“Somos trabajadores que queremos producir”

El intento de la Cooperativa 28 de Mayo por recuperar su fuente de trabajo aún depende de eternas jornadas judiciales. Mientras los acusan de usurpadores, acampan hace más de dos años frente a la ex Lanci Impresiones, luego de su cierre.

Hay 15 trabajadores que se turnan día a día para estar presentes en la improvisada casa que se armó en la vereda de la calle Mom al 2800, en el barrio de Pompeya. El acampe está frente a la ex Lanci Impresiones que hace más de dos años -y luego de casi cuatro de inseguridad laboral- cerró sus puertas, vaciada, adeudada, paralizada. De 50 trabajadores, 16 decidieron tomar la fábrica el 28 de mayo del 2012 luego de soportar cuatro años de atrasos salariales; un año después fueron desalojados por la Policía Metropolitana en un despliegue de fuerzas enorme frente a los cinco obreros que dormían adentro: sin poder llamar a sus abogados, rodeados de decenas de uniformados y con el sonido de un helicóptero dando vueltas sobre sus cabeza, los 351 días de autogestión se hicieron pedazos. Pero no desistieron, y ahora, catorce meses después, siguen esperando un fallo judicial que los termine por dejar en la calle o, por el contrario, les de las llaves de la sede y vuelvan a producir: “adentro las máquinas se oxidan y está lleno de ratas” nos cuenta uno de los operarios que, interrumpido su almuerzo, nos relata la larga espera.

Medio

Entre juzgados, abogados, jueces y denuncias

El intento de la Cooperativa 28 de Mayo por recuperar la fuente de trabajo está mediada por lo que parecen ser eternas jornadas judiciales en la que operan tres diferentes juzgados con causas completamente distintas. La primera causa está en manos del Juzgado Penal debido a una denuncia hecha por el ex dueño de la empresa contra los trabajadores por usurpación de la propiedad privada, durante los momentos de la toma, y contra el Presidente de la Cooperativa Telésforo Gallardo por amenazas, lo que le impide estar a más de 600 metros del establecimiento. Estas denuncias tienen implicancia directa para la causa en el Juzgado Comercial, que trata sobre la quiebra ya que como nos explicó Gallardo, “el juez en lo comercial que decretó la quiebra no nos quiere dar el inmueble porque para él nosotros no somos trabajadores sino usurpadores”.

– ¿Y con la nueva Ley de Quiebras no estarían habilitados a hacerse de la fábrica a cambio de la deuda que tienen?

– No, porque cuando vino el tipo y puso la faja de quiebra, nosotros estábamos en la calle y no en la fábrica produciendo.

Este problema es crucial para los trabajadores ya que de reactivar la fábrica conseguirían mantener un sueldo. “Acá todos tenemos entre 40 y 50 años, ¿quién te va a dar trabajo con esta edad?” nos preguntan en el acampe. Sin embargo está el tema de la deuda, los cuatro años en los que recibieron la mitad del sueldo o incluso menos debido a los problemas económicos que decía tener la compañía. Nuevamente la Justicia se opuso a la historia de estos trabajadores, ya que el síndico enviado a administrar la empresa cuando entró en quiebra reconoció estas deudas muy por debajo de lo que fueron realmente: “Al primer síndico nosotros le tuvimos que presentar las deudas que tenían de manera individual. Pero el síndico en el concurso solo reconoció la mitad de la deuda de uno, un 2% de otro, un 10% y a otro nada. ¿Cómo no te lo va a reconocer?” nos cuenta Waldemar. Pero, la luz de esperanza se abrió con la intervención del Juzgado en lo Laboral, ya que el conflicto entre los trabajadores y el dueño que comenzó con las huelgas y la toma de fábrica tendría que haber sido tomada por este juzgado. En caso de reconocer las faltas que tuvo la compañía para con los obreros, el Juzgado Comercial se vería obligado a aplicar la Ley de Quiebras y darles el establecimiento junto con las máquinas a cambio de las deudas que tienen con ellos. Pero recién comenzó el litigio y la Justicia es tan lenta como perezosa…

