No suelten los tambores

Agarrate Catalina ya es sinónimo de murga, a uno y a otro lado del charco. Constituida como cooperativa, la Catalina le hace cosquillas a América toda. Su director, Yamandú Cardozo reflexiona sobre la popularidad colectiva y no duda: “El murguista es el más aplaudido de la noche y se toma el mismo bondi que los aplaudidores”.

“Hoy escucharemos una historia especial, de la gente más corriente y normal. Una historia extraordinaria, sin las grandes luminarias. Un guión extraordinario, para actores secundarios. Gente común. Gente común”.

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-Cuando la gente ve un murguista y lo reconoce por la calle, muchas veces dice algo así: “Mirá, uno de tal murga”. Si lo individualiza, dice: “Mirá, Pablo de tal murga”, el nombre de la murga pasa a ser tu apellido, tu colectivo te define. A mí me encanta ser Yamandú Eldelacatalina.

Yamandú “Eldelacatalina” Cardozo es director responsable de la murga por la cual muchos cerraron los ojos, saltaron con la imaginación el charco y sintieron, desde la amplitud de los sentidos que no conocen las distancias, el carnaval uruguayo.  Yamandú tiene puesta la camiseta de Agarrate Catalina, que desde el año 2001 recorre escenarios y funde fronteras con sus espectáculos, hasta convertirse en la murga más reconocida de la fiesta popular más importante del país vecino.

Cuatro años después de sus inicios ya se hacía del primer lugar en el Concurso Oficial uruguayo, para repetir varias veces el logro durante su carrera. Un verano más tarde era nombrada Embajadora Cultural de Montevideo por la Intendencia Municipal, los aplausos se amplificaban.

¿Qué les pasa con la “popularidad”?

-No lo pensamos mucho, realmente. Bah, si “popularidad” se refiere a “notoriedad” o “fama”, no mucho. Por lo menos no en los caminos hacia, en las estrategias para…

Sí, quizás, en la rareza encantadora de la “fama” del murguista, cuya característica principal es eludir el comportamiento habitual del “famoso”. El murguista es, en la inmensa mayoría de los casos y desde hace ciento y pico de años, murguista y albañil, o empleado público, o desempleado, o punga, o profesor de filosofía, o testigo falso, o enfermero, o Ministro de Economía. Es el más aplaudido de la noche y se toma el mismo bondi que los aplaudidores. Es el mozo del boliche al que van los que aplauden, es su vecino. Es popular y sin embargo, cercanísimo. E inocultablemente igual, porque es el público, pero a veces canta. En ese fenómeno sí pensamos, sobre todo desde el lado de la alegría que genera que eso sea así.

Es una popularidad principalmente grupal, no individual

-Ojo que hay, sin embargo, murguistas más reconocidos que otros, pero no dejan, creo yo, de ser en tanto existe ese ser colectivo, ese monstruo de casi veinte cabezas que los sostiene y los hace ser. Yo siento que eso mantiene vivo el aviso de que puede ser cualquiera. Y eso, también es maravilloso de la “fama” de los murguistas. Siempre son tan cercanos (queridos o no) y tan parecidos al que le canta al lado, el murguistas puede ser tu vecino, tu empleada, tu jefe o vos.

Agarrate Catalina se nutre del eco de voces anónimas y en su sonido representa el infinito de posibilidades: todos pueden ser murguistas. Lleva transitados numerosos países, entre ellos: Argentina, Brasil, Chile, Ecuador, Paraguay, México, Panamá, Cuba, España y Francia. El sentido de grupo se escapa entre las sílabas y vuelve el escenario horizontal. La disposición sirvió no sólo para encarar al público, sino para pensarse como unidad y decidir constituirse legalmente como cooperativa.

-La legalización de nuestra cooperativa dio un marco a nuestro funcionamiento anterior.

Un marco que resalta y acentúa. Somos más colectivos. Dio lugar a nuevos debates sobre temas habituales, habilitó otros planos de discusión. Además, nos ayudó a soldar más aún el discurso y el evento artístico y el andar grupal y humano.

