Mi vecino el cáncer

Toda la gente que vive con una subestación eléctrica en su barrio se encuentra irradiada por electromagnetismo generador de cáncer. En la Argentina las víctimas se cuentan de a centenas, pero la resistencia ya comenzó. Acá se lucha por vivir. 

Hay barrios argentinos en donde la inseguridad viaja a la velocidad de la luz, traspasa paredes y se mete en tu casa. En Argentina hay tanta inseguridad que una empresa, subsidiada por el Estado, puede decidir cuándo y de qué te vas a morir. En esos barrios al menos podés estar seguro de una cosa: que vos, tu pareja, hijos o vecinos van a enfermarse de cáncer.

Si sos vecino de una subestación eléctrica estás expuesto a ondas electromagnéticas altamente cancerígenas. No es como si un día te pisara un tren. La muerte por electromagnetismo es mucho más lenta, no sólo porque viene de la mano del cáncer, si no porque no hace ruido ni se siente, pero afecta sobre todo cuando estás durmiendo.

Los primeros estudios que relacionan a estas ondas con el cáncer empezaron a circular hace alrededor de cuarenta años. Hasta el día de hoy la Constitución argentina no se da por aludida de estas decenas de estudios y leyes. Pero sobre eso vamos a volver más tarde, ahora aclaremos: Por qué el electromagnetismo mata.

La energía que generan los campos electromagnéticos afectan el núcleo de los átomos. Cuando la exposición es constante y prolongada se produce una mayor síntesis del ADN. Cuando se altera el ADN la célula deja de funcionar bien, como si tuviera un acelerador: comienza a dividirse sin freno interno. Así se desatan los efectos oncogénicos (todo lo que tiene que ver con la generación del cáncer) de las ondas electromagneticas sobre el cuerpo humano.

Esa exposición constante se genera viviendo, y durmiendo, y comiendo, y jugando, y estudiando, y naciendo, y creciendo; cerca de donde se concentren grandes cantidades de voltios, de electricidad. Esos lugares son las subestaciones eléctricas, que reciben constantemente la energía que distribuyen los cables de alta tensión (esas torres inmensas que vienen desde la represa El Chocón) y la convierten en media tensión, la energía que consumimos en nuestras casas. Las subestaciones son parte del sistema de distribución eléctrico y cuanta más electricidad contengan, mayor es el campo electromagnético que irradian.

Sólo en el área metropolitana de Buenos Aires existen 117 subestaciones cerca de donde vive la gente. ¿Vos sabes cerca de cuál vivís?

Gladys vive pegada a la Subestación Sobral en Ezpeleta, partido de Quilmes. Su padre y su madre murieron de cáncer: “Nos juntábamos en el club y todos teníamos un familiar o un vecino enfermo, la palabra cáncer se hizo natural, de a poco nos fuimos muriendo”.

Sobral funciona desde hace treinta años. Los vecinos cuentan alrededor de 170 muertos. Todos por distintos tipos de cáncer, todos cercanos a la subestación y su cableado mortífero. El juez Siauliu de la Cámara Federal Número 2 de La Plata hace más de diez años que tiene en su cajón el pedido de traslado que hicieron los vecinos. Mientras tanto ellos siguen reunidos para ayudar a otros barrios irradiados.

Como Berazategui, donde los vecinos sí aprendieron del escalofriante caso de Ezpeleta (no así las autoridades de su Municipio) y detuvieron por ocho años la construcción de la subestación Rigolleau. El intendente en ese momento Juan José Mussi se comprometió a apoyar la lucha de los vecinos. Pero en el 2011 cambió mágicamente de opinión.

Ese año llegó la bonaerense, cientos de ellos. Vallaron todo el barrio. Sí, lo vallaron literalmente. No podían pasar los autos ni la gente porque unas maderas de dos metros de altura lo impedían. Si vivías dentro del vallado tenías que mostrar el documento para pasar. Cuando los vecinos protestaron, los reprimieron fuerte. Así lograron poner en funcionamiento la Subestación Rigolleau en Berazategui.

Isabel vive cerca a la Subestación Rigolleau, en Berazategui. “La Policía estaba acá porque es una obra sin consenso, una obra que no respetó la voluntad ni la decisión de los vecinos, sino que responde a intereses económicos que sí le interesan los negociados de las autoridades”, explica.

