Unen

Como nunca, la unión hace la fuerza. Las comunidades qom y wichi del Chaco se organizan para vencer en sus reclamos. El cambio no es inmediato, pero juntos se da pelea a la desidia política, el Chagas y la sequía. 

A las puertas del Impenetrable Chaqueño, NosDigital recorrió las comunidades Qom Qompi Voque Naqocta, Campo La China, Pozo del Toro y la Wichi, El Techat. Historias que van de la resistencia a la exclusión y las penurias de una vida con más rechazos que privilegios. Sin embargo tienen el común denominador de haber despertado en las mentes de la comunidad la necesidad de empezar a forjar su propio camino para conseguir esa vida que tanto se les negó.

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Miraflores

Miraflores es un pueblo pequeño, a 5 horas de Resistencia, que cuando uno lo recorre de punta a punta duda un poco de los resultados de aquél censo nacional que dice que ahí viven más de dos mil personas. Más allá de los números y de la tranquilidad y la paz que terminan por perturbar a cualquier porteño acostumbrado a los bocinazos, puteadas y apretujamientos de las horas pico, Miraflores esconde algo que a la vez está a todas luces presente: el Movimiento Qompi Voque Naqocta. A dos cuadras de la estación de servicio que da la bienvenida al pueblo, está la comunidad Qom que hace unos 15 años empezó a construir futuro y organización. Al acercarse uno va palpando algunos de sus logros materiales: postes de electricidad, casas de material y otras en construcción que rompen con la monotonía del monte, pero que indica que ahí la gente está moviéndose. Lo que se aparece a los ojos es solo una expresión de algo más complejo y es fruto de aquello que hace una década y media se propusieron esos hombres y mujeres que querían cambiar las cosas, de esos que se querían unir y unir con otras comunidades de la zona. Los mismos que querían una mejora de su vida material pero también recuperar todo lo que se les fue quitado por ser indígenas. El primer paso fue dado antes que cualquier ladrillo tocase la tierra o que cualquier ministro se comunicase para ver qué era lo que pedían. Ese paso fue tomar conciencia que ellos mismos tenían que hacerse cargo de lo suyo. Ya fueron tantas veces engañados con promesas incumplidas y el hambre de tantas generaciones que había que seguir aguantando…

Son Qom y eso los une con mucha de su historia y con su propio presente nacional. Están unidos por lo que le pasa a Félix Díaz y su gente en Formosa, pero también a tantos otros menos mediáticos. Y en ese presente común aparece el sufrimiento por la falta de oportunidades laborales, donde la inmensa mayoría vive de su pensión por Mal de Chagas y la Asignación Universal por Hijo, aunque a muchos les cuesta mantener la escolaridad de sus chicos. Las largas distancias son un freno ineludible para los que aún viven en el campo criando sus chivos, gallinas, cerdos y si el tiempo es generoso –que casi nunca lo es- con algún cultivo de subsistencia.

Otro problema acecha a los jóvenes. Hace pocos años recién que se empezó a aplicar la enseñanza bilingüe en los primeros tres grados de la primaria; antes, niños de 6 años que entraban al sistema educativo sin hablar una sola palabra del castellano, se les obligaba a aprender a leer, escribir y contar en un idioma que les era ajeno, extraño. ¿Cómo terminaba esto? Chicos repitiendo o abandonando por la frustración que les generaban tanto su incomprensión, sus malas notas y el maltrato de los docentes que les exigían entender un lenguaje nuevo en pocos días. Los golpes a una vida que recién da sus primeros pasos no terminan ahí. Cuando crecen tienen que enfrentarse a otra cruda realidad, aquella que les muestra que sus posibilidades de desarrollarse son casi nulas, que culturalmente están lejos de aquellos valores y símbolos con que sus ancestros le daban sentido a la vida, pero que la modernidad y todo lo que se les aparece en la tele y la radio no lo van a poder experimentar. Ahí es cuando las drogas –el poxi- aparecen como sagrado bálsamo ante tanta mierda y se expande entre los pibes.

DSC_1848La particularidad del Movimiento Qompi Voque Naqocta es que corre con dos ventajas que en otros lugares no existe: la tierra y “la lucha”. La tierra, porque al ser una región hostil, sin agua durante 8 meses, los empresarios agrarios ni se asoman: “han querido cultivar soja, pero no les ha ido bien por suerte” nos comentó un vecino. Y “la lucha”, porque cada miembro de la comunidad al mostrarte lo que tienen y lo que quieren tener, te dicen que fue y será gracias a “la lucha”.

