Your ego is not your amigo

Parapipou presentó su nuevo disco “Arma de Construcción Masiva” en un Niceto colmado. Pero no se comen la del rockstar. Apuestan a la autogestión colectiva – desde un ciclo hasta una casa – y a crear puentes con otras bandas. Son doce músicos que laburan arriba y abajo del escenario: “Parapipou no es ir a tocar: es una pyme”. 

Esto no tiene nada que ver con una entrevista recortada en un determinado período de tiempo. Desde mayo a hoy compartimos con Parapipou una merienda, una charla en su casala – mitad sala de ensayo y oficina, mitad casa de dos de sus integrantes – la presentación de su disco en Niceto, algo así como cuatro martes de madrugada en Makena y varias charlas por whatsapp y redes sociales. En cada uno de esos momentos, estaban haciendo –o planeando hacer- algo. Siempre, activando.

Parapipou es movimiento organizado.

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“Al ser tantos, si no nos organizamos, habríamos perdido hace rato. Por suerte, llegó un momento en que dijimos Parapipou no es ir a tocar: es una pyme. En el buen sentido, hay muchos flancos por atacar también si querés tratar de resonar más fuerte. Sin descuidar lo musical, la difusión es clave. Acá nadie está obligado a hacer nada, pero todos tenemos la presión, que esto resulte depende de nosotros”.

Imagen: NosDigital
Imagen: NosDigital

A mitad de octubre, una noche en la Ciudad de La Plata, con vaso en mano, un pibe dice: “¿Sabés cómo conocí a Parapipou? Me dieron un CD en el bondi”. Todos en esta ronda de cerveza tenemos un disco de ellos en nuestras casas. A cada uno a la salida de algún recital –o en un colectivo– nos regalaron un sobre blanco con un compilado de sus canciones dentro.

Otra noche, un martes de madrugada, Parapipou acaba de terminar su show. La semana pesa pero la gente no se va. Leandro Darqui deja su guitarra en el camarín, baja las escaleras, un pibe le dice lo bien que la pasó, Leandro estira la mano y mientras le agradece le da uno de los discos preparados para difusión. No tiene puesto el traje de rockstar, aunque los aplausos en el bar de Palermo retumban, tiene puesta la camiseta de Parapipou: hace minutos en el escenario, ahora en su rol del equipo de difusión.

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De colores

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Parapipou es una banda, claro. Y también son una banda: doce músicos que encastran intensiones musicales, pasos de baile y sonrisas al por mayor. En los márgenes del escenario se expanden entre el público y muchas otras personas que forman parte de la familia y aportan desde sus lugares –sonido, fotos, prensa, video, managment– a que las cosas caminen. Como familia, Parapipou tiene su casa que hoy huele a queso. Alguien está haciendo chipá para convidarle al mate. Estamos en el primer fin de semana de septiembre, a media tarde, en el barrio de Caballito. La situación es algo así: vereda, puerta –timbre, toc toc– una primera habitación, la cocina –dueña de la merienda– más atrás un patio, y a la izquierda… un ¡QUILOMBO! Acá nos tenemos que detener. La familia Parapipou completa está construyendo una sala de ensayo. Si el imaginario de mánager nos lleva a alguien de traje, dos celulares y una superhiperfinita notebook, nada tiene que ver con lo que está sucediendo. Acá el mánager labura con los músicos, está en cuero tirado en el piso con una remera anudada a la cabeza soldando algo. El próximo cuarto es una oficina. Más allá hay habitaciones, dos de los chicos viven en la casala que existe desde los primeros días de julio. Se avecina la hora de la cena, los que no están laburando en la construcción se dividen: ¿quién está en el equipo compras y quién en el de entrevista?, preguntan. Con lista en mano algunos se van al supermercado. El resto renovamos el mate.

Los tambores
Los tambores

– ¿Por qué tener un lugar propio?

