Vosotros podéis

España se encamina en la búsqueda de una ciudadanía más inclusiva. El partido Podemos rompe con la dinámica bipartidista hasta liderar encuestas. Un movimiento joven en un viejo continente.

Podemos es un verbo en plural, con un mensaje en presente, hacia al futuro, de fuerza, ambicioso, una expresión de deseo.

Podemos es el rótulo político-partidario de otro rótulo mediático, el de los “indignados” españoles, un movimiento mucho más profundo y propositivo que ese bautismo…

Podemos es la reacción que busca institucionalizar a los sectores emergentes que se oponen a la gestión neoliberal de la crisis, es decir los protagonistas de un cambio (mejor, antes que “crisis”) que empezó el 15 de mayo de 2011 en una manifestación y acampe en la Puerta del Sol, Madrid.

Podemos es un partido político que desafía al bipartidismo clásico PSOE-PP, proponiendo una democracia más participativa, alejada del dominio de los banqueros y las corporaciones.

Podemos es, según una encuesta del diario El País, la primera fuerza política en España, a un año de las elecciones generales en las que se renovarán 350 bancas de diputados y 208 del senado, con una intención de voto de más del 22%.

“Hay 6 millones de personas ahora mismo en paro. Más de 250 mil jóvenes han emigrado para estudiar o trabajar en otros países. Ha llegado a haber 500 desalojos diarios: personas que habían comprado una casa contrayendo una hipoteca con el banco en épocas donde había trabajo, y de repente se encontraron sin trabajo, y sin poder pagar la hipoteca. En España no es como en Estados Unidos, donde tú entregas las llaves: sino que tú entregas las llaves, sigues pagando la hipoteca, e incluso puedes pasársela a tus hijos”.

Amador Fernández Savater está sentado frente a diez personas en un bar del centro de Buenos Aires, en una charla que apunta a informar novedades del otro lado del hemisferio. “Así contado, parece una película de terror. Pero en realidad lo que está habiendo es una especie de aceleración del tiempo de destrucción del capitalismo, a una velocidad que no habíamos visto”, dirá.

Amador Fernández Savater.
Amador Fernández Savater.

Amador Savater es – además de lo que su apellido evidencia- editor, escritor, bloguero y militante dedicado a teorizar sobre los movimientos emergentes españoles. Viajó para relatar sobre Podemos en universidades y movimientos, pero la introducción que propone analiza la antesala del clima político español. “Ante ese escenario, hubo huelgas generales, los movimientos sociales habían intentado hacer convocatorias, pero ninguna había tenido un mínimo de energía. Eso es lo importante para entender lo singular del 15M y de Podemos: cómo desde lo político ya organizado no hubo manera de convocar nada interesante, desafiante, frente a la dureza de la crisis”.

La convocatoria que finalmente tuvo efecto comenzó a cocinarse, en cambio, a través de Democracia Real Ya, una plataforma independiente que ayuda a coordinar acciones globales de movimientos ciudadanos; en su quiénes somos se describen como “los desempleados, los mal remunerados, los subcontratados, los precarios, los jóvenes”. La convocatoria tenía fecha: 15 de mayo de 2011. “La llamada hizo foco contra los políticos y los banqueros, como representantes de los ajustes para contener la crisis, y eso fue lo que aunó a la gente más allá de los partidos y los movimientos”, dice Amador.

Marta, integrante de Podemos de Barcelona, cuenta en primera persona: “Nunca había hecho nada político, pero creo que el momento era tan bestia y estaba tan indignada que cuando apareció la posibilidad de este movimiento me sentí impelida a participar. Estoy súper contenta de que haya esta fuerza, porque si no la indignación se te queda enquistada y no haces nada con ello”.

Savater recurre a sus teorías para explicar lo que Marta representa, y hace: “En la plaza lo que emerge es una “política del cualquiera”, en términos de Ranciere (Jaques, filósofo francés). En tanto que las plazas se organizan como espacios simbólicos y materiales donde se hacen esfuerzos permanentes por acoger a cualquier persona indignada con el estado de las cosas, fuera cual fuera su posición económica e ideología, sino que ponía de común lo que podía unir a la gente”. Lo que estaba naciendo, dice Savater, era un “nosotros nuevo”.