Campo La China

A 15 km. de Miraflores tenemos a Campo La China, una comunidad Qom con 32 personas que viven en el medio del monte, pero también de él: todavía complementan su dieta con la caza de wasunchos (chivos), tatús, iguanas, quirquinchos… Pero como nos tira Pablo, parte de esos 32, “esta es una zona muy olvidada”. Gracias a la organización y a la lucha en conjunto ya tuvieron audiencias con ministros chaqueños en busca de la electrificación y las casas de material que logre de una vez, y para siempre extinguir a la vinchuca y con ello al omnipresente Mal de Chagas para las futuras generaciones. Ante estos avances crecieron en número con la llegada de un actor históricamente hostil: “el criollo”. Los más pobres de la zona lograron vencer la incomprensión y el racismo con el que crecieron hacia la población indígena y se dieron cuenta que esa separación los alejaba de una vida común de padecimientos y exclusiones, y se acercaron a construir juntos. Aunque no todo es color de rosas. Pese a las reuniones, apenas si fueron las autoridades a la zona, todo está muy parado todavía. Además, persisten las agresiones contra la comunidad mediante el uso ilegal de sus tierras o el robo o asesinato de ganado menor. Sin embargo, pese a todo, Pablo nos admite su preferencia a esa vida a la de otro lugar: “acá tenemos todo: agua, comida, leña. En la ciudad tenés que pagar por todo”.

DSC_0539Pozo del Toro

“Los ancianos contaron que hacía mucho tiempo un toro pequeño con unos cuernos enormes cavó un pozo y ahí se formó un lago. Cada vez que venía una lluvia, éste se levantaba y tomaba vuelo. Pero ahora vino mucha gente a la zona y el toro se fue, por eso el lago está seco” nos relataron en la comunidad qom, pero con una sentencia aún más triste: “quedó el nombre nomás”. Como en todos lados, falta el agua: “tendrían que hacer pozos o represas. Acá tenemos un pozo pero si no te levantás a las 3 de la mañana lo único que te queda es aguachocolate”. En Pozo del Toro hay 17 familias que se las arreglan como pueden, cazando y con algo de ganado menor. ¿Cultivar? Cuando la municipalidad se acuerda de ayudarlos con equipos, siempre y cuando sea un año bueno y llueva. Para septiembre, hacía 8 meses que no caía una gota. La gente todavía esperaba. Electricidad, tienen; casas de material, todavía a medio hacer. Así funciona: autorizan las obras, comienzan a construir, pasan tres meses, dejan de bajar los fondos, se paran las obras, ellos empiezan a reunirse con las comunidades de la zona, amenazan con cortar la ruta; si reciben respuesta, la desalojan, sino, la toman. Hablan con la gente del gobierno del Chaco, dicen que van a volver a dar la plata, que fue un malentendido, retoman las obras y así en un círculo por ahora infinito…

El Techat

El recorrido termina en la única comunidad Wichi de la zona, pero que sin embargo forma parte de la organización regional con sus compañeros Qom. Incluso cuentan que esta lucha codo a codo tiene cientos de años de tradición, primero contra los españoles, pero también contra el incipiente Estado Argentino, que a partir de la década de 1880 hasta casi mitad del siglo XX, llevó a cabo campañas de conquista y reducción contra las comunidades del Chaco, en lo que se llamó la Conquista del desierto verde; título tan desagradable como el que llevó a los soldados a esa poblada Patagonia. Gregorio Quintero es el líder de esta comunidad de casi 1200 hectáreas en el que muy poca gente habla el castellano; la escuela bilingüe, una adquisición muy novedosa, aún más reciente que en Miraflores. El secundario es una meta, “está muy lejos y es caro, porque hay que ir y volver en moto”, nos contaba Gregorio, un hombre bastante corpulento, con aspecto recio pero que al esbozar su sonrisa iluminaba con una cálida alegría el ambiente. De pocas palabras, pero las suficientes para hacer entender lo que es estar ahí: nada de trabajo para su gente, agua que hay que ir a buscarla muy lejos, solo 15 viviendas de material terminadas y otras tantas que todavía esperan por ser.

Así, de Miraflores a Techat, en las puertas mismas de El Impenetrable Chaqueño, este espacio olvidado en muchos sentidos y por mucha gente, las comunidades Qom y Wichi se está haciéndose notar, para que una vez y para siempre llegue el momento en que su historia de exclusión, explotación, muerte y resistencia, pase a un porvenir por el que tantas generaciones dieron su propia existencia.

