“El Pollo hoy no vino”

Diego Alonso ya no quiere hablar de Okupas. Tampoco quiere ser simplemente el negro grandote con voz ronca y aspecto de marginal. Pero mucho menos un personaje de los clásicos que circulan por la fama. Lo analiza en los papeles que le dan a Facundo Arana, en cómo hizo Cárceles, en cómo Graña le copió una idea, en los egos en la tele y en el lobby de hacer bien su trabajo. Todas trompadas de un tipo que hace boxeo y que se pelea constantemente con la vida. 

– Normalmente esperan que yo sea el Pollo. Si ahora vamos a un bar y me pido un té con limón, vos vas a decir: “Este me quiere vender que toma té con limón”. Porque vos estabas esperando que me tome una cerveza. Porque vos viniste a ver al Pollo. Y el Pollo hoy no vino, ni va a venir. No es Candyman, que lo nombrás tres veces enfrente de un espejo y aparece. Es un personaje y los personajes en la tele son finitos: tienen un comienzo y un final. Ese personaje se murió ahí.

Diego Alonso explica así porque elige hacer la entrevista en la vereda de Ravignani al 1500 y no en un bar. Estamos en Palermo, en la esquina de Estudio Mayor, y llevamos dos horas de espera, porque él vive en Ramos Mejía y cuando viene para Capital junta cosas y, a veces, se le complica cumplir con los horarios. Lo aguantamos porque coordinar el encuentro costó unos cuantos llamados. Y porque el Pollo de Okupas marcó nuestra adolescencia. A los diez minutos de charla, Diego nos dice que el Pollo no vino. Y nos avisa que él no es de hablar de esa miniserie que dirigió Bruno Stagnaro hace trece años, en el 2000. Tiene lógica: después de aquel personaje, también hizo un papel periodístico en La Liga y en Cárceles, actuó en Tumberos, en Crónica de una Fuga, en 099 Central, en Sos mi hombre y laburó en varias otras cosas más que él remarca, aunque los que lo saludan por la calle se acuerden más del Pollo. Para ningún actor debe estar bueno que lo identifiquen por algo que hizo hace trece años cuando en el medio hizo otro montón de cosas. Es como que después de haber tenido nueve novias tus amigos todavía te recuerden lo linda que era la primera.

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– ¿Te hinchó las bolas el Pollo?

– No es que me hinchó las bolas. Fue un buen laburo, pero yo creo que he tenido mejores. Porque a medida que uno tiene más experiencia, hay cosas que las puede manejar. Yo no tengo idea del impacto social que ha tenido Okupas, no lo puedo registrar. Yo me he cruzado con pibes, que hoy ya son chabones, porque esto fue hace trece años,  que me dicen vos sos mi infancia. Qué flash, yo no tengo ni idea, porque yo no lo vi como público.

No está el Pollo, entonces. Está Diego Alonso.

“¿Cuánto tiene que ver Facundo Arana con el personaje que hace? Y todo el mundo va a decir, nada, nada que ver. ¿Desde dónde hablan los periodistas? ¿Como analistas sociales? Es una pregunta recurrente en las entrevistas mías eso de cuánto tiene que ver el Pollo conmigo. Son preguntas vacías. Y si la pregunta está vacía, el contenido de la respuesta también va a estar vacío. Tengo el mismo cuerpo, la misma voz que el Pollo. Es como Facundo Arana. ¿Él fue muchas veces más a la Iglesia que yo? No, pero él fue Padre Coraje. ¿Por qué no fui yo Padre Coraje? Porque un cura negro es demasiada información para la pantalla”. Diego tiene 40 años, los mismos amigos desde la infancia y un trabajo hace doce años en el que se siente cómodo, pero no parte. “No vivo dentro de ese mundo. Trabajo ahí. Qué sé yo, para mí es mi trabajo. El trabajo es cambiar horas hombres por dinero. Y voy a eso: llego temprano, laburo y me vuelvo. Si tengo que ir a la fiesta de fin de rodaje, voy. Con la gente me llevo bien, son compañeros, no le voy a pisar la cabeza a nadie ni me la voy a dejar pisar. Trato de manejarme en un ambiente cordial, de respeto. Con mis pares tengo buena relación, tengo pocos amigos actores”.

