“La ignorancia le sirve a muchos representantes”

A Francisco Cerro, el volante de Vélez, no le gustan los rótulos, pero es imposible no definirlo como un personaje dentro del mundo de la pelota. Como “el futbolista llena dos o tres horas a la mañana y no hace más nada” tiene tiempo de escuchar Creedence, los Stones y mirar al Swansea inglés por la Premier League. Lo que ya no puede es estudiar abogacía en la UADE. La carrera le quedó a mitad de camino, pero le dejó algo. “A mí me encanta ser jugador de fútbol pero en el resto del día trato de alejarme lo mas posible. Por eso mi idea es recibirme y dedicarme al derecho laboral para defender a los jugadores”, dice justo cuando las triangulaciones están de moda.

Anochece en Capital Federal. Barrio Norte. Las luces dejan el ambiente librado a la capacidad de percepción de cada uno. Todo se intuye. La intensidad de la ciudad baja y ésta comienza a hacerse habitable. En una de las esquinas, confundido entre la multitud que vuelve a sus casas con la cabeza gacha, aparece Francisco Cerro. Cabeza levantada, estirpe de número cinco. Perdido en el montón, así como prefiere estar. Las primeras son palabras de cortesía. El resto, las que siguieron al momento de presentación, caen con fundamentos, masticadas y arrojadas con respeto. Desde su Santiago del Estero natal a su presente en Vélez pasando por el rock and roll, la abogacía, Marcelo Bielsa y Sándor Márai.

-Estás perdiendo el acento. ¿Ya sos un porteño más?
-Y… Son siete años ya desde que vine de Santiago. De a poco uno se acostumbra. La verdad es que me costó adaptarme. Imaginate que Santiago, más allá de ser capital de provincia, tiene alma de pueblo. Eso es lo que extraño, es lo que me encanta de mi ciudad. Tiene una tranquilidad y una paz que no he encontrado en ninguna parte. Te imaginarás el golpe brusco que fue venirme acá con 17 años. Eso me ha hecho madurar de golpe. Aunque nada hubiese sido posible si no hubiese tenido la enseñanza de mi familia y mis amigos. Ellos me hicieron ir por buen camino y hoy, a pesar de mi juventud, me siento una persona muy madura. El primer año fue fundamental no volverme. Sabía que si volvía para visitar, no venía más. Tenía miedo de eso que le pasaba a mis compañeros.

-¿Qué es lo que más te jode de esta distancia con tu familia?
-Nosotros somos seis. Mi viejo que es abogado, mi vieja ingeniera en sistemas, tengo un hermano un año menor que se recibió de médico y dos hermanas mellizas de 18. De todo eso lo que todavía me duele es haber tenido a mis hermanas en brazos y hoy ver que son dos personas maduras y yo haberme perdido todo su crecimiento.

-¿El hecho de llegar a Quilmes con 17 años y comenzar a jugar te facilitó las cosas?
-Al principio fue muy duro. No tenía continuidad. Pero como dice Marcelo Bielsa, uno aprende más en el fracaso que en el éxito. A mí me trajeron de enganche. No corría, no marcaba. Sabía que tenía que hacer el click. Me sirvió mucho el hecho de pelearla desde afuera, en esos años son los que más he aprendido.

-¿Consumís prensa deportiva?
-No. Prefiero no ver, no escuchar, no leer. En principio, no me gusta participar porque soy un tipo muy tímido, reservado y no me gusta para nada la exposición. Hay algunos que se sienten muy cómodos en frente de la cámara y no los juzgo, está perfecto. Pero yo soy de otra forma. Y, por otro lado, hay mucha mala intención. Leo mucho pero no cosas que tengan que ver con el fútbol mediático.

-¿Qué lees?
-De todo. Desde que dejé de cursar abogacía me quedé sin ese espacio que significaba el estudio para mí. Me encantaba ir a cursar, rendir, estudiar. Era el lugar donde yo podía hablar de otra cosa que no fuera el fútbol. Cuando tuve que dejar empecé a leer novelas con mayor asiduidad. Ahora estoy con “El último encuentro” de Sándor Márai.

