El baile de las escobas justas

El ciclo “Marzo, mujer y memoria” se estrenó con fiesta y carnaval: centenares de mujeres marcharon por el centro de la Ciudad de Buenos Aires llevando las escobas que barren las injusticias y que nunca estigmatizan. Música, poesía y baile en una tarde-noche que dio comienzo a una serie de actividades que articulan la lucha de género con la memoria activa y presente.

Día internacional de la Mujer Trabajadora – Día 8
–  Marzo
Día Nacional de la Memoria por la Verdad y la Justicia – Día 24

escobasEl ciclo “Marzo, mujer y memoria” propone puentes y remata su nombre con “Arte y conciencia” como eslabones de unión. Desde el 6 hasta el 22 de marzo, una grilla de actividades le pone cuerpo de mujer al Auditorio Kraft, apuntando directo a las sensibilidades. El primer encuentro sale a festejarse a la calle. Mujeres y mujeres y algunos varones llegan a la puerta del auditorio en Florida al 600. El movimiento empieza a tomar forma. Durante la tarde, y hasta que llegue la noche, la propuesta va a tomar diferentes cuerpos y objetos. Poesía, cuentos susurrados al oído, batucadas y clowns son la previa a la “Marcha de las escobas”, una performance artística que propone barrer las injusticias transitando el centro porteño hasta el escenario que espera en Plaza San Martin.

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20.00hs – Susy Shock- ¿Quién es?: “-Soy arte- digo mientras revoleo las caderas y me pierdo entre la gente y su humo cigarro y su brillo sin estrellas y su hambre de ser… travesti outlet bizarría del ángel o el cometa que viene a despabilarte el rato que estemos, el rato que nos toque en suerte transitar”, dice su blog.

–       ¿Cómo relacionas la identidad de género con la memoria, verdad y justicia?

–       Yo no sé cuál es la connotación que puede tener la palabra identidad, la palabra femeneidad, la palabra memoria en otro lado del mundo, pero para nosotros y nosotras nos atraviesa en muchos sentidos. Más allá de la lucha puntual de las personas trans para que se nos respeten las identidades autopercibidas, estamos atravesados y atravesadas por una dictadura que ha dejado todo un tema de identidades expropiadas. Todavía hay que seguir buscando. Como sociedad todavía estamos medio rengos y rengas para continuar. Nos cuesta mucho a las personas trans decir soy esto y que se acepte. Pero, también es muy terrible transitar en identidades mentirosas, en identidades que te exigen y que te imponen. Cualquiera puede ser, a cualquiera le pudo haber pasado y eso hace en principio que nos mantenga muy vivos. Hay algo que todavía no se cerró y en otras sociedades es un síntoma de no se habla más y no se hace más nada. Sin embrago, acá, aún en los peores años de impunidad, siempre fue la gran ejercitación recrear los modos de resistir y continuar y no quedarse con esas llagas abiertas.

–       ¿Cómo juega el arte en la construcción continua de la memoria?        

escobas–       Las personas trans y todas las organizaciones de la diversidad hemos aprendido fundamentalmente de la militancia de las organizaciones de Derechos Humanos. Estamos absolutamente ligados a poner el cuerpo, a ese modo de estar en la calle, de hacer una acción donde el propio cuerpo es la bandera del reclamo. En cuanto al arte, no entiendo un arte que sea político y otro que no. Todo arte es político aun cuando se dedique solo a divertir, de la manera más prosaica y más frívola. Aún así está siendo arte político, que se encarga precisamente de esa otra parte, que es la que anestesia en muchos sentidos.

–       ¿Qué te gustaría barrer con tu escoba?

–       Todavía hay mucho machismo que tenemos que barrer, desde adentro mismo, desde nosotras mismas inclusive. Ese machismo que a veces seguimos construyendo cada vez que nos toca criar hijos e hijas. Ese machismo que nos hace ver a las pares a veces en sospecha, en competencia. Ese machismo que regula en serio muchos sentidos y muchos deseos.

