Yo fui reprimido

Crónica de un verano en la trinchera de la Sala Alberdi. De este lado, festivales de música, ferias de libros y talleres artísticos. En frente, criminalización, balas y desalojo.

Fotos: NosDigital
Fotos: NosDigital

Plum. Plum. Plum. Plum.

El pecho parece no alcanzar, el corazón quiere salirse. Me transpiran las manos, suele pasarme. Me cuesta un poco hacer foco para seguir laburando con la cámara. Tengo los ojos inquietos, no me quiero perder detalle. ¿Se dilatan las pupilas en situaciones así? Siento que sí, lo googleo unos días más tarde y descubro que solo puede ser que haya pasado porque era de noche y me adaptaba a la luz. Los pelitos de los brazos se erizan en una adrenalina extraña. El plum, plum, plum cada vez más fuerte. Un grito que siento como electricidad recorriendo mi columna llega a la raíz de mí y activa mis piernas. Me muevo.

Miércoles, 2 de enero de 2013:

[SITUACIÓN ALARMANTE]

CompañerXs:
Nos cierran las rejas del Centro Cultural. Dicen que estará cerrado por vacaciones, por lo tanto no dejan entrar a lXs compas que están afuera del Centro Cultural. Eso quiere decir que los que estamos adentro tendremos que quedarnos hasta el 20 de febrero para no abandonar la toma….
Quienes puedan venir vengan que es importante que seamos más.

CCG San Martín (Sarmiento 1551 6º piso, esq. Paraná)

sala alberdiTodavía no me había enterado, pero el primer comunicado ya circulaba por las redes sociales. El verano arrancaba caliente y activaba la pausa de las vacaciones. Mientras se terminaba de secar el pan dulce con el repasador encima sobre la mesada me senté en la compu. Seguramente tomaba mate, era casi medio día del sábado 5 de enero. Quien entonces era una colega y hoy es mucho más que una amiga hizo latir el cuadradito de la conversación en Facebook. Las dos estábamos leyendo la página oficial de la Sala Alberdi que enumeraba los últimos acontecimientos: La situación era tensa, gran cantidad de patovicas (¿Identificados? Olvidate) desde adentro custodiaban las entradas del Centro Cultural General San Martín supuestamente en receso por vacaciones, mientras los pibes no podían entrar provisiones a sus compañeros del sexto piso. Seguíamos leyendo, tampoco tenían luz, ni baño, ni agua, pero estaba lleno de policías, matones y amenazas… No es necesario seguir.

El acampe se había mudado desde la puerta del Centro Cultural a la Plaza Seca. Un video mostraba las primeras imágenes de agresión hacia los pibes por esos hombres vestidos de negro que presumen ser (in)seguridad. Fue instintivo, juntas decidimos ir a ver qué pasaba.

“Reproduzca esta información, hágala circular por los medios a su alcance: a mano, a máquina, a mimeógrafo, oralmente. Mande copia a sus amigos; nueve de cada diez las estarán esperando. Millones quieren ser informados. El Terror se basa en la incomunicación. Rompa el aislamiento. Vuelva a sentir la satisfacción moral de un acto de libertad”. (Rodolfo Walsh)

sala alberdiAsí terminaba el comunicado de la Sala Alberdi del primer día que llegamos al acampe. La bandera de “Toma y autogestión” avisaba que estábamos en el lugar correcto, mientras ocupaba parte de la calle Sarmiento al 1500 sin impedir que los autos y bondis del centro porteño sigan transitando. Una cartulina invitaba a dejar comentarios acerca de la privatización del arte. Esquivé las bicis y los malabares, subimos los escalones hacia la Plaza Seca, frente a nosotras entre arte las carpas se iban sumando, tras ellas se sumaban los patovas.

Los días pasaban y seguíamos volviendo, de a ratos nos encontrábamos con esas noticias que te anudan la boca del estómago y necesitan de muchos mates compartidos para pasar. Desde adentro cortaban la soga que subía los alimentos hasta el sexto piso, no dejaban entrar a Nora Cortiñas y llenaban de respuestas ilógicas a las llamadas telefónicas de Alejandra Darin. Todo era “No, no y NO”.

