Obsesión por la memoria

Mayra Martell es una fotoperiodista mexicana obsesionada con documentar las modalidades de la desaparición y la violencia en América Latina. Desde su trabajo con las madres de niñas y jóvenes desaparecidas en Ciudad Juárez definió su objetivo: “es una forma de narrar la historia de lo sucedido desde una perspectiva emocional y cotidiana para las futuras generaciones”.

La ropa de todos los días, una foto de la infancia, una lista de metas a corto y largo plazo, la cama – tendida, siempre, en una espera infatigable –, el mechón de pelo de bebé, unos stickers de princesas en la pared del cuarto. Colecciones de objetos que no alcanzan a representar lo que evocan: la ausencia. Y el dolor que produce. Las que faltan en las fotos, recuperadas en estas huellas de vida: Erika Carrillo, Elena Gudían Simental, Neyra Cervantes, María Elena García, Ana Azucena Martínez, María Guadalupe Pérez Montes, Paulina Luján, Diana Noraly Piaga Reyna, Griselda Muroa López, Jazmín Chavarría Corral, Cinthia Jacobeth Castañeda Alvarado. El total trepa a 72 chicas, de entre 9 y 21 años al momento de su desaparición en Ciudad Juárez, México. Sus historias son el eje del trabajo “Ensayo de la identidad” de la fotógrafa mexicana Mayra Martell.

Diana Noraly Piaga Reyna, 16 años. Desapareció el 27 de febrero del 2009, trabajaba en una maquila en el turno de la mañana. Foto de la pared de su cuarto. Mayra Martell.
Diana Noraly Piaga Reyna, 16 años. Desapareció el 27 de febrero del 2009, trabajaba en una maquila en el turno de la mañana. Foto de la pared de su cuarto. Mayra Martell.

– Cuando las madres ven el trabajo es muy triste, de pronto acarician las fotos en donde aparecen las pertenencias de sus hijas. A las muestras siempre llevo un libro de anotaciones y después se los muestro. Cuando ven las cosas que escriben los que vieron las fotos, se emocionan, se alegran de que se conozcan las historias de sus hijas. Las fotos no buscan ser “las grandes fotos”, cobran sentido porque son algo de alguien, retratan objetos de personas que no están. El  trabajo es nombrarlas: esta es la historia de esta chica y ella no está. Siempre lo pensé como un acompañamiento para las madres. Son mujeres que están solas, no hay una organización social que las una, están solas en manos de asesinos.

Mayra Martell nació y creció en la misma Ciudad Juárez que hoy documenta con su cámara. Cuando trabajaba como periodista en la sección de Cultura de un diario, el fotógrafo tuvo trillizos y la cargó con la responsabilidad de las imágenes. Mayra, que hasta el momento “no era buena en nada”, encontró ahí un lenguaje para expresarse y comunicar. A los 19 años, se había ido de Juárez, a estudiar; seis años después, en el 2005, cuando volvió, la ciudad estaba empapelada con fotos de chicas desaparecidas. Ella tomó nota de las direcciones en los afiches y comenzó a tocar sus puertas.  “Tiene ventajas haber crecido ahí para hacer el trabajo, yo soy re malandra, me he movido ahí desde muy chica, sé por dónde ir, creo que por eso he zafado tanto. Digo zafar porque en diez años de trabajo me topé con un montón de problemas, con la policía siempre encima, estuve detenida dos veces. Incluso problemas con las personas involucradas en las desapariciones”. Tras una década de trabajo continuo, Mayra afirma –desolada- que Ciudad Juárez no cambia: “Ahora, estaba haciendo un documental sobre los reporteros de prensa de Nota Roja – similar a nuestra sección Policiales – y me contaban que en un turno de 8 horas podían llegar a documentar 32 asesinatos. Imagínate el grado de violencia. Y las mujeres son las principales víctimas. Es jodido, porque entonces surge esto de para qué hacemos lo que hacemos si todo sigue igual. Pero la verdad es que estamos aquí y toca hablar de lo que pasa. Es una forma de narrar la historia de lo sucedido desde una perspectiva emocional y cotidiana para las futuras generaciones”.

De la galeria Ficheras de Mayra Martell.
De la galeria Ficheras de Mayra Martell.

Mientras repasa sus proyectos, Mayra recurre una y otra vez a esa expresión “estás ahí y te toca”, como quien asume una responsabilidad, un compromiso, pero también como quien no se anda con demasiadas vueltas a la hora de actuar. Para describir lo que la mueve a seguir una historia la palabra que emerge es obsesión: “Cuando elijo un proyecto es porque me interesa y me obsesiono con el tema, quiero saber qué pasa, entonces voy. Así funciono. Mariel, una fotógrafa con la que crecí, me decía: ‘Mayra, yo he conocido gente que convierte su trabajo  en una obsesión, pero para vos, tu trabajo es la obsesión misma’. La obsesión me da todo, es mi eje”. Y desde ese lugar se involucra con la gente, no como fotógrafa, sino de persona a persona, se compromete emocionalmente en cada historia: “Yo no lo separo. No es que cumplo un horario, me meto de lleno. Al fin y al cabo uno tiene que entender que nunca hay que desvincularse. El hecho de haber compartido momentos tan importantes te va a unir a esas personas toda la vida, porque te llevaste un documento de ellos, estuviste en un momento de su vida, todos somos conexión de los otros, ¿dónde empieza uno y termina el otro? En todos los trabajos, creo que se ve que estoy ahí”.

Con ese espíritu forjó sus vínculos con “las madres de Juárez”: “me han ayudado mucho, fueron muy protectoras conmigo y me formaron de cierta manera”. En 2010, un hecho obligó a Mayra a “salirse” de Juárez y tuvo que interrumpir el contacto por un tiempo. Marisela Escobedo Ortiz, amiga de Mayra, fue asesinada frente al Palacio de Gobierno de Chihuahua, mientras realizaba una protesta para reclamar justicia por el asesinato de su hija. El disparo fatal en la cabeza fue capturado por una cámara de seguridad, cuya grabación se transmitió en los noticieros. La hija de Marisela, Rubí Marisol Frayre Escobedo, había sido asesinada en el 2008, a sus 16 años, por su novio, Sergio Barraza Bocanegra, quien estuvo cuatro años prófugo. Marisela venía denunciando amenazas por parte de la familia de Barraza, que estaría involucrada en el cártel “Los Zetas”. En el 2012, la Justicia mexicana identificó y procesó al autor material del asesinato de Marisela, José Enrique Jiménez Zavala, y ese mismo año, el presunto autor intelectual de su muerte y asesino de su hija, Sergio Barraza Bocanegra, murió en un enfrentamiento con militares en el estado de Zacatecas.

– Estos diez años me requirieron un trabajo muy grande a nivel emocional. Hace unos meses terminé de tomar conciencia de cuánto me ha afectado, es muy fuerte, desde estar en funerales, cuando encuentran los cuerpos, estar con presuntos homicidas, estar con las madres… Es mucho. Incluso ahora que se están llevando a cabo algunos juicios, llenarse de una información de terror, conocer cómo fueron los últimos momentos de esas chicas, se sabe que hasta las metían en la cárcel, las llevaban para los reos. Las madres están muy mal, por supuesto que querían la verdad y justicia, pero todo este terror las sobrepasa.

Mayra ha documentado otras modalidades y escenarios de la desaparición y la muerte. En su trabajo hay una pregunta omnipresente: “¿Qué es la ética para mí? Es algo que siempre estoy pensando. En el momento estoy ahí y siento que tengo que hacer la foto, porque la gente tiene que ver lo que está sucediendo. Me pasa de estar con la cámara en situaciones terribles y tengo que estar momento a momento redefiniendo los límites. Trato de ser lo más respetuosa posible, no saco la foto y me voy, realmente acompaño y soy parte del proceso. Entonces hay veces que tengo que bajar la cámara”.

Otro de sus proyectos fue documentar al pueblo saharaui tras la ocupación de su territorio por parte de Marruecos en 1975. A partir de un trabajo en los campos de refugiados en Argelia y otro en territorio ocupado, Mayra intentó aportar a la reconstrucción de la memoria de lo que fue la huida forzada de su propia tierra y las desapariciones que el Estado marroquí continúa perpetrando al día de hoy.

Campamento de refugiados Smara. Mayra Martell
Campamento de refugiados Smara. Mayra Martell

Incluso en Argentina, realizó un trabajo junto con la Fundación María de los Ángeles, a cargo de Susana Trimarco, madre de la desaparecida Marita Verón. El proyecto consistía en hacer un taller con chicas recuperadas de redes de trata: “La idea era enseñarles a usar la cámara y que documentaran un poco su vida. Era muy impresionante que cuando ellas sacaban fotos de su casa, en las recámaras, eran muy parecidas a las mías. Muy fuerte, la misma toma, parecían de mi serie. Y muy gratificante a la vez trabajar con la vida y no con la muerte. Un poco de calorcito, el hecho de que ellas hayan podido volver, aunque sin borrar todo el terror por el que pasaron. Me gustó mucho la experiencia”.