A Diego no se le llega a encontrar la mirada porque lleva unos anteojos de sol oscuros que no dejan dar con sus ojos. Pero sí se puede saber cómo se ve él a si mismo. “Yo me siento seguro de lo que hago, creo que soy bueno. Y eso a mi me alcanza. Puedo hacer una novela, una película mala, pero sé que lo voy a hacer con el respeto que se merece el trabajo. Como yo no sé hacer lobby, ese es mi lobby: hacer bien mi laburo”. Tal vez por eso de haber quedado tan identificado con aquel personaje del Pollo con el que ganó el Martín Fierro por actor revelación en unitario –los cholulos que pasan por la calle lo saludan así, de hecho- cada tanto te tira la chapa encima. “En Polka hice 099 central, que fui por cinco capítulos y terminé haciendo ochenta”, recuerda. O cuando cuenta cómo armó Cárceles, un programa que iba por Telefé en el que mostraba la vida de las personas privadas de su libertad: “Me jugué a que funcionara. Iban a ser cuatro emisiones nada más. Pero yo los junté a todos y les dije que el programa iba a durar lo que yo quisiera que dure. Yo quería llegar a fin de año, pasar Navidad allá. Un productor se rió. Vos querés llegar a Navidad y estamos en febrero, me dijo. Le dije vos que te reíste vas a ser el que venga conmigo a la cárcel en Navidad. Primero, porque sos judío y en Navidad no tenés nada que hacer. Y segundo porque te reíste. Hicimos 98 capítulos, 94 de más”. O dice de su aporte en la Liga, el programa periodístico que hacía en Cuatro Cabezas: “Como yo estudié cine, iba con mi camarita. Yo quería tener mi propio registro de eso, después terminaron haciéndolo Graña o gente que nunca hubiera salido de un estudio porque se dieron cuenta que eso garpaba. Nunca te van a decir qué bueno lo que trajo este pibe, porque hay una cuestión de egos que es interminable”.

– ¿Cómo es eso de los egos en la televisión?

– Son exagerados. Y a veces los exageran por demás. No se cómo se vive con eso. Yo no tengo ataques de pánico. Hice terapia un tiempo, pero abandoné. Yo tengo problemas reales, de la gente de otra época. No es que llego a mi casa y digo ay no puedo respirar, me traspiran las manos y ahora voy al psiquiatra y me dan lexotani. Con ese criterio me mudo a Palermo, me hago gay y doy una nota que voy a tener un pibe con la fertilización asistida. Hay cosas que se ponen de moda. Pero yo con la moda no la voy.

– Tal vez tiene que ver que a vos la fama te llegó a los 28, ¿si te hubiera llegado a los 16?

-Sería Gastón Trezeguet, jaja. Hay cuestiones que son inmanejables. Yo soy muy amigo de los Pericos, desde cuando se iniciaron. Tenía un parecido con el Bahiano y andaba con ellos para todos lados. Y decía que era el hermano. Entonces hacía el usufructo de la fama ajena. Y tenía sus beneficios. No tenían nada que ver con lo económico. Sólo con las minas, o que en un bar no pagabas. Yo lo había explotado al máximo. Entonces tuve un poco más de cabeza, la guita que gané la supe invertir, no la malgasté. Ariel Staltari (el actor que hizo de Walter, en Okupas) tiene deudas todavía. Yo le decía: fijate que esto se termina. Y cuando se termina no puede quedar como una simple anécdota. Algo tiene que quedar.

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– Además del Pollo también se te asocia mucho con la Liga y Cárceles. ¿Ahí sí eras Diego Alonso?

– Ahora quiero actuar. Me llena mucho más. Eso me encantó. Poder mostrar las cosas de una óptica distinta. Yo tenía claro qué era lo que no me gustaba ver en televisión. Yo nunca había visto CQC. Me hablaban de CQC y yo decía ah, ese lugar donde trabaja uno que se llama Malnatti que tiene una cara de tonto bárbara, con anteojitos. Eso lo decía dentro de Cuatro Cabezas. Me miraban como si fuera un atrevido. Me senté a ver un poco de CQC y veía que eran entrevistas donde no les importaba la respuesta del entrevistado sino que ellos pudieran meter su remate arriba. Es el juego que hacen para mantenerse al aire todavía. No son más inteligentes, son igual que la media, pero su talento es no escuchar y tirar un remate sobre la respuesta del otro.

