Una pregunta imperdonable

Vamos a hacer un ejercicio que esta revista considera imperdonable. Vamos a hacer un ejercicio, por más que duela y que hacia adentro, de a ratos, merezca un antiácido. Vamos a hacer un ejercicio irrespetuoso para con la historia de este país, incluso a riesgo de dar un miligramo de chances para dar un paso en falso. Vamos a hacer un ejercicio que, teniendo en cuenta los ejercicios que quedan pendientes, puede ser sedentario. Vamos a hacer un ejercicio que, de por sí, de ante mano, pide abiertas disculpas a las Madres de Plaza de Mayo, a las Abuelas, a los H.I.J.O.S, al pueblo argentino y a los pueblos que honestamente sintieron el dolor ajeno como propio.

Vamos a preguntarnos: ¿Por qué decimos Nunca Más?

“No nos merecemos seguir frenados en los setenta”, dice, en una esquina de Madrid, un tipo que condena la dictadura militar y que, aún así, se da el lujo de elaborar semejante expresión. “Hay que mirar para adelante”, opina, en una esquina de Buenos Aires, un tipo que no condena la dictadura militar y que se da el lujo de elaborar semejante expresión. Esas frases las repiten señores y señoras, algunos más convencidos, algunos más ignorantes, algunos más justificados, algunos menos justificados.

Y, a pesar de que da un asco tremendo, y por el temor de no estar poniendo en discusión lo establecido, y para tratar de entender por qué carajo dicen eso, y para tener en cuenta -incluso- las razones de por qué lo dicen para ver si tienen algo de cierto, vamos a preguntarnos: ¿Por qué decimos Nunca Más?

Vamos a preguntarnos para saber que no vamos a la Plaza a hacer, simplemente, un acto de huella histórica por los 38 años del golpe cívico-político-militar que desapareció gente -desapareciódesapareciódesapareció: hace 38 años que muchos, de 30.000, todavía no se encuentran, ni se encuentran hijos que tuvieron ni los hijos que podrían haber tenido-. Vamos a preguntarnos, también, por las escuelas en las que se preguntan qué pasó y dan clase con eso, pero también por las escuelas que se niegan a hacerlo. Por los que lo hablan en la mesa con sus papás, por los que no pueden hablarlo.

Pero, sobre todas las cosas, para los que no pueden decir Nunca Más: acá y ahora, y en vivo y nunca en directo (porque, desaparecer, incluso ahora, no se muestra).

Vamos a preguntarnos luego de saber que la maquinaria de las fuerzas de seguridad de este país, ahorita, que viajamos en el colectivo leyendo cosas por el celular, mientras cogemos, mientras hacemos caca, mientras hacemos asado, mientras vamos a la cancha y gritamos goles, mientras tomamos cerverza, mientras nos creemos super libres, siga funcionando:

“Hay un muerto por día por gatillo fácil”, según afirma, con detalles, María del Carmen Verdú, directora de la Coordinadora contra la Represión Policial e Institucional (CORREPI) en http://www.nosdigital.com.ar/2012/08/hay-un-muerto-por-dia-por-gatillo-facil/;

“Mi hermano fue torturado por ocho canas. Tenía 16 años. Un familiar tiene que ponerse en ese momento a decir ‘Mi hermano era un buen pibe, trabajaba…’ ¿Y si no trabajaba? ¿Si era chorro? ¿Igual la sociedad soporta esas torturas?”, según cuenta Vanesa Orieta en http://www.nosdigital.com.ar/2013/08/yo-todavia-busco-a-luciano/, hermana de Luciano Arruga, desaparecido;

“Tu hijo murió porque era un negrito de mierda”, le dijeron a la mamá de Kiki Lezcano, según relata en http://www.nosdigital.com.ar/2013/07/yo-soy-kiki-lezcano-y-nadie-me-va-a-callar/;

“En el país de los desaparecidos permitimos 197 en democracia”, plantea Pablo Pimentel, presidente de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos de La Matanza en http://www.nosdigital.com.ar/2013/07/en-el-pais-de-los-desaparecidos-permitimos-197-en-democracia/

Y más.

Vamos a preguntarnos sabiendo que, en este momento, alguien de parte de las fuerzas del Estado está torturando a alguien. Vamos a preguntarnos, a riesgo, de que cualquiera de nosotros, todavía, esté a riesgo de no poder decir lo que dice. Vamos a preguntarnos hasta el día en que la policía no presione a chicos para robar, el día en que no se torture a los marginales, el día en que ya no maten a Mariano Ferreyra, el día en que aparezcan todos, absolutamente todos, los que están bajo la alfombra, el día en que ya no funcione ni un centímetro de los que tapan la alfombra.

Vamos a preguntarnos Por qué decimos Nunca Más, al menos, hasta el día en que sea Nunca Más.

Eso ya es bastante respuesta.

Quince años no son Nunca Más

Un chico.

Hay: un chico.

Hay un chico: un chico, sólo era un chico.

Sólo es un chico.

Es un chico y somos muchos chicos.

 

 

Hay un chico al que mataron por pensar.

Hay un chico al que mataron por pensar en el país donde mataron a otros treinta mil por pensar.

Hay un chico al que mataron en el momento en que creíamos que ya no se mataba.

Al que mataron.

Lo mataron. Lo mataron. Lo mataron.

 

Hay un chico: es Mariano Ferreyra.

¿Cuánto tiempo vale un pibe?

¿Cuánta justicia?

 

Nosotros no entendemos nada de derecho.

Pero perpetua es para siempre.

Y Nunca Más, también, era para siempre.

Quince años no es para siempre.

 

No es Nunca Más.

No hay Nunca Más si sigue habiendo más muertos y nunca justicia.

 

 

Fue Pedraza.

Mariano presente.