A mi lo que me pasa desde mi primera novela es saber que lo que escribo, se publica. Hasta ahora, toco madera, me ha ocurrido eso. Y eso es una ventaja, al menos para la gente como yo, que piensa que eso que uno escribe no tiene que quedar encerrado en la computadora. Sino que cierra el círculo cuando entra en contacto con el lector.

-¿Y cómo imaginás ese lector ideal?

-Es muy difícil definir. Creo que tiene un gusto parecido al que tengo yo por la literatura. En ese sentido, el lector ideal se parece a uno mismo. Uno escribe pensando en gente con la que tiene muchos puntos en común.

-Con el Twitter, ahora, estás en contacto con tus lectores. ¿Cómo es eso?

-Facilita muchísimo el contacto directo con los lectores. Esto está buenísimo. Después te inhibe un poquito porque te dicen que buena novela, que bueno que hable de los trenes. Y vos pensás, la pucha, la que viene no tiene trenes, ¿qué hago? Le pongo un tren en el medio, para que se ponga contento ese lector. Me gusta estar en contacto con los lectores y estar atados a ellos. Me parece que el escritor tiene que desafiarse. Eso de que el escritor tiene que trabajar libre de cualquier tipo de limitación no tiene por qué ser así. Hay obras maestras que se han escrito bajo presión de un emperador, como la Eneída. Creo que las presiones de todo tipo sirven para generar una novela. Ahora tuiteo menos porque desde junio empecé con la novela en serio. Ayer mandé tres tuits, pero por el Boca-River. Aprendí a no tomarte todo en serio. Antes pensaba que todo era verdad y me peleaba mucho. Es la única red social de la que participo.

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“Las actitudes de algunos periodistas son muy peligrosas”

Diego Latorre analiza las miserias de la comunicación a la misma altura que las del fútbol. Dice que el periodismo se aprovecha del ganar como sea. Le apunta a los máximos dirigentes de la pelota. Y dice que ganar es ser un ejemplo para los jóvenes.

Diego Latorre quiere encontrar el libro de crónicas deportivas del mítico periodista norteamericano Gay Talese. El living de su casa tiene, en cada lugar en donde se puede apoyar algo, un libro que espera ansioso el contacto con sus ojos. En una mesa de luz, un aparato de alta tecnología le guarda algunos relatos que tiene seleccionados. En otra, hay algunos textos del escritor mexicano Juan Villoro y una biografía de Pep Guardiola que le acaban de regalar por su cumpleaños. Está en un sillón tan amable que justificaría quedarse el día entero clavado entre los almohadones. Pero en esa marea de libros es difícil estar tranquilo. Es algo que ni él logra. Después de una hora y media de charla, dice: “Pará boludo, te voy a leer sólo una parte, que te va a obligar a buscar esto”. Gira su cintura hacia el lado izquierdo y saca de la biblioteca la novela El Manantial, de Any Rand, que le recomendó el entrenador del Manchester City al periodista Fernando Pacini y este a él. Extrapola muchos personajes a la realidad y se molesta. Como lector, como ex jugador, como comentarista y como comunicador, algunas cosas no le cierran y todavía se siente parte de la cancha como para discutirlas.

– ¿Qué es ganar y qué es perder en el periodismo?

– Ganar significa una línea. Un modelo a seguir. Un ejemplo. Eso: un legado. Algo que deje huella en la gente inteligentemente, en la que quiere utilizar el pensamiento. Ser congruente. Dejar un legado. Una forma de comportarse. Ser consecuente con lo que uno dice. Poder resistir un archivo. No significa que puedas opinar de diferentes maneras. Hablamos de cosas profundas. Ser un ejemplo para los jóvenes. Todo ese tipo de cosas. Aún así, ganar es siempre circunstancial. Yo soy de los que creen que la derrota y la victoria nos va a tocar a todos y nadie le puede escapar.

100_1689– ¿Cuál es el mensaje que se da sobre ganar y perder generalmente?