– ¿Y Cárceles?

-Por primera vez tenía la opción de tener un programa propio. Por una cuestión de imagen social es muy difícil que yo tenga un programa propio en la televisión. Si podía ser en algún lado, iba ser dentro de la cárcel.

 – ¿Por qué?

-Porque dentro de la cárcel iba a ser George Clooney.  En  la televisión, hay un montón que se postulan, o se votan entre ellos. Pero si vos preguntás en la calle, en la calle yo soy George Clooney. No es Facundo Arana, no es Maradona, no es Mangeri, te digo lo que hay hoy en tele. Me parecía que estaba bueno eso. Poder aprovechar la cosa esa de respeto que había con los internos.

– ¿Ahí sentiste que dejaste algo?

– ¿Algo como qué? ¿Si me olvidé algo? Una vuelta me olvidé una bolsa de faso. Le llevaba faso a los pibes también.

– No. Digo comparado con la Liga, donde ibas, contabas una historia pero después de contarla la historia seguía igual. 

– Me pasaba eso en la Liga. Estaba bueno mi laburo, porque lo otro ya se había visto. Pararse y hacer preguntas lo hace mi hijo, que tiene once años. Yo tengo claro algo: los círculos se cierran. Entones si yo cobro, el productor cobra, la productora cobra, el dueño del canal cobra, este tipo algo se tiene que llevar. No puede ser que hayamos pasado por la vida de un cartonero y la historia no le cambie en nada. Yo necesito tener un recorrido más sobre la problemática. Y en la cárcel eso se daba porque los personajes estaban cautivos. Pasaba un año y vos los ibas a buscar al mismo lugar para ver qué les había pasado.

– ¿Mirás la tele?

– La televisión ha variado mucho en estos últimos años. No encuentro cosas que me llamen mucho la atención y además veo que se ha desvirtuado. Antes contaban algunas cosas, ahora es todo pelea. Ahora están más marcados, sabemos quién es quién. Tenemos esa falsa farándula, o farándula, que es gente que no sabemos de qué trabaja, cuáles son sus talentos, no sabemos nada. Están siempre opinando, pero no sabemos quiénes son, a qué se dedican. Antes descubría talento en la tele. Hoy muy poco. No comparto ese mundo de excesos. O un canal con América, que todos los que van ahí tienen problemas judiciales. Si me hacen una nota a mi seguro arrancan diciendo: ‘vos que venís del mundo marginal…’. Y eso a Moria no se lo preguntan. No le dicen: ‘vos que sos una rocha’… Ella no es chorra, pero yo soy negro y soy casi un preso.

La voz del actor impone respeto. Pero no es lo único con lo que Diego Alonso impresiona. Varias veces repite que a él le gusta pelearse. “Yo no entro en discusión con nadie. Soy muy cortito. No quiero discutir, si querés discutir después nos agarramos a los bollos. Ay, no pero la violencia física. Te arranco la cabeza, no violencia física. ¿Por qué yo tengo que aceptar tu violencia y vos no la mía? Trato de equiparar la violencia”, cuenta. Y explica: “Pasa que a mí mi papá me enseñó que cuando me levantan la mano me tengo que defender. Cuando hice la Liga me decían que yo era periodista, que no podía hacer eso de pelearme por la calle en las notas. Yo avisé que a mi no me iba a pegar nadie. Porque en cuanto me levanten la mano, los cago a palos, porque encima soy boxeador. Yo soy actor y actuó de periodista, mi periodista pega.”  Desde que hace boxeo en un gimnasio de Ramos, hace tres años, ya no se pelea por la calle. “Te calma mucho. Es muy introspectivo. La cabeza tiene que estar preparada una o dos horas antes que el cuerpo para entrenar. Te comés unos piñones, pero nada. La gente que hace boxeo es más tranquila a la hora de tomar decisiones”, explica.

– Laburo, boxeo, ¿qué más?

– Muebles. Soy ebanista, soy sastre pero ya no lo practico, soy bartender pero ya no lo practico, soy sommelier pero ya no lo practico. Hago muebles para mi casa y en alguna oportunidad los regalo. Siempre trato de hacer algo que no tenga que ver con mi trabajo, para que cuando no tengo laburo me llenen un espacio y no me rompan la cabeza. También escribo, hago guiones.

