Femicidios de macho y policía a la vez

“Mamá, el oficial Sánchez me amenaza, me dijo: ´a esa petisa Rosa Yamila Gauna le voy a hacer boleta´”, ella misma comentaba. Con 15 años, fue detenida en la casa de una amiga en el barrio Villa Cabello de Posadas, Misiones. Con un despliegue de patrulleros de la comisaria 7ma, la policía provincial arrestó a Rosa. Se la llevaron arrastrando y de los pelos, vinculándola con un homicidio. La detención era ilegal por ser menor de edad, más allá de eso, en los papeles los policías cambiaron los motivos del arresto: disturbios en la vía pública. La Comisaría de la Mujer adonde fue encarcelada disimuló el incendio en la celda que acabó con su vida. La culparon a ella acusándola de prender fuego un colchón, “hubo una negligencia policial al dejar que haya ingresado con un encendedor”, declaró la ministra provincial Claudia Gauto. El Juzgado de Menores ordenó una pericia al sospechar que el incendio procuró eliminar evidencias de un abuso sexual. La oficial a cargo, Verónica Leonor Gutiérrez, y la jefa de guardia, María Elizabeth Viedma, fueron acusadas de homicidio culposo e incumplimiento de los deberes de funcionario público. Rosa fue detenida el 22 de diciembre de 2006, hoy la causa no tiene resolución civil ni penal.

Las armas del Estado se ensangran con femicidios. Familiares, vecinos, parejas, exparejas. Matarlas por ser mujeres. Embadurnados de grotesco poder. De macho y policía a la vez. Durante 2014, La Casa del Encuentro recopiló 18 muertes perpetradas por agentes de las fuerzas de seguridad estatales atendidas por los medios de comunicación. Una cada 20 días y seis horas. 3 cada dos meses.

Prisión perpetua al policía Ernesto Fabián Casas, por asesinar de un disparo en la cabeza a su pareja Mariana Romero, de 15 años de edad, madre de su pequeño hijo.

A la entrada del colegio de sus hijos en Viedma, el cabo de la policía provincial Walter Cóceres asesinó de 6 balazos a su ex esposa Yanina De Yulis, cabo primero de la misma fuerza.

Asesinó a su madre. Policía de Chubut hasta 2007, Gabriel Ignacio Alvores, femicida de Teresa Sofía Arias a fuerza de golpes y cuchillo.

En Orán, Salta, Javier Rodríguez, cabo de la policía salteña, de 25 años, se suicidó creyendo haber matado a su novia, Jésica Valverdi y al amante, el cabo David Sánchez. Para Jesica la bala no fue mortal.

Yamila Gómez de 21 años fue asesinada en Fontana, Chaco, de 50 puñaladas por Héctor Merino, cadete de la escuela de policía e hijo de otro policía.

La oficial subinspectora Viviana Valeria Gómez fue madre apenas 10 días antes de ser asesinada de 8 disparos por Ángel Rafael Borile, teniente de la Policía Bonaerense, integrante del Comando de Patrullas. De Ituzaingó se fugó a Paraguay. Fue apresado por la Interpol cuatro meses después.

El sargento ayudante de la Comisaría 45 de Tartagal, José Chilo, asesinó con 3 balas a su ex pareja, Claudia Serralta, madre de cuatro hijos de entre 3 y 9 años.

Romina Ríos fue encontrada con un disparo, calcinada, con golpes y fracturas dos días después de que su madre intentara denunciar su desaparición. “Debe estar con algún noviecito”. El policía Miguel Ortiz ya la había asesinado con su arma reglamentaria.

Impregnado por el mismo sistema de poder patriarcal, más del setenta por ciento de las denuncias por violencia de género son desestimadas de alguna forma por las fuerzas de seguridad estatales. Dándole de comer a femicidas, golpeadores, violentos y a aquellos que solo por falta de puntería no terminan asesinando. Se repiten los asesinatos con denuncias previas por violencia desatendidas. ¿Estás segura que querés denunciarlo? ¿Fue una discusión y estás exagerando?

“Si hacía la denuncia en una comisaría, las pericias a ella se las tenían que hacer los mismos compañeros de esta persona”, cuenta la mamá de Iara Carmona. Él trabajaba en la Policía Científica. Fue pasado a disponibilidad, pero como ésta caducó y la causa no estaba aún en juicio, él volvió a actividades. Iara fue abusada desde los once hasta los quince años por el exmarido de su mamá, Marcelo Cuello, un policía de la bonaerense. “Este es un juego de nosotros, no se lo podés contar a nadie”. Mientras la violaba, dejaba el arma arriba de la mesa de luz y la miraba continuamente.

Vietnamita

Fotorreportaje del día a día de las mujeres en las zonas rurales de la península de Indochina. En lo cotidiano: trabajo con desigualdad de género. 

De los mercados flotantes del delta del Mekong hasta las tierras montañosas de Lao Cai, donde la niebla lo esconde todo, el recorrido serpenteante por Vietnam depara infinidad de realidades bien distintas donde la mujer es protagonista.