– El mensaje básicamente es siempre el mismo: no importan los medios. Es una trampa, quizás, producto del fútbol mismo.  En un partido, suceden cosas inesperadas, propias de un juego en el que interactúan muchos actores, jugadores, público, factores que no responden a ninguna lógica, ni siquiera a un entrenador. Todas esas cosas que intervienen en un partido, torneo, pueden hacer que se dé un resultado que no es acorde a lo armado. Un resultado puede depender de la suerte o la falta de suerte más que de una cuestión estructural ligada a una idea de juego. En el fútbol argentino, sucede mucho eso. Hay equipos que rompen con ese molde: Huracán del 09, el Newell’s de Martino, o Vélez. Pero en muchos de los partidos, los resultados se dan casi sin consistencia. Sin nada ligado al conocimiento o a factores deportivos. Por eso, la línea que se baja es esa: el éxito puntual se hace como culto. Él fútbol argentino tiene eso. Podés prescindir de los medios y te encontrás con el éxito o el fracaso de forma inespertada. Reina la casualidad y ahí se hace la construcción del relato: de lo puntual, de lo azaroso, que se hace permanente y se festeja como permanente.

– ¿Cómo se construye ese relato en algunos medios de comunicación?

– Con el mismo oportunismo con el que se dan las cosas. El medio de comunicación percibe que hay un público ávido de tener éxito o de triunfar en el día a día en las pequeñas cositas. Eso sí, si bien hay una búsqueda desesperada por esos triunfos, también hay una celebración mínima. Se dan tan rápido esas cosas que no se llegan ni a disfrutar. El plazo en el que uno goza de algo es muy corto.

– ¿Pero es redituables para el medio?

– Sí, claramente. Porque lo instantáneo se consume rápido. Fijate que los temas se tropiezan. Lo que hoy es novedoso mañana ya es viejísimo. La gente ya tiene esa cultura incorporada: a ver qué dice, a ver qué pasa. Ni siquiera sabe si es verdad lo que está consumiendo, pero, bueno, lo consumo. Aunque en el fondo hay un público que reflexiona un poco más, que aspira a otra cosa, pero que todavía está de costado.

– ¿Los medios construyen esta situación deportiva o se aprovechan de la situación deportiva?

– Se aprovechan y, obviamente, se inclinan hacia ese lado. Se hacen eco de lo que pasa y, concientemente, buscan ese tipo de funcionamiento de las cosas. Buscan ese tipo de constumbre para hacer de eso el negocio. Es un marco de mucha urgencia, de mucha desesperación y de mucha histeria, y yo creo que los medio se hacen mucho eco de eso. Un campeonato de 38 fechas, con una semana larga, con técnicos más respetuosos, con protagonistas más formados, con dirigentes más responsables y demás, obligaría a otro tipo de periodismo. Y yo no sé si muchos periodistas estarían aptos para eso. Lo grave, en realidad, es que esto, que debería ser una situación de emergencia, ha preparado gente para moverse naturalmente dentro de esto. Eso se vuelve muy duro.  Para cambiar la tendencia en que nos movemos, tiene que haber un cambio de raíz, y uno que tiene que cambiarlo es un periodista mucho más preparado y mucho más protagonista para otro escenario.

– ¿Cómo ves que se da la preparación de ese periodista que llega ahí?

– Lo que pasa es que habría que discernir: una cosa es la preparación de una escuela de periodismo y otra cosa es la selva o la noticia o la primicia o los conductores de programa que responden a una lógica de operación. El chico puede salir con todas las intenciones del mundo, pero está un poco en una cárcel. Con un mundo con el que tiene que convivir en la primicia, en la noticia fácil o en la pregunta punzante a un protagonista. Todo eso forma parte de una mecánica de trabajo que demuestran las reglas que hoy están en juego. Es difícil. Porque hay un pibe al que lo someten a representar cierta audacia, que, en realidad, todos sabemos que es preguntarle a un jugador -que, quizás, no tiene un nivel cultural suficiente o que está en un momento de irascibilidad por el dolor que genera una derrota- algo que en la velocidad no va a poder pensar demasiado-. Son maneras perversas para todos, pero no podemos salir de ahí.

– Es un término interesante el de la “selva”, ¿qué actores inciden en esa selva?