-¿Por qué dejaste?
-Era imposible ir a cursar. Durante toda mi estadía en Quilmes cursé con normalidad. Pude llegar hasta tercer año. Cuando pasé a Vélez dejé. Era un gran desafío pasar a un equipo como éste. Entonces me dediqué de lleno al fútbol. Hace un año que estoy y hemos llegado una semifinal de Copa Sudamericana y a los cuartos de final de la última Libertadores. Por momentos jugábamos tres partidos en una semana. Yo cursaba en la UADE y como era presencial tuve que dejar.

-¿Por qué abogacía?
-Por gusto. Mi viejo y mi abuelo se dedicaron a eso pero nunca me condicionaron. No fue un mandato familiar. Me dieron a elegir y yo siempre quise hacer eso.

-¿Con qué descargas todo eso que descargabas en la facultad?
-Con los libros, con la música. Me mantengo ocupado con eso. El futbolista llena dos o tres horas a la mañana y no hace más nada. Obvio que está lo que le llamo “entrenamiento invisible” que es cuidarse con las comidas, en el descanso. Pero también es verdad que tenemos el resto del día libre. Soy de estar mucho con mis amigos, también con los amigos que me dio el fútbol: Caneo, Garnier, Herbella, Insúa, Ortíz, Seba Domínguez, Orban.

-¿Te interesaría retomar, recibirte, o lo hiciste por hobby?
-Quiero retomar lo antes que pueda. Mi idea es recibirme y dedicarme al derecho laboral, contratos profesionales. No me veo ligado al fútbol cuando termine, no quiero ser entrenador, ni formar parte de un cuerpo técnico. Es un ambiente muy complicado. Mucho menos ser representante. Sí me gustaría poder volcar mis conocimientos del derecho en el plano deportivo. Defender los derechos de los jugadores.

-¿Crees que nadie los defiende hoy en día?
-Me parece que el papel del futbolista está muy dejado de lado.

-¿Lo que pasó con las triangulaciones es parte de eso?
-Mirá, yo estoy por fuera de eso y no puedo hablar con profundidad. Lo que hay que entender es que el jugador casi no participa de las transferencias. Más allá de decidir en qué club quiere jugar, no intercede hasta que no tiene que firmar el contrato. Las negociaciones, los acuerdos y todo eso se debate a espaldas del jugador. Y muchos representantes se aprovechan de eso. Del desconocimiento, o la ignorancia de los que recién están empezando, de los chicos que tienen un origen más humilde. Ahí es donde suelen aprovecharse los representantes. Yo tengo la suerte de haber tenido una buena enseñanza y de haber tenido asesoramiento siempre. De hecho, cuando pasé a Vélez llevé a analizar el contrato con un abogado amigo.

-¿Vos tenés representante?
-Sí, es Fernando Hidalgo. Yo busqué que me representen para eso, para que defiendan mis intereses. Pero es una cuestión de confianza. Yo me manejé sólo durante mucho tiempo. Recién hace un año y medio que estoy con Fernando.

-¿Cómo llegas a tener representante, cómo es el proceso de “búsqueda”?
-Tienen un equipo de trabajo. Los empleados del representante van al entrenamiento, te preguntan respetuosamente si estás con alguien y, en caso de que no seas representado por nadie, te citan a tomar un café. Ahí, cada uno plantea lo que necesita o pretende y se arregla o no. Los contratos son de dos años generalmente.

-Ya se te termina, ¿pensás renovarlo?
-No es cuestión de renovarlo o no. La realidad es que si uno no está contento, el contrato lo puede romper. Yo no quiero que sea mi padre ni mi amigo, sólo que defienda mis intereses. Con el tiempo uno sabe quién es cada uno y el hecho de la renovación, en este caso, es implícito.

-¿A qué te referís con “ambiente complicado”?
-En el sentido que hay mucho negociado, mucha cosa por debajo de la mesa. Uno pertence a este ambiente y tiene que saber convivir y llevar ciertas cosas aunque no esté de acuerdo. Es el ambiente donde uno se desempeña y no se puede quejar. En lo personal no me ha tocado vivir ninguna situación pero uno escucha y sabe que hay algunos matices. A mí me encanta ser jugador de fútbol, el hecho de poder competir todos los fines de semana, de conocer otras personas. Pero en el resto del día trato de alejarme lo mas posible.

-¿No mirás fútbol?
-Sí, me mato a fútbol. Pero veo los partidos, nada más que eso. De hecho, tengo todos los videos de mis partidos.