Nos escapamos de las grandes ciudades. Los dos centros económicos, Hanoi y Ho Chi Ming City -aquella Saigón survietnamita proyanqui- fueron salteados, suponiendo que allí nos aguardaban otras relaciones de género. Ni más justas ni lo contrario. Solamente otras. Elegimos. Con cada paso se lo hace.

En las zonas rurales, de lo que los argentinos llamamos Interior pero en otros lares así no se entiende, la mujer trabaja en promedio la mitad más que los hombres y aún así está bien alejada de manejar la economía familiar. Para ellas están resguardadas los trabajos en casa y con los chicos, que se sumen a los por entero productivos.

Recién en 2006 la Asamblea Nacional aprobó la Ley de Igualdad de Género. Eso se nota y se hace notar. El arraigo que tiene la preponderancia masculina en el quehacer diario de las comunidades queda en cada mirada y en cada disparo de la cámara.

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El baile de las escobas justas

El ciclo “Marzo, mujer y memoria” se estrenó con fiesta y carnaval: centenares de mujeres marcharon por el centro de la Ciudad de Buenos Aires llevando las escobas que barren las injusticias y que nunca estigmatizan. Música, poesía y baile en una tarde-noche que dio comienzo a una serie de actividades que articulan la lucha de género con la memoria activa y presente.

Día internacional de la Mujer Trabajadora – Día 8
–  Marzo
Día Nacional de la Memoria por la Verdad y la Justicia – Día 24

escobasEl ciclo “Marzo, mujer y memoria” propone puentes y remata su nombre con “Arte y conciencia” como eslabones de unión. Desde el 6 hasta el 22 de marzo, una grilla de actividades le pone cuerpo de mujer al Auditorio Kraft, apuntando directo a las sensibilidades. El primer encuentro sale a festejarse a la calle. Mujeres y mujeres y algunos varones llegan a la puerta del auditorio en Florida al 600. El movimiento empieza a tomar forma. Durante la tarde, y hasta que llegue la noche, la propuesta va a tomar diferentes cuerpos y objetos. Poesía, cuentos susurrados al oído, batucadas y clowns son la previa a la “Marcha de las escobas”, una performance artística que propone barrer las injusticias transitando el centro porteño hasta el escenario que espera en Plaza San Martin.

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20.00hs – Susy Shock- ¿Quién es?: “-Soy arte- digo mientras revoleo las caderas y me pierdo entre la gente y su humo cigarro y su brillo sin estrellas y su hambre de ser… travesti outlet bizarría del ángel o el cometa que viene a despabilarte el rato que estemos, el rato que nos toque en suerte transitar”, dice su blog.

–       ¿Cómo relacionas la identidad de género con la memoria, verdad y justicia?

–       Yo no sé cuál es la connotación que puede tener la palabra identidad, la palabra femeneidad, la palabra memoria en otro lado del mundo, pero para nosotros y nosotras nos atraviesa en muchos sentidos. Más allá de la lucha puntual de las personas trans para que se nos respeten las identidades autopercibidas, estamos atravesados y atravesadas por una dictadura que ha dejado todo un tema de identidades expropiadas. Todavía hay que seguir buscando. Como sociedad todavía estamos medio rengos y rengas para continuar. Nos cuesta mucho a las personas trans decir soy esto y que se acepte. Pero, también es muy terrible transitar en identidades mentirosas, en identidades que te exigen y que te imponen. Cualquiera puede ser, a cualquiera le pudo haber pasado y eso hace en principio que nos mantenga muy vivos. Hay algo que todavía no se cerró y en otras sociedades es un síntoma de no se habla más y no se hace más nada. Sin embrago, acá, aún en los peores años de impunidad, siempre fue la gran ejercitación recrear los modos de resistir y continuar y no quedarse con esas llagas abiertas.

–       ¿Cómo juega el arte en la construcción continua de la memoria?        

escobas–       Las personas trans y todas las organizaciones de la diversidad hemos aprendido fundamentalmente de la militancia de las organizaciones de Derechos Humanos. Estamos absolutamente ligados a poner el cuerpo, a ese modo de estar en la calle, de hacer una acción donde el propio cuerpo es la bandera del reclamo. En cuanto al arte, no entiendo un arte que sea político y otro que no. Todo arte es político aun cuando se dedique solo a divertir, de la manera más prosaica y más frívola. Aún así está siendo arte político, que se encarga precisamente de esa otra parte, que es la que anestesia en muchos sentidos.

–       ¿Qué te gustaría barrer con tu escoba?

–       Todavía hay mucho machismo que tenemos que barrer, desde adentro mismo, desde nosotras mismas inclusive. Ese machismo que a veces seguimos construyendo cada vez que nos toca criar hijos e hijas. Ese machismo que nos hace ver a las pares a veces en sospecha, en competencia. Ese machismo que regula en serio muchos sentidos y muchos deseos.