Sólo en Madrid salieron a la calle aquél 15M más de 20 mil cualquieras, y se calcularon otras 100 mil en el resto de España. “Después de la manifestación hay un grupo de 40 personas que dicen ´bueno, no vayamos a casa, vamos a hacer algo más´. Y acamparon en la Puerta de Sol. Fueron desalojados. Y días después se tomó la Puerta del Sol y las principales plazas de Madrid, y luego en otras plazas del país”.

¿Qué estaba pasando? “Es importante pensar las plazas como un lugar público de política y vida. Había campamentos, servicios de enfermería, de guardería, etcétera. Estábamos organizando ya la vida. Una pequeña ciudad dentro de la gran ciudad”.

La otra batalla urgente fue contra los desalojos: se creó la “plataforma de afectados por la hipoteca” para determinar los casos, situaciones y ayudas. “Se llegan a parar unos mil desalojos, y lo increíble fue que los cerrajeros y los encargados de desalojar se negaban a sacar a las gentes de sus casas. Metieron presos a bomberos porque se negaban a desalojar, decían ´ése no es mi trabajo´”, cuenta.

Estas organizaciones fueron tomando distintas formas y posturas, discusiones durante y después: “Lo interesante del 15M es verlo como una especie de cambio climático. Para nosotros no era una estructura ni un movimiento, sino que era como una nueva manera de hacer política. Y que podía darse en cualquier lugar sin llamarse a sí misma 15M”.

Bea es una joven de 20 y pico de años que integra Podemos desde su inicio en Barcelona. Desde ese su lugar relata su visión de cómo estas organizaciones del 15M derivaron, entre otras cosas, en un partido político: “Parte del movimiento social se había circunscripto mucho a hacer labor desde la calle y desentendiéndose de lo institucional. Y la política en un partido no tiene por qué ser necesariamente algo sucio. Lo que viene a decir Podemos es que el cambio social no solo va a poder hacer ese trabajo desde la calle y desde la denuncia sino que hay esa necesidad de que gente verdaderamente tenga voluntad de escuchar y trabajar para la gente dentro de los recintos”. También lo explica a la inversa: “El consenso de la ciudadanía en estos temas no se venía traduciendo en cambios reales”.

Vea, Marta y Luca de Guanyem y Podemos Barcelona.
Bea, Marta y Luca de Guanyem y Podemos Barcelona. Foto y entrevista: Julieta Colomer

Bea lo dice desde su pasado militante en movimientos sociales: “Muchas veces lo que hemos visto es que pasas cierto tiempo haciendo una recogida de firmas para una iniciativa, y luego eso se supone que se eleva y se lleva al parlamento y se desoye totalmente”. Ahora: “Lo que podemos brindar es toda gente que viene con un trabajo detrás, que son verdaderos expertos, que conocen la educación, la salud pública e incluso tienen propuestas concretas. Ahí es donde entramos nosotros: esa interlocución con los movimientos. Tenemos que construir un programa a elevar y para eso queremos escuchar propuestas”.

Podemos nació hace menos de un año como hijo declarado del 15M, con el objetivo inmediato de competir en las elecciones parlamentarias del 25 de mayo de 2014. Tuvo apenas meses de campaña pero supo cristalizar estos años de movilizaciones y discusiones. Llegó entonces con la propuesta de un programa redactado por “miles de personas”: “Era un manifiesto de cara a las elecciones europeas donde se recogían una serie de demandas del modelo productivo, la anticorrupción, el derecho a la vivienda, el trabajo digno, derechos de las mujeres a decidir sobre su cuerpo, en total diez puntos sencillos pero profundos que impulsaban candidaturas asentadas en un método de participación ciudadana”, resume Bea. La habilidad de Podemos no fue tanto la novedad de sus proposiciones – que van en la línea de muchas promesas llamadas “progresistas” y de “izquierdas” de distintos países-, sino la dinámica de su organización y la llamada convocante a la ciudadanía.

En las parlamentarias Podemos cosechó 1.245.948 de votos, el 8%, ubicándose como la cuarta fuerza, dando el batacazo : metió 5 eurodiputados, entre ellos la cara visible del partido, Pablo Iglesias, profesor de ciencias políticas.

