Una mujer que late

Señorita Carolina acaba de presentar “El latido en la boca”, un disco oscuro y de maduración, a la vez que esperanzador sobre la potencia de la creación colectiva.

La rama de un laurel arqueada y punzante señala en dirección al río iluminado por la luna. En el ángulo que forma con el tronco del árbol, un ave; imperceptible a la vista entre el follaje alborotado, pero de canto grave y penetrante. Se escuchan llamados de respuesta, quizás desde otro árbol o de una bandada en vuelo. El agua, que baja urgente por la pendiente esquivando camalotes, no logra acallarlos. La copa del árbol se balancea por empujones del viento, dejando ver, entre las hojas, claveles del aire intrusos. Más abajo, a algunos metros de las raíces, inmersa en ese bosque ensombrecido, una mujer. Una mujer tendida entre los arbustos, con el pulso vibrante. Una mujer que late.

– El imaginario de “El latido en la boca” es un bosque. Yo tengo un re flash con la naturaleza y esto es lo que me pasa con este disco, esto que no puedo explicar del contacto con lo natural, que integra también al ser humano. Transita como si fuera al interior de un bosque de noche y la última canción ya es como más diurna, como el amanecer. Porque todo el disco tiene que ver con la noche oscura del alma, un momento existencial. Desde el principio reconocí que iba a haber densidad. Y al final, fluyó, quedó hermoso y salí realmente de ese bosque. La música salva y da esperanza estando en la oscuridad más oscura. También porque fue un trabajo colectivo con personas que aportaron mucho a mi camino. Es increíble cómo la inteligencia creativa de uno se engancha con la de los demás, tal vez sin saberlo, y creás colectivamente. Es magia, para mí hay algo esotérico en todo proceso creativo, hay una alquimia, hay algo que no esperabas que saliera en el “producto final”.

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Señorita Carolina es el proyecto solista de Carolina Pacheco. En paralelo, forma parte del dúo Nikola y el quinteto femenino El Asunto. Hasta hace poco era también corista de Miss Bolivia. Y entre todo eso, encuentra tiempo para dar clases de canto y cocinar. Acaba de lanzar “El latido en la boca”, más rítmico que los anteriores y de bases más potentes. Es su cuarto disco de estudio, a los que se suman otros dos en vivo. Tras la presentación en Casa Brandon, es momento de reflexión y balance:

– Este disco superó un techo que pensé que ya había alcanzado. No solo por mí, sino por mis músicos, mis amigos, los técnicos, la forma que usamos de grabar… Tiene un sonido más profesional. El producto se fue superando a sí mismo en cada instancia. Antes tenía el capricho de que es lo mismo mi voz pelada con la guitarra que hacer otro tipo de producción. Y me fui dando cuenta de que puede ser algo distinto. En septiembre, grabamos baterías y bajos. Ahí ya me la re creí. Dije “tengo que hacer valer esto”. De acá para arriba, porque suena bárbaro. No puedo ser menos. Estudié, toqué mucho la guitarra en casa, que soy medio pésima con la acústica. Y con las voces llegué súper cebada, re segura de lo que iba a hacer. Empecé a usar un pedal de efectos para la voz. Lo re disfruté. Es más mío porque participé más en cada paso.

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– ¿Y cómo te toca esa distinción entre el estudio y el vivo?

– Es que yo siempre defendí la canción a muerte, por sobre todo. Sola, desnuda, vale. Pero aprendí que la cristalización de la música, un disco, es otra cosa. Es muy loco porque toda la vida escuché discos y amo los discos, la forma en que están construidos. Yo soy muy fan de The Cure y me encantan las capas de cosas que hay… ¿cómo no me di cuenta que era tan importante si es justamente el viaje que yo me comía? Siempre tuve la dicotomía de la pasión del vivo con el estudio. Hasta este disco, estaba segura de que prefería que me conocieran tocando, antes que poniendo un disco. Ahora ya no sé. Me gusta que me descubran por ambos caminos, que los dos llevan a quien soy yo.