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18.00hs. “Si alguien no me dice que sobrevivirá una migaja, aunque sea pleno día, voy a ponerme a gritar”, las palabras de la poetisa Juana Bignozzi llegan desde la punta de un tubo de madera. Una mujer del otro lado, promedia los setenta años, y vestida de blanco, ofrece regalar la lectura al oído de quien esté dispuesto a recibirla. El muchacho se saca los auriculares y se dispone a escuchar. La señora reclama: “Quiero más poesías”. La joven dice que está apurada que no puede frenar. El niño abraza a la señora de blanco. Muchos sacan fotos, todos giran, los bombos están por salir.

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21.00hs – Miss Bolivia – ¿Quién es?: “Armada hasta los dientes con lírica incendiaria y comprometida, Miss Bolivia despliega un mensaje de emancipación y llamado a la reconexión natural con un combo que arrasa: sonidos de barrio con mensaje directo, ultra bailable y versátil.”, dice su FanPage.

–       Tu tema “Rap para las madres” atraviesa los tópicos de esta jornada: mujer y memoria.

escobas–       Para mí es un himno que canto personalmente para homenajear y reconocer a las madres como mujeres maestras de la perseverancia y de la lucha. Desde mi historia personal lo que intento es narrar la historia nuestra como pueblo, sin ambiciones de ser portavoz pero sí de contar mi humilde historia.

–       ¿El arte puede correrse de ser un hecho político?  

–       El arte es política por definición. Cada hecho artístico, cada hecho estético es un acto político, como cada pequeño acto de la vida del ser humano. Mi música como acto estético es un acto político, eso no quiere decir que sea partidario.

–       Siguiendo con la idea de la marcha de las escobas, ¿te gustaría barrer algo?

–       Yo me convertiría en una barredora profesional y creo que de a poco lo estamos haciendo. Nosotros barremos con la lengua,  no tenemos escobas. Me interesó mucho la propuesta por la resignificación del objeto, la escoba para barrer como acto revolucionario y de resistencia, no es lo mismo que la escoba de la ama de casa, mujer oprimida, explotada, con un trabajo de riesgo no remunerado. Yo pienso que hay que resignificar, usar las armas que han sido utilizadas para nuestra opresión como herramientas y armas de emancipación.

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19.00hs. Con la cara pintada marcan el ritmo. Son mujeres de TUMMBanda las que suenan potente en la peatonal porteña. Rompen el círculo cuando las escobas se disponen a intervenir las calles.

Eugenia, desde la organización, explica: “En 1907 hubo un aumento terrible en los alquileres de los conventillos de La Boca y las que salieron a pelearla fueron las mujeres con sus escobas y sus hijos. Esta recreación que hacemos significa eso.  Cada una tiene su lucha, sus ganas de pelear. Es una forma de sumar a todas. Que vengan a barrer lo que crean que son las injusticias”.

La marcha late bajo las escaleras del auditorio. Llegará hasta el escenario donde esperan Susy Shock y Miss Bolivia en plena Plaza San Martin. Un primer grupo se asoma agachado. De blanco, son los clowns con narices de payasos y sonrisas de hoyito a hoyito en las mejillas. El segundo grupo de mujeres llega al rato. Están vestidas de violeta y negro. Llevan escobas en sus manos, respiran profundo inflando el pecho y mantienen la espalda y la mirada firmes. El ciclo empieza a oscilar entre el movimiento y la serenidad. Explota un grito de guerra, que también es grito de fiesta: hay que bailar barriendo injusticias.

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Mujer bonita es la que lucha

Las dueñas de estas caras son todas mujeres, pobres y luchadoras.

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Están el extremo opuesto de tanto estereotipo regalado por las propagandas para día de la madre.

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A ellas que nadie les regala nada, porque sus derechos se los ganan en la calle.

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Ponen el pecho para dar vida a sus hijos y para enfrentar, y cambiar, la realidad que las golpea.

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Estas madres no salen en la tele si no hacen un piquete y no tienen crema anti-edad que esconda toda la realidad que hay atrás de una piel curtida.

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Esa misma realidad que su lucha quiere ver cambiada.

mujeresFeliz mes de la madre para ellas, porque si pudiesen recibir lo que ellas piden, este mes cambiaría nuestros años para siempre.

Fotos: NosDigital.

 

Feminismo explícito: Universidad de la Concha

Desde la cooperativa LaVaca hace años que trabajan activamente sobre el feminismo, defendiendo los derechos de la mujer. Desde el  21 de julio comenzó un ciclo de encuentros que se dicta el último sábado de cada mes, dirigido “ni a hombres ni a mujeres, a todas las personas”. A través de un espacio reflexivo buscan romper con el estereotipo de la víctima, “porque ninguna mujer llorando y de rodillas puede cambiar su situación”.

Fotos: Veroka Velazquez

Claudia Acuña, una de las cabezas de este proyecto, nos explica claramente cuáles son esas herramientas que utilizan y generan para darle batalla al sistema patriarcal. Propone una mirada diferente sobre el problema del machismo: “el machismo es femenino, pero si sos el problema también sos la solución”.

¿Cómo surge la idea de llevar adelante una Universidad de la Concha?