La deuda como violencia de género

“La Justicia nos quiere tratar como delincuentes, hablando de usurpación, pero ¿qué delincuente se queda en el lugar del hecho? Nosotros nos quedamos frente a la fábrica porque somos trabajadores que queremos ponernos a producir” señala Waldemar en relación al acampe. Pero este acampe es mucho más que el esfuerzo de los propios operarios, es también el reflejo del aguante de la familia. Estas familias lo vienen haciendo hace añares, cuando empezaron a ver sus ingresos disminuidos por los recortes del patrón. Por eso la vida privada de cada uno se vio violentamente modificada, teniendo que empezar a recibir ayudas de los padres, debiendo la mujer salir a mantener el hogar. Y de esta violencia también nos relatan: “Desde el 2009 arranca nuestra bronca, cuando empezábamos a cobrar medio sueldo e ibas a tu casa y ya no podías ser más el jefe de familia. Ahí te empezabas a sentirte violado… La familia es quien evita que te caigas. Ellos te sostienen en esta lucha por intentar recuperar la fuente de trabajo. En ese momento éramos 50 personas y ahora somos 15 nomás”. Sentirse violado porque fueron sometidos al poder del patrón. Waldemar nos lo dice directamente: “en lo personal, para mí esto fue violencia de género”.

-¿Por qué violencia de género?

-Porque él hizo abuso de poder, abuso de poder económico, sobre nosotros, que estábamos económicamente destruidos. Con lo que nos debía de sueldos, estábamos económicamente destruidos. El tipo abusó de tener más poder que nosotros. El patrón se abusa al no darte tu salario; y él capacidad de pago tenía. Tenía bienes, tenía capacidad de producción; nosotros no dejamos nunca de trabajar. Eso es un abuso, no sexualmente, pero abusa porque él maneja otros tiempos que vos no podés manejar. Por eso es “relación de dependencia”, porque vos dependés de él. El patrón estornuda y el trabajador se engripa. Eso es así, históricamente fue así y será así para el obrero.

Mientras tanto, ya van terminando de almorzar los seis obreros que adentro de una casa improvisada de maderas y chapas. La espera, nos dicen, es tremenda. Los tiempos de la Justicia parecen no tener relación alguna con las necesidades reales de quienes necesitan respuestas. Y antes de irnos les preguntamos cómo se sienten estando a metros de la salida a sus problemas, a metros de ese anhelo de dos años: “Es triste, se hace muy pesado. Estar afuera, sentado, esperando a que los días pasen, a que la Justicia decida. Lo triste es la incertidumbre. Imaginate que vos tenés a tu mujer embarazada, con tres meses de gestación, pero sabés que tenés que esperar seis meses todavía. Entonces esos seis meses los esperás con esperanza, con alegría, con fe. Tal vez querés que nazca ahora, pero el profesional te dice: “no seas ansioso, tenés que esperar nueve meses y listo”. Nosotros en cambio no sabemos cuánto va a tardar, no sabemos siquiera si la Justicia que solo tiene que firmar un papel, va a firmar. Porque una cosa es la ley escrita y otra cosa es el que firma, aprobando esta ley, que es un Ser Humano. La Ley de Quiebras está aprobada, pero un juez tiene, una persona, es quien tiene que agarrar una lapicera y firmar que nosotros estemos adentro”.

Las primeras gotas caen, nosotros nos saludamos y nos vamos con la certeza que nos tiraron en la despedida: “vuelvan, total, vamos a seguir estando acá”.

Posible Final A

“Trabajar sin patrón es lo más lindo para el obrero”

Una gráfica vaciada por su dueño fue recuperada por sus trabajadores. Los intentaron desalojar y resistieron, pero se mantuvo un patrullero en la puerta. Los agentes les pedían agua para el mate y pasar al baño: les estaban haciendo inteligencia. Y un día los desalojaron. Hoy hacen una vigilia en la vereda y hasta siguen trabajando por encargo. Las mujeres, el sostén de la lucha.

En la calle Mom al 2800, por Pompeya, hay una fábrica cerrada, hay un patrullero y hay una vivienda improvisada con chapas, lonas y maderas que sostienen algo más que una estructura precaria: ahí se materializa la resistencia de los trabajadores de la ex empresa gráfica Lanci Impresiones, ahora constituidos como Cooperativa 28 de mayo, quienes supieron gestionar la producción mientras estuvieron puertas adentro hasta que la Metropolitana los desalojó. Hoy, desde la calle, siguen produciendo.

En la puerta de la fábrica se puede leer un cartel grande que dice “Lenci Impresiones”. Pero sólo aquellos que conocen la historia de esta empresa de cuatro décadas saben que ya no está más, que se la vació, que le quisieron cerrar las puertas. Pero no pudieron porque 16 trabajadores se negaron a perder su salario, su trabajo, sus años entregados.