– ¿Para hacer la Liga y Cárceles vos estudiaste algo de comunicación, leíste algo o lo aprendiste con la experiencia?

-Yo soy erudito. Ya me lo decían en la escuela, de chiquito. Ahora lo digo yo y suena… Este negro quién se cree. Con el auto me pasó lo mismo, la primera vez que me subí a uno salí manejando. No fui a una escuela de manejo ni le pedí a nadie que me saque a dar una vuelta un domingo a la mañana.

– Pero alguna vez chocaste. Cuando te preguntaron qué sentiste cuando subiste a buscar el Martín Fierro dijiste que se te puso la mente en blanco como cuando se tiene un accidente.

– No dije como cuando tuve un accidente. Dije como cuando uno tiene un accidente. ¿Sabés las veces que he levantado a amigos que chocaron con la moto y no sabían qué había pasado? Las zapatillas se vuelan y no saben dónde quedaron. Lo primero que tenés que hacer es buscar la zapatilla, porque después llegan al hospital descalzos. Se acuerdan del momento y después de nublan. Del palo no se acuerda nadie. Podemos decir que es cultura robada eso.

– Erudito, entonces.

– Soy ambidiestro. Para todo. De hecho mi profe de boxeo se enoja mucho porque cambio la guardia. Para mí las dos posturas son iguales. Cuando como, estoy cortando así, y después cambio y corto con la otra. Para mí es completamente normal. Para escribir también, depende de cómo me quede más cómodo por cómo estoy sentado, escribo. Ambidiestro. Hay un montón de gente así, lo común es sos zurdo o derecho, o K o antiK, o de River o de Boca.

– ¿Y vos?

– Yo soy de Vélez, superior.

En este barrio de productoras donde estamos dando vueltas hace tres horas entre la espera y la nota, hay reglas que parecen ser aparte del resto de la Ciudad. Palermo Hollywood, le dicen. Los autos pueden estacionar en doble fila, o en la senda peatonal, o subirse a una esquina y no hay ningún problema. Suponemos que pasa eso porque es toda gente que labura en la tele. Diego cuenta que eso también tiene sus costos: “Piensan que vivo una vida distinta a la del resto. Ponele que laburás 25 años en una fábrica. Por ahí ganaste más guita que yo. Yo en esos 25 años tal vez laburo cinco u ocho. Los otros veinte años se van interponiendo. Por ahí laburé menos horas, pero gané menos guita. Y la cabeza la tiene mejor el que tiene menos tiempo de ocio. Porque no te ponés a pensar, a enroscarte. Por eso acá también todos le agarran ataque de pánico. Porque están al pedo. Si tenés que levantarte a las seis a laburar para pagar el alquiler, la luz, el gas, qué bipolar vas a ser”.

– ¿Y vos qué hacés con el ocio? ¿Leés, ponele?

– No soy muy lector. Las cosas para aprenderlas no hay que leerlas. Sino vamos a escuchar a Stamateas como si fuera un dios, pero es un vulgar. Hoy la gente lee Stamateas y le hacen caso. A mí el que me habla del Feng Shui lo meo. Estamos hablando de la cultura oriental, ¿pero vos que hablás del Feng Shui cuántas veces comiste arroz, cuantas veces caminaste descalzo sobre la tierra? Si laburás en el microcentro, cortás una hora para hacer yoga y volvés a la laburar. ¿De qué te sirve el yoga? Vamos. Está bueno hacerse su propia cultura. ¿Lo que escribió Osho fue porque le cayó un rayo como a Moises? No: lo vivió. Los tipos leen eso y toman su idea pero no se dan cuenta que Osho lo vivió y ellos lo leyeron. Hay una diferencia enorme entre cruzar y Los Andes y leer la Billiken.

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El Chiqui no se murió

Es y será en Franco Tirri. Persona y personaje se okupan mutuamente. NosDigital se encontró con uno de los protagonistas de la serie de Bruno Stagnaro que marcó una época y a más de una generación. Como diría El Chiqui en una de las tantas escenas memorables: “No hay nada que sea ni absolutamente malo, ni absolutamente bueno”.

Fotos: NosDigital

Un personaje de culto de una serie de culto, El Chiqui de Okupas es en el mundo real Franco Tirri, un tipo bastante parecido al de la serie, sencillo, colgado, ocurrente, con una gracia particular, una risa que da risa y la vida al límite.