-¿Qué diferencia notás entre los futbolistas que miran fútbol y los que no?
-Me da una visión distinta a la que uno tiene adentro del campo de juego. Otros sistemas, otras características. Además, creo que uno debe conocer al rival, a los otros equipos y jugadores. Soy de los que piensa que en esas pequeñas cosas uno puede sacar diferencia en los partidos.

Imagen: NosDigital

-¿Qué jugadores ves en tu puesto?
Logicamente, a Xavi e Iniesta. Son dos fenómenos, futbolistas de otra dimensión. Lo que hace Sergio Busquets también me parece increíble. Pep Guardiola le decía: “A un toque sos el mejor del mundo, a dos sos muy bueno y a tres regular”. Y es así. Hace todo simple. Me gusta mucho Michael Essien también.

-¿Y equipos?
-Bueno, el Barcelona por razones obvias. Después, me gusta mucho el Swansea de Inglaterra. Tiene un técnico jóven que ya desde el torneo pasado viene manteniendo un nivel de juego increíble, salen tocando, mueven la bocha.

-¿Entonces, qué es lo que te aleja del fútbol? ¿Qué es lo que más te molesta o duele?
-Lo que más me duele es que se meta a todos los jugadores en la misma bolsa, con las mismas características. Creo que cada persona es única y diferente. Pero, en el habla popular, el futbolista está catalogado de una determinada manera que no estoy para nada de acuerdo. Lo que más me molesta es lo que es la exposición del futbolista y de la manera en que lo tratan.

-Parece que Vélez es un club hecho a tu medida.
-Sí, es así. Vélez es un club distinto a la gran mayoría porque tiene un proyecto y es algo muy difícil de encontrar no sólo en el plano deportivo. En el plano social no los hay tampoco. Es un club que te da muchas certezas, tranquilidades. Uno se tiene que preocupar sólo por rendir en el partido, entrenar, ganarse un lugar y nada más. Además, tiene un grupo de jugadores espectacular.

-¿Quién habla en el vestuario?
Todos. Me vas a decir que no es creíble, pero es cierto. Los que están empezado como Gino (Peruzzi) o Allione están dispuestos a escuchar, a mejorar y tienen bien claro su función. Por eso preguntan. No se marean por las luces del éxito. Después hay un grupo de jugadores intermedios, como es mi caso. Y los más grandes (Insúa, Cubero, Domínguez) que están dispuestos a dar consejos. Esa unión se ve en la cancha.

-Lo que más debe costar es imponer tu música, ¿no?
-Sí, eso es jodido. Yo esucho a los Stones, Zeppelin, Creedence, Nirvana. Me matan en el vestuario. Pearl Jam. Tengo varios aliados como Seba Domínguez que toca bien la guitarra o el Pocho Insúa. Pero somos los menos.

“Al futbolista lo intentan hacer vivir en una burbuja de pedos”

Claudio Yacob, lo conocen casi todos, es el 5 de Racing. Es también uno de los hombres que analizan este mundo de la pelota. Descubrí al futbolista que pinta para olvidar las presiones, que sino fuera jugador viajaría en una motorhome y que piensa que el fútbol es esto: “Siempre caemos pensando que todo es por plata pero hay que luchar contra eso y decir que el fútbol es otra cosa. Hay que decir que no es sólo un quilombo de gente, un negocio, una mafia, con cosas tan sucias que no se pueden entender”

Fotos: Nos Digital.

Claudio Yacob, 24 años, capitán de Racing, es el último en salir del vestuario. Tardará un puñado de minutos en caminar esos 30 pasos que lo separan de la sala de prensa del Cilindro, donde lo esperamos. En el medio repartirá unos cuantos saludos, firmará autógrafos, se sacará fotos con algunos hinchas cholulos y hasta grabará mensajes de cumpleaños. Todo ese recorrido lo hará con una sonrisa. Sus 136 partidos con la camiseta de Racing, un club donde todo es euforia pero también efímero, no hacen que se le borre. “Esto hay que pensarlo así. En disfrutar cada entrenamiento, en que tu familia pueda venir a verte jugar y sentirse orgullosa. Yo cuando entro a la cancha disfruto de jugar”, arranca Yacob la charla con NosDigital.