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Un dedal de sal sobre la harina. Aparte, batir un huevo con una cucharada de leche, una de agua y una de aceite. Hacer un hueco en el centro de la corona de harina e incorporar la mezcla. Unir hasta lograr una masa. Dejar descansar. Mientras, cortar en juliana la acelga ya lavada y cocinar en agua hirviendo con sal. Retirar y escurrir bien. Picar cebollas y pimientos y saltearlos en una sartén. Luego unir los ingredientes y condimentar con pimienta y queso rallado. Estirar la masa y colocar en el molde. Rellenar con la preparación. Incorporar la salsa blanca y mezclar. Estirar la masa restante y tapar. Pincelar con huevo batido. Al horno.

Carolina tiene 8 o 9 años y es testiga de este ritual que ocupa a su madre cada mañana. Mira de reojo y con recelo esas verduras jugosas acuchilladas por el puño materno. Infla los cachetes a bocanadas de aire teñido del olor que exuda el horno. La mira a ella y ella también la mira. Pero sin detener la danza que sus manos ya se saben de memoria. Esas tartas no son para ella ni para esa casa. Es como ver los preparativos de una fiesta a la que no se está invitada. Y eso a Carolina, no le hace ninguna gracia.

Señorita Carolina hoy tiene 34 años y nos recibe en su mesa. Ojo que el mate tiene yuyos, cáscara de naranja y mandarina, la seco al horno y la corto en pedacitos. El budín no tiene huevo, guarda que los pedazos de nuez y chocolate son grandes. Y mientras espera en la cocina que se caliente el agua, nos cuenta:

– Hoy justo pensaba que no me había dado cuenta de que mi vieja era la influencia en la cocina, yo tenía la idea de que era mi abuela. Estaba cocinando como para pagarle a un chabón que me hizo un favor y me puse a pensar en esto de cocinar como un trabajo. Y ahí dije ¡mi vieja laburaba de esto!, tenía un buffet en un club, que en los 80 eran el lugar social por excelencia. No me había dado cuenta que era a ella a la que veía cocinando todo el tiempo, porque todo lo que hacía se iba, la odiaba por eso. En mi época no se usaba tanto que ambos padres laburaran. Mi vieja era la más loca e independiente de todas las mamás de mi grado. También pienso que ella fue como mi primera influencia feminista, sin darme cuenta, y ella tampoco lo supo eh. Ella siempre fue re power, siempre le chupó un huevo lo que dijeran. En ese momento, no me gustaba tanto. Pero si ella no hubiera sido así capaz yo no me animaba a tocar la guitarra, no me cortaría el pelo como quiero, tendría una pareja diferente al lado…

Señorita Carolina es también una “Señorita que cocina”. Así se llama su blog, donde comparte fotos y recetas de sus creaciones e inspiraciones culinarias. Empezó siendo un espacio de distracción, aunque con el tiempo la responsabilidad empezó a ganarle la pulseada y se fue convirtiendo en un segundo trabajo. Aunque ahora aflojó con los post por estar concentrada en el disco, nunca detiene la práctica. Desde la cocina, arriba de las hornallas, asoma una bandeja de pan casero.

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 A sus veintipocos, después de terminar el secundario en el Fernando Fader, Carolina empezó el Conservatorio de Música Manuel de Falla:

– No terminé. Todos estaban entrando a estudiar y yo prefería irme al parque a escuchar música. La decisión de entrar fue sencilla, había ido a un secundario artístico, mis viejos ya estaban curados de espanto y a todos en casa les encantaba la música. Pero para mí era muy difícil pensar en laburar de la música, tenía la cultura de terminar la secundaria y conseguir un laburo, salir a ganarse el pan era re digno… re peronista. A lo 15, 16 años empecé a tocar la guitarra, pero cero disciplina para aprender. Después me di cuenta que lo que quería era tocar el bajo, me lo compré con mi primer sueldo. En ese momento, repartía volantes acá en Villa del Parque y con eso también me pagaba los ensayos, estaba en una banda de punk-rock. Y ahí decidí que cuando terminara el secundario me anotaba en el conservatorio. Era de música clásica, así que el bajo no podía tocar, pero no sabía por cuál ir así que fui haciendo las materias de audiopercepción y teoría. Y empecé a aflojar. En un último examen de tercer año, la profe que me toma me dice “te voy a aprobar, pero Pacheco, ¿cuándo vas a estudiar? Si no querés estudiar, dejá, cortá con el conservatorio”. Y fue como… tenés razón, chau.