– Todos inciden. Desde nuestra curiosidad (morbo, diría yo) hasta el presidente de la AFA, que es el que ha llevado a nuestro fútbol argentino a la decadencia. Nuestros formadores, nosotros, creo que estamos todos enganchados.  El problema es que todos nos sentimos un poco impotentes de no poder cambiar las cosas. Obviamente, los dirigentes del fútbol argentino son los máximos responsables. Por hacer del fútbol argentino un lugar sin paz. Algo que le conviene a la industria: vender a los jugadores a los cinco partidos. Los jugadores se van sin saber dónde. Los empresarios ganan plata. Todo se va encadenando.

– En todos los procesos que mencionás, la velocidad en las cosas se muestra como un gran enemigo.

– Sí y lo grave es que el futbolista, a raíz de todo esto, está cada día menos comprometido con esta profesión. Todo esto que está pasando tiene repercusiones: cada vez hay un juego más individualista y más personaje. Eso hace que la pasión  disminuya. Nos tenemos que hacer cargo de haber generado a ese jugador, al que lo rodean tipos que los quieren vender a los cinco partidos. El fútbol argentino tiene que reconocerse responsable de haber formado a un jugador que a la quinta fecha se quiere ir. El hincha dice: “No existe ya el amor por la camiseta”. Pero no existe el amor por la camiseta porque ya no existe el amor por el juego y qué vas a hacer con eso. Yo, a veces, me río, y es una risa trágica, que al público no le importa si el defensor sale jugando o no. El otro día leí una frase de Jorge Valdano que decía que el hincha se ve mucho más humillado cuando su jugador no pone toda la entrega física que cuando no responde futbolísticamente.

– ¿El periodista es responsable de eso?

– El periodista es víctima y parte de.

– ¿El jugador?

– Todos somos partes y víctimas a la vez. Está esa ambiguedad. Víctima porque solos no podemos hacer revoluciones, se hacen de a muchos. Y parte porque, sin quererlo, no tenemos la iniciativa y tenemos una conducta muy semejante al resto. Creo que hay rebeldes sueltos, creo que hay gente que protesta por su cuenta, creo que hay gente que pide un fútbol mejor, pero que está atrapada. Pero no se sostiene mucho. Sólo un demente puede estar feliz y ser parte de este fútbol: vas a la cancha y los partidos te los ponen a cualquier cosa o sólo los socios pueden ingresar a un estadio o los accesos son un desastre.

– Para ser comentarista de un partido, ¿es importante saber del juego?

– Sí, claro.

– ¿Qué es saber de fútbol?

– Saber de jugadores. Hay que tener cierta percepción de qué es el juego. Es algo que no lo da ni la Academia ni la experiencia. Digo, no sólo. Porque el futbolsita no siempre juega desde la conciencia de lo que está ejecutando. Lo hace instintivamente. Hay centros, por ejemplo en Alemania y en España, donde les están enseñando a los chicos a pensar y a razonar, a entender movimientos no para automizar, sino para comprender cómo funcionan las cosas. Si yo juego de cinco y me la dan de espaldas, tengo que rebotar, porque si giro y la piso, probablemente, la pierda. O perfilarme para recibir. Cómo avanzar lateralmente para no perder la pelota. Cuestiones que tienen que ver con la técnica y con el entendimiento, a la vez. Yo creo que hay una zona gris que no te la dan ni los libros ni jugar. No creo, en realidad, que haya libros que sirvan para saber del juego. El libro te va a ayudar a desarrollar un conocimiento que ya tenés. Aún así, cuantas más herramientas tenga el periodista para juzgar, mejor. Lógicamente, siempre va a haber una parte que va a quedar vacía. Para juzgar a un equipo tengo que entender qué pretende un entrenador y no siempre él te lo va a decir. Hay una parte chiquita que le corresponde al tipo que está jugando y al técnico que está ejerciendo su rol.

– ¿Saber de fútbol es un antídoto contra todas las problemáticas que mencionás?