-¿Te gusta esto de ser futbolista? Más allá de jugar a la pelota, también está la prensa, las presiones…
-Son etapas. Yo me inicié con una pelota, ese fue mi primer regalo. Me crié en un barrio muy humilde, en calle de tierra, en Carcarañá, donde todavía vive mi viejo. Enfrente había un campito que todavía tiene el tejido abollado de haber pateado desde que aprendí a caminar. Después el fútbol se va transformando como ocurre en casi todos los aspectos de la vida, como en toda profesión, en la que uno empieza a descubrir otras cosas. De chiquito yo iba al colegio y llevaba la pelota, volvía del colegio e iba al club. Sentía que jugar era mi vida, me conectaba con todo gracias a la pelota. A medida que crecés y te vas interiorizando para seguir mejorando tuve la oportunidad de ir a un club más grande allá. Y después de venir a Racing.
-¿A qué edad llegaste al club?
-A los 14. Cuando decido venir no era solamente porque me apasionaba sino que ya lo veía para el día de mañana ser futbolista. Hoy llevo seis años en la Primera y obvio que no es lo mismo que cuando debuté. Hoy conozco, o me enseñaron, todas las cosas extrafutbolísticas que implica ser jugador. Y la realidad marca que a uno a veces le sacan las ganas esas cosas. Pero tenés que luchar contra eso y decir que el fútbol es otra cosa. Ees una pasión y no lo que a veces se piensa, que es un quilombo de gente, que es un negocio, una mafia, que realmente hay cosas tan sucias que uno no lo puede entender. Siempre caemos pensando que todo esto es por plata. Pero si lo pensás, el fútbol es otra cosa. Es una pasión enorme que llena y enriquece a muchas personas.
-¿Y cómo se lucha?
-Yo creo que todo está en la base, depende de la familia, tener en claro por qué hay gente que te viene a hablar en ciertos momentos y tantas otras que en ciertos momentos no vienen. Yo cuando entro a la cancha disfruto de jugar y se que mi familia se siente orgullosa de lo que yo hago. Después trato de estar alejado. Hay tanta gente sucia que intenta seguir embarrando esto que se vuelve una lucha constante. Esperemos que los que pensamos así ganemos esta pelea.
-¿Y te podés mantener alejado pese a ser el capitán de uno de los equipos más grandes de Argentina?
-A veces uno tiene que pensar como amateur. Así puede seguir creciendo. Al futbolista lo hacen vivir en una burbuja, que es totalmente irreal para el resto de la sociedad. Tenemos todo. Hay muchos que se creen equivocadamente que esto les va a durar para toda la vida. Y no es para nada así. Tienen que saber que es todo muy corto, hay que disfrutarlo y sacarle provecho. Pero saber que esto pasa y no te dura toda la vida. La gente y los compañeros también te los da el fútbol, a mí me dio compañeros que conozco hace diez años acá en el club. Y eso es lo que hay que rescatar.
-¿Por qué vive en una burbuja el futbolista?
-Siempre digo que al futbolista lo intentan hacer vivir en una burbuja de pedos. Lo intentan eh, no siempre. Porque es muy difícil. Viene uno y de un día para otro empezás a ganar una fortuna, salís en la tele, te reconcen por la calle, vas a un boliche y no te quieren cobrar, vas a un restorán y tampoco, cuando tendría que ser al revés, porque el que lo necesita es el pibe de Inferiores que no llega. No sólo con el futbolista, con los deportistas y los famosos debe ser parecido. Le dan todo y le quieren hacer creer eso para después sacarle provecho a uno del otro lado.
-¿Cuando te tocó subir a Primera te pasó esto o ya tenías claro cómo funciona este mundo?