Mayra en Buenos Aires.
Mayra en Buenos Aires.

Colombia fue también escenario de su trabajo. Sobre ese proyecto, escribió: “Estiven es uno de los cientos de jóvenes llamados ‘falsos positivos’: desapariciones a manos del ejército colombiano, luego declaradas como bajas de guerrilleros en combate. Por cada guerrillero (positivo muerto), los soldados recibían incentivos económicos, días libres y ascensos. Así, empezaron a secuestrar varones de 15 a 30 años, en los barrios más pobres de Colombia. Los enviaban a diferentes partes del país (la mayoría a Ocaña, una ciudad norteña), los asesinaban y los presentaban como guerrilleros muertos”. Mayra retrató a las madres desenterrar con sus propias manos los cuerpos de sus hijos de las fosas comunes.

Cruzando fronteras, Mayra descubre una misma trama de violencia institucionalizada y se propone documentarla, para así dotar de nombres, caras e historias a una realidad en gran parte naturalizada. En la fotografía encuentra un modo de narrar la historia y dejar así un testimonio para el futuro, cargado de la vivencia y la emoción del “estar ahí”.

El corso de Chiapas

Fotorreportaje en el centro de la selva mexicana del ritual que saca todo un pueblo a la calle, entre arengas, cantos y un baile que se siente perpetuo y fatal. Los Parachicos sacuden la vida cotidiana y abren una brecha: cada enero Chiapa de Corzo se levanta y resurge.

El rojo, no sin luchar, llegó a la costa del río. Asumieron la posibilidad certera de ser derrotados para elegir el suicidio. La conquista española tenía un enquistamiento de resistencia en territorio mexica que decidió saltar los 1300 metros de la pared más alta del cañón para ser agua y sangre en el río Grijalva. Antes que esclavos. Desapareció el pueblo chiapaneca al calor del invierno de 1528 y al frío de la dominación europea.

Frente al mismo río, el pueblo de Chiapa de Corzo se ofrece todos los años del 8 al 23 de Enero, en una de las fiestas más añejas del Estado mexicano de Chiapas.

Arengan dos hombres y un agitar de maracas incesante. Las luces apagadas para que solo el sol ilumine apenas la imagen de metro y medio de San Sebastian en el fondo del cuarto. Se vuelven gritos de aliento, a los saltos, ya con las máscaras puestas. Las maracas de hojalata o madera hechas zumbidos permanentes. Dos Parachicos se alistan para salir a la calle, donde se va a mover. Son los que copan el pueblo con una montera de ixtle a manera de peluca rubia, un gran poncho negro con uno pequeño bien colorido al que llaman sarape por encima, pantalones sueltos de lentejuelas que dibujan Cristos con flores silvestres y la cabeza por total cubierta con una máscara de madera a rasgos de blanco europeo.

Es la Fiesta Grande. Van en un estado de pleno transe de danza y cantos, por banderas e imágenes de los santos patronos para recorrer las iglesias del pueblo. El sol pega en el negro de los atuendos y obliga a Parachicos de todas las edades a abandonar la masa fulgurante para descansar.

La tarde entra entre vendedores de cruces floridas, tasajo y ropaje de cama. La cerveza hecha michelada por el grosero picante hace populosos a los baños por dos pesos mexicanos.

La plaza central, devenida en parque de diversiones y feria de kermés, se vuelve el centro de los festejos de un ritual que funde las religiones mesoamericanas con la evangelizadora.

La Fiesta Grande de Chiapa de Corso.
La Fiesta Grande de Chiapa de Corzo.
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Los Parachicos con sus monteras de ixtle que lucen de pelucas rubias.
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La máscara tradicional. De tez blanca y bien ruborizada.
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Michelada: Cerveza picosa.
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Frente al Templo de Santo Domingo de Guzmán.
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El aura de lentejuelas.
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Máscaras negras resaltan por poco frecuentes.
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Pocas mujeres adoptan los trajes de Parachicos.
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Imágenes: NosDigital
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Vírgenes a carretilla.
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En trance.
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Fiesta Grande 2015.

 

“La cultura actual es una cultura de la letra”

Juan Villoro asegura que si el libro de papel apareciera por primera vez hoy nos parecería un invento superador. Desde Puebla, México, el escritor discute los vínculos de la tecnología, la información y las palabras. “Estamos ante un cambio de paradigma que no sucedía desde el siglo XII”, analiza.

* Por Pablo Vicente, especial para Nos

Es entendible que en estos tiempos convulsionados por una Internet que todo lo transforma un escritor ande con algunas preocupaciones a cuestas. Lo curioso del caso de Juan Villoro (57 años), exquisita pluma mexicana, columnista de varios diarios del mundo y reciente disertante en el XII Congreso para el desarrollo de la lectura y escritura en Latinoamérica, que se celebró en Puebla del 12 al 14 de septiembre, es que su preocupación por estas horas no es cuánta vida les quedan a los libros o a los diarios de papel sino cuánta le queda a la Selección de México en estas olvidables Eliminatorias para el Mundial 2014.

Futbolero de chico, desde que un padre separado descubrió en la pelota y el Necaxa el mejor entretenimiento de fin de semana para su hijo, el autor de Dios es Redondo suelta el rezongo con conocimiento de causa: “Un fracaso no se improvisa y la Federación mexicana se esforzó mucho para que perder sea cuestión de método. Estados Unidos nos ganó con una alineación de las más flojas del último tiempo, pero le alcanzó para hacerlo legítimamente. Creo que México sufre una especie de pánico escénico gigantesco que yo lo vinculo con la mala administración del fútbol del país. Es la cuarta selección del mundo de acuerdo al volumen de negocio y se dan cosas increíbles, como que trasnacionales como Citicorp o Toyota hagan campaña de publicidad con la selección en nombre del patriotismo. Es decir: ‘Nosotros somos patriotas, apoyamos a la selección, cómprate una Toyota’. ¡Que es un auto japonés! Esta mistificación hace que tengamos un fútbol con apoyo de millones de consumidores, que genera mucho dinero, y que lo genera sin depender de los resultados. Lo que me pregunto es qué va a pasar ahora si México no va al Mundial, porque ahí sí que va a existir un castigo social”, desahoga Villoro sus penas de fútbol con Nos, sentado en la primera fila del Salón Candiles de la Universidad Autónoma de Puebla, ahí mismo donde minutos antes dio una charla por el relanzamiento de otro sueño quijotesco, una revista de cultura en papel, de nombre Crítica y dirigida por Armando Pinto, que da batalla para mantener ese espacio abierto a los textos largos, la poesía y autores que merecen ser leídos. Villoro, que cerró la primera jornada del Congreso con reflexiones que aquí se retoman, sabe de todos modos que ni los libros ni su Selección dejarán de latir a pesar de sus crisis. Y así lo cuenta…

– ¿Qué futuro imagina para el libro en papel?
– Cuando a mí me preguntan eso digo por qué no invertimos la lógica. En un mundo con todo el bagaje digital que tiene, con amistades espectrales, qué pasaría si no existiera el libro papel y se presentara aquí y en este momento como la última novedad. En muchos sentidos nos parecería un invento superador, porque no necesita electricidad, no caduca tecnológicamente, estimula los cinco sentidos incluyendo el tacto y el olfato, podemos individualizarlo escribiendo cosas sobre él, soporta nuestro mal carácter y lo podemos tirar al piso sin que se rompa, es portátil… Y además puede pasar de mano en mano. Es muy poco romántico regalar una descarga, sobre todo electrónica. Por eso, mientras queramos darle un libro a una persona en las manos, los libros de papel serán esenciales. Por eso, si el libro se hubiera inventado hoy, parecería una versión superadora de la computadora. Por eso creo que el libro que conocemos desde siempre tiene su papel asegurado. Pero seguramente este papel será distinto en el futuro, porque el libro electrónico es un invento maravilloso para llevarse materiales que uno no sabe si quiere leer, que es uno de los grandes dilemas que uno tiene como lector. Toda la zona utilitaria de la lectura, los libros de textos, podrán tener allí un desahogo y siempre existirá un libro artesanal que seguirá necesitando el papel. Por eso se viene una complementariedad interesante.

– No es nuevo el anuncio apocalíptico del fin del libro, como de los diarios, o la radio en su momento, ¿no?
– Para nada, sin ir más lejos, en los años 60, Marshall McLuhan declaró la posible muerte del libro ante el enorme impacto de los medios de comunicación audiovisuales. “La Galaxia de Gutenberg”, como se llamó el libro, de algún modo, en su forma tan seductora, derrota su propia tesis. Porque era tan agradable leer ese libro que a uno lo hacía desconfiar de que realmente fueran a desaparecer. Hablaba de pasar de una representación abstracta como las letras a una de las imágenes. Ignoraba que la gran revolución por venir no iba a ser de la imagen sino de la letra, a través de la computadora personal. Internet, redes sociales, y todos los derivados que tenemos hoy en día con la tecnología. Por lo que esa acta de defunción del libro no sólo no se cumplió sino que la cultura actual es una cultura de la letra.

