“Es un sueño sumar una prueba al juicio por la Masacre de Trelew”

En medio del desarrollo de los juicios por la Masacre de Trelew nos reunimos con Mariana Arruti, directora del documental “La fuga que terminó en masacre”. Nos cuenta cómo vivió la repercusión social de su película estrenada en el 2004, cuál es la relación que tiene con los procesos judiciales que hoy se llevan adelante en Rawson y sobre la importancia del cine para visibilizar historias que parecieran haber querido olvidarse.

Fotos: NosDigital

Mariana Arruti aclara de movida que su primera profesión es la antropología, empezó joven su paso por la UBA y promediando su carrera decidió sumar el cine a sus estudios. Cuando llegó la hora de la bendita tesis que la separaba de la Licenciatura entendió que debía sacudir sus aprendizajes sobre Historia con su otra pasión: el arte visual. Así, comenzaría un largo camino entrelazando las ciencias sociales con los documentales.

Hija de padres militantes, respiró desde muy chica la participación de su papá como obrero de la construcción y dirigente de la UOCRA, en Bahía Blanca. Mariana siempre tuvo interés por la política y militó en su escuela secundaria, pero muy pronto quiso ejercer una participación desde otro lado, que esa militancia juvenil terminara desarrollándose desde su profesión de antropóloga, volcándolo en el cine. “De alguna manera los temas que se fueron eligiendo siempre tenían que ver con algunas historias que por ahí no están dentro de la ´ Historia oficial ´ o que no tienen una difusión en el marco de lo que aprendemos sobre nuestra Historia argentina, y siempre ligado a los movimientos populares”.

-¿Por qué elegís contar la Masacre de Trelew?

-Era uno de los temas pendientes que teníamos con nuestro grupo de trabajo. Trelew tenía varios puntos, era una historia que había marcado fuertemente toda la década del ´70, en relación a lo que el Estado va a generalizar como acciones represivas y va a diseminar a lo ancho y largo del país. Puede verse como un antecedente inmediato y claro, no porque no haya habido otros episodios, pero de alguna manera, enmarcada en el contexto político del 72, aparece fuertemente construido con un sentido. Y por otro lado, Trelew no sólo permitía centrarse en la Masacre, sino en lo que tiene que ver con la fuga del penal de Rawson: cómo estaba conformada la población del penal, es decir, guerrilla, militancia gremial y sindical. Contar cómo se había relacionado el penal con el afuera, los lazos de solidaridad entre toda la zona. Se muestra un contexto social en donde había una voluntad de cambio radical en nuestro país, a nivel más masivo, no sólo por parte de aquellos que optaban por una militancia muy comprometida y radicalizada, sino de otros sectores que se podían dar a conocer dibujando la historia del penal. Quisimos generar unas texturas en lo que significó esa generación, es decir, por qué el Estado descargó toda su ira sobre este país muy pronto después de la Masacre. Hubo un contexto social que se intentó ahogar, y que se ahogó definitivamente con el golpe de Estado del 76.

-¿Qué recuerdos tenés de la producción de la película?

-Fue muy lindo e intenso hacerla, sobretodo porque fue durante el año 2000, un momento que a nivel de contexto político era muy distinto al de hoy para abordar temáticas que tienen que ver con la militancia, la lucha armada, con la construcción política de esa generación. Y era complicado charlar o entrevistar sobre estos temas y que fueran contemplados desde una película. Conocí a muy pocos familiares de las víctimas en ese momento,  pude contactar a Soledad Capello, mamá de Eduardo Capello, y a Chela Lema, tía de María Angélica Sabelli. Pero una vez que se estrenó, con el paso del tiempo, muchos empezaron a aparecer. Los familiares se empezaron a juntar y comenzó el andamiaje de querella junto con el CELS. Felizmente se escucharon voces pidiendo juicios, y hoy vemos cómo se van concretando, a raíz de su difusión. También aparecieron algunos colimbas más que habían estado en ese momento en la Base y muchos miembros de las comisiones de solidaridad. Esto habla de lo que una película puede generar en el sentido de dejar institucionalizado que se le puede poner palabras a algo que hasta ese momento no se le podía poner palabras.