Laura es vecina de la Estación Transformadora Jujuy Este, en Malvinas Argentinas, Jujuy. A ellos también los reprimieron cuando trataban de impedir un nuevo cableado de alta tensión.

Carlos también está irradiado y viven en Barrio Sol y Rio, en Córdoba.

Luis es de Ituzaingó. María, de Brandsen. Julia, de Wilde. Ramón, de San Isidro. Ramiro, de Once. Juan, de Constitución. Raúl, de La Paternal. Todos están irradiados.

Para que las empresas de electricidad de todo el país (con la ayudita de los gobiernos municipales y su policía) no puedan poner en riesgo la vida de la gente, es necesaria una Ley Sanitaria. Ya está en el Congreso, cajoneada hace un año. El proyecto no se opone a las subestaciones, si no que obliga a llevarlas lejos del casco urbano, donde no haya personas para enfermar. Llevarlas lejos de donde se va a consumir la electricidad implica una inversión mucho mayor en cableado. Y en vida.

El vacío legal existe, porque la única reglamentación al respecto es la obsoleta resolución 77 del año 1998 emitida por la ex Secretaría de Energía, de carácter técnico y no sanitario, que permite hasta 25 microteslas (µT: micro Tesla, unidad de medida de campos electromagneticos). Sin embargo la Ley de Ambiente de la Nación establece muy claro que: “Cuando haya peligro de daño grave o irreversible la ausencia de información o certeza científica no deberá utilizarse como razón para postergar la adopción de medidas eficaces, en función de los costos, para impedir la degradación del medio ambiente”.

“Científicamente nunca se demostró la inocuidad de los campos magnéticos. Existe una significativa y creciente evidencia científica sobre sus efectos cancerígenos y no cancerígenos, incluso a valores muy bajos de densidad de flujo magnético”, explica el biólogo Raúl Montenegro, quién en 2002 realizó un relevamiento alrededor de la Subestación eléctrica Sobral en Ezpeleta. La Agencia Internacional de Investigación sobre el Cáncer (IARC), entre otros organismos nacionales e internacionales como la Organización Mundial de la Salud, considera a los campos electromagnéticos como ‘posibles cancerígenos en humanos’.

Montenegro también reconoce que “el problema no son solamente las subestaciones transformadoras sino también los tendidos eléctricos de media y alta tensión, aéreos y subterráneos. Todas estas fuentes generan campos magnéticos”. Una exposición crónica a valores iguales o superiores a 0,3 o 0,4 µT puede aumentar de 1,7 a 2 veces el riesgo de contraer leucemia, sobre todo en los niños.

La Ley no acompaña. Pero algo más allá de lo escrito en un papel se está generando: conciencia.

En Jujuy, barrio Los Naranjos, los vecinos impidieron en el 2012 que se instale una subestación. Este año los vecinos de Quilmes lograron que se coloque una central a 200 metros de los hogares de la gente; cuando el Municipio planeaba hacerla bien pegada a sus casas. En Quilmes y Los Naranjos los vecinos ya pelearon y ganaron. A esta inseguridad que no se ve ni se oye le está empezando a golpear la mano de los vecinos organizados.

Tȉtogrād

El sueño de la nación de naciones no sobrevivió a la muerte de su mentor. La que supo ser Yugoslavia del Mariscal Tito en fotorreportaje. Religión, frontera, masacre y futbol.

Ese bus que tenía que hacer con nosotros 230 kilometros. Subimos en Mostar, el pueblo bosnio del anguloso puente sobre el río Neretva. Buscando las costas del Adriático en la ciudad amurallada de Kotor, Montenegro. El trámite nos llevó algo más de seis horas sobre ruedas y ocho nuevos sellos en cada pasaporte.

En la entrada a la ciudad, cincelado en lo alto del principal portal, se lee Tude necemo svoje ne damo (No necesitamos las cosas de otras personas, y no damos las propias), con la pequeña firma de Tito a su lado.

Luego del 4 de mayo 1980, sucedida la muerte del Mariscal Tito en Ljubljana, inmersos en una crisis económica inflacionaria, las agitaciones entre las seis repúblicas que conformaban la República Federativa Socialista de Yugoslavia se acrecentaron. Eslovenia y Croacia se declararon independientes en 1991. Bosnia-Herzegovina y Macedonia, al año siguiente. La resistencia de Serbia, como república central de aquel Estado multinacional, encarnada en la fuerte militarización de los enfrentamientos, llenó de muerte la península balcánica.