-Hace mucho tiempo que desde LaVaca venimos trabajando y reflexionando sobre el tema del feminismo hoy. De cómo perdió potencia su discurso y, lo que es más grave, de cómo operan los controles sobre sus lenguajes, tanto a nivel de la palabra como de la imagen, para restarle poder de transformación social. El trayecto que hicimos en este sentido es muy largo, pero podríamos sintetizarlo en dos etapas: una de mayor intervención pública, cuya herramienta más visible es la muestra y el libro “Ninguna mujer nace para puta”. Y otra más silenciosa, que llamamos de “submarino” que nos permitió consolidar un grupo de trabajo heterogéneo en su formación de origen, pero muy sintonizado en cuanto al interés de plantearse qué significa la batalla feminista hoy. La Universidad de la Concha marca el inicio de otra etapa, en la que abrimos las puertas para compartir un espacio de reflexión para la acción. La idea surgió a partir de dos experiencias concretas que en la UCO se unen formalmente, por un lado, los talleres de crónica periodística, en los cuales trabajamos mucho y durante largo tiempo con un grupo de mujeres periodistas y con la psicóloga Susana García, el tema del lenguaje y la identidad, de cómo está colonizado tanto por el sistema patriarcal como por la sintaxis disciplinadora de las oenegés y, por otro lado, el Poeticazo, el espacio que llevaron adelante desde LaVaca la poeta Daniela Andújar y la artistas Veroka Velázquez. Estas dos experiencias fueron el  útero de esta nueva iniciativa. Allí, participaron músicas, poetas y artistas visuales durante tres años, entonces la UCO acumula estas experiencias y personas que se proponen el rol de anfitrionas. No damos cátedra, recibimos en un espacio, y para un tema concreto, a personas que saben tanto o más que nosotras. De hecho, están participando mujeres de varias provincias que tienen una larga trayectoria de trabajo en temas feministas y que tienen la misma necesidad que nosotras de compartir un espacio de reflexión sobre las propias prácticas.

-¿Cuál es el propósito de estas reuniones que llevan la frase “Ni hombres ni mujeres: encuentro para personas”?

-El propósito  es claro porque no queremos hacer perder el tiempo a nadie, ni perder el nuestro: hacer algo. Son cinco reuniones destinadas a replantearnos cosas, aprender otras, intercambiar saberes, debatir ideas y prácticas. Pero todo esto está destinado a hacer algo concreto. Cada participante lo hará en el espacio que crea mejor o necesite hacerlo. Nosotras, desde la UCO, queremos producir una acción callejera e invitamos a las participantes que quieran a que lo hagamos juntas, pero no es una obligación. Este año esa acción tiene como eje la imagen. Por eso cada encuentro está pensado en función de reflexionar sobre tres preguntas: “¿Cómo nos vemos?, ¿Cómo nos ven? y ¿Cómo queremos que nos vean?”. Buscamos romper con el estereotipo de la víctima, porque ninguna mujer llorando y de rodillas puede cambiar su situación. La UCO no es un espacio para pensar las imágenes y discursos que produce el sistema, sino para interpelar las que producimos nosotras mismas. Hay muchos y seguramente mejores espacios de reflexión sobre la guerra que este sistema libra sobre nuestros cuerpos y subjetividades. Proponemos la autocrítica como frente de batalla, a partir de un diagnóstico concreto. Algo falla en lo que hacemos si hay 52 mujeres quemadas por sus parejas, si hay la cantidad de mujeres explotadas sexualmente que existen hoy, en este país y en este momento, y sino podemos imponer que se despenalice el aborto, por poner solo tres ejemplos de actualidad. Algo estamos haciendo mal, diciendo mal y mostrando mal porque la violencia contra las mujeres, aquí y ahora, es brutal. La UCO se propone analizar nuestros errores, potenciar nuestras capacidades y lograr acciones más potentes, populares, de real intervención social. Por eso la convocatoria es abierta a las personas. No nos interesa la orientación sexual, como no debería interesarle al Estado la sexualidad de sus ciudadanos. Lo que queremos y por eso lo hicimos explícito es conversar, pensar y hacer cosas con personas que estén dispuestas a darle batalla al sistema patriarcal, con todo lo que eso implica.

-¿En qué autores y experiencias se basan para organizar los encuentros?

-Nuestra principal fuente teórica surge de nuestras propias prácticas, de analizarlas y sistematizarlas. Hay autoras que nos han servido más que otras y esto no construye una jerarquía, sino que se arma una utilidad o complicidad, para decirlo mejor, que ha surgido de los tramados que hemos hecho en estos años. Nuestras autoras por suerte son también nuestras amigas, han estado a nuestro lado pensando y haciendo juntas. Sin duda, María Galindo y “Mujeres Creando de Bolivia” o Silvia Federici, autora de “El Calibán yla Bruja” y María Lugones , quien escribió uno de los textos claves del pensamiento de la descolonialidad, desde Estados Unidos, forman parte de ese tejido, con distintas intensidades pero sumando colores a nuestras prácticas. En el primer encuentro tuvimos la colaboración de Andrea Andujar, una historiadora que ha investigado dos temas que nos interesan, como por ejemplo las mujeres guerrilleras de los 70 y las piqueteras de los 90. Pero su aporte fue más allá de lo teórico, porque Andrea es la hermana de la poeta Daniela Andújar y a la UCO no solo aportan y asisten las dos, sino también su mamá. Tener estas tres generaciones pensando juntas, compartiendo lo que aprendieron y analizando sus historias, y no “La Historia”, es algo que supera lo que cualquier texto te puede dar.