Llegó entonces la primera movilización al Ministerio de Cultura Porteño. Concentraban temprano y en el trabajo no me alcanzaba el tiempo para buscar la mejor excusa e irme antes. Terminé saliendo a la hora de siempre, me cambié rompiendo records en el baño de la oficina para descontracturar el cuerpo; el subte ya estaba cerrado por las reparaciones veraniegas y fui en búsqueda del bondi. Pregunté varias veces dónde bajarme en mi capacidad de perderme siempre y cuando llegué, la Sala hacía el “Haka Artístico” en plena Avenida de Mayo. Entre sonrisas, mi amiga me presentaba amigos y el grupo se agrandaba, nos sentamos todos en ronda. En el centro, toda una varieté explotaba, de fondo una nueva bandera “Lombardi: Esto no es un campamento, es la Sala Alberdi resistiendo”. Que quede clarito. Cla, ri, to.

sala alberdiVolvimos caminando hasta Sarmiento y Paraná, los pasos los marcaban las canciones. Íbamos juntos, tras las banderas, bailando, gritando. Llegamos y les dedicamos toda esa energía contenida a la ventana por donde se asomaban los artistas del sexto piso. La adrenalina la bajamos con unas birras en un pool cercano. Dejamos hasta las monedas. Cuando salimos hicimos una vaquita para compartir los puchos. Algo se generaba, eran nuevos lazos. Lazos con la Sala, con su gente, con quienes desde el 17 de Agosto del 2010 aguantaban la toma contra las políticas privatistas del Macrismo y de la dirección del Centro Cultural a cargo de Gabriela Ricardes. Lazos entre nosotros que nos empezábamos a compartir los puchos, los hombros, las manos. Lazos cada uno consigo mismo. Entendíamos que no nos queríamos ir, estábamos quedándonos.

Denuncia Pública de las agresiones y persecuciones sufridas por lxs compañerxs que estamos resistiendo en el Acampe Cultural de la Plaza Recuperada

El pasado domingo 13 de enero, aproximadamente a las 22 horas, un grupo de compañerxs de la Agrupación Horizonte de Libertad que vienen solidarizándose activamente con el Acampe (un compa y su hija de 3 años en brazos, junto a una pareja de compañerxs) fueron interceptados en la esquina de Montevideo y Perón (a la vuelta del Acampe Cultural) por una patota de diez matones armados con palos largos.

sala alberdiEl resto es bastante fácil de imaginar. Después de ordenar a quien estaba con su hija que se retirara, atacaron a palazos a la pareja que quedaba. Nos enteramos cuando cortaron un tema y lo dijeron en medio de un festival. Otra vez el nudo en la garganta, la bronca, la impotencia que se sumaba a la persecución a asambleístas hasta sus casas, a pibes detenidos por hacer pintadas. Pero afortunadamente otra vez las voces amigas con quien descargabas, las manos que giraban las galletitas, los pinceles que se activaban, los talleres que se reproducían. Hacía falta MUCHO más que esas bajezas para frenarlos.

Unos días más tarde, el 20 de enero, Lombardi demostraba tener una visión bastante peculiar de los hechos, por no decir no entender un carajo lo que sucedía. En una entrevista en el Diario La Nación le preguntaban:

-¿Qué pasa con el conflicto en la Sala Alberdi?

-El caso se judicializó en 2006. Hay un grupo que no son trabajadores del Gobierno de la Ciudad ni ex estudiantes de la Sala, que son okupas que tomaron parte de las instalaciones del Centro Cultural San Martín contra lo que dice la Justicia. Solamente en un contexto tan intimidatorio puede suceder este absurdo. Serán entre seis y diez personas que reciben el apoyo de un acampe cultural en forma ilegal que se ha constituido en la planta baja. Dicen que Macri quiere privatizar la cultura. Los que han privatizado la cultura son el pequeño grupo que se apropió de algo que es de todos para su propio beneficio. Se está actuando con paciencia y mesura, pero con firmeza. La Justicia empezó a convalidar lo que hizo el Gobierno de la Ciudad y creo que va a terminar en un traslado.

sala alberdiAlgunas frases se repetían en muchos otras notas. La utilización de “okupas” parecía estar de moda entre los medios hegemónicos y los participantes de la Toma y Autogestión de la Sala Alberdi sacaban desde un comunicado su derecho a réplica, porque lejos están de ser delincuentes. Los asambleístas de la Sala son TRABAJADORES del arte, gestionan un espacio de manera horizontal que se dispone para que todos puedan acceder a él. El libre acceso a la cultura está bastante opuesto a sonar a privatización. Proponen la defensa de la cultura popular, independiente y colectiva mediante asambleas y estructuras antisistema. Quizás sea ese el punto que desate el conflicto, comprender que puede generarse un espacio laburado entre todos en igual medida y proyectado hacia todos los que quieran acercarse. Algunos datos del Comunicado:

Vale recordar que durante este tiempo hemos garantizado Festivales populares, más de veinte talleres semanales, más de 2.500 espectáculos anuales para más de 30.000 espectadores y A LA GORRA lo que significa que no se impone un monto de dinero requerido para el ingreso al espacio y a las actividades”

Después de eso, estuve una semana fuera de Capital, el mar me maquinaba la cabeza. A cada rato quienes seguían acá me contaban cómo venía la mano. Cuando volví, el acampe continuaba creciendo y fortaleciéndose. Los festivales convocaban cada vez a más público, más personalidades del arte y la cultura se solidarizaban, una gran campaña con carteles que decían “Yo también soy la Sala Alberdi” copaban las redes sociales. Las tardes se multiplicaban, las noches, las birras, algún que otro fernet, los mates, las frutas.

Los últimos días de febrero terminaban con la jueza Fabiana Schafrik acompañada de otros oficiales de justicia y funcionarios del PRO, realizando una inspección ocular de la Sala Alberdi. Acción tomada como un paso hacia el desalojo y la criminalización de la protesta. Frente a las artimañas del gobierno, el acampe continuaba respondiendo con jornadas repletas de talleres, cursos y muestras, con ciclos de música que tocaban todos los estilos y bailes, el acampe continuaba respondiendo con arte.

“Hoy, martes 12 de marzo del 2013, la Asamblea del Acampe Cultural que busca la reapertura del Centro Cultural Gral. San Martín (CCGSM) y el libre acceso a la Sala Alberdi, decidió suspender la medida de fuerza, “el acampe”, por 48hs. –continuando las actividades y talleres–, para mostrar nuestra voluntad de diálogo quedando a la espera de una respuesta recíproca. Esta decisión nace como medida frente a las mentiras del Gobierno de la Ciudad de utilizar al acampe como excusa para la interrupción de actividades y el cesanteo y despido de trabajadores del Centro Cultural. De esta forma, queremos mostrar nuestro interés en solucionar el conflicto y solidarizarnos con los trabajadores afectados”

sala alberdiAsí, llegando a mitad de marzo se levantaba el acampe. La respuesta por parte del Gobierno de la Ciudad valió el punto máximo de indignación. Ese mismo día, EL MISMO DÍA, efectivos de la Metropolitana e Infantería empezaban a copar la zona. Un grupo de pibes quedó rodeado en la Plaza Seca por la Policía. Las rejas los separaban de los que estábamos afuera que cada vez éramos más. Esta fue la noche en la que descubrí que a la colega con la que había llegado a la Sala hacía meses era ahora mucho más que eso.

La situación se volvía cada vez más tensa. Ante un retroceso de la policía, principalmente porque las acciones que llevaban a cabo eran ilegales, se recuperó la Plaza Seca. Los abrazos no duraron mucho, una molotov contra el vidrio del Centro Cultural detonó la represión. La Policía parecía brotar de todos lados. Tiraban con gases, balas de goma y balas de plomo. Me até el saco rojo en la cara para poder respirar, querer sacar fotos me perdió de mi amiga. Nos volvimos a juntar en la esquina de Corrientes mientras la Policía seguía avanzando, seguía tirando. Desde ahí no nos volvimos a separar, nuestros ojos no paraban de buscarnos mutuamente. Nos juntábamos en las esquinas con nuevos grupos, las líneas policiales seguían apareciendo de todos lados, cuesta no pensar que todo estaba demasiado armado. Terminamos por juntarnos todos en el Obelisco, ya era de madrugada. Muchos estaban heridos de balazos de goma, tres compañeros con balas de plomo.

sala alberdiEl plum, plum, plum cada vez más fuerte. Volvimos marchando por Corrientes después de la asamblea. La noche parecía detenida en el tiempo. El silencio de la Ciudad se cortaba tajante mientras llegábamos hasta la esquina de Paraná. Un rato más tarde volvía a casa, bajaba las fotos y las pasaba por mail. La mañana siguiente la tele me devolvía la imagen de Mauricio Macri diciendo cosas como estas: “Ayer decían que eran artistas, pero yo nunca vi artistas con facas, con bombas molotov, destrozando un centro cultural que es de todos los argentinos” . A lo que el Ministro de Justicia y Seguridad de la Ciudad de Buenos Aires, Guillermo Montenegro agregaba “La Policía Metropolitana no utiliza balas de plomo en este tipo de circunstancias. Con lo cual si hay heridos de bala de plomo no fueron producidos por la Metropolitana, de esto no tengo ningún duda”.