Lunes, tres de la tarde, sobre la vereda, tres trabajadores de la Cooperativa están trabajando: “Justo hoy nos dieron un laburo para que hiciéramos acá en el acampe. Esto es autogestión”, dicen mientras arman unas cajas que contendrán dentro de poco un set de 10 piezas de ropa interior masculina. Waldemar, Feliciano, Francisco y más tarde Mario, cuentan su historia mientras, sin parar, hacen su trabajo.

-¿Cómo surgió la necesidad de tomar la fábrica?

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Mom al 2800, Pompeya.

El 28 de mayo del 2012 nos quedamos en permanencia las 24 horas de la fábrica, estuvimos 351 días adentro turnándonos entre los 16 compañeros, para que quedaran como mínimo 5 trabajadores adentro y así nunca quedara vacía. El tema es que el dueño nos denunció penalmente por usurpación, hecho que nosotros negamos porque fue parte de una huelga que estábamos haciendo con proyección de que si la empresa quebraba pudiéramos hacernos cargo formando una cooperativa. La idea nuestra siempre fue la cooperativa.

-¿De dónde sacaron la idea de organizarse como cooperativa?

De la necesidad. aun en relación de dependencia, hicimos todo para sacar la matrícula de cooperativa con el INAES. En Porque nos empezaron a deber sueldos a partir de septiembre del 2008 y nosotros en el 2010, los inicios nosotros quisimos hacer una cooperativa mixta que también incluyera al patrón, porque la empresa venía en decadencia. Era un tobogán terrible: de 50 operarios que éramos, sólo quedamos 16. Muchos compañeros se fueron y con ellos también los de la administración. El patrón es el heredero del anterior que murió el 8 de marzo del 2008. A partir de ahí le quedó la empresa a su hijo, Christian Langenhem. Su objetivo desde el principio fue vaciarla. Muy de la década del 90 y muy de los patrones: se endeudan, se endeudan, se endeudan, no le pagan a nadie, cae la SRL –la empresa- sin hacerse cargo personal de la deuda. Mientras, dicen: “yo era el administrador nomás”. Él, sin embargo, se encontró con 16 trabajadores que decidimos hacer permanencia en la planta para la recuperar la empresa.

El método no es nuevo y el vaciamiento es el paso anterior a la autogestión: de pronto el negocio no es tan rentable, o no hay interés de mantenerlo como en este caso, y se empieza a limpiar la fábrica. De a poco van llevándose las maquinarias, se pagan menos sueldos, se castiga con más severidad las críticas de los trabajadores, se baja la calidad de las materias primas: todo para hacer insolvente a la empresa y tener que cerrar la puertas. Obvio, con los trabajadores sin un peso.

Los tiempos de la Justicia. El cierre y la toma de Lenci Impresiones recorrió tres juzgados diferentes: el comercial, por los acreedores que le deben plata; el penal, con los trabajadores denunciados por tomar las instalaciones; y el laboral, por la deuda que tiene la empresa con los operarios. O sea: un quilombo inagotable, lento y que todavía espera conclusiones. “Estamos en un vacío legal. Ojo, esto te lo puedo decir pasado un tiempo, porque estás hablando con un trabajador con estudios primarios terminados; tal vez me escucha un abogado y se me caga de risa. Nuestros reclamos al no estar en el concurso no entraron en el juzgado comercial, y todo lo que se va a juzgar ahora va a ser hecho por el comercial, por intermedio de los síndicos, para administrar después la quiebra. Toda nuestra deuda hay que juntarla para presentarla al juez comercial después de la quiebra”, dice Waldemar.

Pero si Langenhem vino con sus escribanos y abogados para llevárselo todo y los operarios de la Cooperativa echaron mano a su condición de obreros: buscaron ayuda en el Sindicato Gráfico Argentino, que les dio la asistencia jurídica sin que necesitaban para mantenerse.

-¿Cómo fue el rol del Sindicato?

Con nosotros estuvieron bien. En el transcurso de un año y medio hemos encontrado algunos errores, algunos problemas, pero no nos podemos quejar del Sindicato Gráfico. El sindicato está formado por trabajadores como nosotros y estos problemas que tuvimos tienen mucha rosca de abogados, que no son menores. Pero no hemos encontrado mala intención. El problema es que los del sindicato son como nosotros, trabajadores. Ninguno pasó por la universidad: tienen que contratar un estudio jurídico y los estudios jurídicos que se acercan a los sindicatos no siempre son los mejores. No estoy capacitado yo para valorar, pero por ejemplo nos dijeron que la empresa iba a quebrar hace un tiempo y no quebró todavía. Porque desde aquel 28 de mayo parecía que la empresa iba a quebrar en unos meses y ahí entrábamos en la Ley de Quiebras. Pero hoy estamos a octubre del 2013 y parece que recién esta semana la empresa quiebra…

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Imágenes: NosDigital

 

-¿Y qué piensan hacer?