 – Lo necesitás, sin querer queriendo. Empezás a tener más cosas en común con la sala de ensayo para ir a tocar nada más. Te empezás a reunir, a organizar de a poco: tenemos que arreglar esto, hacer lo otro.

– Es nuevo también, no sabíamos cómo era llevar adelante un lugar entero, también es una casa, es una cocina. Somos muy organizados y muy estructurados. Acá se deja todo.

– Desde que se mudaron, ¿qué dejaron acá?

– Muchas horas. Mucho orgullo personal y de mis compañeros, que es casi personal. Con un compañero estamos haciendo una pared por primera vez en nuestras vidas y nos la estamos ingeniando juntos. Estamos haciendo cosas que nunca se nos hubiesen ocurrido, organizándonos de una manera re piola. Están pasando cosas muy lindas.

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Santiago sube en calzones. Lleva zapatillas botitas y un bóxer rojo y con corazones. En una fiesta en la que después va a tocar Ricky Maravilla. Es sábado de madrugada del frío mes de mayo en un escenario en Palermo. Achina los ojos, muestra los dientes y baila. Abajo del escenario la gente es tan fan de él como de la banda. Se lleva los aplausos cuando termina el primer tema, todavía no sabemos bien qué hace, por ahora baila. Cuando los acordes de la segunda canción suenan, Mauro Delbon sube a escena: es el cantante de Parapipou. Con una remera puesta que dice “Your ego is not your amigo”, toma el micrófono que había cedido a un invitado y empieza el show. El pibe de calzones –Santiago Canda– agarra una armónica y la hace vibrar, tanto como sus piernas que ahora saltan desaforadas.

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La banda se caracteriza por fusionar estilos que mueven el cuerpo. Ska, rock, reggae y funk se entremezclan en sus canciones. En 2008 lanzaron su primer demo “Primérepe” y tres años después “Virus Planetario”, su primer disco de estudio. Niceto es el lugar elegido para la presentación de su segundo y flamante trabajo discográfico: “Arma de construcción masiva”. Desde el primer piso el lugar se ve colmado. Uno tras otro los temas se bailan abajo y arriba del escenario. La noche desfila entre múltiples invitados. Varios meses después, en otro show y con la misma situación del micrófono compartido, Mauro dice: “Algo lindo que nos pasó en la música es tener amigos que nos acompañan”.

En Niceto
En Niceto

Parapipou construye tejiendo redes que conectan. Esa premisa los llevó a crear “La Ciclola”, un ciclo que sucede martes por medio en Makena con entrada gratuita ¿Para quiénes? “Para otros como uno”, dicen.

“Faltan lugares a los que todas las bandas puedan acceder. O quizás falta motivación. Decís: esta banda suena re bien o tienen temas buenos y no están tocando en ningún lugar, no se mueven, sacan un disco y no lo difunden. Está bueno crear un lugar donde nos podamos conocer, donde nosotros podamos contagiar de todo lo que hacemos y que sea un punto de encuentro. Que te encuentres con dos bandas más que van a tocar, compartís camarín, intercambiás disco, sabés que existe el otro. Un lugar que sea punto de encuentro de bandas que están en la misma que nosotros y el público está buenísimo”.

Parapipou
Parapipou

Con el espíritu de seguir abriendo espacios, los mismos pibes que cuando llegás a La Ciclola están limpiando las mesas del camarín para que las bandas estén cómodas o armando el escenario, crearon también el Festival ATP (Apto para Todo Público) que tuvo su primer encuentro en Uniclub y está destinado a que pibes desde los 7 años puedan ver el show. Y siguen sumando: el 1ro de noviembre van a participar junto a Alasdies de la primera fecha de “La unión hace la fiesta”, en Niceto.

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Parapipou se escucha con auriculares compartidos.

El latido rebelde del hip hop

El hip hop se expande con más fuerza por los barrios de América Latina.  Con su origen fresco en la protesta, se resignifica a partir de la realidad de los diversos países. El ritmo, la lucha y el placer hacen cuerpo en este género. 