-Esto viene de la base. Mi viejo fue un laburante toda la vida, lo sigue siendo y lo va a seguir siendo. Ellos me dieron algo que es impagable: el respeto, la humildad y saber que todos somos iguales por más poder o plata que haya. Ni la Presidenta, ni el presidente de Racing, ni el cuerpo técnico, tienen que faltarle el respeto a alguien que está barriendo el estadio, por ejemplo. Porque hay que pensar que todo pasa, y que los puestos se ocupan por momentos. Entonces no se justifica.
-A vos te tocó crecer en la pensión de Racing cuando era un club sin dirigentes casi. ¿Eso también te forma?
-Yo tengo la historia de haber llegado a Racing en 2002 y la verdad que era un quilombo. Fuimos a la casa de un matrimonio en Caballito, donde había sólo un baño, no era la pensión que hay hoy en Racing. En 2004 se armó esto que es un lujazo, a los pibes le lavan la ropa, los llevan al colegio, le dan Internet. Tienen todo y está bien. Yo cuando llegué me tuve que ir a anotar al colegio solo porque mis viejos no tenían la posibilidad de venir, por laburo. Mi viejo trabaja en una fábrica de molinos de harina, arrancó barriendo galpones y de a poquito fue subiendo, pero sigue ahí. De ahí aprendí el sacrifico. Yo era el más chico de la pensión y con un cordobés, que era más grande, empezamos a patear buscando dónde anotarnos. No entendíamos nada. Yo tenía que hacer noveno año. Iba y decía: “Hola, me quiero anotar”. Y así hasta que conseguí un colegio. Iba al colegio y volvía trotando para llegar a tiempo para que el colectivo me pasara a buscar para venir a entrenar.
-¿Lo terminaste el secundario?
-Sí. Hice noveno allá donde me dieron una mano porque entendieron mi situación. Y al otro año, que ya vinieron más chicos de mi categoría a la pensión como Maxi Moralez, Matías Sanchez, Malano, ahí sí nos organizaron mejor y fuimos a un colegio acá en Avellaneda donde pude terminar sin repetir pero con algunas dificultades porque andaba con los viajes de la Selección juvenil. Lo tuve que terminar a la noche. Pero fue una satisfacción, porque tuve que meterle muchas ganas. No cualquiera se va a anotar solo o se cambia de turno.
-¿Por qué hiciste esos sacrificios cuando la mayoría, si anda bien en el fútbol, deja el secundario?
-Porque yo siempre creí que no hay que ser sólo un jugador de fútbol. Que un jugador de fútbol requiere muchas cosas más que jugar bien a la pelota: ser un tipo educado, un señor, bien hablado, que se enriquezca y que cada vez se más inteligente y más capaz. Yo soy un convencido de que alguien que lee, que se forma, se enriquece y se perfecciona. A partir de ahí, un puede entender qué es el contrato que firma, expresarse mejor hacia la prensa. Hoy en día un jugador que se expresa bien ante la prensa y otro que no, hace la diferencia. Hay técnicos que te pueden sacar por declarar mal, o decir algo que no había que decir.
-¿Se le enseña al jugador cómo manejarse con los medios?
-El Colorado Sava siempre cuenta que cuando jugó en Inglaterra llegó y le dieron un manual, le explicaron cómo funcionaban los medios allá, qué medio iba a buscar por qué lado. En Racing ahora algo te explican, pero no hay una persona que te enseñe a declarar, que eso yo se lo expresé alguna vez a Rodolfo Molina. Tiene que haber un tipo que forme a los jugadores a la hora de declarar. Hay una anécdota con Lihué Prichoda que fue a la Selección como sparring. Al otro día cuando volvió a Racing, con 17 años, le hicieron una nota. Le preguntaron sobre la Selección, obvio. Y el pibe dijo, desde la inocencia, desde la frescura, desde la alegría que tenía por haber entrenado con la Selección, que Heinze lo había cagado a patadas. Al otro día lo llamaron de la AFA y le dijeron que no fuera más. Fue un error normal de un pibe, pero más que nada la viveza de periodistas que siempre están mal intencionados. Entonces tiene que haber gente que los forme en ese sentido, sabiendo que hay gente con la que podés hablar de una cosa y gente con la que te tenés que cuidar. Eso se tendría que perfeccionar.
-Hablando de Sava alguna vez nos dijo que incluso adentro de la cancha él pensaba en lo que podía decir el periodismo al otro día. ¿A vos te pasa eso también?