Los desencuentros históricos entre las Repúblicas Socialistas fueron solo contenidos por la figura aglutinante de Tito en su proyecto de Yugoslavia como país en la vía al socialismo independiente. Inmerso en plena Guerra Fría, impulsó la estrategia del Movimiento de Países No Alineados para evitar encolumnarse tras cualquiera de los bloques irreconciliables. A la muerte del líder yugoslavo, las diferencias nacionales, económicas y políticas se agudizaron con la inclusión de factores religiosos, profundizando las guerras de independencia en enfrentamientos étnicos. El genocidio bosnio-musulmán con fusilamientos masivos en Srebrenica, ciudad declarada segura por la ONU, se anota como la mayor masacre colectiva en Europa luego de terminada la Segunda Guerra Mundial.

Para inicios de 1996 aquellas guerras habían terminado. La República de Montenegro recién se iba a independizar pacíficamente de Serbia en 2006. Pero los conflictos no dan término. Los territorios de mayoría étnica albanesa que en tiempos yugoslavos fueron la Provincia Autónoma de Kosovo dentro de la República Serbia buscaron su independencia. Un conflicto hoy día irresuelto que tuvo su momento álgido en los bombardeos de fin de milenio de la OTAN sobre Belgrado, capital serbia.

Las marcas de todas las guerras se iluminan aún en cada rostro y en cada muro, igual que los recuerdos de aquella Yugoslavia que llenó de orgullo por la expansión de su política de bienestar interno e independencia externa. En las calles pesa una atmósfera extraña: un olvido que se funde con la melancolía sobre el pasado -que suena contradictorio solo la primera vez que se lo escucha- y con el recuerdo de una guerra salvaje impostergable en la memoria. Las referencia al Mariscal son nulas, las había pero han sido borradas: la capital de Montenegro Titogrado ahora es Pogdorica, la ciudad kosovar de Kosovska Mitrovica supo ser Titova Mitrovica, la única estatua en toda la ex Yugoslavia que lo representa está al lado de su mausoleo, devenido en museo, en las afueras de Belgrado.

Mientras, el recuerdo en la memoria colectiva es fuerte, no se acalla, sin siquiera escaparle a las nimiedades: al entrar a aquel bar futbolero donde miraban los goles de Lanús de la última fecha -dándole a cualquiera un golpe certero de globalización- mientras se levantaban apuestas legales hasta de la serie B nigeriana, el montenegrino Nikola aseguraba con vehemencia que hoy una Yugoslavia unida podría haber armado un equipo para pelearle fuerte a Alemania el Mundial y no haber perdido de local contra Moldavia 5-2 para quedar fuera en las eliminatorias.

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Castillo de Ljubljana, en la homónima ciudad de Eslovenia. / Mostar, Bosnia y Herzegovina.
Cementerio musulmán en Sarajevo,  Bosnia y Herzegovina. / Desde el tranvía en Belgrado, Serbia.
Cementerio musulmán en Sarajevo, Bosnia y Herzegovina. / Desde el tranvía en Belgrado, Serbia.
Mercado de abasto de Pristina, Kosovo/Serbia. / Yugo era la automotriz emblema de Yugoslavia. Belgrado, Serbia.
Mercado de abasto de Pristina, Kosovo/Serbia. / Yugo, la automotriz emblema de Yugoslavia. Belgrado, Serbia.
Sarajevo, Bosnia y Herzegovina. / Playón de juegos. Skopje, Macedonia.
Sarajevo, Bosnia y Herzegovina. / Playón de juegos. Skopje, Macedonia.
Vardar Skopje contra FK Pelister, en las tribunas del superclásico de futbol macedonio. Skopje. / Las cicatrices de guerra. Mostar, Bosnia y Herzegovina.
Vardar Skopje contra FK Pelister, en las tribunas del superclásico de futbol macedonio. Skopje. / Las cicatrices de guerra. Mostar, Bosnia y Herzegovina.
Plaza central de Skopje, Macedonia. / El lago Ohrid es frontera entre Macedonia y Albania.
Plaza central de Skopje, Macedonia. / El lago Ohrid es frontera entre Macedonia y Albania.
El Stari Most -"Puente Viejo"- en Mostar, el Stari Most Bosnia y Herzegovina. / Ohrid, Macedonia.
El Stari Most -“Puente Viejo”- en Mostar, el Stari Most Bosnia y Herzegovina. / Ohrid, Macedonia.
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Balsero en el camino entre Perast y el Islote Sveti Dorde. Mar Adriático, Montenegro. / Poblado bosnio de los Alpes Dináricos a orillas del río Neretva.
La casa de las flores, el mausoleo de Josip Broz Tito. Belgrado, Serbia. / El puente del ojo, construído en 2011. Skopje, Macedonia.
La casa de las flores, el mausoleo de Josip Broz Tito. Belgrado, Serbia. / El puente del ojo, construído en 2011. Skopje, Macedonia.

