Los niños de YouTube también crecen

Desde los 6 años que la conocen millones de personas. Pasado el sueño infantil de ser famosa, Wendy Sulca construye su carrera artística en la música autóctona andina. “Hay mucha gente que lo ve chistoso, y a mucha otra gente le encanta como canta”.

 “El peor error que a menudo cometemos es que juzgamos a las personas sin conocerlas; nos hacemos imágenes preconcebidas, quizás por prejuicio, sin pensar por un segundo en lo que ha sido su vida, sin saber su historia, su VERDADERA historia. Juzgar es fácil y criticar también cada vez que algo no nos parece lo adecuado o simplemente es diferente, pero ¿quiénes somos realmente nosotros para juzgar? Nos hemos acostumbrado a ver solo a través de nuestros ojos y criterios; no permitimos a nuestra alma sentir con el corazón ni conmoverse con una historia que quizás hayamos tenido suerte en no vivir”.

Extraído de La verdadera historia de Wendy Sulca, más allá de La Tetita.

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Antes que nada, antes que todo: Wendy Sulca es el nombre real de una joven peruana que está por cumplir 19 años.

Wendy.
Wendy.

Sin tacos, Wendy desciende unos 15 centímetros, sin vestido, Wendy usa una remera sin marca, sin pollera, Wendy usa un short negro y sin maquillaje, anteojos negros grandes. La Wendy que sale por una puerta y la que vuelve después de 25 minutos, ya producida para las fotos, parece otra pero es la misma.

Una es la Wendy Sulca cantante, la de las millones de visitas en YouTube; otra es la Wendy Sulca hija de Lidia y Franklin, criada en el humildísimo cerro de San Juan de Miraflores.

Ahora, Wendy ya tiene casi 19 años – y no refleja para nada a la niña de los videos millonarios de YouTube – y es una joven que está transitando el trecho de la adolescencia a la adultez, de manera adulterada: desde los 6 años que la conocen millonadas de personas.

Aquí, en un departamento alquilado en Nuñez, su madre Lidia está sentada en un puff detrás de Wendy estudiando sus palabras y entrometiéndose – atinadamente- en la charla cuando piensa o siente que tiene que dar una explicación. Lidia es el motor responsable del fenómeno Wendy Sulca, que es su propia hija, en todos los sentidos no-lineales posibles: genia o culpable, Lidia es la encargada de cumplirle a su hija el sueño infantil de ser cantante, o mejor, de ser famosa. Convengamos que su anhelo no es muy distinto al de millones de adolescentes, y al de millones de madres.

Así, en las calles de Argentina, la gente no reconoce ni saluda a Wendy, salvo cuando se sube al escenario después de las 12 de la noche y con un público embebido. En Perú, según cuenta, sí la reconocen en todos lados. En ese sentido la ilusión de Wendy ya está cumplida: es famosa.

¿Cómo continúa ahora ese sueño realizado – siempre aparentemente- mientras los hobbys, los amigos, los estudios y la vida misma de una joven adolescente se parecen cada vez menos a Wendy Sulca?

¿El show must go on?

La gente contesta algunas cosas en sus videos: “Peruana macaco dedicate a otra cosa”, “sólo te hiciste conocida por ser una burla”, “jajajajajajajajajajaja!!!”, “por qué nadie le dice a esta chica que canta como el culoooo?”, “debería ser ilegal”, “es normal que me sangren los oídos XD?”, “JAJAJAJAJAJA”, “DIOSITO LLEVATE A WENDY SULCA, Y DEVUELVENOS A MICHAEL JACKSON :(“, etc.

El etcétera es tan insoportable que pone en evidencia – como la cantidad de visitas- lo que el fenómeno Wendy es a la vez:

–      ¿Una cantante estrella?

–      ¿Un “producto del mercado”?

–       ¿Un efecto de un consumo alocado?

–      ¿De nuestro humor colonizado?

En esta nota Wendy habla, cuenta, contesta, y se ríe todo el tiempo.

“Pasaron dos segundos desde que comencé a cantar, cuando toda la gente del colegio empezó a aplaudir y a reírse por cómo lo hacía, y cantaban conmigo. Mi mamá, que estaba nerviosa y preocupada por cómo cantaría, lloró de la emoción y no aguantaba la risa al escucharme. Dice que cantaba como viejita, con ese agudo, ese gallito tan típico que tienen algunas personas que cantan huayno, sobre todo las señoras”.

Con orgullo, sus raíces andinas.
Con orgullo, sus raíces andinas.

Wendy Sulca nació pesando 1900 gramos. Su padre Franklin y su madre Lidia no habían deseado ni prevenido el embarazo. Su pobreza parió una beba con problemas de nutrición que se manifestaron en el hambre voraz de Wendy: su libro – editado sólo en Perú- cuenta que vaciaba la teta de su madre y hasta otras tetas de otras madres que pudieran seguirla alimentando.

Su historia personal y la de la cantante empiezan a hilarse con su éxito más conocido (13 millones de visitas en Youtube, más de 100 versiones del tema) que se llama, no casualmente, La tetita. La canción fue compuesta por su madre Lidia y dice:

De día, de noche
quisiera tomar mi tetita
de día, de noche
quisiera tomar mi tetita

Cada vez que la veo a mi mamita
me está provocando con su tetita
Cada vez que la veo a mi mamita
me está provocando con su tetita

Ricoricoricorico, que rico es mi tetitaa
mmm!! rico!! qué rico es mi tetita…

El trasfondo de la letra es, claro, la anécdota de Wendy, pero ampliada a un contexto: “La tetita se hizo pensando en los niños campesinos, para promover la lactancia materna”, cuenta Lidia su sentido.

El video del tema arranca con unos peluches esos de juguete, que se mueven y emiten cierto ruido, hechos también por la propia madre Lidia que es fabricante de peluches de oficio (en serio). Las imágenes luego intercalan a un grupo de niños (“campesinos”), una vaca, una madre amamantando, un arpista tocando su arpa, Wendy a los 6 cantando y bailando, todo en un paisaje de palmeras que es en el distrito de Huacaña, lugar donde – también- nació la madre de Wendy Sulca. “Los productores nos dijeron ´lo hacemos acá nomás en una plaza de Lima´ y yo le dije nonono, si no tienen plata yo corro con los gastos de los pasajes de los camarógrafos y todo eso… Eso lo hice, pero después no encontramos pasaje para nosotras, y nos fuimos en el bus abajo donde van las encomiendas, los bolsos. Ahí nos fuimos”.

Wendy: “Y los camarógrafos ahí arriba (ríe). Pero felizmente encontramos, ¿te acuerdas?, un colchón que estaba doblado, rompimos la cinta y fuimos durmiendo. Y para no quedarnos asfixiadas había como una tapita, la abrimos y entraba el aire por ahí…”.

La madre: “Mis hermanos me decían: estás loca. ¿Pero qué iba a hacer? Si los camarógrafos estaban arriba, no me podía quedar. Si van los bolsos, ¿porque no podría ir yo?”.

¿Cuánto tiempo viajaron en la bodega de los bolsos?

Al unísono contestan: “12 horas”.

Y se ríen.

La carrera de Wendy Sulca fue extrema hasta ese punto. “Venimos de una familia muy humilde, nosotros vivíamos en San Juan de Miraflores, en uno de los tantos cerros que hay. Hemos sufrido mucho, mucho”, remarca la joven Wendy. San Juan es indicado como uno de los distritos más pobres de la provincia de Lima, al sur de esa ciudad, con 400 mil habitantes. Está rodeada por cerros también bien poblados, al mejor estilo La Paz, con menos densidad de población que esa ciudad pero con más que la capital argentina. Wendy se crió en uno de esos cerros, que son siempre más humildes que la ciudad. Su madre compara: “San Juan es un distrito como la provincia de Buenos Aires, un poquito apartado de la ciudad. Seguimos viviendo ahí pero estamos en la zona B”. Según cuentan las Sulca, en San Juan existen las zonas A, B, C, D y E: ellas pasaron de la D a la B hace tres años, donde alquilan “un departamentito”. “Ahorita no podemos comprar, o sea sí podríamos pero estamos invirtiendo en Wendy. Ustedes no se imaginan cuánto cuesta… Yo sé que no hemos hecho grandes cosas todavía, ni siquiera un videoclip bueno… Estamos trabajando en eso, en el disco, hacer un buen videoclip que cuesta carísimo. Por lo pronto estamos en un mini departamento enfocadas en eso porque, ojalá Dios quiera, lo importante es hacer el disco de Wendy y que siga su carrera”.

Que Wendy sea la prioridad quedó claro en otra de las historias que cuenta la propia hija única: “Una de las tragedias que más nos tocó a nosotras fue la muerte de mi papá. Era mi arpista, yo siempre cantaba con él, él me apoyo desde el primer momento. Fue un momento decisivo de si seguir cantando o no seguir cantando. Imagínate, yo era una niña y estaba acostumbrada a cantar con mi papá… Me acuerdo que mi mamá me pregunto: ¿Vas a seguir cantando o no? Porque es muy difícil una carrera de cantante, y cuesta mucha plata… Pues, nada, decidí seguir adelante porque tanto habíamos luchado… recién empezábamos pero ya habíamos sufrido mucho: no nos pagaban en los locales, volvíamos caminando con mis polleras y el frío hasta mi casa, a veces nos quedábamos a dormir en el boliche para el siguiente día venirnos en bus… No teníamos suficiente dinero. Todas esas cosas yo me ponía a pensar: mi papá quería que yo siga adelante. Yo creo que por él, por mí y por mamá yo seguí adelante”.

Lidia, que escuchaba a su hija contar la historia con madurez, se incorpora en el puff para explicar su parte: “Yo fabricaba peluches, esos mismos que aparecen en el video de La Tetita. Mi esposo trabajaba para pagarles a los músicos, y yo trabajaba para comer. Cuando mi esposo fallece, yo dije ´si con mi esposo dormíamos en los locales porque no nos alcanzaba el dinero´… ¿Cómo quieres que trabaje para los músicos, para hacer tu vestuario y para comer? Y encima me quedé con muchas deudas. No vas a cantar porque yo, la verdad… yo voy a trabajar para educarte y para la comida. Ya no vas a cantar”.

Silencio.

“Se puso a llorar y me dio tanto la pena… ver llorar a mi hija… truncar sus sueños porque su papá murió… Yo dije: no. Haré lo que sea y que Dios nos ayude. Pedí dinero al banco, hice polladas, iba trabajando y pagando cuota por cuota… y hemos avanzado un poquito. Gracias a Dios este año visitamos diferentes países, hemos podido presentarnos en muchos lugares. Acá tocamos en boliches, pero en México tocamos en un auditorio. Eso ya es un avance, ¿no?”.

El mismo día de la grabación de La tetita se hizo también Cerveza (8 millones de visitas), su segundo gran éxito, el que más ruido hizo por ser una niña de seis años que canta “señor cantinero, deme más cerveza”. Wendy: “Sí, obviamente, era raro ver a una niñita de otro país cantándole a la cerveza… Si yo lo veo, no voy a entender. Pero en Perú la música folclórica se suele cantar así. Yo fui una de las primeras niñas que salió a cantar ese tipo de música”. Lidia completa: “En Argentina u otros países algunas personas no conocen de dónde viene la música autóctona, el arpa, la guitarra. Tal vez lo pueden tomar como chistoso, pero no tienen conocimiento de dónde viene, que viene de los Incas”.