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Vivienda, electricidad, agua

NosDigital estuvo en Miraflores, Chaco, para sentir en la propia carne la realidad cotidiana de las comunidades originarias en el Impenetrable chaqueño. Una crónica donde el Mal de Chagas se funde con la aridez de un mundo sin agua y la construcción de una mejor realidad por medio de la organización y la lucha.

Abrís los ojos en Miraflores y de pronto te encontrás en un pueblo cuyo tamaño es bien abarcable por la vista: mirás a la izquierda, la estación de servicio que te da la bienvenida, a la derecha, las últimas casas que te despiden. Pero en esa mañana fresca de invierno en la puerta del Impenetrable el único ruido que rompe con la calma son los camiones cisterna de la empresa de agua chaqueña SAMEEP. ¿Qué estaba pasando ahí? “No hay agua” nos responden en cada casa que pisamos. “A 40 kms. tenemos un río y no han hecho ningún trabajo allí, por eso que ahora se ha secado y tuvimos que ir con nuestros camiones a recoger todos los pescados que estaban ahí para que no se echasen a perder. Y ahora tenemos que traer el agua en esos camiones” tira un vecino, Marcelino, ante nuestra sorpresa. De Castelli, a una hora del pueblo, estuvieron trayendo el agua para consumo domestico. 300 mil litros al día son depositados según reconoció el gobierno chaqueño[i]; pero cualquiera puede calcular si no es más barato que el gobierno invirtiera en pozos antes que día a día hacer 60kms.

DSC_0279Ya a la tarde tenemos la confirmación que nos están esperando en la casa de Bernardo Yuni: “frente a la estación de servicio hay cartelito que dice barrio originario, encará por ahí derecho y ya te vas a encontrar con las casas”. Seguimos las órdenes y de pronto se nos abre el espacio que nos albergará por la próxima semana: la comunidad qom del Movimiento Qompi Voque Naqocta. A simple vista nada la diferencia de un barrio de casas construidas por el gobierno, pero acá se está gestando algo más que la simple conglomeración de viviendas: la organización de las personas. La comunidad fue formada hace 15 años y hoy en día sigue siendo liderada por uno de sus iniciadores, el qarashé Marcos López, quien también preside el Concejo Qarashe de la región que integra a casi una decena de diversas comunidades en la región, tanto qom como wichis. Ya en la noche después de la cena, Bernardo nos cuenta un poco de todo aquello: las 25 casas fueron construidas en los últimos años, que también lograron la electrificación, que por falta de agua ya casi ni se puede mantener los chanchos, chivos o gallinas ni cultivar las sandías, zapallos o el algodón. ¿De qué viven entonces?, “Y acá la mayoría vive tanto de la asignación universal por hijo como por la pensión por Mal de Chagas”. Con los días y visitando diferentes asentamientos más distantes descubrimos el alcance de esta frase: todos tienen chagas. No por nada Marcos López nos dirá más tarde: “este lugar lo llamo la capital nacional del chagas, también yo tengo”.

Campo la China, El Zanjón, Techat, Pozo del Toro, El Algarrobal, cada paraje que se nos cruza en la ruta y los problemas parecen repetirse frente al monte que monopoliza la visión, pero que a la vez sigue siendo fuente complementaria para la vida de los lugareños. Pablo de Campo la China por ejemplo, ante la posibilidad de vivir urbanizados como en Miraflores, nos respondió: “nos sirve más vivir en el monte, porque ahí tenés todo, leña, agua, comida, a diferencia del barrio que tenés que pagar por todo”.

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-¿Cultivan, cazan…?

-Sí, cazamos wasunchos (chivos), tatu carretas, tigres, quirquinchos. Pero no podemos cultivar porque es monte y no hay mucha agua. La que sacamos del pozo es agua amarga, no la podemos usar, pero sí los animales. Igual los pozos están secos ahora, porque no llueve hace 6 u 8 meses más o menos.