Yamandú habla siempre en plural, quizás por eso cree que es imposible definir en colectivo si los murguistas son primero actores o cantantes: “Somos cantores que actúan, a veces, y otras veces actores que cantan”.

La murga forma parte de la identidad de Uruguay ¿Eso les genera cierta responsabilidad?

-No particularmente. A mí, como letrista de murga, como murguista, la responsabilidad me llega igual que si me parara arriba de un banquito en una plaza, sólo, a gritar envuelto en algún otro intento artístico cualquiera mis desvelos, mis terrores o ilusiones. La responsabilidad del que habla y se sabe escuchado, atendido y querido. Esa.

¿Por qué crees que se elige como identidad nacional una manifestación que tiene a la lucha y la protesta como eje discursivo?

-Hay muchos uruguayos que, si pudieran elegir la identidad nacional, a la murga la dejan olímpicamente afuera. Yo creo que somos un poco así. Protestones, luchadores. Y discutidores y zorros y colectivos y de humor salado y risa entre dientes. Entonces así caminamos, bailamos, jugamos al fútbol y cantamos. La murga existe, en parte porque somos así. Hay murga porque hay esos rasgos identitarios.

Parece lejana la posibilidad de que muchos puedan no elegirlos, Agarrate Catalina lleva editados seis discos, cinco de ellos son discos de oro y platino.

Las presentaciones funcionan también en Argentina, por ejemplo, ¿creen que lo que cantan atraviesa todo Latinoamérica?   

-Por necesidad honesta, la Catalina ha sido siempre algo más atemporal y universal que otras de sus primas hermanas. Eso nos hace más comprendidos en algún punto. También es cierto que hemos afilado nuestra capacidad de ampliar destinatarios por el simple hecho de haber andado, por haber salido y por haber tenido que hacernos entender de prepo. Si sumamos eso a la intención de inclusión de esta barra, a que Latinoamérica sangra mucho de lo que sangra por las mismas heridas y se ríe mucho de lo que se ríe a causa de las mismas cosquillas, tenemos alguna chance de ser bien comprendidos y recibidos en cualquiera de nuestros países.

Las chances en Argentina se convirtieron en éxito, una vez más, durante este verano. El escenario se agrandó en todas las direcciones imaginadas. Agarrate Catalina y Tabaré Cardozo, quien fue junto a su hermano Yamandú fundador allá por el 2001, se presentaron en Ciudad Cultural Konex dos noches de entradas agotadas anunciadas varios días antes.

Desde un tablado uruguayo o en un teatro de Buenos Aires el encuentro transita un mismo recorrido que no conoce de diferencias sustanciales. Yamandú sostiene: “Habrá diferencias de centímetros, de cantidades, de mínimos códigos de protocolo, pero la potencia y frecuencia del encuentro es la misma”. La presentación nos hace navegar por diferentes imágenes que a veces duelen y otras acarician sin importar cuál sea la silla en la que estemos sentados.

¿Cuál es el puente para unir en una misma presentación humor, política y protesta?

-Básicamente, la murga.

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“Te tocó nacer en un rincón del fin del mundo, en el medio de este banquete de serpientes y chacales. Te tocó crecer en este tiempo, que no es más que un inmenso montón de soledades.
Niño hijo de niños recién grandes, que el mundo va envejeciendo a los golpes. Niño del fin del mundo, candilcito en la tormenta, puerta clandestina en la muralla, te traigo todos los abrazos que precises, mis últimas y pobres barricadas, el mundo entero por cambiar y el corazón en esta retirada”.

Sentir con los pies

A cuidar los pies. Ellos los tienen que cuidar mucho porque con sus patas no solo pisan. También sienten.

Cuando se calzan las topper blancas y los trajes verde brillante pisan disinto.

Ya no son el verdulero, el pibe del call center, el cajero de supermercado.

Son murgeros. Y nada más.

Cada poro de su piel se dilata para recibir las vibraciones de los bombos, lo aspero de la calle.

Son murga, cada uno de ellos, juntos, es una sola cosa. Son, acá se los presentamos, Los Autenticos Rayados de Lugano.