Los cinco candidatos elegidos firmaron antes una acta de compromiso que materializaba eso del control ciudadano: su retribución mensual sería equivalente como máximo a tres veces el salario mínimo (645 euros), debiendo donar el resto del salario oficial a los proyectos del partido o “iniciativas, colectivos, asociaciones”; se comprometieron a una rendición periódica de cuentas al habilitar mecanismos de transparencia e información de fácil acceso, consultas directas por Internet y una oficina que tramite iniciativas populares; y otros pactos que resultan más evidentes – pero no lo son- como la independencia de cualquier corporación, y hasta el compromiso de viajar en transporte público siempre que sea posible.

Bea: “También se plantea en el partido la limitación de mandatos y la revocabilidad. Pero estas medidas no tienen sentido si no hay una ciudadanía detrás. Las dinámicas institucionales, los poderes económicos y lobbys de poder y prácticas muy arraigadas a la manera de hacer política hacen que se podría ver arrastrado cualquiera si no hay ese control ciudadano”. Luca, también de Podemos Barcelona: “Simplemente no se puede decir ´vamos a ser distintos´. No podemos ser tan naif y pensar que esto funcionaría sólo y sin más. Por eso este compromiso ético”.

 

-¿Cómo se sustenta Podemos?

Bea: “Con poco dinero: haciendo de la necesidad, virtud. No nos financiamos con dineros de los bancos, nos apoyamos en la colaboración de la gente. En la página hay un sistema de crowfounding a través del cual se solicitan recursos para el partido o para propuestas concretas. Y también de pequeños gestos. En la primera campaña no teníamos dinero para hacer propaganda, se hizo una carta para pedir el voto y la gente se lo imprimía en la casa y llenaba las escaleras del edificio”.

-¿Cómo se difunde?

-“Hay un apoyo desde el inicio en las redes sociales. Y una vez que nos dieron un eurodiputado, ya empezamos a salir en los periódicos, a partir de ahí empezamos a ver cómo la gente empezaba a preguntar, a participar, a enterarse de qué iba para apoyar aquello”.

-¿Cómo se organiza?

-“Estamos en pleno debate organizativo y demás, todo eso pasa por discusión a nivel telemático y ahí es donde tienen un papel importante los círculos, que son los espacios en cada ciudad y en cada barrio: cuidan lo presencial. Se hacen reuniones. Ya no es que son dos procesos en paralelo, el partido y los círculos, el uno enriquece al otro, y es muy necesario. En las reuniones cualquiera dice la suya y gente que esté más puesta puede traducirlas en lo que sea: organizar jornadas de debate, una denuncia… Están las reuniones y también se usó el fondo del salario de los eurodiputados para hacer 13 oficinas como espacios de contacto con la ciudadanía, para transmitir lo que se está haciendo y recibir propuestas”.

Podemos habilita, además, su plataforma digital para completar un formulario que permite presentarse como candidato a Secretario General, Consejo Ciudadano o Comisión de Garantías del partido, que debe elegir representantes de cara a las elecciones municipales. Según los requisitos, cualquier ciudadano inscripto en Podemos puede presentarse, él o junto a un equipo de personas, necesitando el aval de uno de los círculos organizativos de Podemos, que puede habilitar hasta dos listas cada uno.

En el proceso de elección, cada lista dará a conocer las actividades para difundir las candidaturas y sus contenidos programáticos; asimismo, el Equipo Técnico de Podemos se compromete a impulsar espacios y dinámicas de participación para visibilizar a los diferentes candidatos. Puede votar cualquier ciudadano inscripto en Podemos, por Internet o en mesas habilitadas. Los electos serán los candidatos más votados para cada órgano, independientemente del equipo al que pertenezcan, con una única corrección: se debe mantener un equilibrio de género, 50 y 50.

-¿Cuáles son los desafíos hoy?

-De momento se está haciendo la dinámica organizativa a la espera que nos dotemos de un modelo más oficial para todo el mundo. Hoy el desafío es asentar los círculos de distrito y confluir entre ellos: ahí están quienes tienen realmente lo que pasa en el barrio.

La implantación de Podemos a nivel municipal y autonómica, para presentarse a elecciones en cada ciudad, todavía no está desarrollada: recién el 2 de enero de 2015 el partido tiene previsto dotarse de secretarios generales y consejos ciudadanos locales y regionales.