Además de la necesidad de mostrar historias dejadas de lado, Mariana considera que los documentalistas esconden una voluntad de denuncia y de concientización. Lo que no imaginaba antes de tomar la decisión de llevarla adelante es que pudiera llegar a ser pedida por la Justicia en la etapa de Instrucción de la causa de la Masacre.

“Es un sueño sumar una prueba para la causa. El juez pidió la película al INCAA como instrumento de inicio, como prueba. Quizás puede haber sido un punto de partida que después se fue ampliando a muchísimos testigos. Lo cierto es que nosotros buscamos denunciar su impunidad, que no había tenido la justicia que ameritaba. Por eso, el documental termina con la aclaración de que no conseguimos declaraciones oficiales de las Fuerzas Armadas, ni testimonios de ningún marino en particular. Creo que este juicio es emblemático en algún sentido, porque está inmerso en este proceso de juicios vinculados con crímenes de lesa humanidad, pero creo que es específicamente diferente, porque aborda un momento histórico anterior, que permite mirar y pensar cómo se construyó este proceso represivo que asumió el Estado desde mucho antes del 76. Trelew permite pensar la historia en términos de procesos, y no pensar a la dictadura como algo extraordinario en sí mismo.”

  

Para solicitar una copia del documental o información sobre la causa judicial: http://www.filmtrelew.com/

“En la Masacre de Trelew no opera la prescripción”

Mientras la Justicia lleva adelante los juicios por el asesinato de los prisioneros de Trelew, cuarenta años después -se ve que se tomaron su tiempo-, NosDigital se cruzó un tiempo con la abogada del CELS, querellante en la causa contra los acusados por la Masacre, para que nos explique ciertas claves de los juicios.

A la noche se preparó un homenaje simultáneo en los seis pabellones ocupados por los presos políticos y sociales. Espontáneamente cada uno relataba aspectos de la vida, las convicciones, la personalidad de los caídos, hasta completarlos a todos. Posteriormente hablaron varios enjuiciando y condenando el alevoso crimen y fijando la responsabilidad en la Dictadura y el sistema. Luego a voz de cuello se gritó el nombre de cada uno y cada vez se respondía en forma vibrante y unánime: ¡Presente! ¡Hasta la victoria siempre! [i]

Así relató el inolvidable sindicalista Agustín Tosco su recuerdo acerca del 22 de agosto de 1972, cuando sucedió lo que se conocería como la Masacre de Trelew. 19 prisioneros políticos de los 25 que se habían dado a la fuga hacía poco más de una semana de la Cárcel de Rawson –espacio en el que el mismo Tosco estaba confinado- fueron despertados a mitad de la noche y ametrallados. Solo tres sobrevivieron, aunque su destino tendría el mismo final solo unos años después cuando una nueva dictadura les diese la muerte como a 30 mil hombres y mujeres más.

40 años después nos encontramos con Carolina Varsky, abogada del CELS (Centro de Estudios Legales Sociales) querellante junto a la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación en la causa contra siete militares acusados por la Masacre.

-Ustedes en el Juicio proponen que sean juzgados por Delitos de Lesa Humanidad, mientras que la Defensa de los acusados los quieren tratar como delitos comunes, ¿por qué ambas posturas?

-En realidad es así, en cualquier juicio relacionado con Delitos de Lesa Humanidad vinculados con el terrorismo de Estado, las Defensas siempre aducen que son delitos prescriptibles y en este caso que los delitos pasaron hace cuarenta años. Entonces dicen que fueron delitos comunes, asesinatos en este caso, pero como pasó tanto tiempo ya no pueden ser juzgados. Acá nuestro planteo es que no opera la prescripción, porque son Delitos de Lesa Humanidad ya que constituyen la génesis del terrorismo de Estado en nuestro país.