El consumo de Wendy Sulca en distintas partes del mundo pone en juego una serie de valoraciones que, si parten del prejuicio o no, a las Sulca las tiene sin cuidado: “Como sea, así también se abrió la puerta a muchos países, de la manera que haya venido. Hay mucha gente que lo ve chistoso, y a mucha otra gente le encanta como canta Wendy”, asegura su madre. “La gente gracias a Dios le quiere a Wendy. Y esa es la satisfacción que ahorita llevo en mi corazón. De lo poquito que hemos hecho hasta ahorita, como lo hemos hecho a pesar de todas las cosas que nos han pasado… Este es el comienzo. Yo quiero que mi hija avance mucho más”.

¿Wendy quiere? “Pues obvio, sí”.

Ante la atenta mirada de su madre, Wendy parece saber lo que conlleva esa elección. “Estudiar es muy muy difícil porque si ya en el colegio se me complicaba mucho, por lo que faltaba por las presentaciones, estar en una universidad es mucho más difícil, me dicen”. Durante el año pasado Wendy intentó un cuatrimestre en Administración de empresas, pero tuvo que dejar por los viajes como éste.

“Este año, sí o sí”, sentencia la madre.

Wendy: “No se sabe, ¿qué tal si salen más cosas?”

-A la distancia, pero tienes que estudiar.

-Ojala que se pueda… Yo igual quiero seguir preparándome, obviamente, estudiar actuación, canto, baile, prepararme mucho más para lo que se viene – vuelve Wendy a la charla periodística. Durante el 2014 Wendy estudio canto e hizo un taller de baile. “Soy cero deportes, soy malísima. Hobby no, aparte de cantar me gusta actuar y aparte de eso… de chiquitita me gustaba dibujar, pero ya no”.

Imágenes: NosDigital
Imágenes: NosDigital

¿Qué hacen los chicos de su edad, de su barrio, sus ex compañeros de colegio, los jóvenes de 19? “De repente personas muy humildes van a las calles a pedir limosnas, vender caramelitos. Pero no, mis compañeros no trabajaban. Lo que pasa es que yo de muy chiquita salí a cantar con mi papá y en uno de esos gané un concurso representando a mi distrito. Y justo el alcalde vio eso, le gusto que ganáramos y pues me apadrinó. Él se encariño mucho conmigo, fue mi padrino de bautismo, me becó en un colegio de clase media, uno de los más importantes, y estuve con chicos de clase media; tampoco de clase alta, pero de clase media que tenían de todo… Y yo no mucho que digamos”.

Luego siguió el turno de En tus tierras bailaré, que cosechó que 4 millones de visitas… En él Wendy hizo trío con otra cantante peruana, la Tigresa del Oriente (“yo la escuchaba cuando chiquita”) y el Delfín (“no lo conocía”). ¿Qué tienen de común? “Lo común que tenemos es que hacemos música autóctona… ¿Acá le dicen ´tropical´?”.

Wendy, La Tigresa y el Delfín cantaron “Israel, Israel, qué bonito es Israel” por pedido de un productor argentino, que les aseguró fama internacional con ese videoclip. “Nosotros en ese tiempo nos habíamos alejado un poco de la música. Yo solo estaba estudiando. Porque nos habían robado mucho, porque salí un poco en la televisión y la gente piensa que por salir en la televisión uno tiene dinero. La verdad que fue muy duro, estaba muy nerviosa, tengo mucho terror porque entraron a mi casa armados, tapados… Dijimos que mejor había que dejarlo por un tiempo, terminar el colegio y después seguir… Ya lo habíamos dejado. Y pues nos llegó esa propuesta de la nada y wow. Bueno, hay que hacerla, no perdemos nada”.

Wendy sumó 4 millones de visitas y su carrera truncada por la pobreza familiar volvía al ruedo inesperadamente. El impulso derivó en un primer viaje a Argentina – donde las Sulca tienen familia en Villa Celina- y luego Colombia (dos veces), Ecuador (2), Chile (2), México y España, donde participó en un festival de YouTube.

YouTube le paga por sus videos desde el año 2010.

El mismo productor argento de En tus tierras bailaré propuso el siguiente paso: un cover de Madonna (“no la conocía”), Like a Virgin (3 millones 6 mil visitas). La lectura del productor seguía su crecimiento: Wendy ya tenía 17 años. “Cuando era chiquita pues solo escuchaba música folclórica: mi papá trabajaba en mi casa y ponía esa música. Cuando fui creciendo, las amigas, en el colegio escuchaban otro tipo de música, más variada”. Wendy cuenta que hoy le gustan Lady Gaga y Lali Espósito.

“Cuando era chiquita mucha gente me veía diferente, muy chiquita. Creo que ahora estoy en una nueva etapa, obviamente crecí y quiero hacer otras cosas, evolucionar. También cambiar un poco la imagen y todo eso”, comenta.

Al mismo tiempo, Wendy se fue dotando de un discurso sobre lo que hace, que pone sobre la mesa desde sus primeros hasta sus últimos videos: “Creo que hay muchas que cantan pop, muchas, y yo quiero hacer algo diferente. Quiero fusionar la música de Perú con el pop, seguir usando mis polleras… Mucha gente me dice eso: ´me identifico mucho contigo, me encanta que ames de donde eres´. Porque me siento orgullosa de eso. Quiero que me recuerden por alguien que se identifica con lo que es, sus raíces, su cultura, y que quiere difundirla al mundo”.

Mientras Lidia cocina un almuerzo tardío, en el living la Ya No Tan Pequeña Wendy se maquilla y al mismo tiempo mira el celular que le avisa que hoy (ese día) un cantante chileno lanzó una canción en la que ella colabora y que #WendySulca es trending topic.

Y se ríe.

Con fuego en cada palabra

Sara Hebe fuerza cada gesto para expresar con el ritmo de sus letras las injusticias que le atraviesan el cuerpo. A punto de lanzar su tercer disco con marcas de rap y rock asegura que “puede haber un mundo mejor… si es que no estalla antes”.

Lo vio girar el volante con los ojos encendidos y ya supo lo que venía. Apretó los párpados. Mientras ella clavaba las uñas en los costados del asiento, su papá alternaba freno de mano y embrague en una coreografía frenética. El humo apenas dejaba adivinar los círculos concéntricos que los neumáticos marcaban a fuego sobre el asfalto. Tras la vuelta final, lo miró con las muelas pegadas intentando evitar el rebote de la inercia. Él también la miró, brilloso de sudor, y se rieron juntos. Sara Hebe recuerda esta escena de infancia y parece todavía llevarla en la piel. En sus ojos claros, se asoma un compendio de aventuras cotidianas. De movimiento, giros, impulsos. Como un trompo.

Sara Hebe, una de las voces fundamentales del rap local, nació en Trelew en el 83’. En algún momento, dice, quiere volver. Lo planeaba para los cuarentaypico pero ya lo postergó para los 60. Una madre estudiante de Letras devenida en empleada por necesidad y un padre “bastante loco”, vendedor innato aunque con poca suerte y fanático del automovilismo. Hay también en el árbol genealógico una abuela materna poeta. Y Sara, por momentos, se inscribe más en esa línea de la escritura y la comunicación que en la de la música: “Rap significa ritmo y poesía, es muy sobre la palabra, es bailar hablando. Tiene que ver con encontrar el ritmo de uno. Empecé por el rap porque es hablar, entonces era buenísimo para lo autodidacta que soy, que no me gusta estudiar nada. En el rap lo central es el discurso”.

Sara Hebe se presentará el 20 del junio en Niceto.
Sara Hebe se presentará el 20 del junio en Niceto.

– ¿Y cuál es tu discurso?

– Me interesa hablar de lo que pasa, lo que veo, sin pensar tanto, muy de impulso. Pasa algo y quiero quemarlo todo, sacarlo, porque no lo soporto adentro.  También me pongo en otras pieles. Aunque es difícil, pero miro otras realidades y me imagino cómo debe ser, qué se sentirá. A veces cuento en primera persona cosas que no vivo.

Sara poetiza sobre lo cotidiano, lo instantáneo y contingente. Como una antena camina la vida con oídos esponja y encuentra en las frases fragmentadas y expresiones al pasar su material de trabajo. Ese andar distraído y soñar, dice, son los métodos que no le fallan: “Porque soy un desastre, una vaga total para sentarme a escribir. Entonces me sirve eso de escuchar por la calle y anotar, pero igual soy pésima porque ¡no tengo birome! Nunca me acuerdo de comprar. Por eso te digo que soñar, sueño seguro, entonces me despierto anoto una frase y construyo alrededor de eso”.

– ¿Qué te atrapó del género?

– El hip hop y el rap nacieron como espacios de denuncia y de reclamo por derechos. Pero como una resistencia vital y alegre. Tienen esa impronta de urgencia, de decir esto está pasando, el freestyle, la improvisación como herramienta. Igual yo no pertenezco a la cultura hip hop, vengo más del rock, aunque nunca fui de pertenecer a algo, sino más de andar por ahí.

– ¿Cómo relacionás la música y el arte con las luchas sociales?

– La verdad es que voy y vengo entre algunas sensaciones. A mí siempre me movilizaron las injusticias, me dan mucha rabia los intereses creados, cómo se utilizan las necesidades, la desigualdad que hay… Creo que la música, como el deporte, las letras, el periodismo, pueden ser herramientas de transformación, como líneas de fuga para hacer algo. Que la palabra se use para expresar, para escribir, para pensar, para elevar la voz. Pero también soy bastante pesimista. Por ejemplo, yo acompañé, desde mi lugar, la lucha contra el desalojo de Gascón 123 y después hubo 88 mil desalojos más. El arte genera conciencia, pero también pienso si a la lucha no la absorbe el propio sistema.

Imágenes: NosDigital
Imágenes: NosDigital

– ¿Eso no te desencanta?

– Sí y a veces digo: qué estoy haciendo. Tengo un amigo, La Ponzoña – nos hace los flyers y también la tapa del disco que viene – que acaba de publicar un libro que se llama “Tarde para todo”, y así me siento a veces. Creo que el cambio se puede dar en la micropolítica, en las relaciones, el día a día, todo lo que hacemos, eso puede mover el engranaje construido hasta ahora. También pienso en algunos avances de estos años, como el Matrimonio Igualitario y la Ley de Identidad de género, y me parece buenísimo que los pibes de hoy crezcan con ese marco. Y ahí entonces sí creo que puede haber un mundo mejor… si es que no estalla antes.

– ¿Y qué te pasa con el mote de militante?

– No me interesa definirme así, más allá de que me identifique con ciertas luchas y las acompañe desde lo mío. Como en Gascón, Sala Alberdi o como en el documental Nunca digas Nunca, sobre desaparecidos en democracia, que hicimos la música con Ramiro Jota. Porque también la gente pretende que estés en todas las movidas y no entienden que vos también estás laburando.

