Ni de barro ni de las marcas, ídolos

A propósito del estreno del documental El Garrafa, una película de fulbo sobre José Luis Sanchez, surgió la pregunta de qué es lo que se necesita para ser un ídolo. ¿Hace falta ganar un título, publicitar unos botines? Sergio Mercurio, director del documental, lo responde con una anécdota del ex 10 de Banfield: “Unos pibes de Banfield lo invitaron a comer un asadito. ‘Sí, voy’, dijo Garrafa. Nadie lo esperaba, realmente. Garrafa cayó con pantalones cortos y botines y preguntó: `¿Vamos a jugar a la pelota también, no?´”.

Si te levantás pensando todos los días en como están tus colores. Si dentro de esos colores hay un tipo que te apasiona, que te obsesiona. Si no podés dejar de pensar en la última jugada que hizo el fin de semana, que si juega con otra camiseta lo llorás y que cuando hace un gol lo gritas el doble. Si en serio pensás que tenés un ídolo. Si de verdad sentís que por tener a un ser humano, ni más ni menos, en frente te pondrías a llorar de la emoción. Entonces, si te pasa todo eso, pensá también de dónde salen eso personajes. ¿Qué es un ídolo? ¿Quién es ese muchacho al que le das devoción todos los fines de semana? Vos, hincha de las pasiones del fútbol, ¿a quién estás amando?

En el camino sinuoso y apasionado del deporte nos metemos. En el camino irregular y turbulento de los ídolos también. Hasta dónde son nuestros y hasta dónde los diarios, las marcas, el marketing y los balones de oro nos dijeron quiénes deben ser nuestros jugadores más queridos. Por qué aceptamos como propios los héroes de las grandes marcas. Dónde quedaron aquellos ídolos de barrio, a los cuales soñábamos encontrar en cada esquina de nuestras propias calles. Cómo un jugador que vive en una mansión en España o Inglaterra puede ser tu pasión, que vivís en Almagro, Floresta, Villa Bosch o Burzaco.

Todo esto y un poco más lo charlamos con Sergio Mercurio, director del documental homenaje al genial, mítico y fenomenal Garrafa Sánchez. A ese hombre que nunca lo vimos en una publicidad, a ese que todos conocemos por “Garrafa”, a ese que nunca salió del barrio y en el barrió murió. La historia de un ídolo barrial que, como tantos otros no reconocidos y borrados de los y por los medios, surgió de abajo, lo impuso la gente, las masas, la hinchada y el propio hincha del fútbol y de sus colores.

Sergio, fanático de Banfield, lo entiende bien: “Hay ídolos que son funcionales a las empresas y a las marcas. Hay otros que no. Hay tipos que funcionan en términos de guita y otros que no. Garrafa era de los que no, sin duda”. Garrafa, también el Diego, el mismo Burro Ortega, un Chango Cardenas, un Bocha Bochini. Todos tipos de buen pie, todos ídolos de barrio, o por lo menos, de la gente, de clubes, de un país entero. Ninguno de los nombrados camina al lado de una marca, a ninguno le resaltan los botines por sobre los colores que llevó en el pecho.

Sergio mira la estatua de Garrafa, a un par de cuadras de la estación de Banfield, y reflexiona: “Hay jugadores que realmente son muy buenos, como Messi. Pero además, hacen todo tipo de publicidades, se portan bien, no putean. Evidentemente las marcas tienen un modelo de persona que hay que ser. Si no sos, fuiste: no sos ídolo o no sos el ídolo que ellos quieren mostrar”.

Marcados por la polémica y no por las marcas, recordados por sus otras pasiones y en tantísimos casos por sus excesos, se entiende que nada de esto es casualidad. Ellos rompieron el molde del ídolo perfecto. Lo desbordan. Además de eso, fueron hombres, pibes de barrio: “Garrafa no era para nada un modelo, naturalmente era otra cosa. Me da la sensación de que Garrafa era un tipo que te rompía las bolas, que no le importaba nada. Me acuerdo de un partido con Banfield en que si empataban se salvaban los dos del descenso y el tipo, faltando 5 minutos, le pega de mitad de cancha y la bocha pega en el travesaño. Todos lo puteaban. Hasta sus compañeros. Claro, el tipo se había olvidado. Le gustaba jugar al fútbol. Durante casi 90 minutos no hubo un tiro, pero el tipo se tentó, lo enamoró la pelota, se olvidó de todo y le pegó. Eso era Garrafa”.