– ¿Cómo interpreta el impacto de las nuevas tecnologías en la lectura?
– Creo que estamos viviendo un momento extraordinario y, a la vez, indescifrable. Nos encontramos a la orilla de un océano aún por definir, donde está cambiando radicalmente la forma en la que nos acercamos al hecho de leer. Estamos ante un cambio de paradigma en la forma que nos relacionamos con la letra que para mí no ocurría desde el siglo XII, cuando se creó el objeto libro, incluso más que la revolución de Gutemberg con la creación de la imprenta móvil. Fue la creación del libro lo que cambió la manera de vincularnos con la lectura. Esto fue con el trabajo de muchos eruditos, casi todos en monasterios, que organizaron el libro tal como lo conocemos hoy en día. Esto permitió hacer una transición muy interesante de la lectura colectiva, donde uno guiaba para el resto, a la lectura individual, lo que cambió la manera de relacionarse con el libro, porque no es lo mismo hacerlo en forma grupal que individual en un diálogo silencioso. Leer en voz alta es mucho más fatigoso, el lector público, se desgasta casi tanto como un actor cuando está actuando. Hay muy interesantes documentos de cuando se pasa a la lectura silenciosa que hablan de una lectura más descansada. Con el criterio individual para leer, en el siglo XII, cambia el sentido del lenguaje. A partir de la invención del libro como objeto se transformó este acto gregario en un acto intelectual con consecuencias que transformaron la cultura en su conjunto.

– Es un momento que a algunos los atemoriza y a otros los conmueve. ¿A usted qué sensaciones le despierta esta revolución?
– Realmente estamos ante un momento extraordinario porque leemos de manera muy distinta a como leíamos antes. Leemos en forma dispersa, simultánea, con plataformas que van de teléfonos celulares a redes sociales. Estamos en contacto con la cultura de la letra pero con variables que aún no conocemos y cuyos límites no dominamos, transformando hábitos, que no sabemos bien adónde van a dar. Por eso digo que da la sensación de estar en la orilla de un océano del que nadie tiene cartografía. Pensemos en lo que ocurrió con la correspondencia. Las cartas, que para llegar a destino dependían hasta del azar de que un perro no mordiera al cartero, y luego se esperaba una respuesta en el tiempo. Esto cambió por completo. Por eso algunos teóricos sugieren que con Internet ya no leemos una correspondencia en el tiempo sino la noción dominante es la de lugar. Internet es un lugar al que entramos, es el patio del mundo, pero se da una comunicación en un espacio virtual donde se da esta idea de encuentro.

– ¿Qué le llama la atención de este nuevo tipo de lectura?
– Una de las cosas interesante de la lectura en red es que permite compartir en forma instantánea la comunicación y ampliar el eco. El efecto viral de la lectura es algo totalmente novedoso, y lo más importante hoy para el éxito de un mensaje, por ejemplo en Twitter, es cuál va a ser su suerte cuando se retuitee. Es decir qué rebotes va a tener. Y ahí lo interesante, como dicen algunos analistas, no es una comunicación en forma directa sino en zigzag donde no se sabe cuál va a ser el último destinatario. Por eso una forma distinta de de reaccionar frente a la lectura es propagándola con el retwitteo. Es algo con lo que no contábamos. Twitter revitalizó una forma de comunicación bastante arcaica, que parecía desaparecida, como las máximas latinas o los aforismos. Los 140 caracteres obligan a una condensación donde no todos escriben aforismos dignos de Oscar Wilde pero es un ejercicio de concisión que no se había visto en la cultura de la letra en mucho tiempo.

– Pero Twitter suele volverse un terreno para la violencia, la agresión, la respuesta ligera, la superficialidad…
– Una de las situaciones nuevas que se plantean es estas nuevas conductas morales con respecto a las sanciones públicas y los consensos sociales, es algo esencial de discusión en nuestro tiempo. Si vivimos inmersos en las redes sociales, y en buena medida las redes son creadoras de consensos, es muy importante tomar en cuenta cuáles son las iniciativas que cuentan con un determinado consenso y cómo se logra éste. No lo sabemos bien todavía porque son hábitos que vamos creando, no hay tradición, pero creo que ya podemos adelantar algo, por ejemplo que las redes sociales son extraordinarias para la condena y la irritación. Lo que nos indigna enseguida tiene una propagación instantánea. La indignación exige desahogo. Cuando algo nos lastima, o nos indigna, de inmediato protestamos. Pero resulta muy difícil que sirva la red social para establecer un consenso opuesto, como un desmentido, o un matiz, o una rectificación, esto es distinto porque el proceso psicológico de rectificar, de modificar una idea, es un proceso lento. Nos indignamos de forma express pero cuando tenemos que recapacitar nos tardamos más, pensamos, comprendemos, y lo extraño es que la comprensión no exige ser compartida de manera inmediata. Es exótico que alguien mande un tuit para decir “Ya entendí”. Se dan estas situaciones donde es mucho más fácil condenar que rectificar, o incluso perdonar, y son hábitos que nos están llevando a una nueva ética de la comunicación. Y no sabemos hacia dónde va a ir esto… Sumado a la particularidad de la despersonalización, o de opinar con un alias, y muchas otras circunstancias que inciden.

– ¿Y cómo evalúa el impacto de estas nuevas tecnologías en los medios de comunicación?
– Uno de los fenómenos que se da en la prensa es una estandarización de la información. Hoy en día a los jefes de redacción les interesa más no perderse la nota que ya tiene la competencia que hacer una nota original. Hay una homologación relativa de la información, como todos saben lo que tienen los demás, y lo que van publicando, nadie quiere quedarse atrás. Sería bueno hacer un estudio comparando los diarios de los sesenta, y comprarlos con el manejo de la información actual, y parecería que hay una sola agencia que les da la información a todos. Y esto se da por ese espionaje continúo de la información y que a la hora del cierre ya está estandarizada y cada periódico sabe que va a publicar el otro. Lo impreso permite una lectura más dilatada. Las cosas que vamos a leer en el tiempo nos conviene que sean impresas, por eso si el periodismo escrito apuesta por un periodismo más de fondo, con más investigación, con crónicas más largas, vamos a poder combinar mejor las dos cosas. Si ahora nos dicen asesinaron a tal persona, vamos al teléfono para buscar el dato instantáneo. Pero luego la gran crónica de eso la vamos a buscar en el periódico, más tarde todavía, tal vez incluso en una versión en libro. Por eso creo que hace falta que los diarios recuperen la confianza en sus recursos, y los lectores van a responder. En Argentina los diarios tienen buenos suplementos culturales como Ñ de Clarín, ADN de La Nación, Radar, Perfil tiene el suyo… Eso no pasa en México, donde creció la industria de las revistas, y eso se explica en parte porque textos, intereses y lectores están migrando de los periódicos, que no se atreven a publicar cosas largos, a las revistas que sí se atreven. A mí me pasa en Reforma, donde escribo, y de repente publico una crónica larga en otro lado y se termina dando un diálogo repetido con el editor del diario. “Oye, Juan, porque no lo publicaste con nosotros”. Y yo le digo: ‘Me encantaría publicar en Reforma, pero cuál es la sección, el espacio que me podrías dar’. Y tras un silencio, me dan la razón. Sienten como celos porque publicaste en otro lado pero no se animan a dar ese espacio y tienen suplementos culturales de dos páginas, que más que suplementos son servilletas culturales.

– ¿Cuál es el valor del libro en estos tiempos de sobreabundancia de lectura?
– Leemos porque necesitamos aliviar el peso del mundo. La realidad no nos basta. El mundo está mal hecho, es defectuoso, es imperfecto y necesitamos mitigarlo, completarlo, aliviarlo, a través de la imaginación. Y la representación que obtenemos con los libros forman parte de la verdad. El Quijote pertenece al mundo tanto como las personas que existieron, o tanto más que ellas, incluso. Ese es el ejercicio esencial que nos permite la lectura, el de tolerar una realidad imperfecta. Es una arte visual, en el sentido que entra por los ojos, pero es la única forma que está hecha por símbolos abstractos como las letras. Cuando leemos algo que nos gusta no elogiamos el estilo de la letra sino la historia de amor, la persecución, un naufragio, creamos imágenes en el cerebro a partir del sistema de signos que recibimos por el ojo. Por eso es la única forma de las artes visuales que se crea exclusivamente en nuestro cerebro y altera la memoria. No tenemos que crear la Mona Lisa porque nos basta verla, pero en cambio tenemos que crear a Anna Karenina, por eso la memoria de lo leído dura mucho más que la memoria de lo visto.