Un grupo de pibes irrumpe en la pista. La música grita a los cuerpos desde los parlantes. Las luces del escenario están apagadas. Los reflectores brillan entre el público y el grupo de baile con camisas blancas y pantalones negros que suben la temperatura de la noche invernal. De madrugada, en el principio del fin de semana, el ritmo se apropia de la Fiesta Invasión en Niceto.

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Dibujarla… en una baldosa / Vectores espaciales brindan mil y una formas / Para poder salir de entre la espada y la pared / Y seguir / Por la ruta de la langosta / Música para gozar sin alfombras / Un cruce de señales / Sobre la cuerda floja / Bajar o subir / Bailar o morir / La opción de sentir / Hoy se cotiza en el mercado / Si no la reprimís.

(“La Ruta de la Langosta” – Latejapride*)

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IMG_9003– ¿Cómo definen el hip hop?

– Es una forma de catarsis. De contar historias, de decir cosas que pueden ser mucho más duras decirlas desde otro lugar. Creo que es un arte, que está buenísimo, súper complejo y rico. Nunca deja de evolucionar, de crecer, es muy permeable hacia cualquier otro estilo. Le da la bienvenida a todos los géneros de la música, siempre desde un lugar muy respetuoso. Si lo hacés con calidez, siempre vas a sacar algo nuevo. Es una constante evolución, no son fórmulas preestablecidas, el hip hop al alimentarse de tantos géneros se puede expandir para varios lados y eso depende de cada artista. Es entonces constantemente un género nuevo.

Entre los espejos del camarín, Latejapride* abre la charla. Llegaron desde Uruguay unos días antes para sumarse al Festival Latinoamericano de Hip Hop. Luego de que el mexicano Bocafloja abriera la noche, la banda del barrio La Teja en Montevideo subirá al escenario para agitar: “¡A ver cuantos tienen ganas de bailar!”.

La fórmula funciona, el movimiento asciende. Las camperas se desabrochan y dejan ver las camisas arremangadas. De a poco, el espacio entre el escenario y el público se achica. Los cuerpos se acercan a las vallas para bailar. Los brazos se estiran hacia arriba y las manos sin cerveza se funden en una misma acción que baja desde los micrófonos.

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– El hip hop es una herramienta de transformación social más allá de un estilo de música. Es poder expresarte a través del baile, de la pintura, escribiendo poesía.

Iluminate espera para subir al escenario. Desde la zona oeste de Buenos Aires se preparan para cerrar el festival. “Lo más real y lo más natural es hacerlo sin prejuicios, sin seguir un estereotipos, por eso nosotros fusionamos mucho con folklore, reggae, con música que se escucha acá que son influencias de uno. Intentar hacerlo lo más autóctono posible”.

Más tarde, cuando las luces se enciendan para ellos, las gargantas van a sumarse a su grito de canciones que se agrupan en tres discos de estudio. “El rap salió de los barrios bajos de Brooklyn, Nueva York, era una forma de descargar lo que se vivía en ese momento: discriminación, racismo, un montón de cosas que también se aplican en general al hip hop. Vos podés demostrar la realidad que vivís también. En la mayoría de las bandas de Argentina, no hay una que venga y te diga a mí me produce tal compañía y me da millones. Acá es pelearla, es meterse con un género que no está implantado todavía en Argentina, si bien creció un montón”.

– ¿Hay un movimiento gestándose?

– En el momento en que emerge una banda es porque hay un movimiento. Acá hubo un movimiento cuando se generó el hip hop nacional, surgieron un montón de bandas y ahora está pasando lo mismo.

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Amor por mi raíz, cultura es la razón del estar y vivir bien / Más allá de ver la reacción y de quien quiere un cambio / ¡Latinoamerica en mi piel!, sigo y hablo, de tu belleza, tus playas, tu vida / Y el aire cálido que inspira. Cada situación un momento / Y en cada cielo reflejado la estructura de tu acento.