Sara Hebe empezó a trabajar en su primer disco en el 2007, después de que su profesora de teatro, Mirta Bogdasarian, la empujara a la escritura. Empezó a bajarse bases de Internet y a improvisar y componer sobre eso. Ya hacía un tiempo que había largado Derecho, primero en CABA y después en Córdoba, y había encontrado en la actuación su refugio. Finalmente apareció la palabra propia y ahí ya no paró.  Desde el primer micrófono que agarró en un bar de por ahí hasta hoy: “Yo me cebo igual, la gente es lo que me entusiasma, la comunicación”. De esos años de descubrimiento y experimentación, nació “La hija del loco” en 2009. Tres años después, salió “Puentera”, el disco que le apuntó todos los reflectores. Y hoy, repitiendo exacta la distancia, está a punto de lanzar el tercero:

– ¡Tres años! Imaginate el proceso… lento! Soy re lerda. O por ahí tuve un montón de tiempo trabada. Y de repente, salen tres temas. Me pongo medio nerviosa, necesitábamos terminar. Igual no me apuro, no hay ningún tiempo de mercado que nos corra. Siempre hice discos sola. No sé qué va a pasar. No sé si va a ser tan bueno. Escribo y después digo, ¡¿qué es esto?! El primer tema que fue para este disco lo escribí hace bocha. Pero los últimos son de ahora y no hubo tanto tiempo de revisar. Por momentos, digo: “¿Qué es esto? ¿Por qué dije esto? Me complico la vida. ¿Qué va a pensar la gente? Con esto me hundo”. Pero también me agarra la ansiedad, ya lo quiero sacar, pasar a otra cosa, ensayarlo.

Su próximo disco ya tiene nombre: Colectivo vacío.
Su próximo disco ya tiene nombre: Colectivo Vacío.

– ¿Cuándo lo presentan?

– El 20 de junio en Niceto, no lo anunciamos todavía, pero ya tenemos reservado. Un cagazo grande porque es enorme. Es otro precio también. Pero voy a tocar ahí porque tiene muy buen sonido. A mí me encantaría ir a un club, seguir tocando en esos lugares, pero este tiene un sonido de la puta madre, están instalados hace mucho tiempo, con laburo de prensa. Es una inversión. Si tocás ahí salís en todos lados, bah… ¡más les vale que lo pongan en algún lado! Una rabia me da. Espero no irme a las piñas. El arreglo es, como en la mayoría de los lugares, 70-30, pero después de que les pagues una buena suma. Hay que cubrir una moneda primero. Son gastos de producción, tienen lo que tienen. No sé si es el mismo acuerdo con todos. Seguramente si sos re famoso, por ahí a ellos les sirve y te hacen menos.

– ¿Cómo financian los discos?

– Es pedir plata y devolverla. Gastar y recuperar vendiendo los discos. Con este disco no sé qué hacer, me tiene mal porque no sé si hacerlo solos de nuevo. Yo hice discos con la UMI (Unión de Músicos Independientes) pero ahora no sé porque como que solo voy a la UMI para sacar el disco, el resto del año nada y resulta que ahora debo $1600, porque hay una cuota por mes. No sé qué hacer, porque también lo puedo hacer con un sello, pero me da miedo. Cuando lo hacés con un sello, algo le tenés que dar y ¡le tenés que dar derechos! Yo no lo puedo creer. Eso es lo que no me gusta. Cuando hacés el disco solo, cobrás un poquito por SADAIC, porque mis discos figuran como inéditos, pero si lo hacés con un sello pasás a otra categoría. Pero yo no soy muy buena para estar con gente, siempre me termino peleando. O sea que ya me veo con los del sello… porque firmás un contrato, ¡te tenés que llevar bien por tres años! Bah… capaz que lo hacemos. Quiero ya sacar el disco.

– ¿Tiene nombre?

– Ay no sé si decirlo o no. ¿Lo digo o no lo digo? Qué vieja chota me estoy poniendo. ¿Qué hago? Nunca lo dijimos, porque yo soy de terror, no quiero decir nada, mirá si lo digo y pasa algo. Bueno, el disco se llama “Colectivo Vacío”. No le digan a nadie. ¿Cuándo hay que decir el nombre de un disco? Capaz ahora ya podemos decirlo. Bueno, no sé, entonces sí.

Los supuestos normales

“Todo aparenta normal” se anima a cantarle a lo establecido y darlo vuelta para jugar a otra realidad. La música como plataforma para filosofar sobre la vida cotidiana.

El film transparente abraza la caja. Se desprende suave. Deja libre la silueta que de verde llega a rosa, que desde la tierra conecta con la mirada. La tapa se abre hacia la izquierda. Una nueva solapa. En letras azules, sobre fondo negro, reza: Hijos del mundo. Esta vez, la mano se mueve para la derecha. Hacia la profundidad de la caja se sigue camino. Nicolás Alfieri, Lucas Barzan, Juan Pablo Alfieri y Alexis Koleff aparecen entre sombras. Por debajo, la línea de un cardiograma lo atraviesa todo. Es una señal: estamos vivos. Las letras aparecen en forma de tarjetas engalanadas por imágenes. En el fondo de la búsqueda un cielo de algodón decora la recomendación previa al play:

“Se recomienda escuchar este disco en un estado de profunda armonía…”

*

La banda está sentada en una mesa del barrio de Congreso. Lejos de su Don Torcuato natal, lejos del 2009 que los vio nacer. Todo Aparenta Normal fue durante una noche, Todo Aparentemente Normal. “Fue el primer escrache, al otro día lo cambiamos. Tenía un mente de más”, recuerdan mientras se arranca el mate.

–   ¿Por qué “aparenta”?

–  Creo que el hecho de estar tocando, de estar arriba del escenario te da cierta libertad que la vida cotidiana, donde uno se rige por normas, no. Si bien estamos hablando de música y hay patrones, el universo que se plantea ahí arriba se expande mucho más. Uno puede fingir ser alguien que no es, aparentar ser una cosa o aparentar ser quien es. Jugar un poco con ponerse y salirse de un mismo personaje. Casi desde la actuación. No somos una banda que hace un show de acting, pero uno arriba del escenario puede jugar a ser un personaje.

 –  ¿Y en ese juego dónde entra la aparente normalidad?

– La normalidad entra en un mundo en común de mínimamente dos personas, se establece. Dos personas se ponen de acuerdo y dicen qué es lo normal. Dos personas, una sociedad, cien millones. Es una convención. Ahí entra un poco el juego que tiene el nombre, pensar ¿qué es lo normal?

–  En este juego aparente, ¿son más normales arriba del escenario o abajo?

–  Arriba: Somos. No sabemos qué somos. Y abajo, tampoco.

*

Nicolás, Lucas, Juan Pablo y Alexis bucean las palabras. Sonríen en la búsqueda. Sonríen aunque el mate está violentamente lavado. Sonrieron, seguramente mucho, con la boca amplia y los ojos achinados, cuando en el 2011 sacaron su primer disco: Diferente. Y largaron carcajadas de profundidades viscerales cuando el verano que pasó, después de estar quince días juntos componiendo, se materializó su segundo disco de estudio: Hijos del mundo.

El proceso de grabación fue filmado desde la intimidad por los hermanos Dawidson. El resultado es un documental que puede verse en Internet, junto a muchos otros videos de la banda.

–  Uno es músico y su fuerte es el audio, pero no podemos renegar que el paradigma musical cambió mucho. Antes para una banda la imagen no tenía por qué valer, nosotros no podemos dejar de darnos cuenta que hoy la imagen es re importante. Tener videos subidos a YouTube es recontra importante y que te conozcan a través de las redes sociales. Uno negocia esa parte, es importante: estamos de acuerdo.  Después uno puede entrar en un paradigma más filosófico, ¿qué es más importante: el sonido o la imagen? El sonido. A ninguno de nosotros nos importa que nos conozcan en la calle, que conozcan nuestra música es lo más importante. Tenemos en claro que lo nuestro es el sonido. Nosotros lo que hacemos es música y la música entra por las orejas, no por los ojos. Después, nos tenemos que adecuar al tiempo en el que se vive y hoy en día todo es mucho más visual que antes.

*

“Hijos del mundo es aquel que descree de toda frontera humana y geográfica. Aquel que se sabe finito y portador de energías que trascenderán su propia existencia, como el amor. Que esa conciencia de su propia muerte no lo destruye ni lo debilita, por el contrario, lo construye, lo fortalece, le da sabiduría. Le enseña el valor del tiempo, del ruido y del silencio. Lo hace saberse tan necesario e insignificante como el animal, la planta o el propio aire que respira”

*

–  El origen de todo esto nació en la composición del disco. Surgió esa ideología de “hijos del mundo” y una concientización a ciertas cosas. Mucha charla con amigos, entre nosotros. Muchos momentos.

–  ¿De qué charlaban?

–  Filosofía barata. Muchas cosas en común sobre el manejo de nuestra especie humana con el planeta. Desde los papeles que están tirados en el piso hasta la compra de territorios en la Patagonia. ¿Qué hace al ser humano dueño de la tierra? El ser humano es hijo de la tierra, ahí nace todo ese rollo que siempre hablamos. Fue un concepto que quizás nosotros terminamos de desarrollar a la hora de pulir los temas. Era algo que se venía gestando pero empezó a tomar la fuerza necesaria cuando estaban los temas ahí, ese hilo conductor aparecía mucho.

–  ¿Qué relevancia le dan a la palabra?

–  Me parece que uno es músico y además deja cierto mensaje. Uno es como un comunicador, entonces está bueno aprovecharlo para cosas buenas. Darse el lugar de volver a las apariencias pero también usarlo para bien. Es una forma de agradecer, si uno puede decir algo y que otros lo escuchen, vamos a decir algo que nos interese decir.

*

“Tal vez preferimos callar, para que hable el silencio. Eso que tus ojos no ven, sin alma es fósil el cuerpo. No habrá condena más existencial que la propia existencia. ¿Sabes domesticar la ausencia con sangre en las venas?”

*

–  Igual, a nosotros lo que nos molesta es encuadrarnos. Pero también hablábamos de un personaje. Nuestra conciencia está, las palabras y las cosas que decimos las sentimos pero eso no es que no nos va a permitir ser otros en el escenario, que la letra sea en tercera persona o que la letra sea verdad. Sí lo importante es ser verdaderos y que lo que esté plasmado sea algo con lo que nosotros nos sintamos identificados, que estemos en unión con ese mensaje. Si llega de la manera que tiene que llegar, si llega de otra manera, si se entiende o no se entiende, tiene que ver más con el receptor que con el comunicador. Y eso también está buenísimo, que se interprete la canción por un lado que no tenía nada que ver con el sentido original.

Todo Aparenta Normal le escapa por todos lados a los márgenes que encuadran. “¿Rock alternativo por qué? Y, porque hacemos rock, pero la canción va a alternar para donde nos pida. Si hacemos una chacarera esa chacarera va a ser rock. Son etiquetas, están mal pero lamentablemente hay que usarlas”. Y vuelven sobre sus palabras: “Nos cuesta mucho identificarnos con un sonido. Sí obviamente reconocemos que tenemos herramientas de un montón de bandas, pero no queremos sonar como nadie, nuestra apuesta es sonar como nosotros. Es la apuesta de toda banda, no estoy diciendo nada raro”.