– ¿Cómo se hace para acercar a la literatura a chicos que están en constante ejercicio de la lectura y escritura por Internet?
-El que lee difícilmente desea mantener en secreto su placer. No conozco un solo lector que diga ´Qué maravillosa obra que que acabo de leer, no quiero que nadie se entere. Que nadie se entere que me gustó ‘Cien años de soledad’. No creo en el lector que se niega a compartir lo leído. El primer hecho que despierta la lectura placentera es la necesidad de contagio. Por eso no creo que la lectura placentera no se debe enseñar sino que se debe contagiar, y la mejor manera de promover un libro, es incluirlo en la conversación con la gente. Es una forma compartida de la felicidad y el placer. Y naturalmente que lo mejor es empezar en la infancia. No hay nada mejor que cuando un padre, madre, hermano, abuela, le leen a los pequeños. Convertir la lectura en una forma del afecto es algo que nos lleva a entender que detrás de las palabras hay alguien que quiere transmitírnosla en forma afectuosa.

“Escribir es un acto erótico”

Tununa Mercado no niega los recuerdos de Córdoba en los 50, del exilio a Francia con Onganía, del Mayo del 68, del regreso a Argentina, del segundo exilio a México en el 76 y del regreso definitivo a Buenos Aires. Trabajó en La Opinión, se casó con Noé Jitrik y recibió el Premio Boris Vian. Con más de 70 años, abre las puertas del libro de su vida.

En la calle Viamonte, a la altura de Callao, se esconde un paréntesis de la ciudad. Pocos han subido, pero dicen que en lo alto de un edificio, testigo diario del vaivén sincronizado de la rutina céntrica, hay una mujer. No es sencillo llegar. Tras cruzar algunas puertas y avanzar por un pasillo solemne, se toma un ascensor de hierro, que parece no caber en el hueco por el cual debe ascender. Pero antes de llegar, el recorrido se detiene. Los escalones anuncian que ese último trayecto deberá hacerse a pie. Del otro lado de la puerta que ya logramos vislumbrar, se adivina ella, sentada al piano, improvisando alguna melodía sobre una partitura de Bach.

No nos espera, pero tampoco se sorprende al vernos.

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Nos invita a pasar y al cruzar el marco de la puerta, la percepción del tiempo y el espacio se trastoca. Lleva los labios rojos, el pelo de un negro imposible y la vivacidad en cada destello de luz que refracta en sus ojos. La casa rebosa expresiones de vida: paredes-bibliotecas cubiertas de libros que parecen a punto de caerse a cada paso; cuadros, adornos, muebles con anécdotas escondidas en cada pliegue; objetos que acusan más recuerdos de los que el cuerpo puede llevar sobre sí; en la cama, algo de ropa desordenada que espera por ser guardada; dos patios de plantas frondosas que hacen confundir Buenos Aires con… ¿quién sabe dónde?; una gata gorda que se presta al mimo. Pero sobre todo esta mujer. Que en sus setentas, no acusa noticias de cansancio ni aburrimiento alguno.

Vinimos a hacerle una nota. Antes de empezar, se calza unos zapatos acordonados y se sienta al sillón. Pero la primera pregunta la hace ella: ¿Cómo se les ocurrió entrevistarme?

Tununa Mercado nació en la ciudad de Córdoba en 1939, el año en que se desató la Segunda Guerra Mundial. Como tantos otros, dirá ella. Pero ella no será como tantos otros: cuenta que sus padres estaban en Buenos Aires ese septiembre y su madre quedó muy perturbada por la noticia de la guerra. “No sé si me quiso decir que yo nací perturbada”, reflexiona, seria. No cabe duda que la calma no predominó aquellos años. De padre abogado y político de las filas del Partido Demócrata – “que poco se parece al reaccionario de estos días, por aquel entonces era progresista, liberal en el buen sentido” – y madre escribana, la política fue algo presente desde muy temprana edad. Una presencia que atravesaría su vida: los recuerdos del peronismo y las convulsiones de Córdoba en la década del 50’, el primer exilio a Francia con el Golpe de Onganía, el seguimiento de los acontecimientos de Mayo del 68, el regreso a Argentina y la lucha por los derechos humanos, la solidaridad con Chile en el derrocamiento de Salvador Allende, el segundo exilio a México con el 76, y el regreso definitivo a Buenos Aires en el ocaso de los 80’. Y siguen… No más está decir que cuando terminara la práctica de piano que interrumpimos, Tununa planeaba ir a Tribunales, a defender la Ley de Medios. Aclara: “La posición es siempre estar alerta, en esa línea de denuncia, en verse implicado en lo que sucede en el país”.

El vínculo con las letras también se gestó desde chica. Recuerda la biblioteca de la casa familiar, la máquina de escribir de la madre, y también la “mini pinacoteca” que sus padres armaron con la obra de artistas cordobeses del momento. Una vida intensa, dice. Tras terminar el magisterio en la escuela donde cursó desde la primaria, se inscribió en la Universidad de Córdoba – donde conocería a su futuro y actual esposo, Noé Jitrik – para la carrera de Letras. “Una niña que quiere estudiar Letras… digamos que era una carrera para elegir, estaba en el horizonte de posibilidad”.

IMG_8035-2Desde ese entonces, ha trabajado en redacciones periodísticas en Argentina y en México, con amplio desarrollo en el periodismo cultural, la crítica de arte y las reseñas bibliográficas, y ha publicado siete libros que le valieron el reconocimiento de ser considerada una de las escritoras argentinas más destacadas de las letras contemporáneas. Ante todo, Tununa es una narradora que pareciera hincar la pluma en la experiencia propia, en lo vivencial, pero con una hondura poética que desborda cualquier noción mundana de “lo real”; quizás justamente sacude porque parece nombrar las cosas en su realidad más íntima, más real que lo real. Con un trabajo constante sobre la memoria, entendida como ese libro abierto, factible de ser rescrito y reactualizado a partir de cada perspectiva. Desde una sensorialidad abierta y suspicaz; desde su posición suelta, holgada; desde la risa franca, de las que no pueden posarse para la cámara; pero sobre todo desde el placer que atraviesa cada aventura en la que se embarca, Tununa se entusiasma en su imaginario reflexivo y comparte, nos regala palabras.

– Siempre hubo una inclinación a escribir, pero no era consciente de que podía ser escritora. Incluso, era una facilidad que yo no advertía, no me daba cuenta. Ya cursando en la Universidad, tenía raptos de escritura, de un carácter más literario. En los 60’ empecé a pensar y a escribir algunos cuentos. No como un designo claro de un oficio, mi relación con la literatura es una, que es haber estudiado, trabajado sobre libros, eso sería lo literario. Lo otro es una dimensión diferente, la de la escritura, que si lo hago, si escribo, no es en relación con la literatura como para sellar una carrera, es una facilidad como cualquier otra. Es una distinción reciente, la de literatura y escritura, porque me doy cuenta que no tengo lo que todo escritor tiene que es estar al día de lo que se publica, estar en el negocio de la literatura, no peyorativamente, sino estar en esa administración de un mundo, que es la carrera de un escritor. Yo no, no tengo esa inscripción… Lo he descubierto hace poco, yo creo que hace dos o tres días. Tengo faltas muy grandes, carencias, escritores importantes a los que no los he leído, no ha sido un mandato. Diría que soy una lectora ociosa, o si se quiere no estoy apremiada. Más bien leo en una marcha mía personal, y la literatura ha venido a partir de intereses de índole filosófica, política, a veces literaria. Suelo decir que estoy fuera del círculo, por eso me sorprende cuando soy incluida. Hasta con mi propia obra… No estoy en un canon literario específico, y sin embargo sé que mis libros despiertan interés en determinados lectores.

Una alteración sutil, pero persistente, se adivina en su mirada cuando empieza a contar sus recientes “descubrimientos” literarios, con ese fervor difícil de transmitir que surge a partir del contacto con las hojas de un libro que nos atrapó. “Ahora estoy verdaderamente encantada con unas poetas. Son libros pequeños… Uno de Mónica Sifrim, otro de Alejandra Correa, otro de María Malusardi. El último que leí es el primer libro de una escritora que se llama Flavia Soldano, es brevísimo, a veces es una sola línea en una página, pero es de un corte, de una profundidad, toca zonas muy fuertes, muy comprometidas con el ser, la persona, el cuerpo.” También se muestra apasionada cuando habla de sus lecturas sobre la historia de la Revolución Rusa y la Unión Soviética, al punto de que es un mundo que ya se le ha vuelto familiar, del cual reconoce los personajes, los lugares, los acontecimientos como si se tratara de recuerdos propios. “No soy trotskista, pero tengo una gran admiración por todo ese período, y la figura que rescato es la de León Trotsky, porque fue víctima del estalinismo. En México, íbamos mucho a su casa. Ahora se cumplió otro aniversario de su muerte y parece que hubo un homenaje. Todos los años se produce una evocación en torno a su figura. Además fue un escritor extraordinario, su autobiografía ‘Mi vida’ es también uno de los libros que he leído recientemente”.