(“La calle sabe” – Iluminate)

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Una chica de lentes con marco grueso se muerde el labio mientras quiebra la espalda en pleno baile. El pibe de gorra a su derecha le sigue el paso. Se seducen entre miradas y movimiento. Todavía no se acercan. La noche de viernes es testigo de dos cuerpos que, a la distancia, se comunican.

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Latejapride* sonríe a los aplausos que coronan un show lleno de canciones que fusionan ritmos e historias. La banda nacida en 1997, lleva cinco discos editados y un camino de palabras recorrido. “Nos sentimos personas políticas, al hacer música siempre estás politizado. Si estás haciendo música, estás tomando postura, algo estás defendiendo, algo estás diciendo, estás tomando un lugar para contar ciertas cosas. Muchas veces nos gusta bajar línea sobre temas delicados, pero también nos gusta contar historias, zafarle al panfleto de decir nosotros tenemos la verdad. Nosotros no lo sentimos así, tenemos nuestra realidad que puede ser compartida o no”.

IMG_9007¿El hip hop es por definición rebelde?

– Depende de cada artista, de qué quiera expresar, la música se utiliza como un medio de comunicación y es tan válida su utilización en letras de protesta o para utilizar las rimas como una vía para expresarte. Hay muchas formas de contar cosas. Si bien nació de protesta, después se perdió mucho esa línea porque la máquina, el mainstream, se dio cuenta de que era un género que podía vender mucho y dijo vamos a agarrar este producto, vamos a vaciarlo de contenido y vamos a hacer que cuente de fiestas, mujeres, alcohol, joda, lo bastardeó mucho al género. Por suerte hay muchas bandas que se mantuvieron al margen de esa vertiente. Hay pila de cosas por las cuales se lucha, se canta y se protesta, también hay que saber disfrutar de la vida y el hip hop no es algo ajeno a eso y también se disfruta contando historias de amor, de amistades, de barrios, eso está buenísimo. La protesta siempre está ahí porque es una de las razones por las cual nace el hip hop básicamente y es algo que no se puede esquivar tampoco.

– Decías historias de barrios, ¿qué pasa con el hip hop en los barrios de Uruguay?

– Pasa algo muy interesante, hay gente que encuentra su lugar dentro de lo que es la cultura del hip hop. Encuentra su lugar y dónde expresarse. Es súper interesante, en radios comunitarias tiran bases, rimas arriba, comparten eventos.

– ¿Y por qué creen que eligen el hip hop y no otro género?

– Es un género súper permeable a cualquier tipo de música. Podés agarrar una cumbia, un rock, un folklore, un reggae, un funk, jazz, música clásica, lo que quieras y de todo eso podés hacer una mescolanza y sacar algo nuevo, lindo. Siempre vinculado al ritmo, al ritmo del cuerpo, de la cadencia, de poder contar cosas pero con groove. Creo que está innato, que el cuerpo te lo pide, es una cuestión no sólo de cabeza sino física que te atrapa.

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Cuando las bandas terminan de sonar, la fiesta sigue del otro lado de las vallas. La chica de los lentes y el pibe de la gorra comparten una cerveza. La música sigue latiendo en los parlantes e improvisa un puente entre los cuerpos.IMG_9386

“La voz de la mujer tiene fuerza de lucha”

Florencia Albarracín le pone la voz y el cuerpo a Láudano en Canciones, una banda de rock latino bien rioplatense. Frontwoman de un grupo de seis muchachos, se planta firme: “La mujer se está animando al escenario, aunque el rock siempre lo tuvo”.

En una tarde donde bermudas y polleras imperan, junto a la cerveza llega Florencia Albarracín a una confitería tradicional del barrio Abasto. En menos de una hora, tendrá que estar ensayando con su banda: Láudano en Canciones. Pero el encuentro se hace momento y oportunidad, y la cerveza, por fin, se destapa de un golpe seco de un mozo de moño.