Mientras tanto, sin esta formalidad han ido surgiendo distintas versiones locales que intentan replicar estas lógicas: Bea, Luca y Marta encarnan además a Guanyem (en catalán: Ganemos) la versión municipal de Podemos, nacida como círculo del partido en Barcelona. Guanyem es hoy una fuerza política con referentes y medidas propias: “La diferencia es que Guanyem nace mucho más de abajo, no es casual que las personas que se perfilan con liderazgos más potentes provengan de la plataforma de afectados por la hipoteca, tiene un enraizamiento con el tejido social de aquí pues es muy potente, de ahí puede salir algo con mucha fuerza”, dice Bea.

Podemos está entonces en plena organización interna: con fuerza y proyección nacional, se debate cómo replicar la experiencia en las distintas ciudades que ya tienen expresiones propias. Bea, desde Ganyem, disipa fantasmas: “La gente pide a gritos que no nos dividamos. Vamos a hacer todos los esfuerzos para dejar de lado nuestras diferencias y sumar para lo que está claro: en el caso de Barcelona, que este modelo de ciudad no nos gusta. Y eso lo sabemos los ciudadanos y por eso nosotros lo vamos a cambiar”.

Resta una pregunta, para no perder el eje: ¿qué sucede con las otras experiencias, movimientos y movidas que generó el 15M, además de Podemos? Volvemos a Amador: “El peligro es centrarse en un solo punto. Para muchos amigos es una idea problemática la de Podemos, como idea de tomar el poder como lugar de cambio; no porque no se pueda hacer nada interesante, que de hecho lo es, sino porque lo pensamos en términos de políticas ´multicapas o multicanales´. Multicapas es una política que actúa en muchas capas de la realidad: lo social, lo cultural, lo económico, lo político. La imagen que usamos es la de una mano, en la que cada dedo puede representar una de estas capas (el movimiento de hipotecas, los jóvenes que gestionan cultura independiente, los movimientos autogestionados, Podemos, etc.), que, en determinado momento, cerramos para golpear juntos en un mismo lado”.

“Si no hay justicia, hay escrache”

Julieta Colomer es una fotógrafa argentina que militaba en H.I.J.O.S y era parte activa de la Mesa de Escraches Popular. Por las imágenes de este mecanismo de pedir justicia, expuso en el Museo Reina Sofía, de Madrid, y participó de charlas sobre la resignificación del espacio público. A su vuelta, invita a la reflexión sobre nuestra historia reciente y la compara con la realidad española.

Para la mayoría de los turistas que llegan a Madrid, el Museo Reina Sofía es lo segundo que se ve de la ciudad. A no ser que te subas a un taxi o a un auto particular para ir hasta donde te alojes en la capital de España, lo más probable es que – hayas viajado en avión o en tren o en colectivo – termines en la estación de trenes de Atocha, en pleno centro madrileño. Enfrente de Atocha está el Reina Sofía, uno de los museos más famosos y modernos de Europa. Allí duerme el Guernica de Picasso –la obra en la que el pintor español ilustra la salvajada de los bombardeos a esa ciudad durante la Guerra Civil – y varias otras joyas de Salvador Dalí y Joan Miró, entre otros. Mientras se recorre el primero de los cuatro pisos del Museo a las apuradas, porque la cita con la piel de gallina para ver el Guernica no se puede posponer demasiado, se pueden encontrar montones de obras seductoras que demoran el encuentro con Pablo Picasso. Exposiciones inesperadas. Por ejemplo: fotografías de los escraches que inventó H.I.J.O.S –Hijos por la Identidad y la Justicia contra el Olvido y el Silencio- en la década del 90’ para generar condena social en los vecinos de los represores, que sacaban a pasear su impunidad por los barrios mientras los amparaban los indultos, la leyes de Obediencia Debida y el Punto Final y, también, su apariencia de ancianos vecinos. “Si no hay Justicia, hay escrache”, era la consigna.

Negativos positivos.
Negativos positivos.

