Hidro Fractura

Desde siempre, el Estado argentino pasa por encima de los mapuce. Ahora, lo hace con YPF y con Chevrón. “Nos dicen que va a haber ganancia, pero nunca la va a haber”, aseguran desde la resistencia de los pueblos originarios, que tienen que aguantar que les exploten pozos de petróleo en sus tierras. El agua sufre los principales daños.

Desde chico Lefxaru Nawel fue parte de la resistencia mapuce. Participaba, como participa, de marchas en las que la policía respondía a los reclamos con balas de goma o de plomo. Lo veía a diario en su barrio por otras cuestiones que parecían domésticas, pero que más tarde encontró como sistémicas. Su lucha, la del pueblo mapuche, se fue poniendo cuesta arriba. “La llegada de la hidrofractura es lo peor para nosotros. Nos decían con Repsol: ‘Va a haber ganancia, prosperidad, infraestructura’. Nunca hubo y la multinacional Chevron tampoco la va a traer”, adelanta.

Lef vive en la capital de Neuquén, provincia en la que la población mapuce está más concentrada. Trabaja en la casa de la comunidad, la Ruka, una propiedad cedida por la madre de una chica desaparecida durante la última dictadura por solidarizarse con pueblos originarios neuquinos.

“Nosotros somos de Xawunco (encuentro de los ríos), que abarca los departamentos de Confluencia y Añelo, donde hay 10 comunidades mapuches”, explica. Desde 2007, ahí enfrentó la llegada de Chevron, que en 2013 logró, junto con Panamerican Energy y Shell, el acuerdo parlamentario para permitir la hidrofractura en nivel intensivo.

Desde ahí, ve que a los mapuce los invisibiliza el gobierno (todos ellos, hasta ahora, pero haciendo hincapié en el Movimiento Popular Neuquino, que está a cargo de la provincia desde 1961, cuando el peronismo estaba proscripto y la familia Sapag comenzó a empoderarse) y el resto de la sociedad. “Hay un alto nivel de racismo, de discriminación y de represión por parte del Estado y todas sus instituciones: Educación, Poder Ejecutivo, Justicia… Es una política de Estado. Sistemáticamente se aplica así. Según el censo de 2010, somos el pueblo de mayor población. Somos un problema para sus negocios. Por eso justifican su violencia y ensañamiento”. Desde los micrófonos oficiales los tratan de violentos, de extranjeros, dicen que aprovechan la legislación para quedarse con tierras. Lefxaru tiene en claro que es porque su preexistencia y su forma de vivir son una traba para la extracción descontrolada de petróleo, que pone a la provincia en el podio de las más ricas.

Ahora los lugares donde hay pozos ya están contaminados, entonces la situación es de mayor gravedad. “El gobierno es totalmente permisivo. Permitió que las empresas saqueen, contaminen y destruyan. Jamás las persiguió para que reparen los daños que han ocasionado. Hubo casos de enfermedad, de muerte, de malformación, de cáncer, de contaminación probada en tierra, en agua y en aire”, expone.

En distintos juicios y pericias del gobierno federal en 2003 y en 2009, previo a la hidrofractura, dicen que la explotación del petróleo convencional contamina. El gobierno provincial siempre la negó. Desde que la provincia revierte las áreas de Repsol y se las entrega a YPF, empezó a decir que hay 500 focos de contaminación con costos de miles de millones de dólares. Eso hizo favorable la entrega a Repsol. “No solo que el gobierno no controla a la empresa ni garantiza la salud, sino que también permite que las empresas hagan lo que quieran con las vidas del pueblo mapuce”, insiste Lefxaru.

¡PUM! El 27 de noviembre de 2014 explotó una válvula en territorio de la comunidad Campo Maripe. Lef se comunicó con sus hermanos de ahí. Llegaba hasta 100 metros a la redonda, donde el pastoreo se volvió imposible.