Franco Tirri y El Chiqui viven en el mismo cuerpo desde el 2001, desde que Franco no ha podido despegarse del todo de su personaje – por algo de eso estamos acá-, y su personaje tampoco de él. Quiero decir: ese Franco actor que vimos en la serie tiene mucho de este Chiqui que no ha seguido su carrera actoral y se gana la vida alquilando una cámara de fotos, le gusta dormir hasta tarde y dice que busca su destino “como Peter Fonda en Easy Ryder”. Comentario muy Chiqui, verán.

Siguiendo esta línea comparativa bastante básica, puede decirse que conocimos a Franco a través de Okupas y que hoy es la misma persona-personaje diez años y varias noches después. Ya no ocupa casas ni anda de gira por Quilmes; vive en el departamento de su madre y sale a lugares más cercanos.

Arrastra hasta la puerta el andar perdido y esa ternura que irradiaba en la serie, saluda amable a unas viejas que van saliendo, se disculpa dos veces por quedarse dormido para el horario pactado de la entrevista, nos hace entrar, ceba unos mates y ya en las primeras charlas sella todas estas impresiones prejuiciosas que estoy haciendo: “Sí, mi personaje tenía mucho que ver conmigo”.

Sobre el resto, es decir, sobre Franco, Franco no tiene mucho para decir. Pero cuando habla de El Chiqui la lengua se le suelta contando una anécdota y de pronto parece despertarse aunque se haya levantado veinte minutos antes, literalmente.

Pero esos son detalles en la vida de este border tierno, vivir de noche o vivir de día, porque tiene condimentos que lo hacen distinto a cualquier institución, a cualquier programación, que lo hacen cualquier cosa, condimentos como la razón misma de su dormida: ayer vio a su hermano después de un tiempo.

Nota: su hermano es Rómulo Tirri, más conocido como Nino Dolce.

Fotos: NosDigital

Otras singularidades como la música que me recibió en el contestador en los primeros contactos, cuando nadie atendía el teléfono, una música judía puesta por su madre judía y él, cuando logré comunicarme, que me cuenta que es budista y que su hermano Rómulo es onanista y su padre, tano. “Una familia muy normal”, definida por él mismo.

Y por qué no seguir, ya planteada la garantía de la básica igualdad entre persona-personaje, con la primera respuesta a lo que no fue una pregunta de entrevista sino, por lo que vinimos aquí, el disparador de una charla: “…el jueves pasado fui al cumpleaños del Negro Pablo, de Dante (Mastropierro), en la Boca. Yo fui para allá… Él no siguió mucho su carrera actoral… Y me fui para el cumple, estaba buenísimo, estaba el padre del Dante que tiene como 87 años… decía ‘en el año 87, yo jugué en Boca’, decía, ‘la pelota era de papel en ese momento’… El viejo era una risa, así, increíble, un personaje… Daban ganas de filmarlo… de hacer algo con él”.

(Las respuestas son literales de la oralidad de Franco y, a riesgo de pausar la lectura, decidí mantenerlas para respetar la identidad de su lenguaje).

Franco vuelve una y otra vez sobre sus percepciones cinematográficas: es que le faltó solo la tesis para recibirse de director en la Fundación Universidad del Cine (FUC), que no hizo, básicamente, por paja. Su explicación, para ajusticiar la interpretación: “…me pedían un trabajo escrito viste… y era como…”

¿Medio tedioso?

Sí, o sea, me puse varias veces a hacerlo y yo decía “fah, yo estudié cine, quiero filmar algo… hacer algo audiovisual…”

¿Y lo hiciste?

No, no porque no… o sea, tampoco fui y planteé “voy a hacer este video para la tesis”, qué se yo… Todo es un presupuesto también. Tampoco la peleé demasiado la del video, pero hubiese estado bueno…

No para la tesis pero sí ha grabado cortometrajes, ayudado y  actuado en producciones de sus compañeros, y no tiene el título pero sí una anécdota imperdible que grafica que no le hace falta: “Bueno, con Trapero hacíamos la escenografía y el vestuario… En realidad yo hacía las maquetas y la nota era para los dos… jaja”.