Las fotos son de Julieta Colomer, una fotógrafa argentina que militaba en H.I.J.O.S y era parte activa de la Mesa de Escraches Popular. “Es groso tener las fotos ahí. Son fotos que han estado en la calle, en centros sociales comunitarios, en predios que tomaron las asambleas post 2001. Han estado en La ideal en Villa Urquiza, en la casa de Cucha Cucha, que fue la casa que tomó la asamblea de La Paternal, en la olla de Callao y Corrientes. Post 2001, en la etapa de los cacerolazos, se había armado una especie de colectivo grande que unió a fotógrafos y documentalistas que se llamaba Argentina Arde. Y ahí hicimos muestras de fotos en la calle”, cuenta Julieta, a su regreso de Madrid, luego de pagarse el pasaje para ver sus fotos colgadas en las paredes del Reina Sofía y participar de distintas charlas. Las fotos estaban ahí porque formaban parte de una de la exposición que armó Marcelo Expósito, un español artista y activista social. A la muestra se la llamó Playgrounds,  porque trataba la resiginficación del espacio público, y se exhibió hasta finales de septiembre pasado. “Las fotografías de Julieta muestran la experiencia de los escraches desde dentro, a diferencia de otras visiones de tipo más periodístico o reportajista, constituyen documentos excepcionales de esa experiencia histórica vista desde su interior”, explica Expósito desde Barcelona.

-¿Cómo eran esos escraches de H.I.J.O.S?

-Los escraches apuntaban a la condena social. Fueron en su mayoría entre el 98’ y el 2006. Se laburaba dos meses en el barrio para construir ese consenso y esa condena social en los vecinos. Tenía diferentes partes. Primero una situación más cerrada, en la que H.I.J.O.S investigaba los legajos que conocía de militares y ahí empezaba la averiguación de si la dirección que figuraba en los legajos era actual. Después de ahí –cuenta Julieta Colomer- se trataba de pensar cómo sacarle la foto, porque lo interesante era hablar con el vecino pero también mostrarle que el tipo al que escrachábamos ya no era un joven, sino que la mayoría de los genocidas ya eran personas mayores, que pasaban como vecinos de tercera edad, y en muchos casos ya no se reconocían porque los legajos de la CONADEP son de hace mucho tiempo. Y al final, una vez que ya estaba el operativo hecho, se invitaba a la gente al domicilio para hacer el escrache al represor.

Los escraches de H.I.J.O.S fueron el instrumento para combatir la impunidad que encontró esta agrupación formada en 1995 por hijos e hijas de las víctimas del Terrorismo de Estado de la última dictadura militar argentina. En la Mesa de Escrache, además de militantes de H.I.J.O.S, había gente que se acercaba por las suyas: grupos de arte callejeros, alumnos de centros de estudiantes de los secundarios, gente del Sindicato de Motoqueros, o asambleístas de los barrios que estaba por pasar o por los que ya había pasado el escrache post 2001. Todo el laburo que le ponían a marcar la casa donde vivía un genocida con su familia, ante la indiferencia y el desconocimiento de la gran mayoría de los vecinos previo a que el escrache pasara por allí, tenía su fruto una vez que dejaban la zona. “Nos enteramos de varias situaciones en las que se tuvieron que mudar después de que pasamos, porque la familia no soportaba la presión de ser marcados. Sobre todo las esposas de los represores. Nos enteramos de algunos que se suicidaron. También hubo algunas reacciones de vecinos que acompañaban. Me acuerdo que en Villa Urquiza hicimos un escrache a un médico y laburamos con un jardín maternal. Al otro día del escrache, desde el jardín fueron y le tiraron pañales todos cagados. Nos encontrábamos ese tipo de reacciones”, cuenta Julieta, comunicadora social y fotógrafa de la Cooperativa La Vaca, para la que también realizó junto con Graciela Daleo, sobreviviente de la ESMA, un noticiero radial quincenal sobre los juicios de lesa humanidad que se están desarrollando en los tribunales federales de todo el país.