No es el primer accidente. Es el noveno en cuatro años. En la computadora, Lef ve los archivos de los comunicados que sacaron a principios de septiembre, por la explosión del Pozo 843, que provocó un incendio en el Loma Campana, pleno territorio comunitario ocupado por YPF en sociedad con Chevron. Lee el comunicado de sus hermanos de Campo Maripe, después de otra explosión, la del 27 de septiembre:

“El sábado pasado 27 de septiembre, a la medianoche, en la perforación 990 de la Empresa NABORS SA se registró otra explosión seguida de una pérdidas de petróleo y gas que por su presión regó a su alrededores y provoco un derrame que demoró horas para detenerse. Así lo notificaron los habitantes de la comunidad, los Kona del Lof Campo Maripe, quienes documentaron este hecho. Según la comunidad hubo un saldo de 3 heridos, uno de ellos trasladado a Terapia Intensiva esto fue informado por los operarios, que solicitaron que el hecho fuese denunciado, ya que el sistema de trabajo es muy precario y de alto riesgo. El antecedente próximo fue el pasado 2 de septiembre cuando exploto el Pozo 843 que puso en riesgo a la comunidad del Lof Campo Maripe, la zona está sacudida por las detonaciones subterráneas de la hidrofractura pero esta vez exploto un pozo y el incendio que sucedió fue en el equipo 163 en Loma Campana (yacimiento que es operado por YPF en sociedad con Chevron) dentro del territorio comunitario. La explosión fue a metros de los corrales y lugares de hábitat de los comuneros, como consecuencia se produjo emanaciones de gases tóxicos sobre la comunidad y derrames de combustible en zonas de pastoreo de su ganado. Por episodios como estos, por las permanentes vibraciones del suelo, imperceptibles para los humanos según YPF, pero notorias para quienes viven ahí, las liebres criollas, avestruces, los pájaros en general, no están más. “Esto es más grave que la era previa a la hidrofractura”, le resumió Albino, Longko de la comunidad de Campo Maripe, a Inter Press Service.

Los pozos están en Neuquén por la formación geológica Vaca Muerta, que abarca dos tercios de la provincia. Hay 18 comunidades mapuces. Con distintos niveles de intensidad, hay concesiones de exploración y explotación en todo el territorio. En el área, denuncia Albino Campo, “van 160 pozos más o menos”. “Cuando lleguen a 500 pozos nosotros no tenemos lugar para tener animales, donde siempre tuvimos animales, donde siempre vivimos, y siempre fue nuestro y nos robaron lo que fue nuestro”, se queja.

Dicen que el fracking va a traer prosperidad económica, pero para Lefxaru, eso es una falacia. “La venimos denunciando. La realidad misma la ha desmentido. La época en la que llega Repsol, en las privatizaciones, Repsol era una empresa que venía en quiebra y se recuperó con Neuquén y Argentina. Se le dieron todos los beneficios posibles. Nunca invirtió en infraestructura, energía ni exploración. Todas las cuencas que estuvieron explotando todos estos años son las que exploró la YPF pública. A partir de todo eso lo que se hace es todo un saqueo, una explotación desmedida, sin control ni proyección por parte de las multinacionales, donde el Estado hace el rol solamente de recaudador de ínfimas regalías del 12 por ciento y en ocasiones hasta el 15, que no representan un beneficio para la población, salvo en lo inmediato para los que están directamente relacionados con la actividad: el 10 por ciento de la población de la provincia”, sintetiza. En la provincia, el 10 por ciento más rico se lleva 30 veces más que el 10 por ciento más pobre. El 57 por ciento de la población no tiene techo propio. Contra ese modelo pelea la Confederación  Mapuce, porque para ellos implica perder territorio para ganado, para mantener su forma de vida, pero también, para no enfermarse y tener agua.

El agua que usa la hidrofractura es de salinidad escasa (dulce) porque si no los componentes químicos no cumplen su objetivo. Las empresas llevan 30 millones de litros de agua, pero no le dan a la comunidad, como indica la legislación. “Destruyeron todos los cursos de agua. Es una medida de presión. Cuando el gobierno viene a decir que nosotros somos violentos, se olvidan de esto que nos hacen. Hay una orden judicial del juzgado de familia de Zapala dice que el gobierno está obligada a llevarle agua a la comunidad. Pero no se cumple. ¿Sabés el calor que hace ahí en verano? Y el agua todos la necesitamos para vivir. Es un derecho humano. Hay lugares donde el agua sale naturalmente en aguadas y también sacan de pozos artesanales que hace la comunidad misma. Las napas antes estaban a 8 metros. Ahora, a 35. Para nosotros, la naturaleza, Waimapu (la tierra de arriba), todas las vidas naturales son una vida más. No somos solo los humanos, sino todas las vidas. Nuestro objetivo es el conocimiento de la naturaleza, que tiene un equilibrio que solo necesita que lo respetemos. Todo lo que nosotros no protejamos, lo van a destruir la voracidad de las multinacionales y la complicidad de los gobiernos. En el 2011 pusimos la posición No a la Hidrofractura. Vamos a discutir qué es lo que queremos”, advierte.