Ese goce que destila su expresión cuando habla de los mundos que abren las letras es una constante en el modo de estar y de ser de Tununa. Y sobre todo en el modo de escribir. Uno de sus libros que ha provocado mayor eco, por el cual recibió el Premio Boris Vian, es “Canon de Alcoba”, publicado por Ada Korn Editora y reeditado por Seix Barral y Planeta. La obra parece erigir un templo de lo sensorial, a partir de la cotidiana relación sensual con las cosas.  “Ya a esta altura creo que se ha ido decantando que yo considero que escribir es un acto erótico, porque es un compromiso total, la palabra no es algo ajeno al cuerpo, a las emociones, a la vida en su totalidad. En ese sentido, pienso que el acto de la escritura es un acto de eros. También es cierto que hay textos con una temática más vinculada a la cuestión erótica, pero también a las relaciones humanas vinculadas al encuentro amoroso. En ese sentido, algunos de mis textos podríamos llamarlos eróticos… En tanto producen una excitación en el otro, una perturbación amorosa, de los sentidos”.

IMG_7996-2En el compromiso de “puro placer” que mantiene con su escritura, Tununa se ha movido sin distinción entre lo periodístico y lo narrativo. “Me considero periodista, ahí me formé. Fue mi ganapan durante muchísimo tiempo”. En la Argentina, antes del exilio, trabajó en La Opinión de Timerman, y una vez en México, colaboró con distintos medios. Entre ellos, un semanario de actualidad política mexicana, fundado por Martín Luis Guzmán, en el cual Tununa se ocupaba de la sección de política internacional. Otra de las experiencias fundamentales de esos años fue su participación en Fem, la primera revista feminista en México, integrada por referentes como Alaíde Foppa, Elena Urrutia, Marta Lamas y Elena Poniatowska, entre otras. “Era una dirección colectiva, un trabajo muy interesante, significó entrar en México de una manera más viva, más real, con la problemática del feminismo mexicano. Participábamos mujeres de distintos campos y tenía un carácter monográfico. Al comprometerme con ese grupo, a pesar de ser extranjera, me sentía parte de un proyecto que tenía una serie de líneas, la despenalización del aborto fundamentalmente, y acompañar las luchas políticas del país de aquel momento. Una experiencia interesante, para mí fue un aprendizaje”. Su compromiso con la liberación de las mujeres se escurre de sus renglones y desborda los márgenes. Ha dicho, alguna vez, que la literatura es el camino de la verdadera libertad. También ha sido invitada a reflexionar en distintas ocasiones sobre la situación de las escritoras y, una vez más, analiza: “Hay como una especie de agremiación de las escritoras en la medida en que no siempre fueron bien tratadas por la crítica. No quiere decir que no se las considera, pero pienso que se les exige ser lo máximo para darles un lugar, y no es fácil terminar con esa discriminación. Hace 30 años era más radical, ahora siento que cada cual hace lo que puede, mi tendencia es a estar muy presente en la literatura de mis amigas y de las mujeres en las que creo”.

Por la comisura derecha de nuestros ojos, se cuela una vez más el piano, súbitamente silenciado con nuestra inesperada aparición. Tununa empezó a tomar clases hace poco, aunque está vinculada al fenómeno de la música desde el regreso a la Argentina, cuando la oferta de conciertos abundaba. Hace un tiempo, se tomó con sorna la propuesta de un músico conocido de tomar clases con él. “Por qué no venís a verme” / “Pero yo ya no puedo ponerme a estudiar música”. Pero fue. Y fue bárbaro, dice. “Es una experiencia que no creo que muchos la hagan, porque todo lo que se emprende es con un rédito, uno estudia-para… y ahora no se trata de eso, a los 73 años no se puede sentarse al piano por primera vez, es como una audacia. Pero empecé a tener una experiencia personal, con el sonido, con las notas, no es un método, es más espontáneo. Trabajamos con tres partituras, a partir de las cuales aprendo a colocar los dedos, independizar las manos. Ya en esa exploración yo puedo improvisar, hice un pequeño fragmento, que el maestro le puso ‘Invenciones 1’, y ahora esto haciendo ‘Invenciones 2’. Hay como una coherencia en lo que yo invento”.

Antes de finalizar el encuentro ya nos preguntamos si salir no será aún más difícil de lo que fue entrar. O más bien, si es que no nos queremos quedar. Mientras nos levantamos y nos sacudimos algún escalofrío perezoso del cuerpo, Tununa nos mira curiosa:

–  ¿Qué vas a hacer con todo esto?

Nada tienen los periodistas que celebrar

La profesión está vapuleada por la sangre. Más que un Día de la Libertad de Prensa, México tiene la urgencia de asegurarles la vida. Con 105 muertes en los últimos trece años, no puede haber ninguna fiesta.

 

Teodoro Rentería Arróyave firma lo que no querría firmar. No sólo no es un delirio: es tan real que duele. Es 10 de junio y nadie reparte tequilas o cervezas para brindar. Genera impotencia. Impotencia, dice la RAE, es la falta de poder para hacer algo. Y es impotencia. Pero qué quieren que haga. Si él, Presidente fundador y honorario de la Federación de Asociaciones de Periodistas Mexicanos (FAPERMEX), vicepresidente de la Federación Latinoamericana de Periodistas (FELAP), tiene la obligación de decirlo: en el Día de la Libertad de Prensa, no puede haber fiesta.

Desde 2000, 105 no es fiesta.

Desde 2000, 105 son los comunicadores asesinados.

Desde 2000, 105 son los que ya no hablan.

105. 105. 105. 105. 105. 105. 105. 105. 105. 105. 105. 105. 105. 105. 105. 105. 105. 105. 105. 105. 105. 105. 105. 105. 105. 105. 105. 105. 105. 105. 105. 105. 105. 105. 105. 105.

Hasta que se vuelvan 106.

Pero ese no es el eje de las discrepancias. A esta altura, al sol nadie lo tapa con las manos. Aunque, a veces, se le borronean los mensajes. La Comisión Nacional de Derechos Humanos de México saca un comunicado en el que anuncia que los muertos son 84. En un listado preciso que se encuentra en www.fapermex.mx, figuran 105 más una incorporación de 23 nuevas personas, que no aparecen en las nóminas oficiales: son 10 trabajadores de prensa, 9 familiares, 3 amigos de comunicadores y 1 civil, a quienes se los incorpora a esta lista a pesar de las concepciones de el ex presidente mexicano Felipe Calderón, quien planteaba que estos casos eran de “daños colateral”.

Pero, aún así, esa diferencia de números no es la que genera la mayor rabia: el 91 por ciento de los 143 casos son impunes, tan sólo 27 fueron los que llegaron a la Justicia y sólo en 12 se ha dictado sentencia.

“Honduras, México y Siria son ahora los países más letales para el periodismo”, escribía hace unos meses Ernesto Carmona, Presidente de la Comisión Investigadora de Atentados a Periodistas (CIAP). Lo hacía un año después de que Irina Bokova, directora de Unesco, anunciara que el 2012 había sido “el año más mortifero para el periodismo”. Janis Karlins, subdirector de Comunicación e Información de la organización, planteaba que “los países que desgraciadamente encabezan la lista de naciones en donde más periodistas se asesinan son México (…) y Honduras que tiene el triste honor de encabezar, por un lado, el número más grande per cápita de asesinatos de periodistas y, por otro, ser el país donde más se asesina per cápita en el mundo (92 homicidios por cada 100.000 habitantes)”.

Y, en eso, caben una serie de preguntas de las más difíciles: ¿la muerte es política? ¿la muerte es ideológica? ¿las muertes, estas muertes, son mafiosas? ¿las mafias son política? ¿las mafias son ideología? ¿las mafias son partes necesarias del sistema?

Con buenas intenciones de debate, Mariano Tenconi Blanco, en el primer número de la interesante revista argentina Don Julio, realiza una entrevista con una de las mejores plumas de este planeta. El periodista y escritor Juan Villoro lo espera en Colonia Coyoacán para hablar de Menotti, de Bilardo, de Guardiola, de Mourinho y del Barcelona. Es vox populi que Villoro es mucho más que amable. Por eso, adentrado en la charla, el entrevistador se anima a enunciar una pregunta de la que no espera recibir un cachetazo. Valioso cachetazo que termina siendo un gran logro del periodista:

– El periodismo es otro de tus oficios, y hay un debate en la Argentina sobre el periodista que defiende al monopolio y a los grupos económicos, y el periodista que tiene ideología partidaria y milita desde su rol de periodista.

