Si he de morir cruzando, que no sea en vano

Por Los de Arriba las manos.

La agenda marca los temas, ¿pero quién marca la agenda? Tendemos a medir todo. Ponerle un número basta para pensar que eso nos permite dimensionar algo hasta agotarlo. Lo que sea que nos permita pensar que comprendemos algo sobre algo, sentirnos tocados por ello, nos desafía cada día desde que en alguna parte del mundo pasa algo. Y necesariamente dar cuenta de la noticia, de lo que nos llegó por intermediarios, de que sabemos, de que oímos, de que opinamos, de que somos, a veces nos pone a destajo.

La deuda externa, las reservas de un Central, la transgénesis, los commodities, las pateras, bolsas de valores y los climas: todo va de la mano. Si como dicen somos piezas mecánicas de un engranaje cuyo resorte en general ignoramos, todas las semanas eso se engrana en el Mediterráneo. El numero de la que pasó fue 900, el número oficial. Vaya a saberse cual fue el real, cuál fue el de la anterior o el de la que está por llegar. Cada tanto, esta noticia reaparece, cobra tapa y contratapa, cita voces de expertos en toda trama, y vaya catarsis social -aunque la repitencia sea indicador de que nada cambió y difícilmente vaya a cambiar.

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Listados innumerables de responsables y cómplices quedan a la vista, pero pocas veces se profundiza sobre los verdaderos causantes. ¿Cómo pensar qué es lo que motiva y maltrata procesos migratorios que terminan tan mal? Difícil intentar reunir aquí los infinitos procesos sociales, políticos, humanos, que terminan impactando sobre la decisión personal de migrar bajo estas condiciones, poniendo en juego la vida y todos los elementos que lo impulsan. Escribir sabiendo como terminó esta historia ya nos hace responsables, al menos, de pensarlo.

Una cosa va atada a la otra y hay dinámicas que los que mencionan al sistema financiero, a la falta de regulaciones, a las fronteras selectivas, a los demonios de esta era –los internos, a los de la propia felicidad surgida del poder de compra frente a la desinversión en educación y salud en general y mucho de lo que hace a la falta de oportunidad, hace tiempo ya empezaron a cuestionar. Fueron ellos quienes nos pasaron el siguiente consejo: que no volvamos a leer sobre las desgracias ajenas sin derecho a exigir algo.

Exigir información con algún trasfondo para no convencernos que con un aumento de presupuesto en los organismos que ya provocan todo va a haber genoma de cambio. Porque si se habla de migrantes africanos y de costas europeas, casi seguro conversamos de naufragios. Ya que cuando encima llegan enteros, a unos los contratan rápido para el trabajo sucio, y a los que sobran, a los chanchos.

Porque son dinámicas de migración fomentadas por países envejecidos que ya ni procrean y por tanto claman infancia ajena, que combinadas con realidades expulsantes sólo se explican si le prestamos atención a determinantes que alarman. Uno de ellos es el control de los recursos naturales, no tanto por parte de los Estados extranjeros sino por empresas multinacionales que con base en aquellos no dejan ni una miga en los países expoliados. Entonces no hablemos de tragedia sin nombrar la letra chica del rol de la Organización Mundial de Comercio, de las lógicas de patentamiento y de los tribunales internacionales donde luego se juzgan los reclamos. Es allí donde aprieta el nudo para entender estas lógicas causales.

Expectativas de futuro también falsas se postulan desde medios que omnipresentes, nos vienen colonizando con valores extranjerizantes. Cable a tierra/tierra a tele y publicidades hasta en el plato, instalan modelos y seducen permanentemente a cruzar el Mediterráneo. Eso porque no están reguladas, ni los medios ni las proclamas, que apelando a una falsa libertad de expresión y de mercado, cuando se intenta equilibrar la balanza, como se dice, golpe blando.

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Y la falta de trabajo, las guerras tan mentadas, los conflictos civiles que desde lejos dos o tres fotos ya consagran, en realidad, excepto la primera, suelen ser exageradas. Que existen, existen, pero no para agasajarlas tanto. Es que si a un medio continente se le define la política económica desde un banco central en je sui Francia, y se le devalúa la moneda cada vez que algún despierto por la deuda externa reclama, si se la ata a un tipo de cambio redituable solo para los acreedores de la banca y no prestamos atención a los índices de los países atados al franco CFA y su eterna colocación entre los Países que Menos Avanzan (ONU) en realidad… ¿qué esperábamos que pasara?