En el cuerpo las etiquetas aprietan cuando vuelve a aparecer una sonrisa, esta vez pícara “Uno tampoco puede decir escúchame si querés. Qué mayor información a la pregunta de ¿qué tipo de música hacen? que decir: escuchala”.

Y abren una puerta, que sugiere estar en profunda armonía, antes de dar el primer click.

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“Formar las ideas de los pibes es una responsabilidad”

De La Gran Piñata viene pateando los caminos del under desde el 2004, cuando arrancó el sueño en Berazategui. En los últimos meses, llegaron a Vorterix, a Cosquín Rock y al Teatro Flores. “La gente se imagina que me voy a tirar de un noveno piso a una pileta y no, somos muy normales”. 

Se miran el dedo índice, el que está al lado del pulgar que también llamamos gordo. Cuando tienen que marcar el centro de ellos mismos la mano pasea por el pecho y por la cabeza. Un camino invisible que sube, baja y conecta.

¿Y cómo banda el centro está en la cabeza o en el corazón?

-Es una buena mezcla. Creo que somos suficientemente racionales y calculadores, pensamos todo diez veces antes de hacerlo, lo cual nos permite en el momento del vivo ser muy pasionales y saber que está todo saliendo bien.

“Junto a sus amigos, se puso una banda (No hay que darle al tiempo lo que no es de él). Y hoy sabe que todo ha valido la pena, si escucha los gritos del negro José”.

La letra de De La Gran Piñata llega de “Norte”, el último tema del último disco: “Viaje al centro de uno mismo”, que salió en 2012. Varios años atrás, hace exactamente una década, la banda de Berazategui emprendía su viaje. En el medio, en el 2009, nacía su primer disco “Miércoles”. Hoy, Darío “Pantera” Giuliano (guitarra y voz), Lucas Martínez (guitarra), Nicolás Persig (bajo) y Alejandro Zenobi (batería), hacen una parada para pasar una tarde, casualmente de miércoles, frente a grabadores y cámaras de fotos. Sentados tras las medialunas, empiezan a girar el mate. La charla profundiza en ellos mismos, el viaje arranca un miércoles.

– Al principio, los miércoles era el único que teníamos libre para empezar a tocar, entonces era el día para las primeras reuniones de la banda. Después se nos empezó a complicar juntarnos los miércoles pero como nos gustaba esa mística decidimos mantenerlo a rajatabla como día de juntaba de banda. Nos juntamos a ensayar o a lo que sea. Siempre hay que cortar la semana a la mitad.

¿Cuándo se dieron cuenta que la mística de los miércoles los excedía?

-En una de las fechas no habíamos conseguido un sábado y salió hacerlo un miércoles, el primer reci del año pasado y estuvo lleno. Vino la gente sabiendo lo importante que era ese día para la banda y fue lo mismo o más que un sábado. La energía era otra. La gente estaba igual de extasiada que si fuera fin de semana. Estábamos tocando en el momento y decíamos: mañana tienen que ir todos a trabajar. Ahí te das cuenta que la gente se lo apropió.

Ustedes también tenían que ir a trabajar

-Sí, al otro día era cruzarse con gente en la calle con ojeras y saber que habían ido al recital, como el club de la pelea cuando el tipo está todo marcado.

Por fuera de la banda, todos tienen otros trabajos. Alejandro es agrimensor, Lucas es luthier, Nicolás labura en un estudio de grabación y Pantera es diseñador gráfico. Cada uno aporta desde su lugar por fuera de lo musical, pero De La Gran Piñata siempre es prioridad, también ellos se la apropiaron. Pantera recuerda sus ganas de ser el primero en llevar la banda en la piel: “Yo tenía planeado hacerme el primer tatuaje de la banda, ya tenía fecha y el día anterior una chica sube al Facebook un tatuaje de una frase nuestra. Así que el primer tatuaje de la banda no es el mío”.

¿A la chica la conocían?

-Venía a vernos, de los shows.

¿Qué les generó?

-Fue una sensación muy extraña, veíamos que una canción iba a estar para siempre en alguien. Encima era una letra también que tiene otra carga, decir yo escribí esto sentado pensando en tal cosa y alguien lo va a llevar y se lo va a explicar a los nietos.

¿Qué decía el tatuaje?

-“Si se da se da, y sino mejor”.

¿A la hora de componer piensan que puede ir a la piel de alguien?

-Hoy creo que tenemos más cuidado con lo que decimos a la hora de componer. Por ahí antes era un poco más inocente y hoy por hoy sabés que tiene un peso y tratás de que las frases no sean así tiradas al tuntún. Sabemos que esta popularidad que estamos teniendo nos acerca a un montón de gente y también está formando las ideas de un montón de pibes que escuchan las letras de lo que decimos. Es una responsabilidad mucho más grande.

La chica en la piel lleva una frase de “Josefina”, que también forma parte del último disco. Como ella, muchos otros eligieron a la banda con el cuerpo. En Facebook, el álbum “Pasiones que dan escalofríos” es testigo de un centenar de tatuajes en los que fragmentos de canciones, el logo y DLGP son protagonistas principales. El arte de sus seguidores: mates, remeras, grafitis, zapatillas, dibujos, hasta una pizza con el queso formando el logo, entre muchos otros, forman otro álbum con más de setecientas imágenes. Los trapos piñateros y las entradas a los recitales que vivieron en estos años también tienen su propio espacio en la red social de la banda.

Quizás Pantera no imaginaba posible tantas repercusiones cuando unos años atrás al micrófono lo miraba de lejos: “Me gustaba demasiado la guitarra y creía que podía ser mucho mejor guitarrista que cantante. Hace unos años me empecé a encontrar  cantando y a descubrir un poco lo que podía hacer con la voz y me empezó a gustar”. Nicolás, hasta sus 15 años no había tocado ningún instrumento pero se acercó a la guitarra gracias a Lucas y todo arrancó rodar, o a sonar. La historia de Alejandro es diferente, durante nueve años estudió piano, “vieja escuela, Mozart y esas cosas”, lo define.

¿Esas influencias suman a la banda?

-Sí, es muy importante tener la cabeza abierta para absorber cualquier disco, cualquier banda que vas a ver. Absorberlo, interpretarlo y después incluirlo en tu repertorio de alguna forma, no robando, pero si tomándolo como influencia para aprender y tener conocimientos nuevos de diferentes estilos. Tratar de volcar eso en algo nuevo.

Cada uno con sus influencias y gustos a cuestas comenzaron a transitar la música en diferentes momentos. Se conocían y se iban a ver mutuamente, hasta que un miércoles los juntó.

¿Qué necesidad había de generar este viaje?

-Nacimos con la necesidad de ser músicos. Es una búsqueda que nos fue llevando y hoy nos encuentra a los cuatro juntos.

¿Te imaginás sin ser músico, Pantera?

-Lo que ocupa todo mi tiempo, toda mi cabeza es música, y todo lo que rodea también.  No sé, juntarnos a buscar el nombre del próximo disco o buscar el sonido de las violas. Creo que si hoy pasara algo que me impidiera cantar o tocar la guitarra de alguna forma tendría la banda, no sé, haciendo volantes, algo. La gente se imagina que me voy a tirar de un noveno piso a una pileta y no, somos muy normales. Disfrutamos mucho de otras cosas, por ahí de juntarnos a comer o de hacer música por la música en sí. Por el solo hecho de expresar algo, por ahí no somos tan buenos con las palabras pero nos sentimos muy representados con lo que hacemos arriba del escenario.

Desde arriba, cuando las luces se encienden y suenan los primeros acordes las manos se alejan de la cabeza y se acercan más al pecho. En ese momento, la comunión con la música y el público los hace plenos.

¿En este viaje cómo se imaginan el cielo de De La Gran Piñata?

-Creo que cada uno se construye su propio cielo, entonces si bien por ahí la metáfora es llegar al cielo, es más importante el cómo llegar que el cielo en sí mismo. Creemos que no hay que pedir permiso, que sea el cielo depende de entrar imponiéndose también, sino la vas a pasar como el culo y va a ser un infierno.

Para llegar, ¿el pasaje se paga caro?

-Depende la postura y la actitud de la banda, nosotros somos muy unidos, nos pasaron miles de cosas que por ahí a otra banda la hubiese tirado abajo o la hubiese desmoralizado. Nosotros aprendimos un montón de cada cosa que nos ha pasado y tenemos mucha contención entre nosotros. Llegamos hasta donde estamos sin lamentar nada, creo que si se paga caro es porque la banda permite que entren las cosas de afuera.

“Si al cielo entrás de rodillas no va a ser nunca tu cielo”.

La frase se lee en el brazo de Pantera. El centro de ellos mismos es un camino entre el pecho y la cabeza. En el centro la garganta y una necesidad de comunicar. La música es su propio cielo.

Un elefante en movimiento

Elefante en la Habitación es un colectivo de músicos que trabaja para construir la escena que quiere habitar. Con énfasis en el contenido y en la canción, apuestan a la autogestión para trabajar y vivir del arte.

–         Está instalada una idea en los músicos de armar su propia quintita. Pero hay algo muy diferente, de lo que nos dimos cuenta rápidamente: cuando crece la escena crecemos todos, es por eso por lo que tenemos que trabajar. Entonces, quebremos la lógica de que hay que pegarla y empecemos a construir. Y juntos es mucho más fácil, más placentero, más rápido. Y aprendés mucho más.

En Buenos Aires, es común que se hable de movidas y a todos por momentos nos invade la sensación de no poder seguirle el ritmo a las distintas propuestas. Pero entre la frase hecha “acá tenés para todos los gustos” y una real circulación y conexión entre artistas, contenidos y públicos, hay un abismo que se nos aparece infranqueable. Sin embargo, en distintos puntos surgen intentos emergentes por desafiar el aislamiento cosmopolita y los mapas con caminos prefabricados que recorremos en automático y resultan predecibles hasta el cansancio. Con la intuición de una idea de cruce y de encuentro, se fue entretejiendo una red como de hilos invisibles, que conectó deseos y problemáticas comunes y denunció al Elefante en la Habitación (EH!). Así se llama el colectivo de músicos autogestivos que trabaja para construir la escena musical que quiere habitar. Casi como si el elefante del Principito se abriera paso desde el estómago de la serpiente boa – léase en este caso la lógica del éxito y el mainstream – y se mostrara en todo su potencial, listo para una estampida.

Nahuel Carfi, uno de los músicos que vio al Elefante dar sus primeros pasos, recuerda el germen del inicio:

–         Antes de que existiera este colectivo, había varios de nosotros que ya estábamos intentando unificar distintos puntos de la escena musical. Por ejemplo, María Pien y Lautaro Feldman trabajaron en El Círculo de la Canción, se juntaban los domingos, eran encuentros geniales, que servían de punto de confluencia para muchos que estaban en la misma. Yo trabajaba con Nahuel Briones en el Ciclo 20 canciones, que era muy parecido a lo que hacían ellos. Es decir, sin conocernos, varios de nosotros estábamos intentando unir la escena y encontrarnos. En 2011, ya estaba la idea de cruzarnos.