-Según Aristóteles, tratar como iguales a dos sujetos desiguales era una injusticia. Entonces, ¿la búsqueda de la igualdad entre el hombre y la mujer debe contemplar la diferencia de género o tales diferencias no son inherentes al ser humano, sino una construcción social?

-El feminismo ya le respondió a Aristóteles y a todo lo que él representa: el Estado patriarcal. Creó una herramienta muy eficaz, la discriminación positiva. La mano del Estado tiene que ser más larga para quien menos puede llegar hasta arriba. Es una herramienta que usaron los afroamericanos en su lucha contra el racismo y las mujeres en la política, cuando se impusieron las cuotas, por ejemplo.  Estados Unidos tiene un presidente negro, Argentina y varios países del mundo, jefas de gobierno mujer, en sí misma la herramienta es tremendamente eficaz, pero no garantiza que lo que produzca por sí sola sea un cambio social. La batalla está en las subjetividades que este sistema crea y eso atraviesa a todas las identidades sexuales, pero claramente a las mujeres. El problema del machismo es femenino, lo bueno de esto es que si sos el problema también sos la solución. En nosotras y por nosotras, entonces, pasa el cambio social. 

-Un sector del feminismo, ligado al socialismo, sostiene que la liberación de la mujer es imposible bajo este sistema, formado bajo la base patriarcal, siendo entonces posible bajo un nuevo orden social. ¿Cuál es su postura?

-Coincido con el discurso, pero no con la práctica de los partidos tradicionales de izquierda, infectados por el machismo que dicen criticar. El cambio, la revolución que proclaman,  debería empezar por ellos mismos, jubilando a los gerontes que hace años dominan las jerarquías de esos partidos y postulando a las mujeres que le aportan el dinamismo y el futuro, que necesitan en forma urgente. Creemos que no se puede separar discurso de práctica. En colectivos que se proponen la construcción de un cambio social deberían plantearse muy seriamente la posibilidad de que los hombres no dominen nunca la escena, por lo menos durante un tiempo, hasta ver qué pasa, hasta sacar una conclusión. Y más en aquellos que se dicen radicales, ¿por qué, qué temen perder? Se lo plantee en una reunión a uno de los referentes del Movimiento Sin Tierra de Brasil, a mi juicio una de las organizaciones sociales más poderosas de Latinoamérica, y se quedó mirándome, mudo. Recién cuando terminó el panel público y charlamos informalmente admitió que quizá tuviera razón: es hora de experimentar en nuestras propias construcciones las relaciones sociales que proclamamos para toda la sociedad. Bueno, esa es nuestra tarea. La UCO es la forma de hacernos cargo de la pequeñísima parte que nos toca de esa enorme responsabilidad.

“Pareciera que el sexo es el demonio”

La primera parte de la extensa nota a la monja brasilera Ivone Gebara, máxima representante de la Teología Feminista de la Liberación, arrancaba con una negación: “Ivone Gebara no está en Wikipedia”. La segunda arranca con más de sus análisis, consideraciones, visiones del mundo, preguntas, respuestas y teologías. Y terminará con una propuesta. Vamos:

Imágenes: NosDigital

“Pareciera que el sexo es el demonio”

Creo que pocas de nosotras hemos trabajado sobre la cuestión de la identidad de género (una de ellas, Marcela Althaus-Reid), la mayoría de las teólogas no ha trabajado aún sobre estas identidades y sobre la distinción género/genitalidad. Pero sí hay muchas filósofas (por ejemplo, Butler; ella trabaja mucho la cuestión de las múltiples identidades sexuales). Butler dice: “Por favor, no sean aristotélicos, no hagan nuevas definiciones: ‘animal primate, 32 dientes…¿Y qué es un hetero? ¿Y un gay? ¿Una trans? Lesbiana, homo…”. He hecho talleres, me invitaron a ser parte de ellos para conocer diferentes movimientos, y creo que la apertura respecto a lo “nuevo” también depende mucho de los lugares. Por ejemplo, en Sao Paulo, existe una violencia increíble contra los homosexuales. Los agreden, los matan…

La cuestión de la sexualidad en las Iglesias cristianas ha sido desarrollada de forma binaria: hombre-mujer, correcto-incorrecto, normal-anormal. Todavía no podemos salir de eso, no salimos de pensar en clave “naturaleza”, y eso es una trampa. Tenemos pudor de hablar sobre ello, como si la vivencia de la sexualidad fuese en contra de Dios. Pareciera que el sexo es el demonio. De todas formas, seguimos, me parece, en los primerísimos pasos respecto a estos temas.