Que si de los acuerdos y las bases militares, del posicionamiento estratégico armado norteamericano, de los 12 millones anuales para el ACRI, el AACOT y otras transas nunca escuchamos nada; de que financiados bajo el lema del terrorismo y la trata, metales, óleos y agua se negociaron, no es que justo se olvidaron de contarlo, es que son intereses locales y extranjeros los que se la están jugando. Y no es caerle sólo a la prensa, es que se arrogan el sentido de informarnos, cuando si analizamos sus componentes accionarios vemos que son los mensajeros de todo ese conglomerado.

La prensa hegemónica matiza y las instituciones fronterizas ejecutan lo que otros cargan en contenedores. Es que, si como dicen, hay que poner un límite, que eso quede lejos de todo lo que genere conciencia de masas. Pero como el mar no calla ni traga, si los que televisaron a los muertos nada de esto nos mencionaron, entonces será tarea nuestra ver qué verdaderamente pasa y por qué de las orillas no pasaron. Porque si tras esas 900 no se habla de los Acuerdos de Tampere, de la Cumbre de Sevilla, del espacio Schengen, de FRONTEX y de sus trampas, entonces nos perdimos entender cuál es la verdadera trama.

Pretendíamos saber de todo, y eso nos llevo a saber de nada. Pero quedó algo que aún recordamos, y vaya carga. Que si los cuerpos sobre el agua normalmente flotan, que 900 se hundan es que de algo van cargadas. Que si los muertos traficaban, simplemente era sus almas. Almas que se hundieron por el peso del antinomio, del flúor y el germanio que cargaban, por el uranio francés que hay en Níger, por el manganeso, el oro y el cobalto del Sahara.

Que si el fósforo del Occidente tras el muro o el vanadio alemán de Burkina Faso hablaran, lo mismo el gas hoy de Bolivia o el petróleo yankee de la Guayra, nos contarían que a las aleaciones industriales y a la aeronáutica le viene faltando lo que los gringos tanto arañan. Y que si se les caen los negociados, se les viene abajo la industria pesada. Porque se les acaban los recursos sobre los que consolidaron una industria sumamente calva, y que para esto se armaron durante tantos años: para cuando les escaseara.

No queda otra que sacudir el polvo de las tapas para buscar quiénes son los dueños de las minas de donde todo aquello se extrae; no es más que indagar cómo consiguieron esos papeles o cómo se negociaron leyes hasta parirlas constitucionales, para entender que a los trabajadores no los amparen derechos o que desde lo impositivo no se recupere nada de lo que sale.

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¿Qué vamos a decir que usted no sepa, excepto un dato ineludible? Sobre cómo se vulnera el derecho al refugio, sobre como se deslocalizan los controles, de eso mucho no se esgrime. De cómo en medio del desierto pagás o no sos nada. De cómo en algunos países, hasta intentar emigrar es considerado falta. Y no olvidemos que en Ezeiza, sin sellito o pasaje de vuelta no subís ni aunque lo valgas.

¿Y el artículo 13 de la declaración universal? ¿Y el derecho a salir de cualquier país, incluso del propio?

“Yo solo cumplo mi trabajo” – dijeron los de la seguridad privada.

Y todo para decir nomás que si nos la vuelven a contar sin citar los PEAS de ajuste estructural o que al 73% de las fronteras las dibujaron los mismos europeos repartiéndose la riqueza por la que ahora no los dejan entrar, lo que están buscando, en el perpetuo ninguneo de los propios protagonistas -a los que no se los escucha, sino que se los indaga-, quizás sea distraernos de lo que pasa en realidad.

Es que si esperamos que nos la cuenten sin matices, es el autoengaño el que nos habla. Y si solo culpamos al otro por no enterarnos de nada, a los medios o a los canales de la pavada, también somos funcionales a todo lo que nos empaña. Por eso no vamos a decir que todo esto en realidad no sirve de nada, porque lo que está pasando lejos, nos deja ver qué tal por casa. Porque acá también flotaron cuerpos, y de acuerdo a algunos, no pasaba nada.

Cerramos con lo que nos dijo un amigo no hace tanto, antes de emprender su viaje por el Sahara. Que si nunca mas de él se supiera, que no sea en vano, que se hablara. Por suerte en el sur del sur del mundo todos nos pusimos de acuerdo en algo, y es en lo que la Ley de Migraciones dice: que migrar, como debe ser, es derecho humano. Y que si al dar vuelta la página, las injusticias no se arreglaron, que del otro lado no se silencie lo que le pasó en el taller clandestino de Flores a los hermanitos bolivianos.