Al año siguiente, comenzaron las reuniones y el elefante se puso en movimiento. Pronto descubrieron historias, necesidades y deseos afines signados por la experiencia común de ser músicos y dedicarle su vida a ello. Porque entre el sueño del pibe de sacar un disco y recorrer escenarios y el día a día de trabajar en la música, hay unos cuantos mitos deshechos. Damián Drolas de Globos – una de las bandas que integra el colectivo – lo sintetiza así: “Es todo a pulmón, porque uno quiere ser músico, pero se encuentra con que si no gestionás una fecha, no tocás. Y es lo mínimo indispensable. Es algo con lo que te chocás desde el principio. Ni siquiera es algo de nuestra época, es algo que le pasó a todo el mundo, salvo a las figuritas que agarran para inventar un producto, pero ya es otra cosa”.

De los debates en torno a esta problemática, surgió la noción de “músico-gestor” para referirse a la multifuncionalidad de tareas y conocimientos necesaria para la subsistencia del artista de estos días. Lautaro Feldman sienta posición:

–         Hay que hacerse cargo de la situación en la que uno está y en todo caso intentar modificarla… Esperar a que vengan a hacer algo por vos es medio ingenuo o, por lo menos, muy jugado. A todos se nos cayó el velo sobre muchas cosas. Tenemos reuniones semanales y hablamos de todo, y de pronto cosas que antes nos parecían oscuras o no entendíamos, ahora las vemos mucho más a nuestro alcance. En ese sentido, la capacidad de poder, de poder hacer, a mí me da gusto. De todas maneras, mi ideal sería dedicarme a ser músico. Siempre hablamos que hacemos esto con gusto, pero en definitiva la idea es que no somos una productora, todo lo que hacemos es un vehículo para el arte. En vez de pensar en pegarla, pensamos en generar un contexto y a partir de ahí estar cómodos con lo que construimos, lo que nos gusta y rodeado de la gente que queremos.

El rol de músico-gestor ya está asumido por los participantes del colectivo, que aplican su creatividad para mucho más que la composición e interpretación de canciones: “Nos ocupamos de muchos aspectos que giran en torno a la música, para que se difunda, para que se haga, para que se grabe. Ya lo asumimos como parte de nuestra identidad, de lo que nos tocó. De todas formas, si bien es cierto que este tipo de laburo tiene que ver con nuestra época, la cuestión del movimiento colectivo es más vieja que no sé qué. Lo nuestro es una reconstrucción a nuestra manera de una experiencia que ya se hizo un millón de veces; es la forma que encontramos de subsistir y de crecer, pero siempre existió”, agrega Nahuel.

Frente a la mesa que sostiene el grabador, van pasando distintas caras y suenan voces diversas. Los y las integrantes de Elefante en la Habitación tejen un puente entre el fin de la frase de uno y el comienzo de la de otro y mantienen la charla en movimiento. La cita fue en el club de arte Vuela el Pez, donde los elefantes juegan de locales. Durante el 2013, organizaron dos temporadas del ciclo Domingo Animal, en las que compartieron sus noches con el arte en vivo de Anuario de Ilustradores, otro colectivo independiente que nuclea 100 ilustradores. Pero ahora ya estamos en el 2014 y la música no se toma vacaciones. Un sábado de enero nos encontramos en el mismo lugar, en la antesala de la oferta refrescante del verano: Licuado de Elefante – cruces y versiones de bandas de EH! Esta noche quedará demostrada que la voluntad de encuentro sigue intacta y que, entre canción y canción, circula respeto y admiración entre los y las artistas de las distintas bandas. María Pien cuenta que para ella se trata de romper con una mezquindad que existe entre los artistas contemporáneos, que muestran un cierto recelo a la hora de reconocer el trabajo ajeno y compartir el propio. Entre posibles hipótesis que circulan, varios coinciden en que está instalada la idea de que se compite por el público, uno de los grandes desafíos de los artistas independientes. Lautaro aclara:

–         La realidad es que cuando la gente escucha música, no escucha una sola banda, entonces no es que competís por el mismo público, porque la gente tiene muchos discos para escuchar, y de hecho cuantos más tenga es mejor, porque más se va a identificar con una escena.

Elefante en la Habitación se nutre justamente de esa riqueza y esa diversidad, y desde allí construye su identidad colectiva. Para Nahuel: “También los músicos nos tenemos que sacar el prejuicio de que nos tenemos que juntar solo con los que hacen lo mismo que nosotros. Es cualquiera eso. ¿Por qué no armar un colectivo con bandas que todas giran en torno a la canción contemporánea relacionada a la ciudad en que vivimos, pero todas desde su punto de vista, siendo quiénes son? ¿Por qué no unirnos? La nuestra es una identidad heterogénea”.

El trabajo colectivo y la economía colaborativa en el mundo de la música son contagiosos. Cada vez son más las bandas que se acercan a EH! y, en el camino, se multiplican los proyectos. Este año arrancaron con un gran anuncio: En marzo se viene el Festival Elefante en la Habitación! Y como son tantas las músicas, no les alcanzó una sola noche. Arranca el sábado 20 a las 22hs. en Espacio Cultural Dínamo (Sarmiento 3096) y sigue el domingo 30 a partir de las 16:30hs. en el Konex (Sarmiento 3151), para cerrar la temporada de verano del Parador Konex y los festivales de música emergente de los domingos de marzo. Prontos a lanzar su nuevo sitio web, mantienen su Facebook actualizado con información y videos de las bandas integrantes. Reconocen que la tecnología es una aliada crucial para crear de forma independiente. Sin embargo, Nahuel matiza:

–         Las redes sociales, internet en sí mismo, son todas herramientas… Pienso que hay herramientas increíbles ahora para hacer arte, para que lo difundamos, para que nos conectemos de esta manera, pero hay que seguir apostando al contenido artístico y eso es algo que también defendemos desde Elefante. Somos un colectivo que todo el tiempo está creciendo y siempre buscando cosas en la escena que nos gusten, que tengan un recorrido, que estén trabajando sobre la belleza, sobre el arte, que tengan algo para mostrar, y eso es clave. Justo el otro día leí la carta que Scorsese le escribió a su hija, que fue muy difundida. Y le dice justamente: ahora todo el mundo puede filmar una película, pero no te olvides de la belleza, del contenido. Seguí buscando la belleza. Todos estamos en ese camino también, de seguir buscando contenido, que haya arte, no somos una productora, nos preocupamos por todo el paquete.

Elefante en la Habitación se presenta como “un sello discográfico, un colectivo de artistas músicos-gestores, una plataforma para crecer y crear una escena cultural con voz propia”. En el intercambio de experiencias con otros colectivos artísticos y en las luchas compartidas con los espacios de creación y expresión cultural, estos trabajadores de la música reactualizan estrategias clásicas e inventan nuevas formas de defender lo innegociable: “La idea es vivir de la música, trabajamos para existan las condiciones de posibilidad de vivir tocando”.

Ya te avisamos, reservate el último fin de semana de marzo, porque Elefante se viene con todo:

Sábado 29 de Marzo a partir de las 22:00hs en Espacio Cultural Dinamo (Sarmiento 3096) tocan:
– Vúmetro (EH!)
– El Equilibrio Cósmico (El Abrazo Ultravietnamita)
– Luzparís (Desde El Mar, Mar del Plata)

Domingo 30 de Marzo a partir de las 16:30hs en el KONEX (Sarmiento 3151) tocan:
– Globos (EH!)
– Lautaro Feldman (EH!)
– Proyecto Gómez
– Ciruelo (EH!)
– ChauCoco! (EH!)
– Los Espíritus

Fb: /elefanteenlahabitacion

Elefanteenlahabitacion.com

Todos o nada

Bien cruzados los Mustafunk disparan preguntas a sus compañeros y arman una entrevista fuera de cualquier plan. En lo esencial se definen como un colectivo. Todos se tatuaron la fecha de salida de su primer disco. Mucho de todo lo que pasa por la cabeza de un grupo del under.

De a ratos la gente que hace ejercicio por los Bosques de Palermo nos distrae. “¿Se percataron de que ahí está el Planetario?”, pregunta alguien asombrado. Hablamos de las zapatillas de los que corren, del pasto con y sin pinches en el que estamos sentados, de la cena que van a tener dentro de un rato, de la posibilidad de unos fideos con crema o McDonald´s. La charla va y viene todo el tiempo, como ellos, no se queda quieta. Serafín propone hacer él una pregunta a cada uno de los chicos y se arma el juego.

–  A Agus Petinatto. Estás en una etapa de tu carrera como músico en la que estás abandonando la vida real para llegar a esta vida loca de vivir de la música y decir: “Yo soy músico 100%, mi vida es esto”, y todo lo demás no es que te chupa un huevo pero escapa un poco de la norma real de lo que es ser una persona, que es re triste. Mi pregunta es esta: ¿Qué sentís? ¿Tenés miedo? ¿No te genera decir “la estoy pifiando”? ¿Voy a invertir un período de crecimiento en algo que por ahí no funciona y después la chupo toda la vida? ¿No te da miedo meterle huevo y no llegar a ningún lado y tener que ser una persona normal toda tu vida?

– Voy a seguir siendo una persona normal sin trabajar tanto. Toda mi vida, todo lo que tenga que hacer va a ser en función de tener más tiempo para la música.

– A Agus Marinelli: Si cae una bomba nuclear y se mueren todos los Mustafunk menos vos, ¿crees que podrías rearmar una cosa como las que nos pasa a nosotros cinco?

– Está muy influenciada tu pregunta, sos peor que Feinmann entrevistando. No, no hay chance, man. Claramente no lo podría volver a armar.

– A Camila: ¿Qué se siente ser una mujer en una banda de hombres? ¿Te hincha los huevos que la gente te pregunte qué se siente ser mujer?

– Sí.

– ¿Por qué?

– Porque sí, nunca me gustó el “justifique su respuesta”. Es una mierda, a mí un montón de veces se me acercaron chabones para decir: “Tocás re bien para ser mujer”, y yo me daba vuelta y me iba o me enojaba. Ahora me chupa un huevo, al principio me ponía mal. Sentía que me estaban tratando mal.

Nacho, que se presenta como manager de la banda pero en la charla evidencia ser mucho más que eso, mucho más que amigo, toma la posta para hacerle la pregunta a Serafín.

– Sera, ¿cómo te cayó la ficha de que querías ser luthier?

– Esto tiene un trasfondo. Yo descubrí que a mí lo que me gusta de la música – más que nada de tocar la guitarra porque a mí me gusta tocar la guitarra, yo no sé si fuera trompetista me divertiría como con la guitarra – es que me gustan las guitarras como herramienta. Entonces yo veía marcas que hacían violas y decía: qué lindo tener esto, pero qué al pedo porque hay tres. ¿Para qué quiero tener sesenta de tres cosas? Entonces vi chabones que las hacían en la casa, flasheaban para decorarlas, para hacerlas a su medida y con una facha tremenda y unos colores lindos y un sonido espectacular con laburo de madera que es increíble y ahí dije: Yo tengo que ser luthier, claramente.

–  Vos sos un tipo meticuloso, ¿no?

– Mal, yo soy un obsesivo de mierda. Obsesivo compulsivo. Me hago el boludo socialmente pero porque mi vieja me dijo que está mal ser un obsesivo de mierda, pero nada más.