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18.00hs. “Si alguien no me dice que sobrevivirá una migaja, aunque sea pleno día, voy a ponerme a gritar”, las palabras de la poetisa Juana Bignozzi llegan desde la punta de un tubo de madera. Una mujer del otro lado, promedia los setenta años, y vestida de blanco, ofrece regalar la lectura al oído de quien esté dispuesto a recibirla. El muchacho se saca los auriculares y se dispone a escuchar. La señora reclama: “Quiero más poesías”. La joven dice que está apurada que no puede frenar. El niño abraza a la señora de blanco. Muchos sacan fotos, todos giran, los bombos están por salir.

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21.00hs – Miss Bolivia – ¿Quién es?: “Armada hasta los dientes con lírica incendiaria y comprometida, Miss Bolivia despliega un mensaje de emancipación y llamado a la reconexión natural con un combo que arrasa: sonidos de barrio con mensaje directo, ultra bailable y versátil.”, dice su FanPage.

–       Tu tema “Rap para las madres” atraviesa los tópicos de esta jornada: mujer y memoria.

escobas–       Para mí es un himno que canto personalmente para homenajear y reconocer a las madres como mujeres maestras de la perseverancia y de la lucha. Desde mi historia personal lo que intento es narrar la historia nuestra como pueblo, sin ambiciones de ser portavoz pero sí de contar mi humilde historia.

–       ¿El arte puede correrse de ser un hecho político?  

–       El arte es política por definición. Cada hecho artístico, cada hecho estético es un acto político, como cada pequeño acto de la vida del ser humano. Mi música como acto estético es un acto político, eso no quiere decir que sea partidario.

–       Siguiendo con la idea de la marcha de las escobas, ¿te gustaría barrer algo?

–       Yo me convertiría en una barredora profesional y creo que de a poco lo estamos haciendo. Nosotros barremos con la lengua,  no tenemos escobas. Me interesó mucho la propuesta por la resignificación del objeto, la escoba para barrer como acto revolucionario y de resistencia, no es lo mismo que la escoba de la ama de casa, mujer oprimida, explotada, con un trabajo de riesgo no remunerado. Yo pienso que hay que resignificar, usar las armas que han sido utilizadas para nuestra opresión como herramientas y armas de emancipación.

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19.00hs. Con la cara pintada marcan el ritmo. Son mujeres de TUMMBanda las que suenan potente en la peatonal porteña. Rompen el círculo cuando las escobas se disponen a intervenir las calles.

Eugenia, desde la organización, explica: “En 1907 hubo un aumento terrible en los alquileres de los conventillos de La Boca y las que salieron a pelearla fueron las mujeres con sus escobas y sus hijos. Esta recreación que hacemos significa eso.  Cada una tiene su lucha, sus ganas de pelear. Es una forma de sumar a todas. Que vengan a barrer lo que crean que son las injusticias”.

La marcha late bajo las escaleras del auditorio. Llegará hasta el escenario donde esperan Susy Shock y Miss Bolivia en plena Plaza San Martin. Un primer grupo se asoma agachado. De blanco, son los clowns con narices de payasos y sonrisas de hoyito a hoyito en las mejillas. El segundo grupo de mujeres llega al rato. Están vestidas de violeta y negro. Llevan escobas en sus manos, respiran profundo inflando el pecho y mantienen la espalda y la mirada firmes. El ciclo empieza a oscilar entre el movimiento y la serenidad. Explota un grito de guerra, que también es grito de fiesta: hay que bailar barriendo injusticias.

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Una para festejar

El ex destacamento de Lomas del Mirador, donde desapareció Luciano Arruga, fue cedido parcialmente a sus familiares y amigos que ya planean convertirlo en un espacio de defensa de derechos humanos.

Antes de septiembre de 2007, la seguridad de Lomas del Mirador estaba a cargo entre otras de la Comisaría 8°, que durante la dictadura funcionó como centro clandestino de detención y tortura conocido como “Sheraton”, entonces dirigido por Leopoldo Luis Baume, responsable de la desaparición, entre muchos otros, de Héctor Oesterheld.