Florencia cuenta que trabaja y trabaja: en una agencia de turismo, dando clases de música, preparando la banda sonora de una película, también de una obra de teatro. Pero se pone seria cuando habla del trabajo que le vale más: Láudano en Canciones. “El amor y lo urbano es lo que define a la banda. Las historias de la ciudad dan sonidos y melodías todo el tiempo. El subte tiene su ritmo, el colectivo otro, el caminar otro. Cuando laburás para teatro hay una sistematización, porque laburás para un contenido establecido. Pero si la inspiración la sacás de lo que te va pasando momento a momento te puede llegar en cualquier lugar, en cualquier instante. En el menos pensado, incluso. Eso es Láudano.”

En Agua de Río Nuevo, primer disco de la banda, están grabadas esas experiencias. Florencia lo define como un disco de concepto: “Música urbana, rioplatense, una suerte de rock latino pasado por el tamiz del Río de la Plata”. Láudano es canción, Láudano es fusión.

-¿La fusión de género que proponen es compleja musicalmente? 

-No me parece que sea compleja. Creo que la fusión resulta de la libertad que nos da la canción. El Dios de la Canción es muy generoso, podés tomar cosas de cualquier género y le van a servir a la canción. Si vos agarrás cualquier cantautor es imposible encasillarlo: es él y sus canciones. Nosotros al hacer canciones propias, y tener claro lo que queremos decir, el género no nos define. Depende de la canción y aquello de lo que quiere hablar. La canción misma te pide que le des un poco de murga, candombe, un poco de tango, de rock.

-Entonces, ¿se puede hacer una canción bella con tres acordes?

-Completamente. Hay miles. Una buena canción es aquella que te puede tocar las fibras íntimas, es algo que uno no puede explicar qué es. Tenés la melodía y la letra, pero además de eso hay un plus, no sé, un no sé qué. A veces te enganchás con una canción que vos mismo decís: es medio boluda, pero hay algo que te llega. La belleza de la música radica en un no sé qué que te hace sentir especial cuando escuchás una canción.

La cerveza se acaba, fatalmente no hay tiempo para otra. En la sala de ensayo, las canciones esperan. Láudano se va a regalar una función a ellos mismos. Mientras enchufan y prueban equipos, no dejan pasar el momento de abrirse un vinito que acompañe los acordes y los coros. Se habla del 7 de marzo. Láudano va a presentar “Agua de Río Nuevo” en Niceto y hay que ensayar y ensayar para que la fiesta sea encuentro y sea baile. Por eso se empieza con un candombe que hace zapatear hasta las uñas de los pies.

“De a poco se arma el bailongo en la calle, el viejo empedrado se viste de traje. La noche, con un vestido negro. La piel se disfraza entre luces y sombras, no hay ricos, no hay pobres, entre los tambores, se baila: candombe de colores. Esto es cosa de negros, ¿Será cosa de negros quererse así?”

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-¿Cómo es escribir una canción?

-Uno tacha más de lo que escribe. Escribís, escribís y escribís. Tenés un montón de material. Y llega la hora de condensar. Parece que todo es necesario y que nada sobra, pero tenés que respetar los tiempos de la canción y empezar a tachar.  La construcción artística es así.

-¿Sos metódica para eso?

-Para nada. Soy re desordenada para componer. No tengo un sistema. Escribo arriba de servilletas, me automando mensajes de texto, grabo recitados con el mp3 en el medio del subte. Después llego a casa y lo empiezo a unir, pero no tengo un registro físico ordenado.

-En el diálogo de la melodía y la letra ¿quién llama a quién?