– ¿Y nunca te dio por volver?

– Ahora estoy con la inquietud, tengo que encontrar la forma y hacerme el tiempo . Los primeros tres discos los compuse de oído sin pensar en lo que estaba haciendo. Y ahora que desde el año pasado estuve tomando clases con Loli Molina, recuperé todo lo que había aprendido en el conservatorio y empecé a reencontrarme con la teoría y me di cuenta que me da muchas más herramientas. Yo soy re indisciplinada, necesito una estructura que me empuje a seguir, a no aflojar. Y en el conservatorio aprendí un montón, lo recomiendo porque es público y es muy buena la forma y el ritmo que propone.

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Un día Carolina dejó la música. Regaló el bajo y la abultada colección de discos que la acompañaba desde la adolescencia. Dijo basta. Se fue a vivir sola, adoptó a su gato “Coco”, se hizo vegetariana y empezó un camino de autoconocimiento. Era pasar de hoja, empezar otra etapa, crecer y cuanta frase hecha exista para metaforizar el cambio. Pero era también desmontar lo andado, volver al punto cero y enfrentarse al abismo delante de la pregunta ¿quién soy? Y desde ahí reconstruir. Pero la música nunca se fue del todo. Le quedó una guitarra, la primera, que vino en forma de regalo antes del canto y el bajo. Cada tanto, las tardes la encontraban en algún rincón de la casa rasgueando unos acordes, inventando ritmos y melodías. Por ese año – y hace ya diez de esto – Carolina empezaba su relación con su amigo de siempre, Alejandro Pugliese, hoy también guitarrista de su banda y productor del último disco. Fue él quien se lo dijo. “Vos sos música, hacé algo con todo esto”.

– Yo me daba cuenta de que hacer canciones me hacía feliz. Ahí volví a arrancar. Y me parecía que lo que grabábamos estaba bueno, pero me costaba cantar lo que quería cantar o me escuchaba desafinada. Y se dio que encontré a Nancy. Yo no creía mucho en las clases de canto tradicionales, había tenido una mala experiencia con una profesora del conservatorio que me había hecho mierda, entonces venía medio traumada. Y Nancy me enseñó el método con el que ahora doy clases, el Rabine o método funcional de la voz. Habla mucho de usar el cuerpo sanamente, de que todo el cuerpo es la voz y parte de un lugar de relajación.

– ¿Cómo te llevás con la docencia?

– En realidad, Nancy me dijo que empezara. Pero yo me hice la boluda unos años, hasta que en un momento se me presentó la necesidad económica. Me largué y medio que descubrí mi vocación. Me encanta, lo disfruto, aprendo todo el tiempo. Está al mismo nivel de mis discos, no me imagino no dando clases, lo extrañaría. Me pasó este verano de viajar un montón por la gira con Miss Bolivia y extrañar mucho las clases.

– ¿Cómo arrancaste en Miss Bolivia?

– Con Paz nos conocíamos del entorno, tocábamos medio en los mismos lugares. Nos veíamos seguido, la invité a hacer un featuring en un tema mío en vivo y me dijo que le encantaría probar que cante en vivo con ella. Hicimos como una primera experiencia en una fiesta y funcionó. El siguiente show fue Niceto. Yo venía de tocar para 30 personas y después un show en Niceto en una fiesta. Y durante un tiempo viví la giras así, no pudiéndola creer, tocar en lugares con buen sonido, con mucha gente. Es fantástico lo que le está pasando a Paz, por el laburo que ella hizo. Tuve suerte de estar ahí. Ahora corté, esta etapa llegaba hasta acá. Igual ya formamos parte de nuestras vidas, así que veremos cómo seguimos.

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Señorita Independiente

– El trabajo autogestivo y cooperativo es el único que no tiene esa cosa piramidal de que tenés una empresa o un auspiciante atrás que te dice lo que tenés que hacer. Yo no edité ningún disco con sello, pero el primero es directamente artesanal, ni siquiera lo fabriqué. Es muy caro hacer un disco. Lo que sí me costó entender es que la independencia no es necesariamente individual. En algún momento, estuve en el plan “yo sola contra el mundo”. Después me fui dando cuenta que sin la ayuda de un montón de gente no puedo hacer un carajo. Ahí empecé a ver que es colectiva la mano. Empecé a resonar con otras energías y a sonar con gente que está en este mambo, el de lo colectivo y cooperativo. Es un motor que está andando que para mí es ese latido, está ahí, el ritmo que nos va llevando a todos. Y al final con la banda somos una cooperativa que se armó en la marcha.