– Yo pienso en disfrutarlo. Si pensás en el afuera te tensionás. Si me pongo a pensar que estoy en la Primera de Racing, me tensiono. Entonces dejo que todo fluya, me libero. Esto es lo que se hacer y pienso que en el campito de enfrente de mi casa era donde mejor me salían las cosas y donde más me divertía. Entonces hay que pensar en ser amateur, en disfrutar y jugar porque me gusta hacer eso. Yo creo que así es como mejor rendís.
-Recién decías lo de formarte y leer. ¿Qué lees?
-Me gusta leer algo de historia, más que nada charlarlo. Una amiga de mi novia estudia eso. Y me encanta, pero no se mucho, me gustaría saber más. Después de otras cosas he leído libros El Secreto, la Novena Revelación, y trato de leer libros que me dejen cosas como Quién se ha llevado mi queso, que habla de los cambios. Por ejemplo yo siempre tengo el pensamiento de que estaría bueno ir a jugar afuera para conocer nuevos lugares, nueva gente, nuevas culturas. Y eso libro te da la enseñanza de que todo cambio es para bien. Que te dan miedo los cambios, pero hay que afrontarlas.
-¿Y todo esto, en tu rol de capitán, lo transmitís en el vestuario o dejás que cada uno arme su camino según sus intereses?
-Yo creo que la familia es el sostén, los cimientos, ahí te formás. Yo tuve la suerte de tener muchachos que me han enseñado mucho, como el Ratón Ayala y el Colorado Sava. Descubrí cosas que antes ni me las imaginaba de la alimentación por ejemplo.
Entonces a mi me encanta hablar mucho con los pibes. Tratar de transmitirles mi enseñanza, lo que yo pude aprender y lo que me han enseñado. Para que puedan ir quemando etapas para que no lleguen crudos a un momento en el que es fácil equivocarte.
-Vos llegaste a Primera cuando Racing ardía y jugaba la Promoción. Eran muchos pibes en ese plantel. ¿Cómo lo vivieron?
-Yo en ese momento, realmente, lo disfrutaba. Era inconsciente. Ahora casi lo tengo que trabajar lo de disfrutarlo. En ese momento hacía mis primeros pasos. Recién hoy tomo la dimensión de que éramos todos pibes del club, que jugamos una Promoción, que esta institución podría estar en una segunda división como está River, Central, Gimnasia o como está viviendo ahora San Lorenzo, que también son todos pibes del club. Hubiera sido muy complicado. Mirándolo de afuera, a River o a San Lorenzo, digo “uh mirá estos pibes con lo que tienen que cargar”. Pero en ese momento lo disfrutaba. Me acuerdo el partido con Belgrano, entré y ni siquiera cuando terminó el partido me di cuenta. Hoy después de cuatro años sí te digo “uh, loco, lo que nos jugamos”. Quedamos en la historia, la gente por ahí no lo valora mucho ese momento pero porque zafamos. Pero si no hubiéramos zafado nos hubieran crucificado siendo todos pibes que nos criamos en el club con 18 años.
-¿O sea que entre ese momento de nervios, siendo todos pibes, a este contexto de tranquilidad vos no sentís ningún cambio a la hora de jugar?
-Obviamente que esta situación es diferente. El club está en otra situación. El equipo tiene otra jerarquía. Hoy se juega con otra distensión. Estamos haciendo historia, entrando a una Copa que hace nueve años no entramos, quedamos ahí de entrar a la Libertadores. Yo nunca jugué en Racing una Copa Internacional. Hace mucho que lo desaba. La vengo peleando hace mucho tiempo y últimamente lo veo que este equipo juega, que este equipo se lo merece. Hoy digo que la institución y el equipo, que van de la mano, vienen creciendo. Vamos mirando hacia arriba. Y eso es lo importante. Yo fui parte de todo este crecimiento y lo siento así.
-¿Te gusta cómo juega Racing?
-Juega de diferentes maneras. Me gusta porque piensa en ganar y en sumar. Ganar se puede ganar de diferentes maneras, se puede ganar jugando de contra o atacando por un lugar donde vos sabés que el rival es débil. Y lo que me gusta es que Racing piensa en ganar. El torneo pasado todos nos acordamos de que el equipo jugaba muy bien, pero perdimos 10 partidos de 19. Una locura. Jugábamos bárbaro eh, yo lo reconozco, pero terminamos 15º. Ahora terminamos segundos, pasamos los treinta puntos, que son cosas que yo nunca viví en este club. Del fútbol argentino creo que Racing es un equipo de los más ricos por los jugadores que tiene.