– Entender y saber de fútbol te ayuda a argumentar. Hoy se tiran frases o juicios de valor que no están apoyandos en argumentaciones. Suecede otra cosa que me parece muy maliciosa que es la manipulación. Cuando determinado periodista considera que un equipo juega de una determinada forma y ese equipo no consigue el resultado lo critica despiadadamente, y no importa si ese equipo cuenta con un capital de jugadores o con un presupuesto o con una jerarquía en sus ideas para desarrollar un estilo de juego. Las actitudes de algunos periodistas son muy peligrosas y atentan contra el oficio.

– Hablás de argumentaciones y de fundamentos. Para llegar a cualquiera de esos puntos, evidentemente, una persona debe ponerse en cuestión las cosas. Cuando eras jugador, ¿te las cuestionabas?

– Poco. Cuando era jugador me ponía en cuestión pocas cosas. Por eso, logro entender a los futbolistas. No digo su despreocupación por el juego porque yo siempre me preocupé. Cuando jugás al fútbol lo que tenés es instalado un chip de la competitividad: jugar, ganar, tratar de hacerlo lo mejor posible, responder a las necesidades del equipo y a las consignas del entrenador. Pero no me cuestionaba otras cosas. Cada vez fui teniendo más interés por descubrir lo que me iba pasando en el fútbol, por lo que iba haciendo, por cada entrenador que fui teniendo. Quizás, era una cuestión inconciente porque estaba más cerca el retiro. Cuando era pibe no me las cuestionaba y tal vez esté bien que así fuera. Digamos, el futbolista tiene que sobrevivir por sus propios medios. Pertenecés a una institución, tenés a un entrenador, pero nadie te enseña nada. No te explican cómo vivir del éxito. No te enseñan a estar alerta cuando viene un representante. Hay cuestiones del fútbol que vas experimentando de la marcha y vuelve a todo más difícil.

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– ¿Qué fue lo que te sedujo de la comunicación?

– Yo no hablo para convencer a otro. Tal vez, es una descarga personal. Expreso mis ideas, lo que siento por el fútbol, y me acerqué a la comunicación, tal vez al principio, como una forma de canalizar la impotencia de no jugar al fútbol.

– Pero, más allá de eso, le dedicaste mucho tiempo a mejorar como comunicador.

– Yo soy muy perfeccionista. Cuando fallo, me cuestiono mucho.  Y lo que es más curioso es que no es que lo hago porque me guste lo que hago: directamente, yo no me permito fallar. Mis viejos me pusieron esa autoexigencia muy alta, nunca estaban demasiado conformes con lo que yo hacía, y se me fue pegando esa idiosincrasia. Es más lo que a mí me duele no estar a la altura, que lo que los demás o la actividad misma me exijan.

– Volverte un tipo que hace goles debe ser bastante difícil, ¿cómo te formaste como periodista?

Yo creo que la primera virtud que tuve, apenas terminé de jugar al fútbol, es saber escuchar. No se puede ser un buen comunicador sin saber escuchar. Pero me cuesta aprender a moverme. Yo tenía, dentro mío, algunas ideas, por supuesto sin orden. Eso después tenía que resolverlo en el medio del partido. Quizás, eso me costó un poco. No sabía cómo darle prioridad a lo que creía que darle. El trabajo del comentarista es de síntesis. Yo estaba muy conciente de lo que quería. El sentido común me dio capacidad para centrarme en algunas cosas que eran innegociables: síntesis, conceptualización y respaldo con fundamento. Si en cien palabras, podía hacer 25, las hacía. No quería decir obviedades. Frente a eso, prefería quedarme callado. Yo tenía que aprovechar mi tiempo, que era corto, porque la pelota la tiene el relator, y sabía que en ese tiempo tenía que devolverle la pelota redonda.

– ¿Cuál es esa altura?

– Mi propia satisfacción. A veces, no la encuentro tan fácil. Lo que ocurre es que no logro encontrar en el periodismo lo que encontraba en el fútbol, sobre todo en mis primeras épocas como jugador. No logro repatriar eso que sentía por el juego cuando era adolescente.

– Alguna vez, Juan Manuel Herbella dijo que él extrañaba el ruido que hacían los tapones en el camino previo al entrar a una cancha.