Franco se egresó de la FUC en la camada de Pablo Trapero, con quien se continuó viendo hasta hace unos años, la misma de Gustavo Corrado (Garúa, El armario), Juan Taratuto (No sos vos, soy yo, ¿Quién dice que es fácil? y Un novio para mi mujer, y la serie televisiva Ciega a citas), Juan Ulises Rosell (El descanso,  Mejor Película Argentina en el BAFICI 2001), Andrés Tambornino (S.O.S Ex, co-director de El descanso), Rodrigo Moreno (El custodio) y “un montón de gente que hizo por lo menos uno o dos largometrajes”.

Otro de los compañeritos de Franco era Matías Stagnaro, hijo del conocido director Juan Bautista Stagnaro y hermano de Bruno, co-director de Piza, birra y faso junto a Adrián Caetano, y director de Okupas.

Por esa amistad es que llegó Franco a la serie: “yo a la casa de Bruno y de Matías iba desde que empecé la facu, hace más de 20 años… Los conocía a los dos, filmamos cosas juntos, incluso Bruno actuó en un corto que era de Matías, era uno de los protagonistas… Porque Bruno podía actuar, podía dirigir, podía escribir, puede hacer millones de cosas muy bien; puede hacer música muy bien… de todo”.

¿Vos eras, te considerabas actor?

No, ni mucho menos, jaja. Más que nada surgió ahí porque me hizo la propuesta de que, bueno, había un personaje que tenía mucho que ver conmigo y… bueno, me dijo si lo quería hacer, me dijo “léete el primer capítulo de la serie a ver qué te parece”. Lo leí, me encantó y le dije “bueno, dale, quiero hacerlo, ¿qué hay que hacer?”, “no, ya está”.

¿En qué sentido te sentís identificado con El Chiqui?

Me siento identificado por ahí con una estética, con una forma de mostrar las cosas, así… (¿Te di mate a vos? Perdón) Me siento muy identificado con Bruno, con su manera de producir, de realizar cosas… Me gusta mucho lo que hace, me gusta que se mezcle la ficción con la realidad, me gusta que haya cosas que sean documentales, que surjan en el momento, que el escenario sea la calle, que sea con luz natural, que haya sonido directo, que se rescaten las cosas que hayan pasado en el momento… Igualmente, lo que fue Okupas y su forma de filmar (cámara en mano, sonido directo, luz natural y todo eso), fue una cosa que no sé si Bruno en este momento seguiría adelante con ese tipo de propuesta… En realida, fue medio como un ciclo que se completó a partir de Pizza, birra y faso, de la primera peli en que estaba ese proyecto, ese tipo de planteo…

¿Te había gustado PBF?

Sí, pero era como que tenía esa sensación de que faltaba un ajustecito de tuerca ahí, y que lo dio sobradamente a través de Okupas.

¿Sobre qué lo decís? ¿En la prolijidad de algunas cuestiones técnicas o en el relato?

En que el relato era mucho más redondo, todo como que cerraba por todos lados…

Dijimos: a Franco le gusta hablar de cine, y esto que confiesa que “le gustaría ser director y guionista”, se nota.

Pero también se enciende cuando le preguntamos sobre escenas de la serie, sobre cómo se llevaba con las personas detrás del personaje, y ahí salta por ejemplo la anécdota del cumpleaños de El Negro Pablo, ahora completada:

¿Dante es actor?

No, no, él es de ahí de la villa de Quilmes en verdad, después se fue a vivir a la Boca a un conventillo. Y nada, fue un chabón con una historia de vida muy grosa, estuvo preso, después salió, dejó toda la delincuencia… La mujer puso un comedor infantil en la Boca (Pancitas llenas, corazones contentos, que hoy mantiene una puja por recursos con el Gobierno de la Ciudad) y él trabaja en el INDEC.

¿En cuál de esos momentos hizo Okupas?

Y creo que después que salió de la cárcel… creo que fue después. Sí, seguro, jaja. Y yo pegué onda con él. En la serie me caía muy bien, teníamos muy buena onda. Pero en realidad lo empecé a ver hace muy poquito, lo volví a encontrar por Facebook… y bueno, todo bien.

¿Dante tiene Facebook?

Por el hijo en verdad, “Wimbo”, se llama Dante también, jaja…

¿No fue ninguno de los pibes actores de Okupas?

Fui yo, fui yo, me llamó la mujer… Me dijo que le iban a hacer un cumple sorpresa y, bueno, me mandé para allá.