Santos latinos del norte

La Santa Cecilia es una banda de hijos de inmigrantes latinos de Los Ángeles. Con un Grammy bajo el brazo, salieron de gira a cantar su realidad: “Este es nuestro mensaje para los que no piensan que somos humanos, que nada más somos trabajadores”.

“Somos una banda bicultural de Los Ángeles que estamos expresando lo que pasa con los jóvenes latinos allá”.

Allá: Los Ángeles, California, Estados Unidos. La Santa Cecilia, banda de hijos de inmigrantes latinos, cantando esa realidad. Su disco “Treinta días”, gana el Grammy mejor álbum de música latina. Salen de viaje.

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La Santa Cecilia – 30 de agosto

Pintando zapatos last minute pa’ que llevar un par nuevecito a Argentina!!#DIY #marisoles #puffypaints #uffqueemocion]

Fotos: NosDigital
Fotos: NosDigital

 

Acá: Samsung Studio, Buenos Aires, Argentina. Miércoles por la noche. Show de prensa. La Marisoul –así le dicen– está parada junto al micrófono. Las luces se encienden. Suenan los aplausos. “Nunca volamos tan lejos en nuestras vidas”.

Allá: “Es nuestra experiencia viviendo como latinos en Estados Unidos. Es la historia de millones de personas. Ahorita hay más de once millones de indocumentados en el país, yo creo que era necesario contar esa historia desde nuestro punto de vista , no desde los medios que somos cifras”.

Acá: “En la adolescencia nos sentíamos partidos en dos”. El blues y el rock los encontraba en la escuela. En sus casas el folclore tradicional los hacía sentirse identificados. Esas realidades paralelas los nutrieron musical y discursivamente. Estamos bailando. Suena: Ice, el hielo.

“Eva pasando el trapo sobre la mesa, ahí está cuidando que todo brille como una perla.
Cuando llegue la patrona que no se vuelva a quejar no sea cosa que la acuse de ilegal…”.

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Allá: “Coincidimos en ser inmigrantes en Estados Unidos, hay cosas muy feas pasando allá. Estamos hablando de gente: familias, estudiantes, hijos, padres, trabajadores. Este es nuestro mensaje para los que no piensan que somos humanos, que nada más somos trabajadores”.

“El hielo anda suelto por esas calles, nunca se sabe cuando nos va a tocar
Lloran, los niños lloran a la salida, lloran al ver que no llegará mamá”.

 Acá: El diccionario español-inglés explica que Ice significa: hielo. Las mismas tres letras son las que allá la policía lleva en su espalda para identificarse. Las mismas espaldas que, como en el video, se encargan de identificar a quienes no tienen papeles. La misma situación que Pepe –integrante de La Santa Cecilia- imaginó que podía ocurrirle en cualquier momento hasta que dejó de ser ilegal. Allá esas espaldas también congelan.

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Allá: “La canción Ice o El hielo, habla sobre la inmigración, sobre las deportaciones y es basada en gente real, nosotros venimos de padres inmigrantes, o nos trajeron acá de muy pequeños, entonces la inmigración es algo muy importante para nosotros y muy familiar, especialmente en estos momentos en que tanta gente se está uniendo para pedir una reforma migratoria”.

 Acá y Allá: #Not1More.

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@lasantacecilia – 2 de septiembre

Anoche después de tocar con los amazing #bombadetiempo en súper cool #konex! Nos está encantando buenos aire]

 Acá: Ciudad Cultural Konex, Buenos Aires, Argentina. Lunes por la noche. La Bomba de Tiempo estalla las manos. Como cada fecha, a mitad del show anuncian los invitados: sube La Santa Cecilia para hacer tres temas enganchados. Las caderas que bailaban al ritmo de los tambores vibran con la cumbia, algo hermana los ritmos y las intenciones. De eso habla su disco, de fusiones que apuntan al cuerpo contando realidades.

Allá: “Muchas de las canciones del disco las trabajamos en un parque de Los Ángeles. Teníamos un estudio y lo dejamos porque la renta estaba muy cara, nos íbamos al parque unas dos veces por semana. O en la furgoneta, nos juntábamos en el camino y cantábamos las canciones tratando de arreglarlas. El tiempo de componer es bien distinto siempre, cada uno trae una idea o cada quien aporta algo. Lo bueno es que todos pueden tocar varios estilos porque siempre trabajamos como músicos antes de La Santa Cecilia, tocábamos en orquestas de salsa, tríos de boleros, bandas de rock, nos tocó aprender de todo”.