-Para mí la melodía llama a la letra. Hacer letra, como dijo el Indio, es oficio. La melodía cuando viene ya lleva el mensaje. Lo lindo es desentrañar cuál es el mensaje de la melodía. A veces viene con un mensaje muy directo, muy claro. Como me pasó con Agua de Río Nuevo, que hice la melodía y la letra del estribillo al mismo tiempo, después de ver un recital de Calle 13. De golpe, empecé a cantarla. Después tardé dos años en terminarla, y de hecho me ayudaron. A veces no pasa, a veces viene la melodía y la tocás, la tocás durante meses y te preguntás qué carajo quiere decir. Hasta que lo vas buscando: escribís, tachás, escribís, tachás, y lo encontrás.

La voz de Florencia, que es la voz de Láudano, truena y resuena por las paredes de muchas salas: son los cuerpos que vibran. Los vientos acompañan y la orquesta del empedrado fusiona sus mil caras. Todo eso pasa en un cuarto de cinco metros cuadrados que da techo a diez personas y contexto a la voz de una mujer.

-¿Es difícil ser una frontwoman?

-Nunca me propuse liderar una banda, en realidad. A mí me gustó cantar desde que tengo uso de razón y en la preadolescencia descubrí que me gustaba hacer canciones. En base a eso pasé un montón de instancias. Fui solamente pianista, fui cantante de un dúo, canté en coros. Hice de todo. Fueron decantando las experiencias de las bandas y grupos anteriores y me convertí en la frontwoman de Láudano. No fue buscado.

-¿Y encontraste algunas resistencias en ese papel por la cuestión de género?

-No, la verdad que no. En la banda son todos varones, y cuando entré a Láudano, una cosa que les pregunté a los chicos es por qué no cantaba alguno de ellos, si ellos componían también ¿Por qué buscaban alguien de afuera y que fuera una mujer? Y me dijeron algo que me cerró por todos lados: lo que les gustaba era el lugar desde donde hablaba la mujer, de un lugar mucho más fuerte, que está asociado al papel que ocupó la mujer históricamente, a su lugar de lucha, que sigue teniendo que pelear un montón de espacios. Esa idea me súper cerró. La voz de la mujer tiene la fuerza de la lucha. Si bien el rock sigue siendo un terreno muy masculino, creo que hay mujeres que tienen rock, más allá de que lo canten o no.  Chabela Vargas está llena de rock. No canta rock, pero le sale por las venas. La mujer se está animando al escenario, pero el rock siempre lo tuvo.

Muchísimo antes de ser una banda de fusión, el láudano es una mezcla ancestral de sustancias que se usa con fines medicinales. En la intimidad del estudio y en la fiesta de los shows ambas identidades afloran y se enredan. Láudano en Canciones sabe de qué se trata sanar: que valga un baile y una canción.  Y que nunca duela.

La buena música se hace de saco y corbata

Arde Roma sabe que para llegar lejos hay que ser organizados y poner todo el cuerpo. La dedicación da sus frutos: en sus dos años de carrera, avanzan a zancadas en la escena del rock. El 25 de agosto nos esperan en Santana Bar, el escenario obligado del Oeste.

Esto, ante todo, es organización. Vale aclararlo porque ellos lo hacen y a mí me sorprenden. Cuando llegamos nos recibe el día nublado alojado en las escalinatas y gran parte del equipo de Arde Roma. Los cuento, uno, dos, tres, cuatro… ¡Zafamos, no llegamos tan tarde! Pero mientras lo pienso, el quinto se saca el casco y se baja de la moto. ¡Mierda, sí que son organizados!

El de la moto es Emanuel Marchione, baterista de la banda, a quien se le suma en el escenario Cristian Casafus en el bajo, Cristian Gasparini en guitarra y voz, Osvaldo Fernandez en guitarra y Silvio Lanz en el saxo. Ellos, Arde Roma, nos hacen parte del saludo, de algún chiste resacoso, de la complicidad de descubrir a los girosos del domingo. Uno, dos, tres, cuatro, cinco, todos entre sonrisas tímidas se entregan a los flashes, al juego de las poses, y terminan sentados, donde la última foto los dejó, mucho más sueltos, dispuestos a compartir su historia.