En esa fecha, a pedido de una serie de vecinos nucleados en VALOMI (Vecinos en Alerta de Lomas del Mirador), el intendente Fernando Espinoza inauguró un destacamento policial que funcionaría como “base de operaciones” de la 8°, y reforzaría las medidas que tendían a generar “más seguridad” reclamada por los vecinos. El lugar elegido para el destacamento fue una casa de tres ambientes y un pequeño parque sobre la calle Indart, a pocas cuadras de dos lugares picantes señalados por VALOMI: la villa Santos Vega y el asentamiento 12 de octubre.

En una esquina de la 12 de octubre vivía Luciano Arruga junto a su madre Mónica y sus dos hermanos menores. En diagonal, a 50 metros apenas, hay un chalet de dos pisos y camioneta que pertenece al repartidor de panes Fargo Gabriel Lombardo, fundador de VALOMI, y agitador explícito de la criminalización de la pobreza y los reclamos de mano dura.

El chalet del comerciante supo ser sede de la campaña provincial de Francisco De Narváez  – cuando le terminó ganando a Néstor Kirchner- y también de generosos asados a los efectivos policiales del destacamento, según relatan en la zona.

Lombardo se encargó de salir en los medios contando que lo habían asaltado 39 veces y asegurando que “los malandras están en las villas”.  Cuando desapareció Luciano también filtró versiones acerca de que el joven estaba en Córdoba o en alguna de las villas de Capital, desestimando toda implicancia policial. Pocos días después, en febrero del 2009, asesinaron en Lomas del Mirador al florista de Susana Giménez; el hecho, que puede resultar anecdótico, fue aprovechado por la conductora para alardear los discursos de mano dura promovidos por Lombardo y VALOMI, y sellar una manera de concebir la “seguridad”.

Por el crimen del florista Gustavo Lanzavecchia hubo dos condenados a perpetua, mientras que todavía se sigue buscando dónde está Luciano Arruga.

¿Seguridad para quién?

Vanesa Orieta, hermana de Luciano, cuenta de qué se trataba la “mayor seguridad” en manos del destacamento: “Esa policía era la encargada de generar una seguridad para un sector acomodado mientras que para el otro lo que había eran detenciones arbitrarias, palizas, propuestas para delinquir y persecución”.

Vanesa ya no recuerda cuándo fue la primera vez que fue al destacamento de la calle Indart: “Iba cada dos por tres para buscar a mi hermano o a otro pibe porque me pedían ayuda”.

La seguridad que proveía el destacamento puede leerse a través de dos sucesos ocurridos en septiembre de 2008:

-Conocidos de la villa Santos Vega presentaron a Luciano y sus amigos a un hombre de pelo corto que manejaba un auto blanco. Mónica Alegre, la madre de Luciano, lo vio en la parada con los pibes y se extrañó; cuando le preguntó a su hijo, éste le confirmó que “estaba pasando algo” pero que no importaba: “cuanto menos sepas, mejor”. Luego fue aflojando y le relató a Mónica, según cuenta, que el policía le garantizó que su familia iba a estar mejor si trabajaba para él. Luciano se negó, y es entonces cuando empezó su persecución.

-El 22 de septiembre Luciano fue detenido durante varias horas en el destacamento de manera ilegal, ya que no se permite retener gente si no es en una comisaría o una cárcel. Cuando su hermana Vanesa fue a buscarlo lo escuchó gritar por los golpes que le daban y supo que lo tenían en la cocina. También escuchó un grito: “Negro de mierda, te van a violar en la 8° y vas a aparecer en un zanjón”. A Luciano le adjudicaban el nunca comprobado robo de dos celulares. Salió con moretones y rengueras por los golpes que tuvo que atenderse en el Hospital de San Justo.