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Acá: La Marisoul lleva puestas medias rayadas blancas y negras, zapatos oscuros pintados de rosa, verde, rojo y celeste. Su cuerpo y la potencia de su garganta conquistan el espacio. Arriba de su pollera blanca o amarilla -las luces engañan- lleva puesto un cinturón grueso rosa, remera negra, pulseras de colores brillantes, uñas pintadas de rojo, pañuelo y moño en la cabeza que sostiene el pelo enrulado atado, lentes de marco grueso negro y boca rosa. Su voz explota:

“Floreando la yerba buena mi madre a mí me parió. Mi madre es una morena y morenita nací yo…”

 Allá: “Acabamos de cumplir siete años como banda pero nos conocemos desde hace muchos. Pepe y Marisol tocaban de adolescentes en una plaza en Ciudad de México, música tradicional: boleros, rancheras. Marisol y yo -Miguel- tocábamos en un grupo de rock cuando teníamos 18 años. No me gustaba y mi fui, años después conecté con ella otra vez y hablamos mucho de hacer una banda. Acá estamos”.

Fotos: NosDigital
Fotos: NosDigital

 

Acá: Están. Santa Cecilia, patrona de los músicos, igual que las paredes de grafitis poéticos, como en la calle o escenarios, bailando y cantando te invocamos: más música por favor.

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La Santa Cecilia – 5 de septiembre

(…) Estamos inmensamente agradecidos por tener la oportunidad de venir a compartir nuestra música en Argentina(…)

 #lasantacecilia#lscdelcamino #música #amistad #buenosaires #argentina]

Privilegios de ser cubano

De Cuba socialista al imperio, se sale hoy por medio de la isla del capital financiero. Facilidades para que el recurso más importante del país se vaya a buscar un horizonte con un futuro asegurado en una cómoda posición social y económica, únicamente por haberse ido de Cuba. La propaganda posterior y la historia del acecho.

Ahí voy a poner mi granito de arena a la Revolución Cubana: el turismo es la segunda mayor vía de ingreso de divisas del país y un importante proveedor de empleos. Ya tengo la visa que saqué en 20 minutos. Solo necesito el pasaporte para salir del país –en cada una de las escalas- y una vez que salga de Cuba, para entrar a Caimán. Migraciones cubana no firma los pasaportes para que Estados Unidos no pueda saber quién pisó Cuba y quién no. A quién van a dejar entrar, y a quién no. Yo voy con expectativas de no ver, una vez en mi vida, gente viviendo en la calle. Mi acompañante, un país muy cerrado en todo sentido. La década del 90, el Período Especial, tiró abajo mi suposición. La historia, a la de mi acompañante.

DSC_0233Estuvimos una semana. Vimos discutir sobre Martí a dos personas en la parada del “guagua”, colectivo, a las siete de la mañana. Escuchamos a muchos cubanos diciéndonos que “mañana” o “en un rato” habla Fidel. Me elogió las ojotas, “porque acá no se consiguen”, uno que me “confundió con cubano”. Nos habíamos dado vuelta ya cientos de veces al escuchar “¡Argentinos!”. Vimos las puertas de casas abiertas como en ningún otro lugar. Vimos cómo cada vez que un edificio tenía riesgos estructurales, el Estado iba detrás a solucionarlo, sin arriesgar viviendas ni vidas. No ayudamos a ese hombre que nos pidió medicamentos porque su hija había tenido un accidente con la estufa o el calefón y “aunque tengamos los mejores médicos, el bloqueo de Estados Unidos impide la importación de esas medicinas”. Nos enrostraron que el Comandante es de ellos. Compramos libros nuevos por el equivalente a tres pesos argentinos. Nunca supe si me pedían pesos convertibles –la divisa- o pesos cubanos. Los precios, para un argentino, eran extremadamente baratos o extremadamente caros si se los pensaba en peso argentino. Nos cruzamos con cubanos que nos decían que no comían carne vacuna desde niños. Con otros que agradecían su formación educativa, la salud y los alimentos, que seguramente también habían comido muy poca carne vacuna en su vida. Uno de los primeros me hablaba de la falta de libertad de expresión, del no acceso a internet, de que, así, estudiar en la universidad se hace difícil sin un pendrive. Y me mangueó, eso sí, a cambio de clases de historia, de filosofía, de psicología, que era lo que podía darme: cultura. No estaba en mis planes estudiar esa semana. En sus planes estaba irse formado y volver cuando la cosa haya mejorado.