Imagen: NosDigital
Imagen: NosDigital

Además de testimoniar con su cámara el momento en que el escrache se hacía carne, o sea cuando se realizaba la movilización de vecinos a la puerta del escrachado, Julieta junto a otros compañeros de la Mesa de Escraches se encargaba de la inteligencia previa para generar ambiente y conciencia en el barrio. Así lo cuenta: “El operativo de sacarle la foto al represor era bastante complicado porque no podía abrirse demasiado. La mesa de escrache era un espacio heterogéneo y esa información la manejaba solamente H.I.J.O.S. Era un momento tenso el de la foto. Hubo uno que nos paranoiqueó mal. Habíamos ido con cinco compañeros en una especie de operativo clandestino que armábamos y ya de por sí era todo muy raro. Vivía en un pasaje muy chiquitito, tuvimos que pasar varias veces para ver cuál era la casa, eso ya nos botoneó un poco. Pero hicimos toda la movida para lograr que el tipo asomara la cabeza a la calle, porque necesitábamos sacarle la foto. Por lo general lo que hacíamos era llevarle una carta disfrazados, la idea era que saliera él, no su mujer ni un hijo ni ningún otro. Y no era fácil. Logramos que este tipo saliera y cuando le estoy por disparar la foto desde adentro de un auto, veo que me sacan una foto a mí desde la casa, de un piso de arriba. Entonces ahí fue como no entender nada. Fue decir dos palabras y subirnos todos al auto y nos fuimos. Mucha paranoia porque no sabíamos cómo se había filtrado. Nos dio miedo. Nunca nos había pasado”. La anécdota sirve para entender el laburo previo que había detrás de esos escraches y para comprobar que eran necesarios no sólo para construir condena social por la memoria de lo que esos genocidas habían hecho 30 años atrás con sus padres, sino porque muchos de los escrachados seguían en actividad. Y con poder. “El escrache ese se hizo dos años después. Fue muy raro porque era a un tipo que seguía en actividad, fue médico, obstetra de la brigada de San Justo, entregó bebes. El tipo nos jodió durante varios meses todo el laburo. Apenas llegábamos al barrio, la Mesa de Esraches hacía un mapa y durante los dos meses previos al escrache organizaba cine debate, charlas, volanteaba las plazas, todo para informar. También escribíamos una carta que la repartíamos por debajo de la puerta a los vecinos, para explicar por qué el escrache, quién era el escrachado en cuestión que vivía en ese barrio. A las pocas semanas el tipo escribió su propia carta, hablando bien de él a sus vecinos y diciendo que nosotros éramos violentos, vengativos. Hicimos pintadas y las encontramos al otro día todas tachadas. Eso fue una pelea en el propio territorio. Y una muestra de que el tipo seguía activo, operando. Hasta el momento uno no se imaginaba eso: que todavía mueve groso, que no es ningún boludo, que tiene su aparato. Para nosotros eran todos viejos que estaban retirados”.

El último escrache de H.I.J.O.S fue hace ocho años, en 2006. “Fue el más difícil que nos tocó hacer: a un comisario que estaba en actividad”, recuerda Julieta. Pero el final no tuvo que ver con eso, sino con el momento histórico que se vivía en la Argentina. En 2003, al asumir Néstor Kirchner, lo primero que hizo fue anular las leyes de Obediencia Debida y Punto Final. “Fue un paso necesario e importante. La primera vez que un gobierno constitucional daba respuesta al reclamo histórico de los organismos de derechos humanos. Por ese entonces en la Mesa de Escrache se agudizó una discusión que había surgido años antes y que nos interpelaba a pensar qué entendíamos por Justicia. Existía una diferencia muy sutil pero tajante entre la idea de concebir el escrache como herramienta capaz de presionar para lograr el juicio y castigo y había otra idea que lo entendía como una construcción desde abajo y entre los vecinos: la construcción de condena social. A mi modo de ver ambas propuestas podían convivir pero no fue posible llegar a un acuerdo y la discusión terminó con la salida de H.I.J.O.S de la Mesa de Escrache. Esta situación complicó los mecanismos para seguir investigando a los genocidas. Por eso, ya a fines de 2006, se hizo cada vez más difícil la construcción de los escraches”, explica Julieta, de 40 años. Fue ahí cuando los inventores del escrache dejaron de hacer escraches. Una modalidad que replicó rápido en varios puntos de Sudamérica. Y que el año pasado migró a España. Acaso por eso también estuvieron esas fotos colgadas en las paredes del Reina Sofía. “Los escraches han migrado a España en los últimos años, no como una reivindicación de la memoria, sino como una herramienta de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH), con un apoyo social amplísimo. De hecho, los escraches practicados a los políticos responsables de la violencia sobre la población resultante del estallido de la burbuja inmobiliaria y la emergencia habitacional, han contribuido a señalizar con nombres y apellidos a los políticos cómplices del genocidio financiero, provocando con ello su fuerte deslegitimación”, cuenta Marcelo Expósito, el artista que armó la muestra en el Reina Sofía, quien divide su tiempo entre Barcelona y Buenos Aires.