¿Dónde carajo estaban? ¿Qué vieron? ¿Qué se imaginaron? La política de vaciamiento cultural era incareteable. Frente a la represión, se seguía respondiendo con arte. Sobre Corrientes se llevaban a cabo diferentes actividades bajo la temática antirrepresiva. Se marchó nuevamente a la Legislatura y se logró la libertad de los pibes presos la noche anterior. Se agotaron todos los canales de diálogo, todas las formas legales. El Gobierno había decidido reprimir, pero se necesitaba mucho más que eso: “La ideas son a prueba de balas”.

sala alberdiDiez días más tarde, el 22 de Marzo, la cámara fallaba a favor del Macrismo, indicando que la toma es criminalizable. Los pibes, asamblea mediante, decidían bajar. El hecho se llevaba a cabo el 24 de Marzo. Si, a 37 años del golpe cívico militar que encontraba multitudes en Plaza de Mayo gritando Nunca Más. A menos de veinte cuadras, la Policía volvía a reprimir, a faltarle el respeto a la memoria, a confirmar que los Derechos Humanos hoy se siguen violando. A la madrugada los cuatro compañeros que permanecían en el sexto piso lograron bajar aunque siendo identificados.

Mientras los comentarios de los “grandes” medios parecen apañar las formas del Gobierno para desalojar la Sala,  Hernán Lombardi, Ministro de Cultura de la Ciudad de Buenos Aires, agradecía a la Policía Metropolitana su accionar.

   Nos seguimos moviendo. El pecho parece no alcanzar, el corazón quiere salirse.

Plum. Plum. Plum. Plum

Mucho palo pa’ que aprenda a no crear

Los atropellos del Gobierno de la Ciudad a la cultura no tienen frenos. Políticas de desfinanciamiento, mercantilización del arte y cierres de espacios culturales. Esta vez, la clausura le tocó a San Nicolás Social y Cultural. Para el domingo 5, organizan el Festival de Inspección Popular frente al Ministerio de Cultura.

La puerta es alta y angosta, la siguen algunos escalones y otra puerta. Adentro – y arriba –tantos recovecos como historias se apretujan y se esconden a lo largo de esta casona, típica chorizo. Desde el zócalo, me mira el recuerdo de la risa de unas noches atrás. Sigo. Hoy hay fiesta en las paredes; se celebra un cumpleaños, pero eso yo todavía no lo sé. El patio, corazón de cualquier casa como ésta, está techado, y apenas sopla el frío que afuera se siente hasta lo más hondo del ombligo. Pero ni este patio es como otro patio, ni esta casa es cualquier casa. Acá funciona, desde hace casi un año, San Nicolás Social y Cultural. Un lugar de encuentro y de expresión de artistas de múltiple lenguajes, donde los que se sientan en estas sillas no son espectadores, sino amigos de la casa con participación activa en el devenir de cada noche. Si te encuentra la mañana en San Nicolás, vas a descubrir que es también un espacio de formación, con talleres diarios. Se me mezclan los tiempos y me trabo con la conjugación de algunos verbos. Lo certero es lo que pasó la noche del 19 de junio: “Había un recital de Pablo Dacal, un cantautor que estaba cantando sin micrófono y con la guitarra sin amplificar; había 50 personas sentadas en las mesas, un clima súper íntimo, súper tranquilo. Y bueno, cayeron. Tenían  el flyer del evento y la gacetilla de la difusión impresa. Nos clausuraron”, recuerda Pablo Vergani, uno de los coordinadores del espacio. Como la cultura no duerme, enseguida empezaron a organizar el Festival de Inspección Popular que tendrá lugar frente al Ministerio de Cultura porteño el domingo 5 de agosto desde las 15 hs. “Esa misma noche, empezamos a movernos. Nosotros ya sabíamos cuál era la situación, sabíamos cuál era la política sistemática que se estaba sosteniendo. Sacamos una solicitada en repudio a lo que nos pasó pero también para instalar el tema de las políticas culturales y rebotó en Facebook más de mil veces; fue como toda una efusividad con eso y entendimos que de alguna forma teníamos que canalizarlo en movilización real y que no quedara en compartir una foto o poner ‘me gusta’”, nos dice Pablo. Va a haber música, pintura en vivo, teatro y otras manifestaciones artísticas. El cierre será la clausura del Ministerio por no tener habilitación social.