Manuel Yepe, periodista especializado en temas de política internacional, plantea el provecho que saca Estados Unidos de los emigrados “Quizás lo más hipócrita de la política hostil de Estados Unidos contra Cuba sea la promoción mediática de la idea de que la mayor parte de los inmigrantes cubanos están allí por motivos políticos”. Enrique Ubieta Gomez, ensayista y periodista cubano agrega un problema/solución: “Nuestra principal riqueza hoy son las personas -dice el autor de Cuba: ¿revolución o reforma? en entrevista a Alberto López Girondo-. Nuestra política va en el sentido de que esas personas puedan realizarse espiritualmente, eso incluye laboralmente y eso incluye sus condiciones de vida, que puedan al mismo tiempo tener una calidad de vida que el país le permita, ese es el enfoque”. “Cada médico o deportista que deserta es la victoria de la ‘normalidad’ frente al sueño de una sociedad solidaria. Pero la deserción (que es la renuncia de alguien a su presunta ‘anormalidad’) es presentada como un hecho en sí anormal, extraordinario en el contexto global, pero deseado por ‘todos los cubanos’: que el futbolista Ronaldo acepte un contrato millonario es normal; que un cubano lo acepte, no”.

Semana después, justo antes de irme, puedo hablar con un senador cubano. Me resume la historia de Cuba en relación a Estados Unidos, con lujo de detalles que no puedo dar. Guerra de independencia de España. Intervención y ocupación yanqui. Enmienda Platt: derecho a EE.UU. de intervención política y militar. El poder ejecutivo isleño no tiene nada que hacer. Revolución antiimperialista y socialista. A partir de la Revolución, de una u otra forma comenzó a ser recibida sin obstáculo alguno en Estados Unidos, toda persona que saliera ilegalmente de Cuba con cualquier pretexto y llegara a ese territorio. Un cubano cualquiera, con antecedentes o lo que fuere, tiene privilegios ante un ciudadano de cualquier otro país. Se le sumó el Programa de Refugiados Cubanos, para los cubanos alentaba la emigración desde Cuba y disponía de algo más de 100 millones de dólares anuales. Operación Peter Pan: divulgación de falsos proyectos de ley sobre la supresión de la patria potestad. Muchas familias de capas medias emigraron. Bloqueo. Kennedy anunció que los cubanos que llegaran a Estados Unidos directamente desde la Isla serían recibidos como refugiados, mientras que los que buscaran entrar desde terceros países serían considerados extranjeros y quedarían sujetos a todas las restricciones migratorias norteamericanas. En los inicios de los 90 de nuevo se intensificó esta campaña y se promovieron las salidas ilegales, conocida entonces como Crisis de los Balseros. Todas estas salidas siempre estuvieron amparadas por la Ley de Ajuste Cubano, que ha sido a su vez el estímulo fundamental para que estas salidas se produjeran.

DSC_1089El problema se mantiene latente y, desde 1998, se acerca al límite (y lo pasa) del tráfico ilegal de personas, según denuncia CubavsBloqueo,  “organizado y financiado por sectores de los cubanoamericanos del sur de la Florida, a riesgo de las vidas humanas envueltas en tales procedimientos. Los estímulos y las exhortaciones a las salidas ilegales se mantienen e incluso se incrementan provocando tragedias humanas”.

Y se van vía Grand Caimán. Salen a una hora. Llegan a la misma. La hora de avión se la consumen los meridianos. Todo sigue igual también en el aeropuerto del paraíso fiscal, donde los esperan altoparlantes hablando, por única vez, en español. Cubanos en migraciones. Guías hispanoparlantes. En medio, cambian de pasaporte cubano a español, en su mayoría. Y así también vuelven. Muchos, con electrodomésticos, “monitores-televisores” -como corrigió una señora al de la aduana que le preguntó si llevaba un plasma-… Y pasaron sin más palabras.

De Caimán, a Miami. Pero ahí también intentan pasar otros, como las 20 personas detenidas entre el 16 y 17 de abril de este año. Llegaron a Estados Unidos, donde fueron descubiertos como falsos cubanos. Querían aprovechar las facilidades migratorias que Kennedy inauguró y todos los siguientes presidentes yanquis mantuvieron. Ser cubano puede ser un privilegio.

En el paraíso fiscal quedan pocos. Los que están, llegaron en balsas y fueron también recibidos. Hubo momentos en que se los devolvía a Cuba. Otros momentos en que no. Depende muchas veces de quién esté dispuesto a poner la plata de los pasajes. Todo es plata. Ellos también.

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