Como el compás del jazz que suena de fondo, como el mate, como el siamés que está reconociendo a la visita, como el sueño que parece agarrarle al Chiqui cada tanto, la charla va y viene.

Se hace difícil construir una lógica que vaya hilando los temas, las preguntas, las respuestas, se hace denso el momento de recoger el guante del periodista y devolverle al Chiqui un golpe redondo, uno que le sacuda el mentón y lo despierte de una vez por todas.

Franco permanece inmutable respondiendo amablemente cualquier pregunta, como puede, con la memoria que tenga a mano y la gracia que le pinte. Pero es inimputable a la hora de juzgarlo por su intensidad mediática: Franco no daba una entrevista hace años. Y eso ya es mucho decir.

Entonces sigamos… seguimos por algunas de esos recuerdos que lo entusiasman y lo aventuran de nuevo en el mundo y en el tiempo en que fue feliz.

¿Cómo se fue gestando Okupas, formando el equipo, conociéndose entre los actores?

No sé si fue el primer casting, pero en uno de los primeros castings yo empecé a hacer las listas, los listados de la información de la gente que se iba probando…Y bueno, así fue como vino Ariel (Staltari, más identificable como “Walter”), vino Diego (Alonso, El Pollo, que luego terminaría ganando un Oscar como actor revelación)…

¿Ellos fueron a probarse por su cuenta?

Ariel creo que sí, que le habían pasado la info de que estaban los castings. Diego era alumno de guión del padre de Bruno (Juan Bautista Stagnaro, conocido director de cine, autor de Casas de fuego – 2005- y guionista de Camila, film nominado al Oscar, entre otras) en la escuela de Suviela (Eliseo Subiela, mítico director argentino). Y el padre le dijo “mirá, tengo uno que creo que te va a ir muy bien para El Pollo”, y lo mandó. Después, bueno, Rodrigo (de la Serna) fue un poco de común acuerdo entre Ideas del Sur y Bruno, que se lo convocó a él… Y después, bueno, El Negro Pablo fue de un montón de gente que trajo la producción de la villa, así de la Boca o no me acuerdo dónde estaban viviendo; y Bruno les planteó la situación de la casi-violación del “Doke”. En ese momento, el que iba a hacer de Rodrigo era un pibe que no iba a ser el definitivo, pero bueno, se veía a los fines de cumplir con ese rol en esa escena. Y el pibe, qué se yo… fue una escena muy angustiante para todos. Muy fuerte. El pibe se puso a llorar, estaba re angustiado el pibe, no podía para de llorar… Y Dante le dijo “ah, pero yo pensé que estabas actuando”, y bueno…

Ahí se transformó Dante en El Negro Pablo

Sí, él, el hermano también… No el que está en la serie, ese es Sergio Podeley (actor, participó en Verano del 98, 099 Central, Botineras, entra otras series), el que hacía de mulo de El Negro Pablo, jaja… Al hermano creo que le dice “Gordo”, el que discute con él… que en la escena del Doke le dice a Rodrigo, “¿vos sos amigo del Pollo?”, le dice sí, y le dice “qué mal gusto tiene el Pollo para elegir amigos”, algo así, jajaja.

¿Esa escena estaba guionada, por ejemplo, o daban rienda suelta a la improvisación?

Esa escena estaba bastante guionada, sí. Pero también si había cosas que surgían en el momento Bruno las incorporaba.

¿Cómo fue filmar, meterse ahí en el Doke?

Teníamos como la protección de una gente de ahí del Doke que saltaba por nosotros si pasaba cualquier cosa… y bueno, dentro de todo no pasó tanto por suerte… pero algunas cosas sí pasaron…

¿Qué pasó?

Pasó que, nada, nos tiraron unos tachos de luz, una gente que venía de laburar así a la noche, re-borrachos… Después hubo una pelea de dos minas con cuchillos; nosotros no lo vimos. Una tenía sida y se garchó al hijo de la otra, lo contagió y se agarraron a los cuchillos delante de la asistente de producción… la asistente estaba llorando, un momento fuerte… Y después queríamos ir a grabar a la Isla Maciel, que ahí no sé si no había nadie pero bueno, ni bien entraron le afanaron un celular, o dos celulares. No filmamos nada en la Isla Maciel, jaja. Ya nos queríamos meter en cualquier lado…

¿Con quién pegaste onda de ahí de los actores?