Allí están los próceres del fútbol, parados en las vitrinas de nuestros clubes, pero sobre todas las cosas, tatuados en nuestras pieles. Los tatuajes de los trofeos no existen. Existen los tatuajes de las camisetas, los escudos, de los colores, de los jugadores que representaron esos escudos, esas camisetas y esos colores. Entonces, ¿Qué significa el éxito para el hincha a la hora de comprender y adoptar a un ídolo? “Lo curioso es que Garrafa es el típico tatuaje del hincha de Banfield. No se tatúan a Silva, Erviti o Falcioni que les dieron un título ¡Se tatúan a Garrafa! Debe ser que para el hincha el éxito no es tan importante al lado de un tipo que verdaderamente los representó en la cancha”, explica Sergio Mercurio.

Ningún hincha se tatúa un oro.

Sergio Mercurio, cineasta e hincha, hizo un homenaje a su ídolo: “El Garrafa, una película de fulbo sobre José Luis Sanchez”. Porque el fútbol es más lindo cuando es fulbo y los ídolos son más queridos cuando son de barrio. Así lo entiende Sergio: “El tipo es el máximo prócer de tres clubes de Argentina. Eso no existe con ningún otro jugador. Un ídolo auténtico. Es un personaje del estilo del Gauchito Gil. Vino para quedarse. Llegó a la gente de manera real. De Garrafa no te acordás que marca lo sponsoreaba. Tanto en el El Porvenir, La Ferrere y Banfield fue una gloria. Son tres clubes chicos y de barrio para el mismo jugador. Eso habla de un ídolo, necesariamente, de barrio”.

Entre caños y gambetas, Garrafa, además, regalaba anécdotas. Sergio cuenta una perla de su documental que sigue aclarando el concepto: “A una semana de haber ascendido a 1era Divisón con Banfield lo invitamos a comer un asado con 14 hinchas. La invitación fue la siguiente: `Hay unos pibes de Banfield que quieren comerse un asadito con vos´. “Sí, voy”, dijo Garrafa. Nadie lo esperaba, realmente. Garrafa cayó con pantalones cortos y botines y preguntó: ` ¿Vamos a jugar a la pelota también, no?´. ¿Qué tipo va un asado con hinchas desconocidos a una semana de haber alcanzado la gloria? ¿Qué futbolista se predispone a jugar un picado con gente que no conoce? Él accedía a ciertas cosas que te muestran que el marketing queda chiquito. Ese asado no lo transmitió nadie. Hay cosas que escapan a la TV. Garrafa era una de esas cosas inabarcables para cualquier marca”.

“Garrafa era un tipo muy raro. Nunca tuvo representante, no le gustaba ir al banco, pedía toda la guita en la mano. Así le iba también… El chabón empezó a vivir del fútbol en Banfield recién”, cierra Sergio Mercurio el retrato de su ídolo de barrio al que el dinero nunca lo desbordó, sino que fue al revés: Garrafa desbordó a la lógica del mercado futbolero.

Como Garrafa tantos otros ídolos sobrepasaron los negocios de las figuritas y los botines para poder ser comprendidos en su inmensidad sólo en el corazón de sus hinchas.

Porque un ídolo se comprende, sí o sí, desde abajo. Nunca se impone desde arriba.

Mejor dicho: un ídolo se eleva desde las tribunas al resto del mundo. Ni Adidas, ni Nike, ni nadie, pueden decirle a un hincha por quien deben apasionarse. Porque no lo entienden ni lo comprenden ni lo abarcan. Porque no pueden abrazarlo. Porque no pueden ovacionarlo. Porque jamás gritaron un gol de él y se abrazaron con los hinchas hermanos desconocidos de la tribuna.

Los ídolos, para serlo, aunque tengan fama mundial, son y serán de barrio. O no serán nada.