*

Serafín, el obsesivo, es quien verifica el pasto para elegir dónde charlar sin pincharnos con la banda que nació en Paso del Rey cinco años atrás, pero terminó de consolidarse en el año 2011 con la entrada de Martin Pedernera  como cantante. “A partir de que entró el Negro afianzamos el sonido”, reconoce el resto del equipo: Agustín “Turko” Marinelli (Voz y Guitarra), Serafín Rodriguez (Guitarra), Agustín Petinatto (Bajo) y Camila Marinelli (Batería).

– En una entrevista le preguntaron al Negro: “¿Qué se siente ser parte de un proyecto artístico?”, y él les dijo: “Mustafunk no es un proyecto artístico, es un proyecto colectivo”. Tiene razón, no es estrictamente artístico, a veces nos juntamos a ensayar y ni tocamos”.

Todo esto es mucho más que una banda. Mucho más que un cantante, dos guitarras, un bajo y una batería sonando juntos. Es una suma de intenciones que empujan todas para un mismo lado, se mezclan y crean una bola de energía con vida propia. Eso es Mustafunk. Muchos de los integrantes venían de otras experiencias musicales, algunos de ellos todavía mantienen otras bandas.

– ¿De dónde surgieron las ganas de armar un proyecto nuevo?

– Algunos venían tocando un montón, pero otros no teníamos nada a que ponerle huevos.

Y la respuesta ejemplifica. Mustafunk es un todo por el todo.

De las juntadas y las zapadas del arranque nació un primer EP, con el Turko comandando la voz, y abrió camino a que este año naciera “Salpica”, su primer disco con la formación ya establecida. Después de una votación, de los treinta temas que tenían quedaron los catorce. Empezaron a trabajar en Babex Records y en medio del proceso los invitaron a Del Cielito para que los grabe Amilcar Gilabert. “Una eminencia del audio argentino”, lo define la banda.

“En Del Cielito, fueron cuatro días que fuimos mientras estábamos grabando el disco en Babex Records. Entonces nos llamaron para grabar allá, aprovechamos que conseguimos un par de cámaras y grabamos unos videos. De los catorce temas del disco, dos son de Del Cielito y doce de Babex Records”.

La edición de las mil copias la lograron por ser ganadores del concurso “La Perla Rock”. En sus cuerpos un tatuaje se comparte: “07-08-13”, la fecha en que salió el disco.

A la hora de componer el proceso es colectivo “Empezamos a hacer los temas entre todos, por ahí zapando, viene uno con una idea y vamos sumando. Casi siempre es eso, es una idea y la vamos haciendo mierda”

Serafín pide la palabra: “El otro día en un viaje – voy a decir una palabra que me encanta – de introspección, yo creo que hacemos lo que tenemos que hacer en el momento en que lo tenemos que hacer, mágicamente. Listo, terminé”.

– ¿Baja una musa inspiradora decís vos?

– Baja una musa y uno toca lo que tiene que tocar. No nos llevamos tarea para la casa, no, tocamos lo que nos sale y queda increíble.

Las risas se repiten una vez más durante la charla. Si hay algo que no hay dudas es que en Mustafunk la gente se divierte mucho

– ¿Pero la mecánica de la composición entonces cómo es? ¿Llevan una idea y se ponen a zapar?

– Claro, pero no es una zapada incoherente y tocamos siempre lo mismo. Es una zapada a consciencia. Es zapar sobre un método de confección de temas.

Los chicos hablan de un ejercicio, de hacerlo durante cinco años, de compartir, de conocerse: “Al principio cuando empezamos a ensayar teníamos mucho tiempo al pedo y por ahí ensayábamos dos veces por semana pero ocho horas cada vez que ensayábamos. Era meterle, entrábamos con el calor del medio día y salíamos a la noche. Aparte, ahora que me pongo a pensar, teníamos cinco temas. Eran ocho horas de cinco temas. Zapábamos mucho. Qué bueno tener todo ese tiempo. Está bueno porque es eso, el tiempo es lo que te da la posta”.

El broche de oro para toda esa práctica llegó a Auditorio Oeste el 15 de Noviembre, en la presentación oficial del disco con quinientas personas esperándolos. Se subieron a un escenario circular y generaron un show de 360° con la gente alrededor. Sobre sus cabezas flotaba una estructura que hacía de soporte para luces y cámaras, a cargo de “Off the records”, un grupo de arquitectura artística.

–  Es como “artistectura”, dice Serafín.

– Boludo, ¿a vos te pagan por pensar tan bien?, le contesta Nacho, manager de la banda.

Entre sonrisas buscan las palabras para definir el momento y enumeran: lindo, emotivo, satisfactorio. Hasta que alguien se pone la voz al hombro: “Estuvo de la concha del pato, boludo”, y todos saben que tiene razón. A la puesta en escena se le sumó también un momento especial con magia, músicos invitados, el público tan cerca como para sentirlos y juegos de luces, todo grabado y filmado en HD ahora en pleno proceso de edición.

– ¿Creen que todas esas decisiones artísticas suman a la música?

– Para mí, acompaña, a la música no le suma. Acompaña un show de una forma diferente pero no creo que sume a la música, la música cerrás los ojos y escuchás lo mismo. Igual no lo pensamos de manera de decir que sumaba para el show o no, lo hicimos porque teníamos ganas de hacerlo, realmente nosotros tenemos ganas de que esté bueno en vivo también. Que fue diferente, seguro, queríamos que sea distinto.

Si bien el crecimiento de la banda fue progresivo, fueron Internet y las redes sociales las herramientas claves para expandirse y explotar Auditorio Oeste en la fecha. “Un chabón me agarró y me dijo: ‘Loco, yo nunca los pude ir a ver, pero los escucho siempre por Internet desde hace un año’, la puta madre”. Lo definen simple: “El Dios 2.0; en vez de decir buscalo en Google, decimos buscalo en el Dios 2.0”.

*

– ¿Alguien más quiere hacerle una pregunta al entrevistador Serafín?

Agus Marinelli toma la posta:

– Sera, ¿Tenés frio?

– Me estoy cagando de frío, mejor vamos.

FINAL

“Se acaba el rock nacional: ahora es rock originario”

Goy Ogalde siempre se animó al desafío. Escuchaba los Beatles cuando sus amigos querían a Los Parchis. Rompió con el conservadurismo de su Mendoza natal. Llenó todo lo que quería con Karamelo Santo, pero se cansó. Se volvió autogestivo y produce a grupos originarios. “Nación son ellos”, explica.

– Se me había dado por bombero. Tenía el destacamento cerca de mi casa en Mendoza y me gustaba. El fuego siempre me llamo mucho la atención, debo haber muerto en otra vida quemado, que se yo. Después relacionaba el color rojo, todo lo que era rojo me gustaba.

Goy Ogalde no llegó a ser bombero, pero todavía recorre los cuarteles de La Boca para escuchar historias. Todavía le atrae el color rojo, pero le ganó la música. En la niñez mendocina convivieron los dos deseos, pero la adolescencia lo agarró con una guitarra en la mano y caminando a Chile, a México. Caminando Goy Ogalde empezó a ser nombrado Goy Karamelo, a verse y escucharse en las canciones de Karamelo Santo, todo el tiempo en todos lados. De esa exposición, prefirió bajarse y los pasos lo llevaron al camino de la autogestión. Hoy es productor y es un nuevo proyecto: Goy Karamelo & Kangrejoz. No llegó a ser bombero, pero la música en la habitación donde trabaja rodeado de consolas parece funcionar como el fuego: todo lo toca y enciende. Durante el recorrido de su carrera las llamas van mutando, la música y su espíritu se transforma.

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– ¿Cuándo cambiaron las ganas de ser bombero?
– Ahí nomás. Escuché un disco de Los Beatles y dije: “Voy a ser músico”. Tenía seis años. Era muy loco porque yo soy muy grande, tengo 45 años y pensá que te estoy hablando del año 75, casi antes de entrar al proceso militar. En esa época, decir que te gustaba el rock era una locura. No era bien visto. Como que el rockero era un tipo vende patria. Muchas veces, se ha querido mezclar la lucha de izquierda con el rock y nada que ver. Al contrario, los Montoneros odiaban el rock. Para ellos, era una cosa extranjerizante mal. No existía el rock en español. A mi viejo le gustaba el folcklore, pero igual le gustaban Los Beatles. De por sí, el que trajo el disco ese a mi casa fue él. Era Help. Pero después yo llevaba los discos a cumpleaños y cosas así de esa época y nadie me dejaba ponerlos.

– Cuándo vos ibas con Los Beatles, ¿tus compañeros qué escuchaban?
– Escuchaban cualquier cosa: Palito Ortega. Estaban de moda, por ejemplo, Los Parchis. Y yo iba con un disco de Almendra y con uno de Los Beatles. No sé por qué se me dio tanto por el rock. Me gustaba que tuvieran pelo largo, que tuvieran glamour. Yo no quería ser un flaquito de pelo corto: quería ser un tipo de pelo largo, tener la guitarra. No me vengas con un oficinista.

– ¿Cómo se vivía el rock?
– El fenómeno del rock para las clases populares es solamente en Argentina. Vos vas a Alemania, a Chile, a México y la gente que escucha rock es de clase alta o media alta. Las bajas no escucha rock en México, es una cuestión de fresas o de chetos como dicen ellos. Igual acá también pasa eso: el cheto escucha rock y el flaco que está en la villa escucha Los Redondos, La Renga, pero eso es por folcklore no porque sean rockeros. Son cumbieron ellos. No vas a ir a una villa y vas a escuchar a Morrissey o a Peter Murphy. Como mucho, en algún lado, Bob Marley, pero eso es porque se transforma en una cuestión folckólorica del rock, del hermano que escuchaba Los Redondos y le dijo al pibe: “Escuchá, ponete la remera de Los Redondos porque si no sos puto”. Por eso, ese rock barrial creo que no es un rock representativo de lo que es realmente la filosofía del rock. Es otra cosa. Es mucho más alejada de lo político, mucho más incorrectamente político si vamos al tanto. El rockero, en definitiva, es esa sangre del tipo Elvis Presley, tipos que se morían drogados o en accidente fatales porque su cuestión era espiritual y no le encontraban un sentido a la vida. O Jim Morrison. Esa es la filosofía del rock, decir que estamos de vida pero voy a vivir al extremo. Nosotros después le damos un tinte político. Pero eso ha sido con la evolución del pensamiento. Hoy el cumbiero tiene más actitud rockera por ese modo de drogarse con todas las drogas de su clase social y matarse. Eso es más rockero, el rock de ahora, el rock políticamente correcto es un poco un rock de acción católica, sirve como eje de mensaje o como medio de comunicación, pero el rock real no servía para nada. Si vamos a escuchar los primeros rockeros más vale que ni le dieras un micrófono: tipos como Chuck Berry, como Jimi Hendrix, eran artistas pero no tenían nada que decir. Es más agarraban un micrófono y capaz que decían cualquier boludez.

– ¿En qué momento pensás que empieza a transformarse esa imagen del rock?
– Yo creo que a partir de los ‘80. Bob Marley creo que fue el primero que intentó corregir la situación. Empezó a haber un rock de protesta social. Si bien Lennon ya lo venía planteando, era toda una corriente.