– Sí, inconcientemente, seguís por la vida buscando esas sensaciones. Yo sigo buscando el ruido del tac, cuando le pegás a la pelota. No sé, es difícil. Yo lo que sentía en el fútbol, ahora no lo siento. El carácter nuestro de estar en la competencia, siempre en contacto con la naturaleza, estar con un entrenador, tener compañero, estar cinco días entrenándote para jugar el fin de semana, todo eso no lo repetís. Eso da tristeza. Por más que hoy haga otra cosa, eso lo voy a extrañar.

– ¿Sentís esa tristeza cuando comentás?

– Lo que más me duele en esto es no sentirme parte de la acción. Uno cree a veces como comunicador que es parte de algo porque cuenta algo, pero vos no estás produciendo hecho. Yo antes producía hechos. No puedo todavía domar ese sentimiento. Ahora me toca contar por qué Boca le ganó a River o River a Boca. Antes yo jugaba ese partido.

– ¿No encontraste ninguna sensación en la comunicación que se comparara con hacer un gol?

– No, hacer un gol es lo máximo. Creo que hacer un gol es la felicidad misma.

– ¿El periodismo juega mal?

– El periodismo en muchos casos, con esto de ser populares y darle siempre la razón a la mayor cantidad de audiencia, se ha despersonalizado. Esto de la exageración, de la imprudencia, del afán de sobresalir, hace que se genere una competencia de quién dice la primicia, quién dice el comentario más extremo, y así nos estamos corriendo de una de las premisas que debe tener el periodismo que es la búsqueda de la verdad como el motor imprescindible. El periodista, en esta sociedad del espectáculo, empieza a banalziar o a frivolizar las cosas que son esenciales y a darle un segundo lugar a lo esencial. Se escucha una audición deportiva y se escucha media hora hablando del vestuario como si eso fuera el estandarte o el símbolo de un programa de radio. Entre el protagonista que tiene miedo de contestar y el dirigente que no dice la verdad, al periodista le quedan pocos lugares para ir indagando. Entonces se tiran miserias que venden bien. Todos tenemos un costado de frivolidad, y los programas se construyen de hipótesis y de conjeturas. Yo creo que haría falta un ente superior, o de las mismas empresas, o del mismo público, que castigue este tipo de acciones. Sino mañana borro lo que hoy digo. Ya que la credibilidad no es un bien en el que el público pueda dar por cantidad de aciertos, sino más bien por la permanencia, entonces tendría que haber un ente que regule. Sería mucho más saludable.

Viene para irse

Le abrimos las puertas, lo recibimos, lo agasajamos, pero sabemos que viene para irse.

Estas son las visitas de Vámonos de Casa:

– Washington Cucurto, escritor y poeta popular, creador de la cooperativa de trabajo editorial Eloisa Cartonera. Sus inicios, cómo le escribía a la chica que le gustaba con verduras cuando trabajaba en un supermercado, la razón de tener que empezar su propio proyecto editorial, los tabús en la literatura y mucho más en esta entrevista.

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-Mauro Navas, ex jugador de fútbol y actual DT: su experiencia en Cuba, la situación del juego en Argentina, los valores, los pibes y la quiebra de clubes. Una miarada distinta que analiza al fútbol de manera integral.

[audio:http://www.nosdigital.dreamhosters.com//wp-content/uploads/2012/09/Viene-para-irse-programa26-Mauro-Navas.mp3]


– Cristian Aldana, cantante y guitarrista de “El otro yo” y socio fundador de UMI: la música independiente y la nueva ley de medios, el proyecto de la Ley Nacional de la Música y la iniciativa de creal el Instituto Nacional de la Música – 30 de septiembre el 2012

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-María del Carmen Verdú,  coordinadora de la CORREPI: gatillo fácil, desaparición forzada en democracia, violencia institucional y policial-23 de septiembre del 2012
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-Disfrutamos de la visita de Marlene Wayar, militante de los derechos transgénero y directora de “El Teje”, primer periódico travesti de Latinoamérica-16 de septiembre del 2012
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-Nos visitaron docentes de la UBA: denunciaron el intento de la universidad de cesantear  a más de 650 trabajadores de la educación- 9 de septiembre del 2012
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-Nos emocionó Nora Cortiñas, cofundadora de Asociación Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora- 2 de septiembre del 2012
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– Miembros de la Sala Alberdi, espacio tomado y en resistencia cultural – 26 de agosto del 2012