La hidrofractura comenzó donde ya estaba el pueblo mapuce, en todos los casos. En Lomas de Lata Norte, está en territorio de comunidades mapuce, pero afecta al Río Neuquén y Marimenuco, que van para la capital. Entre Cutral Co y Zapala se hizo el primer pozo que se hizo en Neuquén. “Ahí se hizo una metodología que no se usa más: una pileta como una cancha de fútbol, deben ser como dos manzanas, dos hectáreas. No lo hacen más porque se ve horrible. Lo ves y decís ‘la puta madre, qué pasa acá’. Te impacta. A ellos (los mapuce de ahí) también los impactó. Eso no parecía un pozo normal. Decían que no iban a hacer un pozo más hasta que no supieran qué se estaba haciendo ahí. Frenaron los demás pozos y los reprimieron un montón de veces. Una compañera mapuce, Cristina Nincopal, fue la que inició esta lucha. Ella tenía problemas de salud por la contaminación. Creció en un lugar donde la industria está hace décadas. Murió en 2013, teniendo 30 años, porque sus pulmones ya estaban mal y eligió quedarse en la zona para resistir. Los síntomas coinciden con lo que detallan las pericias de la justicia federal en Marimenuko sobre la contaminación del aire, agua y tierra.

Toda esta información no está al acceso de la gente. Estamos enfrentándonos a las multinacionales. En 2013 vinieron comunidades de Ecuador que repudiaron a Chevron y nos contaron cómo funcionó allá. Cuando nos enteramos que se firmó el acuerdo, entramos al Trapear, el segundo yacimiento más importante del país, que hoy tiene Chevron. En ese yacimiento, las reservas de petróleo cayeron hasta el 40 por ciento desde que ellos lo tienen, porque lo estaban saqueando. Las reservas caen cuando no se explora. Saquearon las reservas que relevó el Estado con la YPF pública de antes del 94. No han invertido en explorar nuevos lugares. El petróleo convencional no está acabado, ellos lo han acabado. No han tampoco planteado una política ni a mediano ni a largo plazo de cómo hacer la transición del petróleo a otras energías.

Todo esto lo permitieron algunos jueces que ponen algunas leyes por sobre otras, como la sancionada el 29 de agosto de 2013, cuando se aprobó el pacto Chevron-YPF que continúa teniendo cláusulas secretas para todos. El objetivo de la Confederación Mapuce y de la Multisectorial No a la Hidrofractura ese día era manifestarse en la puerta de la legislatura. La policía se lo impidió y los empezó a agredir. Hubo más de 30 heridos de bala de goma y uno con una bala de plomo en el pulmón, en un lugar como Neuquén, donde murieron Teresa Rodríguez y Carlos Fuentealba por la represión. No hubo un muerto de casualidad. La represión duró ocho horas. “El gobierno piensa que nos vamos a cansar de pelear. Por los incidentes del sábado solo dicen que queremos plata o derechos superficiales. Nos abrieron causas judiciales. Es una situación de siempre acá. Ha habido más de 300 procesados mapuces. No nos va a intimidar eso”, deja en claro Lefxaru.

La cultura mapuce no hace dicotomías ni separa una cosa de la otra. Es interesante escuchar cómo une la cuestión del Estado, de su historia, su pensamiento, la estigmatización, la hidrofractura y las repercusiones en el resto de la sociedad neuquina: “En todas sus instituciones niega nuestra existencia misma. En la escuela, las teorías antropológicas e históricas niegan nuestra existencia como pueblo en Argentina. Nos deslegitiman o legitiman el genocidio contra nosotros. Nos quieren eliminar culturalmente. Si nosotros hemos estado acá es porque hemos resistido. Esa negación de la existencia a través de la educación genera todos los días miles de niños que van a repetir un discurso racista: los mapuce no existen. Hablan de los pueblos originarios en pasado. Posteriormente, nos niegan las personerías jurídicas, los títulos sobre la tierra, la propiedad del lugar, el avasallamiento continuo. Cada vez que alguien sale a decir algo es “violencia”, “terrorismo”, y toda una estigmatización del ser mapuce. Por eso nosotros el año nuevo, la vuelta al año, we tripanku, se ha abierto como celebración a toda la gente. Cayendo día de semana, laboral y a las ocho de la mañana un día de invierno, este año se juntaron más de 600 personas. Es algo muy positivo porque por fuera de todo lo que hizo el gobierno y el Estado, se generan lazos de cultura, de compartir la lucha y las calles. Eso es algo que nosotros vemos con mucha esperanza. En 2009 reclamábamos por esto solos. En 2012 había 6000 personas en la calle, al otro día 15 mil contra la hidrofractura. A ellos no los deja de asustar. Por algo también quieren amedrentarnos y sacarnos del lugar. Hay un montón de gente que está empezando a cambiar su forma de ver las cosas y ven que esto así como ellos lo plantean, es una democracia corrompida. Democracia no es solo la parte electoralista que a ellos le encanta y que tienen totalmente manejada. También es que cumplan con las leyes, que son la base y lo que contiene los derechos de los pueblos. Ellos no lo quieren aceptar. Niegan totalmente la existencia de las leyes favorables a nosotros. Su discurso es totalmente retrógrado y anacrónico porque se quedaron en la historia de hace 50 años. Hoy si ellos aplicaran la legislación, la cosa sería muy distinta acá. Si uno lo ve en perspectiva histórica, este proceso sí fue muy favorable para nosotros. Hace 130 años terminó la guerra, la invasión armada del Estado argentino contra el pueblo mapuce. La historia es muy reciente”.