Con Dante, con Ariel bastante, sí… Pero hace un tiempito que no lo veo pero sí, con Ariel pegué bastante onda. Con Rodrigo y con Diego no tanto.

Pero estaba todo bien

Sí. No, sí, estaba todo bien. Durante la serie sí pegamos onda, salíamos… más al principio que los más bardo de los cuatro éramos Diego y yo así… en cuanto a consumo y esas cosas…

Y salían juntos

Ahá, sí, sí

¿La pasaban bien filmando?

Sí, sí, en general sí. Había momentos que eran más difíciles, que había que estar muchas horas… El último día fue de 26 horas…

¿La última escena?

Sí. Fue todo una continuación. En realidad llegar de El Doke y lo que era mi muerte, todo ensangrentado, de ahí ir para Ezeiza y filmar el entierro. No sé que se había filmado previamente a eso pero sí, fue todo una escena larga…

¿Estaban apurados por temas de producción?

Eh… Y sí, o sea por cuestiones de que la serie se estaba emitiendo y que cuando dieron el último capítulo, mientras estaban emitiendo los dos primeros bloques Bruno estaba editando los dos segundos bloques… Sí, no había tiempo para nada…

No había tiempo en aquél 2000 y fines del 1999 en que fue grabándose la serie. Una idea primero de Bruno Stagnaro como una vuelta de rosca más (citando al Chiqui) a su primera película Pizza, birra y faso que, desde la crítica, los premios, pero sobre todo desde la estética, la calidad y el bajo presupuesto, dieron un impulso a la industria cinematográfica argentina y a una mirada y camada de directores conocida como “el nuevo cine argentino”.

El concepto fue atrapado al vuelo por un productor de Ideas del Sur e hizo a Okupas verse en Canal 7 durante el 2000, y re-emitirse los dos años consecutivos.

(En esas re-emisiones, los actores como Franco cobraron $125 por capítulo).

Las consecuencias de las políticas neoliberales, el derecho a una vivienda digna, la problemática socio-espacial en general, el barrio de Congreso como uno de sus exponentes,  el sinrumbo de los jóvenes como Ricardo, su camino hacia el lumpenaje o a una vida vagabunda son todos temas que Okupas fue bordeando de una u otra manera, capítulo tras capítulo, personaje por personaje, pintando una realidad insoportable.

Por supuesto lo crudo, las actuaciones, el realismo y el costumbrismo que irradiaba la serie y no sólo de ese relato “redondo”, como lo define El Chiqui. Con él estábamos antes de esta detención merecida en el hito que marcó el combo Pizza, birra y faso y Okupas, una parada obligada si es que nunca está de más poner un culto a la altura del presente.

¿Y después de Okupas qué estuviste haciendo, Franco?

No me acuerdo, qué se yo… hice un par de capítulos para Mar de Fondo, unos sketchs… Después hice lo de Garúa (cortometraje del director Gabriel Corrado, en el que Franco actúa), hice dos cosas con la mujer de Rodrigo (De la Serna), hice Chile 672 (película de Franco Verdoia y Pablo Bardauil estrenada en 2006)… esas cosas como actor. Y no, bien, qué se yo, bien.

Supongo que hubo un cambio en tu vida para moverte en distintos lugares, la gente te empezó a reconocer como El Chiqui, ¿te pasó eso?

Sí, pasó mucho eso. Pasaron cosas muy graciosas a partir de la serie…

¿Por ejemplo?

No sé, qué se yo, salís un día a la noche, te encontrás con tus amigos, y de repente te encontrás con un grupo de pibes que te identifican con la serie y te llevan al mejor lugar, te presentan unas minas y te dan de todo… sí…

Vuelve, se acuerda, le brillan los ojos, dice dos o tres cosas más impublicables, tocamos el tema de su internación, nos dice que es en plural: internaciones, de los momentos en que estuvo mal, de los otros que estuvo bien y filmó cosas como estas: http://www.youtube.com/watch?v=3qz8AOjrjf0, es decir, de su vida con el pesado traje de Franco Tirri y las alegrías, las miserias, los peligros y el destino de haber sido El Chiqui alguna vez.

Franco Tirri pide que sigamos la charla otro día.

Quién sabe.