-Alguna vez, cuando arrancabas en Primera, apareciste como modelo publicitario, que no está tan bien visto por los hinchas. ¿Te arrepentís? ¿Por qué lo hiciste?
-No. Uno cuando hace algo sabe lo que puede venir, está en aceptarlo nada más. Cuando me llamaron estuve dos meses diciéndoles que no, porque creo que el jugador de fútbol tiene que dar una imagen seria. Pero cuando conocí a la gente, me dijeron cuál era la idea, la verdad que me divertí un montón. Fue una experiencia muy linda que hasta la hice una segunda vez. Después ya dije que era un exceso. Pero lo hice sólo como una experiencia eh, no me dieron plata ni nada. El fin era divertirme. Por suerte me dieron mucha ropa y se la traje a los chicos de la pensión, a los utileros, que para ellos es importante. Ellos lo disfrutaron y mucho más yo, porque la pase bien, me cagué de risa. Si la pasas bien, yo creo que no hay que darle muchas más vueltas, no hay que arrepentirse. Hay que hacerlo, sin importar el qué diran porque hablar siempre se va a hablar.
-¿Y por fuera del fútbol qué hacés? ¿Tenés algun hobby?
-Tengo que retomar las clases de guitarra, me gusta cualquier tipo de música. He ido a pintura también.
-Como Ayala. ¿Él te hizo incursionar?
-Con el Ratón hablamos, me regaló un cuadro que se lo pedí. Le tiré un par de centros para que me lo regalara solo, pero se lo tuve que terminar pidiendo jaja. Arranqué porque tenía ganas. Era un momento con muchas presiones acá, que después zafamos de la Promoción. Y eso que decíamos recién de disfrutar no lo podía hacer, me venía ganando la presión. No podía disfrutar de un partido, de entrar a un campo de juego, que venga mi familia, hasta les pedí que no vinieran porque la pasábamos mal. Así que un día iba en el auto y maquinaba, viste. Dije o me tengo que ir de Buenos Aires o algo, porque necesitaba respirar otra cosa. Y pasé por un ventanal que había una vieja pintando, con un pincel grandote, de dos metros. Y la vieja pintaba, pintaba, pintaba. Siempre en la suya. Se le veía sonriendo. Entonces dije eso es lo mío. Me anoté el número. Llamé y me compré una carpeta, unas temperas y me presenté. Pero fui con la idea de que no me descubran que soy jugador de fútbol, para que no me rompan las pelotas. Yo voy ahí para relajarme, para hacer otra cosa, para que el tiempo vuele. Me presenté como Federico, dije que estudiaba administración de empresas. La mina era una hippona, me encantaba la onda. Fui a un par de clases y estaba buenísimo. Hasta que nos sacamos una foto de fin de año y un día la mina me dijo “che, vos jugás al fútbol?”. “No, nada que ver”, le dije. El novio le había dicho que me parecía un jugador. Y yo le mandé que siempre me lo decían, que me confunden siempre pero que ni sabía el nombre del pibe que juega al fútbol. Hasta que ya era incómodo, irresistible. Porque yo cuando pintaba me re concentraba, volaba, el tiempo se me pasaba, lo había encontrado como un cable a tierra de verdad. Entonces la mina, de a tres metros, me llamaba. “Che, Fede”. Y yo nada. Entonces se acercaba: “Che, Fede”. Y yo pintaba, re metido. Hasta que me lo decía en la oreja, porque me olvidaba que era Fede. Y un día ya me dio vergüenza, la mina se daba cuenta. No la podía remar más. Ahora me escribe para que vuelva, ya voy a volver. Sigo pintando en casa, alguna cosita hago porque me encanta. Eran unas veteranas hipponas, un flaco que era re hippón. Me encantaba la onda. Yo soy así… Si no jugara al fútbol me compraría un…¿Cómo se llama eso? (hace con las manos un volante)
-Un motorhome…
-Uno de esos. Vuelo, vuelo, vuelo. Yo ya le dije a mi novia. Cuando termine el fútbol me vas a hacer el aguante. Uno vive con horarios todos los días, de lunes a lunes. Entonces te satura. Es un sacrifico enorme. Te perdés un montón de cosas. La familia, yo tengo dos sobrinas que no las veo mucho, me perdí el crecimiento de mi hermano. Uno se queda con las cosas lindas, pero es una lucha constante que hay veces que te vence, que las presiones te ganan.