En Pozo del Toro la situación es parecida: “acá tenemos un pozo, pero si no te levantás a las 3 am, lo que te queda es agua chocolate. Nos gustaría que hubiese cañería para que la gente pudiese tener en sus propias casas y no tener que caminar para llegar”. El ir y venir de las bicicletas adornadas con bidones a los costados hacen que cualquier duda sobre las palabras repetidas se esfume para siempre. Este conflicto de cada día se junta con la necesidad de vivir en casas de material. Acabar de una vez y para siempre con la sed y el frío. Y la vinchuca, que seguirá entre ellos hasta que no abandonen las casas de barro, en las que habita. El gobierno promete casas, o sea vivienda digna, pero no cumple. Si en Miraflores hay 25 hechas, una vez que nos alejamos se empieza a convertir en algo excepcional: solo unos pocos pueden ahora gozar de las viviendas, a pesar que hace 3 años empezaron los pedidos. Sin embargo, ¿cómo romper con la indiferencia –apatía, deshonestidad o el calificativo que más les guste- del gobierno de Capitanich? “Con la lucha” entonan sus labios cada vez que hacemos la pregunta. “La lucha” y su “organización” saben que son el camino y las únicas bases fuertes para lograr mejorar sus vidas. Si durante tantos decenios el estado argentino los mantuvo fuera de cualquier beneficio, solo por su unión han logrado salir un poco de la exclusión.

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Sequía, sed, frío, vinchuca, chagas, lucha y organización, son por ahora las constantes que vamos encontrando a nuestro pasar. Pero las privaciones no son solo para las comunidades, sino también para los servicios públicos que están en sus alrededores. El ejemplo de la Escuela 1017 esclarece. Está en medio de la ruta, nos presentamos e inmediatamente fuimos recibidos por una amable directora, Mabel. En la 1017 hay 240 alumnos, que no solo reciben la educación pública sino que además le otorgan gran parte de su alimentación: “hace 5 meses que no me llegan los fondos para mantener el comedor. Todo este tiempo tuve que pedir fiado a los comerciantes de acá. No sabés la vergüenza que me da entrar y tener que decirles que de nuevo no tengo con qué pagarles. Un día, me dijeron que ya no iban a poder fiar más. Yo los entendí, porque no te pueden ir regalando las cosas; pero ahí fue un golpe tremendo”. La única vez que recibió alguna respuesta este 2013 fue cuando la llamaron de un programa de Radio 10 y ella contó lo que estaba pasando. Ahí, inmediatamente llamaron desde Resistencia, diciéndole que cómo iba a decir esas cosas por una radio de alcance nacional, que no tenía códigos, que no se qué. Ese mes le llegó la plata, el siguiente también, luego, de vuelta al silencio. Sin embargo, ella se enorgullece de lo conseguido: “acá la mitad son qom y la otra criollos. Me costó hacerles entender a los adultos que tenían que dejar de lado sus diferencias y que tenían que pensar en los chicos”, resaltando un conflicto que según cada lugar esconde una relación conflictiva que se entremezcla la historia, los discursos invisibilizadores y evolucionistas, y la violencia. Pero si hay algo que han logrado las comunidades fue imponer la enseñanza en la lengua qom, el qomlactac, mediante los ADA, auxiliares docentes aborígenes, claves en los primeros años, donde los nenes sin saber una sola palabra del castellano –o la castilla como lo llaman- eran obligados a aprender a leer y escribir en un idioma completamente ajeno.

 

Entre el celular, el avance del internet gracias a las compus que ya tiene la escuela, la televisión, el abandono de algunas prácticas históricas con el monte, parece ir moldeando a los jóvenes de las comunidades. ¿Qué son? ¿qué se les permite ser? Por un lado, la caza, la pesca, la subsistencia mediante la naturaleza ha sido abandonada en Miraflores, aunque todavía el sistema no los considera como sus miembros plenos. Incorporación a un modelo de vida, pero como excluidos de tal. Esto trae la malnutrición, ya que no se han hecho de una dieta integral por falta de recursos o conocimientos, pero también graves consecuencias sociales: el poxi se va extendiendo entre los pibes. ¿Acaso este proceso de huída no puede ser consecuencia obvia de una incorporación parcial de una juventud, a la que se le muestra y se les impone una forma de vida, pero que solo parcialmente van a poder acceder? Por ello, la búsqueda de los mayores en recuperar y mantener los valores culturales propios, pero no como un salto hacia atrás, sino como herramienta para el presente, para llenar la nueva vida que están empezando a transitar.

Vivienda, electricidad, agua. En este orden las comunidades van exigiéndole al gobierno provincial. Ellos han esperado mucho para que sus vidas mejorasen y ahora mediante la organización política han comenzado a gozar de algunos resultados. Por eso, es difícil no enorgullecerse con ellos cuando proyectan su futuro y dicen “solo lo vamos a conseguir gracias a la lucha”.

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[i] http://www.prensa.chaco.gov.ar/?pag=noticia&nid=29552