“El niño es de quién lo hace, y de la sociedad”

La prohibición del aborto es el GRAN DOLOR de las mujeres hoy día. A veces, se lo toma como algo muy liviano, con hipocresía, facilismo. Lo primero que tengo para decir es que el aborto es un problema de SALUD PÚBLICA. Hay cosas que no puedes impedir: una gripe, la propagación de algunos virus, que las mujeres queden embarazadas. Lo imprevisto, en sí, es una parte de lo previsto. Cuando una mujer se ve con un embarazo no deseado, a veces fruto de una violación por desconocidos, por policías, entonces las Iglesias tienen una actitud romántica. “Es un nuevo ser”, dicen. Claro, ellos pueden decirlo porque no tienen el bebé en su panza, porque no sufrieron la violencia.
Los abortos mal hechos son la décima causa de mortalidad materna, por eso es que el aborto es una cuestión de salud pública. ¿Por qué el aborto es un crimen de las mujeres y no de los varones? Muchos hombres dicen: “O yo o él”, refiriéndose al futuro hijo. Y se van. La sociedad patriarcal condena a los cuerpos femeninos.
Hay que luchar por la descriminalización y legalización del aborto. Es un respeto a la elección de las niñas, de las madres. En Recife, hay un grupo que acoge chicas de la calle. Encontré una chica de 14 años. Estaba embarazada. No quería tener ese bebé: se golpeaba la panza, “No quiero”, gritaba. ¿Vamos a forzarla a que lo tenga? Eso ya no entra en Teología. Eso es salud pública. Y viene de la mano con dar educación sexual en escuelas, barrios y sobre todo -esto, por favor, subrayado con doble línea- para los varones jóvenes. Tenemos que crear conciencia, que los hombres se sientan responsables, el niño no es sólo de la mujer. Es también de quien lo hace y, claro, de la sociedad, que tiene la obligación de cuidarlo.

¿Cuál es la propuesta de esta nota? Tiene el objetivo de enmendar la primera negación. Ivone Gebara tiene que estar en Wikipedia. Y, por eso, este es el perfil creado para ella, a partir de todo lo contado, en el primer y segundo artículo de esta publicación y de todo lo que de ella se pueda encontrar en internet. Un boceto, mínimo, para seguir mejorándolo:

Ivone Gebara (Recife, 1944): Monja brasilera, de la congregación Hermanas de Nuestra Señora, teóloga, feminista y libertaria, referente de la Teología feminista de la Liberación, que ella fundó en 1980, tras haber estudiado Filosofía y Ciencias Religiosas en Europa y graduarse en ambas carreras.

Actualmente, es una de las voces más escuchadas tanto por el movimiento feminista como por aquellos que se oponen a la jerarquía de la Iglesia Católica. Está a favor del aborto, de la desnaturalización de la maternidad, en contra del academicismo por el academicismo mismo, de la teología metafísica y a favor de la acción social. Escribió varios libros y entre sus posturas más reconocidas, está aquella que menciona que “Hay que salvar al pueblo y no a la Biblia”. La mayor parte de su teoría la extrajo a partir del trabajo social que realiza hasta hoy con las mujeres pobres de Brasil. Sostiene, en ese sentido, que ellas están oprimidas por la Iglesia y que sufren muchísimos dolores, que esta institución no les permite canalizar. “Olvídense de Dios”, les pide muchas veces a sus compañeras, quienes, según ella misma cuenta, conciben que todo lo que sucede en el mundo, también lo no deseado, es obra y gracia del Todopoderoso y no de su acción para sostener o modificar trayectos propios de vida.

Parte 1 de la entrevista

“No hay que salvar a la Biblia, sino al pueblo”

A favor: del aborto legal y a expensas del Estado, de la elección de la maternidad, de que la vida de la gente la decida la gente. En contra: de los sacerdotes que viven confortablemente con sus manías, de un modelo capitalista perverso, de que la biblia esté por encima de todo. ¿Quién? Una monja, Ivone Gebara. Un caso que viene a poner, desde Dios, un jaque a Dios mismo.

Ivone Gebara no está en Wikipedia.
Fotos: NosDigital

Por eso, porque no contamos con el catálogo que encuadre todas sus subjetividades en un par de definiciones, la descubriremos a partir de lo que dice. Gracias a que internet se distrajo, en vez de ir de la taxonomía a los hechos, iremos de los hechos a la taxonomía. Y antes de dejar que las palabras definan a su portadora, haremos un aviso al que lea. Le contaremos, ya lo estamos haciendo, que la entrevista, dividida en dos entregas, es larga, pero sumamente interesante y además, que así como atrae, también atrapa. Después de conocer lo que dice esta mujer, de cabello blanco, sonrisa amplia, manos que explican y movimientos pausados, la cabeza se expande, explota, y muchos vocablos cambian de valor al mismo tiempo que de significado.