– Decís que empezó a haber un rock de protesta social, ¿en qué momento comenzaste a notarlo en Argentina?
– En la época de Malvinas, yo justo estaba aprendiendo a tocar la guitarra, entonces era el único del barrio que tocaba la guitarra y me iban a buscar para las fiestas. En la época del proceso militar, tenía doce o trece años y era imposible juntarse en la casa de nadie ni en la calle de nadie. La única que tenían los jóvenes para juntarse era ir a un patio de una iglesia. Podías ser católico, judío, hebreo, lo que fuera, pero era el único lugar donde vos te podías juntar un sábado a la tarde era en un grupo católico juvenil. Otra no había. Vos ibas a un bar, se juntaban veinte tipos y te caía la policía y te llevaba. Nosotros éramos muy chiquitos y me acuerdo que estábamos metidos ahí en la Iglesia tocando la guitarra. Empezó la época de Malvinas, la rendición de Argentina y salieron Piero, Miguel Cantilo y León Gieco. Ahí sí Argentina tuvo un acceso directo a la música de protesta. Todo el mundo escuchaba a Piero “Para el pueblo lo que es del pueblo” o “Solo le pido a Dios” o “La marcha de la bronca”.

– La dictadura influyó en el mensaje de la música, ¿crees que influyó también en tu decisión de seguir ese camino?
– Esto era utópico. Era mi sueño nada más. Era imposible en el 78, en sexto o en séptimo grado, pensar que yo podía ser un rockero famoso en Mendoza. Era una cosa así: un delirio como querer ser astronauta y vivir en La Rioja.

– ¿Cuándo te diste cuenta que era posible?
– ¿Vivir de la música? No, de grande. De chico fue siempre imposible. Hasta por lo menos los 18 años, no se me había cruzado por la cabeza irme como me fui a hacer música. Hasta los 18 años yo pensaba ser un ingeniero electrónico y tocar música en mis tiempos libres. No existía, era imposible. Primero estabas en Mendoza, que es una ciudad muy fascista. Allá el que es rockero es rockero de alma y tienen mucho huevo. Por eso, a veces salen artistas como Quino o escritores terribles, porque el aparato cultural tiene que ser totalmente alternativo y extremadamente arriesgado y muy loco. Sino están todos desaparecidos.

Lo imposible se hizo posible. Goy junto a Karamelo Santo llegó a no poder caminar por la Ciudad. A viajar, a llenar, a familiarizarse con el término sold out, a llegar a un lugar por primera vez y que la gente ya estuviera coreando las canciones, a producir y tocar y tocar y tocar. Llegó a ser el rockero de pelo largo y guitarra y esta experiencia volvió a transformar su propio deseo. La autogestión le llegó de manera casi obligada por querer bajarse de la marca. En su primer trabajo discográfico – “Remedio de mi corazón” – de Goy Karamelo y Kangrejoz no quiso apostar a las lógicas del mercado. Para correrse había que crear nuevos circuitos y fue por eso, por una difusión de boca en boca, por una banda con una cantidad de integrantes que permitía que todos viajen en el mismo avión, micro o camioneta, por shows que recorrieran el país, por libres descargas en internet, por nuevas posibilidades. Nuevas para él, para reinventar sus ganas de seguir haciendo y nuevas para otros proyectos que empezó a producir con su propio sello discográfico.

– ¿Decidir ser productor tiene que ver con rebatir el mercado?
– Ahora grabo discos gratis. Antes me pagaban por ser productor. Lo hacía un sello o la misma banda. Ahora yo tengo mi sello y produzco lo que quiero. Produje el disco de Noe Pucci, que es su disco solita. Ella es una cantante Neuquina, ítalo mapuche. Hice al cacique huarpe Marcelino Azaguate. Hice a Puel Kona, que es una banda mapuche. Hice La Yugular, que son Coyas, de Jujuy. Hice cuatro discos, los hice de onda, y ahora empiezo a hacer cosas para que salga para adelante lo que yo pienso que es un movimiento interesante.

Tienen un montón de cosas muy importantes. Primero y fundamental tienen que ser un colectivo, no tiene que ser un solista. Tiene que ser un colectivo de gente que trabaje junto, que participe en confederaciones multisectoriales o en asamblea originaria. Que tengan una descendencia originaria por lo menos uno o dos integrantes de la banda y que aparte canten en su lengua originaria.

– ¿Por qué la decisión de producir estos proyectos?
– Para mí, este es el futuro del rock nacional. Se acaba el rock nacional ahora es rock originario, rock pluricultural. ¿Nación de qué? Argentina empezó en 1810, esto hace siete mil o diez mil años que existe. Entonces vienen acá, cantan con su kultún, trutruca, sikus, malta, erkes, huancara, lo que sea pero hacen rock y está ahí la vertiente de esto generando algo.

“Los grabo porque van para adelante como piña”, y acompaña la frase con el gesto. Los graba porque para él, ellos son Nación.

– Vos te das cuenta cuando uno es Nación en su lugar, acá en Argentina, Nación son ellos, los pueblos originarios, nosotros somos unos colados que decimos somos Argentinos para justificar un mestizaje que no sabemos que va a pasar. En definitiva, vamos a terminar siendo todos los negros que no queremos porque el mestizaje va a aumentar, cada vez vamos a ser más indios y ojalá yo sea cada vez más indio. Mi vieja vino de Europa, de Rumania y Polonia escapándose de los nazis por ser judía y se cruzó con un Huarpes y yo estoy acá cada vez más fuerte. El destino de los Argentinos es ser negros, ser indios, ser originarios.

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El viaje que los parió

El Viejo inventó un colegio para irse a un viaje de egresados, se emocionó cuando en Paraná la gente sabía sus canciones, armó un acústico por twitter en la playa y fue a Malvinas para recorrer con excombatientes sus puestos de combate. “Ni tan tarde (no por mucho madrugar)” es el nuevo disco de La Perra que los Parió. Acá hay un viaje: ponete la mochila.

En bondi. En Tren. En subte. En lo que se pueda. Con monedas. Llegando al -10 de la tarjeta. Chamuyando un $1,60. Sólo con la cabeza. Volando. También con la cabeza. Todos viajamos. Todo el tiempo. Apretados. Cómodos. Muy apretados. En dirección opuesta. En furgón. En bici. Caminando. A veces, solamente con pasaje de ida. Esos viajes, cambian todo. Te calzas la mochila y te subís a tu propio camino.

El Viejo llega en auto. Hace tiempo que no le dicen muy seguido Nahuel Cruz Amarilla al cantante de La Perra que los Parió. No encuentra lugar para estacionar y lo deja en un lavadero, no importa que al otro día este pronosticado lluvia. En la mano trae las llaves, un dvd y varios folletos que anuncian el lanzamiento del nuevo disco de la banda: “Ni tan tarde (no por mucho madrugar)”, faltan algunos días para el 15 de Septiembre pero ya se palpita la fecha en Vorterix. “El Viajero” fue el tema adelanto de lo que se viene. El viejo, que hoy llega en auto, ya se subió a muchos medios transitando su camino.

IMG_9055¿Cuál fue el primer viaje que recordas?
– El primer lugar que me acuerdo fue Córdoba, con mi familia, no con amigos. En general, cuando yo era chico, no nos íbamos mucho de vacaciones hasta que tuve diez años más o menos que fuimos y me quedó por ser algo nuevo, por viajar, por irme de vacaciones.

– ¿Cuándo hiciste vacaciones sólo, volviste a Córdoba?
– No, ¿sabes qué? En un viaje de egresados mentiroso me fui a Bariloche. Me fui de vacaciones con todas chicas, eran dos colegios de chicas y tres amigos.

– ¿Fueron como coordinadores?
– No, teníamos un amigo que vendía viaje de egresados y se lo compramos como un favor. Yo tenía 20 años, creo. Compramos el viaje de egresados entre todos los amigos que éramos como diez como un favor para que empezara a vender. Inventamos un nombre de un colegio, no sé si hoy se podría hacer, no sé la verdad cómo se hizo eso. De diez fuimos tres al final, porque todos fueron abandonando. Tres amigos de viaje de egresados, bajo un nombre de un colegio inexistente, a Bariloche, con dos colegios de mujeres.

Al colegio le pusieron un nombre que terminaba con High School. No lo recuerda completo, pero sí recuerda que fue tremendo. Era un comienzo, de esos viajes para el recuerdo. Iban a llegar muchos más. La primera gira costera con la banda, en el año 2009, tuvo la misma magia, pero fue mucho más bisagra en su vida. De ahí salió “La suerte la fabricas vos”, tercer disco de la banda, mientras recorrían de punta a punta la costa Argentina en un micro. Marcaba un viaje que empezaba a no tener retorno.

– Si la banda es un viaje en si misma, ¿qué no puede faltar en la valija?
– Obviamente no puede faltar ni la guitarra, ni música. No puede faltar mate. Estoy intentando conectarme un poco más profundo, pero pasa que cuando yo me voy de viaje lo que me importa es música, guitarra y nada más.

– ¿Usás mochila diariamente?
– Sí.

– ¿Y en la mochila qué tenés?
– En la mochila tengo cualquier porquería. Tengo libros, bueno, un libro tampoco puede faltar. Tengo anotaciones de canciones, yo tengo un cuaderno con apuntes, con cosas. Se me llena de eso la mochila siempre, algo para leer, música que tengo siempre en el celular o en algún pendrive. Igual la mochila siempre se hace una carga, después digo: “¿Qué tengo acá adentro?”. Termina siendo pesada, empezás a revisar y sacas cualquier porquería, lo indispensable por ahí te entra en una bolsa, en una bolsita chiquita.

– ¿El cuaderno de las anotaciones lo llevas a todos lados?
– Generalmente, sí. Cuando salen cosas escribo, anoto, todo lo que se me ocurre está ahí. Después cuando estás haciendo una canción, estás escribiendo, vas ahí, encontrás recursos, releés. Son cosas que por ahí vos escribís y decís: “Esto es una porquería”, pero lo dejas ahí y queda. Al tiempo lo volvés a leer y está bueno.

– ¿Esta valija que armás hoy es la misma que armabas cuando arrancaron?
– No, ni a palos. Cambió la música que escuchamos. Se sumó, mejor dicho. En el momento que arrancó la banda estaba abocado a escuchar más candombe, estaba a pleno con la música uruguaya vieja. Hoy tendría discos más rock, más bandas de rock. Por ahí, si bien los escuchaba en ese momento, habría más Redondos, más Soda, más bandas de afuera.

– Aparte de la música, ¿qué más cambió de la valija?
– La ropa también cambió a full. El peinado. En la valija no puede faltar la maquinita para cortarme el pelo porque una vez por semana le tengo que dar. Es contraproducente, pero una notebook tampoco podría faltar porque hoy día con las redes sociales y todas las movidas uno está como enviciado.

IMG_9014-¿Contraproducente por qué?
– Porque estás todo el tiempo metido en esa garcha de internet. Yo le doy mucho uso, le quiero dar menos. A la banda le sirve, pero a mí no me sirve tanto. A veces, me sumerjo demasiado en todo eso. Me limo un poco. Definitivamente no llevaría el celular, lo dejaría.