La desaparición

La secuencia que involucra al destacamento sigue el propio día en que Luciano fue visto por última vez. La causa da por probado que el 31 de enero de 2009 Luciano Arruga fue levantado por un móvil policial en la esquina de Perú y Pringles (a metros de la 12 de octubre, frente a la placita donde paraba) y los peritajes demostraron que fue llevado al destacamento de la calle Indart. Incluso, en la causa figura un testigo reservado que asegura haberlo visto a Luciano “golpeado y ensangrentado” en el destacamento policial.

Cuando Mónica fue a denunciar que su hijo no había vuelto los efectivos del destacamento le contestaron: “Quedate tranquila que debe estar con alguna minita”. Le tomaron una declaración pero no le dieron copia. Cuando Vanesa fue a reclamar esa copia, se encontró con un penetrante olor a lavandina en medio de un improvisado ataque de limpieza. Luego se comprobó también que una serie de hojas del libro de entradas habían sido arrancadas.

Por presión familiar, la investigación del abogado Juan Manuel Combi y algunas concesiones de la fiscal Celia Cejas fueron removidos de su cargo ocho oficiales de apellidos Sotelo, Borrego, Vázquez, Fekter, Márquez, Díaz y Zeliz, todos del destacamento.

El 28 de septiembre del 2011 el destacamento de la calle Indart debió cerrar ante las evidencias del caso, y fue trasladado a un predio deportivo que también está siendo investigado por los peritos por la desaparición de Luciano.

Cuenta Vanesa: “Una vez cerrado, el municipio quería transformarlo en una repartición municipal. Nosotros entendíamos que el tipo de cuidado que le iban a dar a ese lugar era importante para los peritos y solicitamos una medida cautelar”. Esa medida se mantiene al día de hoy e impide ingresar a determinados ambientes del destacamento.

Crear vida desde la muerte

Los familiares de Luciano siguieron avanzando con la idea de hacer del ex descamento un lugar social y cultural en defensa de los derechos humanos y en contra de la violencia institucional. El intendente Fernando Espinoza se comprometió a cederlo, colgó un cartel que dice “Espacio para la memoria social y cultural Luciano Arruga”, pero los familiares nunca tuvieron la coordinación del espacio.

El 23 de marzo de 2012, en un acto que reunió a Pérez Esquivel, Nora Cortiñas, Pablo Pimentel y otros referentes de derechos humanos, Vanesa Orieta denunció que la intendencia había cambiado la cerradura sin aviso, entre otros desmanejos. Dijo en aquella jornada: “Hoy estamos del lado de afuera lamentablemente. Por eso llamamos la atención de todos aquellos que quieren tener una participación para que tengan en cuenta que si nosotros no entramos, ellos van a tener las manos manchadas con sangre. Es increíble que nosotros, que venimos peleando por este espacio, lo tengamos que ver de afuera, y que aquellos que no han hecho absolutamente nada por nosotros ni por la familia ni por Luciano, hoy pongan tremendo cartel y que chapeen con el nombre de Luciano y que intenten hacer de esto un centro social y deportivo. No lo vamos a permitir”.

El pasado 17 de octubre los familiares y amigos de Luciano trazaron una estrategia que forzara a cambiar las cosas: bien temprano, tomaron por tiempo indeterminado la parte externa del destacamento. Concretamente reclamaban dos cosas: avances en la investigación forense de esa dependencia, donde un georadar detectó movimientos de tierra; y el cumplimiento de la promesa del intendente de La Matanza de ceder el espacio a familiares y amigos de Luciano. Todo en el marco de una campaña que llamaron “por el derecho a saber dónde está Luciano”, que continúa y continuará.

Luego de más de dos meses de acampe, lograron mover los dos objetivos: el Equipo Argentino de Antropología Forense realizó los peritajes en el lugar, cuyos resultados se aguardan; y el intendente Espinoza – el mismo que había inaugurado junto a Lombardo el destacamento en 2007- cedió en carácter de “comodato” (no definitivo) el ex destacamento a la Comisión Por la Memoria de La Matanza, en representación de la familia de Luciano.