Hay que convencer al juez, al síndico, presentar un proyecto de viabilidad, sabiendo que también la empresa le debe no sólo a nosotros sino también a otros acreedores y empresas. Esto sería muy simple si la deuda fuese sólo con nosotros. ¡Sería facilísimo! Pero no, está el Banco Provincia, hay cooperativas financieras, hay muchísimos acreedores antes de que nos hiciéramos cargo.

Entre el 2008 y el 2012 la situación de los más de 50 operarios de Lenci Impresiones empeoraba. Los sueldos fueron disminuyendo: “El dueño nos dio durante 10 meses seguidos 100 pesos por semana, porque era bicho. Todos los viernes el dueño nos daba 100 pesos. Lo mínimo, para que no nos fuéramos; después te daba 200, después 300… Nos llegó a dar mil por semana, pero siempre nos estaba debiendo. Así fue acumulando deuda hasta el cansancio”.

Los mates traicionados. Primero, un intento fallido el 7 de mayo de este año, justo en el Día del Trabajador Gráfico. Cómo resistieron: cuando la Metropolitana y los gendarmes les comentaron que ya no iban a poder estar más ahí, llamaron al sindicato, a sus abogados, a otras cooperativas. En unos minutos la calle estaba repleta y los uniformados tuvieron que quedarse en el molde. “Y entonces, ¿qué hicieron ellos? Nos dejaron una patrulla, siempre un móvil en la puerta. Desde el 7 de mayo estudiaron nuestros movimientos y una semana más tarde nos desalojaron. Pero mirá: venían de la Metropolitana, nos tocaban timbre y nos pedían agua para el mate, y las chicas permiso para ir al baño. Y nosotros las dejábamos ir al baño. ¿Entendés la diferencia que hay entre un trabajador y un policía? Incluso, uno de nosotros agarró lavandina y preparó un baño que no usábamos para que ellos pudieran utilizarlo”.

El desalojo. “El 14 de mayo a la mañana, mientras amanecía, tocaron timbre y ya estaba todo preparado: cortaron la calle, tenían un helicóptero dando vueltas. Me tocó a mí atenderlos y me dijeron que estaba la orden; les pedí unos minutos para llamar a los abogados y al Sindicato Gráfico Argentino pero no me dejaron. Vinieron con ese fierro largo y tiraron abajo la puerta, nos tiraron gases y tuvimos que salir. Sacamos todo lo que pudimos y desde entonces acampamos en la puerta”.

Después de soportar durante cuatro años la caída de su poder adquisitivo, ahora les toca bancar un sueño en la calle. La pregunta surge sola: ¿Cómo se banca? “Las mujeres”, responden. Ellas son el sostén. “Porque la familia es la primera que tiene que decidir si está de acuerdo o no con seguir con la lucha. Y muchas no pudieron decir que sí y por eso se fueron compañeros”. Hoy son un tercio de los que estaban en la fábrica.

Entre tantas historias, idas, venidas, traiciones, errores y aciertos, casi que pasó por alto un momento trascendental en la vida de estos cooperativos: ese año que estuvieron a cargo de todo, donde el patrón había desaparecido y ellos mismos se hicieron cargo de aquello que desde lo alto se nos dice que solo está reservado para los capacitados.

-¿Cómo fue hacerse cargo de la producción sin patrón?

– Es lo más lindo que le puede pasar al obrero. Trabajar sin que te controlen es lo más lindo que te puede pasar. Querés tomar un mate, tomás un mate; te querés apurar para terminar e irte más rápido, te apurás. Mañana arreglás para llegar más tarde porque no hay laburo a la mañana, vas más tarde. La autogestión es lo más lindo que le puede pasar al trabajador. Aparte, treinta años en el oficio, ¿qué le iban a decir acá al que estaba hace treinta años? Antes que le dijeran ya sabía lo que tenía que hacer. ¿Sabés qué es estar treinta años en una empresa? Caminás solo. Eso es lo que no se dio cuenta el dueño, que la fábrica podía funcionar sin él.

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Metropolitana y Gendarmeria resguardando la S.R.L.