La casa de los sueños

La casa tomada de Paseo Colón al 1000 se abre como centro cultural a todos. La gente que allí vive te cuenta cómo es de mierda vivir en la calle, y qué nunca dejar para superarlo.

Midiendo muy pocas consecuencias, continuamente la sociedad se reproduce en su conjunto. Hablamos de los nacimientos y del mantener la propia vida. En ese movimiento ciclico, la reposición de sujetos implica su reposicionamiento. Pero, como todo proceso productivo, genera siempre desechos residuales. Y tratandose de un 24/7, la creación de desperdicios es incesante.

Hasta el menos avispado verá que acá estamos hablando de personas. ¿Cómo referirse así a otros ciudadanos?. La indignación y el repudio lo dominarán todo.

Es que es más sencillo mantener un discurso con palabras sutiles y cordiales, que entender qué hace la gente que al sistema no le sirve.

Entonces: la gente en situación de calle, ¿quién se ocupa de ellos?, ¿dónde quedan sus derechos?

En la toma social de viviendas, ¿cuál es el mandamiento que dice que el derecho constitucional a la propiedad privada está por encima del de la vivienda digna?

Paseo Colón 1068

Fotos: NosDigital
Fotos: NosDigital

Nos reciben dos de los vecinos que habitan este galpón largo y alto que se transforma en vivienda desde hace ocho años, con su toma. Hoy viven con dignidad doce familias, pero no solo en la idea de proveer un techo queda su horizonte: funcionan talleres, un comedor popular para gente en situación de calle, ese ingrato lugar desde donde todos vienen, y el sábado 29 de junio se inaugurará el “Centro Cultural De Abajo” abierto a toda la sociedad.

José, grandote de algo más de cinco décadas, y María, bien bajita, morocha de pelo corto, son miembros de la Asamblea del Pueblo, la organización que encauza los procesos de recuperación de viviendas junto a las familias que sufren situación de calle. Nos reciben en la planta baja que pronto será centro cultural. El objetivo de la Asamblea es la gestión de espacios como estrategias de contención de toda esa gente para la que la calle es su realidad: personas sin vivienda, obreros, vendedores ambulantes, motoqueros, empleados precarizados, prostitutas y de los más disimiles personajes. “Se trata de generar en el grupo una idea de familiaridad -habla firme José-, que nos sintamos todos como una gran familia”. Mientras conversamos, otros vecinos se mueven mucho: pintando, colocando cortinas y limpiando el lugar.

“La idea de hacer el centro cultural –cuenta María-, es hacernos conocer un poco más, por la gente del barrio y que sea un centro de difusión cultural. Que los artistas vengan acá y puedan trabajar. Para la gente aún en situación de calle, para los de la Asamblea y también para la sociedad en general. Nos quedó un poco chico el otro centro cultural, el “Rosa Luxemburgo”, en Carlos Calvo 546”.

En un hotel de mil estrellas

-¿Qué es lo que te pasa por la cabeza cuando estás por la calle? ¿Cuál es tu experiencia y ahora verlo todos los días con la gente en el comedor?

galpon tomado-José: Estuve en situación de calle casi un año, durmiendo siempre en paradores públicos acá en Capital. En el parador vos tenés horarios para entrar, para salir, para comer, para bañarte, para todo. Después pasé a alquilar una vivienda con un grupo de gente que nos hicimos amigos en el parador; pero tuvimos problemas con el alquiler de la casa, no porque no pagásemos. Así que tuvimos que abandonarla, pero vinimos rápido acá, ya que los conocíamos por venir al comedor y participar de algunas de las movidas que se armaban. Mientras tanto, yo seguía sin tener laburo. Vinimos a hablar y ellos evaluaron que nosotros éramos gente cumplidora, comprometida y nos ofrecieron ir a vivir a una de las viviendas. Nos recibieron de maravilla, todo perfecto y a los dos meses de vivir acá, estando conviviendo y participando de las actividades, finalmente conseguimos laburo en la organización. Siendo paciente, respetuoso y participando podés conseguir tu trabajo. Hace un año y tres meses que estoy laburando y viviendo acá. Me cambió totalmente la vida.

-¿Cómo cambió la realidad en tu cabeza?

-Lo bueno que tuve en esos momentos de estar en la calle, es que estaba fuerte de la cabeza. Siempre supe que era una cuestión de tiempo, conseguir algo. Ya que me considero un tipo capaz. Por eso nunca caí en la bebida, en alguna adicción, ni en la desesperación, porque si caía, si me volvía más loco, iba a ser para peor. Había que esperar, de un momento a otro se me iba a tener que dar vuelta. No es que ahora nade en la felicidad, no porque no esté contento con lo que tengo, sino porque uno siempre quiere progresar.

-¿Qué situaciones son las que te debilitan en la vida en la calle?

galpon tomado-Por ejemplo sentía algo fuerte cuando iba a hacer la cola para entrar a algún lado a dormir o al tener que respetar tiempos para irme a duchar. Yo quiero llegar a mi casa después de laburar y bañarme, o bañarme a las cinco de la mañana, sin tener que ir respetando tiempos estrictos. Ese tipo de situaciones te desgastan, te hacen bajar la guardia; pero, repito, siempre tuve fe y esperanza que iba a salir de esa situación. Yo siento que el cambio estuvo, y ahora por suerte estoy feliz de lo que hago, poder estar y dar una mano por alguien que lo necesita.

-¿Cómo es el día a día en situación de calle?

-Ya la persona que está en calle y que está un poco mal de ánimo cae en la rutina de la calle. Esa persona se levanta, tiene que ir a desayunar a tal lado a las 8am y cuando termina se va a otro lado a desayunar a las 9am. Después se va al primer comedor para almorzar y cuando termina busca otro lugar. Entonces cuando llega la tarde ya está pensando qué hacer el día siguiente: a dónde ir lunes a sábados, a dónde ir sábados y domingos. Cómo cuidarse, ya que a algunos el parador no les va porque no quieren que nadie les imponga un horario o un modo de conducta, entonces ya están en la calle total. Tienen que cuidarse de que no les roben sus mochilas, sus zapatillas mientras duermen, que son cosas que suelen pasar. Todos los días te encontrás con esas cosas; mismo por robarles les dan golpes… Es una vida durísima, horrible.

-¿Cómo es la vida en los paradores?…al menos cuando lográs ingresar…

-Tenés que hacer una fila, llegar temprano porque si entraron muchas personas y se cubrieron las camas, quedaste afuera, no tenés otra alternativa ahí que irte a la calle. Otra cosa también es el maltrato que puede haber. A veces algunos coordinadores ponen de punto a alguno y se la tienen que bancar o no entran. También tiene su lado bueno: la gente, en mi caso encontré un grupo de amigos, con los que seguimos juntos acá. Pero también las actividades que se arman, como talleres de literatura y radio a los que iba. Esas cosas son las que te hacen bien, te ayudan a salir de la desesperación y te fortalecen.

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