Cómo sigue la recuperación del espacio:

-“En primer lugar hay que esperar los resultados de los peritos para saber si levanta la medida cautelar o no, para poder entrar”.

-“Una vez que se levante, lo primero es entrar a un lugar que nos causa mucho dolor, y tratar de llenarlo de contenido sin invadir esos espacios que son muy significativos. Por ejemplo, la cocina para muchos jóvenes significó el lugar de detención donde eran golpeados. Entonces tiene que haber un trabajo de mucho respeto, que trate de informar esas situaciones”.

-“Esto es lo que hay que hacer: desembarcar en un lugar hostil y llenarlo de contenido, que sea una prueba objetiva de a dónde llegan los pedidos de más seguridad y cómo se criminalizan a los sectores humildes”.

No es nada nuevo lo que se propone Vanesa junto a familiares y amigos: ya vienen realizando una radio abierta, actividades sociales, culturales e informativas en los tres años sin Luciano. La idea, dice Vanesa, es  llevar esto que vienen en la calle y en las plazas hacia adentro del ex destacamento: “Que los jóvenes se apropien de ese espacio, que lo llenen de actividades, que carguen información y defiendan sus derechos”. Otras puntas que se planean para este espacio para la memoria social y cultural son una biblioteca de derechos humanos y un archivo de casos de violencia institucional.

Qué falta para poder festejar: “Ahora hay que avanzar con el EAF en otros lugares como en el Monte Dorrego, donde trasladaron el destacamento”.

Y sobre todo, que la cesión del espacio no sea a medidas, como ya ha sucedido con la voluntad del municipio: “Queremos que se firme el comodato y en paralelo se avance con una medida de sanción que favorece el pedido de expropiación del espacio”. Esta sería la maniobra legal que les permitiría a los familiares tener propiedad definitiva sobre el ex destacamento.

Vanesa cierra: “Todos los lugares que se abran en defensa de los derechos humanos es necesario que tengan una participación de organismos de derechos humanos independientes de todo gobierno, que los nombres no se usen, y hacer un análisis humilde y objetivo de lo que significan los derechos humanos en democracia”.

La búsqueda creativa de la propia identidad

Se realizó en Buenos Aires una nueva edición del Festival Internacional de Cine de Derechos Humanos, con la “identidad” como eje central. En esta propuesta, el arte como el modo más íntimo de expresión y como una herramienta para la representación propia y del otro, tiene mucho que decir. NosDigital se acercó a la actividad “Arte por la Identidad” para situarte en el centro del debate.

Fotos: NosDigital

El centro de noche no parece ser el centro, quizás los ejes se mueven junto a las agujas del reloj. Puede ser también, que el centro de noche sea el centro, sin los autos, desprovisto de bocinas y ruidos, vacío de los tacos que corretean para llegar al bondi, de murmullos apurados. Esta noche, confieso, el centro me parece más centro que nunca cuando salgo del subte hacia el medio del debate.

En la calle Piedras al 700, el teatro La Máscara nos espera con la sala del primer piso lista. Inserto en el 14° Festival de Cine de Derechos Humanos, nos acomodamos para ver la proyección del corto “La Mirada Perdida” de Damián Dionisio que nos invita a reflexionar sobre la articulación de dos conceptos que hoy se nos vuelven inseparables: arte e identidad.

Una familia viviendo en la clandestinidad. Una nena que pinta con su mamá. Los nervios en el aire latentes. Un auto del que baja un grupo de tareas. Camperas de cuero. Falcón. Lentes negros. Armas. Impunidad. Ropa desesperada dentro de una valija. Tiros.  Muerte. Secuestro  Y en medio de todo ese dolor que nos eriza la piel, una imagen maravillosamente lograda. Una madre que le pinta con paisajes de colores los anteojos a su hija para que solo vea cosas lindas.