Voces enterradas

“Puel Kona es un grupo de música mapuce fusión”, así se definen.  Desde la  comunidad Newen Mapu, ubicada en Neuquén Capital, estallan las voces de estos militantes de la comunicación que reivindican su identidad y denuncian el etnocidio que los intereses capitalistas siguen perpetrando en sus tierras.

Los nombran y por inercia a los minutos los googleo, son de una comunidad de Neuquén Capital que se llama “Newen Mapu” y significa fuerza de la tierra. La descripción de facebook dice “Puel Kona es un grupo de música mapuce fusión”. Me queda sabor a ganas de más y abro una nueva pestaña en el buscador, entro a youtube, escucho “Clandestinos”, corte de difusión de su primer disco. A mitad del tema les mando un inbox, no están online. Otra nueva pestaña me lleva a twitter, los sigo y les pido un contacto. Llevo el mouse hasta youtube nuevamente, ya estoy tarareando el estribillo.

La mañana siguiente empezamos a charlar. Del otro lado del teléfono me atiende Lefxaru, guitarra y voz de la banda. Resolvemos seguirla por mail, tienen una estructura horizontal y no quieren que la conversación quede en una sola voz. Casi mágicamente a pesar de los kilómetros se suman Aylin (voz), Amaru (teclados y voz), Umawtufe (bajo y Xuxuka), Ñamku (Xuxuka, xompe, sikus), Lucio (Batería) y Malen (saxo).

 

“Clandestino en tu propia tierra, extranjero en tu propio origen. Es nacer y ya estar condenados, existir pero ser invisibles” (Puel Kona – Clandestinos)

La comunidad “Newen Mapu” está cumpliendo sus primeros treinta años. Puel Kona nació, creció y fortaleció su identidad mapuce a la par del progresivo afianzamiento de la comunidad en la que vive. Proceso conflictuado muchas veces por el hecho de estar situados en la ciudad donde sistemáticamente se los volvió ajenos a su propio territorio. Este estigma recae sobre ellos como un azote difícil de imaginar para nosotros: Su vínculo con el territorio no se reduce a una mera funcionalidad, sino que es parte estructurante de su cultura. “Mapuche” quiere decir “gente de la tierra”, pero con una sutileza que el idioma conquistador no deja entrever: primero son tierra (“mapu”) y luego gente (“che”). Se vuelve más claro, entonces, que el despojamiento territorial y la devastación cultural son dos caras de un mismo proceso. “Si bien nuestros padres se encontraban en la ciudad, y nosotros nacimos y nos criamos en estos espacios, nunca nos fuimos de territorios mapuce porque somos parte de este territorio que nos da origen e identidad, al igual que nuestros antepasados. Nosotros no hemos emigrado de nuestro territorio, sino que es la ciudad la que se instaló dentro de territorio mapuce”, lo dicen convencidos. Abren una grieta en un sistema que apuesta a negarlos, una grieta por donde se filtra la luz.

La adolescencia los encontró ante la necesidad de comunicar quiénes eran y rebatir todo eso que querían imponerles. El impulso los llevó a formar Kona, un centro de comunicación en el cual empezaron a decir en diferentes formatos. Eran la primera generación adolescente dentro de la comunidad y llevaban dentro años de voces que habían querido ser silenciadas. A ellos les tocaba gritar “Creemos que tenemos muchas cosas por decir desde nuestra propia perspectiva, para que nadie hable por nosotros sino que nosotros tengamos nuestras propias voces mapuce para poder contar nuestro sentir, nuestras posiciones”.