Y sus integrantes son: Señorita Carolina (voz, efectos, guitarras acústicas), César Cantero (bajo), Tomy Lucadamo (Batería y Percusión Electrónica) y Alejandro Pugliese (guitarras eléctricas, programaciones, teclados). Invitados en “El latido en la boca”: Leo Acevedo, Miss Bolivia, Lisandro Etala, María Pien, Bárbara Gilles, Loli Molina y Fernando Kabusacki.

http://srtacarolina.bandcamp.com/

https://www.facebook.com/carolinasenorita

http://senoritaquecocina.tumblr.com/

El baile de las escobas justas

El ciclo “Marzo, mujer y memoria” se estrenó con fiesta y carnaval: centenares de mujeres marcharon por el centro de la Ciudad de Buenos Aires llevando las escobas que barren las injusticias y que nunca estigmatizan. Música, poesía y baile en una tarde-noche que dio comienzo a una serie de actividades que articulan la lucha de género con la memoria activa y presente.

Día internacional de la Mujer Trabajadora – Día 8
–  Marzo
Día Nacional de la Memoria por la Verdad y la Justicia – Día 24

escobasEl ciclo “Marzo, mujer y memoria” propone puentes y remata su nombre con “Arte y conciencia” como eslabones de unión. Desde el 6 hasta el 22 de marzo, una grilla de actividades le pone cuerpo de mujer al Auditorio Kraft, apuntando directo a las sensibilidades. El primer encuentro sale a festejarse a la calle. Mujeres y mujeres y algunos varones llegan a la puerta del auditorio en Florida al 600. El movimiento empieza a tomar forma. Durante la tarde, y hasta que llegue la noche, la propuesta va a tomar diferentes cuerpos y objetos. Poesía, cuentos susurrados al oído, batucadas y clowns son la previa a la “Marcha de las escobas”, una performance artística que propone barrer las injusticias transitando el centro porteño hasta el escenario que espera en Plaza San Martin.

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20.00hs – Susy Shock- ¿Quién es?: “-Soy arte- digo mientras revoleo las caderas y me pierdo entre la gente y su humo cigarro y su brillo sin estrellas y su hambre de ser… travesti outlet bizarría del ángel o el cometa que viene a despabilarte el rato que estemos, el rato que nos toque en suerte transitar”, dice su blog.

–       ¿Cómo relacionas la identidad de género con la memoria, verdad y justicia?

–       Yo no sé cuál es la connotación que puede tener la palabra identidad, la palabra femeneidad, la palabra memoria en otro lado del mundo, pero para nosotros y nosotras nos atraviesa en muchos sentidos. Más allá de la lucha puntual de las personas trans para que se nos respeten las identidades autopercibidas, estamos atravesados y atravesadas por una dictadura que ha dejado todo un tema de identidades expropiadas. Todavía hay que seguir buscando. Como sociedad todavía estamos medio rengos y rengas para continuar. Nos cuesta mucho a las personas trans decir soy esto y que se acepte. Pero, también es muy terrible transitar en identidades mentirosas, en identidades que te exigen y que te imponen. Cualquiera puede ser, a cualquiera le pudo haber pasado y eso hace en principio que nos mantenga muy vivos. Hay algo que todavía no se cerró y en otras sociedades es un síntoma de no se habla más y no se hace más nada. Sin embrago, acá, aún en los peores años de impunidad, siempre fue la gran ejercitación recrear los modos de resistir y continuar y no quedarse con esas llagas abiertas.

–       ¿Cómo juega el arte en la construcción continua de la memoria?        

escobas–       Las personas trans y todas las organizaciones de la diversidad hemos aprendido fundamentalmente de la militancia de las organizaciones de Derechos Humanos. Estamos absolutamente ligados a poner el cuerpo, a ese modo de estar en la calle, de hacer una acción donde el propio cuerpo es la bandera del reclamo. En cuanto al arte, no entiendo un arte que sea político y otro que no. Todo arte es político aun cuando se dedique solo a divertir, de la manera más prosaica y más frívola. Aún así está siendo arte político, que se encarga precisamente de esa otra parte, que es la que anestesia en muchos sentidos.