-La investigación para llevar adelante la causa arrancó hace cinco años, ¿hubo alguna irregularidad, algún problema, que les haya impedido seguir adelante en este tiempo?

-El trámite de la causa fue el común para este tipo de juicios ligados al terrorismo de Estado. Se plantearon ciertos incidentes que pasaron a la Cámara de Casación y luego a la Corte, que lamentablemente demoraron el inicio del juicio. Pero no hubo nada extraordinario que no ocurriese en otras investigaciones. Lamentablemente es un plazo largo, pasaron cinco años, pero lamentablemente también es una característica de lo que duran las instrucciones en los procesos penales en la Argentina, propio al Sistema Judicial del país. Si no, mirá lo que tardan los juicios por corrupción.

-¿Quiénes están sentados en el banquillo de los acusados?

-Luis Sosa, Carlos Marandino  y Emilio del Real son los acusados de ser ejecutores de la masacre; Rubén Paganini, de partícipe necesario, y Jorge Enrique Bautista, por encubrimiento. Ni Roberto Bravo, actualmente en EE UU -quien no concedería su extradición-, ni Alberto Mayorga, por salud delicada  dijeron presente en las primeras dos audiencias; la tercera arrancó este 17 de mayo.

Sobre este oscuro personaje por alguna razón protegido por Norteamérica, Alberto Camps, uno de los sobrevivientes recordaría un año después del hecho: “Otra cosa que indudablemente estaba dentro del plan de la masacre en la Base de Trelew, era que los cuatro turnos de guardia que había, dividían el día en pedazos de seis horas, pero el Capitán Bravo se las arreglaba siempre de noche. La mayor parte de las guardias las cubría él, con su equipo, las nocturnas y las diurnas. Prácticamente yo diría que dormía un turno, seis horas, y después estaba todo el día”.[i]

Pero, aún así, Carolina Varsky nos cuenta el trágico razonamiento yanqui para evitar traerlo para su enjuiciamiento: “tiene que ver que es una cuestión de derechos políticos y para ellos no es motivo de extradición”.

Si es un avance el esclarecimiento de estos sucesos –por lo menos por vía judicial- algo más nos hace ruido al escuchar sobre la Masacre: el carácter represivo y violatorio de los derechos humanos por parte de la Dictadura iniciada en 1966. Los sucesos de Trelew no fueron hechos aislados, un exceso, como a los genocidas y a sus amigos les gusta decir. Estuvo enmarcado en una política de Estado: asesinatos, torturas y privación de la libertad hacia aquellos considerados subversivos, peligrosos para el status quo, para el orden imperante.

Lastimosamente al preguntarle a Varsky acerca de la posibilidad de iniciar investigaciones y juicios contra la dictadura de la Revolución Argentina, su respuesta no fue otra: “La verdad no veo que haya un aumento en las investigaciones sobre este período, excepto en este hecho, que tuvo la singularidad de ser una matanza de 16 personas y el intento de matar a otras tres. Pero no conozco que se estén investigando otros hechos ocurridos en la dictadura del ´66”.



[i] Masacre de Trelew, relatos, Agencia Walsh: http://www.rodolfowalsh.org/spip.php?article1376 Fecha de Consulta: 17-05-2012

Aquel multitudinario desierto conquistado

Acompañanos en un sobrevuelo bien rasante y veloz por un pedazo de la historia argentina que nos marcó como pocos otros. La mal llamada Conquista del Desierto encabezada por el personaje de los billetes violetas en las palabras de los protagonistas.  

Ocupación militar del Río Negro en la expedición al mando del General Julio A. Roca, de Juan Manuel Blanes

 

Imagínese estar por el barrio porteño de Caballito, y usted, amante del fútbol no tiene mejor idea que ir a visitar la cancha de Ferrocarril Oeste. Es día de partido y a unas cuadras ya siente el griterío, al estar frente a él lo ve completamente lleno: las entradas están completamente agotadas y los 24 mil lugares están ocupados. Sonríe y sigue su camino. Pero al hacer unos metros un completo desconocido –de barba larga, bigote tupido y ya entrado en años- le dice con total naturalidad: “no hay nadie en el estadio eh, ¡ni un alma!”. Lo ignora y prosigue, un loco más, píensa. Sin embargo, hace 120 años un loco con las mismas descripciones nos hizo creer que 24 mil indígenas constituían un “desierto”. Así, en esta nota nos encargaremos de esos prisioneros que a pesar de ser invisibilizados tuvieron un destino, trágico destino de muerte.