Once minutos de proyección y todo un pasado se instala entre las butacas. El concepto se refuerza con una representación en formato semimontado de la obra “Los tres patitos” de Beatriz Pustilnik, que plantea un lugar de posibles encuentros con las cosas que cada uno lleva encima, aquellas que no se pueden dejar de lado y viven con nosotros de por vida. Mientras se sostienen los aplausos, las actrices Sandra Posadino y Lucia Snieg se suman al público que espera que se arme la mesa de debate.

Taty Almeida, referente de Madres de Plaza de Mayo línea fundadora, rompió el hielo alentando a los presentes a seguir recordando y remarcó el gran momento que vive el arte en la actualidad, desde todas sus ramificaciones, como sujeto generador de memoria, una de las principales lucha de Madres junto a verdad y justicia.

El micrófono está ahora en manos de Claudia Quiroga, actriz de Teatro por la Identidad y de Mujeres de Arte Tomar, quien resaltó la importancia de seguir realizando actividades artísticas que sumen a la búsqueda de la verdad: “El hecho artístico como granito de arena para poder pensarnos y sobre todo visibilizarnos”.

Para cerrar el panel, Luis Guillermo Garay, director ejecutivo del Instituto de la Memoria de Santiago del Estero, nos brindó su testimonio. Reivindicando los nuevos espacios generados a partir de la lucha por la búsqueda de memoria concluye: “El arte tienen una participación activa como instrumento para colaborar en la construcción no solo de esa memoria histórica que nos negaron, sino también de las identidades que a partir de esa memoria se van construyendo”

Para sostener la articulación planteada de arte-identidad, rompemos con el arte como mercancía, lo sacamos a la calle, lo hacemos investigar, mostrar, descubrir. Lo comprometemos con una realidad pasada redefinida y con un presente de continua lucha en la que se entiende que falta caminar mucho, pero que se avanza.

Salimos a la calle y recordamos la imagen de la nena con los lentes pintados. ¿Cuánto tiempo viendo paisajes y no realidad? ¿Cuánto falta todavía por descubrir? ¿Cuánto ya logramos mostrar? Apuro el pucho contra el tiempo y espero que el humo desate el nudo de la garganta.

Sentir justicia

Fuimos a la presentación del libro “Acá se juzgan genocidas. Dibujos, crónicas y fotos”, síntesis del trabajo militante, artístico y académico. Con la idea de hacer públicos los juicios que, ninguneados por los medios, suelen quedar dentro de las paredes de Tribunales, esta obra recorre experiencias disímiles y subjetivas e invita a participar y hacerse presente en este momento histórico que nos pertenece a todos y todas.

“Esta manera de mostrar los juicios tiene que ver con exponer a los acusados ante la sociedad, la historia y el mundo, como lo que son: violadores, torturadores, apropiadores de niños. Y además, ponerles ese peso encima, con una cara reconocible, porque son los mismos que hoy tienen toda la verdad, para que las Madres como Taty sepan qué pasó con sus hijos, nosotros recuperemos a nuestros hermanos, y que este pueblo pueda, por fin, saber qué pasó con cada uno de los desaparecidos. Es una verdad necesaria para el colectivo, no es algo de cada madre o de cada hijo, sino que es algo que nos constituye como sociedad”. Contundente, Giselle de H.I.J.O.S. cierra su espacio de micrófono en la presentación del libro “Acá se juzgan genocidas. Dibujos, crónicas y fotos”. Este “manifiesto colectivo” es un testimonio  de la permanente, inagotable y creativa búsqueda de la verdad, la persecución de la justicia y la construcción de la memoria colectiva.