En su búsqueda del decir, de encarnar en palabra tanta historia, llegó la música para poder decir mucho más. “El hecho de constituirnos como banda fue todo un aprendizaje, porque no hacíamos música desde antes, no éramos músicos ni habíamos estudiado música. Más que nada comenzamos a hacerla porque nos dedicábamos a  comunicar y la música era otra forma de comunicación. Pero a medida que fuimos creciendo como banda, fuimos aprendiendo un montón en relación al sentimiento musical, y a entender que no era tan sólo una forma más de hacer comunicación como nosotros creíamos, sino que es algo mucho más profundo, que tiene que ver con relacionarse con tu propio interior, con las vivencias que has podido experimentar a lo largo de tu vida, de tus sentimientos, de tus sensaciones, de cómo entendemos nuestra espiritualidad, de cómo vivimos nuestra identidad”  

Cuando cantan, una mezcla de sentimientos se entrecruza. El dolor, la alegría, la nostalgia, la tristeza, el amor y la esperanza se hacen presentes en su voz para gritar que la identidad mapuce está viva y con mucha fuerza para proyectarse. “Nos hemos sentido o nos han querido hacer sentir como extranjeros en nuestra tierra. Desde la Campaña del Desierto hasta ahora hemos sufrido la invasión territorial, por intereses petroleros,  por el turismo, por la minería, por los estancieros, por el agua. Fundamentalmente, en un primer momento para responder a la necesidad de la Argentina agro exportadora, y luego hasta el día de hoy, en función de intereses capitalistas que valoran mucho más los beneficios económicos que la vida”.

La grieta sigue sumando nuevos gritos que la expanden, el deseo colectivo motoriza la producción de una nueva forma de concebirse a ellos mismos por fuera de la mirada eurocentrista única, totalitaria y excluyente. Las fusiones de ritmos que pasan por ska, hip hop, reggae, chamamé, saya, cumbia, entre otros, hablan también de la pluralidad que defienden. La diversidad potencia la energía, los temas te mueven casi sin darte cuenta, transmiten alegría, celebran la vida.

“No creo en tu frontera, no me hagas el dominio. Jura tu bandera que demasiado duro ya es tener que ir a tu escuela donde se niega tu identidad y te enseñaran una historia ajena” (Puel Kona – Clandestinos)

El conocimiento es también una forma de colonización, es meterse con lo más profundo de tu subjetividad e imponer nuevos sistemas de entender el entorno para echar claridad sobre una única forma de saber y meter todo el resto en un agujero oscuro y profundo. La educación se encarga de transmitir esta univoca forma de conocimiento académico. “Desde niños tenemos que asistir a una escuela en donde nos enseñan que los mapuce no existen o que si existen viven perdidos en un paraje del campo en donde no hay caminos. Que no existimo, y que si existimos somos borrachos y vagos. Que no existimos y que si existimos hay que tratar de que aprendamos a dejar de ser mapuce”

Ellos no se callan y toman la decisión de cantar en castellano y en mapuzugun, dos puntas del mismo puente que pretende unir. “Para nosotros es fundamental recuperarlo, fortalecerlo, ayudar a despertarlo en las generaciones más jóvenes porque allí se encuentra toda nuestra cosmovisión”. Entienden que es necesario apropiarse de estos espacios que tienden a invisibilizarlos y trabajan para resignificarlos, para construir nuevas relaciones que no dejen a nadie afuera, en donde cada uno pueda ser libremente aportando a la diversidad cultural. “Criticamos una educación que es la que representa Sarmiento, negando lo originario de este territorio y valorando elementos extranjeros. Con esto no queremos decir que queremos generar discriminación a la inversa; sino que creemos que hay que fortalecer cada una de las culturas para que entre todos podamos aprender a respetarnos y convivir dentro del espacio territorial que compartimos”

“A nosotros como jóvenes nos ha tocado dar la discusión en nuestros espacios de formación y construir alianzas, relaciones con sectores de estudiantes que también entienden la necesidad de valorar la diversidad cultural con la que contamos. Así trabajamos para poder aportar a este cambio desde la educación, porque es la base fundamental para poder pensar otro tipo de sociedad y otras relaciones más fraternales e incluyentes”. Desobedecer. Cuestionar. Organizarse. Contrainformar. Construir. Descolonializarse. Sentir. Puel Kona, los “Guerreros del Este”, sigue luchando, sigue agrietando.