¿Una pista chiquita, como para darse una idea? Ivone, la de cuerpecito pequeño y rostro pacífico, es monja. Todo lo que le preguntan, lo anota en una libreta. Pide constantemente que la interpelen, que la corrijan. Y dice: “La moral católica no alcanza a las mujeres ricas. Ellas abortan y tienen los medios económicos que garantizan una intervención quirúrgica en condiciones humanas. Por lo tanto, la ley que la Iglesia defiende perjudica a las mujeres pobres. El aborto debe ser descriminalizado y legalizado. Más aún, debe ser realizado a expensas del estado… El aborto no es pecado. El Evangelio es un conjunto de historias que generan misericordia y ayuda en la construcción del ser humano. La dogmática en relación al aborto ha sido elaborada a lo largo de los siglos. ¿Quién escribió que no se puede controlar el nacimiento de tus hijos? Fueron los sacerdotes, hombres célibes encerrados en su mundo en el que viven confortablemente con sus manías. No tienen mujer ni suegra y no se preocupan de algún hijo enfermo; algunos hasta son ricos y tienen propiedades. Así, es fácil condenar el aborto”.

Sin más:

“Pero tú eres mujer…

Llevaba 15 años de enseñanza de la Teología de la Liberación, todo lo enseñaba desde allí. Pero un día encontré la teología feminista. ¿Cómo fue? Daba cursos de lectura de la biblia a un grupo de obreros, en la Diócesis de Helder Cámara en Recife, Brasil. Uno de los obreros era casado, y su mujer tenía dos hijas. Yo la invitaba a que venga a las charlas, pero ella no quería venir, decía que tenía que cuidar a las chicas. Entonces, un día fui hasta su casa y le dije a los ojos: “¿Por qué no quieres venir?”. ¿Sabés por qué no voy? ¿Quieres saberlo? Porque tú hablas como un hombre”, “Pero si soy mujer…”, “Pero no conoces nada de la vida de las mujeres, de las obreras, las que estamos casadas con obreros. Nunca dices que sostenemos la casa, que, cuando no hay comida, hacemos todo por conseguirla…”.

“Es verdad”, pensé, yo no hablaba de eso..

“Hablas sólo de sindicatos, salarios, luchas…”. Me hacía preguntas: “¿Sabes qué pasa con nosotras los viernes? Ellos reciben sus salarios el sábado, el viernes suele haber poca comida, tenemos que salir a pedir, ¿Sabes algo de nuestra vida sexual?”. Me empecé a dar cuenta de mi total ignorancia respecto a ello. La teoría que había aprendido nunca me había hecho enfrentarme a la mujer en sí. “Pero tú eres mujer”, me dijo ella.

Empecé a sentir, así, desde mí misma, desde mi ser, un malestar respecto a la Teología de la Liberación, no por el hecho de la liberación en sí, sino por sus características abstractas. Las sujetas sufrientes no tenían espacio allí, no eran escuchadas. Lo hablaba con teóricos marxistas de Brasil, les contaba que las mujeres se habían reunido para bordar. Me decían: “Eso no cambia la estructura”. Les contaba otras cosas: “Eso no cambia la estructura”. Y comencé a sentirme molesta: “¿De qué estructura me hablan?”. Hablaban de Liberación, pero las historias concretas no eran consideradas historia. La palabra patriarcal “Historia” es la historia de los grandes hechos. Sentía que la historia de las mujeres, respecto a su cuerpo, a la forma de socialidad que construían, no era considerada un tema teológico.

Así, con todos esos aportes y descrubrimientos, es como en 1980 se empieza a pensar, en Buenos Aires, la teología feminista de la liberación. Nos juntamos muchas de las mujeres que comenzábamos a transitar por ese camino, éramos 30. Nos contamos de dónde veníamos, lo que pensábamos, y nació un librito: “La mujer hace teología”. Fue la primera piedra del movimiento. Éste siguió luego por América Central, México… hoy la teología feminista es un fenómeno diverso y con muchos problemas, que se está volviendo cada vez más académica y así está perdiendo conexión con el medio popular.

(¿Cómo hacer para lidiar con eso? No lo sé, claro, porque la academia también es necesaria, mas, en la corriente en la que me ubico, no existe LA teología; más bien hay teologías. LA teología trabaja con dolores abstractos: el sufrimiento, la salvación, “Dios viene a salvarte, Dios te quiere…”, no se sale de eso. Queremos volver a lo vivido, nombrar los dolores, nombrar los esperanzas, que la salvación sea, pero sea de unos para los otros).

“Tienes que ser madre. No ser humana”

A las mujeres nos dieron una definición desde antes que nazcamos: tenemos que ser madres, sí o sí madres, y sometidas. Existe una naturalización de la maternidad. Pero nunca escuché hablar de la naturalización de la paternidad. A las monjas, incluso, nos dicen: “Ya que no puedes ser madre, entonces tienes que ser una madre espiritual, dar amor a los otros…”

Las mujeres tienen que tener la ELECCIÓN de la maternidad. Hasta la ciencia, con los alquileres de útero por ejemplo, refuerza la idea de la no-elección. Tienes que ser madre. No ser humana, libre, solidaria, no. Ser madre. Es un poco limitado. Las monjas, por ejemplo, tenemos el prurito de hablar de la sexualidad: tenemos que avanzar mucho, antes que en la teología, en la comprensión del ser humano. En todo lo que nos falta entender de la relación entre el hombre y la mujer.