En la Ciudad de Buenos Aires, se calcula que los centros culturales en peligro de cierre son más de 60. ¿El motivo? No tienen habilitación comercial. ¿La trampa? La legislación porteña no contempla la figura de los Centros Culturales y Sociales en su Código de Habilitaciones y Verificaciones. Deja un vacío legal complejo y obliga a estos espacios a tramitar una habilitación como “café-bar”, “club social y deportivo” o “teatro independiente”. Como dicen desde San Nicolás: Los mismos requerimientos que se exigen para que un bar de Palermo cobre en dólares un plato de fideos con albóndigas y para montar mega recitales en estadios, se reclaman a proyectos autogestionados, de encuentro, cooperativos. “Queremos la habilitación, pero la que nos reconozca en nuestra compleja especificidad, en el tipo de espacio que somos. Ese vacío legal, en vez de reconocerse como falencia, se utiliza estratégicamente para cerrar espacios. Hay prostíbulos que se habilitan como boliches y ante eso se hace la vista gorda; en cambio, a los lugares que escapan a la lógica comercial, con una función social clave, se los clausura sistemáticamente, se los persigue”, nos dice Pablo. Casa Orilla, Espacio Cultural El Puente, San Nicolás Social y Cultural, Casa del Pueblo, Centro Cultural Pachamama (“El Pacha”), Compadres del Horizonte, La Usina Cultural del Sur, Centro Cultural y Social Almagro, Casa Zitarrosa son solo algunos de los espacios clausurados o con orden de desalojo durante la gestión del PRO. Si a esto le sumamos el desfinanciamiento de programas como Proteatro y Cultura en Barrios (con más de 500 talleres cerrados), el desalojo de la Sala Alberdi y los numerosos conflictos con los trabajadores de distintos teatros municipales… ¡qué pobres vamos quedando! ¿Será que no alcanza la plata? Más bien parece lo contrario: hace algunos días se hizo público que en un acuerdo firmado por los ministros de Cultura, Hernán Lombardi, de Desarrollo Económico, Francisco Cabrera y el brasileño Roberto Medina, presidente Dream Factory, el Gobierno porteño accedió a ceder gratis el Parque de la Ciudad para el Festival Rock in Rio y a hacerse cargo de adecuar las instalaciones del parque público.

Para hacerle frente a estas políticas – de negocios – culturales, se conformó el Movimiento de Espacios Culturales y Artísticos (MECA). En el 2011, los 15 centros culturales nucleados en MECA elaboraron y presentaron ante la legislatura porteña dos proyectos de ley: uno para regularizar la situación de los sitios de cultura emergentes y crear la figura de “Centro Cultural y Social” y otro para que se fomente la actividad desde el Estado. A más de un año, no hay novedades. “Te obligan a funcionar a puertas cerradas cuando nuestra lógica es diferente, nosotros queremos ser un espacio abierto, comunitario, al que se pueda acercar cualquiera. Hay todo un circuito de estos espacios, que cada vez son más, pero que en un 90% funcionan a puertas cerradas, para quienes saben dónde queda o a quién preguntarle, y eso atenta contra la lógica de esta movida. Nosotros queremos funcionar a puertas abiertas, difundir las actividades que hacemos. No es la idea ser marginales.” Pero las ausencias también son políticas. En la era post-Cromañón, son muchos los medios de comunicación que se han encargado de vincular la cultura, la inseguridad y la juventud, en vez de enfatizar lo obvio: las relaciones y los acuerdos entre funcionarios del Estado con empresarios inescrupulosos que privilegian el carácter mercantil de la cultura. Pablo agrega: “Es como lavarse las manos, como no son lugares que dejen rédito comercial, para ellos es preferible que funcionemos a puertas cerradas sin habilitación y caer y clausurarnos, que darnos una habilitación que nos corresponda y fomentar económicamente. Pero si está presente un ente gubernamental, ya tienen la responsabilidad. En lugar de hacerse cargo, prefieren esto.”

Pablo todavía se acuerda cuando el año pasado la casa que había sido de su familia por tantos años quedó vacía y su vieja le dijo si no la quería alquilar él. Se acuerda cuando se lo contó a un amigo y enseguida salió la idea del centro cultural; esas primeras semanas de acomodar todo con las manos que se multiplicaban a cada instante. Un año después, los amigos son cada vez más y todos trabajan para el festival del domingo. Dejamos que lo digan ellos: “El domingo 5 de agosto, vamos a demostrar qué es lo que defendemos. La música en vivo, la pintura, el teatro forman parte de nuestro irrenunciable patrimonio. Te invitamos a compartir una tarde disfrutando de todo ello, mientras alzamos nuestra voz para exigirle al gobierno porteño el merecido reconocimiento. Los espacios culturales autónomos no somos comercios y el Ministerio de Cultura de la Ciudad debería saberlo. No vamos a aceptar entrar en su lógica comercial. Mejor, que ellos exhiban su habilitación social.”. Nos vemos ahí.