– No puede haber periodismo indiferente. Todo periodismo, en menor o mayor medida, es militante. El periodista no puede ser ajeno a la realidad y debe pronunciarse ante ella. (…) México es el país más peligroso para ejercer el periodismo. Tiene otros enemigos, como el crimen organizado y sobre todo en las zonas donde se conecta con el poder. No te mata un capo de la droga, te mata el político al que puedes poner en evidencia o el empresario que lava el dinero. No los malos, sino los que parecen buenos. Esos serían, entonces, los tres jinetes del apocalipsis para el periodismo.

 

Dice Villoro, involucrando dos elementos centrales: el pueblo y el poder. La sociedad y los funcionarios. La gente y el crímen. El individuo y las mafias. Todos y las mafias. Todo porque todos son parte de la realidad. Porque todo, en cada paso, es política.

“Nada tienen los periodistas que celebrar”, dice el comunicado de la FAPERMEX. A Teodoro Rentería Arróyave no lo desencaja del todo porque desde 1983 anunciana lo mismo. A México, en sí, no lo desencaja del todo, porque lleva más de una década sintiéndolo. A todos, claro, los que no descubrieron hace poco que el periodismo siempre fue militante, tampoco los sorprende.

“Nadie será libre mientras haya peste”, escribió Albert Camus en La Peste. Junio tuvo, también, el día del periodista en Argentina. Acá, allá, donde sea: la libertad es una deuda pendiente.

En la fiesta de las mafias, no hay fiesta.periodistasmexico

Tomala vos

Manual para entender las razones de la toma social de inmuebles. Cómo debe comportarse para ser parte y qué debe hacerse para sostenerse en el tiempo como una forma viable de hacerse con el derecho constitucional de vivienda digna.

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Según estadísticas que publica la propia Dirección de Estadística y Censos de la Ciudad, el Instituto de la Vivienda de la Ciudad (IVC) no construyó una sola casa en los últimos tres años.

En ese mismo período, según los resultados del último censo de la ONG Médicos del Mundo se habría duplicado la cantidad de personas que duerme en la calle: pasó de 674 durante la temporada otoño-invierno de 2009 a 1283 en el mismo período de 2012. La Fundación Sí calcula que ya son cerca de 1400 personas.

Hace un año, Mauricio Macri brindó una conferencia para ofrecer datos propios. Sostuvo que según un operativo que compara el período 2009-2011 hubo una disminución del 35% de las personas en situación de calle: de 1356 a (nada más) 867 personas en 2011. Ésa fue la cifra que redondeó el gobierno porteño por última vez.

Paco Urondo sentenció: la única verdad es la realidad.

La Asamblea del Pueblo de San Telmo cumple 11 años participando en procesos de recuperación de viviendas junto a familias en situación de calle. Gestiona dos comedores gratuitos, dos restaurantes populares, un centro cultural y el mercado de San Telmo como estrategias de contención. En esos espacios circulan no sólo personas sin vivienda sino obreros de la construcción, vendedores ambulantes, motoqueros, empleados precarizados, prostitutas, personajes variados que tienen un factor común: la calle. Con ese termómetro de la realidad, el referente Rubén Saboulard dice: “Las dos cifras me parecen equivocadas”.

Hace cuentas:

-Tenemos un promedio de 250 a 300 personas que comen en la Asamblea todos los días.

-No creo que ahora sea peor que hace un par de años, yo creo que se estabilizó. Me da la impresión que el pico fue hace un año y medio-dos, la época en que el parador estaba repleto.

-El año pasado el Gobierno de la Ciudad otorgó 12400 subsidios habitacionales.

-Lo que sí he visto es un aumento importante en la ocupación de viviendas. Y eso que se sacó gente de la calle. En la Justicia de la Ciudad están ingresando un promedio de dos denuncias de usurpación por día, lo cual te da en 200 días hábiles un total de 400 usurpaciones anuales. Siendo pesimista, si cada ocupación involucra 8 familias, son casi 4 mil personas que ocupan viviendas.

La calculadora mental de Rubén determina: “Hay un promedio de 5 mil a 6 personas en situación de calle”.

La anécdota de los números revela las diferentes formas de encuadrar y leer la realidad. Las cifras vuelven impersonales a las personas y enfrían sus historias, que es de lo que, al fin, sabe Rubén: “El 90% de la gente que vive en la calle se nuclea en siete u ocho barrios de la Ciudad: Constitución, La Boca, San Telmo, Congreso, Monserrat, Retiro, Balvanera-Once y algo de Barrio Norte. Entonces depende de cómo hagas la medición, dónde y hasta en qué momento del año, vas a tener una imagen distorsionada”.

Los subsidios habitacionales también aportan a esa distorsión: que no estén en la calle no significa que tengan resuelto el problema de la vivienda. Esta política encarna una contradicción constitucional: el Estado, que debe garantizar el acceso a una vivienda digna, reconoce su falta y la emparcha. La cifra máxima del subsidio es de $1200; el tiempo, durante seis meses, renovable otros cuatro.

¿Y después?

Comedores, iglesias, baños públicos forman parte del circuito cotidiano de quienes no tienen techo y necesitan comer y bañarse. “Es como las palomas: si vos tirás maíz acá, dentro de un mes tenes 500 palomas. En la calle, ¿dónde vas a estar? Cerca de los comedores, de las iglesias que permiten bañarte, donde la cana no te puede golpear… Y de día en los lugares donde se saca una moneda: limpio parabrisas en los semáforos, cuido autos, limpio vidrios en los negocios, mendigo, malabares… Si hago eso en Mataderos o Floresta, me muero de hambre”.

Los comedores de la Asamblea del Pueblo no son como cualquiera: “Acá comes carne todos los días, 150 gramos de carne o pollo, una sopa que se puede repetir y una fruta”, cuenta Rubén, orgulloso. Los llamados “restaurantes populares” no son en cambio gratuitos pero apuntan a trabajadores de bajos recursos: “Por 20 mangos comés un plato de sopa, un plato de comida con algo de carne, jugo, pan, postre y café”.

La fórmula de la Asamblea del Pueblo no la tiene ni Moreno. Lo que cuenta Rubén no es una propaganda sino la demostración de la gestión de los recursos que el Estado debe darle a los comedores comunitarios por problemas que no soluciona, como sucede en el caso de los subsidios habitacionales. El embudo de responsabilidades que toma la Asamblea va desde la comida de los comedores hasta empleos sostenidos (tareas gastronómicas en los comedores, un puesto en la feria de San Telmo), pasando por las tomas de vivienda para las familias más necesitadas.

“Acá no entra cualquiera, como a ningún lado entra cualquiera. No entrás borracho, no entrás fisura, no entrás gediondo”, enumera los mandamientos Rubén. “Porque una cosa es que no tengas dónde comer y otra es que le cagues la comida a una familia. Y la verdad es que no tenemos casi incidentes. Alguno por mes, cuando vienen a resolver en la puerta del comedor la pelea que tuvieron la noche anterior… Bueno, esos no entran. Los que hacen quilombo pierden: la mejor disciplina es esa, es muy importante lo que podés perder, entonces es mejor hacer buena letra”. Los mejores alumnos terminan vinculados al resto de los movimientos de la Asamblea, laboral, temporal y sentimentalmente.

Otro dato clave en esa construcción: no sólo es necesario mantener cierto orden dentro, sino quedar bien con los de afuera. “El comedor no jode al barrio. Como acá entran 40 a comer por turno, siempre tenés gente esperando. Pero, ¿qué conseguimos? Que no le meen la puerta al vecino, que no se pongan a fumar un porro o escabiar ahí… ¿Qué culpa tiene el vecino de que el tipo está en la miseria? Es más, el vecino nos ayuda a nosotros a sostener el comedor”.

Las relaciones más ásperas que mantiene la asamblea no es con propios ni ajenos, sino con los de más allá: el Estado, en sus variantes. Los puntos críticos de esta relación se cristalizan en los procesos de recuperación de viviendas.

Paso a paso

-Nosotros vamos con un plan que incluye ya tener los volantes diciendo que hay un grupo de familias desesperadas viviendo en la calle… Y le avisamos antes a los abogados, a los organismos, a todos que esa noche va a haber una movida.

-Cuando vamos ya sabemos quiénes van a ir a vivir. Cuando ocupamos la de México 743 tuvimos antes acá a las 15 familias que iban a ir a vivir.

-Una vez que entrás, los vecinos generalmente llaman a la Policía, que pasa ese día. La comisaría 2° es muy especial, es la que tiene el mando político de los principales centros políticos de la Ciudad: la Legislatura, la Jefatura de gobierno y Plaza de Mayo. Por lo tanto el cana que está ahí es un cana muy monitoreado, es un cuadro político de la cana… El que está en la 4°, ése es un carnicero, narco… Yo no digo que haya canas buenos, ¿está claro? Simplemente hay diferencias por el rol que cumplen: los de la 2° son canas que con organizaciones sociales son muy cuidadosos.