Hay muchas teologías feministas, tantas como teólogas (lo mismo que entre los varones, claro). Aunque una sea luterana, presbiteriana, católica romana, el pensamiento es siempre personal. Hay algunas líneas, claro, en las que nos ubicamos: yo puedo utilizar la teoría marxista de una manera, otros la usan de otra. Nos ubicamos cada una desde su propia experiencia de vida. Hacer teología es hacer biografías. Antes de ser teóloga, yo, por ejemplo, estudié filosofía. Me ubico como filósofa, tengo influencias europeas, desde el fin de la metafísica.

“La alienación que la religión del poder impone a la gente es la misma que nos imponen a las mujeres, como reproductoras y sólo reproductoras”

¿Qué es la metafísica? En teología, se refiere a cuando uno se cree más allá de la materialidad de la vida. Como que hubiera un plan preestablecido en la vida de las personas, el plan de Dios, y este plan se tendría que realizar en la tierra. “Si Dios quiere…”, decimos cuando hablamos con algunas personas para expresar nuestras expectativas; eso, en muchas personas, no es sólo retórica, eso es creer que hay una voluntad superior abstracta. Y esa idea se conecta con otra idea: Dios es bueno.

El gran problema de la teoría metafísica es querer combinarla con los grandes dramas humanos. “Si Dios quiere, me voy a curar del cáncer…”, y no te curaste, y te moriste. ¿Qué pasó? “Uy, Dios no lo quería”, por algo habrá sido, tenía otros planes. Eso, para mí, no es fe, es un juego filosófico, y en este juego filosófico los grandes artesanos de la historia son los varones.

Los varones reciben el mensaje de Dios (Jesús, Abraham, Moisés), ellos tienen los oídos privilegiados. La perspectiva metafísica, así, termina por excluir las personas; ese malestar ya ha sido denunciado por Nietzsche, Váttimo, Derrida…

Las mujeres se conectan a esta línea: para ellas -y para mí- hay que volver a CAMBIAR ESE DOGMA, que se estableció en un tiempo y espacio específicos de la historia, y hoy sigue. Cuando trabajo con mujeres sencillas, tengo que hacer una gimnasia, ellas están colonizadas por esa idea casi mágica de la divinidad de Jesús, me da pena. “ÉL sabe lo que va a pasar con nosotras”, me dicen y yo les contesto: ”Pero nosotras también lo sabemos”. Intento cambiar esa perspectiva, quiero mostrar que la presencia del otro es convocatoria. A veces, siento que si hablo de la Iglesia Católica, el discurso del poder se come a todos los demás. Siempre es: “Dios quiere, Dios piensa…” ¿Y tú? Nadie pregunta eso. A veces, les digo a las mujeres: “Olvídate de Dios, de Jesús…imaginemos que no te están escuchando, que no tienen ningún deseo para ti”, las provoco, y ahí dicen algo para cambiar su historia. Es un trabajo inmenso. La alienación que la religión del poder impone a la gente es la misma que nos imponen a las mujeres, como reproductoras y sólo reproductoras. Si le preguntás a una mujer: “¿Qué pensás de esto?”, probablemente repita lo que le dijo el cura. Tienen miedo al pensamiento propio.

Esta teología, claro, crea muchos disturbios. Hace pensar, no repetir. Es, a la vez una crítica al mundo académico, pero no su negación. Estudien teología, claro, pero, paralelamente, busquen otras experiencias. No tenemos que salvar la biblia: tenemos que salvar al pueblo. La biblia no importa.

“Un modelo capitalista muy perverso”

Hay muchos. El hambre -las mujeres tienen que buscar comida, casi siempre son ella cuando falta-, la enfermedad -el 90% de las personas que van al hospital a llevar a sus hijos, pelear por las medicinas, etc., son mujeres-, el hecho de que la Iglesia no permita los anticonceptivos, o los Estados la interrupción del embarazo. Las iglesias defienden principios, no aspectos de la vida real. Los dolores de las mujeres provienen de un modelo capitalista muy perverso que habla de autoestima, pero destruye a las mujeres mostrando sólo un modelo de mujer: blanca, con los dientes perfectitos, rubia. En las villas, vemos mujeres de 25 años, con un cuerpo totalmente destruído, deformado, con bajísima estima, porque, claro, ven el modelo ideal de cuerpo que les venden y no son ellas. Los dolores son, en parte, los mismos que los de antes, aunque hay cosas que cambiaron. Hay muchas mujeres de 20, 30, 40 años, que, por suerte, empiezan a tener lucidez y conciencia sobre ellas mismas. Eso me da mucha esperanza