“El año 1879 (…) ha visto realizarse un  acontecimiento cuyas consecuencias sobre la historia nacional obligan más la gratitud de las generaciones venideras que la de la presente (…).Ese acontecimiento es la supresión de los indios ladrones que ocupaban el Sur de nuestro territorio y asolaban sus distritos fronterizos: es la campaña llevada a cabo con acierto y energía, que ha dado por resultado la ocupación de la línea del Rio Negro y del Neuquen.”[i]

Con estas líneas se iniciaba el “Informe de la Comisión Científica Agregada al Estado Mayor General de la Expediciónal Río Negro (Patagonia)” ordenada por el mismísimo Julio Argentino Roca en 1879 para dar cuentas al Congreso de la Nación sobre su grandiosa gesta civilizatoria.

¿Qué nos cuenta el propio Roca acerca de los prisioneros? Terminada la conquista, en ambas Cámaras mostraba los resultados: 1271 “indios de lanza” incorporados al Ejército Nacional o a la Marina, 600 “indios fueron enviados a Tucumán, con destino la zafra” y “muchas mujeres y niños distribuidas en el seno de familias que los solicitaban, con intervención de la Sociedad Benéfica y el Defensor de menores”[ii].

Por ahora la cuenta nos cierra que sabemos que dos mil terminaron ya sea incorporadas a las Fuerzas Armadas encargadas del propio exterminio y despojo de las comunidades, otras tantas como mano de obra servil en los ingenios azucareros tucumanos. Sobre las “muchas” mujeres y niños, lo mismo, separadas de sus familias se convertirían en servidumbre para las altas casas de la elite.

Darío Aranda en Argentina Originaria, nos cuenta que otros tres mil fueron esparcidos por Mendoza para trabajar en el área vitivinícola.

Pero sin dudas, el destino más terrible que podían tener eran los –lisos y llanos- campos de concentración, desplegados por todo el país: Junin de los Andes (Neuquén), Chinchinales y Valcheta (Río Negro), Carmen de Patagones (Buenos Aires) y, el más terrible de todos, La Isla Martín García.

Las cuentas bautismales permiten contar 825 indígenas que allí fueron depositadas en 1879. “Fue claramente un mecanismo de control social enmarcado en un proceso mucho mayor: el del genocidio”, precisa Alexis Papazian, que forma parte de la Red de Estudios sobre Genocidio. Explica que en 1890 ya no quedaban indígenas en Martín García[iii].

Entonces para 1879 los resultados eran claros: primero, conquistados a punta de lanza, luego obligados a dejar sus tierras, ganado, cultivos y propiedades. Si sobrevivían al viaje, no les esperaba mucho más que el trabajo servil en hogares aristócratas, campos de hacendados o en un Ejército genocida. ¿Y todo por qué? Dejemos que Roca responda solo: “Dicen que dilapido la tierra pública, que la doy al dominio de capitales extranjeros: sirvo al país en la medida de mis capacidades. (Carlos) Pellegrini mismo acaba de escribirme que la venta de 24 mil leguas sería instalar una nueva Irlanda en la Argentina. ¿Pero no es mejor que estas tierras las explote el enérgico sajón y no que sigan bajo la incuria del tehuelche?”[iv]

Por si queda alguna duda, entre 1800 personas se repartieron los 42 millones de hectáreas de las tierras conquistadas, total equivalente a 30 veces el tamaño de Inglaterra.

La que no te contaron

Se dijeron muchas en la semana. Hubo una que se les pasó por alto o no te la quisieron mostrar:

La que no te contaron en Vámonos de casa.

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