-Una vez adentro, organizás la casa: si tenés cuatro pibes, no podes estar en este sucucho. Vos estás solo, vas con aquél… Armás la distribución de tareas, ponés la luz, el gas, la limpieza, fijás un criterio de convivencia, y elegís uno o dos delegados. A partir de ahí hay que resistir la puerta: el dueño va a intentar venir con los matones, con la cana, con quien sea. Pero una vez que entramos a Tribunales ya estamos en otra historia: empezás a pelearla, a discutir los derechos del niño, pedís que venga el asesor tutelar, hay un montón de recursos que te permiten estirarla. El otro dia Garabano decía que el promedio de desalojo es de seis meses, y no es así, el promedio de desalojo está en más de un año.

Sin embargo, hay veces que las estrategias cambian, los planes se desmoronan y es necesario el ingenio: “Una vez, sabíamos que había una casa libre y teníamos a 15 familias en la calle – relata Rubén-. Le pedimos al propietario alquilarla y nos dijo que no. ¿Qué hicimos? Alquilamos un colectivo, cargamos las viejas, los perros, los colchones, los pibes, todo. Murillo al 600, bajamos del colectivo, acampamos en el comercio del tipo en plena temporada navideña, una casa de camperas de cueros que valían como 10 lucas… El tipo salió enardecido a putearnos, llamó a la cana…. Al día siguiente, fuimos otra vez e hicimos una olla popular en frente del negocio. Finalmente nos terminó alquilando la casa por 60 mil pesos por año, pagando anticipado. Hasta el día de hoy estamos en la casa, ahora estamos pagando 90 lucas por año. 90 lucas dividido por 22 habitaciones te da menos de 5 lucas por año”.

México 640

¿Qué métodos son los legítimos para hacer cumplir la ley? ¿Quién tiene la culpa de ello: el comerciante o el Estado? ¿Quiénes son las víctimas: el comerciante o las familias? ¿Quiénes son los victimarios? ¿Dónde carajo terminan las preguntas?

La Asamblea del Pueblo mantiene cinco ocupaciones asentadas, entre ellas los comedores, el centro cultural y un enorme galpón donde planean abrir una sala de teatro con una capacidad de 80 personas.

En algunos casos, como la propiedad del comerciante de las camperas de cuero, negociaron con los propietarios alquileres a muy bajo precio que entienden las situaciones límite de las familias. En otras, las casas están envueltas en litigios legales que permiten la ocupación y apropiación de la vivienda.

…como lo demuestran Luisa y José.

Detrás del comedor, México 640, viven doce familias desde hace seis años: señoras mayores, bebés, matrimonios, niños.

La casa es una estructura antigua de techos altos, patio interno y ambientes espaciosos. Una parra decora el cielo y se mete adentro del baño: acaban de hacer un baño nuevo sobre este árbol – único lugar posible- para agilizar las aseadas mañaneras previas al trabajo.

Luisa, 65 años, en la puerta de su cuartito tiene un cartel: “La casa de la Gata Flora”.

Se levanta a las seis de la mañana para arrancar la comida del mediodía: es la cocinera del comedor de la calle México.

Fue, antes, cocinera de clínicas de salud privadas y delegada: pasó raspando la dictadura.

“Yo tenía mi casa en Burzaco, murió mi marido, quedó una hija, me dejó más deudas… todavía estoy pagando. Viví muchos años en hoteles, en el último tuve problemas y ahí conocí a la asamblea. No me alejé más”.

La casa de la Gata Flora, con todo respeto, es un cuartito de espacio bien resuelto: cama, muebles, cocinita, mesa, espejos y hasta una computadorita. Estampitas, rosarios, fotos de los hijos y de los nietos. “Pieza de vieja”, lo dice ella.

José se ríe. Estaba acompañándonos en la visita. Él vive en otra casa tomada, un galpón que comparte junto a otras 17 familias.

“Viví mucho tiempo en paradores. De ahí conocí a un grupo de gente que ahora también está viviendo conmigo”.

“Caímos en un mal momento de la vida, nos juntamos y salimos”.

“Estuvimos alquilando un tiempo cerca de La Plata, después nos vinimos para acá. Ahí conocí a la asamblea, de venir a comer… Nos dieron una mano grandísima”.

José es el encargado del comedor: de lunes a sábado, del desayuno a la cena.

Pasó el mediodía, José está libre. Nos acompaña en la recorrida.

Rosa está libre, y contenta: las visitas la animan.

Pero no pierde seriedad: “Hablando en lunfardo, el gobierno nos dio una patada en el culo y que nos arreglemos”.

“Nos arreglamos”.

Luisa y José se dan un abrazo.

mexico600final

Las 132 razones políticas del Twitter

Las redes sociales explotaron en México y se transformaron en un factor determinante para las elecciones del 1 de julio. Luego de una discusión con el Macri mexicano, ese que no es del PRO sino del PRI, estudiantes de una universidad armaron un hashtag que decía: #YoSoy132. Cómo tuitear se volvió en la tierra de las aztecas un arma política.

Imagen: NosDigital

Cada vez más, y sin que nadie se anime a predecir un límite, las redes sociales determinan, con su peso silencioso y ubicuo, la vida de las personas. Sin embargo, y por más que todos estemos de acuerdo en ello, lo que está sucediendo en México es un fenómeno que no se había visto antes. Allí, una movida que empezó en el baño de una facultad y que combina Facebook, Twitter y Youtube está cambiando profundamente el mapa y el rumbo de las elecciones presidenciales, que se llevarán a cabo el 1 de julio en ese país y que, ahora, mediadas por la tecnología, se presentan con un futuro incierto. En un territorio de 67 lenguas, 2 millones de kilómetros cuadrados y 112 millones de personas, el nombre de la revolución empieza con un asterisco y termina con un número. Se llama #YoSoy132

Todo arrancó el 11 de mayo de 2012. O, en realidad, mucho antes; con una proclama de Zapata, o con la maldición de la Malinche. Pero ese 11 de mayo, Enrique Peña Nieto fue a la Universidad Iberoamericana del Distrito Federal, una universidad privada, a dar una conferencia. Peña Nieto es el Macri mexicano: no es del PRO, pero es del PRI. Es un tipo joven, apuesto, exitoso y neoliberal. El favorito de la televisión, las encuestadoras y el establishment: hasta ese día, llevaba 25 puntos de ventaja en todos los sondeos. Y no tenía rival. Pensaba que en un país asustado y en guerra cruenta, permanente y connivente con el narco, tener los medios de comunicación de su lado y hacer un par de promesas floridas, lo elevaba casi al rango de salvador. Bastante razón tenía.

Pero, entonces, ese día, día 44 de apática campaña –son 90- Peña Nieto terminó su disertación. Salió de la facultad. Y se encontró con que allí lo esperaban algunos estudiantes, todos con pancartas, todos gritando. Le recordaban los disturbios de Atenco, aquella brutal represión a vendedores de flores, que terminó con dos personas muertas y varias mujeres violadas y torturadas por la Policía. Le recordaban que, en ese momento, 2006, el Gobernador del Estado de México –equivaldría al GBA- era él. Y no querían que olvide, ese galán millonario y casado con una actriz de telenovela, que entonces era él quien había ordenado la matanza… ¿Quién podría olvidarse de algo así, no? Por las dudas…

Volvemos a la escena, entonces. Lo tenemos a Peña Nieto, que carga en sus espaldas con Atenco, saliendo de una universidad privada y prestigiosa. Es 11 de mayo y se cruzan en su camino estudiantes que le reclaman. Sigue la escena. ¿Qué hace el candidato? Quiere huir. Se encierra en un baño. Se escucha “Cobarde”. Y acá, entra la tecnología. Todo queda filmado en un video, gracias a un celular. Se sube a Youtube. 175 mil visitas. Hashtag: #LaIberoNoTeQuiere. En un país con 150 mil muertos en la guerra contra el narco, ¿nos va a gobernar un tipo que se esconde en un baño frente al reclamo de un grupo de adolescentes?

La pregunta empezó a circular. Y circuló. Y al día siguiente, apareció el video que cambió todo, ese que supo capitalizar, muy inteligentemente, el descontento espontáneo y convertirlo en energía constructiva: #YoSoy132. Parecía, hasta ese momento, que los que estaban en contra de Peña Nieto eran los “nadies”, los marginales, los revoltosos. Todos los sin voz. Pero en el video, 131 estudiantes de la Iberoamericana –recuerden: una privada-, credencial en mano, decían su nombre y decían, entonces “Yo soy”, o “Soy yo” y, además, “Yo estoy en contra”. Eran 131. Y vos que estabas viendo el video, eras un 132. El 132.