La PAH es un movimiento social surgido en 2009, en Barcelona, que agrupa personas con dificultades para pagar la hipoteca o que se encuentran en situación de ejecución hipotecaria. En España, la subida del precio de la vivienda acompañada de un buen pasar económico, en lo que se conoció como burbuja inmobiliaria, provocó que sacar una hipoteca para vivienda fuera casi tan sencillo como ir al quiosco. Pero la burbuja un día explotó: desde la crisis económica que se desató en 2008, con el aumento del desempleo a más del 25%, se ha vuelto imposible para más de 350 mil familias pagar las hipotecas. Son los desahuciados, como se los llama en España, donde a los desalojos se los conoce como desahucios. Son los que se quedan sin la vivienda pero continúan con la deuda con el banco a cuestas aunque no disfruten del calor del hogar por el que deben pagar. “Los escraches efectuados por la Plataforma de Afectados por la Hipoteca están estrechamente vinculados a los escraches argentinos, aun con las diferencias sustanciales en sus objetivos. También en el Estado español –cuenta Marcelo- se apela a la sociedad civil, se le reclama a la gente tomar posición. Son una apelación a la justicia desde abajo, sin ejercicio de violencia ni venganza, pero contundente en su condena social de los cómplices de violencia contra la sociedad civil”.

Durante su estadía en Madrid, Julieta Colomer dio una charla en el Patio Maravillas, un colegio que llevaba siete años cerrados hasta que se lo ocupó para transformarlo en el centro comunitario más grande de la capital española, junto con miembros de la PAH. “Ellos tuvieron la experiencia del 15M que fue similar al 19 y 20 de acá. El escrache que replicó allá, o que ellos tomaron, no es de víctimas de del franquismo sino que tiene que ver con un motivo económico. Tiene esas diferencias. Para algunos de allá, para otros no, pero sobre todo para las víctimas del franquismo que siempre remarcan que en España no se mira nunca al pasado, que no se ha hecho nada por esas víctimas, son importantes esas diferencias”, cuenta.  Marcelo Expósito retoma esos contrastes: “Aun así, desde hace quince años se desarrolla en todo el Estado español un potente movimiento por la recuperación de la memoria histórica, que si bien no ha hecho uso de la herramienta de los escraches, sí lo ha hecho de acciones contundentes con la continuada localización y exhumación de tumbas NN donde se encuentran todavía los más de cien mil desaparecidos fruto del crimen de Estado en los primeros años del franquismo. La influencia que el movimiento histórico por los derechos humanos argentino ha ejercido sobre este movimiento por la recuperación de la memoria histórica en el Estado español, ha sido enorme”.

El escrache español tiene el mismo fin que el que inventó H.I.J.O.S pero una impronta bien distinta. “Tiene que ver con la época también. Es una situación un poco más virtual. Hay mucho tuiteo, redes sociales. Pero ellos han logrado con los escraches frenar algunos desalojos. Y el tema de los desalojos es bestial: hay gente que se quedó sin la casa pero además tiene la deuda por 20 años. Es tremendo –cuenta Julieta- eso generó mucha rabia y canalizó en el escrache. Allá se señala a los diputados que frenaron la ley que ampara los desalojos. Lo que pasa es que la sociedad española no logró calar el escrache porque no les gustó eso de señalar con el dedo, de buscar condena social. No está bien visto a nivel social. Por supuesto que sí en los jóvenes. Y hay algunas excepciones: cerrajeros  que les tocaba ir a desalojar y se negaron”.

Este asesino vive en nuestro barrio. Julieta Colomer.
Este asesino vive en nuestro barrio. Julieta Colomer.
Frente a la casa del torturador. Julieta Colomer.
Frente a la casa del torturador. Julieta Colomer.
En el barrio. Julieta Colomer.
En el barrio. Julieta Colomer.
Conozca a su vecino. Julieta Colomer.
Conozca a su vecino. Julieta Colomer.
Condena social. Julieta Colomer
Condena social. Julieta Colomer
Juicio y castigo. Julieta Colomer.
Juicio y castigo. Julieta Colomer.
Redoblante. Julieta Colomer.
Redoblante. Julieta Colomer.
Stencil en la calle. Julieta Colomer.
Stencil en la calle. Julieta Colomer.
Torturador suelto. Julieta Colomer.
Torturador suelto. Julieta Colomer.
Verdad justicia memoria. Julieta Colomer
Verdad justicia memoria. Julieta Colomer
Volante. Julieta Colomer.
Volante. Julieta Colomer.