Península Balcánica, 2014.

Juez y parte

A Gonzalo Pecha lo atropelló una camioneta de la Municipalidad, pero la causa no encuentra evidencias. ¿Quién se hace cargo?

El reloj de las cámaras de seguridad del sanatorio Modelo Burzaco y de la calle Alsina y Espora marcaba las 19.30 del miércoles 16 de octubre de 2013. Gonzalo Pecha volvía a la casa en bicicleta con su camisa a cuadros y su pantalón de jean. Pasó a una cuadra de donde Jorge, su papá, estaba esperando el bondi. No lo supo. A la medianoche Gonzalo todavía no había llegado. Jorge llamó al celular. Lo atendió un policía que había llevado a Gonzalo al hospital. Había visto a un pibe tirado con una camisa a cuadros, pero supuso que no sería justo su hijo. Había visto, también, pasar a una camioneta muy rápido y a contramano. No sabe si fue esa misma camioneta u otra que fuera de apoyo al lugar del accidente.

Julio César Funes lo había atropellado con la patrulla 3 de la Municipalidad de Almirante Brown, una Hilux sin vidrios polarizados de patente JLM 022. El acompañante, policía, oficial de tránsito, es Montenegro. Funes declaró que Gonzalo le embistió la rueda delantera del lado del conductor. La camioneta supuestamente quedó golpeada. La bicicleta no tiene ni un raspón. Gonzalo cayó en el medio de la calle Espora. Funes dice que fue a parar arriba de la vereda por el volantazo para esquivar la embestida de la bicicleta.

Gonzalo quedó con muerte cerebral instantánea por un golpe en la nuca. Sangraron los oídos, la nariz. Los pulmones estaban perforados por las costillas rotas.

 Versiones

Dicen que Funes era policía retirado. Dicen que lo sacaron del cargo. También dicen que solamente estaba manejando la camioneta Hilux. Más precisiones no hay. Hay versiones encontradas porque las cámaras no muestran el accidente, pero muestran que la calle estaba llena de testigos que no hablan, que el fiscal Gustavo Giorgi, de la Unidad 24, no encuentra.

Como los del colectivo que pasó en el momento del accidente.

Como la señora del quiosco que primero dijo que vio el accidente y después, cuando volvieron, se retractó.

Como los de la parrilla, idéntica situación.

Como la chica de la casa textil que no sale como testigo porque la amenazaron con quedarse sin  trabajo.

Como Esteban, que vio la sirena apagada en el momento del choque, pero todavía, tres meses y medio después, no declaró.

El acta, en el momento, lo labró Montenegro, testigo visual. Pasó por alto que era juez y parte.

Yo no fui

“Solo después de que el lunes pasado cortamos Alsina y Espora se comunicaron conmigo desde la Secretaría de Seguridad”, recuerda María Laura Miño, la mamá.

Dicen que la camioneta está parada, pero la familia la vio circulando varias veces. Lo que cambió es que ahora tiene los vidrios polarizados. La vieron donde los bomberos, donde la municipalidad, y en la misma esquina de la casa de Gonzalo. La 12, la 13, la 4, en cambio, no tienen los vidrios polarizados.

Las filmaciones del sanatorio y en la calle Alsina que prometió conseguir el fiscal Giorgi no muestran el momento del choque. Se ven solo sirenas prendidas, quietas, y un montón de camionetas policiales después de la embestida. Una de las cámaras gira minutos después, minutos que no aparecen en el video, justo del accidente.

El intendente dijo ponerse a disposición. Los padres, que pararían con las marchas a menos que aparezcan más irregularidades. Esperan que se haga justicia con una carátula no excarcelable, porque tantas faltas les dejan la certeza de que no fue un accidente, sino una imprudencia.