Y se sumaron actores. El hashtag se mantuvo en Twitter por mucho tiempo primero a nivel mexicano y varios días entre los primeros a nivel mundial. No había con qué darle, no había –no hubo- cómo sacarlo. Televisa y TV Azteca, que manejan el 95 por ciento de la televisión mexicana y quieren que gane Peña Nieto, al principio no le dieron ninguna entidad, pero no aguantaron. La fuerza era tal que, más no fuese para denostarlo, al duopolio no le quedó otra opción que empezar a poner a #YoSoy132 en pantalla. Y entre todos los 132, todos cada vez eran más. Se agregaron también cantantes, artistas, hicieron videos, difundieron en Facebook. Se sumaron más estudiantes. Se sumaron, se sumaron. Y el 19 de mayo, 45 mil personas marcharon en la capital del país contra el galancito. Convocaba #YoSoy132, o sea convocaba nadie. O todos. Algo así como Anonymous, como los Occupys, no hay cabeza visible. Pero había muchas ganas de cambiar.


Después del 19-M, el movimiento avanzó. Y lo que en un principio, era apartidismo, se terminó convirtiendo en apoyo a un candidato. El debate es complicado, y es el debate, hoy, de las organizaciones contrahegemónicas. ¿Qué papel jugamos respecto al Estado? ¿Es posible denunciar al sistema, pero sin proponer otra alternativa? Y esa alternativa, ¿La construimos desde el mismo sistema o mejor desde afuera? La decisión fue muy arriesgada. Pero el movimiento dejó de lado su retórica antisistémica y se volcó con Andrés Manuel López Obrador. AMLO fue el candidato de la izquierda que, en 2008, perdió, por fraude, con la derecha de Felipe Calderón. Sostuvo por más de un mes un “México paralelo” con sede en el Zócalo, la plaza central del D.F, y después se esfumó. Este año, había reaparecido y, aunque seguía representando a la izquierda –qué palabra tan compleja-, sus propuestas eran mucho más light. También su retórica, muy descafeínada. Y más aún su intención de voto, que venía en picada hasta que los nadiesacudieron en su ayuda. Ahora, las encuestas lo dan cada vez más cerca a Peña Nieto. Al iniciar la campaña estaba comodísimo en el tercer lugar, por detrás incluso de Josefina Vásquez Mota, del gobernante PAN.

Esto es #YoSoy132 hoy, a un mes de su aparición y algunos días de su vuelco hacia AMLO. Tienen una página: http://yosoy132.mx/. Juntaron 90 mil personas en un recital, en el que tocó Julieta Venegas y habló Camila Vallejos. Lograron que los cuatro candidatos presidenciales (al principio, no los mostraban ni en la tele) concurran a un debate presidencial, de su organización, que se transmitirá en vivo por Youtube. No es un vocablo simple, ni gratis para usar, pero, realmente han generado una revolución. Generamos, diría un estudiante de allá. Una revolución anónima, que escribe en grafittis pero también en muros virtuales. Escriben, por ejemplo, sobre lo que implica aliarse con Molotov (“sus letras objetivan a las mujeres, todas son putas y nalgonas”) o sobre las razones para ser uno más. Escriben, escriben, opinan. Participan. Se animan.

A todo esto, stop: Peña Nieto sigue liderando, y los aliados que tiene consigo no son fáciles de ningunear. De hecho, son LOS aliados. El tipo tiene los canales más importantes consigo, tiene todo. En muchos rincones del país, no hay internet, no hay universidad. Es factible que triunfe. De hecho, mucha gente recuerda en Colombia, en las elecciones de 2010, la Revolución Verde, hecha también de jóvenes y red social, que pareció erigir a AntanasMockus por encima de Juan Manuel Santos y, al final, el día de la votación, perdió por mucho. Pero ahora no es lo mismo, y el resultado, de última, no será lo importante. O sí, porque los próximos cuatro años son cuatro años en la vida de todas las personas. Pero, por detrás de eso, y aunque parezca verdad de Perogrullo, se percibe algo que se está modificando. ¿Qué? Plaza Tahrir, Túnez…La revolución, se titula un filme, no será televisada. Pero, ¿Será twitteda? ¿Se acuerdan del lema de Obama, “Yes, we can”? En México, dirían “Sí, podemos”. ¿Quiénes podemos? Los 132.
1 de julio, 9 AM, empieza el conteo. El conteo, que no es el proceso. Repite respuesta de antes: nosotros, los 132.

El retorno del Rey

Segunda entrega de Revoluciones en la preindependencia americana. Tiene lugar en América Central, en un rincón de la península de Yucatán. El valor de la resistencia al poder colonial español desde la experiencia de un lider mesiánico.

Dibujo: Nos Digital.

Para fines de 1761, un extraño personaje comenzaría a dar que hablar en la península de Yucatán. Que podía volar y revivir a los muertos, que era el rey Moctezuma que volvía para reclamar sus tierras como profetizaban los textos sagrados, que era mayordomo de Jesús de Nazaret, como él mismo se presentaba. Todo esto y más se decía sobre Jacinto Canek, líder del levantamiento mesiánico que alborotaría la vida colonial en Centroamérica y pondría de rodillas a más de un español.

Jacinto Uc de los Santos, o Jacinto Canek para la posteridad, fue un peregrino, un transeúnte que vivía de mendigar ofreciendo a cambio su don de la adivinación, de la medicina y la magia. Una rara figura que deambuló por todo Centroamérica y el Caribe dándose a conocer como chamán o  como mismísimo servidor de Jesucristo. Pero su nombre no habría sobrevivido al paso de los años si el 19 de noviembre de 1761 no hubiese entrado a la ciudad de Cisteil en Yucatán –actual México- proclamando el fin del gobierno español y el inicio de su reinado, con tan solo 30 años y ninguna ligazón con las elites mayas.

Pero, por qué creerle, se preguntaban los mismos lugareños. Canek, se encargó de desvanecer las dudas, primero quemando los recibos del pago de tributo, luego proclamando que todos los bienes del gobierno colonial le pertenecían. Solo un rey se hubiese osado a confrontar y atacar así a los conquistadores. Su oratoria y sus conocimientos como chamán terminaron de quitar cualquier indecisión. La primer medida que tomó fue la de ordenar matar a todos los chanchos, ya que estos seres inmundos contenían las almas de los opresores y mediante este sacrificio les permitirían a los guerreros asesinar a sus contrincantes. Por último, sería proclamado Emperador en la iglesia local, colocándose en su cabeza la corona de la misímisima Virgen María. Se iniciaba así la lucha por el poder regional.

Las causas del levantamiento tienen que ser vistas tanto en clave económica, como político-cultural. Es verdad que los indígenas estaban sumidos en un régimen de explotación y opresión muy alto, acosados por pago de impuestos, trabajos rotativos e incluso pérdidas de tierras comunales en manos de las elites criollas, proceso revitalizado en la segunda mitad del siglo XVIII. A esto se le debe sumar la concepción maya del tiempo: no se trataba de una línea recta evolutiva, sino, al contrario, era cíclica, donde las eras y los hechos se repetían una y otra vez. De modo que la conquista española habría de acabar para volver, otra vez, a la dominación maya. Durante la rebelión no “estaban resistiendo a la autoridad; la estaban reclamando para sí mismos.” (pp. 7, cap. 1)

El primer intento de represión sería desastroso: un mísero contingente de veinte españoles armados intentaron entrar a Cisteil. Solo cuatro se salvaron. La victoria no haría más que reforzar la popularidad del nuevo monarca, generando pequeños alzamientos y acciones colectivas en todo el sur mexicano. El temor de las autoridades coloniales, las elites podían perderlo todo en manos de sus sirvientes naturales.

Mientras tanto, Canek organizaba su gobierno, nombrando capitanes, sacerdote, administradores. Nacía un poder paralelo. Y a montones, campesinos, artesanos y comerciantes indígenas llegaban a la zona para mostrarle sus respetos y su obediencia. Las filas del ejército se ensanchaban a cada minuto. ¡Había que defender los triunfos obtenidos!

Siete días habían pasado antes que llegué la batalla decisiva para ver cuál de los dos grupos sería el que monopolizaría el poder. Esta vez, las fuerzas dela Coronallegaron al campo con quinientos efectivos y dos cañones. Frente a ellos, los soldados del nuevo Rey Moctezuma, los esperaban con machetes, palos y hondas…

El olor a pólvora inundó el ambiente. Los soldados coloniales habían sido informados por un espía sobre el punto débil de la fortificación de Cisteil y éstos, la aprovecharon. El enfrentamiento había culminado. Los siguientes días fueron dedicados a la búsqueda de fugitivos, su enjuiciamiento y posterior encarcelación o ejecución. La suerte para Jacinto Uc de los Santos Canek no fue la mejor: atado de cada extremidad, sería atacado con azotes y cuchillas hasta su muerte. El cadáver, expuesto, pensando que tal vez así, los indígenas jamás volverían a reclamar el gobierno para sí mismos.