Estamos en el aula 108 dela Facultadde Filosofía y Letras, y desde una de las paredes nos miran los alumnos, docentes y no-docentes de esta facultad, desaparecidos por la dictadura. A la hora de hacer uso de la palabra, los disertantes se cuidan de usar palabras como “alegría” o “felicidad”, difícilmente compatibles con la temática que nos convoca; en cambio, prefieren hablar de “satisfacción” para referirse a los frutos de la persistente batalla, que no cesará hasta que el último genocida, el último cómplice, esté condenado. El libro que hoy se presenta es una nueva ofensiva en esta batalla, y es obra de un año de trabajo colectivo entre H.I.J.OS., las Facultades de Filosofía y Letras y Ciencias Sociales (UBA), el IUNA (Instituto Universitario Nacional de Arte), Cátedra Libre de Derechos Humanos (UBA), Cátedra de Fundamentos de Diseño Gráfico para Editores (UBA), Pasajeros de Edición, y Cátedra de Diseño Gráfico I, II y III (UBA).

En el marco de un proyecto de H.I.J.O.S. para incitar a la gente a acercarse a los juicios, y ante la imposibilidad de filmar o sacar fotos en la mayoría de los juzgados, surgió la convocatoria a estudiantes de distintas facultades para retratar las audiencias con dibujos, crónicas y ensayos. Es lo que hace a este libro tan particular; más teñido de sentimientos, gestos, actitudes y emociones que de análisis y voces expertas. Este esfuerzo de valernos de nuestra (otras) armas no es del todo frecuente en las mencionadas unidades académicas, de puertas pesadas y ventanas cerradas, por lo que es un evento digno de celebrar. “Todos, hasta el más sencillo, el más humilde, el más pacífico, poseemos armas – afirma Julio Flores, decano de Artes Visuales IUNA – Un arma es el dibujo. Recordaba la historia de las artes visuales en la lucha por los derechos humanos. La primera tarea fue ver cuánto espacio ocupan 30.000 desaparecidos. Si se los pone pie con cabeza acostados en calle Rivadavia y se empieza en Plaza de Mayo, llegamos General Rodríguez. El siguiente paso fue verles las caras, y decir ‘no son todos iguales, no es una masa’; son cada uno, con su historia. Lo tercero fue preguntarnos por los culpables. Ese es el orden en el que está armado el libro. Lo cuarto, alcanzar una justicia cierta. Y yo agregaría que lo quinto es que quede grabado en la memoria para siempre.”

El micrófono gira y le llega el turno a Taty Almeida, referente de Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora e invitada de honor en esta presentación. El espíritu de “Acá se juzgan genocidas” se vuelve tangible en Taty, mucho más viva, fresca, fuerte y compleja que cualquier conceptualización ensayística. Y así lo demuestra su sonrisa, que esta noche no escatima en dientes para hablar de los 35 años de las Madres, para agradecerle a los H.I.J.O.S. y para hablar de este libro que “parece chiquito, pero es tan importante”. A sus palabras, breves pero llenas de energía, respondemos con un extendido aplauso, de esos que involucran todo el cuerpo y calientan las manos.

Otra reflexión es la de Matías Cordo, subsecretario de publicaciones de FYLO: “Es una obra de una riqueza excepcional, que está dada justamente por su carácter de mosaico auténticamente colectivo de miradas, expresiones, trazos y textos, que incluyen no sólo el contenido sino cada aspecto del libro: desde el diseño hasta la selección de cada elemento de las cubiertas y del interior que lo conforman. Es también la experiencia de chicos que nacieron después del 83 y que van a ver los juicios, escuchan las declaraciones de los testigos, están presentes, ven las reacciones de las personas, tanto por la parte defensora como por la parte acusadora, lo cual también es bastante impresionante y, en ese sentido, el libro cumple el objetivo de tratar de romper con esa idea de la indiferencia, de eso que pasa que no nos involucra como sociedad, que es un discurso sostenido por algunos sectores y, la verdad, no resiste el mínimo análisis. Cualquier persona expuesta al relato de lo que pasó no puede permanecer indiferente”.

 

Bajo la consigna de que “los juzga un Tribunal, pero los condenamos todos”, la convocatoria a participar de los juicios históricos a los responsables de los crímenes de lesa humanidad sigue abierta. Para hacerlo, solo basta que te presentes con tu DNI. Podés seguir el calendario en www.hijos-capital.org.ar

Corriendo contra el olvido

El domingo 25 de marzo, un día después de que se cumplieran 36 años del comienzo de la última dictadura militar, corrimos junto a las más de 3.000 personas que se acercaron hasta el CENARD por la memoria de Miguel Sánchez, atleta, poeta y militante peronista desaparecido en 1978.