– En un principio, ¿lo llevabas?
– Lo llevo siempre, pero pasa que estoy queriendo despojarme de las cosas que te tienen atado a la tecnología porque a mí me lima bastante.

– ¿Entonces sacamos el celular y dejamos la computadora?
– La computadora porque no suena, no te está llamando. El celular te suena a cada rato, también lo podes apagar pero es como que estás tentado a agarrarlo. Cuando me fui a Malvinas, que no tenía señal en el teléfono, fueron los mejores ocho días de mi vida. Te conectás otra vez con la gente, vivís más.

Malvinas fue una parada estratégica en este recorrido. Para la banda, pero principalmente para El Viejo que fue quien viajó. Desde hacía quince años tenía la canción “Trae el viento la voz”, que también forma parte del nuevo disco, bocetada seguramente en algún cuaderno de anotaciones como los que sigue usando. Estaba inconclusa hasta que la resucitó y la terminaron con la banda. Después surgió el viaje. Allá conoció excombatientes con los que compartió la filmación del video del tema y a quienes acompañó en la búsqueda de sus puestos de combate. “Tomo como enseñanza que cualquier cosa vieja que tengas ahí guardada sirve para adaptar a la banda”, dice. Unos renglones atrás decía “Vivís más”, la clave parece ser seguir dándole vida al motor que empuja el camino.

– ¿Pensaste que con la banda sacaban boleto hasta Malvinas?
– Nunca se me ocurrió llegar a hacer esa movida, ni a palos. Cuando arrancamos yo no pensaba ni siquiera llegar hasta Santa Fe, pero hoy en día se están generando un montón de cosas que están buenas y hacen que la música llegue a todos lados. A mí siempre me flasheó el tema de llevar la música a otro lado, a otras ciudades. Pero como que uno al principio no sé si no cree que pueda suceder, pero lo ve lejano. Después cuando se empieza a dar como que empezás a flashear y a decir ‘qué bueno que esto llegue acá’. El año pasado fuimos a Tierra del Fuego, por ejemplo, a tocar y había gente que conocía la banda. Está buenísimo, tan lejos. Esos viajes uno no espera que vengan gracias a la banda.

– ¿Te acordas la primera vez que viajaste y la gente se sabía los temas en algún lugar donde nunca habían estado?
– Paraná fue uno de los primeros lugares que fuimos fuera de Buenos Aires y me impactó bastante. Paraná y Mar del Plata, por ejemplo, son dos ciudades que hay mucha movida de la banda, que llegamos y hay gente que conoce las canciones, las canta, vive ahí y las fue conociendo por boca a boca. A mí me impactó mucho. Una vez en Mar del Plata, el mismo año que fuimos a Paraná, yo estaba de vacaciones, haciendo notas a la vez, y se me ocurrió tirar por twitter hacer una juntada en la playa, para hinchar las pelotas, un acústico. Yo pensé que iban a venir cinco personas y vinieron cuarenta personas por la movida de twitter. Fue algo que se me ocurrió una hora antes y esas cosas a mí me impactan. Que haya tanta movida a través de las redes y sin haber hecho casi nada a nivel difusión masiva y que haya gente que conozca la banda por el boca a boca está bueno.

Un tweet, la letra de un tema, la presencia en un festival, todo toma dimensiones cada vez más grandes. “Tenés que tener cuidado con lo que decís porque a veces tenes que ser consciente de que tenes pibes adelante que muchos son de 16, 17 años que están formando sus ideas. Si vos tiras pelotudeces hay muchos que toman como referentes a los músicos de rock y a veces puede ser peligroso lo que decís”.

El micro de La Perra Que los Parió se sigue agigantando, ya no son sólo El Viejo junto a Juanchi en guitarra, Mati en bajo y coros y “El vos” en batería. En el viaje compartido el nombre de la banda se multiplica en banderas, remeras, gritos, redes sociales y hasta tatuajes.

– Esas cosas como los tatuajes a mí me dejan sin palabras, uno no toma magnitud de algunas cosas o de la responsabilidad que te carga que hay gente que se tatúa una frase escrita por vos o por cualquiera de los chicos en cualquier parte del cuerpo y está zarpado. Son cosas nuevas a pesar de todo para nosotros, está bueno y te sentís en deuda eterna con esas personas. Es una responsabilidad para cualquier banda a la que le pase eso porque no querés fallar en nada, querés seguir siempre la línea que esas personas idealizan de lo que tiene que ser la banda

“Con ese par de zapatillas que si hablaran, de los kilómetros que tuvo que correr…”
(El Viajero)

La muerte de los ídolos es una fiesta

La banda española “La Pegatina” está de paso por Buenos Aires presentando su nuevo disco Eureka! Tras una década en la música, afirman que la gente ya no quiere ídolos, sino sentirse parte del equipo.

Ellos, hoy en Buenos Aires, son Romain, Ruben y Adriá, pero del otro lado del avión son también Axel, Ferran, Ovidi y Sergi. Todos son La Pegatina y como acostumbran arrancaron el viaje en musculosa y lo terminaron con pullover. Lo molesto de armar y desarmar infinitamente las valijas pierde importancia porque los de acá y los de allá, ellos y todos, no se imaginan haciendo ninguna otra cosa de sus vidas. Ellos hace diez años hicieron su all in a ellos mismos.

“Está difícil pensar en otra cosa que La Pegatina, es el 120% de nuestra vida”. El porcentaje es determinante desde hace un tiempo, desde que Romain y Axel llegaron desde Francia para sumarse y el equipo entero sintió la responsabilidad de ganar dinero con la música, principalmente para que ellos puedan quedarse. “A partir de ahí repartimos las faenas y cada uno dejó lo que estaba haciendo para sentarse única y exclusivamente en el grupo. Uno para que no muriera el proyecto porque nos gustaba y otra para que no muriera a nivel económico, para que pudiera seguir y la gente pudiera mantenerse”.

Convencidos de “el que no arriesga no gana”, montaron una pequeña empresa musical donde cada uno hacía funcionar una totalidad: La Pegatina. “El problema es que a muchos les pasa que les gusta mucho el grupo y tienen muchas ganas de tirarlo adelante, pero como no les da dinero se tienen que dedicar a otra cosa y esa otra cosa al final no les deja dedicarse a la música”. Prefirieron romper el molde sin saber si funcionaría. Hoy, lo siguen prefiriendo.

“No, esto no creemos que triunfe”, le respondieron en la primera discográfica a la que llevaron su material. La respuesta se convirtió en un empujón que los obligaba a buscar la forma de hacerlo diferente. “Ahí empezó a moverse la lógica dentro de nosotros y lo que dijimos fue ‘seguro que nosotros podemos trabajar como trabajan ellos’”. Sin frenos, grabaron su primer disco y averiguaron qué era lo que las productoras hacían y ahora ellos estaban por hacer. “Empezamos a trabajar nosotros como si fuéramos la gente que tenía que trabajar para nosotros, pero regalando el disco”.

¿Regalarlo? “Si nosotros hemos hecho el disco para que lo escuchen no para tenerlo en casa, pues entonces vamos a regalarlo y la gente ya vendrá a los conciertos y ahí empezamos con esta lógica”. Hoy con más de 45.000 discos vendidos – mucho más de lo que se requiere en España para ser disco de oro – demostraron que la descarga gratuita no excluye que la gente vaya y elija comprarlo.

–          ¿Por qué creen que funciona?

–          Se demuestra que hay una nueva forma de hacer, que está basada en el hecho de que la gente no quiere tener ídolos, sino que quiere tener a los músicos como amigos, entonces necesita formar parte del equipo. Los seguidores forman parte de nosotros. Entonces, se descargan la música pero luego quieren colaborar y te compran una camiseta o se compran el disco o van a un concierto. O simplemente se lo pasan al de al lado y también es una forma de colaborar, de compartir. Forman parte del equipo, es una forma diferente de entenderlo.

Los seguidores y la banda arman un equipo que trasciende las fronteras y ya lleva recorridos 15 países con más de 700 conciertos encima. China es una de las experiencias más flasheras que les tocó transitar, después de que el Gobierno aprobó las letras de sus canciones, llegaron sin que haya Google, ni Facebook, ni Twitter, ¡NI YOUTUBE!, y se entendieron sin que prácticamente no se hable inglés y a pesar de que las señas para comunicarse sean bastante diferentes. Todo eso no impidió que en la calle los frenen para las fotos, que en el show se enloquezcan y que ahora estén planeando una nueva gira.

–          Con experiencias así, ¿cómo hacen para seguir corriéndose de la figura de ídolo?

–          Lo bueno que hemos tenido es que hemos ido creciendo poco a poco, no hemos tenido un boom de golpe que de repente te encuentras que te para la gente por la calle. Entonces, no hemos sentido el agobio ese de ‘nos están mirando’. Se quita el mito del ídolo inaccesible por el que se busca la vida para acceder y de esta forma es más natural todo. Creo que la naturalidad es uno de los fuertes que tenemos y hace que la gente nos sienta como amigos, como compañeros suyos.

De todos esos que forman La Pegatina desde abajo del escenario ellos prefieren empaparse y los temas se vuelven universales. “Han traído el sol”, les dicen cuando llegan con la fiesta hecha música esperando explotar. Sin embargo, los ritmos que defienden fueron muchas veces menospreciados: “Ahora es la moda de la música indie y cuando se habla de música indie es la música independiente, es el folk, el pop y hay gente que acaba despreciando a la música mestiza. A veces, porque dicen que es facilona o que es fácil hacer música divertida. Me parece a mí que es todo lo contrario, hacer música divertida es como hacer el payaso, es muy difícil hacer humor, hacer algo triste o dramático le sale a todo el mundo. Poner fuerzas para hacer algo alegre u optimista a veces es complicado”.

Esa conjunción de ritmo, fuerza y fiesta parió a Eureka!, el último material de la banda que busca revertir ese preconcepto que posterga prestarle atención a la alegría. Durante un año laburaron las canciones para que cualquiera que lo escuche lo note: “Podrán decir que no les gusta, pero no podrán decir que no hay un trabajo detrás”. Las letras hablan de las giras, de poner a la banda como prioridad y de la hipocresía: “La hipocresía humana, individual, que luego al final se trasforma en algo colectivo y es el gran mal que ha jodido a todo, porque al final todo lo que pasa con la política, con la corrupción, con la avaricia, la ambición de la gente, esto viene por la hipocresía. Probablemente en el mundo del artista se ven cada día continuamente esas hipocresías; y hasta contigo mismo, que a veces necesitas estar por encima de todo”.

Ellos, que se suben más de cien veces por año al escenario para hacer música y justificar todos los cansancios que genera la gira continua. Ellos, hoy en Buenos Aires, pero con seguidores en todo el mundo, con canciones en siete idiomas, con festivales multitudinarios coreándolos, con pedidos de fotos y autógrafos en casi todos los cafés que se toman. Ellos sostienen que lo fundamental es “sentirte bien con uno mismo y creer en lo que haces a nivel personal, y a nivel colectivo estar bien con el prójimo, todo lo demás son las guindas de los pasteles”. Ellos ¿se creen exitosos? “No es éxito, es trabajo bien hecho, son los frutos del trabajo”, dicen.

Fotos: NosDigital
Fotos: NosDigital