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-Pablo Vommaro, historiador e investigador del CONICET, especialista en movimientos sociales – 19 de agosto del 2012
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-Carlos Ponce de León, ex compañero de Santucho en el PRT, preso político durante la dictadura militar (1976-1983)- 12 de agosto de 2012
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-Miembros de Salvemos al Fútbol, familiares de hinchas asesinados – 5 de Agosto del 2012
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-Familia de Carlos Fuentealba, docente asesinado – 29 de Julio del 2012
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-La Alameda – 22 de Julio del 2012
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-Familia de Luciano Arruga – 15 de julio de 2012
[audio:http://www.nosdigital.dreamhosters.com//wp-content/uploads/2010/02/Viene-Para-Irse-Familia-de-Luciano-Arruga-Programa-14-1.mp3]
-Juan Manuel Herbella – 18 de abril de 2012
[audio:http://www.nosdigital.dreamhosters.com//wp-content/uploads/2010/02/Programa-6-entrevistado-Juan-Herbella.mp3]
-Luis Zamora – 11 de abril de 2012
[audio:http://www.nosdigital.dreamhosters.com//wp-content/uploads/2010/02/Programa-5-Entrevistado-Luis-Zamora.mp3]
-Juanky Jurado – 4 de abril de 2012
[audio:http://www.nosdigital.dreamhosters.com//wp-content/uploads/2010/02/Programa-4-Entrevista-Juanky-Jurado.mp3]
-Federico Cabral – 7 de marzo de 2012
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La crónica de la calle

Activamos, salimos, dimos una vuelta y traemos una historia.
Escuchá las crónicas de la calle de Vámonos de Casa

-El Contrafestejo Cultural por el 12 de octubre: ¡Día de la raza las pelotas!- 14 de octubre del 2012

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– La expectativa y movilización en la Embajada de Venezuela en el marco de las elecciones- 7 de Octubre

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– Festival de arte abierto en la Plaza 25 de Agosto, Chacarita- 30 de septiembre del 2012
[audio:http://www.nosdigital.dreamhosters.com//wp-content/uploads/2011/12/La-cronica-escuela-d-arte-programa-25.mp3]
– A 36 años de La Noche de los Lápices los estudiantes volvieron a salir a la calle: siguen escribiendo- 16 de Septiembre del 2012
[audio:http://www.nosdigital.dreamhosters.com//wp-content/uploads/2011/12/Programa-23-Cronica-de-la-calle-Noche-de-los-lapices.mp3]
– Día de la Mujer Originaria en el Obelisco: festejos y alegría- 9 de septiembre del 2012
[audio:http://www.nosdigital.dreamhosters.com//wp-content/uploads/2011/12/Programa-22-Cronica-de-la-calle-Mujer-Originaria.mp3]
-Emoción en Marcha, muestra fotográfica de danzas aforamericanas- 2 de septiembre del 2012
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– Acto de los 6 meses de la tragedia de Once: 51 + 1 muertos, 700 heridos, ningún procesado – 26 de agosto del 2012
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-Festival Mundial de Tango en el Parque Centenario – 19 de agosto del 2012.
[audio:http://www.nosdigital.dreamhosters.com//wp-content/uploads/2011/12/Programa-19-Cronica-de-la-calle-Mundial-de-Tango.mp3]
-El nieto 106, la restitución de la identidad de Pablo Javier Gaona Miranda – 12 de agosto del 2012
[audio:http://www.nosdigital.dreamhosters.com//wp-content/uploads/2010/02/Programa-18-Cronica-de-la-Calle-Nieto-106.mp3]
-Festival del Frente Cultural de Artistas del Borda – 5 de Agosto del 2012
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– Exposición de Fotoperiodismo de ARGRA – 22 de Julio del 2012
[audio:http://www.nosdigital.dreamhosters.com//wp-content/uploads/2010/02/Cronica-de-la-calle-Exposicion-de-Fotoperiodismo-Programa-15.mp3]
Juicio Cromagnon II – 15 de julio de 2012
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