No fue una carrera más, fue la undécima. No fue una carrera más, fue la primera desde que tiene su propia calle. No fue una carrera más, fue una con fuertes críticas hacia el macrismo por su nula difusión de la misma. Fue la Carrera de Miguel.

El domingo 25 de marzo, un día después de que se cumplieran 36 años del comienzo de la última nefasta dictadura militar, más de 3.000 personas corrieron por Miguel Sánchez, atleta, poeta y militante peronista desaparecido en 1978.

El lugar de largada no podía ser otro que el CENARD, lugar donde confluyen atletas de todo el país, y desde la mismísima calle Miguel Benacio Sánchez, rebautizada el pasado viernes 22 de marzo por las lágrimas Elvira Sánchez, hermana del atleta.

“Ahora cada vez que un atleta llegue a Buenos Aires desde cualquier parte del mundo para entrenar en el CENARD pasará por la calle de Miguel, y van a preguntar quién fue, qué hizo, y eso nos llena de orgullo”, repetía Elvira con emoción el día que cambiaron el nombre de Crisólogo Larralde por Miguel B Sánchez.

Entradas las 9.15 de la mañana, ya estaban todos preparados para la largada y para correr los 8 kilómetros. Había diversas competencias: entre damas, caballeros, no videntes y personas en silla de ruedas. Así, familias enteras, corredores de todo el país y hasta curiosos que se acercaron se mezclaron para darle homenaje al tucumano desaparecido, ya sea corriendo, caminando o preguntando por Miguel.

Entre los corredores también se encontraba el periodista italiano Valerio Piccioni, uno de los creadores de la primera carrera en Roma, el periodista y ex tenista Martín Vassallo Arguello, el periodista Pablo Llonto, y la madre de Adriana Acosta, jugadora de Hockey también desaparecida por la dictadura.

Pero si hubo un clima que se respiró antes de la carrera fue el de la incertidumbre. Incertidumbre por la nula difusión que realizó el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires por la carrera en homenaje a Miguel. “Todos los años nosotros queremos que se pongan en las remeras con las que corren los atletas que luchamos por la memoria, la verdad y la justicia, y este año solo decían Gobierno de la Ciudad”, mencionaba Elvira.

Desde el comienzo de la carrera se escucharon cánticos contra el Jefe de Gobierno de la Ciudad, Mauricio Macri. “Una carrera como esta hay que sentirla para organizarla, sin convicción no tiene sentido realizarla”, afirmó Valerio Piccioni.

Después de más de dos horas de competencia, todos dejaron de correr y se pusieron a escuchar las palabras finales de quienes amaban a Miguel. A sus costados, los rodeaba una multitud de gente, murales de Miguel y carteles contra Macri. “Gracias por haber estado acá, esto es como decimos siempre: por Miguel y los 30 mil desaparecidos”, gritó emocionada Elvira.

“Miguel está aquí”, rezaba uno de los carteles que levantaba uno de los corredores antes del comienzo. Miguel está presente cada día en cada pibe que viene a Buenos Aires soñando con un deporte más justo, con un lugar mejor. Ahí, en su calle, él los espera para decirles: para vos, atleta.

Para vos atleta
para vos que sabés del frío, de calor,
de triunfos y derrotas
para vos que tenés el cuerpo sano
el alma ancha y el corazón grande.
Para vos que tenés muchos amigos
muchos anhelos
la alegría adulta y la sonrisa de los niños.
Para vos que no sabés de hielos ni de soles
de lluvia ni rencores.
Para vos, atleta
que recorriste pueblos y ciudades
uniendo Estados con tu andar
Para vos, atleta
que desprecias la guerra y ansías la paz.

Miguel Sánchez