Esa historia, producto de la necesidad de armar un proyecto serio,  se empezó a cranear hace dos años. “Arrancó en agosto del 2010 la cosa más o menos. Bah, más o menos no, exactamente fue en agosto del 2010”, nos cuenta Pika (ah, no lo aclaré, a Cristian que no es Casafus el del bajo, pero sí es Gasparini el de la voz, le dicen Pika). “En realidad, en ese momento estaba en otra banda, más de rock electrónico, pero no pasaba nada. Yo venía componiendo canciones que no tenían nada que ver con ese proyecto y me gustaba más eso que lo que estaba haciendo y dije bueno tengo que hacer algo con esto”. Un par de llamadas y el tridente inicial, los Cristian y Osvaldo, ya estaba ensayando.

La charla se interrumpe, un par de extranjeros bailan para una cámara moviendo las caderas, la cintura, los brazos de la manera que seguro ya te estás imaginando. Nos sonreímos (bastante) y seguimos… “Eso fue en agosto del 2010 cuando nosotros tres arrancamos, después hubo varios bateros, muchos bateros”. Otra vez nos distraemos con los pasos de baile, realmente tenían swing. Volvamos.          

El primer batero estable se sumó recién en abril del 2011, después de haber pasado un período bastante largo en la búsqueda, pero todavía faltaba alguien para los vientos “Estuvimos dos meses tocando sin vientos, con Pika cantando la parte de los vientos. ¿La silbabas? No, la cantaba, Pa papa pa”.

Con el equipo completo decidieron laburar duro para dar su primer show en vivo antes de que termine el año. En noviembre, Arde Roma, subía a los escenarios y cumplía su primer objetivo. “La mecánica de la banda siempre es ponerse fechas y llegar a esa fecha porque si uno no toca, ensaya y nunca siente que esta preparado. Lo bueno es que ponemos fechas y le metemos para eso. Siempre estamos metiéndole para algo que viene”

De su primer escenario, saltaron directo a Niceto, casi catapultados acompañaron a Josefita, banda amiga que los invitó a compartir su fecha. Para estar al cien porciento se organizaron; ya lo había dicho, para estos pibes la agenda es una herramienta de trabajo. “Nos pusimos a laburar en el verano que es un momento complicado, todos nos íbamos y armamos un calendario extendido para saber quién iba a estar en cada momento. Vine con el calendario marcado, ensayo, ensayo, feriado, ensayo, todo pegado en la puerta. Es una boludes pero proyectarte de acá a un tiempo es saber cuánto tiempo real tenés para dedicarle, si tenemos cinco ensayos para un show podemos armarlo de una manera, si tenemos veinte de otra, influye mucho”. Las cargadas por el calendario fluyen de todos lados, pero cuando las abandonamos por un ratito, entendemos la seriedad que le da al proyecto “Está bueno que sea serio, más que nada es organización, el rock es muy desprolijo”.

La banda sigue creciendo y este año experimentó tocar en formato acústico sumando experiencia. “El acústico estuvo buenísimo, es más rejalado, es como un fogón pero armado”. Los shows le dieron la bienvenida en la batería a Ema; bastante jodido calmar su ansiedad de darle duro a los platillos, pero tuvo que esperar un par de fechas.

Arde Roma, que empezó llamándose El Boicot y que mutó de nombre sin estar convencidos, hoy siente que no podrían estar mejor titulados. Cambió el nombre pero no la idea, el proyecto solamente se movió para no dejar de crecer. Ellos, que son capaces de ser organizados y espontáneos, se llenan de expectativas y empiezan a preparar la idea de un disco. Mientras tanto, entre niebla y sonrisas nos invitan el 25 de agosto a Santana Bar para compartir el agite en su llegada al oeste.