–       ¿Qué te gustaría barrer con tu escoba?

–       Todavía hay mucho machismo que tenemos que barrer, desde adentro mismo, desde nosotras mismas inclusive. Ese machismo que a veces seguimos construyendo cada vez que nos toca criar hijos e hijas. Ese machismo que nos hace ver a las pares a veces en sospecha, en competencia. Ese machismo que regula en serio muchos sentidos y muchos deseos.

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18.00hs. “Si alguien no me dice que sobrevivirá una migaja, aunque sea pleno día, voy a ponerme a gritar”, las palabras de la poetisa Juana Bignozzi llegan desde la punta de un tubo de madera. Una mujer del otro lado, promedia los setenta años, y vestida de blanco, ofrece regalar la lectura al oído de quien esté dispuesto a recibirla. El muchacho se saca los auriculares y se dispone a escuchar. La señora reclama: “Quiero más poesías”. La joven dice que está apurada que no puede frenar. El niño abraza a la señora de blanco. Muchos sacan fotos, todos giran, los bombos están por salir.

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21.00hs – Miss Bolivia – ¿Quién es?: “Armada hasta los dientes con lírica incendiaria y comprometida, Miss Bolivia despliega un mensaje de emancipación y llamado a la reconexión natural con un combo que arrasa: sonidos de barrio con mensaje directo, ultra bailable y versátil.”, dice su FanPage.

–       Tu tema “Rap para las madres” atraviesa los tópicos de esta jornada: mujer y memoria.

escobas–       Para mí es un himno que canto personalmente para homenajear y reconocer a las madres como mujeres maestras de la perseverancia y de la lucha. Desde mi historia personal lo que intento es narrar la historia nuestra como pueblo, sin ambiciones de ser portavoz pero sí de contar mi humilde historia.

–       ¿El arte puede correrse de ser un hecho político?  

–       El arte es política por definición. Cada hecho artístico, cada hecho estético es un acto político, como cada pequeño acto de la vida del ser humano. Mi música como acto estético es un acto político, eso no quiere decir que sea partidario.

–       Siguiendo con la idea de la marcha de las escobas, ¿te gustaría barrer algo?

–       Yo me convertiría en una barredora profesional y creo que de a poco lo estamos haciendo. Nosotros barremos con la lengua,  no tenemos escobas. Me interesó mucho la propuesta por la resignificación del objeto, la escoba para barrer como acto revolucionario y de resistencia, no es lo mismo que la escoba de la ama de casa, mujer oprimida, explotada, con un trabajo de riesgo no remunerado. Yo pienso que hay que resignificar, usar las armas que han sido utilizadas para nuestra opresión como herramientas y armas de emancipación.

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19.00hs. Con la cara pintada marcan el ritmo. Son mujeres de TUMMBanda las que suenan potente en la peatonal porteña. Rompen el círculo cuando las escobas se disponen a intervenir las calles.

Eugenia, desde la organización, explica: “En 1907 hubo un aumento terrible en los alquileres de los conventillos de La Boca y las que salieron a pelearla fueron las mujeres con sus escobas y sus hijos. Esta recreación que hacemos significa eso.  Cada una tiene su lucha, sus ganas de pelear. Es una forma de sumar a todas. Que vengan a barrer lo que crean que son las injusticias”.

La marcha late bajo las escaleras del auditorio. Llegará hasta el escenario donde esperan Susy Shock y Miss Bolivia en plena Plaza San Martin. Un primer grupo se asoma agachado. De blanco, son los clowns con narices de payasos y sonrisas de hoyito a hoyito en las mejillas. El segundo grupo de mujeres llega al rato. Están vestidas de violeta y negro. Llevan escobas en sus manos, respiran profundo inflando el pecho y mantienen la espalda y la mirada firmes. El ciclo empieza a oscilar entre el movimiento y la serenidad. Explota un grito de guerra, que también es grito de fiesta: hay que bailar barriendo injusticias.

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